La
Empresa Asunción
Estoy aburrido con las
chicas en este pueblo. Todas tus amiguitas son unas niñitas tontas. A mí me
gustan
las mujeres bien hembras, dice Xavier.
Mira a esa chiquilla, se la
pasa todo el día de un lado al otro como mensajera. No sé lo qué pasa con
las mujeres hoy en día, dice Juan. ¿A cual mensajera te refieres? No, porque
yo creo que son varones. ¿Estas ciego, viejo? pregunta Xavier.
Mira y dime si es hombre.
Yo de ciego no tengo nada. Esas son nalgas de mujer y como las mueve la muy
fresca, dice Juan.
¡Echale! Tienes razón.
Mirala como se mueve. Óyeme esta bien buena pero no le veo el rostro, dice
Xavier. Eso no importa, hombre. Qué rostro ni qué madre si cuando uno está
bien metió en el problema no ve eso, dice Juan.
Ah no deja eso. Yo no me
voy a la cama con cualquiera. Tiene que ser bonita, tener un cuerpo
encantador y por lo menos tenga dos o tres dientes en la boca, para que no
se muera de hambre, ya que no se necesitan, ríe Xavier.
Callate que ahí viene
Lucia. Esa vieja se pasa el día entero supervisando hasta el polvo en el
piso, dice Juan. Esa necesita macho, ríe Xavier.
Lucia se acerca a ellos.
Xavier, por favor, lleve los archivos al departamento de cuentas que los
están esperando, dice Lucia.
Xavier toma los archivos y
se dirige al ascensor... entra. Buenas, él dice saludando al mensajero. El
mensajero no contesta. Tenía un casco de motocicleta y se preparaba para
salir del edificio. Cuando la puerta del ascensor abrió, Xavier, lo hizo
tropezarse con su pie y el mensajero se fue al piso.
¿Eah rayo qué pasa contigo?
¿No contestas cuando te saludan y tampoco sabes caminar? dice Xavier
burlonamente. El mensajero se compuso recogiendo sus paquetes del piso y
Xavier siguió caminando.
Hola Miguel. Aquí tienes
los informes. La bruja Lucia me fue a buscar directamente en vez de llamarme
por teléfono. ¿Será verdad que le gusto? pregunta Xavier. Deja el relajo que
esa mujer es capaz de hacerte perder el empleo si no le das lo qué quiere,
ríe Miguel. ¿Y qué es lo qué quiere? pregunta Xavier riendo. Lo pregunto
porque me tiene que pedir exactamente lo qué quiere y de rodillas frente a
mí, ríe Xavier.
Preparate que vamos a la
playa el sábado, dice Miguel. ¿Quiénes van? pregunta Xavier. Nosotros y
Juan. Juan dice que también viene su hermana Alma y algunas amigas. A ver si
esta vez no son tan feas como la última vez, dice Miguel. ¿Hablando de eso,
sabes quien se me metió a la cama? Nada menos que Hortensia, continua
Miguel. Xavier ríe. Eso esta del carajo, hombre. Puede ser tu abuela, ríe
Xavier. Puede ser la abuela de Juan y ese también le metió mano, dice
Miguel. Óyeme, ustedes están enfermos, ríe Xavier.
Vete que ahí viene Lucia,
dice Miguel. Me fui, ríe Xavier.
Alma y
Milagros
Me dice Juan que vamos a la
playa el sábado. Ven y traete a tu nueva vecina. Sí, la negrita esa, no
importa, dice Alma. Ella casi no sale. Yo la invito pero y si no quiere a
quien más puedo invitar, dice Milagros. Bueno, yo voy con Angel así que
viene mi hermano Juan y otros dos amigos. Que no se vaya a quedar uno sin
pareja, dice Alma.
¿Tú estas segura que debo
invitar a esa chica? No, es que yo misma no la conozco bien. La encuentro
bien rara la pobre, dice Milagros. Convencela, dice Alma.
La Casa
Alcaza
Oye muchacho me dice la
vecina que ya tiene empleo en la Empresa Asunción, dice Martín. La gran cosa
va hacer ahí. Que se cuide que ahí lo qué hay es una trulla de bandidos,
dice Xavier. Sí me lo imagino y tú eres el primero, dice Martín. Yo no rompo
un plato, papá, tú lo sabes. Ese es Juan y Miguel que están acabando con las
viejas del pueblo, ríe Xavier.
