AZÚCARCANELA

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Al Ritmo De Tu Tambor

Personajes

 

La Empresa Asunción

 

Estoy aburrido con las chicas en este pueblo. Todas tus amiguitas son unas niñitas tontas. A mí me gustan

las mujeres bien hembras, dice Xavier.

 

Mira a esa chiquilla, se la pasa todo el día de un lado al otro como mensajera. No sé lo qué pasa con las mujeres hoy en día, dice Juan. ¿A cual mensajera te refieres? No, porque yo creo que son varones. ¿Estas ciego, viejo? pregunta Xavier.

 

Mira y dime si es hombre. Yo de ciego no tengo nada. Esas son nalgas de mujer y como las mueve la muy fresca, dice Juan.

 

¡Echale! Tienes razón. Mirala como se mueve. Óyeme esta bien buena pero no le veo el rostro, dice Xavier. Eso no importa, hombre. Qué rostro ni qué madre si cuando uno está bien metió en el problema no ve eso, dice Juan.

 

Ah no deja eso. Yo no me voy a la cama con cualquiera. Tiene que ser bonita, tener un cuerpo encantador y por lo menos tenga dos o tres dientes en la boca, para que no se muera de hambre, ya que no se necesitan, ríe Xavier.

 

Callate que ahí viene Lucia. Esa vieja se pasa el día entero supervisando hasta el polvo en el piso, dice Juan. Esa necesita macho, ríe Xavier.

 

Lucia se acerca a ellos. Xavier, por favor, lleve los archivos al departamento de cuentas que los están esperando, dice Lucia.

 

Xavier toma los archivos y se dirige al ascensor... entra. Buenas, él dice saludando al mensajero. El mensajero no contesta. Tenía un casco de motocicleta y se preparaba para salir del edificio. Cuando la puerta del ascensor abrió, Xavier, lo hizo tropezarse con su pie y el mensajero se fue al piso.

 

¿Eah rayo qué pasa contigo? ¿No contestas cuando te saludan y tampoco sabes caminar? dice Xavier burlonamente. El mensajero se compuso recogiendo sus paquetes del piso y Xavier siguió caminando.

Hola Miguel. Aquí tienes los informes. La bruja Lucia me fue a buscar directamente en vez de llamarme por teléfono. ¿Será verdad que le gusto? pregunta Xavier. Deja el relajo que esa mujer es capaz de hacerte perder el empleo si no le das lo qué quiere, ríe Miguel. ¿Y qué es lo qué quiere? pregunta Xavier riendo. Lo pregunto porque me tiene que pedir exactamente lo qué quiere y de rodillas frente a mí, ríe Xavier.

 

Preparate que vamos a la playa el sábado, dice Miguel. ¿Quiénes van? pregunta Xavier. Nosotros y Juan. Juan dice que también viene su hermana Alma y algunas amigas. A ver si esta vez no son tan feas como la última vez, dice Miguel. ¿Hablando de eso, sabes quien se me metió a la cama? Nada menos que Hortensia, continua Miguel. Xavier ríe. Eso esta del carajo, hombre. Puede ser tu abuela, ríe Xavier. Puede ser la abuela de Juan y ese también le metió mano, dice Miguel. Óyeme, ustedes están enfermos, ríe Xavier.

Vete que ahí viene Lucia, dice Miguel. Me fui, ríe Xavier.

 

Alma y Milagros

 

Me dice Juan que vamos a la playa el sábado. Ven y traete a tu nueva vecina. Sí, la negrita esa, no importa, dice Alma. Ella casi no sale. Yo la invito pero y si no quiere a quien más puedo invitar, dice Milagros. Bueno, yo voy con Angel así que viene mi hermano Juan y otros dos amigos. Que no se vaya a quedar uno sin pareja, dice Alma.

 

¿Tú estas segura que debo invitar a esa chica? No, es que yo misma no la conozco bien. La encuentro bien rara la pobre, dice Milagros. Convencela, dice Alma.

 

La Casa Alcaza

 

Oye muchacho me dice la vecina que ya tiene empleo en la Empresa Asunción, dice Martín. La gran cosa va hacer ahí. Que se cuide que ahí lo qué hay es una trulla de bandidos, dice Xavier. Sí me lo imagino y tú eres el primero, dice Martín. Yo no rompo un plato, papá, tú lo sabes. Ese es Juan y Miguel que están acabando con las viejas del pueblo, ríe Xavier.

Son todos unos bandidos, dice Martín leyendo el periódico. ¿Y donde se metió la vieja? Yo tengo hambre, dice Xavier. Esa mujer se pasa en la iglesia. A mí que le gusta el cura, dice Martín. Xavier ríe a carcajadas. Se lo voy a decir, ríe Xavier.

 

Samuel entra a la casa...

 

Papá, prestame el auto. Anda viejo que tengo cita esta noche, dice Samuel. A mi no me mires que necesito el mío, dice Xavier. ¿Y qué, ya no se come en esta casa? pregunta Samuel. Llevátelo y no me dejes sin gasolina. ¿Con quien tienes cita si puede saber? pregunta Mártin. Con un grupo de amigos, contesta Samuel. Dejate de estar viendo la vieja esa que te vas a meter en un lío con su marido, dice Martín. Si ese hombre nunca esta ahí, dice Samuel. Sí, pero uno se lo huele cuando la mujer esta con otro, dice Martín. ¿Se huele qué? pregunta Xavier riendo. Aquí ya no se puede hablar que todo es un relajo, dice Martín riendo.

 

La Playa

 

Xavier, Miguel y Juan se encuentran bajo una palma de coco acomodando sus cosas en un banco. Esas chicas a lo mejor ni vengan, dice Miguel. A mí me da lo mismo si vienen o no. La hermana de Juan es la más linda y tiene novio, dice Xavier. Mira ahí vienen, dice Juan.

Óyeme, se trajeron a una negrita, ríe Xavier. Esa es tuya. No por nada pero yo no la conozco, ríe Juan.

Las chicas se acercan a ellos. Bueno a ver si la pasamos bien porque ustedes son aburridísimos, dice Alma. ¿Quién es la chica? pregunta Juan. Una nueva vecina de Milagros. Oye Angel, ven, dice Alma. ¿Qué pasa, hombre? pregunta Xavier saludando a Angel. ¿Esas chicas se van a quedar allá? Si aquí en este banco hay espacio para sus cosas, dice Miguel. Dejalas que se sienten allá. Después le presentamos a Amaya. ¿Cómo se llama? pregunta Miguel. Amaya, contesta Alma y se van a dar la sorpresa de sus vidas, ríe esta. ¿Por qué? pregunta Xavier. Ya veras, contesta Alma. Oye Angel deja de estar mirándola. ¿Tú no te avergüenzas?, pregunta Alma. Yo no estoy haciendo nada. ¿Qué uno no puede mirar? pregunta Angel. ¿Qué rayos miras? pregunta Xavier. Angel se acerca a él. Tienes que ver a esa mujer. Yo estoy nervioso, dice Angel. ¿Por qué? pregunta Xavier.

 

Vengan para presentarlos, dice Alma.

 

Los chicos caminan hacia el banco donde las muchachas conversan. Hola, dice Xavier mirando a Milagros y besándola en la mejilla. Miren esta es Amaya, dice Milagros. Amaya se acerca a ellos. ¡Diablos! dice Miquel. Callate, dice Angel. Amaya, este es Miguel, Juan y Xavier. Mucho gusto, dice Amaya. Los chicos se quedaron mirándola un poco nerviosos. Xavier cambió su vista, no quería y no podía mirarla. Amaya era hermosa, trigueña, un color café, cabellos largos lacios y negros.

 

Vamos al agua, dice Alma. Amaya se quitó su camisa y sus shorts y caminó junto a Alma. No la mires así, hombre, dice Juan. ¿Qué diablos te pasa? pregunta Angel. El cuerpo hermoso de Amaya era imposible de resistir. Xavier suspiró hondo. ¿Quién diablos es esa mujer? pregunta Xavier. Padre santo, que linda es, dice Juan. ¿Le vieron los ojos? pregunta Angel. ¿Qué? pregunta Xavier. Mirale los ojos, hombre. Eso es para uno morirse, dice Angel. No sé si pueda verla a los ojos primero tengo que quitarme los ojos de su cuerpo, dice Xavier. Tiene nalgas que tumban, Diosito, dice Miguel. Oye Angel, tú estate quieto, ya tienes novia, dice Miguel.

 

Xavier aprovecha y camina deprisa junto a ella...

¿Amaya es? Muy bonito nombre, dice Xavier. Ella se quita sus lentes de sol, lo mira y sonríe. Xavier traga gordo. La mujer frente a él tenía unos ojos achinados verdes, una boca sensual y dientes del color de perlas blancas. Xavier se quedó pensando. Dios mío que hermosa es esta mujer. ¿Quién será?

¿Vamos a tomar algo? pregunta Xavier deprisa queriendo alejarla de los demás hombres en el grupo. Bueno, dice Amaya caminando junto a él.

 

Entran al Kiosco y toman asientos...

 

Lo qué quiera la señorita, dice Xavier. Los hombres la miraban interesados. ¿Eres amiga de Milagros? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. ¿Te han dicho que eres bellísima? pregunta Xavier. Una sabe cuando atrae a los hombres, pero de eso a bellísima no, contesta Amaya. No te había visto antes, dice Xavier. ¿De veras? pregunta Amaya. No. No me olvidaría haberte visto, es imposible, dice Xavier. Pues yo sí te he visto antes, ella dice. ¿Dónde? él pregunta. Ayer en el ascensor de la Empresa Asunción y como vuelvas a meterme el pie para que me caiga, te reto a los puños, imbécil, ella dice dejándolo con la boca abierta y caminando hacia los demás.

 

¡QuÉ hostia! él dice asombrado...

 

Él camina tras ella admirando aquel cuerpo tentador. Una vez junto a los demás dice, Amaya, perdoname. Mira primero que nada yo no sabía que eras mujer y de eso a que eras tú, tan hermosa. Te juro que si yo hubiese sabido que bajo aquel uniforme estabas tú, te hubiese llevado a la moto en mis brazos, dice Xavier. Todos ríen. Ella bajó su cabeza y tomó de su bebida. ¿No me vas a perdonar? pregunta Xavier. No es importante, dice Amaya. Para mí sí, dice Xavier. Mira yo la he pasado muy bien con ustedes pero la verdad es que me tengo que ir. Tengo cita y se me hace tarde, dice Amaya vistiéndose.

Xavier se acerca a Miguel. ¿Qué te pasa? pregunta Miguel. Te cuento mas tarde, contesta Xavier. Adiós. ¿Te vas caminando o tienes auto? pregunta Miguel. Traigo mi moto, ella contesta sonriendo. Ellos la ven partir sin despegar sus ojos de aquellas nalgas sensuales.

 

Qué bárbaro. ¿Qué rayos fue eso? ¿Esa mujer estaba bajo el uniforme? Te acuerdas te lo dije que era mujer, hombre. Esto sí que esta del caray. ¿Quién rayos es? ¿Milagros... quien es y qué es eso de que es mensajera? pregunta Miguel.

 

Xavier nervioso baja su cabeza. Yo la hice caerse ayer en el ascensor, dice Xavier. ¿Por qué? pregunta Angel. Es que saludé y no me contestó y me dio bronca, contesta Xavier. Ya te fastidiaste y lo buena que está. Mira te digo que me metí al agua de cabeza cuando se quitó la camisa, dice Juan. Xavier, no te pongas así hombre. Qué se va hacer, dice Alma. Es que me gusta, qué mierda. Me gusta mucho y no puedo creer que la hice caerse allí frente a todos y después la dejé en el piso y no la ayudé con los paquetes que traía en sus brazos. ¿Pero qué rayos hace una mujer así de mensajera? Diablos, la culpa es de ella, dice Xavier molesto. ¿Le viste los ojos? pregunta Angel. Oye y tú rápido te la llevas. No dejaste ni que la viéramos bien, dice Miguel. De estúpido no tengo un pelo, dice Xavier. No estoy tan seguro de eso, mira lo qué le hiciste a esa pobre muchacha, dice Angel. ¿Pobre muchacha? Me retó a los puños, dice Xavier seriamente. Todos ríen.

 

Sabes, no estoy de humor para la playa. Me creo que mejor me vaya a la casa, estoy cansando, dice Xavier. Hombre no, mira esas chicas que vienen ahí, dice Miguel. No gracias, estoy rendido y de mal humor, dice Xavier.

 

La Casa Alcaza

 

¿Hijo, qué pasó? ¿Tú no ibas a la playa? pregunta Martín. Estoy cansado, dice Xavier entrando a su habitación. Se tira a la cama pensativo. ¿Quién será esa mujer? Jamás he visto una mujer tan hermosa como ella. Tiene en su cuerpo un poco de todo, india, africana, caribeña. Que cuerpo Dios mío. Qué suerte el hombre que pueda acariciar esa piel. Sabrá a café, a caña dulce, azúcar morena y canela. Se estaba excitando con solo pensar en probar la boca sensual de Amaya y su piel sedosa. Vive cerca de Milagros. ¿Vivirá sola? ¿Será soltera y sin compromiso? Eso es imposible, una mujer así tiene que tener miles de admiradores. Hombres ricos, hombres pobres, feos y guapos, todos a sus pies... al ritmo de su tambor, piensa Xavier acariciándose, tocándose, excitándose más.

 

El teléfono suena y Silvia responde...

 

Xavier, llama Silvia... teléfono. Xavier sale y toma el teléfono. Era Humberto, uno de sus amigos de la universidad. ¿Esta noche? Sí, muy bien. Ahí estaré. Óyeme tengo que contarte algo serio. No te rías, hombre. Nada de eso, te veo esta noche. Por cierto me estoy aburriendo de las clases de noche. Sí, casi me duermo la otra noche y el profe me esta velando, ríe Xavier.

 

Esa Noche

 

Un club Nocturno

 

Xavier entra al club y se dirige al bar donde Humberto y otros amigos lo esperaban. ¿Qué pasa? pregunta Humberto. Ahí viene Xavier, dice Miguel. La cosa se puso fea esta mañana en la playa, ríe Esteban. No quiero ni acordarme, dice Xavier. Este hombre agarró ese bombón y se la llevó lejos de todos, ríe Miguel. Óyeme Miguel tú eres más chismoso que una vieja. Ya todo el pueblo lo sabe, dice Xavier.

 

Estate quieto, dice Miguel. Mira eso, dice Humberto. ¿Qué fue? pregunta Xavier. La camarera. Xavier mira a su derecha quedándose frió. Era Amaya que sonrientemente tomaba las órdenes de los hombres en el bar. Esa es la negra, hombre, qué te dije, dice Miguel. Callate que me tiene bronca. No la mires Miguel, deja eso, dice Xavier. Tienen razón, pero mirala es una diosa, dice Humberto. Xavier la miró de re ojo. Estaba vestida con unos pantalones negros de cuero y ajustado a su hermoso cuerpo. Se le veía el ombligo y ahí tenía una joya que brillaba con las luces del club. Atado a esa joya había una cadena que le acariciaba la cintura. Lucía un sostén de cuero negro y sus senos asfixiados en su prisión pedían auxilio para ser librados, besados, acariciados, pensó Xavier. Xavier tragó gordo.

 

Ella se acerca al grupo. ¿Qué desean? preguntó dulcemente. Xavier pensó... ¿Qué deseo? Pasarte la lengua de arriba a abajo. Deseo hacerte el amor aquí mismo sobre el contador, en el piso, sobre la pared.

Hola, dice Xavier, una cerveza, por favor. ¿No te acuerdas de nosotros? Estuvimos todos juntos en la playa esta mañana, dice Miguel. Sí claro que me acuerdo, dice Amaya sonriendo. Tenía una sonrisa de medio lado, invitadora y dulce. Xavier cambia su vista. No quería ser débil frente a ella y no pensaba rogarle. Se cayó por estúpida, pensó éste retirándose del grupo y tomando asiento en una de las mesas. Los demás se quedaron tomando en el bar. Estaban embelezados mirándola.

 

Samuel se acerca a Xavier. ¿Qué haces aquí, chico? Debes estar en la cama durmiendo, ríe Samuel. No seas gracioso. No estoy de humor, dice Xavier. ¿Te fijaste en la nueva camarera? pregunta Samuel. Sí, contesta Xavier. Esa me la echo pronto, ríe Samuel. ¿Cómo? pregunta Xavier. La estoy velando ya hace unos días y horita me la llevo a la cama, ríe Samuel. ¿La conoces? pregunta Xavier. No, la vi aquí por primera vez la otra noche. Yo andaba con Amparo y cuando vi a esa hembra me dieron ganas de llamar un taxi y mandar a Amparo a su casa, ríe Samuel. Tú no respetas a las mujeres. Te vas a meter en un lío uno de estos días, dice Xavier. No hermanito, lo qué pasa es que son todas iguales. No hay mujer que no sea puta, dice Samuel. Xavier se queda mirándolo fijamente. ¿Cómo puedes decir eso? Te parió una mujer, imbécil, dice Xavier. Ya ves, son todas putas, dice Samuel. Vete al diablo, dice Xavier.

 

Los otros muchachos se sientan junto a ellos. Samuel se retira hacia el bar a conversar con Amaya. Ese hermano tuyo ya nos echó todo a perder, dice Humberto. Es un imbécil, dice Xavier. Lo qué no entiendo es como esa muchacha esta aquí, también es mensajera con moto y todo. ¿Qué más estará haciendo? ¿Se estará vendiendo? Digo yo, puede que sea otro de sus empleos. ¿No crees? pregunta Miguel. Sí, yo creo que sí. ¿A qué mujer decente se le ocurriría hacer esas barbaridades? Que trabaje de nueve a cinco como secretaria, dice Humberto. Mira como están los hombres parecen lobos y ella como les coquetea, ríe Esteban.

Mira ahí viene Miriam a ver si te quita el mal humor esta noche, dice Miguel dirigiéndose a Xavier. Hola, saluda Miriam. Hola mujer ven siéntate en mi falda, dice Esteban. Xavier la ignora. Aquí todos están calientitos, ríe Miguel. ¿Oye, Miriam conoces a la nueva camarera? pregunta Miguel. No pero tiene a todos con la lengua afuera y eso cuando sale aquí afuera a servir se puede tocar el silencio. Son todos unos cochinos, dice Miriam. Y tú Xavier, estas muy calladito, dice Miriam. No las cojas conmigo. Mira por ahí esta Samuel como perro tras la mesera, dice Xavier. Ay no, a mí me gustaría estar contigo, dice Miriam acercándose a él y sentándose en su falta. Óyeme, estas excitado, le dice Miriam en el oído de Xavier. Sí, yo siempre estoy así, dice Xavier. ¿Siempre? pregunta Miriam tocándolo. Xavier miró hacia al bar donde Amaya conversaba con Samuel. Que rabia tenía, a él no le hablaba y ni siquiera lo miraba. Samuel no la conocía al igual que él pero ya le estaba ganando la batalla. Dios mío, él la va a tener entre sus brazos. La va a enamorar como siempre hacia  con las mujeres y después la iba a echar de su lado como una perra. A Samuel le gustaban las mujeres fáciles, mujeres casadas, usadas, que necesitaban de él para sentirse más hombre. Tantas mujeres lindas que había visto del brazo de Samuel. Las había visto llorar, rogarle pero él lo qué le gustaba era jugar con ellas. Le gustaba presumir de las muchas que se había llevado a la cama. ¿Y Amaya sería igual? pensó Xavier.

 

Minutos después…

 

Xavier se acercó al bar y pidió otra cerveza. Amaya lo miró a los ojos y él bajó su vista. Estaba avergonzado frente a ella. Ella se acerca y le dice en voz baja. ¿No te gustan los negros? ¿Es eso? ¿Por eso me hiciste caer el otro día? pregunta Amaya. ¿Cómo puedes decir eso? Yo no sabía de qué color eras, por Dios. ¿Cómo me dices eso? vuelve a preguntar Xavier molesto. Tu hermano no es como tú, sabes. Son tan distintos, qué pena, dice Amaya. ¿Cómo quieres que te pida perdón, de rodillas? pregunta Xavier. Samuel interrumpe. Oye negra, dame un beso. Ven acercate dejame tocarte esa correa, dice Samuel. Samuel, estás ebrio, por Dios, respeta, dice Xavier. Este es mi hermanito menor. Todo lo qué sabe se lo enseñé yo así es que si quieres lo mejor, ven a mí, dice Samuel ebrio. Yo soy el maestro, ríe Samuel.

 

Xavier se retira y vuelve a la mesa. Qué rabia tener que soporta a Samuel esta noche. No tenía humor para nada y ahora ella se creía que era prejuicioso. Lo qué le faltaba. Volvió a mirarla. Dios mío que dulce su boca. No pudo dejar de verla cuando le habló. Se había perdido en el placer de su boca y su lengua. Había oído las palabras lejos. ¿Se habrá dado cuenta ella de lo qué él sentía? Qué vergüenza. No quería ser débil pero era casi imposible no perder el control. Jamás se había sentido así con ninguna otra mujer.

 

Amaya se acercó a la mesa con una bandeja de bebidas. Todos estaban mirándola hipnotizados. Movía su cintura tan sensualmente que hipnotizaba a cualquiera y su trasero era único, pensó Xavier. Cada músculo se movía a su propio ritmo. No te me acerques, pensó Xavier al ella rozar su brazo con el suyo. Por Dios, no te me acerques.

 

Después de unas horas, Xavier se despidió del grupo y fue en busca de Samuel que todavía estaba sentado al bar. Vamos Samuel, ya has tomado bastante, dice Xavier. Yo no me voy sin la negra, dice Samuel. Ven apoyate de mí. ¿Cómo te va a ver ella después de esto? pregunto Xavier. Amaya se acercó a ellos. ¿Te debe? pregunta Xavier. No, ella dice. Llevátelo, qué desperdicio. En este pueblo no hay hombres, ella dice. Xavier avergonzado bajó la cabeza y junto a Samuel salió del club.

 

La Empresa Asunción

 

Xavier, llama Juan. Me dice Juan que la vieja volvió a metérsele a la cama, ríe Miguel. Al menos tiene a la vieja, dice Xavier. ¿Vas a la clase de arte esta noche? pregunta Juan. Sí, contesta Xavier. No sé porqué haces eso, si tú ya tienes tu maestría, dice Juan. Me gusta el dibujo y me siento vacío si no tomo clases. El arte me fascina, dice Xavier. Bueno, pues te iba a invitar al club pero ni modo, dice Juan.

 

Mira quien viene ahí, la mensajera, dice Juan. Xavier la vio entrar a la oficina pero la ignoró del completo. El hijo del jefe de la Empresa, Ignacio estaba conversando con ella. A lo mejor se la lleva a su oficina como hace con tantas, pensó Xavier. Ignacio la tomó del brazo y Amaya obviamente estaba asustada. Suélteme.

¿Cómo se atreve? ella pregunta molesta.

 

Xavier camina hacia ellos e interrumpe. Con su permiso, tengo un sobre para usted, es urgente, dice Xavier. Amaya camina junto a él. Una vez lejos de Ignacio, Xavier pregunta. ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? No, es que le gusta andar agarrándome, ella dice. Si quieres camino contigo hasta salir de aquí, dice Xavier. Bueno, ella dice aceptando la invitación.

 

No sé porqué haces esto. Es muy peligroso este trabajo, dice Xavier. Ella no contesta. ¿Todavía no me perdonas? pregunta Xavier. Si es tan importante para ti que te perdone, pues te perdono, ella dice. ¿Entonces somos amigos? pregunta Xavier. ¿Quieres ser mi amigo? Soy mestiza. ¿Estás seguro? pregunta Amaya. Por Dios y dale con eso. Ya te dije que no pienso así, dice Xavier molesto. Que pases un buen día, ella dice alejándose.

 

¡Maldita sea mi vida! ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué carajo insisto? se pregunta Xavier.

 

La Universidad

 

Hola Angel. ¿Cómo te va? pregunta Xavier. A mí nada de bien. Ven siéntate, la novia esta enfadada desde el otro día en la playa, dice Angel. ¿Y eso? pregunta Xavier. Me dice que me quedé pasmado mirando a la negra, hombre, dice Angel. Xavier ríe. Es que estabas como buitre, deja eso, dice Xavier riendo.

Hoy nos van a traer una mujer desnuda para dibujar, dice Angel. ¿No me digas? Sí, el profe acaba de anunciarlo. Así que echate mas para adelante que desde aquí no se puede ver bien, dice Angel. No me hagas reír que luego el profe le da bronca conmigo, hombre, dice Xavier. Mira aquí estamos casi encima, ríe Angel. Ya me pegaste el mal de risa y olvidalo no voy a poder concentrarme, ríe Xavier.

 

Callate ahí viene el profe, dice Angel. Todos frente a sus caballetes y no quiero escuchar una sola palabra, dice el profesor, Alonso Ramírez.

 

Ahí viene la modelo, dice Angel en voz baja. No puede ser, exclama Xavier. ¿Qué pasa? pregunta Angel ahora nervioso al ver a Amaya entrar. Una sabana la cubría mientras el profesor la presentaba al grupo de estudiantes. La modelo de hoy es Amaya Dulce Rosales. Durante esta sesión – el cuerpo femenino, dice el profesor. Amaya se quita la sabana y posa frente a ellos.

 

Xavier se había quedado mudo desde que ella había entrado al salón pero ahora... No sabía qué hacer. Esto era una pesadilla. Esta mujer estaba desnuda frente a él. No podía creer su suerte. La miró de arriba abajo. Ella tenía un cuerpo entonado y fuerte. Sus senos eran grandes, sus pezones erectos, sus partes rasuradas y sus curvas atrevidas. Sus cabellos negros caían sobre sus hombros y su bello rostro, un placer mirar. Había un lunar negro al lado de su seno derecho y Xavier se concentró en él durante la sesión. Se sentía nervioso pero estaba acostumbrado a dibujar modelos desnudos y pudo mantener su concentración.

 

También aquí. ¿Qué hará tarde en las noches? ¿Será puta? él piensa. Mensajera, mesera y modelo - ¿Qué no duerme? Se pregunta Xavier. Estaba molesto con ella pero no sabía porqué. Le gustaba. A qué hombre no le gustaría una mujer así pero era algo más. Quería que ella lo respetara, que lo apreciara como amigo, como hombre y quizás algún día como amante.

 

Después de la sesión, los estudiantes le dan las gracias a la modelo y esta sale del salón. Xavier admiraba su dibujo de lápiz. Estaba bonito. En el acentuó los ojos achinados, las pestañas largas, el lunar en el seno y aquellas facciones faciales y hermosas. Era una belleza de mujer y tenía una hermosura salvaje, Africana, India, al fin Caribeña. El color café de su piel hacia  sus ojos verdes brillar de una forma primitiva.

 

Angel se acercó a su oído. Me voy, tengo ganas de mujer y en serio, dice este. Xavier ríe. Controlate hombre, dice Xavier. ¿Qué tú no? pregunta Angel. Yo sí pero esa mujer es un sueño inalcanzable y no pienso arrastrar el manto, dice Xavier. Yo estoy arrastrando la lengua y en serio, dice Angel. Xavier ríe.

 

Milagros y Alma

 

No pero Angel es un fresco y no lo soporto. Estaba tras Amaya como un loco. Odio eso en un hombre, dice Alma. No le hagas caso, son todos iguales, dice Milagros. Bueno pero Milagros esa chica no parece de nuestra edad. Se ve mucho más mujer que nosotras. De haber sabido que tenía ese cuerpo no la invito. Mira lo qué pasó, estaban todos con la lengua afuera, dice Alma. No me digas que piensas volver con Samuel, dice Milagros. Pues, lo vi la otra noche y sinceramente no lo he podido olvidar. Él fue mi primer amor y es difícil olvidarlo. ¿Estará todavía con Amparo? pregunta Alma. Óyeme pero el esposo la dejó y se fue. Así que Samuel casi vive allá con ella. Esa mujer tiene tres hijos y cada uno de un padre diferente, dice Milagros. Me consta que Samuel es simplemente uno mas, dice Alma. ¿Qué tendrá la mujer? No, porque no es nada de bonita. Yo la encuentro muy ordinaria, dice Milagros. Es que sabe como amarrar a los hombres y ya sabes por donde empieza ese problema, dice Alma. Deben dar cursos en la universidad sobre ese tema, dice Milagros seriamente.

 

La Casa Alcaza

 

Papá, llama Xavier. ¿Qué pasa hijo? pregunta Martín. Quiero consultar algo contigo. Es un tema personal, dice Xavier. Ya sabes que conmigo cualquier cosa, dice Martín. Xavier se sienta junto a él.  Mira papá, conocí una mujer en la playa el otro día y me ha deslumbrado de una manera que no esperaba. Surge que el día anterior le metí el pie en el ascensor y se cayó de cara al piso cuando la puerta abrió. Te juro que no sabía que era mujer y no sé por qué lo hice. Saludé al mesanjero y no me contestó y me dio bronca. Pues era ella y ahora...

 

Martín interrumpe. Eso son castigos, dice Martín. Pues sí, papá. Mira papá, esto no es una jovencita cualquiera. Es una hembra que tumba. Es imposible dejar de pensar en ella. Surge que fui al club nocturno y estaba allí de mesera y luego en mi clase de arte desnuda en la pelota, papá, por Dios. No me la puedo sacar del pensamiento. ¿Como hago? pregunta Xavier. Martín ríe. Perdona es que eres tan dramático que causas pena. Mira yo no le veo el problema, trata de conquistarla, dice Martín. Pues ella se cree que soy prejuicioso. Es mestiza... de un color café que me encanta, la condenada, papá, te lo juro es hermosísima, dice Xavier. Mira eso nos pasa a todos los hombres pero si la mujer es libre y puedes habla con ella, tratala. Si es ajena, olvidala y concentrate en otra chica, dice Martín. Gran consejo me das. Te digo que no puedo arrancármela del pensamiento, dice Xavier. Tiene unos ojazos verdes achinados. Mira se me eriza la piel, continua Xavier. Martín ríe. Perdona, hijo, es que tú nunca me habías contado semejante cosa. Samuel estaba también tras ella allá en el club nocturno. Estaba borracho, dice Xavier pensativo. Eso sí que esta feo. Ese muchacho tiene siempre problemas de mujeres y bien feos, dice Martín.

 

Pues no me perdona y se cree que por el color de su piel la miré con desprecio. No he podido convencerla, dice Xavier. Enviale rosas y una disculpa, dice Martín. ¿Tú crees? No sé ni dónde vive, dice Xavier. Averigualo, es mas, presentátele con el ramo en tus manos. Sé atrevido, Xavier, porque si es de linda como dices, te la levanta otro y rápido, dice Martín.

 

Xavier por teléfono

 

Hola Margo, es Xavier. ¿Sí muy bien y tú? ¿Mira linda, te llamo porque quería saber si tienes la dirección de Amaya? No, es solo que todavía quiero que me disculpe por lo qué hice. Le quiero enviar rosas, dice Xavier. ¿Cuando? ¿Estas segura que ella va estar ahí? No porque a mi no me invitaron, dice Xavier. ¿Entonces puedo ir contigo como tu invitado? Está bien. Quizás. No sé. Ella no me habla. ¿Cómo quieras, si puedes se linda y dame la dirección, sí? pregunta Xavier.

 

Unos Días Después

 

La Casa Ramírez

 

No sabía que el profe tenía tan linda casa, dice Xavier. Pues sí y su hija Eva es muy buena amiga mía, dice Milagros. No la conozco. ¿Cuánto cumple? pregunta Xavier. Veinte años. Es divina. Una muchacha muy seria y decente. Te la presento. No tiene novio, dice Milagros. Que suerte que estoy aquí, dice Xavier. Los invitados estaban casi todos reunidos en el jardín donde había banquetes y músicos. Milagros lo tomó del brazo y lo llevó para presentarlo. Ya conoces al profesor Ramírez y esta es su esposa Lidia y mi querida amiga Eva, este es Xavier Alcalza, dice Milagros. Mucho gusto. Feliz cumpleaños, dice Xavier. Bailamos, él pregunta tomando la mano de Eva.

 

¿Cómo es que no te había conocido antes? pregunta Xavier. No sé, contesta Eva. Xavier la atrae a su cuerpo al ritmo de un bolero. Que rico aroma. ¿Es tú perfume, tus cabellos o tu piel? pregunta Xavier. Es mi perfume, contesta Eva sonriendo. ¿Tienes novio? preguntó Xavier. No, contesta Eva. Pues que bueno, yo también soy soltero, dice Xavier acariciando los cabellos rubios de Eva con sus labios. 

 

¿Otro baile antes de irme, sí? No te olvides, dice Xavier llevándola a la mesa. Mira Xavier ahí esta Amaya, dice Milagros. No la veo, dice Xavier. La mujer del vestido rojo. ¿Estás ciego? pregunta Milagros. Xavier la miró de arriba a bajo. Qué mujer, pensó éste. La brisa le acariciaba los cabellos lacios. Sus labios estaban pintados en un rojo oscuro, su vestido rojo era ajustado y provocativo, demasiado provocativo, él pensó. ¿Será puta esta mujer? ¿Qué se trae? piensa Xavier molesto. No sabía por qué estaba molesto. Aparentemente a los hombres le encantaban su atención. ¿Estará sola? ¿Con quien vino? También estaba Eva, una muchacha decente y linda. Debería ser sensato. Él siempre lo había sido. Decidió permanecer cerca a Eva conversando con Milagros y el grupo a la mesa.

 

Oye Xavier, ven para que saludes, dice Samuel. No sabía que estabas aquí, dice Xavier. Pues sí, ven quiero que conozcas a mi próxima conquista, dice Samuel riendo. Xavier se detuvo por un instante. No, no me diga que esta con Samuel porque me muero, piensa Xavier. 

 

Xavier camina con Samuel unos pasos...

 

Amaya, ya habías conocido a mi hermano Xavier, dice Samuel con su brazo alrededor de la cintura de Amaya. Sí, ya nos conocemos, dice Xavier un poco molesto.

 

Después de unos minutos...

 

Te la quito un segundo, dice Xavier tomando la mano de Amaya. ¿Bailamos? él pregunta. La atrajo a él un poco brusco. Estaba furioso. Como pudo después de ver lo impertinente que Samuel era. Quizás él le pagaba y a ella le gustaba, pensó Xavier. La tomó de la cintura al ritmo de un bolero y al ella subir su rostro hacia él, la besó en los labios. Ella se quedó paralizada por un instante y Xavier volvió a besarla. La atrajo mas a él fuertemente besándole el oído, el rostro. Estaba excitado y quería que ella lo sintiera. Quizás eso era lo qué a ella le gustaba, pensó Xavier. ¿Por qué me besas? ella pregunta. Porque me da la gana. ¿Sabes? Estoy harto de pedirte perdón y me ignoras. Como si hubiese cometido un crimen. Si te gustan los hombres como mi hermano pues ni modo. Él no respeta a las mujeres y tú eres otra en su lista de conquistas. Que te vaya bien, dice Xavier llevándola a la mesa a donde Samuel los esperaba. Ella se quedó mirándolo pero Xavier la ignoraba y poco después se excusó volviendo a bailar con Eva.

 

Samuel invita a Amaya a bailar mientras Xavier bailaba con Eva, un merengue. ¿Oye Xavier, cambiamos de parejas? pregunta Samuel y sin poder contestar tenía a Amaya otra vez en sus brazos. Eva estaba un poco nerviosa ya que Samuel era brusco. Xavier se encontró con los ojos de Amaya y esta no dejaba de mirarlo fijamente. Sus caderas se movían sensualmente y todo su cuerpo parecía estar embrujado con la música. La gente los miraba y Xavier nervioso volvió a cambiar pareja. Dios mío como se mueve esa mujer. No parece ser humana. Esta en otro mundo. Su boca entre abierta y su piel en candela. ¿Será Santera? pensó Xavier. Después del baile, Xavier dirigió a Eva al jardín. ¿Conoces a Amaya? él pregunta. Sí, claro que sí contesta Eva. No, lo pregunto porque de repente se presentó aquí y nadie sabe mucho de ella, dice Xavier.  ¿Es novia de tu hermano? pregunta Eva. No sé qué se traen pero ya sabes como es Samuel. Ese tiene una mujer para cada ocasión, dice Xavier. Ella no es así, dice Eva. ¿Cómo así? pregunta Xavier. Amaya es una mujer decente. Solo porque es bien bonita se mete en problemas pero yo la conozco de niña y es una muchacha decente. Lo qué pasa es que los hombres se creen que las mulatas son fáciles. La madre de Amaya es mestiza, de madre Taina y padre Africano. El padre de Amaya es un hombre blanco de ojos verdes. Lo tiene todo por eso es tan linda, dice Eva. Perdoname Eva no debo estar hablando de Amaya cuando no sé mucho de ti, dice Xavier. Pues yo soy todavía muy joven y pienso acudir a la universidad de Miami, dice Eva. Muy bien. Yo estudié en Nueva York también y me fue muy bien. Es un mundo distinto... un ambiente mas liberado, él dice.

 

Xavier, llama Samuel. ¿Qué quieres? pregunta Xavier. Vamos, no puedo manejar, se me fueron las copas, ríe Samuel. Imbécil, piensa Xavier.

 

Xavier se excusa con Eva.

 

Eva, ha sido un placer conocerte y me gustaría sacarte al cine o a cenar uno de estos días, dice Xavier. Sí, a mí también me gustaría mucho, dice Eva.

 

¿Qué haces tú con esa muchachita, hombre? Esa no te va aflojar ni una teta, dice Samuel ebrio. Amaya bajó su cabeza avergonzada. Y a ti te lo aflojan todo, me imagino, dice Xavier. Amaya lo miró furiosa. Vamos, dice Xavier. Yo voy a dejar mi auto aquí hasta mañana. Llevame al apartamento de Amaya, dice Samuel. Está bien. Dirígeme, dice Xavier sintiendo celos.

 

Xavier estaciona frente al edificio a donde vive Amaya. ¿Es aquí? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. Gracias, dice Samuel saliendo del auto. Amaya se acerca a Xavier y dice, por favor, no me dejes sola con él.

Él la mira asombrado. No sé qué rayos haces con él. Te debo dejar aquí para que aprendas. Un hombre como Samuel esta acostumbrado a mujeres de la calle, dice Xavier. ¿Vente negra, qué esperas? pregunta Samuel. Xavier sale del auto y camina hasta la puerta del apartamento con ellos. ¿Qué haces? pregunta Samuel. Voy con ustedes y luego nos vamos a la casa. Estás tomado como siempre. ¿Cómo rayos piensas llegar a la casa? pregunta Xavier. Yo no me voy esta noche, así que desaparecete, dice Samuel. Gracias, dice Amaya frente al edificio entrando y cerrando la puerta. Me lo echaste todo a perder imbécil. ¿Qué diablos te pasa? pregunta Samuel. Samuel, ella no es una de esas mujeres que te encuentras en la calle, por Dios, respeta, dice Xavier. Ah qué mierda contigo y el respeto. Vamos no creo que pueda como quiera, dice Samuel ebrio.

 

Amaya en su apartamento

 

Se desvistió y se preparó para bañarse. ¿Qué estaba sintiendo? Ay no, por favor, Dios mío, no me hagas esto, dice Amaya.

 

 

Xavier y Samuel

 

¿Qué tienes tú con ella? pregunta Xavier. Hasta ahora nada, pero esa mujer va hacer mía y no te vuelvas a meter en mis asuntos, dice Samuel. Ya eso es un cuento viejo contigo. Me he convertido en el salva mujeres. No he hecho más que ser el pañuelo de lágrimas de las mujeres que metes a tu habitación. Me debo vestir con una capa roja y una mascara... El Salva Mujeres, dice Xavier. Samuel ríe. Tú por estúpido. A ti nadie te manda a estar metido en mis asuntos y con esta no te atrevas. No me importa seriamente, pero no se me escapa y ya lo sabes, dice Samuel. Entra a la casa y callate la boca que te apesta a mierda, dice Xavier.

Otra vez borracho. Maldita sea. Muchacho tú te estas perdiendo en el vicio, dice Martín molesto. Oye Xavier la próxima vez dejalo en la calle que se lo lleven preso. Esto esta del caray, grita Martín. Llama a Silvia que lo atienda porque se vomita encima y se ahoga el sinvergüenza, dice Martín.

 

Silvia sale a la sala. Déjenlo en paz, ella dice molesta. Ven hijo, vamos, dice Silvia ayudando a Samuel a su habitación. Por eso mismo es que esta así porque ella siempre lo protege, dice Martín. Papá, tú bien sabes porqué es así, dice Xavier. Es que de eso ya va tiempo, no entiendo, dice Martín. No respeta a ninguna mujer y parece que las odia desde que Alejandra lo dejó plantado en el altar, dice Xavier.

 

No vas a creerlo papá. Amaya estaba con él y él quiso entrar a su apartamento. Ella me pidió que no la dejara sola con él, dice Xavier. ¿La chica que tú...? Ay hijo, qué lío. ¿Tiene ella algo que ver con Samuel? pregunta Martín. No lo creo, es que no sé como salió con él. Nos encontramos en la fiesta de cumpleaños de la hija de Ramírez, el profesor de arte. Por poco me muero, papá, cuando la vi ahí con él, dice Xavier con su cabeza bajada. Mira hijo, nosotros siempre hemos sido buenos amigos y yo te he aconsejado muy bien sobre las mujeres. La primera oportunidad que tengas con ella tienes que prometerme que te acordarás de lo qué te dije. Vas a tener que ponerte bien listo porque si cae en las manos de tu hermano olvidalo, dice Martín. Es que no creo que ella quiera nada conmigo, dice Xavier. ¿Le enviaste las rosas? ¿Qué has hecho para que te perdone? pregunta Martín. No he tenido tiempo de nada, papá. Ponte listo. Si la quieres para ti, ponte listo, dice Martín.

 

Milagros y Eva

 

Yo nunca lo había visto, que guapo es. A Samuel sí lo había conocido porque se pasa de jefe en el banco dándole órdenes a todo el mundo. Es un necio, dice Eva. Pues mira Eva si te gusta Xavier vas a tener que luchar por él. A mí me esta que esta interesado en Amaya, dice Milagros. Sí, me di cuenta. No podía dejar de mirarla y parecía estar celoso que ella estuviese con Samuel. Me preguntó sobre ella y aunque me sentí incomoda pues qué se va hacer. ¿Qué puedo hacer yo contra una mujer así? No tengo vela en ese entierro, dice Eva. Podemos invitarlo al cine el sábado, dice Milagros. Yo no me atrevo, dice Eva. No seas boba, yo lo invito. Ya sabes que él es como un hermano para mí. Nos criamos casi juntos... de niños nos conocemos, dice Milagros.

 

Miguel y Angel

 

Estoy harto de pedirle perdón a Alma y la condenada no me da ni la hora del día. Estoy harto con este asunto y todo porque me quedé pegado del trasero de la negra. ¿Pero quien no? pregunta Angel. Oye Angel me dijeron que Amaya anda con Samuel. Imaginate ese hombre no sé como hace para tener tantas mujeres, dice Miguel. Lo qué pasa es que él las sigue como un depredador. Es un enfermo y es peligroso. No sabes lo qué he oído por ahí. Mujeres jóvenes, hombre. Las mete a su habitación y se fastidian, dice Angel. Sí, Xavier me ha contado. A ver si una lo mete preso, dice Miguel. Algo les tienen que ver las mujeres. Es un hombre bien parecido pero es exigente y orgulloso, dice Angel. Tan raro que sea hermano de Xavier. Yo nunca he entendido eso, dice Angel. No seas tonto, no son hermanos de sangre, dice Miguel.

 

La Empresa Asunción

 

¿Por qué no vienes a mi casa esta noche? No seas tímido. Es solo una cena, dice Lucia. Es que a mi novia no le va gustar eso para nada, dice Xavier. Ella no tiene por qué enterarse, dice Lucia coquetamente. Gracias Lucia pero no puedo, dice Xavier saliendo de la oficina. Ahora sí, maldita sea la vieja. Qué suerte de perro tengo, dice Xavier.

 

¿Oye Xavier, la vieja te violó allá en la oficina? pregunta Juan. Callate que esta buscando presa fresca hoy, dice Xavier. ¿Cómo te fue con Eva? pregunta Miguel. Es muy linda pero muy joven y sinceramente no estoy como para eso. Últimamente lo que quiero es una mujer. Estoy harto y siempre estoy caliente, dice Xavier. Tú y toda la populación de hombres, ríe Miguel. Qué martirio ese problema, dice Xavier. Pues nosotros fuimos a un sitio allá en Queens donde estuvimos con unas mujeres Latinas. Para qué te cuento. A mí me dejaron con las ganas. Es como cuando uno come comida China... que en media hora quieres comer más. Así, pues, dice Miguel. Ustedes están enfermos y qué con la vieja Hortensia, pregunta Xavier. Esa mujer esta que no sabes si estás adentro o afuera, dice Miguel. Todos ríen. Ay no empiece con las bromas que me da mal de risa, hombre, dice Xavier riendo a carcajadas.

 

¿Crees que hoy vendrá la mensajera? pregunta Juan. No lo sé, pero esta vez no va a ser el pie el que le meta, dice Xavier riendo.  Válgame, tú que eres tan serio, dice Miguel. Es que ya se me metió mal de risa, ríe Xavier.

Callate ahí viene Lucia, dice Miguel. Esa vieja se va a tener que poner en cuatro frente a mí, ríe Xavier. Diablos callate. Qué fastidio cuando se te pega el mal de risa, dice Juan.

 

La Casa Alcalza

 

No sé por qué sigues conmigo, Silvia. Tú va tiempo que tienes otro y yo no soy estúpido, dice Martín. Yo no me casé contigo por amor, Martín. Me casé porque eres un hombre serio y bueno pero ya sabías que estaba enamorada de Rodolfo, ella dice. Pues vete, eres libre. Yo me quedo con mi hijo y tú llévate el tuyo que sé esta perdiendo en el vicio, dice Martín.

Silvia sale de la casa tirando la puerta.

 

Samuel y Amaya

 

Samuel no me persigas. Me tienes hastiada con tu conducta, hombre, dice Amaya. Mira Amaya, perdona. Ven, yo no te estoy persiguiendo es que te encuentro en todas partes, dice Samuel. Me sigues a todas partes, dice Amaya. Esta bien, vamos a empezar de nuevo. Me gustas, dame una oportunidad. Vamos a mi casa para que conozcas a mi familia y veas que somos gente decente, dice Samuel. ¿A tu casa? pregunta Amaya pensativa. Te puedo ir a buscar este sábado y puedes cenar con nosotros, dice Samuel. Tengo que pensarlo ya me había invitado algunas amigas a cenar, dice Amaya. La vas a pasar mejor con nosotros, te lo aseguro, dice Samuel.

 

Milagros y Amaya

 

Ten mucho cuidado con Samuel. Él tiene una reputación horrible. Yo sé que es bien guapo, el hombre, pero trata muy mal a las mujeres. Es abusivo y posesivo, dice Milagros. Es que... mira Milagros te voy a ser franca. Quiero ver a Xavier. No sé lo qué me pasa con él pero quiero verlo. Si voy a la cena me imagino que él estará ahí, dice Amaya. ¿Y después como te quitas a Samuel de encima? Ten cuidado con eso, dice Milagros. Me imagino que tendrá que comportarse frente a sus padres, dice Amaya. ¿Y por qué mejor no llamas a Xavier y puedes hablar con él? pregunta Milagros. Es que no creo que yo le guste. Me parece muy orgulloso y quizás no quiera que lo vean con una mujer mestiza. Estaba muy acaramelado con Eva, la rubiecita hija del profesor Ramírez, dice Amaya. Yo lo conozco de siempre y estas muy equivocada pero no me meto en asuntos personales así que ten cuidado con lo qué haces. Puedes perder a Xavier por completo, dice Milagros.

 

Martín y Xavier

 

Se quiere ir... pues ni modo. ¿Qué se puede hacer? pregunta Martín. ¿Si mamá todavía estuviese viva, volverías con ella? Lo pregunto porque cuando te casaste con Silvia todavía querías a mamá. Yo me acuerdo cuanto sufriste, dice Xavier. Cometí el gran error de mi vida. Mira lo qué hice, dejé a tu madre por una mujer que jamás me ha querido, dice Martín. Eso pasa cuando uno pierde la cabeza por eso a ti siempre te estoy dando consejos. No quiero que sufras lo qué yo he sufrido, continua Martín pensativo.

 

Samuel entra a la casa. Martín, llama Samuel. ¿Qué pasa? pregunta Martín. Quiero traer una amiga el sábado a cenar. ¿Vas a estar aquí? pregunta Samuel. ¿Sí, claro y tu madre? pregunta Martín. Ella fue la que me dijo que la trajera, dice Samuel. ¿A quien? pregunta Xavier. A ti eso no te importa, dice Samuel sacando una cerveza de la nevera. Pues no sé por qué yo tenga que estar aquí, dice Xavier. Como quieras, dice Samuel. Martín le hace señal a Xavier que se mantenga callado. Que se vaya al carajo, dice Xavier saliendo de la casa.

 

Miguel, Xavier y Juan en un bar

 

Yo por no verle la cara a ese estúpido me la paso en mi habitación como una mujer preñada, dice Xavier. Ese hombre esta encima de la negra como un perro culeco. Te digo que yo estaba avergonzado, dice Juan. Es un pesado y un puerco, dice Xavier. La mujer parece que le gusta porque ya varias veces lo he visto con ella, dice Miguel. ¿De veras? pregunta Xavier. Pues sí, ayer estaban conversando frente al banco. Yo pasé y saludé, dice Miguel. Allá ella, ya se lo advertí. Cuando se encuentre en aprietos, que se la lleve el diablo, dice Xavier. Tú no podrás llevar una novia a tu casa porque ese hombre te la quita enseguida, dice Juan. No sé lo qué las mujeres le ven, dice Miguel. A lo mejor les gusta que las traten como trapos. Este sábado va a traer a uno de sus trapos a la casa para cenar. Esa va a terminar en su habitación, dice Xavier. Qué descaro y en tu casa, dice Juan. Silvia le tapa todo, por eso es así como es, dice Xavier. A Silvia la vi en un restaurante con un hombre que parecía tener mucho dinero, dice Juan. ¿El americano? pregunta Juan. No, lo pregunto porque ese tipo no lo había visto antes. Ya va como dos meses que lo veo de cada rato por ahí, continúa Juan.

 

La Casa Alcalza

 

Xavier, llama Silvia. ¿Qué pasa? pregunta Xavier. No te vayas a desaparecer. Vamos a recibir visita, dice Silvia. Yo tengo un compromiso, dice Xavier. Pues hoy no, dice Silvia. No sé por qué yo tenga que estar aquí, dice Xavier molesto. Esconde el ron, si no ese hijo tuyo nos va hacer pasar una vergüenza, continua Martín. Ay qué fastidio, dice Xavier sentándose frente a la televisión. Vete a bañar y vístete, dice Martín. Que se vaya a la mierda la mujer de Samuel. Si no le gusta, que no venga más, dice Xavier molesto. Vete a bañar que ya es tarde, dice Martín.

 

Dos Horas Después...

 

Samuel entra a la casa con Amaya. Martín, esta es Amaya Dulce Rosales, este es mi padrastro Martín Alcalza. Mucho gusto. Está en su casa, dice Martín. Mucho gusto, contesta Amaya. Mira esta es mi mamá Silvia. Mucho gusto, que linda eres, dice Silvia dulcemente. Gracias. Muy bonita su casa, dice Amaya. Pasen a la sala. ¿Te gustaría un brandy? pregunta Silvia. Sí, gracias, contesta Amaya. Martín se quedó mirando a Amaya. Eah diablo si es la mujer de la cual Xavier me había contado. Tiene que ser ella. Que linda esta. Pobre hijo mío, piensa Martín.