Son todos unos bandidos,
dice Martín leyendo el periódico. ¿Y donde se metió la vieja? Yo tengo
hambre, dice Xavier. Esa mujer se pasa en la iglesia. A mí que le gusta el
cura, dice Martín. Xavier ríe a carcajadas. Se lo voy a decir, ríe Xavier.
Samuel
entra a la casa...
Papá, prestame el auto.
Anda viejo que tengo cita esta noche, dice Samuel. A mi no me mires que
necesito el mío, dice Xavier. ¿Y qué, ya no se come en esta casa? pregunta
Samuel. Llevátelo y no me dejes sin gasolina. ¿Con quien tienes cita si
puede saber? pregunta Mártin. Con un grupo de amigos, contesta Samuel.
Dejate de estar viendo la vieja esa que te vas a meter en un lío con su
marido, dice Martín. Si ese hombre nunca esta ahí, dice Samuel. Sí, pero uno
se lo huele cuando la mujer esta con otro, dice Martín. ¿Se huele qué?
pregunta Xavier riendo. Aquí ya no se puede hablar que todo es un relajo,
dice Martín riendo.
La Playa
Xavier, Miguel y Juan se
encuentran bajo una palma de coco acomodando sus cosas en un banco. Esas
chicas a lo mejor ni vengan, dice Miguel. A mí me da lo mismo si vienen o
no. La hermana de Juan es la más linda y tiene novio, dice Xavier. Mira ahí
vienen, dice Juan.
Óyeme, se trajeron a una
negrita, ríe Xavier. Esa es tuya. No por nada pero yo no la conozco, ríe
Juan.
Las chicas se acercan a
ellos. Bueno a ver si la pasamos bien porque ustedes son aburridísimos, dice
Alma. ¿Quién es la chica? pregunta Juan. Una nueva vecina de Milagros. Oye
Angel, ven, dice Alma. ¿Qué pasa, hombre? pregunta Xavier saludando a Angel.
¿Esas chicas se van a quedar allá? Si aquí en este banco hay espacio para
sus cosas, dice Miguel. Dejalas que se sienten allá. Después le presentamos
a Amaya. ¿Cómo se llama? pregunta Miguel. Amaya, contesta Alma y se van a
dar la sorpresa de sus vidas, ríe esta. ¿Por qué? pregunta Xavier. Ya veras,
contesta Alma. Oye Angel deja de estar mirándola. ¿Tú no te avergüenzas?,
pregunta Alma. Yo no estoy haciendo nada. ¿Qué uno no puede mirar? pregunta
Angel. ¿Qué rayos miras? pregunta Xavier. Angel se acerca a él. Tienes que
ver a esa mujer. Yo estoy nervioso, dice Angel. ¿Por qué? pregunta Xavier.
Vengan para presentarlos,
dice Alma.
Los chicos caminan hacia el
banco donde las muchachas conversan. Hola, dice Xavier mirando a Milagros y
besándola en la mejilla. Miren esta es Amaya, dice Milagros. Amaya se acerca
a ellos. ¡Diablos! dice Miquel. Callate, dice Angel. Amaya, este es Miguel,
Juan y Xavier. Mucho gusto, dice Amaya. Los chicos se quedaron mirándola un
poco nerviosos. Xavier cambió su vista, no quería y no podía mirarla. Amaya
era hermosa, trigueña, un color café, cabellos largos lacios y negros.
Vamos al agua, dice Alma.
Amaya se quitó su camisa y sus shorts y caminó junto a Alma. No la mires
así, hombre, dice Juan. ¿Qué diablos te pasa? pregunta Angel. El cuerpo
hermoso de Amaya era imposible de resistir. Xavier suspiró hondo. ¿Quién
diablos es esa mujer? pregunta Xavier. Padre santo, que linda es, dice Juan.
¿Le vieron los ojos? pregunta Angel. ¿Qué? pregunta Xavier. Mirale los ojos,
hombre. Eso es para uno morirse, dice Angel. No sé si pueda verla a los ojos
primero tengo que quitarme los ojos de su cuerpo, dice Xavier. Tiene nalgas
que tumban, Diosito, dice Miguel. Oye Angel, tú estate quieto, ya tienes
novia, dice Miguel.
Xavier aprovecha y camina
deprisa junto a ella...
¿Amaya es? Muy bonito
nombre, dice Xavier. Ella se quita sus lentes de sol, lo mira y sonríe.
Xavier traga gordo. La mujer frente a él tenía unos ojos achinados verdes,
una boca sensual y dientes del color de perlas blancas. Xavier se quedó
pensando. Dios mío que hermosa es esta mujer. ¿Quién será?
¿Vamos a tomar algo?
pregunta Xavier deprisa queriendo alejarla de los demás hombres en el grupo.
Bueno, dice Amaya caminando junto a él.
Entran al Kiosco y toman
asientos...
Lo qué quiera la señorita,
dice Xavier. Los hombres la miraban interesados. ¿Eres amiga de Milagros?
pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. ¿Te han dicho que eres bellísima?
pregunta Xavier. Una sabe cuando atrae a los hombres, pero de eso a
bellísima no, contesta Amaya. No te había visto antes, dice Xavier. ¿De
veras? pregunta Amaya. No. No me olvidaría haberte visto, es imposible, dice
Xavier. Pues yo sí te he visto antes, ella dice. ¿Dónde? él pregunta. Ayer
en el ascensor de la Empresa Asunción y como vuelvas a meterme el pie para
que me caiga, te reto a los puños, imbécil, ella dice dejándolo con la boca
abierta y caminando hacia los demás.
¡QuÉ
hostia! él dice asombrado...
Él camina tras ella
admirando aquel cuerpo tentador. Una vez junto a los demás dice, Amaya,
perdoname. Mira primero que nada yo no sabía que eras mujer y de eso a que
eras tú, tan hermosa. Te juro que si yo hubiese sabido que bajo aquel
uniforme estabas tú, te hubiese llevado a la moto en mis brazos, dice
Xavier. Todos ríen. Ella bajó su cabeza y tomó de su bebida. ¿No me vas a
perdonar? pregunta Xavier. No es importante, dice Amaya. Para mí sí, dice
Xavier. Mira yo la he pasado muy bien con ustedes pero la verdad es que me
tengo que ir. Tengo cita y se me hace tarde, dice Amaya vistiéndose.
Xavier se acerca a Miguel.
¿Qué te pasa? pregunta Miguel. Te cuento mas tarde, contesta Xavier. Adiós.
¿Te vas caminando o tienes auto? pregunta Miguel. Traigo mi moto, ella
contesta sonriendo. Ellos la ven partir sin despegar sus ojos de aquellas
nalgas sensuales.
Qué bárbaro. ¿Qué rayos fue
eso? ¿Esa mujer estaba bajo el uniforme? Te acuerdas te lo dije que era
mujer, hombre. Esto sí que esta del caray. ¿Quién rayos es? ¿Milagros...
quien es y qué es eso de que es mensajera? pregunta Miguel.
Xavier nervioso baja su
cabeza. Yo la hice caerse ayer en el ascensor, dice Xavier. ¿Por qué?
pregunta Angel. Es que saludé y no me contestó y me dio bronca, contesta
Xavier. Ya te fastidiaste y lo buena que está. Mira te digo que me metí al
agua de cabeza cuando se quitó la camisa, dice Juan. Xavier, no te pongas
así hombre. Qué se va hacer, dice Alma. Es que me gusta, qué mierda. Me
gusta mucho y no puedo creer que la hice caerse allí frente a todos y
después la dejé en el piso y no la ayudé con los paquetes que traía en sus
brazos. ¿Pero qué rayos hace una mujer así de mensajera? Diablos, la culpa
es de ella, dice Xavier molesto. ¿Le viste los ojos? pregunta Angel. Oye y
tú rápido te la llevas. No dejaste ni que la viéramos bien, dice Miguel. De
estúpido no tengo un pelo, dice Xavier. No estoy tan seguro de eso, mira lo
qué le hiciste a esa pobre muchacha, dice Angel. ¿Pobre muchacha? Me retó a
los puños, dice Xavier seriamente. Todos ríen.
Sabes, no estoy de humor
para la playa. Me creo que mejor me vaya a la casa, estoy cansando, dice
Xavier. Hombre no, mira esas chicas que vienen ahí, dice Miguel. No gracias,
estoy rendido y de mal humor, dice Xavier.