Xavier sale del baño con una toalla alrededor de su cintura y se dirige a la nevara. Por Dios. ¿Qué haces? Tenemos visita, grita Silvia. Xavier miró hacia la sala y se encontró con los ojos de Amaya. Hola, él dice avergonzado. Perdona, no sabía que estabas aquí, él dice entrando a su habitación.

 

Xavier en su habitación…

 

No puedo creer que esté aquí en mi casa. ¿Bueno pero qué diablos le pasa a esa mujer? Quiere macho y no le importa, me imagino, piensa Xavier vistiéndose.

 

Xavier sale a la sala. Hola perdona otra vez, dice Xavier tomando asiento. Ya conoces a mi hermano menor, dice Samuel sentado al lado de Amaya posesivamente. Bueno, Amaya, yo no te había visto antes pero me eres parecida, dice Martín. Pues a lo mejor me haya visto en algunas revistas modelando, dice Amaya dulcemente. A lo mejor, dice Martín. A lo mejor en revistas de Playboy, piensa Xavier. ¿Vives con tus padres? pregunta Silvia. No, vivo sola, pero mi padre es el dueño del edificio donde vivo y mi mamá no vive muy lejos, dice Amaya. ¿Vaya, y como se conocieron ustedes? pregunta Martina. La conocí en el banco, dice Samuel. Ya vamos a pasar al comedor, dice Silvia. Xavier totalmente los ignoraba a todos y estaba viendo la televisión. Estaba furioso. Esto no le podía estar pasando. Estaba harto de esta mujer y no podía mirarla. Ver su piel sedosa, sus ojos achinados, su cuerpo tentador y cuando se ponga de pies ese trasero me va hacer perder el paso y a lo mejor me voy a caer de cara al piso frente a todos, pensó Xavier.

Todos pasan al comedor. Xavier ven, dice Martín. Ya sé lo qué esta pasando, hijo, pero por favor controlate que no quiero problemas, dice Martín. Xavier obedece. Oye Amaya, estas bien linda. Cada vez que te veo estas mas linda, dice Xavier. Gracias, contesta Amaya. Samuel lo mira furioso. Te lo voy echar todo a perder, imbécil, piensa Xavier mirando a Samuel fijamente a los ojos. A mi hermanito le hace falta una novia, o mejor dicho una mujer, ríe Samuel. Martín los mira nervioso. A ese siempre le tocan mis sobras, ríe Samuel. Eso es porque todavía no he encontrado la mujer ideal y no pierdo tiempo con cualquiera, dice Xavier mirando fijamente a Amaya a los ojos. Ella cambió su vista deprisa y avergonzada. Además los restos tuyos no valen nada. A qué mujer decente... dice Xavier. Dejen eso, interrumpe Martín. Hijo, vamos a invitar a Amaya a la casa de campo. Amaya te va encantar, dice Silvia. Me gustaría mucho, dice Amaya.

Después de la cena todos se retiraron a la sala a tomar café. Ven quiero que veas mis trofeos, dice Samuel. Martín mira a Xavier y se intercambiaron miradas. Amaya siguió a Samuel a su habitación. Xavier se acercó a Martín. Es ella, papá, dice Xavier. Sí me lo imaginé cuando la vi. No sé qué decirte hijo, dice Martín.

 

Tocan a la puerta y Martín abre...

 

Hola, entra, dice Martín. Ando buscando a Samuel. Me dejó esperándolo en la casa, dice Amparo. Que bueno se va a poner esto, piensa Xavier. Ven siéntate, dice Martín. Voy por él, dice Silvia. Samuel sale a la sala con Amaya de la mano. Amparo, él dice nervioso. ¿Qué haces aquí? pregunta Samuel. Me dejaste esperándote. ¿Cómo qué hago aquí... y quien es esta mujer? pregunta Amparo con sus manos en su cintura furiosa. Es... es la novia de Xavier. Mira esta es Amaya, dice Samuel. Xavier se puso de pies y tomó a Amaya por la cintura. Sí, Amparo esta es mi novia, dice Xavier. Pues vámonos. No te quedes ahí parado como un imbécil. Tengo invitados y nos esperan en la casa, dice Amparo. Xavier acercó a Amaya a su cuerpo acariciándole el brazo con su mano y sintiendo su piel sedosa. Pues ustedes se pueden quedar aquí discutiendo pero nosotros nos vamos, dice Xavier con Amaya de la mano. Toma tu bolsa y vámonos, dice Xavier. Amaya sale de la casa con Xavier y se meten al auto.

 

Martín riéndose se mete a la cocina y Silvia se queda paralizada con la escena.

 

¿Cuándo me vas hacer caso? Te ando diciendo que Samuel es un bandido. ¿Qué rayos te traes con él? ¿Eres su amante? pregunta Xavier. No y... contesta Amaya. No me des explicaciones la verdad que no me importa. Te metes a la boca del león y mira lo qué te pasa. Esa mujer es la mujer de Samuel, una de ellas, dice Xavier. Dejame hablar, dice Amaya. No, ya te dije que no me importa. Ella permanece callada y lágrimas corrían por sus mejillas. ¿Por qué lloras? pregunta Xavier. No te importa... acabas de decirlo, contesta Amaya. Aquí estamos, dice Xavier. ¿Qué quieres? ¿Sal del auto o esperas que te abra la puerta? pregunta Xavier molesto. Gracias, dice Amaya saliendo del auto y Xavier arranca.

 

En el auto

 

Que estúpido soy. Debí haber tomado la oportunidad. Es que estoy furioso. Rayos debo volver y disculparme y abrazarla y secarle las lágrimas, consolarla. Que estúpido soy, dice Xavier haciendo una derecha en la carretera y volviendo al edificio. Salió deprisa y tocó la campana. Ella contesta. ¿Quién es? Es Xavier, él contesta. Entra, dice Amaya. Xavier sube el ascensor al piso veinte a donde Amaya vive. Toca a la puerta. Ella abre. Perdoname es que estoy furioso, dice Xavier. Ella le da paso y él entra al apartamento. Miró a su alrededor. Que lindo apartamento. Había una media luz que brillaba de unas lámparas postradas en mesas de noche. Los colores en las paredes del apartamento eran colores caribeños y africanos. Había pinturas de Antonio Broccoli Porto y "Baile de Bomba 2" de Samuel Lind. También había un aroma a esencia en todo el apartamento que llevaba los sentidos a un misterioso ritmo de tambores, algo primitivo bajo los ojos de Dioses sin nombres, algo oculto entre las paredes, un ritmo de amor bajo las sabanas.

 

 ¿Quieres tomar algo? pregunta Amaya. Sí gracias, una cerveza, dice Xavier. Siéntate, ella dice dulcemente. Mira Amaya estoy casi seguro que Samuel se va a venir a buscarte y creo que sea mejor que yo me quede un rato aquí, por si acaso, dice Xavier mirándola por detrás. Que rico sería estar ahí adentro, él pensaba. Sí, gracias, contesta Amaya dándole una cerveza y tomando asiento junto a él.

 

Xavier, quería decirte que la razón por la cual fui a tu casa esta noche fue porque quería verte, dice Amaya. Xavier casi se ahoga con la cerveza. ¿Estas bien? ella pregunta. Sí, él contesta. ¿Qué querías verme? pregunta Xavier. Pues sí, dice Amaya. ¿Y por qué? pregunta Xavier. No sé, dice Amaya. Xavier coloca la cerveza en la mesa y se acerca a ella. Le sube el rostro con su mano. No me hagas esto, por favor, hablame, dice Xavier. Es que no he podido sacarte de mi pensamiento y también quería disculparme. Me he portado muy mal contigo, dice Amaya. Xavier la besó tiernamente en los labios y luego volvió a besarla buscándole la lengua con la suya. Ella respondió a sus besos. Xavier la besó desesperado, enloquecido y luego hizo por controlarse. Perdoname va tiempo que quería besarte así, él dice. Ella lo mira a los ojos y luego lo besa, lo acaricia, lo muerde tiernamente en los labios. Se levanta del sofá y lo toma de la mano llevándolo a su habitación. Lo desviste y él la desviste a ella. Ella se baja frente a él y lo acaricia con su lengua tomándolo en su boca y él la levanta. La toma en sus brazos y la lleva a la cama. La besa toda, acariciándola, mordiéndola, haciéndola gemir de placer. Le separa las piernas y la toma en su boca y ella se desespera. Él la muerde, la busca con sus dedos, la enloquece y luego lleva su boca a aquellos senos jugosos y sensuales, buscando el lunar, besándolo, acariciándolo. El cuerpo de Amaya estaba en candela y no podía controlarse. Lo tomaba en sus manos dirigiéndolo hacia ella pero él no se l permitía. Él tomó las manos de Amaya en las suyas aguantándola contra la cama. ¿Qué quieres? él pregunta enloquecido de pasión. ¿Dime qué quieres de mí? él vuelve a preguntar. Por Dios, Xavier no seas malo, ella dice apasionada.  Me puedo quedar aquí toda la noche así que mejor dime lo qué quieres de mí, exige Xavier. Ella gime apasionada y no podía controlar su cuerpo que ondulaba, buscándolo, tratando de unir sus cuerpos. Dime, exige Xavier. Hazme tuya, Xavier, por favor, ruega Amaya. Xavier la tomó desesperado uniendo sus cuerpos y llevándolos a un éxtasis de amor y pasión... a un sitio salvaje donde el ser humano jamás había pisado y allí escondidos y asolas, apagaron el fuego que los consumía.

 

Poco después...

 

Samuel borracho toca a la puerta de Amaya. Amaya, llama Samuel molesto. Abre la puerta. Yo sé que estas ahí.

 

Dejalo que se muera, dice Xavier besándola. Me va a tumbar la puerta, dice Amaya. Si quieres lo echo, dice Xavier. No... no quiero que te vea. No quiero problemas entre ustedes, dice Amaya.

¡Oye puta, abre la puerta, carajo! grita Samuel.

 

Xavier se viste deprisa. ¿Qué haces? pregunta Amaya. Quedate ahí. Te llamo mañana, dice Xavier saliendo de la habitación. Xavier abre la puerta. ¿Qué rayos quieres imbécil? pregunta Xavier enfurecido. Samuel hace por empujarlo y sacarlo al pasillo pero Xavier logró evadirlo y Samuel cayó al suelo donde permaneció sin poder ponerse de pies. Xavier lo tomó del brazo y lo llevó a su auto empujándolo al asiento de atrás.

Al llegar a la casa, Xavier lo saca casi arrastras del carro y lo empuja por la puerta principal y Samuel cae al piso.

 

Ya sabía yo que ibas a volver borracho como un perro, dice Martín. Papá, ayudame, dice Xavier. Me dan ganas de dejarlo afuera en la calle, dice Martín. ¿Y Silvia? Que lo venga atender, dice Xavier. Esa no ha llegado, dice Martín. Papá no vas a creer lo qué pasó, dice Xavier. ¿Qué fue? pregunta Martín alterado. Ven, dice Xavier llevándolo a la sala. Papá me dijo Amaya que había venido aquí solo para verme a mí, y se me entregó, dice Xavier. Échale hombre así se hace, dice Martín sonriendo. Me controlé hasta que me rogó, pero papá fue lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida, dice Xavier. Martín ríe. Tú si que tienes cojones, hombre. Yo nunca pude, dice Martín. ¿Cómo que te controlaste? ríe Martín. Maldita sea, viejo. ¿No me dijiste que tenía que ejercer control? pregunta Xavier. Sí, hijo pero nunca te dije que yo había podido resistir, ríe Martín. Ah no qué broma, ríe Xavier. Ambos ríen y se abrazan.

 

Al día siguiente...

 

No puedo creer que la tuve en mis brazos y se entregó a mí completamente. Me hubiese quedado con ella toda la noche pero es mejor que me necesite. Dejala que me busque, que se desespere, piensa Xavier entrando al baño.

 

¿Qué vas hacer hoy, hijo? Mira que por ahí anda Samuel como loco. Ten cuidado, dice Martín. Dejalo que se meta conmigo, dice Xavier desde el baño. Se le van a quitar las ganas de andar fastidiando, dice Xavier. Sabes que la Silvia nunca vino anoche, dice Martin. Ay papá ya eso no silbe, no tiene remedio. Dejala que se vaya y se lleve a su hijo, dice Xavier. Pues sí, ya le dije que se largue y a lo mejor se fue anoche, dice Martín. Xavier sale del baño. Mira papá si quieres mujer te voy a presentar a Lucia, la supervisora de la Empresa. Te va a gustar mucho, ríe Xavier. Oye sin broma esto se esta poniendo feo, dice Martín. Ah también esta Hortensia, ríe Xavier. Los muchachos dicen que no se sabe si uno esta adentro o afuera, ríe Xavier. Que frescos son todos. Son unos bandidos, ríe Martín.

 

Xavier por teléfono...

 

¿Hola, te desperté? pregunta Xavier. Sí, dormí muy bien. ¿Hoy? No sé. No es bueno que me pase en tu apartamento. Es que te vas a cansar de mí, dice Xavier. Óyeme, tranquila, está bien, paso mas tarde. Sí, mujer ya te dije que voy. ¿Necesitas que te lleve algo de afuera? Válgame, mujer, que fresca. No sé si pueda, se me cayó en el baño esta mañana. Está bien, te veo mas tarde, ríe Xavier.

 

Samuel entra a la casa y se dirige hacia Xavier. Dame el teléfono, imbécil, dice Samuel. ¿Qué haces estúpido? grita Xavier empujándolo. Si te crees que me la vas a quitar estás muy equivocado. Eres un imbécil. ¿Sabes quien ella es? A que no-te ha dicho quien es, grita Samuel. Mira Samuel si te quieres ir a los puños tu bien sabes que conmigo cuando quieras, dice Xavier ahora colgando el teléfono. Me voy a reír mucho de ti cuando sepas quien es la puta esa. Preguntale dónde la conocí, estúpido, dice Samuel entrando a su habitación.

 

La Universidad

 

Xavier conversa con el profesor Ramírez. Tienes gran talento y lo debes cultivar, no lo eches a perder. Me he fijado que tienes ojo para el detalle y eso es muy importante. La mujer es perfecta porque tiene de todo un poco de nuestras tierras caribeñas y me impresionó el detalle y el énfasis en ese lunar que por pequeño que fuese, es el detalle principal en tu dibujo. Sabes algo, hay unos cursos dirigidos a las personas interesadas en casos de crímenes, tal como los detectives y es muy importante el detalle porque así se han podido descubrir muchos delitos. No sabes lo qué hace esa gente. Se meten en medio de las balas para descubrir los crímenes viviendo entre el basurero. Yo les admiro muchísimo. En unos meses aquí vamos a conducir una serie de presentaciones de un grupo de esos estudiantes y quiero que estés presente. El dibujo y la profesión de policía y detectives privados van uno en uno y puedes trabajar en algo que sí te guste. Tenlo en mente y si me necesitas para cualquier cosa estaré aquí. Me ha impresionado muchísimo tu dibujo, dice Ramírez. Gracias profe, es muy interesante todo lo qué me ha contado y me gustaría mucho dibujar como profesión, dice Xavier.

 

Xavier

 

Entra a una florería. Señorita, por favor, dos docenas de rosas rojas de las más bellas que tenga y una caja de los más finos chocolates, ordena Xavier. ¿Quiere dedicar las rosas? pregunta la empleada de la florería.  No gracias, yo las llevo en persona, dice Xavier. Ay qué suerte la de esa mujer, dice la cajera, mirándolo de arriba a abajo. Él sonríe.

Poco después...

 

Toca a la puerta de Amaya. ¿Quién? ella pregunta. Xavier, él contesta. Ella abre temerosa al principio y luego al verlo, dice, Xavier espera un momento que tengo que quitar la cadena. Luego abre. ¿Para mí? Que belleza, ella dice abrazándolo y besándolo. ¿Qué pasa con la cadena? él pregunta. Me estuvieron tocando la puerta esta mañana y no me respondían, ella dice. ¿Estas lista? Tengo reservaciones en el restaurante y luego a donde quieras, dice Xavier. Sí ya estoy lista. Dejame acomodar las rosas en un frasco primero, no tardo. Xavier volvió a mirar a su alrededor. Que lindo se sentía estar aquí. El apartamento tenía un ambiente a tierra, a naturaleza, a razas y raíces. Le encantaba la decoración de mascaras africanas, de pinturas caribeñas y del aroma a esencias. En una pared había una pintura de una mujer Africana, desnuda con cadenas en sus manos y sus pies pero sus ojos eran verdes y sus cabellos lacios y una mirada captada por el pintor que decía, yo soy lo qué hiciste de mí. Qué belleza, pensó Xavier.

 

Vamos, dice Amaya. ¿Quién decoró tu apartamento? pregunta Xavier en el ascensor. Mi mamá, dice Amaya. Por Dios mujer, es divino, dice Xavier. Me alegro que te guste porque pienso raptarte y no dejarte ir nunca, dice Amaya besándolo. Ay no, se me esta quitando el apetito, él dice sonriendo.

 

En el restaurante

 

Dos hombres se dirigen a ellos y preguntan. ¿Señorita Rosales? ¿Ay Francisco, como estas? pregunta Amaya. Mira este es mi amigo Xavier Alcaza. Este es el sargento Francisco Aldama y el detective Roberto Erazo. Un placer, dice Xavier. Cundo tengas tiempo necesitamos revisar algunos documentos que por suerte me llegaron a la oficina esta mañana, dice Francisco. Sí claro llamame a la casa esta noche, dice Amaya. Bueno, los dejamos, buen provecho, dice Francisco.

 

¿No quisiera hacerte preguntas pero detectives? pregunta Xavier. Es un tema bastante complicado. No tengo la libertad de devotar los detalles pero yo te lo explico todo pronto. Es que nos hemos conocido hace un par de semanas y como entenderás una tiene que ser precavida. No te ofendas es que es un mundo muy peligroso en el cual vivimos, ella dice. ¿Qué rayos querrá decir con eso? piensa Xavier.

 

También me vas a explicar por qué eres mensajera y modelo y como dicen los americanos "bartender", dice Xavier. Por la misma razón. Es un tema del cual no puedo hablar. Perdoname ya lo sabrás todo a su debido tiempo, ella dice. Es muy difícil tratar con una persona con tantos secretos y misterios, dice Xavier. Xavier, yo a ti no te estoy haciendo preguntas y sin embargo me encanta estar contigo, dice Amaya. Yo no tengo secretos, dice Xavier. Yo tampoco, dice Amaya ahora molesta.

 

¿Estas de humor para ir al cine o dar una vuelta por la playa? pregunta Xavier. Sabes... mejor no. Creo que deba regresar al apartamento cuanto antes, dice Amaya. ¿Para verte con el sargento? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. Ni modo, vamos, dice Xavier molesto.

 

¿Te llamo mañana, sí? pregunta Amaya. Si tienes tiempo, dice Xavier burlonamente.

 

Xavier permaneció en el auto. ¿Qué se trae esta mujer? Anoche me pareció que le gustaba y hoy nada, un beso y nada más. ¿Qué se traerá con el sargento y el detective o mejor dicho con esos hombres? piensa Xavier. Estaba celoso y lo sabía pero no podía controlar sus celos. Qué miedo tengo de pensar lo peor. Quizás Samuel esté en lo cierto, piensa Xavier.

 

La Empresa Asunción

 

Estas muy calladito, dice Miguel. Estoy muy ocupado con estas cuentas. Sabes, cada día la empresa hace más y más dinero pero con pocos recursos, dice Xavier. Ahí viene Lucia, dice Miguel. Maldita sea la vieja esa, dice Xavier.

 

Lucia se acerca. Xavier pasa a mi oficina por favor, dice Lucia. Miguel y Juan se miran de re ojo. Dale lo qué quiere, cierra los ojos. Oye y lávate las manos, ríe Miguel.

 

Xavier toca a la puerta de la oficina de Lucia.

 

Entra y toma asiento, dice Lucia. ¿Qué te gustaría lograr a ti en esta empresa? ¿Cuál es tu meta? pregunta Lucia. La verdad, no lo he pensado. Soy buen trabajador y si hay oportunidades para ascenso pues claro que me gustaría, dice Xavier. Yo puedo ayudarte. Si me permites, dice Lucia mirándolo a los ojos.

 

Tocan a la puerta...

 

Lucia abre. Hola... aquí están los archivos de la Empresa Jiménez. Xavier se voltea al oír la voz. Era Amaya en su uniforme de mensajera. Ella lo mira fijamente y parecía estar molesta. Espere un momento que tengo varios sobres para que los lleve de vuelta, dice Lucia saliendo de la oficina.

 

Amaya se quedó mirando a Xavier. ¿Qué te pasa? pregunta Xavier. ¿Qué me pasa? Cada vez que vengo aquí esa vieja te tiene aquí. ¿Qué me pasa? Le voy a sacar los ojos, eso es lo qué me pasa, dice Amaya rabiosa. Esperate, no es para tanto, yo trabajo aquí, dice Xavier. No para que esa bruja te ande comiendo con los ojos. ¿Qué te crees que soy estúpida? ¿Qué haces aquí con la vieja? pregunta Amaya. Baja la voz y controlate, dice Xavier. Cada vez que vengo estas aquí. ¿Qué te tiene atado por los cojones a esa silla? pregunta Amaya. Mira calmate. Me estas ofendiendo. Yo no tengo nada con la vieja, dice Xavier. Y menos vas a tener en un momento, dice Amaya enfurecida.

 

Lucia regresa con dos sobres. Es urgente que los reciban enseguida, dice Lucia. Amaya mira hacia Xavier que todavía estaba en la oficina. Amorcito, te espero en casa temprano esta noche, ella dice saliendo de la oficina. Lucia lo mira asombrada. Xavier tragó gordo. ¿Esa chica es tu novia? pregunta Lucia. Ah... bueno... sí, contesta Xavier enrojeciendo.

 

Un rato después...

 

¿Qué pasó con la vieja? Oye Xavier vas a tener que hacer algo. Todo el mundo sabe que la vieja se bebe las babas por ti, dice Juan. No saben lo qué me acaba de pasar, dice Xavier. Miren es mejor que les cuente porque de todas maneras se van a enterar. Amaya y yo... pues... no sé si seamos novios pero... dice Xavier. ¿Te la echaste? Hombre, cuéntanos, dice Miguel. Mira la cosa es que me encontró con Lucia e hizo un escándalo. Me pidió cuentas que por qué siempre estaba en la oficina de Lucia y antes de irse le dio a entender a Lucia que es mí... mujer. Por poco me muero. No pude creerlo, dice Xavier. Le tiene que haber gustado lo qué le hiciste, cuéntanos, dice Miguel. No. ¿Cómo voy hacer eso? Esto es serio y dejen de estar tras ese trasero, ya eso es mío, hombre, dice Xavier. Qué pena, dice Juan entristecido.

 

Angel y Alma en un restaurante

 

Pienso irme, no sé a donde todavía, pero si no estoy contigo no quiero permanecer aquí, dice Angel. Es que tú no entiendes Angel, yo quiero algo más estable, quiero una familia, hijos, un hogar. Estoy harta de andar con jueguitos contigo, ya basta, dice Alma. Pues por eso, dice Angel, arrodillándose frente a ella. ¿Quieres ser mi esposa? él pregunta con un anillo en su mano. ¿Qué? Dios mío Angel, ella dice emocionada. No puedo creerlo. Sí, claro que sí, quiero ser tu esposa, dice Alma abrazándolo.

 

El apartamento de Amaya

 

Es Xavier, él dice. Amaya abre la puerta. Entra, ella dice. ¿Quieres algo de tomar? ella pregunta. No, gracias, dice Xavier. Se sentía incomodo. De repente se sentía como un extraño pero no sabía por qué. Ella se sentó junto a él en el sofá. ¿Me perdonas? pregunta Amaya. ¿Por qué? pregunta Xavier. Por lo de la vieja, contesta Amaya. Él baja la cabeza y no contesta. Ella le acaricia el rostro, los cabellos. Lo besa metiéndole la lengua. Él responde. Ella se sienta encima del besándolo, mordiéndolo. Él estaba perdiendo el control. Se levanta con ella todavía encima de él y la lleva a la cama. La desviste bruscamente y voltea su cuerpo besándole el cuello, la espalda, acariciándole las nalgas, mordiéndola, lamiéndola, jugando con ella, torturándola y la toma tiernamente y ella se entrega estremeciéndose en sus brazos mordiéndolo y exigiendo más.

 

Milagros y Eva

 

Pues lo qué pasa es que ellos están juntos según lo qué me dijo Miguel. No se sabe como fue eso pero es con Xavier que ella tiene una relación y no con Samuel. Ella me había confesado que estaba interesada en Xavier. Me alegro porque yo sé que Xavier estaba como loco por ella. Yo nunca lo había visto tan interesado en una mujer, dice Milagros. Pues qué lastima pero yo también me di cuenta que ambos se gustaban. Durante la fiesta de cumpleaños no se dejaban de mirar, dice Eva. ¿Ya sabes que Alma y Angel se comprometieron? pregunta Milagros. Sí, que lindo. Esos dos llevan mucho tiempo de noviazgo, dice Eva.

 

La Universidad

 

El profesor nos mostró a todos tu pintura de la hermosura de mujer. Mira se me eriza la piel. Que bien captate sus ojos y todo. Me he quedado asombrado. ¿No será que tú tengas detalles de ese cuerpo que nosotros no tengamos? pregunta Esteban. En ese entonces, no, ahora sí, dice Xavier. ¿Qué? pregunta Humberto. No pero ven acá como va hacer eso, cuéntanos, dice Esteban. No hay nada que contar. Yo no me voy a poner a contarle a nadie lo qué haga en la cama. Es una falta de respeto hacia la mujer, hombre. Solo que sí, estamos juntos, dice Xavier.

 

Tu sabes lo qué me dijo el profe que de esa lección iban a elegir estudiantes para empleos relatados con las  investigaciones de crímenes y forense. Yo no lo sabía y te digo que, tú me perdonas, pero lo único que hice fue soñar con el cuerpo de esa mujer en mi cama. Lo eché todo a perder. No pude concentrame y me arrepiento, dice Esteban. Yo tampoco pude, se me quedaron los ojos pegados en las partes rasuradas y de ahí no vi nada más, dice Humberto. No sé como tú pudiste, hombre, y también dibujar tan bien con tanto detalle. Es increíble, dice Humberto. No, bueno, también se me hizo difícil pero me encanta el dibujo y yo estoy dibujando desde niño. En cuanto tomo en mi mano el lápiz me pierdo en otro mundo. Después que me fui a la casa fue que me entró la piquiña pero eso fue pura candela, dice Xavier. Vamos al club luego, dice Esteban. Sí, vamos, contesta Xavier.