La Casa
Alcaza
¿Hijo, qué pasó? ¿Tú no
ibas a la playa? pregunta Martín. Estoy cansado, dice Xavier entrando a su
habitación. Se tira a la cama pensativo. ¿Quién será esa mujer? Jamás he
visto una mujer tan hermosa como ella. Tiene en su cuerpo un poco de todo,
india, africana, caribeña. Que cuerpo Dios mío. Qué suerte el hombre que
pueda acariciar esa piel. Sabrá a café, a caña dulce, azúcar morena y
canela. Se estaba excitando con solo pensar en probar la boca sensual de
Amaya y su piel sedosa. Vive cerca de Milagros. ¿Vivirá sola? ¿Será soltera
y sin compromiso? Eso es imposible, una mujer así tiene que tener miles de
admiradores. Hombres ricos, hombres pobres, feos y guapos, todos a sus
pies... al ritmo de su tambor, piensa Xavier acariciándose, tocándose,
excitándose más.
El teléfono suena y Silvia
responde...
Xavier, llama Silvia...
teléfono. Xavier sale y toma el teléfono. Era Humberto, uno de sus amigos de
la universidad. ¿Esta noche? Sí, muy bien. Ahí estaré. Óyeme tengo que
contarte algo serio. No te rías, hombre. Nada de eso, te veo esta noche. Por
cierto me estoy aburriendo de las clases de noche. Sí, casi me duermo la
otra noche y el profe me esta velando, ríe Xavier.
Esa
Noche
Un club
Nocturno
Xavier entra al club y se
dirige al bar donde Humberto y otros amigos lo esperaban. ¿Qué pasa?
pregunta Humberto. Ahí viene Xavier, dice Miguel. La cosa se puso fea esta
mañana en la playa, ríe Esteban. No quiero ni acordarme, dice Xavier. Este
hombre agarró ese bombón y se la llevó lejos de todos, ríe Miguel. Óyeme
Miguel tú eres más chismoso que una vieja. Ya todo el pueblo lo sabe, dice
Xavier.
Estate quieto, dice Miguel.
Mira eso, dice Humberto. ¿Qué fue? pregunta Xavier. La camarera. Xavier mira
a su derecha quedándose frió. Era Amaya que sonrientemente tomaba las
órdenes de los hombres en el bar. Esa es la negra, hombre, qué te dije, dice
Miguel. Callate que me tiene bronca. No la mires Miguel, deja eso, dice
Xavier. Tienen razón, pero mirala es una diosa, dice Humberto. Xavier la
miró de re ojo. Estaba vestida con unos pantalones negros de cuero y
ajustado a su hermoso cuerpo. Se le veía el ombligo y ahí tenía una joya que
brillaba con las luces del club. Atado a esa joya había una cadena que le
acariciaba la cintura. Lucía un sostén de cuero negro y sus senos asfixiados
en su prisión pedían auxilio para ser librados, besados, acariciados, pensó
Xavier. Xavier tragó gordo.
Ella se acerca al grupo.
¿Qué desean? preguntó dulcemente. Xavier pensó... ¿Qué deseo? Pasarte la
lengua de arriba a abajo. Deseo hacerte el amor aquí mismo sobre el
contador, en el piso, sobre la pared.
Hola, dice Xavier, una
cerveza, por favor. ¿No te acuerdas de nosotros? Estuvimos todos
juntos en la playa esta mañana, dice Miguel. Sí claro que me acuerdo,
dice Amaya sonriendo. Tenía una sonrisa de medio lado, invitadora y dulce.
Xavier cambia su vista. No quería ser débil frente a ella y no pensaba
rogarle. Se cayó por estúpida, pensó éste retirándose del grupo y
tomando asiento en una de las mesas. Los demás se quedaron tomando en el
bar. Estaban embelezados mirándola.
Samuel se acerca a Xavier.
¿Qué haces aquí, chico? Debes estar en la cama durmiendo, ríe Samuel. No
seas gracioso. No estoy de humor, dice Xavier. ¿Te fijaste en la nueva
camarera? pregunta Samuel. Sí, contesta Xavier. Esa me la echo pronto, ríe
Samuel. ¿Cómo? pregunta Xavier. La estoy velando ya hace unos días y horita
me la llevo a la cama, ríe Samuel. ¿La conoces? pregunta Xavier. No, la vi
aquí por primera vez la otra noche. Yo andaba con Amparo y cuando vi a esa
hembra me dieron ganas de llamar un taxi y mandar a Amparo a su casa, ríe
Samuel. Tú no respetas a las mujeres. Te vas a meter en un lío uno de estos
días, dice Xavier. No hermanito, lo qué pasa es que son todas iguales. No
hay mujer que no sea puta, dice Samuel. Xavier se queda mirándolo fijamente.
¿Cómo puedes decir eso? Te parió una mujer, imbécil, dice Xavier. Ya ves,
son todas putas, dice Samuel. Vete al diablo, dice Xavier.
Los otros muchachos se
sientan junto a ellos. Samuel se retira hacia el bar a conversar con Amaya.
Ese hermano tuyo ya nos echó todo a perder, dice Humberto. Es un imbécil,
dice Xavier. Lo qué no entiendo es como esa muchacha esta aquí, también es
mensajera con moto y todo. ¿Qué más estará haciendo? ¿Se estará vendiendo?
Digo yo, puede que sea otro de sus empleos. ¿No crees? pregunta Miguel. Sí,
yo creo que sí. ¿A qué mujer decente se le ocurriría hacer esas
barbaridades? Que trabaje de nueve a cinco como secretaria, dice Humberto.
Mira como están los hombres parecen lobos y ella como les coquetea, ríe
Esteban.
Mira ahí viene Miriam a ver
si te quita el mal humor esta noche, dice Miguel dirigiéndose a Xavier.
Hola, saluda Miriam. Hola mujer ven siéntate en mi falda, dice Esteban.
Xavier la ignora. Aquí todos están calientitos, ríe Miguel. ¿Oye, Miriam
conoces a la nueva camarera? pregunta Miguel. No pero tiene a todos con la
lengua afuera y eso cuando sale aquí afuera a servir se puede tocar el
silencio. Son todos unos cochinos, dice Miriam. Y tú Xavier, estas muy
calladito, dice Miriam. No las cojas conmigo. Mira por ahí esta Samuel como
perro tras la mesera, dice Xavier. Ay no, a mí me gustaría estar contigo,
dice Miriam acercándose a él y sentándose en su falta. Óyeme, estas
excitado, le dice Miriam en el oído de Xavier. Sí, yo siempre estoy así,
dice Xavier. ¿Siempre? pregunta Miriam tocándolo. Xavier miró hacia al bar
donde Amaya conversaba con Samuel. Que rabia tenía, a él no le hablaba y ni
siquiera lo miraba. Samuel no la conocía al igual que él pero ya le estaba
ganando la batalla. Dios mío, él la va a tener entre sus brazos. La va a
enamorar como siempre hacia con las mujeres y después la iba a echar de su
lado como una perra. A Samuel le gustaban las mujeres fáciles, mujeres
casadas, usadas, que necesitaban de él para sentirse más hombre. Tantas
mujeres lindas que había visto del brazo de Samuel. Las había visto llorar,
rogarle pero él lo qué le gustaba era jugar con ellas. Le gustaba presumir
de las muchas que se había llevado a la cama. ¿Y Amaya sería igual? pensó
Xavier.
Minutos después…
Xavier se acercó al bar y
pidió otra cerveza. Amaya lo miró a los ojos y él bajó su vista. Estaba
avergonzado frente a ella. Ella se acerca y le dice en voz baja. ¿No te
gustan los negros? ¿Es eso? ¿Por eso me hiciste caer el otro día? pregunta
Amaya. ¿Cómo puedes decir eso? Yo no sabía de qué color eras, por Dios.
¿Cómo me dices eso? vuelve a preguntar Xavier molesto. Tu hermano no es como
tú, sabes. Son tan distintos, qué pena, dice Amaya. ¿Cómo quieres que te
pida perdón, de rodillas? pregunta Xavier. Samuel interrumpe. Oye negra,
dame un beso. Ven acercate dejame tocarte esa correa, dice Samuel. Samuel,
estás ebrio, por Dios, respeta, dice Xavier. Este es mi hermanito menor.
Todo lo qué sabe se lo enseñé yo así es que si quieres lo mejor, ven a mí,
dice Samuel ebrio. Yo soy el maestro, ríe Samuel.
Xavier se retira y vuelve a
la mesa. Qué rabia tener que soporta a Samuel esta noche. No tenía humor
para nada y ahora ella se creía que era prejuicioso. Lo qué le faltaba.