 

El club Nocturno

 

Miguel, Esteban, Humberto, Juan y Xavier toman cervezas charlando en una mesa. Oye, esas mujeres nos mandaron cervezas, dice Humberto. ¿De veras? pregunta Xavier. Sí, acaban de ordenar cervezas para todos nosotros y parece que quieren que las invitemos a la mesa, dice Esteba. Ellas están bien allá, aquí no caben, dice Xavier. No seas estúpido, hombre, dice Miguel. No están tan mal, dice Juan. Xavier miró hacia el bar donde Amaya estaba ocupada con los clientes.

 

Amaya se acercó a la mesa. Aquí tienen, cortesías de las chicas en esa mesa, ella dice sin mirar a Xavier. Todos miraron a las mujeres y sonrieron. Xavier bajó la cabeza. Amaya lo miró molesta. Xavier se enderezó en su silla cambiando su vista. Qué lío, él pensó. Una de las mujeres camina hacia ellos y los invita a todos a su mesa. Pues, claro que sí, dijo Miguel. Con mucho gusto, dijo Juan. Xavier se quedó frío. No me atrevo moverme de aquí pero tampoco quiero echarle a perder a los demás la oportunidad, piensa Xavier. Xavier se tomó su tiempo pero una de las mujeres lo tomó por el brazo llevándolo a la mesa. Había demasiados alrededor de la mesa y las mujeres decidieron sentarse en las faldas de los hombres. No, esperate como va hacer. No puedo. Me excusan, dice Xavier pero había dos mujeres muy interesadas en él y en menos de dos minutos estaba sentado con una mujer en su falda. Tragó gordo. Mire yo ya me iba a ir. Estoy rendido, dice Xavier.

 

Amaya se acerca a la mesa. ¿Desean algo más? ella pregunta sin mirar a Xavier. Luego de tomar la orden, se arrimó al rostro de la mujer en la falda de Xavier y dijo, te me quitas de encima de mi macho, y ahora mismo, ella dice con sus manos en su cintura. Todos se quedaron paralizados. Xavier se avergonzó y enrojeció. La mujer se puso de pies y Xavier se disculpó y se fue al bar. Óyeme, pero qué descaro. Esa mujer tiene muchísimos hombres que se mueren por ella y también viene a fastidiarnos a nosotras, dice la mujer. No es así, disculpen. Esa es la mujer de Xavier, perdonen. A él no le dieron tiempo de explicar nada, dice Humberto. Qué pena y tan guapo y bueno que esta. ¿Qué le verá a esa? pregunta una de las chicas. Nadie se había presentado formalmente todavía y no parecía importarles sus nombres. Estaban solo interesados en sexo.

Xavier se sentó al bar. Amaya se acercó a él. ¿Qué rayos haces aquí? Debes estar durmiendo. Mira la hora que es, dice Amaya. Óyeme, pero tú no me puedes mandar a mi habitación. No soy un niño. Ya me has hecho pasar varias vergüenzas. Eso que acaba de pasar no fue necesario, ya yo me iba a ir. Yo no te ando haciendo escenitas de celos, dice Xavier. Eso es porque no has tenido porqué, ella dice. ¿A no? No me enfades, sabes. Yo tengo muchas razones para ajustarte cuentas, dice Xavier. ¿Cómo qué? ¿Se puede saber? pregunta Amaya. Como todo lo que haces. ¿Cómo la ves? pregunta Xavier enfurecido. ¿Todo lo que hago de qué? pregunta Amaya. Dejemos esta conversación para más tarde, dice Xavier. No hay mas tarde. Me vas a contestar ahora, ella dice. Mira quiero que sepas algo y lo tengas bien claro. Tú estas aquí entre todos estos borrachos sucios casi desnuda, esa es una. Modelas en la pura pelota, esa es otra, y te pasas en moto como una... dice Xavier. Estaba furioso. ¿Cómo se iba a comparar con él después de todo lo que ella hacia que parecía de mujer comprada? Ella lo mira apenada. Por un instante parecía que iba a llorar y luego le dijo. Tienes razón, perdoname. Vete con las viejas esas. Ellas tienen mejor reputación que yo, dice Amaya tristemente.

 

Xavier permanece con su cabeza bajada, estaba rendido y tenía sueño pero quería llevarla a su apartamento. Eran casi las dos de la noche y pronto cerraban. Nunca le había dicho como llegaba a su apartamento desde acá. Su vida era un misterio. Esto lo enfurecía.

 

Cuando todos salieron. Él le dijo. Te espero afuera. No, Xavier, no. Aquí hay guarda espaldas que nos llevan a la casa. No te molestes, dice Amaya. ¿Cómo qué guarda espaldas? Estas conmigo. Te llevo yo, contesta Xavier molesto. No puedo y no quiero. A veces es peligroso y ellos están armados, dice Amaya. ¡Y yo estoy armado con esto, vete al diablo! dice Xavier enfurecido saliendo del club.

 

La Casa Alcaza

 

Xavier entró agotado y se metió a su habitación entrando al baño para ducharse. Alguien estaba llorando. ¿Quién será? ¿Silvia? se pregunta. Después de salir de la ducha se dirigió a la cocina a tomar agua. Había alguien en la habitación de Samuel. Una mujer llorando. Estaba acostumbrado desde joven escuchar llantos que salían de la habitación de Samuel. ¿Qué rayos les hace? Parece que las tortura. Esta enfermo, él piensa.

En eso una muchacha salió corriendo a la sala desnuda y Samuel la agarró del pelo llevándola arrastras a su habitación de nuevo. Dios mío, esa es Alma. ¿Qué esta pasando aquí? se pregunta Xavier. Xavier toca a la puerta. ¿Qué rayos quieres, imbécil? Esto no te encumbre, dice Samuel. Alma, llama Xavier. Alma contesta, exige Xavier. Samuel abre la puerta. ¿Qué te pasa? pregunta Samuel desnudo. Acabo de ver a Alma y quiero saber si ella esta aquí de su propia voluntad, dice Xavier. En eso Alma sale y se lanza a los brazos de Xavier llorando. Samuel la mira burlonamente. Llévatela, no sirve para nada, dice Samuel tirando la puerta. ¿Qué pasa? pregunta Xavier. Dios mío qué te hizo. Estaba golpeada y tenía sangre en sus manos. Ven, dice Xavier llevándola a su habitación. Estaba completamente desnuda. Tenía sangre en sus muslos y ahora la sangre corría libremente entre sus piernas.  No dejaba de llorar. ¿Te violó? pregunta Xavier. ¿Qué hacías aquí y con él? pregunta Xavier. Está enfurecido porque me voy a casar con Angel y me invitó aquí con el pretexto de que Silvia quería hablar conmigo, ella dice casi histérica. Perdona, yo siempre estoy aquí temprano pero hoy tuve un problema, dice Xavier. Xavier la cubre con una toalla. Quedate aquí un minuto, él dice.

 

Xavier empujó la puerta de Samuel y la puerta se vino al suelo. Samuel estaba en el baño. Xavier tomó la ropa de Alma y su bolsa y la llevó a su habitación. Vístete, tranquila que vamos al cuartel de policía, él dice.

Martín se levantó espantado y bajó las escaleras corriendo. ¿Qué rayos pasa? Son casi las tres de la madrugada, por Dios. ¿Qué haces? pregunta Martín. Yo nada, pero Samuel acaba de violar a Alma y la voy a llevar al cuartel. Esta vez, no, papá. Que se lo lleven preso, dice Xavier enfurecido. Esperate, eso nos puede traer problemas a todos, dice Martín. ¿Qué hacia ella aquí? Estaba en su casa y en su habitación, por Dios. Piénsalo bien, dice Martín.

 

Xavier entra a su habitación pero Alma ya se había metido a ducharse. Alma, llama Xavier. No puedes ducharte. ¿Me estas escuchando? Quiero llevarte a la jefatura, no debes ducharte, dice Xavier. Alma sale afuera y se viste. Perdoname pero yo no voy a la jefatura. El también violó a Carmen cuando ella tenía dieciséis años y ya ves lo qué le pasó, le echaron la culpa a ella y se tuvo que mudar de aquí, llora Alma. Yo puedo presentarme como testigo y ayudarte, dice Xavier. No gracias. Mejor me voy a mi casa, dice Alma. Ven te llevo, dice Xavier.

 

Martín se acerca a Alma. Lo único que puedo decirte, niña, es que no debiste venir acá y también que mi hijo, mi único hijo es Xavier. Ese otro siempre ha sido un animal como su padre, me imagino. Lo siento mucho, yo acabo de llegar y no sabía que había gente en la casa, dice Martín.

 

En el auto...

 

Dios mío Alma, no te ves bien. Estas muy pálida. Has perdido mucha sangre. Por Dios vamos al hospital, ruega Xavier. No, no puedo. Me van hacer preguntas y te van a involucrar a ti, dice Alma. Mira Alma, yo conozca una muchacha de la universidad no vive muy lejos. Ella es enfermera y te puede ayudar, dice Xavier. ¿De veras? pregunta Alma. Sí vamos. Xavier llama por su celular. Por favor contesta, él ruega. Cuelga y vuelve a llamar. ¿Estela, eres tú? Es Xavier tengo una emergencia, necesito tu ayuda. Sí ahora. Estoy casi frente a tu casa. Por favor ayudame, Estela, dice Xavier desesperado.

 

Estaciona y Estela sale afuera corriendo. ¿Qué pasó? ella pregunta. Estela, la violaron, dice Xavier. Dios mío si es casi una niña, dice Estela. Xavier levantó a Alma en sus brazos y la llevó a la casa. Ven acá, dice Estela. Xavier la acostó en la cama. No te preocupes, mirame. Yo voy ayudarte. Yo soy Estela Robles y soy enfermera. No te preocupes. Te voy a dar un calmante, dice Estela. ¿Quién fue? pregunta Estela. Samuel, contesta Xavier. Me lo imaginaba. No es la primera ni va hacer la última. Para poder meterlo en la cárcel se va a necesitar medio pueblo acusándolo ya que su madre siempre lo saca de aprietos con sus abogados. Tú tampoco te ves muy bien, muchacho, dice Estela. Es que los nervios y la furia me enferman, dice Xavier. Siéntate te voy a preparar café. Dejame hacerle un examen a Alma que no vaya a estar desangrándose, dice Estela. Gracias, Estela, te debo una, dice Xavier.

 

Xavier llama por el celular. Milagros, perdona sé que es de madrugada pero... Sí sobre ella llamo, dice Xavier. Está conmigo y esta bien, pero Milagros... no te alteres porque no me dejas hablar, dice Xavier. Sufrió un trauma y esta con Estela Robles, la enfermera. Mira yo quisiera que vinieras acá para que estés con ella. Te necesita, dice Xavier.

 

Miguel, es Xavier. Mira estoy por llegar a la oficina pero no he dormido nada. Por favor cúbreme por un par de horas. Sí gracias, dice Xavier colgando. Le temblaban las manos.

 

La Casa Alcaza

 

Samuel sale mojado y desnudo del baño y se dirige a la cocina. Martín lo esperaba. Samuel lo miró avergonzado. Martín se acerca a él y lo abofetea tan fuertemente que Samuel cae contra la mesa de noche golpeándose la cabeza. Martín lo levanta del brazo y lo vuelve a golpear y sangre comenzó a brotar de la boca de Samuel. Ya, dice Samuel pero Martín estaba enloquecido y quería matarlo. En eso, Silvia entró a la casa y los separó. ¿Qué haces? ¿Cómo te atreves pegarle a mi hijo? Largate de mi casa, grita Silvia. A no Silvia, te equivocas. Esta es mi casa. Largate tú y llevate a este violador porque si permanecen aquí mas de cinco minutos, los mato a los dos, grita Martín enfurecido.

 

Vamos, hijo apoyate de mí. Nos vamos Martín y no quiero volver a verte en mi vida, dice Silvia. Gran cosa. ¡Yo no te soporto! ¡Eres una arpía! ¡Jamás debí haberte conocido! ¡Lárgate y llévate a la basura de tu hijo y que no se te ocurra ocupar la casa de campo! Esa casa también es mía y de mi único hijo. ¡LARGOS! grita Martín.

 

La Empresa Asunción

 

¿Qué pasó? Andas con las mismas fachas de ayer, hombre, dice Miguel. Olvidalo, no tuve tiempo ni de bañarme. Me pasé toda la noche en un asunto de familia bien feo. Perdona no puedo hablar de eso, dice Xavier. Oye tu noviecita estaba que echaba chispas con las mujeres anoche. Sí, ese es otro problema. Es bien celosa y de cada rato me hace pasar vergüenzas. Las mujeres no me pueden ni mirar, dice Xavier. Algo tienes que estar haciendo muy bien, ríe Miguel. Mira Alma y Angel se comprometieron. No sé si lo sabrás pero va haber boda pronto, dice Miguel. Que lindo, dice Xavier pensativo.

El teléfono suena y Xavier contesta. Sí, papá. ¿Qué pasó? Que bien. ¿Y cómo estás? Papá ya era tiempo. No te preocupes yo siempre estaré ahí para ti. Mira, tú vas a conocer la mujer de tu vida, papá. Estas joven todavía. Podemos salir juntos como antes, ir al campo y divertirnos, dice Xavier. No tuve tiempo de nada ni un baño me pude dar. Estoy rendido pero no me gusta faltar. Ya sabes que nunca lo hago, dice Xavier. Nos vemos en la casa. Te quiero mucho papá, dice Xavier colgando.

 

Esa Tarde

 

La Casa Alcaza

 

Mira hijo, ahí te preparé una sopa de pollo que esta riquísima, dice Martín. Oye papá te veo muy contento, dice Xavier. Sí, me siento como si un peso se me quitara de encima. No sabes lo feliz que estoy, dice Martín. Que bueno. Me tengo que meter a bañarme, urgente, dice Xavier.

 

Afuera en la sala había cajas de empacar llenas de ropa y cosas personales de Silvia y Samuel. Cuatro hombres estaban empacando y sacando las cosas a un camión de mudanzas. Se lo llevan todo. No quiero ni un pendejo en el piso, dice Martín hablando con Silvia.

 

Xavier salió del baño. ¿Qué fue eso? pregunta Xavier. Se están mudando ya casi terminan. Comete la sopa y a ver si descansas. Yo pienso convertir esos cuartos. Te voy hacer la habitación más amplia para que puedas meter ahí una mesa de carambola y entretenerte. Ya estoy harto de que pases incomodidades por esa basura, dice Martín.

 

Xavier se sienta a la mesa. Mira hijo, aquí hay pan y aguacate. Papá, tengo que contarte tantas cosas. Sí, yo también. Pero primero vamos hacer un despojo a ver si se van los malos espíritus de esta casa, dice Martín. Xavier ríe. Vamos a prender velas y brincar como gallinas sin cabezas en cuanto termine aquí, ríe Xavier. Eso sería muy buena idea, ríe Martín.

 

Llaman por teléfono. Sí. ¿Ah sí como estas? Sí, esta comiendo ya te lo paso, dice Martín. Hola, dice Xavier. Acabo de llegar. Es que tengo el celu en el carro. Hoy no puedo. Lo siento. Estoy rendido. Tengo algunos asuntos de familia que resolver, eso es todo. Amaya por Dios. No quiero discutir contigo. Te llamo mañana. Óyeme, callate la boca no me dejas hablar. Te veo mañana, dice Xavier colgando el teléfono.

 

Oye papá, esa mujer me cela hasta de las cucarachas en la pared, dice Xavier. Martín ríe, bueno pero si te lo dije. Tú querías que la mujer te necesitara, hijo, dice Martín riendo. Sí, pero esta mujer es como una fiera y tampoco afloja rápido pero me cela demasiado, dice Xavier. Parece una buena chica. Me fijé en sus modales y te digo que es una mujer seria. No sé, a mí me parece bien educada, dice Martín. Sí, eso sí. Es que hace unas cosas tan raras que siempre me tiene en un patín, dice Xavier. Mira ahora la invitamos al campo para que conozca aquello por allá. Lo qué pasa es que uno con el trabajo y los problemas de cada día no se puede relajar y disfrutar. Quizás te cuente algo, dice Martín. Quizás, a veces tengo miedo saber. Es algo que me dijo Samuel y todavía lo tengo clavado, dice Xavier. Ese imbécil lo hace para molestarte, dice Martín.

 

Xavier en su habitación

 

Estaba rendido pero no podía dejar de pensar en el cuerpo de Amaya. Ahora mismo la tuviera en mis brazos. Estaría en su cuerpo llenándola de mí. Todo su cuerpo ha sido mío. Es toda mía. Se estaba excitando. Ay no, qué fastidio, él pensó rindiéndose al sueño.

 

La Empresa Asunción

 

Xavier entra a la oficina de Lucia donde se encuentra con Francisco Aldama. Buenas, dice Xavier. Sí ya nos conocemos. ¿Francisco Aldama? Sí, así es muchacho, dice Francisco. Bueno Lucia ha sido un placer conocerla y ya sabe que este asunto es confidencial, dice el sargento. Mucho gusto volverte a ver Xavier, dice el sargento saliendo de la oficina.

 

Xavier va a ver una fiesta en la casa de Rodolfo Johnson en unas semanas y quería saber si puedes acompañarme. Es una fiesta de compañía y no creo que a tu novia le vaya a molestar, dice Lucia. Xavier baja sus ojos, estaba cansado de esta vieja. Mira Lucia, si es obligatorio que yo me presente a una función de empresarios con usted del brazo pues ni modo, dice Xavier. Que bueno, ya que quiero que conozcas a mucha gente de importancia que te va abrir puertas para que puedas lograr una posición que te llene de dinero y poder, ella dice.

 

En el comedor de La Empresa Asunción

 

Me dice que me van abrir puertas, dice Xavier. Esa lo qué te va abrir son sus piernas, ríe Miguel. Callate, te van a oír, dice Xavier. Qué mala suerte tienes. Esa mujer no te va dejar vivir en paz y lo peor es que te tiene por las bolas, sabes. No puedes negarte, dice Juan. Ahora para acabar de chavarte mira quien entró, dice Miguel. Xavier miró hacia su derecha. Amaya entró al comedor con Francisco Aldama. Se sentaron alejados de todos. ¿Qué se traerá esa mujer con ese sargento? pregunta Xavier. ¿Es un sargento? pregunta Juan. Sí, un sargento que acaba de salir de la oficina de Lucia. Yo ya lo había conocido y Amaya nos presentó pero no sé nada más. Me dan ganas de ir y hacerle pasar una vergüenza como me ha hecho a mí tantas veces, dice Xavier. Ay no, deja eso, mejor vámonos que ya es tarde, dice Miguel. Los tres salieron del comedor. Me enteré que Samuel ya no vive en tú casa. Así es. Papá lo echó junto con su madre, dice Xavier. Qué bárbaro, dice Juan. Ay sí pero que bueno ahora podemos visitar como antes, dice Miguel. Así es, dice Xavier pensativo. ¿Qué rayos se trae con el sargento? No sé si quiera saber, él piensa.

 

Milagros y Alma

 

Por favor, Milagros, no puedes contarle esto a nadie. Prometeme que no lo harás. Me muero de vergüenza y si Angel se entera lo voy a perder. Ya sabes que fui novia de Samuel y Angel lo odia, dice Alma. No te preocupes, yo no hablo. Lo único es que me molesta que se salga con la suya, dice Milagros. Un día de estos una mujer le va a meter un tiro. Ya verás, él ha de pagar por todas sus cochinadas, dice Alma.

 

El Apartamento de Amaya

 

Xavier sube al veinte piso y sale del ascensor cuando se encuentra con Francisco Aldama. Hola muchacho, saluda Francisco. ¿Un poco tarde para visitas, no? pregunta Xavier molesto. No, contesta Francisco entrando al ascensor. Esto parece un burdel, dice Xavier en voz alta. Toca a la puerta. ¿Quién es? Xavier, éste contesta. Amaya abre la puerta. Entra, ella dice.

 

Xavier entra. En una mesa había fotos y documentos. Quizás no deba estar aquí ya veo que estabas ocupada, dice Xavier. Pues sí, ella dice. Es un asunto muy importante, dice Amaya recogiendo los documentos. Si quieres puedo irme, dice Xavier. Quise verte esta mañana porque iba a estar ocupada en la noche, dice Amaya. Pues yo no pude esta mañana, dice Xavier. Debiste haber llamado, dice Amaya.

Muy bien, dice Xavier saliendo del apartamento. Xavier, llama Amaya pero él la ignoró, apagó su celular y salió del edificio. Al diablo con esto, no vale la pena, pensó Xavier metiéndose a su auto.

 

La Empresa Asunción

 

Mira Xavier, esta noche vamos todos a un club donde las mujeres bailan mientras se quitan la ropa, un go go. No te la pierdas. Olvidate de todo, hombre. No puedes dejar de ir, dice Miguel. ¿Quiénes van? pregunta Xavier. Pues, Juan, Humberto, Esteban y yo, dice Miguel. Pues sí voy a ir. Estoy harto de todo y necesito divertirme, dice Xavier. Dice Juan que la última vez que fue se sorprendió mucho al ver muchas mujeres ahí. No es solo para hombres y esas chicas no son mujeres fáciles. Eso es solo un empleo. Muchas son chicas universitarias. Solo lo hacen para ganarse un par de dólares para ayudasen con sus estudios, dice Miguel. Yo eso lo encuentro todo muy raro. Que se vayan a vender frutas a la calle, dice Xavier. Hombre que antiguo eres, dice Miguel. Es que es peligroso, dice Xavier. Hay hombres que también lo hacen, dice Miguel. Ganas tengo de enseñárselo a todo el mundo, dice Xavier. Pues vamos, ríe Miguel.

 

Un club Nocturno para adultos

 

Xavier entra con Miguel y Juan y toman asientos. En eso Humberto y Esteban entran y toman asientos junto a ellos. Mira por cierto, esa muchacha que esta de mesera. Sí, la rubiecita, la vi casi desnuda hace poco ahí en ese escenario, dice Esteban. Xavier miró hacia la muchacha y esta le sonrió. ¿Qué son decentes me decías? Esa me sacó la lengua, dice Xavier. No empieces que tú eres más rígido que un palo, hombre, dice Miguel.

 

Mira esa esta bien buena, dice Humberto. La mujer bailaba seductoramente frente a ellos y se acercó abriendo sus piernas de una forma vulgar y Xavier, bajó su cabeza. Los demás le tiraban dólares y la llamaban hacia ellos. Qué barbaridad, piensa Xavier. La mujer bajó del escenario y se sentó en la falda de Xavier. Óyeme, yo no te llamé, él dice. Epa, deja eso, él dice. La mujer lo agarró antes de ponerse de pies. Xavier se quedó espantado. Oye, me agarró, dice Xavier. Todos ríen. Dale un dólar para ver si te agarra más, ríe Humberto. Yo no le voy a dar nada. No la llamé, dice Xavier.

 

Vamos a ver si te gusta la próxima. A mí que me agarren todo, dice Miguel. Controlate que te esta mirando el guarda espaldas. Que se guarde al carajo, me tienen recaliente estas mujeres, dice Juan.

 

 

La próxima mujer estaba vestida de negro con una mascara, como una gata. Xavier se quedó frío por un instante y se interesó en el cuerpo de la mujer frente a él. Se tocaba sensualmente llevándose las manos a los senos, abriendo las piernas y tocándose. Se llevaba sus dedos a su boca y Xavier tragó gordo. La mujer se arrodilló y caminó en sus manos hacia a ellos. Todos estaban hipnotizados. Era una mujer alta, cabellos lacios negros de color café. Xavier la miraba fijamente. Ella se puso de pies y bailó un tema misterioso de tambores, de la selva, su cuerpo moviéndose como si estuviese haciendo el amor. Xavier miró a su alrededor, se podía tocar el silencio. Las curvas de la mujer lo estaban excitando. La mujer se tiró al piso exhausta con su presentación de sexo y éxtasis. Todos aplaudieron poniéndose de pies. La mujer corrió del escenario.

 

Xavier se disculpó y salió a fuera por un momento. Necesitaba aire. Estaba nervioso. En eso alguien lo toca en el hombro. Se volteó, era Samuel. Hola hermanito. Nunca te había visto aquí antes, ríe Samuel. Ven quiero que conozcas a la mujer de la mascara, dice Samuel. No, gracias, dice Xavier. Ven, es muy importante que lo hagas, dice Samuel. Se dirigieron a una puerta trasera donde un guarda espaldas los dirigió a una habitación. Samuel toca a la puerta. ¿Quién es? pregunta la mujer. Abre la puerta que aquí hay alguien que te interesa, dice Samuel. Samuel no quiero nada contigo, vete, dice la mujer. Xavier comenzó a sudar. Su estomago estaba dando vueltas. Se sentía enfermo. ¿Qué te pasa? Bueno mira ya sabes quien es. Solo quería que la vieras por ti mismo, dice Samuel alejándose por el oscuro pasillo.

 

Xavier se recostó sobre la pared y dejó su cuerpo deslizarse al suelo. Estaba mareado, le faltaba el aire. La puerta abrió. Él se puso de pies y tomó a Amaya por los brazos empujándola adentro de la habitación. Explicame por favor, Amaya. ¿Qué haces aquí? Amaya estaba sorprendida y asustada. No es lo qué crees. Espera yo puedo explicártelo todo, ella dice asustada. Xavier la abofetea. ¡Sabes, eres una puta! ¡Eres una negra puta! ¡Me das asco! él grita saliendo de la habitación. Ella corre tras él. Xavier, no, mi amor, espera, ella dice llorando tras él. Lo toma del brazo. No, Xavier yo puedo explicártelo todo. Espera, no me dejes. Te quiero, mi amor. No me hagas esto, por Dios, llora Amaya. Él la mira incrédulo. Tú no sabes lo qué es amor. No tienes la menor idea. Eres una porquería, un trapo usado. Debí haberte dejado con Samuel, son el uno para el otro, dice Xavier empujándola y esta cae al piso. No vuelvas a tocarme, él dice enfurecido. Sus ojos estaban llenos de furia, de maldad. Quería golpearla, quería llevarla del pelo ante todos y avergonzarla. Pero se retiró saliendo por la puerta trasera del club donde vomitó severamente.