Volvió a mirarla. Dios mío que dulce su boca. No pudo dejar de verla cuando
le habló. Se había perdido en el placer de su boca y su lengua. Había oído
las palabras lejos. ¿Se habrá dado cuenta ella de lo qué él sentía? Qué
vergüenza. No quería ser débil pero era casi imposible no perder el control.
Jamás se había sentido así con ninguna otra mujer.
Amaya se acercó a la mesa
con una bandeja de bebidas. Todos estaban mirándola hipnotizados. Movía su
cintura tan sensualmente que hipnotizaba a cualquiera y su trasero era
único, pensó Xavier. Cada músculo se movía a su propio ritmo. No te me
acerques, pensó Xavier al ella rozar su brazo con el suyo. Por Dios, no te
me acerques.
Después de unas horas,
Xavier se despidió del grupo y fue en busca de Samuel que todavía estaba
sentado al bar. Vamos Samuel, ya has tomado bastante, dice Xavier. Yo no me
voy sin la negra, dice Samuel. Ven apoyate de mí. ¿Cómo te va a ver ella
después de esto? pregunto Xavier. Amaya se acercó a ellos. ¿Te debe?
pregunta Xavier. No, ella dice. Llevátelo, qué desperdicio. En este pueblo
no hay hombres, ella dice. Xavier avergonzado bajó la cabeza y junto a
Samuel salió del club.
La
Empresa Asunción
Xavier, llama Juan. Me dice
Juan que la vieja volvió a metérsele a la cama, ríe Miguel. Al menos tiene a
la vieja, dice Xavier. ¿Vas a la clase de arte esta noche? pregunta Juan.
Sí, contesta Xavier. No sé porqué haces eso, si tú ya tienes tu maestría,
dice Juan. Me gusta el dibujo y me siento vacío si no tomo clases. El arte
me fascina, dice Xavier. Bueno, pues te iba a invitar al club pero ni modo,
dice Juan.
Mira quien viene ahí, la
mensajera, dice Juan. Xavier la vio entrar a la oficina pero la ignoró del
completo. El hijo del jefe de la Empresa, Ignacio estaba conversando con
ella. A lo mejor se la lleva a su oficina como hace con tantas, pensó
Xavier. Ignacio la tomó del brazo y Amaya obviamente estaba asustada.
Suélteme.
¿Cómo se atreve? ella pregunta molesta.
Xavier camina hacia ellos e
interrumpe. Con su permiso, tengo un sobre para usted, es urgente, dice
Xavier. Amaya camina junto a él. Una vez lejos de Ignacio, Xavier pregunta.
¿Estás bien? ¿Te hizo daño? No, es que le gusta andar agarrándome, ella
dice. Si quieres camino contigo hasta salir de aquí, dice Xavier. Bueno,
ella dice aceptando la invitación.
No sé porqué haces esto. Es
muy peligroso este trabajo, dice Xavier. Ella no contesta. ¿Todavía no me
perdonas? pregunta Xavier. Si es tan importante para ti que te perdone, pues
te perdono, ella dice. ¿Entonces somos amigos? pregunta Xavier. ¿Quieres ser
mi amigo? Soy mestiza. ¿Estás seguro? pregunta Amaya. Por Dios y dale con
eso. Ya te dije que no pienso así, dice Xavier molesto. Que pases un buen
día, ella dice alejándose.
¡Maldita sea mi vida!
¿Qué quiere de mí? ¿Por qué carajo insisto?
se pregunta Xavier.
La
Universidad
Hola Angel. ¿Cómo te va?
pregunta Xavier. A mí nada de bien. Ven siéntate, la novia esta enfadada
desde el otro día en la playa, dice Angel. ¿Y eso? pregunta Xavier. Me dice
que me quedé pasmado mirando a la negra, hombre, dice Angel. Xavier ríe. Es
que estabas como buitre, deja eso, dice Xavier riendo.
Hoy nos van a traer una
mujer desnuda para dibujar, dice Angel. ¿No me digas? Sí, el profe acaba de
anunciarlo. Así que echate mas para adelante que desde aquí no se puede ver
bien, dice Angel. No me hagas reír que luego el profe le da bronca conmigo,
hombre, dice Xavier. Mira aquí estamos casi encima, ríe Angel. Ya me pegaste
el mal de risa y olvidalo no voy a poder concentrarme, ríe Xavier.
Callate ahí viene el profe,
dice Angel. Todos frente a sus caballetes y no quiero escuchar una sola
palabra, dice el profesor, Alonso Ramírez.