 

¿Qué le habrá pasado a Xavier? Estaba aquí hace unos minutos, dice Miguel. Parece que se fue. No se sentía muy bien. Lo vi bien pálido, dice Humberto. Sí, yo también me di cuenta cuando la morena salió que él se puso mas blanco que un papel, dice Miguel.

 

La Casa Alcaza

 

¿Qué te pasó? Hijo estas bien pálido, siéntate. Por qué no me llamaste yo hubiese ido por ti. Xavier se sentó y recostó su cabeza contra una almohada. No podía hablar. Martín le pasó una toalla mojada por la frente. Pero que rayos té pasa si yo sé que casi no tomas, dice Martín. Papá, no es nada. Es solo un mareo, dice Xavier. Ven apoyate que te voy a llevar a tu habitación, dice Martín.

 

Martín lo ayuda a la cama. Xavier se tira rendido y Martín le quita los zapatos. Si no avanzas a recobrar el color, yo llamo a un medico, dice Martín.

 

¿Por qué lloras? Xavier, por Dios me estoy poniendo nervioso, dice Martín. Papá, no puedo hablar ahora, dice Xavier entre sollozos. Quiero morirme, dice Xavier. Hijo, no digas eso, dice Martín abrazándolo.

Después de un rato, Xavier se quedó dormido. Martín llamó por teléfono. Oye Miguel es Martín. ¿Me puedes explicar qué fue lo qué le pasó a Xavier? ¿Cómo qué no? Andaban juntos. Es que llegó aquí enfermo y esta destrozado. Pues no sé... estaba llorando como un niño, dice Martín. ¿Adónde fueron ustedes? ¿Qué? Él no es de frecuentar esos sitios. Algo le ocurrió. Es que Miguel si están juntos como es que él se viene solo. Estuvo manejando así enfermo, eso es un peligro. ¿Tomó algo? Quizás alguien le pasó una bebida chueca, dice Martín. Pues no lo entiendo, dice Martín molesto colgando.

 

La Casa de Victoria Rosales

 

¿Hija qué tienes? pregunta Victoria. Mamá, llora Amaya. Muchacha me asustas, dice Victoria. Ven siéntate. ¿Qué te hicieron, mi cielo? pregunta Victoria. Nadie me hizo nada. Estoy enamorada, mamá, llora Amaya. Pero, mi amor, eso era de ocurrir, no entiendo, dice Victoria. Han pasado muchas cosas y tengo que contártelo todo, pero acabo de perder el único hombre que he amado en mi vida, llora Amaya. Dios mío Amaya, hija, te dije que todo eso iba a causarte problemas, dice Victoria. Yo no pude contárselo mamá porque no quería involucrarlo en el caso. Yo hablé la otra noche con Francisco y le conté que tenía que decirle todo a Xavier y él me prohibió hacerlo hasta que tuviéramos mas pruebas. Me vio esta noche en el "strip club" y se volvió como loco, dice Amaya. Ven tómate un calmante, dice Victoria. Me quiero morir. Mi vida no tiene sentido, dice Amaya entre sollozos.

 

Xavier

 

El sol entró por la ventana y lo despertó. Se levanta y se mete a la ducha. Se sentía sucio. ¿Cómo me pasa esto? Todo esto por andar tras una porquería de mujer. ¿Qué rayos me pasa? él dice en voz alta. De ahora en adelante Amaya Dulce Rosales, me vas a pagar por cada vergüenza, por cada lágrima. Te voy hacer la vida imposible. De mi nadie se ríe, él dice enfurecido en su dolor.

 

Se viste y sale de la casa. Estaciona frente al edificio donde vive Amaya y entra. ¿Quién es? pregunta Amaya. Xavier, él contesta desde el vestíbulo. Ella le permite paso. Entra al ascensor. Toca a la puerta. Amaya abre. Xavier se queda ahí parado y luego entra casi empujándola del medio. Ella había salido del baño y tenía una toalla cubriéndole el cuerpo. La empujó contra la pared, le quitó la toalla de encima y la miró de arriba abajo con desprecio. Por esto, por esta porquería, me volví casi loco. Yo que soy tan sensato. Dios sabrá cuantos hombres han probado de ti, de tus encantos. Conmigo no se juega. Tengo tanta rabia que... Xavier golpea la pared tras ella con su puño cerrado y sangre comienza lentamente a correr por su mano. Toma, quise traerte esto, porque anoche se me olvidó, él dice, sacando un dólar de su billetera, se lo tira en la cara y sale del apartamento. Ella se fue al piso de rodillas sollozando.

 

La Empresa Asunción

 

¿Qué te pasó anoche? pregunta Juan. A mi nada, contesta Xavier. Martín llamó a Miguel, dice Juan. No fue nada. No me sentía bien, eso es todo, dice Xavier. Pues mira nosotros la pasamos muy bien pero la morena nos dejó tan calientes que tuvimos que ir a un sitio donde tú sabes..., dice Juan. Xavier lo miró fijamente a los ojos. Ya me iba, dice Juan.

 

Lucia se acerca a él. No te olvides, el sábado, aquí te dejo mi dirección. Recogeme como a eso de las siete de la noche, dice Lucia. Maldita sea la vieja esta, piensa Xavier.

 

Miguel se acerca a él. Oye, Xavier, allá abajo esta la mensajera. ¿Qué? pregunta Xavier. La mensajera... tú sabes, dice Miguel. Oye Miguel me cubres un momento, ya vuelvo.

 

Xavier toma el ascensor hacia el vestíbulo. Allí vio a Amaya conversando con algunas de las secretarias. Él la toma del brazo casi arrastrándola y la aleja del grupo. Óyeme que animal, dice una de las mujeres. ¿Qué haces? pregunta Amaya nerviosa. Nada, quería saber si tenías tiempo para una mamadita, dice Xavier. Xavier suéltame, ella dice. No te atrevas a negarme, yo te puedo pagar como cualquiera otro, él dice. Ella bajó su cabeza y lágrimas comenzaron a correr libremente por sus mejillas. Ven, dice Xavier llevándola a su auto y empujándola al asiento de atrás. Dejame, ella ruega tratando de golpearlo. Me vas a mamar porque si no lo haces no te dejo ir, dice Xavier. Eres igual a Samuel, dice Amaya llorando. ¿A mi no, pero a todo los demás sí? pregunta Xavier. La saca del brazo y cierra la puerta. No vales nada, él dice dándole la espalda y entrando al edificio.

 

Amaya se quedó allí parada sin saber qué hacer, le temblaban las manos y no iba a poder manejar la moto. Se sentó en el suelo y se recostó sobre el auto. Un sudor frío cubrió su cuerpo. Xavier miró hacia abajo desde una de las ventanas del vestíbulo y la vio allí. ¿Dios mío, qué le pasa? él se pregunta volviendo a salir afuera. Se acercó a ella. Estaba desmayada. Abrió la puerta del auto y la ayudó a entrar. Ella se había quedado sin fuerzas pero trataba de empujarlo. Dejame, dice Amaya. ¿Espera no ves que estas mareada? pregunta Xavier. Quedate ahí, él dice. Xavier llama por celular. Miguel estoy en un aprieto. Baja al estacionamiento.

Miguel corre hacia  ellos...

 

¿Qué pasa? pregunta Miguel alterado. Mira Miguel la tengo que llevar a su casa. Aquí están las llaves de la moto. ¿Tú sabes manejar esa moto? pregunta Xavier. Claro que sí, contesta Miguel. Pues sígueme, dice Xavier.

 

Una vez llegan al edificio donde vive Amaya ella entra, toma las llaves de las manos de Miguel y no mira hacia atrás.

 

¿Qué rayos le pasó? pregunta Miguel. Xavier baja la cabeza. Nada, contesta Xavier. Vamos antes que Lucia se de cuenta, dice Miguel.

 

Martín y Xavier

 

Me imagino que todos se estarán riendo de mí, dice Xavier. Hombre no, yo todavía no lo creo. Trata de controlarte porque tú eres más terco que una mula. Dejala y ya. No la fastidies. Olvidala, dice Martín. Es que tengo una rabia que me esta comiendo por dentro, dice Xavier. ¿Y qué vas hacer con eso? pregunta Martín.

Óyeme, por cierto, allá en la Empresa Jiménez hay un lío de película. A mí también me invitaron a la función de Empresarios, dice Martín. ¿No me digas? pregunta Xavier. Parece que las empresas se van a unir y le van a cambiar el nombre. No sé exactamente lo qué se traigan entre manos pero parece que tienen nuevo dueño. Sí, el millonario Rodolfo Jonson es el nuevo dueño y por eso la fiesta. Pues allí mismo puedes conocer a Lucia porque la vieja me lleva arrastras, dice Xavier. Que feo esta eso, dice Martín. Así mismo y no pude negarme. Bueno pues vamos juntos entonces y no te me alejes mucho porque la vieja me tiene ganas, dice Xavier.

 

Días Después

 

La Función De Empresarios

 

¿Oye papá ese es un Armani? pregunta Xavier. Así es, contesta Martín. Tú no juegas, ríe Xavier. Es que eso es cosa de ricos. Mañana lo devuelvo, dice Martín. Xavier ríe. Ah no. ¿De verdad? pregunta Xavier. Así es, contesta Martín riendo. Estoy rogando que a la vieja le de contigo, ríe Xavier. Sacude, no quiero viejas. Estoy harto de las viejas. Quiero una mujer joven, dice Martín.

 

La Mansión Johnson

 

Lucia, del brazo de Xavier y Martín entran a la mansión. ¿Sus nombres? pregunta un hombre de seguridad. Ellos contestan. Está bien, pasen, él dice.

 

Lucia los dirigió a un grupo de empresarios y empleados de la Empresa Asunción y de la Empresa Jiménez. ¿Lucia por Dios, como es que usted tiene a dos galanes de brazos? pregunta una mujer. No sea envidiosa, dice Lucia. Este es Xavier Alcaza y su padre Martín Alcaza, la señora Lidia Méndez, dice Lucia dulcemente. Pues yo me llevo a uno de ellos porque no puedes con los dos, ríe Lidia. ¿Sabes qué es lo qué se trae Rodolfo con todo esto? pregunta la mujer. No, pero entiendo que él ha comprado las dos empresas y también se quiere presentar a los empleados. Nadie lo conoce. Van solo unos meses que esta aquí, dice Lucia.

 

Rodolfo Johnson baja las escaleras y de su brazo una hermosa mujer. Mira eso, dice Martín. Xavier mira hacia las escaleras y allí del brazo de Rodolfo, Amaya. Parecía una diosa, pensó Xavier. Amaya lucía un vestido verde que hacia  muy bonito juego con sus ojos. Sus cabellos estaban recogidos atrás con peinetas. Sus labios rojos sonreían dulcemente. Era deslumbrante, pensó Xavier mirándola de arriba abajo. Su cuerpo tentador lo atraía como un imán y no podía dejar de verla. ¿Qué diablos hace aquí? pregunta Xavier. Controlate, dice Martín. Está como el arroz blanco, dice Xavier. Los invitados aplaudieron y lo rodearon y Rodolfo sonrientemente los saluda.

 

Rodolfo tomó el micrófono en sus manos. Bienvenidos a mi hogar y gracias por acudir ya que me imagino nadie sabe quien soy. Pues tengo el gusto de anunciar que ambas Empresas, Asunción y Jiménez ahora estarán bajo mi cargo. No quiero que me llamen jefe simplemente quiero ser otro empleado y compartir con todos ustedes un brindis a nuestro futuro. Antes, si me permiten, les quiero presentar... Rodolfo toma la mano de Amaya en la suya... a mi hija, Amaya Dulce Rosales Johnson, él dice orgullosamente. Xavier se quedó pasmado y se escucharon comentarios especialmente de los hombres... Que belleza...

 

Martín se acerca hacia su hijo. ¿Qué está pasando aquí? pregunta Martín. No sé, pero todo es un misterio, dice Xavier. Vamos a perdernos que esa vieja me tiene enfermo, dice Martín. En eso Amaya se acercó a ellos. Que lindo verlos aquí, ella dice. Martín la saluda con un gesto de su cabeza. Xavier la ignora. Que bueno quiero que conozcan a mi mamá, ella dice dirigiéndolos a una mesa. 

 

Mamá, ven quiero que conozcas a dos buenos amigos, dice Amaya. Martín Alcaza y su hijo Xavier Alcaza, mi mamá Victoria Rosales, dice Amaya. No puede ser que sean hija y madre, mas bien parecen hermanas, dice Martín tomando la mano de Victoria y llevándola a su boca, besándola. Es un placer, él dice. Xavier estaba mudo, perdone, mucho gusto. Usted es una belleza, dice Xavier sonriendo. Me dejó mudo, de veras, continua Xavier. Victoria, una mujer de piel trigueña, India, ojos castaños claros, delgada tipo modelo, alta y fina. Mi hija me ah contado mucho de ustedes y los aprecia muchísimo. Es un placer al fin conocerles, dice Victoria. Pero me tengo que sentar, ella dice tomando asiento. Me aprietan los zapatos, ella dice.  Todos ríen. Siéntense, por favor, dice Victoria dulcemente. A mí nunca me han gustado estas funciones pero mi hija me invitó ya que no quería venir sola y su padre bueno pues él esta muy ocupado, dice Victoria. Martín y Xavier miraron hacia Rodolfo que estaba de brazos de una mujer americana, joven. Ella es la esposa de mi papá, dice Amaya. Ellos se miraron uno al otro. No hay secretos, nos divorciamos hacen muchos años, dice Victoria. ¿Bueno pero cuéntenme de ustedes, vinieron solos o trajeron parejas? pregunta Victoria. No, yo vine solo pero mi hijo... dice Martín. Yo vine acompañado de una de las empleadas de la empresa, dice Xavier. Me imagino que Lucia Morales, dice Amaya. Pues sí, dice Xavier. Se habrá muerto al enterarse que su nuevo jefe es mi padre, ríe Amaya. Pensándolo bien eres jefa de todos, dice Martín. No, yo no me involucro en esos asuntos. Soy muy independiente y llevo mi propia vida, dice Amaya. Obviamente, dice Xavier burlonamente.

 

¿Todavía le molestan los zapatos? pregunta Martín. Un poco, dice Victoria. ¿Bailamos? pregunta Martín. Con mucho gusto y me disculpo ahora por si lo piso, ella dice sonriendo. Dos hombres se acercaron a la mesa a invitar a Amaya a bailar. No gracias ahora no, ella dice. Vete a bailar a mi no me importa un rayo lo qué hagas, dice Xavier. ¿Bailamos? ella pregunta. Conmigo no, vete y baila con uno de ellos, dice Xavier. Quiero bailar contigo, dice Amaya. Xavier se pone de pies y la toma de la mano dirigiéndola hacia el salón de baile. No te acerques mucho, él dice molesto. No podemos bailar un bolero así, ella dice atrayéndolo a su cuerpo. Xavier, ella le dice en el oído. Si quieres puedo mamarte mas tarde. Xavier se queda paralizado. La respiración se le hizo difícil. Ella movía sus caderas contra su cuerpo y estaba excitándolo. Deja eso, él dice. ¿Quieres que te quite la rabia? pregunta Amaya mirándolo a los ojos. No, contesta, Xavier. Vete a jugar con otro a este no lo vuelves a tocar, dice Xavier seriamente. ¿De veras? Amaya roza sus labios con los del. Tengo tantas ganas de ti, ella dice. Xavier traga gordo. ¿Vamos a la terraza? Ven dice Amaya dirigiéndolo de la mano. Que linda pareja hace tu papá y mi mamá. ¿No crees? pregunta Amaya. Sí, contesta Xavier. No quería mirarla, estaba excitado y no quería padecer débil ante ella.

 

Salen a la terraza... 

 

En dos semanas vas a saber por qué soy mensajera, mesera, y... Solo quiero que sepas que cuando te enteres de todo ya será muy tarde para nosotros. Me has ofendido mucho. Jamás pensé que un hombre pudiera ofenderme tanto y que me doliera tanto. Yo te amo. No sabía lo qué era amar hasta que te conocí y se me va a ser bien difícil olvidarte. No puedo ni pensar que otro hombre en este mundo me pueda hacer sentir como tú.

 

No nos podemos dejar llevar por las apariencias. Por eso mismo es que hay tanta injusticia en el mundo. Los esclavos que llegaron a nuestras islas caribeñas no llegaron como conquistadores, llegaron en cadenas. Una vez aquí, con el esfuerzo de nuestro sudor y lágrimas hemos podido lograr un poquito de lo qué se nos negó por muchos años. Nos arrebataron de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestros seres queridos y de nuestra tierra. Nos arrancaron de nuestras raíces. Bajo esta piel, llevo sangre africana, sangre española y sangre taina soy lo qué ustedes hicieron de mí como la pintura en la pared de mi apartamento, dice Amaya.

Yo nunca te olvidaré y quiero que me perdones si te he hecho sufrir, porque jamás fue mi intención. Mis secretos no son secretos, son mi porvenir, mi vida, mi trabajo. Yo no soy millonaria. No me importa el dinero. Soy una empleada como tú, lo único es que yo arriesgo mi vida para que otros no sufran y para someter a la justicia a los criminales que nos rodean.

 

Perdoname, dice Amaya dejándolo en la terraza. Xavier nunca la había oído hablar así. No hubo tiempo para hacerlo. Todo fue tan rápido y sus celos lo cegaron. Pasaron tantas cosas en tan poco tiempo. Dios mío, él piensa, como la quiero. No podría vivir sin ella.

 

Me gustaría mucho volverte a ver, dice Martín. A mí también me gustaría mucho, dice Victoria pero sin formalidades, ríe Victoria. Sin formalidades, ríe Martín.

 

¿Papá, has visto a Amaya? pregunta Xavier. ¿No, no que estaba contigo? Sí, pero se fue, dice Xavier. Nosotros también debemos irnos es tardísimo, dice Martín. ¿Victoria la llevamos a su casa? pregunta Xavier. Sí, gracias, ella dice tomando su bolsa. ¿Adónde iría Amaya? pregunta Victoria. Ah mira ahí esta, dice Martín. Amaya se despidió de su padre y de algunos de los invitados. Xavier se acercó a ella. Vamos, él dice. Ella lo tomó del brazo y todos salieron juntos hacia el auto. Nos debemos ir al campo todos por unos días, dice Martín. A mí me encantaría, dice Victoria. ¿A ti no? pregunta Xavier. ¿A mí? pregunta Amaya. No sé, ella contesta tristemente. Es bueno el campo porque uno puede hablar a largas ya que no hay mucho que hacer. La comunicación es lo más importante entre seres humanos, dice Martín. Ella baja la cabeza.

Xavier estacionó el auto frente a la casa de Victoria. ¿Es aquí? pregunta Xavier. ¿Sí, quieren entrar y tomarse un café? pregunta Victoria. Bueno sí, dice Martín. Todos entran a la casa. Que linda casa, dice Martín. El decoro es extraordinario, continúa Martín. Mamá es interiorista, dice Amaya. ¿No me digas? Es una belleza, dice Martín. Xavier se quedó paralizado admirando la decoración de la casa. En una pared había una pintura de una mujer desnuda. Xavier se acercó y se dio cuenta que era Amaya. Se quedó paralizado. La mujer se había cortado sus venas y sangre hacia  un charco a sus pies. Sus ojos verdes y tristes miraban hacia el cielo. Xavier se sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó el sudor de su frente. Martín se acercó. Dios Santo, dice Martín. Vengan al comedor, dice Victoria. ¿Victoria, qué significa la pintura? pregunta Martín. Bueno, es mi hija, ella ha modelado para varias universidades. Esa pintura significa lo qué una sufre cuando su piel es negra, dice Victoria. Xavier tragó gordo y miró a Martín que también estaba entristecido.

 

Amaya bajó al comedor. Se había cambiado de ropa y ahora lucía un vestido simple y cómodo. Mamá que lindo que decidiste salir conmigo esta noche. Tú nunca sales, dice Amaya abrazándola. Xavier no podía mirarla a los ojos. Tenía un dolor en su pecho como una puñalada clavada muy hondo.

 

¿Tú eres la única hija o hay mas? pregunta Martín. Sí, soy única hija, contesta Amaya. Nosotras somos personas humildes. Yo he criado a mi hija sin los lujos que se encuentran en la mansión de Rodolfo. Ella decidió vivir conmigo y tenía solo cinco añitos cuando me divorcié. Se basta por si misma y no acepta dinero de su padre, dice Victoria. Es muy importante que todos los seres humanos escojan su porvenir y hagan su destino. Que sean libres porque la libertad es lo más importante en el mundo, dice Victoria. Me he quedado mudo, de verdad. Ustedes son únicas. Jamás he conocido personas como ustedes. Quien se iba a imaginar que Rodolfo Johnson, el millonario, era el padre de Amaya. Ella es tan sencilla, es que es increíble, dice Martín. ¿Bueno y ustedes? ¿Están solos? pregunta Victoria. Pues sí, yo debí haber hecho lo qué usted hizo con su hija, criarlo solo porque a veces es mejor estar solo que mal acompañado, dice Martín. Pues ya no están solos, estamos nosotras y podemos ser muy buenos amigos, ríe Victoria. Xavier miró a Amaya pero

ella estaba triste y con su cabeza bajada.

 

La Casa Alcaza

 

Estoy rendido. Yo estoy muy viejo para fiestecitas, dice Martín. Hay algo muy raro en todo esto y me preocupa, dice Xavier. A mí me esta que tú te has equivocado con esa muchacha. Algo no está bien. Yo no puedo creer que con una madre como Victoria esa muchacha se haya metido a la perdición. Es casi imposible y a mí me está que Victoria estaba tratando de decirte algo con sus palabras, dice Martín. Amaya me dijo unas cosas que nunca se me van a olvidar y por primera vez me he dado cuenta que yo la amo, papá. Le amo con todas mis fuerzas, dice Xavier. Hijo, es obvio, dice Martín. Jamás me va a perdonar, dice Xavier cubriéndose el rostro con las manos. Vamos hijo, ya. Los hombres casi siempre somos impulsivos, celosos y a veces injustos. A ver qué pasa con todo esto, dice Martín.

 

La Empresa Asunción

 

Parece que algunos de los ejecutivos de ambas empresas estaban involucrados en el lavado de dinero y otros delitos los cuales fueron encubiertos y ambas empresas casi se declaran en banca rota. Todo esto lo salvó el millonario Johnson cuando invirtió su dinero y rescató a los empleados, porque si no estuviéramos todos sin trabajos, dice Miguel. ¿Y qué rayos le pasó a Lucia? Esa estaba metía en el bochinche y la echaron y a muchos otros, dice Juan. ¿Yo no entiendo nada pero cómo se llama la Empresa ahora? pregunta Xavier. No sabemos nada, están tratando de reconstruir y van a echar a medio mundo porque ahora tienen doble posiciones que no se necesitan, dice Miguel.

 

A mí que me echen, me da lo mismo, dice Xavier. Te veo muy raro, dice Miguel. Voy a tomar unos cursos en la universidad y quiero dedicarme a usar mis talentos de arte en el departamento de justicia, dice Xavier. Oye que bien. Ese sería un empleo ideal. Me imagino que no tendrías que trabajar de nueve a siete como lo haces ahora. No, quizás mas tiempo, pero puedo hacerlo de la casa y me imagino que trabajaré con detectives y forense, dice Xavier.

 

Ya todos saben que la mensajera es hija de Johnson. ¿Quién lo iba a creer? ¿Sabrá él que ella modela en la universidad desnuda? pregunta Miguel. A ti eso no te importa, dice Xavier molesto. Estas bien raro últimamente, hombre, dice Miguel.

 

¿Señor Alcalza? pregunta un mensajero. Sí soy yo, contesta Xavier. Esto es para usted, por favor firme aquí, dice el mensajero. Gracias, él dice abriendo el paquete. ¿Quien rayos me envió estos libros? se pregunta. "Cuentos De Misterio De Sherlock Holmes". ¿Quién sería el gracioso? piensa Xavier. No había dirección de vuelta. El otro libro, muy interesante comenzó a leer...

 

El Instituto de Ciencia Forense e Investigación Criminal responde a las necesidades de la Justicia en el marco de la Ciencia Forense y la Investigación Criminal, con oportunidad, calidad y objetividad científico – técnica, a través de la formación y acción de profesionales probos en esta área.

Xavier cerró el libro. Una nota cayó al suelo y él la recogió del piso. Tengo ganas de ti, decía la nota. Xavier sonríe. No pudo evitarlo. Quería correr a sus brazos, amarla toda la noche pero no se atrevía, después de haberle dicho que le daba asco. Qué horror. ¿Cómo pudo haber dicho semejante cosa? No podría acercarse a ella jamás. Además ella le dio entender que todo entre ellos sería imposible. ¿Por qué me pide que le haga el amor? ¿Querrá torturarme? se pregunta Xavier.

 

Martín

 

¿Hola, linda como estas? pregunta Martín por teléfono. Sí, todo bien. Victoria quería saber si le gustaría salir a cenar conmigo esta noche. ¿Sí? ¿Pues como a eso de las ocho de la noche? Ahí estaré, dice Martín. Que lindo volver a tener ilusiones, esperanzas, un futuro sin soledad, pensó, Martín.