Ahí viene la modelo, dice
Angel en voz baja. No puede ser, exclama Xavier. ¿Qué pasa? pregunta Angel
ahora nervioso al ver a Amaya entrar. Una sabana la cubría mientras el
profesor la presentaba al grupo de estudiantes. La modelo de hoy es Amaya
Dulce Rosales. Durante esta sesión – el cuerpo femenino, dice el profesor.
Amaya se quita la sabana y posa frente a ellos.
Xavier se había quedado
mudo desde que ella había entrado al salón pero ahora... No sabía qué hacer.
Esto era una pesadilla. Esta mujer estaba desnuda frente a él. No podía
creer su suerte. La miró de arriba abajo. Ella tenía un cuerpo entonado y
fuerte. Sus senos eran grandes, sus pezones erectos, sus partes rasuradas y
sus curvas atrevidas. Sus cabellos negros caían sobre sus hombros y su bello
rostro, un placer mirar. Había un lunar negro al lado de su seno derecho y
Xavier se concentró en él durante la sesión. Se sentía nervioso pero estaba
acostumbrado a dibujar modelos desnudos y pudo mantener su concentración.
También aquí. ¿Qué hará
tarde en las noches? ¿Será puta?
él piensa. Mensajera, mesera y modelo - ¿Qué no duerme? Se pregunta Xavier.
Estaba molesto con ella pero no sabía porqué. Le gustaba. A qué hombre no le
gustaría una mujer así pero era algo más. Quería que ella lo respetara, que
lo apreciara como amigo, como hombre y quizás algún día como amante.
Después de la sesión, los
estudiantes le dan las gracias a la modelo y esta sale del salón. Xavier
admiraba su dibujo de lápiz. Estaba bonito. En el acentuó los ojos
achinados, las pestañas largas, el lunar en el seno y aquellas facciones
faciales y hermosas. Era una belleza de mujer y tenía una hermosura salvaje,
Africana, India, al fin Caribeña. El color café de su piel hacia sus ojos
verdes brillar de una forma primitiva.
Angel se acercó a su oído.
Me voy, tengo ganas de mujer y en serio, dice este. Xavier ríe. Controlate
hombre, dice Xavier. ¿Qué tú no? pregunta Angel. Yo sí pero esa mujer es un
sueño inalcanzable y no pienso arrastrar el manto, dice Xavier. Yo estoy
arrastrando la lengua y en serio, dice Angel. Xavier ríe.
Milagros
y Alma
No pero Angel es un fresco
y no lo soporto. Estaba tras Amaya como un loco. Odio eso en un hombre, dice
Alma. No le hagas caso, son todos iguales, dice Milagros. Bueno pero
Milagros esa chica no parece de nuestra edad. Se ve mucho más mujer que
nosotras. De haber sabido que tenía ese cuerpo no la invito. Mira lo qué
pasó, estaban todos con la lengua afuera, dice Alma. No me digas que piensas
volver con Samuel, dice Milagros. Pues, lo vi la otra noche y sinceramente
no lo he podido olvidar. Él fue mi primer amor y es difícil olvidarlo.
¿Estará todavía con Amparo? pregunta Alma. Óyeme pero el esposo la dejó y se
fue. Así que Samuel casi vive allá con ella. Esa mujer tiene tres hijos y
cada uno de un padre diferente, dice Milagros. Me consta que Samuel es
simplemente uno mas, dice Alma. ¿Qué tendrá la mujer? No, porque no es nada
de bonita. Yo la encuentro muy ordinaria, dice Milagros. Es que sabe como
amarrar a los hombres y ya sabes por donde empieza ese problema, dice Alma.
Deben dar cursos en la universidad sobre ese tema, dice Milagros seriamente.
La Casa
Alcaza
Papá, llama Xavier. ¿Qué
pasa hijo? pregunta Martín. Quiero consultar algo contigo. Es un tema
personal, dice Xavier. Ya sabes que conmigo cualquier cosa, dice Martín.
Xavier se sienta junto a él. Mira papá, conocí una mujer en la playa el
otro día y me ha deslumbrado de una manera que no esperaba. Surge que el día
anterior le metí el pie en el ascensor y se cayó de cara al piso cuando la
puerta abrió. Te juro que no sabía que era mujer y no sé por qué lo hice.
Saludé al mesanjero y no me contestó y me dio bronca. Pues era ella y
ahora...