 

Amaya y Victoria

 

¿Qué piensas hacer? Hija es que el muchacho me parece buena gente. No eches a perder tu futuro. Yo sé que lo quieres, dice Victoria. Sí, mamá pero le he rogado. No sé como hacer para que me perdone... para que me quiera, dice Amaya tristemente. Voy a cenar con Martín esta noche. Hija, va tanto tiempo que no salgo con un hombre a solas que estoy nerviosa, dice Victoria. Me alegro mucho por ti y espero que todo te vaya bien, dice Amaya. Nos han invitado al campo este fin de semana. Espero puedas venir conmigo, dice Victoria. No sé. No creo que Xavier esté interesado en que yo vaya. Más bien vete con Martín, dice Amaya. ¿Ay no hija como voy hacer eso? Casi lo conozco y no creo que sea apropiado, dice Victoria. Mamá, por favor, no seas antigua, dice Amaya. No es eso, es que no quiero que él se imagine que me le estoy haciendo fácil, dice Victoria. Él es un buen partido así que ponte bien linda, mamá, dice Amaya.

 

Samuel en un bar

 

Se estará muriendo ese estúpido pero sabes qué a mí esa negra no me deja con las ganas, dice Samuel. Hombre deja eso. Te vas a meter en un problema bien serio, dice Antonio. La tenía ahí y viene ese estúpido y me la quita. Me dieron ganas de matarlo, dice Samuel. No es para tanto. ¿Qué quieres tú con ella? ¿Es serio? pregunta Antonio. No sé, me gusta, eso es todo. Yo no me tomo a las mujeres en serio, contesta Samuel. Pues me imagino que ya no estarán juntos, dice Antonio. Lo dudo. Yo conozco bien a Xavier y ese es un pesado y un antiguo. Se tiene que haber muerto aquella noche cuando la vio torciéndose como una puta frente a todos, dice Samuel. Sabes, me han estado haciendo preguntas sobre las chicas que se han desaparecido. Unos detectives, por cierto, me rodearon la otra noche frente al club. Me llevaron casi a la fuerza a la jefatura. Así que ten mucha precaución con lo qué haces. Yo ya no quiero meterme en ese asunto. Vamos a tener que andar con un ojo abierto, dice Antonio. Aquí en este país las mujeres se desaparecen de cada rato y no se encuentran ni los rastros jamás, dice Samuel. Quizás en un tiempo pero ahora con eso de las ciencias forenses es muy peligroso, dice Antonio. Después que me lleve a la negra a la cama, me retiro de ese asunto, dice Samuel.

 

Martín y Victoria en un restaurante

 

Me encanta este lugar. ¿Haz probado la ensalada de salmón? Es riquísima, dice Martín. Me alegró mucho que me invitaras. Yo he venido aquí varias veces con Amaya y me gusta mucho, dice Victoria. ¿Bueno y van a ir al campo? pregunta Martín. Pues yo sí, no tengo problemas pero no estoy segura que Amaya quiera ir. Ya sabes que tiene problemas con Xavier y esta muy triste, dice Victoria. Se quieren mucho pero amar no es fácil y siempre se sufre, dice Martín. Le voy a enseñar unas fotos a Amaya de la madre de Xavier y quiero que ella no deje de ir al campo. Es importante, dice Martín. Pues a ver si accede, dice Victoria. Mientras tanto quería decirte que si no tienes inconveniente, me gustaría cortejarte, dice Martín. Ella baja la cabeza. Perdona es que van tantos años que... dice Victoria. Martín le toma la mano. Solo quiero conocerte, estar a tu lado por si me necesitas y contar contigo cuando me encuentre solo, dice Martín. Me gustaría mucho, dice Victoria.

 

La Casa Alcaza

 

Xavier sale del baño. Estaba completamente mojado y no encontraba una toalla. Qué fastidio, él dice. Desde que Silvia se había ido, todos los quehaceres de la casa estaban atrasados. Se vistió y salió deprisa. Quería volver al club a ver si Amaya todavía trabajaba allí. Con todo y su rabia no podía negar que le gustó verla. Que lo excitó y que le hacia  falta aunque fuera de lejos. Quería ver su cuerpo... soñar con ella. Iría solo, para que nadie le comentara lo buena que estaba. Le fastidiaba los comentarios de sus amigos.

 

Xavier estaciona el auto cuando ve a Samuel entrar por la puerta trasera. Lo siguió. ¿Qué se traen? ¿Serán amantes? ¿Cómo es que él puede entrar a las habitaciones donde se encuentran las empleadas del club? El guarda espaldas lo dejó entrar tras Samuel. Samuel abrió la habitación con sus propias llaves. ¿Estará ahí Amaya? se pregunta Xavier. En eso Amaya entra por la puerta y Xavier se esconde. Amaya abrió la puerta con llaves y en eso Samuel salió de la habitación y tapándole la boca la forzó adentro. ¿Qué hace ese enfermo? Xavier empuja la puerta. Amaya gritaba desesperadamente y Xavier logró forzar la puerta abierta. Entró enfurecido. Samuel había intentado violarla y esta estaba en el piso con su ropa echa trisas. Xavier se lanzó contra él golpeándolo severamente. Amaya se puso de pies y apuntó un revolver contra la cabeza de Samuel. Xavier echó hacia atrás unos pasos. Samuel Jones, esta usted arrestado por intento a violación. Si se mueve tengo en mi poder la autorización para disparar contra usted, dice Amaya. Xavier levantó sus manos. ¿Qué estaba pasando? piensa Xavier. Estaba asombrado y no sabía qué hacer.

 

En eso entraron Francisco y otro guardia y esposaron a Samuel. ¿Qué haces aquí, muchacho? pregunta Francisco. No sé, contesta Xavier nervioso. Amaya saca una cámara de video de su tocador y se la entrega a uno de los detectives. Me imagino que ya no tendré que volver a este lugar, dice Amaya. No, gracias por todo. Si no fuera por ti, jamás lo hubiésemos podido arrestar, dice Francisco. Muchacho, siéntate, estas temblando, dice Francisco. Xavier estaba pálido y sus manos le temblaban. Ella le dio agua para tomar. Ya se me esta pasando, él dice avergonzado.

 

Gracias si no es por ti, quizás me hubiese matado. ¿Qué hacías aquí? ella pregunta. No sé, contesta Xavier. ¿Vienes a menudo a ver a estas mujeres? ella pregunta. No, yo... dice Xavier. ¿Te gustan las mujeres que se desnudan mientras bailan? pregunta Amaya. No, yo nunca había venido... dice Xavier. Ah claro y yo soy estúpida, ella dice desvistiéndose. ¿Qué rayos haces? pregunta Xavier. Me tengo que vestir, ese imbécil me hizo trizas la ropa, dice Amaya. ¿Qué es eso? pregunta Xavier mirando el revolver atado a su pierna. ¿Eres Ninja también, carajo? pregunta Xavier nervioso. Ella ríe. Ven, dice Amaya tomándolo de la mano. Salen por la puerta trasera del club.

 

Esperate un momento, dice Xavier secándose el sudor de su frente. ¿Qué fue eso? No entiendo nada, él dice. Ya te enterarás. No puedo explicártelo ahora, tengo que ir a la jefatura. Te puedes quedar aquí para que disfrutes de las chicas del go go y gracias, dice Amaya arrancando en la moto.

¿Qué diablos estaba pasando aquí? se pregunta Xavier entrando a su auto. Permaneció ahí unos minutos. Estaba mareado. Qué mierda, no silbo para sustos, él dice.

 

La Casa Alcaza

 

Yo no sé si deba ir con ustedes. Me voy a sentir horrible si Amaya no va. No quiero estar entre tú y Victoria, dice Xavier. Ella va a ir. No te preocupes de eso. Quiero que vea las fotos de tu madre que las tengo allá en un cajón, dice Martín. ¿Por qué? pregunta Xavier. Mira hijo yo no quiero que ella piense mal de ti, me molesta y conociéndote como lo hago sé que nunca vas a decir nada, dice Martín. Eso no le importa a nadie. Que se crea lo qué quiera, dice Xavier. No pueden andar con secretos, dice Martín. ¿Secretos? ¿Sabes que también es Ninja? pregunta Xavier. Qué diablos de Ninja ni qué madre. Muchacho tú tienes un enredo en esa cabecita del caray, dice Martín riendo. Tenía un revolver atado a su pierna y apuntó como toda una profesional, papá, por Dios, a mi nadie me cree, dice Xavier. Pues una mujer sola se tiene que proteger, dice Martín. No, es una Ninja. La forma en cual lo hizo y como se paró firmemente y apuntó eso es cosa de Ninja, te digo, dice Xavier. Martín ríe a carcajadas.

 

Vamos a recoger a Victoria y si tienes suerte Amaya también estará allá, dice Martín. ¿Vamos a pasarnos todo el fin de semana? pregunta Xavier. Pues sí, contesta Martín. ¿Yo... con esa mujer... todo el fin de semana? No voy a poder, dice Xavier. Martín ríe.

 

Llegan a la casa de Victoria...

 

Martín estaciona el auto y sale. En eso Victoria sale de la casa. Ay Martín me ayudas llevo algunas cosas para comer, dice Victoria. Allá podemos cocinar, dice Martín. Sí pero pienso preparar algo especial. Xavier se había quedado en el auto. Amaya no iba a ir, estaba seguro, él pensó.

 

Victoria entró al auto y se sentó al frente junto a Martín. ¿Xavier, como estas? ella pregunta. Muy bien, gracias, dice Xavier. ¿Nos vamos? pregunta Martín. No, espera, mi hija ya va a bajar, dice Victoria. Xavier estaba nervioso. Martín lo miró de re-ojo. Se puso a preparar unas empanadas de camarones para comer durante el viaje, dice Victoria. Que rico, dice Martín. ¿También es cocinera? Lo qué faltaba, piensa Xavier. Amaya sale de la casa cerrando la puerta y acomoda las cosas en el auto. Hola, ella dice sonriente. Hola, contesta Xavier. ¿Te molesta si me siento junto a ti? Así puedo poner estos paquetes aquí, ella dice. No, claro que no, él dice. Amaya lucía unos shorts y sus piernas desnudas tenían un brillo como si se hubiese untado loción.

 

Me dice Xavier que arrestaron a Samuel anoche. Qué barbaridad, dice Martín. Sí, está involucrado en un negocio sucio y va tiempo que las autoridades lo estaban investigando, dice Amaya. Me imagino que no se puede comentar sobre eso, dice Martín. No, contesta Amaya. Este muchacho me hizo reír porque dice que eres Ninja. Todos ríen. No qué bah, pero él me salvó la vida, dice Amaya. ¿Y qué hacías  tú por allá? pregunta Martín. Nada, contestó, Xavier. Fue a ver mujeres desnudas, dice Amaya. No fui a ver a ningunas mujeres desnudas, dice Xavier molesto. Es un club de adultos, dice Martín. Victoria bajó la cabeza. ¿Qué hacías tú ahí? pregunta Xavier. Trabajando, contesta Amaya un poco avergonzada. Xavier la notó nerviosa y estaba haciendo cucharitas con su boca como que quería llorar. ¿Me vas a dar una empanada? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. Ay papá, que ricas, tienes que probar, dice Xavier comiendo. Ahí también hay café... en el termo, dice Victoria. Óyeme, están riquísimas, dice Martín. Las debes vender en el parque así no tienes que arriesgar tu vida por ahí, dice Xavier. Amaya lo mira furiosa. Dejen eso, dice Martín. Victoria ríe.

Amaya le dio la espalda cruzando sus piernas. Xavier la miraba nervioso. Podía ver mucho más de lo qué esperaba por detrás de la cintura de los shorts. No podía controlarse, tenía que mirar. Casi podía tocarla. Estaba tan cerca y tenía un aroma a la misma esencia que siempre estaba en su apartamento y que lo enloquecía. ¿Todo el fin de semana con ella? No iba a poder. ¿Cómo iba hacer para resistir? Ella era capaz de sacar una daga de su busto y atacarlo, él pensó. Amaya se volteó y cruzó sus piernas hacia él. Él cruza sus brazos para no tocarla. Ella se acerca más a él y recuesta su cabeza sobre su hombro. Después de unos minutos él la atrajo hacia él acariciándole los muslos con su mano. Que suave era su piel. Era sedosa y tentadora. Le encantaba esta mujer. Jamás podría querer o desear a otra igual, él piensa.

 

Silvia y Samuel

 

No te preocupes que mi abogado se ocupará de todo. Ella es una mujerzuela y estuvo en tu casa. Era tu mujer. Eso es lo qué tienes que decir, dice Silvia. Mamá hay otras mujeres, él dice. No Samuel, olvidate de eso. Ya verás como sales de aquí rápido, dice Silvia. Samuel se pasa sus manos por sus cabellos. Tienen pruebas de algunos delitos en los cuales participé, dice Samuel. Cállate, eso no se lo digas a nadie, dice Silvia. Nos iremos lejos a donde nadie nos conozca, dice Silvia.

 

La Casa De Campo

 

Las mujeres preparan la cena. Xavier y Martín hacen las camas con sabanas limpias. ¿Vas a dormir con ella? pregunta Xavier. No, como va hacer, dice Martín. Óyeme, papá yo no voy a poder resistir, dice Xavier. No empieces que me pegas el mal de risa, dice Martín riendo. Es que papá, la mujer es Ninja y esa gente anda con dagas, dice Xavier. Martín ahora ríe más. Vete ayudarlas a la cocina, dice Martín. Yo no sé nada de cocinar, dice Xavier. Al el aguaje, dice Martín riendo.

 

Después de la cena todos se sientan a conversar en la sala. Mira niña, esta es la mamá de Xavier, dice Martín. Xavier bajó su cabeza. Amaya se quedó paralizada. Mamá, ella dice y ambas miran las fotos. Ella fue mi primera ilusión de joven, dice Martín. Perdona, no sé qué decir, dice Victoria. Amaya se sentó con las fotos en su mano. Miró hacia Xavier pero él permanecía con su cara bajada. ¿Por qué nunca me dijiste que tu madre era negra? pregunta Amaya. Perdona Amaya, no pensé que el color de su piel fuese importante, dice Xavier. Martín toma a Victoria de la mano y se dirigen al balcón. Es bueno que se aclaren algunas cosas entre ellos porque habido falta de comunicación y se están enredando más y más con los secretos, dice Martín. Ya pronto todo se aclarará y verás que van a ser muy felices, dice Victoria. Martín la atrae hacia a él y la besa tiernamente en los labios y ella responde.

 

Amaya se sienta junto a Xavier. Para mí era importante, dice Amaya. Te dije varias veces que el color de tu piel no me importaba. La única que lo mencionas eres tú. Yo no hablo de mi madre con nadie. A nadie le importa nada sobre ella, dice Xavier. Me hubiese gustado tanto haberte conocido antes. Mi vida es complicada y temo que me voy a quedar sola, dice Amaya tristemente. Buenas noches, ella dice retirándose a su habitación.

 

Amaya, llama Xavier, ven. Ella regresa junto a él. Quizás nunca podamos volver, pero esta noche la quiero pasar contigo, dice Xavier. No creo que sea buena idea. Me va a doler mas, ella dice. ¿A qué le temes? ¿Yo sé que te he ofendido y que me desprecias pero qué es eso que va a ocurrir en dos semanas? ¿Por qué no podemos estar juntos? pregunta Xavier. Es que no creo que podamos. Han pasado muchas cosas feas. Yo no me puedo olvidar de tus desprecios. De la forma tan fría que me pediste que... no quiero acordarme. No soy una puta y oírlo de tus labios me dolió mucho. Tú no eres un hombre que pueda vivir con una mujer como yo. Ya sabrás por qué y espero que sepas ayudarme a olvidar. Que no me busques, que no me llames así será todo más fácil. Aunque tu papá y mamá estén juntos tenemos que tratar de no vernos. Yo no puedo irme a la cama contigo hoy y después decirte adiós mañana. Me va a dolor demasiado. Es mejor, como tú me dijiste, que yo nunca te vuelva a tocar otra vez, dice Amaya. La que me provocas eres tú, dice Xavier. Porque es difícil no hacerlo teniéndote cerca pero la distancia y el tiempo nos harán olvidar, dice Amaya. A mi no me da la gana de olvidarte. Te amo, te amo más que a mi vida. No me importa un rayo lo qué vaya a pasar en dos semanas. Nada ha de cambiar lo qué siento por ti, dice Xavier con lágrimas en sus ojos. Amaya lo besa tiernamente en la mejilla y se retira a su habitación. Xavier la ve partir y se sienta en el sofá tristemente, exhausto - ya mentalmente no tenía fuerzas.

 

Muchacho, dice Martín, vete a dormir. Buenas noches papá, dice Xavier entrando a su habitación.

Xavier se metió al baño a ducharse. Que horrible es dormir tan cerca a ella y no poder tenerla en mis brazos. Esto es una tortura. Me voy a volver loco. Se levanta de la cama y camina por la habitación. ¿Qué puedo hacer para que olvide mis necedades, para que me vea como la primera vez y se entregue a mí como la primera noche? Si pudiera borrarlo todo. ¿Pero a qué hombre no le hubiese pasado igual? Esto es lo qué no me explico, piensa Xavier.

 

 

Tocan a la puerta...

 

Xavier abre. ¿Qué haces? Vengo a dormir contigo, dice Amaya. Xavier la deja pasar y cierra la puerta. La levanta en sus brazos. Espera, ella dice. No, porque te vas arrepentir, dice Xavier enloquecido besándola, desvistiéndola. No me voy arrepentir es que te quería decir algo, dice Amaya en voz baja. ¿Qué? Acabo de ver a tu papá entrar a la habitación de mamá, ella dice con sus ojos engrandados. Xavier ríe. Perdona es que me da risa en la forma que lo dices. ¿Sssh, escuchaste eso? pregunta Amaya. ¿Qué? pregunta Xavier riendo. Eso, dice Amaya. Es la cama de arriba. Ay no me des mal de risa, porque no voy a poder, ríe Xavier. ¿Las camas hacen ruido? Ella pregunta con sus ojos engrandecidos. Sí, son viejas, ríe Xavier a carcajadas. Callate, te van a oír, dice Amaya. Xavier ríe aun más. ¿Qué haces? Te voy a quitar la risa, dice Amaya tomándolo en su boca, despertándolo, acariciándolo. Besandole todo el cuerpo y volviéndolo a tomar en su boca, haciéndolo rendirse a ella, estremecerse de placer. Él la voltea colocándose encima de ella y enloquecido le acaricia el cuerpo, besándole los senos, chapándole la lengua, tomándola una y otra vez. Te amo, eres mía, eres toda mía, dice Xavier enloquecido en su pasión.

 

La mañana siguiente estaba soleada y hermosa. Victoria y Amaya prepararon el desayuno y todos se sentaron a desayunar. Si no te molesta puedo ayudarte a decorar la casa, dice Victoria. Me encantaría, dice Martín. Amaya les mira. Que felices se veían. Entre ellos no había secretos, no había mentiras ni rencores. Estás muy triste, dice Xavier. Ella baja la cabeza pensativa. Vamos a caminar por el campo, dice Xavier. Ella no responde. Esta sería la última vez que estaría junto a él y anoche fue la última vez en sus brazos. Se sentía tan vacía. Algo en su vida se estaba muriendo y le dolía mucho. Victoria le miraba dulcemente, sabía que lo amaba pero desde niña siguió sus sueños y era independiente y determinada. Xavier notó el cambio, los ojos llorosos, el silencio. Sabía que entre ellos había mas que rencor, también había un futuro incierto, lleno de secretos. La volvió a mirar, ella se secaba sus lágrimas y él suspiró hondo.

 

Victoria ven, dice Martín tomándola de la mano y saliendo afuera. Caminan mano en mano hacia el cañaveral.

Xavier, dice Amaya. En una hora me tengo que ir. No sé cuando vuelva a verte y me duele mucho, ella dice. ¿Por qué no lo dijiste anoche? él pregunta molesto. No quería arruinar nuestras últimas horas juntos, contesta Amaya. Entonces este es un adiós, dice Xavier besándola en la frente y retirándose a su habitación.

 

Martín y Victoria

 

Perdéname Victoria, yo soy un hombre maduro y no puedo resistir tus encantos. Eres una mujer muy hermosa. Perdóname, anoche no sé por qué... dice Martín. No digas nada Martín. Yo también quería estar en tus brazos, dice Victoria besándolo. Quiero que todo entre nosotros sea sincero porque no puedo sufrir más. Mi vida ha sido puro sufrimientos y estoy tan cansado. Solo quiero ser feliz y disfrutar de los años de vida que me quedan. Yo soy un hombre fiel, trabajador y sincero y solo necesito amor y comprensión y alguien con quien caminar de la mano por el campo, dice Martín. Pues ya encontraste a esa persona, Martín. Te voy hacer muy feliz, dice Victoria.

 

Xavier en su habitación

 

Sollozaba. Que mucho duele esto, carajo, dice Xavier. Afuera se escucha la bocina de un auto y Xavier se asoma a la ventana. Francisco sale del auto y ayuda a Amaya. ¿Qué pasa? pregunta Francisco abrazándola. Xavier se queda mirando el auto partir. ¿Qué tiene ese hombre que ver con ella? Ya no debo hacer preguntas. La he perdido para siempre y todavía no sé por qué. Que rabia tengo de pensar que otro hombre estará con ella, que otro disfrutará de su cuerpo, que algún día tendrá hijos de otro hombre. ¡Maldita sea! llora Xavier.

 

La Empresa Asunción

 

No te pierdas la reunión de empleados esta mañana, vamos. Van a anunciar algunos cambios y me dijeron que ya tienen una nueva supervisora, dice Miguel. También escuché decir que a ti te van a dar una oficina y un ascenso, dice Miguel. No sé por qué, dice Xavier. Quizás porque tu amiga es la hija del dueño, dice Juan. No lo creo. Más bien será porque no me importa la maldita Empresa, dice Xavier.

 

El cuarto de conferencias

 

Por favor tomen asientos, dice Rodolfo. Xavier estaba deprimido. No podía dormir, ni comer y no tenía fuerzas para nada. Primero les quiero presentar a su nueva supervisora, Alexis Montoya, dice Rodolfo. Xavier la mira y se endereza en su asiento. Era una mujer muy bonita, fina, educada y simplemente encantadora. Todos se miraron de re-ojo. Ella se presentó y anunció los cambios de los puestos de ejecutivos. Mencionó algunos ascensos y comentó sobre algunos oficios que serían eliminados. Xavier perdió el interés de los detalles pero no la mujer frente a él. Movía sus manos delicadamente y tenía unos gestos en su rostro muy bonitos. Sus ojos eran grandes y castaños y sus cabellos rizos y largos. Después de una hora, llamó por nombre a algunos de los empleados y les pidió que permanecieran en sus asientos mientras los demás se retiraron.

 

Xavier Alcaza, llama Alexis. Xavier se pone de pies, por favor entre a la oficina del señor Johnson. Xavier entra a la oficina. Tome asiento, por favor, dice Rodolfo. ¿Cómo esta usted? pregunta Rodolfo. Muy bien gracias, contesta Xavier. Xavier, me gustaría mucho que usted tome el puesto de Director de Finanzas. Como ya sabe, tuvimos que despedir a Ramón Valle y usted viene muy bien recomendado. Su padre Martín también vendrá a trabajar con nosotros como el Director de Comunicaciones. Como ya sabe las dos empresas se han unido y tenemos que re-organizar los departamentos. El departamento de financias es uno de los más importantes departamentos en esta empresa y me gustaría que usted tome el mando, dice Rodolfo. Muchas gracias. No lo esperaba pero haré todo lo necesario para cumplir y llevar el departamento adelante, contesta Xavier. Pues, te mudas a una oficina en el piso doce, dice Rodolfo extendiéndole la mano hacia él.

 

La Casa Alcaza

 

Ya me dijeron que me mudo a la Empresa Asunción como gerente del departamento de comunicaciones, dice Martín. Así es y a mí me dieron el puesto de director de financias. Después del desastre que hicieron en ese departamento, esos pillos, ahora voy a tener que limpiarlo yo, dice Xavier. No te preocupes nos ayudamos uno al otro. Por cierto conocí a la nueva supervisora y no esta nada mal, dice Martín. Sí, gracias a Dios que a mi no me supervisa nadie. Eso es un problema, dice Xavier. ¿Has sabido algo de Amaya? pregunta Xavier. No hijo. Como ya sabes se fue a Los Angeles y no me atrevo andar haciéndole preguntas a Victoria. Ella es muy seria y no me atrevo, dice Martín. ¿Cómo va todo entre ustedes? pregunta Xavier. Muy bien, bueno más que bien, diría yo. ¿Sabes que el apartamento de Amaya sigue vacío? Ella no lo piensa vender. Yo creo que se fue por un tiempo. Esta trabajando en un proyecto pero no será por mucho tiempo, dice Martín. Pues eso ya no tiene remedio, dice Xavier. Sal y distraete. Tú eres muy joven, dice Martín.

 

Me dice Victoria que hemos sido todos invitados a una función del departamento de Justicia y Ciencias Forense. A mí me estuvo eso bien raro pero Rodolfo Johnson también estará presente. No podemos faltar. Sí, Amaya me había contado algo sobre esa función. ¿Qué rayos tenemos nosotros que ver con todo eso? Yo estoy acudiendo a la universidad y tomando los cursos para ingresarme al Departamento de Justicia pero no entiendo, dice Xavier. Quizás no sea nada, pero Victoria me ha pedido que no faltemos especialmente tú. ¿Y sigues interesado en eso? Ahora tienes un empleo muy bueno, dice Martín. No sé lo qué quiera hacer. No tengo fuerzas para nada, dice Xavier.

 

Un bar

 

Te habías olvidado de tus amigos, dice Humberto. No es eso es que no sabes todo lo qué me pasó, dice Xavier. ¿Bueno y qué pasó con lo de los estudios? Pregunta Humberto. Sigo en eso, dice Xavier. No pareces estar muy entusiasmado como antes, dice Humberto. Es que de repente nada tiene sentido, dice Xavier. ¿Sabes que Angel y Alma se casan pronto? Pregunta Humberto. Sí, lo sé, contesta Xavier. ¿Vas a ir? No puedes dejar de ir a la boda de uno de tus más fieles amigos, dice Esteban. Claro que voy, dice Xavier. ¿Vas solo? pregunta Humberto. Sí, contesta Xavier. Ya sabemos que Amaya se fue y lo sentimos mucho, dice Esteban.

 

Hotel Hilton

 

Martín y Victoria toman asientos. Estaban situados al frente de la plataforma adonde se iban a conducir las presentaciones. Xavier entró y Martín lo llamó. Xavier tomó asiento al lado del sargento Aldama y otros empleados del departamento de justicia. No temas, que no estás arrestado, ríe Francisco. Imbécil, piensa Xavier. No muy lejos se encontraban Rodolfo Johnson y su esposa juntos al profesor Ramírez y su esposa Lidia. Xavier miró hacia Victoria y ella sonrió dulcemente. ¿Qué rayos hago yo aquí? piensa Xavier.

La función comienza con varios detectives del departamento presentando los casos en los cuales habían trabajado y la importancia de la ciencia forense en casos de violaciones y el crimen de lavado de dinero y otras violaciones de las leyes. También presentaron a varios directores de universidades que juntos al Departamento de Justicia trabajaban en ciertos casos.

 

Francisco Aldama conversó a largas de los casos en los cuales había trabajado con la universidad y con el profesor Ramírez. Nos gustaría presentar a la mujer que con sus esfuerzos y valor trabajó durante seis meses en varios empleos bajo encubrimiento para el departamento de Justicia y con la colaboración del FBI. Esta mujer arriesgó su vida pero logró el arresto de un grupo de violadores que trabajaban en varios clubes de adultos en la área metropolitana. También se descubrió el lavado de dinero entre dos empresas. Les presento a la señorita, Amaya Dulce Rosales Johnson.

 

Xavier se quedó mudo. No podía creer que era detective. ¿Por qué no pudo verlo? Estaba todo frente a él... el misterio de Sherlock Holmes, pensó éste. Qué vergüenza pensar que no se había dado cuenta.

 

 

Amaya subió al escenario. Xavier no la había visto entre él publico. Habían pasado varías semanas de no verla y su corazón paró por un segundo. Estaba nervioso y quería correr afuera y perderse entre la gente. Quería morirse. Dios mío, a mi hijo le va a dar un infarto, dice Martín. No te preocupes estamos cerca, dice Victoria.

 

Amaya describió sus casos en detalle, mensajera – durante este tiempo algunos empleados de las Empresas Asunción y Jiménez se enviaban documentos confidenciales con datos de las cuentas bancarias y otros detalles importantes sobre el crimen de lavado de dinero. El caso de varias bailarinas de los clubes de adultos fueron violadas y algunas asesinadas. Este fue el caso más doloroso para mí ya que no pude relatar el porqué posaba casi desnuda frente a todos y por eso perdí al ser que más quiero en este mundo. No puedo relatar mucha información sobre estos casos porque todavía están en proceso. La confidencialidad a la cual somos sometidos, los detectives y algunos empleados del departamento de justicia, nos separan de nuestros familiares y a veces es muy difícil mantener relaciones. Por lo cual quería pedirles a los aficionados y estudiantes que se están preparando para oficios en estos departamentos que sepan que mientras limpiamos las calles, también sufrimos en nuestras vidas personales.

 

Quiero darles las gracias a todos mis colegas del Departamento de Justicia y el Departamento de Ciencias Forense. A mi madre, Victoria Rosales y a mi querido amigo, Xavier Alcaza por haber sufrido junto a mi muchos desvelos. Presentemente me encuentro en Los Angeles trabajando en un caso muy importante para la comunidad Latina y cuando regrese me voy a dedicar a dar cursos en la universidad junto al profesor Ramírez.

 

Gracias a todos, dice Amaya tomando asiento. Todos se pusieron de pies.

 

Después del discurso todos salieron afuera. Martín y Victoria felicitaron a Amaya y Xavier se acercó a ellos. Besó a Amaya en la mejilla. Yo he sido el único ciego. Perdóname, él dice. Ella lo mira tristemente. Me voy afuera necesito aire, dice Xavier saliendo del hotel deprisa.

 

Quería llorar pero no podía. Qué vergüenza no haber podido descubrir el misterio por mí mismo. Se habrán reído de mí especialmente el detective Aldama. Xavier se metió a su auto y arrancó. Necesitaba un trago y alejarse de toda esta gente que le había virado su mundo al revés.

 

¿Amaya, qué pasa hija? ¿Te vas con nosotros? pregunta Martín. Quería despedirme de Xavier pero no lo veo, ella dice tristemente.

 

Ven, no te puedes quedar aquí, dice Victoria.

 

Un bar

 

Xavier estaba destrozado. Como puede ella decir ante todos que lo quiere y después dejarlo, dice Xavier tomando cerveza.

 

Hola, dice una mujer que se sentó a su lado. Hola, Ay perdone, no la reconocí, dice Xavier. Pues yo lo vi entrar y estaba muy triste, dice Alexis. Problemas, dice Xavier. Problemas tenemos todos pero la bebida solo nos quita las preocupaciones por unas horas y luego a sufrir más, dice Alexis. ¿Esta usted con ese grupo? pregunta Xavier. Sí, son empleados de la Empresa Jiménez. Debes conocerlos, dice Alexis. Sabe, yo la verdad es que quiero estar solo, dice Xavier. ¿Problemas con mujeres? pregunta Alexis. No, mas bien problemas conmigo mismo, responde Xavier. Si quiere yo puedo acompañarlo ya mis amistades se iban, dice Alexis. Pues muy bien. ¿Qué esta tomando? pregunta Xavier. Cerveza, contesta Alexis. Mesero, dos cervezas, por favor. ¿Estas contento con tu nuevo puesto? pregunta Alexis. Sí, me gusta mucho, contesta Xavier. Si quieres podemos irnos a mi apartamento y tomar cervezas sin estar aquí con toda esta gente, dice Alexis. Xavier la mira sorprendido. ¿Qué se trae esta? se pregunta. Al diablo con todo, él piensa. Vamos, dice Xavier.

 

Amaya llama por su celular. ¿Adónde estará? se pregunta. Mamá, me preocupa Xavier. No contesta. Creí que después de descubrirse todo comprendiera pero lo vi muy extraño esta noche, dice Amaya. Está muy dolido con todo y a lo mejor sienta vergüenza, dice Martín. Es que me voy esta noche y no sé cuando lo volveré a ver, dice Amaya con lágrimas en sus ojos. Martín la abraza. No te preocupes, ya aparecerá. A lo mejor se fue a la casa.

 

El apartamento de Alexis

 

No sé como un hombre tan guapo como tú pueda andar solo a estas horas, dice Alexis. Tú pareces también estar sola, dice Xavier. Sí, esta noche sí y quiero olvidarlo todo, dice Alexis. Vamos a olvidarnos del mundo entero por esta noche, dice Alexis acercándose a él y besándolo en los labios. Él la toma por la cintura y la atrae mas hacia él besándola apasionadamente. Que mucho tiempo hacia  que no besaba otros labios, otra boca que no fuera la de Amaya. Que frío se sentía... que vacío por dentro. Alexis lo desvistió y su celular fue a tener al piso. Él lo tomó en sus manos, Amaya había llamado más de siete veces. Perdona Alexis, parece que tengo una emergencia en la casa, él dice. ¿No te vas a ir? Llama de aquí, ella dice. Xavier marca, nadie contesta. Marca a Martín. ¿Papá, qué está pasando? No, estaba apagado. No quería que sonara durante la presentación y se me olvidó, dice Xavier. ¿Cómo? ¿Pero esta noche? ¿Cual aeropuerto, te dijo? Esta bien, ya voy. Xavier colgó el teléfono. Alexis, perdoname pero tengo que irme. Tengo una emergencia de familia. Yo te llamo mas tarde, dice Xavier saliendo deprisa del apartamento. Por poco meto la mata, él dice entrando a su auto.

 

El Aeropuerto

 

Xavier corre por el aeropuerto buscando el vuelo de American a Los Angeles.  No puede ser, ya sale pronto. Dios mío no me hagas esto, dice Xavier nervioso. ¿Señorita el vuelo de American hacia Los Angeles? él pregunta. Sí, están abordando ahora. Xavier vuelve a llamar por celular. Amaya contesta. Amaya, es Xavier. Perdona he llegado demasiado tarde. ¿Sí, estoy aquí... y cuando volveré a verte? pregunta Xavier. No me digas esto Amaya, por Dios. Xavier no pudo controlar las lágrimas. ¿Cómo me haces esto ahora? Xavier se sienta en el piso cubriéndose el rostro con su brazo. No ves... quise emborracharme, matarme, no sé. Eh sido un estúpido. No pensé que te ibas hoy, dice Xavier. ¿No voy a volver a tenerte en mis brazos? ¿Por qué? llora Xavier. Todos lo miraban. Sí, no te quedes allá... regresa. Yo te voy a esperar, él dice. Amaya yo te amo... te amo, llora Xavier pero la llamada se corta. Un hombre de seguridad se acerca y le pregunta, ¿señor necesita ayuda?

 

Martín y Victoria

 

Qué susto tengo, dice Martín. Mi hijo no es muy fuerte. De cualquier cosa le dan mareos y se vuelve todo un chicle, dice Martín. Ella va a volver es que no se sabe cuando pero Amaya no se acostumbra estar muy lejos de mí. Soy su única familia. Yo sé que ella lo ama, dice Victoria. Sí, estoy seguro que se quieren mucho. Me da mucha pena. Me dijo que ella era una Ninja... me dio risa pero ahora lo entiendo. Estaba confundido. Yo tampoco me imaginé nada. Amaya es tan joven para hacer lo qué hizo, es increíble su valor, dice Martín. Ven siéntate, ya pronto aparecerá por ahí Xavier y vamos a tener que consolarlo, dice Victoria dulcemente. Martín la abraza. Victoria, me estoy enamorando de ti, perdóname, no he podido resistir, dice Martín. Yo también te quiero, dice Victoria besándolo en los labios.

 

La Casa Alcaza

 

Xavier entra a su habitación y se tira en la cama rendido. La perdí para siempre. Otro hombre le estará haciendo el amor pronto. Es demasiado hermosa y los hombres no la van a dejar en paz. No sé como hizo hasta ahora para estar sola. Qué celos tenía de todos y qué rabia haber tenido la oportunidad en sus manos y haberla perdido. Ella se va a buscar un hombre que no sea tan antiguo como yo. Que no sea tan estúpido y tan celoso. ¿Pero a qué hombre no le hubiese pasado lo mismo? No puedo quitarme eso de la mente. Ninguno de sus amigos se dieron cuenta que ella era detective y lo peor de todo es que no puedo vivir sin su cuerpo. ¿No volverla a tocar? No puedo, él dice torturado.

 

Martín toca a la puerta

 

Oye, ahí te andan procurando, dice Martín. Xavier sale afuera. Hola, qué sorpresa, él dice. Siéntate, dice Xavier. Alexis toma asiento. Me quedé muy preocupada. No me llamaste y me quedé esperándote, dice Alexis. Perdona se me olvidó del completo. He tenido la cabeza loca últimamente, dice Xavier. Pues no quería molestarte solo quería saber si todo estaba bien ya que saliste deprisa, dice esta. Pues gracias, todo esta bien, dice Xavier. Entonces me voy tranquila pero ya sabes donde vivo si me necesitas, dice Alexis. Igualmente, dice Xavier. ¿Te llevo o llegaste manejando? pregunta Xavier. Tengo mi auto, gracias y buenas noches, dice Alexis.

 

Martín salió de su habitación. ¿Qué estas haciendo? pregunta este. Nada, papá, me la encontré en un bar y se me fue encima, dice Xavier. No te vayas a meter con esa mujer y causar un problema en la Empresa, dice Martín. Además, Amaya va a regresar, no te vayas a meter en líos porque estoy seguro que esa chica te quiere y de verdad. No sigas jugando con ella si quieres andar por ahí enamorando a medio mundo, dice Martín. Xavier mantuvo su cabeza bajada.

 

Amaya y Pete

 

No te enojes. Le pedí a Francisco que trabajaras conmigo en esto. Él no se opuso porque sabe que eres leal y mantienes tu confidencialidad intacta. Pero también lo hice porque no he podido olvidarte y estoy loco por volver contigo, dice Pete. Pues ya es muy tarde, estoy enamorada de otro hombre y en cuanto termine aquí, me voy y no pienso regresar. Voy a dar cursos en la universidad junto para el departamento de justicia. No quiero volver a tener problemas con el hombre que amo. Me perdonas pero lo nuestro quedó en el pasado, dice Amaya. Yo tengo mas oportunidad contigo que él que esta tan lejos y conociéndote como lo hago dudo que te resistas, dice Pete. No lo intentes, dice Amaya tristemente.

Ven, quiero ponerte al tanto sobre el caso, dice Pete.

 

La Empresa Asunción

 

¿Hola Xavier, cómo estas? pregunta Alexis. Muy bien y tú, pregunta Xavier. Sabes, Miguel me ha invitado a una boda y dice que tú también vas, dice Alexis. Pues sí, este sábado, contesta Xavier. Entonces te veo por allá, dice Alexis. Él la ve alejarse. No tienes nada que me interese pero no estas nada mal y me quedé con las ganas la otra noche, él piensa.

 

El teléfono suena

 

Xavier contesta. Sí ya veo que invitaste a Alexis. Que bien, dice Xavier. No sé. ¿Quién es? No sé si deba. Es que siempre me meto en problemas y ya hasta tengo miedo de salir, dice Xavier. No me digas que una de las amiguitas jovencitas de Milagros, dice Xavier. A mí me gustan las mujeres, ya lo sabes, dice Xavier riendo. Bueno, como quieras al fin es solo una boda, dice Xavier.

 

Amaya en su hotel

 

¿Qué estará haciendo? Ese no va a poder mantenerse solo. Es tan guapo. Se le van a pegar como moscas las mujeres. Qué celos pensar que otra mujer lo puede estar acariciando ahora mismo, besándolo. Lo debí echar todo a perder por él. Nada vale la pena sin él, sin sus caricias, sin sus miradas de celos, de rabia. Todo, me gusta... todo de él, ella dice tristemente.

 

Necesito oír su voz, ella dice marcando en su celular. Empresas Asunción, Xavier Alcaza, contesta Xavier. Hola. ¿Quién habla? ¿Tendrá él numero equivocado? dice Xavier colgando.

 

La boda de Angel y Alma

 

Xavier entra al club Astoria. Felicidades, él dice besando a Alma y abrazando a Angel. La novia mas linda del mundo, dice Xavier sonriendo. Comportate que ya eres un hombre casado, nada de nada, ríe Xavier. Ni en broma, chico, eso duele mucho. No vale la pena uno estar suplicando, dice Angel. Ahí vienen Juan y Miguel. Echale mira eso con mujerotas, no mas, ríe Xavier. El pesao' de Miguel ya enganchó a la nueva supervisora, dice Angel. ¿De veras? pregunta Xavier.

 

¿Hola primo, qué hubo? Mira quiero presentarte a mi amiga Mirna Estévez, este es Xavier Alcaza y ya conoces a los novios, ríe Miguel. Mucho gusto, dice Xavier. El pesado de Juan me quitó a Alexis y no la suelta, dice Miguel. Xavier ríe. ¿Bueno, pues bailamos? pregunta Xavier tomando la mano de Mirna.

La tomó en sus brazos al paso de un bolero. Era muy linda, rubia de ojos verdes y un rostro dulce pero bien delgada. Quizás era porque no podía sacarse el cuerpo de Amaya de su mente pero últimamente todas le parecían demasiados delgadas. No como Amaya con aquellas nalgas que lo volvía loco y aquellas curvas que paraban él trafico. Ella sí era mujer en todo sentido. Que mucho le hacia  falta acariciar su piel sedosa y hacerla suplicar, rogar, él piensa. Vamos a bailar la próxima, dice Xavier sin querer soltar a Mirna. Estaba excitado y solo quería tener una mujer cerca. Juan se acercó a ellos y se la arrebató de los brazos. Me debes una, dice Xavier.

 

Xavier caminó hacia el bar. Aquí nos vemos de nuevo, dice Alexis. Sí, dice Xavier. ¿Qué vas hacer después de la boda? Bueno lo digo porque estas bodas se terminan temprano, dice Alexis. No sé, contesta Xavier. Vamos a mi apartamento tenemos algo pendiente, ella dice. Xavier se queda asombrado. Estas con Miguel, él dice. Sí, pero hasta que se termine la boda, ella dice. No creo que sea buena idea, dice Xavier. No quiero ser traidor, continúa Xavier mirando hacia Miguel. Bueno estaré en mi apartamento esperándote. No me vuelvas a dejar esperando, ella dice coquetamente. Xavier tomó de su cerveza. ¿La mujer me gusta para la cama, pero y después qué hago con ella? él piensa.

 

Mejor me desaparezco antes que se termine la boda, piensa Xavier saliendo del club y metiéndose a su auto... arranca.

 

No puedo creer que ese imbécil me volvió a dejar esperándolo y tan bueno que está. ¿Qué más tengo que hacer? se pregunta Alexis entrando a su edificio. Sube a su piso y allí parado contra la puerta de su apartamento estaba Xavier. Ella se acerca y lo besa en los labios, él responde. Ella abre la puerta y entran. Ella lo desviste, lo besa, lo agarra entre piernas y él se rinde al placer de volver a sentir el cuerpo de una mujer entre sus brazos. La levanta del piso en sus brazos y la lleva a la cama. La desviste, la acaricia, enreda sus manos en los cabellos rizos de Alexis tomándola desesperado bruscamente sin importarle el placer de Alexis solo quería saciar sus deseos.

 

Ella lo voltea y se siente encima de él. Besándole todo el cuerpo, mordiéndolo. Ay, no me muerdas se me hacen marcas, dice Xavier. Ella lo ignora. Óyele, deja eso, él dice. Ella le besa el rostro, el cuello, con su lengua, sus dientes y Xavier estaba perdiendo el control y las fuerzas. No... no, él dice enloquecido en su placer.

 

La Casa Alcaza

 

Xavier entra y se dirige a su habitación. Xavier, llama Martín. ¿Qué fue? pregunta Xavier. Ven acá que tengo que hablar contigo, dice Martín. Xavier sale a la sala. ¿Óyeme pero qué diablos te pasa a ti? pregunta Martín. ¿Qué pasa? pregunta Xavier. ¿Qué pasa? Mirate como estás todo marcado de chupones, dice Martín molesto. Papá, mira necesito una mujer, por Dios, qué quieres, dice Xavier molesto. Xavier, tú no eres hombre de andar con esas cosas. Ahora yo no sé lo qué vayas a hacer, dice Martín. ¿Hacer de qué? pregunta Martín. Amaya esta en su apartamento. Le hiciste demasiada falta y vino a pasar el fin de semana contigo, dice Martín. ¡No! ¿Dios cómo me pasan estas cosas? se pregunta Xavier. Pero mira eso qué descaro. Esa mujer lo hizo a propósito para que te viera tu mujer. ¿No habías pensado en eso? Me atrevo apostar que te marcó por donde quiera, dice Martín. Xavier bajó su cabeza avergonzado. Quería llorar. No te vayas a marear. Eso te lo buscaste tú. Ahora a ver como sales de esta, dice Martín.

 

El teléfono suena...

 

Hola, contesta Xavier. Sí, sí mi amor. No me siento muy bien, él dice. La verdad es que estaba nervioso y le estaba afectando él estomago. Me hubieses llamado, dice Xavier. No grites. Controlate, sí, ya voy para allá, dice Xavier. ¿Dios mío qué voy hacer? Si me ve así me deja para siempre. Quiero meterme bajo la tierra, dice Xavier rabioso.

 

Se mete al baño. Dios mío si esa mujer me dejó todo el cuerpo marcado. Es una vampiresa, dice Xavier nervioso. ¿Qué voy hacer? Ay no puedo ir. No puedo, dice Xavier nervioso.

 

El apartamento de Amaya

 

¿Quien? pregunta Amaya. Es Pedro, dice Pete. ¿Qué haces aquí? pregunta Amaya. Bueno yo también tengo el fin de semana libre. ¿Ya que llegamos juntos porque no podemos disfrutar de estos días juntos? pregunta Pete besándola. Óyeme, por favor, Pete. Ya te dije que vine a pasar unos días con Xavier, ella dice molesta. ¿Y a donde esta el principito? pregunta Pete molesto. Ya viene por ahí así que vete, dice Amaya. En eso tocan a la puerta. Dios mío, dice Amaya nerviosa. Estúpido, grita Amaya furiosa. Que entre que quiero hablar con él, dice Pedro. No te atrevas, dice Amaya. Tú fuiste mía primero y que no se te olvide nunca, dice Pete furioso.

 

Amaya abre la puerta...

 

Buenas, pregunta Xavier mirando a Pete. ¿Estoy interrumpiendo? pregunta Xavier. No, dice Amaya. Este es Pedro Morales, dice Amaya. Mucho gusto, dice Xavier mirándolo a los ojos fijamente. ¿Por qué tan nerviosos? pregunta Xavier. Pete ya se iba, dice Amaya. No, espera un minuto, él que sale sobrando aquí soy yo, dice Xavier molesto. Xavier, por favor, tengo que hablar contigo, no te vayas, ella dice con lágrimas en sus ojos. Pete lo mira burlonamente y dice, Mira Xavier lo qué ella no quiere decirte es que fue mía mucho mas antes que tú la conocieras y nos separamos y tú te metiste con mi mujer, dice Pete. Xavier se acerca al rostro de Pete. No, ella es mía. Tú la perdiste. Date por vencido porque esta mujer es mía, grita Xavier enfurecido. ¿Ah sí claro y a qué te crees tú que se fue a Los Angeles? A buscarme, dice Pete escupiendo las palabras. Xavier lo toma por el cuello de la camisa. Te mato, me entiendes imbécil, te mato si la tocas, dice Xavier enfurecido. Por favor, dice Amaya tratando de separarlos. Pete la empuja y Amaya cae al piso. Xavier empuja a Pete contra la pared y lo golpea con sus puños. ¡Basta! grita Amaya. Pete se compone y sonríe burlonamente. ¿Tú dices que es tuya? ¿Qué te pasa? ¿Eres estúpido? Esa mujer fue mía cuando era virgen, grita Pete. Pete por favor vete, grita Amaya. Pete sale del apartamento tirando la puerta.

 

Xavier se quedó frío mirandola. ¿Qué es lo qué tienes que decirme? pregunta Xavier. Amaya toma asiento. Xavier estaba furioso y la mira enfurecido. ¿Me vas a dejar por ese hombre? pregunta Xavier. No, él esta mintiendo yo no tengo nada con él. Sí, en un tiempo pero se acabó. El que insiste es él y no fui a Los Angeles por él. Él pidió que fuera yo quien lo ayudara con un caso. Él era mi jefe cuando lo conocí, dice Amaya. Solo vine a pasar el fin de semana contigo, ella dice. ¿Y qué diablos hace él aquí también? pregunta Xavier. Me siguió, ella dice ahora llorando.

 

Xavier camina de un lado al otro. Estaba furioso y quería pelearse con ese tipo. Quería ver sangre. ¿Y qué querías decirme? él pregunta. Ya no sé si importe, ella dice. Te conozco y sé que estas pensando lo peor de mí ahora mismo, dice Amaya. Pues sí, estas en lo cierto. No va más de un mes y ya tienes otro macho amarrado a tus pies, él dice rabioso. No te voy a creer que no te acostaste con él. Por eso esta aquí exigiendo. Del contrario no tuviese en que valerse, dice Xavier. Ella llora. Nos quieres a los dos. Eso es. No te conformas con uno. Tienes que tener dos hombres a tus pies peleándose como gallos de pelea, dice Xavier enfurecido. Ella mantiene su cara bajada. ¿Qué me dices a eso? pregunta Xavier. Nada, no me vas a creer nada, dice Amaya tristemente.

 

Ella abre la puerta. Vete, ella dice tristemente. Si lo veo contigo te juro que lo mato. ¿Me estas escuchando? Lo mato con mis propias manos, grita Xavier saliendo del apartamento. Se detiene.

 

Se mete al ascensor y marca de nuevo el piso veinte. Toca a la puerta de nuevo. ¿Quien? ella pregunta. ¡Abre la maldita puerta! exige Xavier. Ella abre. Y otra cosa que se me olvidó decirte, por si las dudas. ¡No vales nada! él grita enfurecido volviendo a meterse al ascensor.

 

Xavier en su auto, estaciona. Estaba tan furioso que no podía respirar. Maldita sea, él dice.

 

La Casa Alcaza

 

¿Me vas a decir lo qué pasó? pregunta Martín. No, contesta Xavier molesto. ¿Ya te peleaste otra vez con esa pobre muchacha? pregunta Martín. Papá, por favor, estoy furioso, dejame en paz, dice Xavier.

 

El teléfono suena...

 

Sí, mi amor, aquí está. No sé lo qué pasó. ¿Ella te contó? ¿No me digas? Pero esto va de mal en peor, dice Martín. Es que este muchacho no razona. Es demasiado celoso. Por ahí esta que echa chispas, dice Martín. 

¿Oye, adónde vas? pregunta Martín. No lo sé, a un bar, dice Xavier. ¿A buscar más chupones? pregunta Martín. No fue por eso que discutimos, papá, tenía un hombre en su apartamento que según él habían sido novios. Surge que esta en Los Angeles con ese tipo. Por poco, papá, lo mato allí mismo, dice Xavier. Mira tranquilizate que eso no va a resolver nada. Amaya esta histérica allá en su apartamento y Victoria va para allá ahora. ¿Qué le hiciste? pregunta Martín. Yo nada, la insulté. Se lo merecía y estoy harto de todo esto, dice Xavier. Pues no sé qué decirte. Ella venía a decirte no sé qué cosa y Victoria estaba muy contenta con todo eso, dice Martín. Ella venía a contarme lo de su noviecito. Eso era todo. Quizás a pedirme perdón porque se había ido a la cama con él. Eso es por segurito, dice Xavier. No salgas. Te lo prohíbo. Yo te conozco y lo qué quieres es encontrarte con ese hombre. Bueno pero tú si tienes cojones, hombre. ¿Te vas de ronda por ahí y te enfadas con ella? pregunta Martín.

 

Tocan a la puerta...

 

Hola, entra, dice Martín. Victoria entra con Amaya. Xavier permanece sentado con su cabeza bajada. Amaya se sienta a su lado. Me voy esta noche. Solo quería despedirme, dice Amaya besándolo en la mejilla. Que seas feliz con la mujer que te marcó todo el cuello, ella dice tristemente. Xavier mantiene silencio, se avergonzó.

 

Pero Victoria, por favor, no deje que los problemas entre los muchachos nos separen, dice Martín. Martín es que mi hija esta sufriendo mucho. Yo debo irme con ella. Yo conozco bien a Pedro y no la va a dejar en paz. Para separarse de él le tuvo que meter la policía, dice Victoria. Quizás sea mejor así. Mientras nosotros estemos juntos ellos no van a poder olvidarse el uno del otro. Es otro sacrificio que tengo que hacer pero por mi hija yo lo hago todo, dice Victoria. ¿Entonces tú también vienes a despedirte? ¿Así no más? ¿Te vas y me dejas? pregunta Martín. Perdóname, algún día tú entenderás pero ahora no la puedo dejar sola. Ella me necesita, dice Victoria.

 

Victoria sale con Amaya de la casa...

 

Mira lo qué has hecho. Victoria se va con Amaya y me deja así como si na', dice Martín. Papá lo siento mucho. No entiendo lo qué está pasando. Victoria no tiene por qué irse con ella, dice Xavier. Sí, tiene que irse con ella porque esta destrozada y la necesita. Es su única hija, dice Martín tristemente. Se traían algo esas dos y Victoria estaba muy contenta. De repente todo se fue al diablo, dice Martín.

Perdóname, dice Xavier con su cabeza bajada.

 

Francisco y Pete

 

Esperate un momentito, Pedro. Yo la mandé a Los Angeles porque tú me pediste ayuda con ese caso. No la mandé para que tú trataras de volver con ella. Si yo sé eso no la mando para allá. Olvidate de todo. Ella ama a Xavier, dice Francisco. Ese muchachito no es para ella. Ella se merece un hombre, dice Pete. Además ya casi terminanos con el caso, dice Pete. Ella tiene una gran oportunidad aquí en la universidad y una vez termine con su trabajo en Los Angeles se cierra ese libro. Va a comenzar una nueva carrera, una nueva vida y ella se lo merece, dice Francisco. ¿Al lado de ese mocoso? pregunta Pete. No puedes obligarla a quererte Pedro y tú bien sabes que eso de estar siguiéndola a todas partes esta contra la ley. Tú bien lo sabes y uno de estos días te arresta y te mete a la cárcel, dice Francisco.

 

La Empresa Asunción

 

Estás muy serio conmigo, dice Alexis. Sí, me molestó mucho lo qué hiciste, dice Xavier. Hombre pero no es para tanto. Además a ti te gustó mucho, dice Alexis. A mi mujer no. Por favor, Alexis, no quiero nada contigo. Lo siento pero dejame en paz. Estoy harto de los problemas, dice Xavier.

 

Xavier entra a la oficina de Martín. ¿Has recibido noticias de Victoria? pregunta Xavier. No, nada, contesta Martín. Eso se acabó. Yo no voy hacerle la vida imposible. Si se quiere alejar de mí, pues ni modo. Yo estoy tan acostumbrado a sufrir que ya me da lo mismo, dice Martín. Me voy de aquí, dice Xavier. ¿Cómo que te vas de aquí? pregunta Martín. Me ofrecieron un empleo en el Departamento de Justicia. Necesito hacer algo diferente. Estoy harto de oficinas. Esto no es para mí, dice Xavier. Bueno pues me alegro por ti. Vas hacer algo que te gusta y el dibujo siempre fue tú afición, dice Martín.

 

La Universidad

 

Que bueno verte aquí. Ya andabas perdido, dice Esteban. Tengo que terminar el curso y pienso tomar otras clases este semestre, dice Xavier. No sé como tú puedes concentrarte en los estudios. Siempre fuiste el mejor en la clase y sin embargo no me acuerdo verte estudiando fuera de la escuela. ¿Cómo lo haces? pregunta Miguel. No sé aprendo mucho durante las clases y no se me olvida lo qué aprendo. Casi no estudio para los finales, dice Xavier. ¿Será por eso que las mujeres se mueren por ti? pregunta Humberto. Ese asunto también es un curso y muy importante, ríe Xavier. Ya sé que estas solo. Miguel y Alexis se la pasan juntos, dice Humberto. Será porque no puede acostarse con otra ya que debe estar todo marcado como carne en el mercado, dice Xavier. ¿Qué sabes tú de eso? pregunta Esteban. Yo nada, ríe Xavier. El profe contrató un modelo, un hombre, dice Esteban. No creo que pueda dibujar eso, dice Esteban. Miralo como arte y podrás concentrarte, dice Xavier.

 

¿Sabes lo qué tuve que dibujar la otra noche en un curso del Departamento de Justicia? Un cadáver, dice Xavier. Rayos, a mi no me gusta eso, dice Humberto. Lo único fue que después me dieron pesadillas. Me parecía que el muerto me estaba velando. Que me pedía que resolviera su caso, dice Xavier. Que feo esta eso. Yo no silbo para eso, dice Esteban. No sé como Amaya pudo tratar con esos criminales. Una muchacha tan joven. Qué valor tiene, dice Esteban. Estuve leyendo algunos casos que ella resolvió y tiene algo muy raro. Puede ver misterios a donde no los hay. Tiene un gran sentido de lo qué sufren las mujeres maltratadas y quiere vengarse de los hombres que las someten a barbaridades. Es una de las más entrenadas en el caso de violaciones sexuales. Se expone sin temerle a nada. La comprendo mucho más ahora que nunca, dice Xavier tristemente.

 

Necesitas conocer a otra mujer. Estas joven y no debes esconderte entre los libros y el trabajo. Has cambiado mucho. Ya no sales con nosotros a divertirte. Eso no es bueno, dice Humberto. No sé lo qué me pasó. Cometí tantos errores que no sé qué me pasó. Es como que se apagó la luz en mi cuerpo. No tengo deseos de nada, dice Xavier. Eso son esos cadáveres. A cualquiera se le quita la piquiña, dice Esteban. Todos ríen.

 

El celular de Xavier suena...

 

Este es Xavier, él dice. Silencio. ¿Me puede decir qué diablos le pasa conmigo? Se la pasa llamándome a todas horas. ¿Qué quiere de mí? pregunta Xavier colgando. ¿Qué fue eso? pregunta Esteban. No sé quien rayos me llama y se queda sin decir nada pero a todas horas, dice Xavier. Mira la factura de la compañía del celu a ver de donde viene la llamada, dice Humberto. Sí, voy a ver si devuelvo la llamada a ver quien contesta pero puede que llamen de cualquier teléfono público, dice Xavier. Aquí se necesita un buen detective, ríe Esteban.

 

Xavier devuelve la llamada. Nadie contesta y se corta la línea. Nada, él dice pensativo.

 

La Casa Alcaza

 

Papá, ya sé preparar arroz blanco, dice Xavier. Ya era tiempo. Yo aprendí a cocinar a temprana edad. Un hombre solo debe saber hacer de todo, dice Martín. ¿Y qué rayos vas a hacer con arroz blanco? pregunta Martín. No sé, dice Xavier. Fríe huevos y ya está, dice Martín. Alguien me sigue llamando por teléfono y luego no habla, dice Xavier. Eso son esos aparatos de celulares. Yo no me acostumbro hablar por ese aparato, dice Martín.

 

El teléfono suena...

 

Hola, dice Xavier. Nada, silencio. Papá ven acá para que oigas esto, dice Xavier. No hay nadie, dice Martín. Mire no sé que se trae conmigo pero si eres hombre nos vamos a los puños y si eres mujer nos vamos a la cama, dice Xavier enganchando. ¿Ves, qué te digo? Por el celu y donde quiera me llama. Primero era una vez en cuando pero luego ha sido casi todos los días, dice Xavier. No será la mujercita esa, la vampira, dice Martín. No lo creo. Esa mujer esta con Miguel y me creo que viven juntos, dice Xavier. Cambiate él numero, dice Martín. No mejor voy a ver si hay alguien en el Departamento de Justicia que me pueda averiguar. Ahora quiero saber quien es y pedirle cuentas, dice Xavier molesto.

 

Victoria y Amaya

 

Ya va tanto tiempo que quizás ni se acuerde de mí, dice Victoria. Lo dudo. Ese hombre además de ser bien guapo, mamá, es un hombre muy serio. Yo dudo que haya dejado de quererte así no mas, dice Amaya. ¿Y tú, hija, has podido olvidar? pregunta Victoria. No y no quiero olvidarlo. Creo que lo amo mas que nunca, mamá. Yo no soy mujer que pueda estar con un hombre y pensando en otro. Mientras él esté en mi mente, en mi cuerpo, no voy a poder amar a nadie mas, dice Amaya tristemente. Te comprendo, dice Victoria. Ya pronto podremos volver. Me hace tanta falta mi apartamento. Supe que Xavier esta trabajando para el departamento de justicia y que le va muy bien. Me lo dijo Francisco. Me alegro mucho porque así, no sé por qué, pero lo siento mas cerca, dice Amaya con lágrimas en sus ojos.

 

El Departamento De Justicia

 

Xavier entra a su oficina. Varios detectives lo saludan. ¿Querías hablar conmigo? pregunta Marie. Sí, entra y toma asiento. Esto es algo personal. Mira sucede que me están haciendo llamadas a todas horas del día a mi celu y a mi casa, dice Xavier. Eso no es ningún misterio. Es una mujer que quiere oír tu voz, sentirte cerca, dice Marie. ¿Qué dices? Pues sí. A las mujeres nos gusta hacer esas cosas, dice Marie. Yo no conozco a nadie que se vaya a poner con eso, dice Xavier. Pues un hombre no es. Un hombre más bien te llama y te insulta si tiene bronca contigo pero una mujer, sí lo hace, dice Marie. Marie, yo necesito saber quien es. ¿Puedes ayudarme? Sí claro, dame las facturas con los detalles de las llamadas y te averiguo. Hoy mismo te doy los resultados, dice Marie. ¿Hoy mismo? él pregunta. Sí, dice Marie saliendo de la oficina.

 

Hola Xavier, dice Francisco sentándose. Tengo noticias, él dice. ¿Sí? pregunta Francisco. Amaya vuelve pronto. Se ha resorbido el caso en Los Angeles y esta loca por regresar. Ya sabes que va a estar trabajando aquí pero también en la universidad, dice Francisco. ¿Aquí? ¿En este edificio? pregunta Xavier. Pues sí. Ella va ayudarnos con algunos casos pero no vuelve a trabajar las calles, dice Francisco. Que bien, dice Xavier nervioso. Te lo digo para que no te vayas a poner blanco como un papel y desmayarte si las ves aquí, ríe Francisco. Gracias, dice Xavier.

 

Xavier en su habitación

 

¿Dios mío como me sentiré cuando la vea? ¿Será la misma? Va tanto tiempo, casi dos años que no la veo. Eso es mucho tiempo. ¿Se habrá casado? Dios mío todavía la quiero. ¿Cómo voy hacer para no sufrir si tiene otro hombre en su vida? piensa Xavier.

 

El teléfono suena...

 

Hola, silencio. ¿Quién es? Sí soy yo. Marie, qué susto. ¿Me tienes noticias? pregunta Xavier. Sí, las llamadas vienen de Los Angeles, dice Marie. ¿Conoces alguien allá? pregunta Marie. ¿Estás segura? pregunta Xavier. Sí, esta clara la información en las facturas, ríe Marie. No, pero... ¿de veras? Sí, todas las llamadas salieron de Los Angeles, dice Marie. Gracias, te debo una, dice Xavier. ¿Dios mío será ella? No puedo creerlo, dice Xavier. ¿Oye, pero tú no miras las facturas? ella pregunta. No, dice Xavier pensativo.

 

El celular suena...

 

Xavier corre a contestar. ¿Sí? Nadie contesta. Mire por favor no cuelgue. Por favor, le estoy rogando, dígame quien es. Porque necesito saber, necesito saber... dice Xavier llorando. No, no me cuelgues. ¿Qué es eso? ¿Estás llorando? No llores, dime quien eres. Por favor, no cuelgues, ruega Xavier. Silencio.

 

¿Hijo qué pasa? pregunta Martín. Papá, creo que las llamadas son de Amaya, dice Xavier. ¿Estás seguro? Sí, estaba llorando y además ya sé que todas las llamadas vienen de Los Angeles. Una colega me lo investigó, dice Xavier secándose las lágrimas. Ven hijo, deja eso. No te hagas ilusiones porque vas a sufrir mas, dice Martín. Es que estaba llorando, papá. Tiene que ser ella, dice Xavier. Ven, vamos para que comas algo. Estás demasiado delgado, dice Martín entristecido.

 

Me dijo Francisco que Amaya vuelve pronto y que va a trabajar en parte para el Departamento de Justicia y también para la universidad. ¿Cómo voy hacer? pregunta Xavier. Ya va mucho tiempo. Quizás cuando la veas ya no sientas lo qué sentías en un tiempo. Las cosas cambian y las personas cambian, dice Martín. Es que yo no la he olvidado y todavía la sigo queriendo igual, dice Xavier. Qué lío, ahora vas a volver con el mismo sufrimiento de antes. Yo ya no soporto mas sufrimientos, dice Martín cubriéndose el rostro con sus manos.

Una semana después...

 

Martín en un restaurante

 

Pues yo no estoy seguro que pueda ser feliz otra vez. El tiempo y los años endurecen a uno y uno se acostumbra a estar solo, dice Martín. Sí Martín, pero eso mismo dijo mi papá y ya ve, se casó otra vez, dice Juan. Martín mira a hacia la puerta y de repente se queda mudo. ¿Qué pasa? pregunta Juan. ¿En donde diablos están mis lentes? pregunta Martín. Se pone los lentes y vuelve a mirar. Era Victoria y la mesera la dirigía a una mesa. Juan tapame, no quiero que esa mujer me vea, dice Martín nervioso. En eso entra Amaya con un niño de la mano y se sienta junto a Victoria. Martín tragó gordo. No puede ser Dios mío, dice Martín. ¿Oiga usted esta bien? Lo veo muy pálido, dice Juan. Quedate quieto que no quiero que me vean, dice Martín.

 

En eso el niño corrió tras una pelota y Martín tomó la oportunidad para verlo bien. ¿Esta es tú pelota? pregunta Martín con lágrimas en sus ojos.

 

¿Xavi, donde estas? ¿Qué haces? pregunta Amaya. Martín levanta su rostro hacia ella y sin poder evitar sus lágrimas las cuales ahora estaban corriendo libremente por sus mejillas. Martín, dice Amaya. ¿Eres tú Martín? pregunta Amaya abrazándolo. En eso Victoria se acercó a ellos. Hola Martín, dice Victoria. Hola, dice Martín mirando al niño y acariciándole los cabellos. Perdonen, me creo que me va dar un infarto, dice Martín saliendo del restaurante deprisa.

 

La Casa Alcaza

 

Martín entra desesperado. ¿Xavier? él llama. ¿Qué pasa papá? pregunta Xavier. Papá estas pálido. ¿Llamo una ambulancia? Responde, grita Xavier desesperado. No, espera, dame un vaso de agua, dice Martín. Espera un minuto que venía corriendo, dice Martín. Parece que has visto un fantasma, dice Xavier. Mira hijo, siéntate. Acabo de ver a Victoria y a Amaya, dice Martín. ¿De veras? pregunta Xavier. No vas a creerlo, dice Martín. Habla ya me tienes nervioso, dice Xavier. Amaya tenía un niño con ella y es la mera imagen tuya cuando tenías esa edad, dice Martín. Ella me vio y me abrazó y yo salí corriendo del restaurante como un estúpido. Me puse a llorar y no podía calmarme, dice Martín. Papá, no me digas eso, dice Xavier. Pues sí. El niño estaba jugando con una pelota y yo la recogí del piso y se la devolví y es como estar mirándote a ti, hijo, dice Martín llorando. ¿No puede ser, un hijo? llora Xavier. ¿Estás seguro papá? Puede que sea de otro, dice Xavier. ¿Pues no, qué te crees que estoy ciego? Además ella lo llamó, Xavi, dice Martín. Es tu hijo y mi nieto, llora Martín abrazándolo fuertemente. Ahora sé lo qué pasó. Ella vino a decirte que estaba embarazada cuando pasó lo qué pasó y después claro Victoria se fue con ella, la iba a necesitar, dice Martín. ¿Estaba sola papá? ¿Había un hombre con ella? pregunta Xavier. No, estaban solas. Yo ni vi bien a Victoria. No pude mirarla a los ojos porque tenía vergüenza que me viera llorando, dice Martín. Dios mío, papá, no me siento muy bien, dice Xavier cayendo al piso desmayado. ¡Muchacho! grita Martín desesperado. ¡Xavier, hijo, responde! Dios mío, se muere mi hijo, dice Martín llamando por teléfono.

 

El Hospital

 

Señor Alcaza, entre por favor, dice el doctor de emergencia. Su hijo esta bien pero sufrió un ataque nervioso y no lo quiero alarmar pero tiene que cuidarse. Muchos hombres jóvenes les fallan el corazón y es un peligro. Se tiene que someter a algunos exámenes. Aquí ya le hicimos algunos y todos los resultados han sido normales, dice el doctor. A él siempre que pasa malos ratos o un susto se le revuelve él estomago, se desmaya, se pone blanco como un papel, dice Martín. Pues él debe hacerse los estudios y asegurarse que todo esté bien. Puede ser simplemente nervioso pero por si acaso aquí le voy a mandar estas pastillas. Son calmantes y quiero que me vea en la oficina en unos días para comenzar los exámenes, dice el doctor. Gracias, dice Martín.

 

Hijo, dice Martín abrazándolo. Ya te ves mejor, dice la enfermera, y mira no mas lo guapo que eres, ella dice. Gracias por todo, dice Xavier. Ven, vámonos que por poco a mí me tienen que dejar aquí también, dice Martín.

 

La Casa Alcaza

 

¿Papá, crees que debo ir a verla? pregunta Xavier. Sí, y vamos los dos porque si es sangre mía tengo derecho, dice Martín. ¿Cuándo vamos? pregunta Xavier. Mañana domingo es bueno. Lo único es que no sé si están en la casa de Victoria, dice Martín. No voy a poder dormir en toda la noche. Mira ven, quiero que veas fotos tuyas cuando tenías un añito para que veas bien lo qué te digo, dice Martín.

¿Ves? Eras travieso pero esos ojos grandes y tristes, forrados de pestañas largas no sé me olvidarán jamás y el niño los tiene igualitos. También tiene tus cabellos castaños, tú nariz. Era como cuando tú estabas frente a mí jugando, dice Martín con lágrimas en sus ojos. No te pongas nervioso papá o te vas a tener que tomar las pastillas que me dieron en el hospital, dice Xavier. Martín ríe. Soy padre, es que no puedo creerlo, Dios mío, que lindo se siente, dice Xavier. Sí, es lo más hermoso del mundo, dice Martín.

 

La Casa de Victoria

 

Xavier y Martín tocan a la puerta. Victoria abre. Hola, entren, ella dice. Que lindo que estén aquí, ella dice. Para ti, dice Martín con un ramo de rosas blancas. Gracias, siéntense, dice Victoria. ¿Y Amaya? pregunta Xavier. Esta en ese parque con el niño. Mira puedes verla desde la ventana, dice Victoria. Xavier se asomó a la ventana y la vio jugando con el niño. Voy afuera un minuto, él dice dejando un ramo de rosas rojas en la mesa. ¿Quieres café? pregunta Victoria. Sí, gracias, contesta Martín. Va mucho tiempo y somos casi extraños de nuevo, dice Victoria. Él no contesta y luego pregunta. ¿Ese niño es mi nieto? Sí, es tú nieto, dice Victoria. Ya sabes por qué me tuve que ir con ella. No podía dejarla sola y me necesitaba, dice Victoria. Pudiste haber confiado en mí, dice Martín. No, ella me pidió que no lo hiciera, dice Victoria fríamente. Sufrimos mucho mi hijo y yo, dice Martín. ¿Y nosotras no? pregunta Victoria. Parece como si estuvieras molesta conmigo. Estás muy fría, dice Martín. Ella se sienta junto a él. Sí, estoy rabiosa, porque acabo de llegar y no hago más que verte, un segundo. Un segundo, Martín, y ya estoy loca por ti de nuevo, llora Victoria. Victoria, dice Martín abrazándola y besándola. Mi amor yo no puedo vivir sin ti. Me estaba volviendo loco. Quiero que te cases conmigo lo más pronto posible. No quiero volver a perderte, dice Martín besándola.

 

El Parque...

 

Muy bonito el niño... dice Xavier. Ay me asustaste, dice Amaya. Xavier se acercó al niño, jugando con él. El niño le decía no sé que cosas. ¿Qué me quieres decir con todo eso? pregunta Xavier riendo. Óyeme me esta diciendo no sé qué. ¿Tienes muchas cosas que contarle a tu padre? ¿Verdad? pregunta Xavier tomándolo en sus brazos y besándolo, abrazándolo fuertemente. Amaya hacia por no llorar. ¿Quién lo inscribió? pregunta Xavier. Mi padre, dice Amaya. Pues eso se tiene que cambiar. ¿Cómo se llama? pregunta Xavier. Vamos adentro que esta frío, dice Amaya. Responde, exige Xavier molesto. Xavi, dice Amaya tristemente. Bonito nombre, dice Xavier tomándola de la mano y caminando hacia la casa.

Papá aquí tienes a tu nieto, dice Xavier entregándole el niño. Mirale no más la misma cara de su padre, dice Martín riendo. Es el mismo, Dios mío, es como volver al pasado, dice Martín. ¿Se van a quedar a comer con nosotras? pregunta Victoria alegremente. Xavier, hijo, estás muy delgado, dice Victoria. Sí, no sé cocinar. Solo arroz blanco, dice Xavier. Victoria ríe.

 

Martín, abre esa botella de champaña, dice Victoria. ¿Cuál es la ocasión? pregunta Amaya. Martín y yo nos vamos a casar, dice Victoria sonriendo. ¿De veras? pregunta Xavier. Pues sí, no vamos a perder tiempo, ríe Martín. Que lindo, dice Amaya abrazándolos. Ponte cómodo porque no te vas de aquí hoy, dice Victoria. Mujer, pero estás muy exigente, ríe Martín. Así es, dice Victoria. Amaya baja su cabeza tristemente. ¿Qué te pasa? pregunta Xavier. Nada es que de repente me siento muy sola, ella dice haciendo cucharitas con su boca. Él lleva sus dedos a los labios de Amaya. ¿Qué es eso qué haces con tu boca cuando quieres llorar? pregunta Xavier. No sé, dice Amaya. Me vuelve loco, él dice. Voy ayudar a mamá a la cocina, ella dice retirándose. Dios mío está de buena como siempre y de repente mi cuerpo se vuelve a despertar. Que lindo volver a sentir deseos, pasión, piensa Xavier.

 

Después de la cena. Amaya acostó a Xavi. ¿Se durmió? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya mirando con adoración a su hijo. Xavier lo besa en la frente. Me voy, ya es muy tarde, dice Xavier. Hijo ven quiero un momento, dice Martín. Mira yo me voy a quedar esta noche aquí. No te olvides de tomarte las pastillas que te dio el doctor, dice Martín. ¿Qué pasa, estas enfermo? pregunta Amaya. No, no es nada. Buenas noches, me voy, estoy rendido, dice Xavier. Xavier, llama Amaya. Esperame voy contigo. ¿Adónde? pregunta Xavier. A mi apartamento, ella dice. ¿Si no es molestia, me puedes dejar allá? pregunta Amaya. No es ninguna molestia, dice Xavier. Mamá volveré en la mañana, ella dice. Sí hija, como quieras, dice Victoria.

¿Vas a dejar el niño? pregunta Xavier. No, solamente quiero darles privacidad a tu papá y a mi mamá. Xavi no se vuelve a despertar hasta mañana, ella dice. ¿Tienes novio? pregunta Xavier. Sí, siempre he tenido novio, ella contesta. ¿Qué quieres decir con eso? él pregunta. Soy de un hombre solamente, de un hombre, ella dice. Xavier traga gordo. Estaciona frente al edificio y salen del auto...

La noche estaba fría, una noche de otoño serena pero misteriosa. El aire estaba lleno de promesas, cargado de inquietudes.

 

Xavier la lleva a al apartamento. Ella abre la puerta. ¿Quieres entrar? ella pregunta. No sé si deba, dice Xavier. Por favor, ruega Amaya. Él entra. Aquí de nuevo. Mira a su alrededor... estaba embrujado este apartamento. Otra vez el aroma a esencia prohibida. Se le erizó la piel. ¿Será Bruja? él piensa. Ven, dice Amaya. ¿Qué haces? pregunta Xavier. Me estoy desnudando. ¿Qué crees? pregunta Amaya. Él se queda paralizado mirandola. No quería perder el control. ¿Y si me desmayo? él piensa. Ven, ella dice tomándolo de la mano y dirigiéndolo a su habitación.

 

¿Xavier, te acuerdas cuando me hiciste caer en el ascensor de la Empresa Asunción? ella pregunta. Sí, él contesta temerosamente. Todavía estoy allí tratando de ponerme de pies pero no he podido. Desde aquel día tú te metiste en mi corazón y no me has dejado recobrar el balance. Te robaste mi cuerpo y lo hiciste tuyo. Te llevaste mi voluntad y mis fuerzas. Ayudame a ponerme de pies para seguir amándote toda mi vida, dice Amaya. Xavier la toma en sus brazos y la lleva a la cama besándola ardientemente, acariciando aquel hermoso cuerpo, saboreando de su piel, de su boca. Mañana, nos vamos a casar y nunca nos vamos a separar otra vez, dice Xavier perdiéndose en el ritmo de los tambores que guiaban el cuerpo apasionado de Amaya y entre las paredes embrujadas de su corazón, gemidos de amor. Un pensamiento cruza por la mente de Xavier... ¿Será Santera?

 

 

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*** Fin***

 

 

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