Martín interrumpe. Eso son
castigos, dice Martín. Pues sí, papá. Mira papá, esto no es una jovencita
cualquiera. Es una hembra que tumba. Es imposible dejar de pensar en ella.
Surge que fui al club nocturno y estaba allí de mesera y luego en mi clase
de arte desnuda en la pelota, papá, por Dios. No me la puedo sacar del
pensamiento. ¿Como hago? pregunta Xavier. Martín ríe. Perdona es que eres
tan dramático que causas pena. Mira yo no le veo el problema, trata de
conquistarla, dice Martín. Pues ella se cree que soy prejuicioso. Es
mestiza... de un color café que me encanta, la condenada, papá, te lo juro
es hermosísima, dice Xavier. Mira eso nos pasa a todos los hombres pero si
la mujer es libre y puedes habla con ella, tratala. Si es ajena, olvidala y
concentrate en otra chica, dice Martín. Gran consejo me das. Te digo que no
puedo arrancármela del pensamiento, dice Xavier. Tiene unos ojazos verdes
achinados. Mira se me eriza la piel, continua Xavier. Martín ríe. Perdona,
hijo, es que tú nunca me habías contado semejante cosa. Samuel estaba
también tras ella allá en el club nocturno. Estaba borracho, dice Xavier
pensativo. Eso sí que esta feo. Ese muchacho tiene siempre problemas de
mujeres y bien feos, dice Martín.
Pues no me perdona y se
cree que por el color de su piel la miré con desprecio. No he podido
convencerla, dice Xavier. Enviale rosas y una disculpa, dice Martín. ¿Tú
crees? No sé ni dónde vive, dice Xavier. Averigualo, es mas, presentátele
con el ramo en tus manos. Sé atrevido, Xavier, porque si es de linda como
dices, te la levanta otro y rápido, dice Martín.
Xavier
por teléfono
Hola Margo, es Xavier. ¿Sí
muy bien y tú? ¿Mira linda, te llamo porque quería saber si tienes la
dirección de Amaya? No, es solo que todavía quiero que me disculpe por lo
qué hice. Le quiero enviar rosas, dice Xavier. ¿Cuando? ¿Estas segura que
ella va estar ahí? No porque a mi no me invitaron, dice Xavier. ¿Entonces
puedo ir contigo como tu invitado? Está bien. Quizás. No sé. Ella no me
habla. ¿Cómo quieras, si puedes se linda y dame la dirección, sí? pregunta
Xavier.
Unos
Días Después
La Casa
Ramírez
No sabía que el profe tenía
tan linda casa, dice Xavier. Pues sí y su hija Eva es muy buena amiga mía,
dice Milagros. No la conozco. ¿Cuánto cumple? pregunta Xavier. Veinte años.
Es divina. Una muchacha muy seria y decente. Te la presento. No tiene novio,
dice Milagros. Que suerte que estoy aquí, dice Xavier. Los invitados estaban
casi todos reunidos en el jardín donde había banquetes y músicos. Milagros
lo tomó del brazo y lo llevó para presentarlo. Ya conoces al profesor
Ramírez y esta es su esposa Lidia y mi querida amiga Eva, este es Xavier
Alcalza, dice Milagros. Mucho gusto. Feliz cumpleaños, dice Xavier.
Bailamos, él pregunta tomando la mano de Eva.
¿Cómo es que no te había
conocido antes? pregunta Xavier. No sé, contesta Eva. Xavier la atrae a su
cuerpo al ritmo de un bolero. Que rico aroma. ¿Es tú perfume, tus cabellos o
tu piel? pregunta Xavier. Es mi perfume, contesta Eva sonriendo. ¿Tienes
novio? preguntó Xavier. No, contesta Eva. Pues que bueno, yo también soy
soltero, dice Xavier acariciando los cabellos rubios de Eva con sus labios.
¿Otro baile antes de irme,
sí? No te olvides, dice Xavier llevándola a la mesa. Mira Xavier ahí esta
Amaya, dice Milagros. No la veo, dice Xavier. La mujer del vestido rojo.
¿Estás ciego? pregunta Milagros. Xavier la miró de arriba a bajo. Qué mujer,
pensó éste. La brisa le acariciaba los cabellos lacios. Sus labios estaban
pintados en un rojo oscuro, su vestido rojo era ajustado y provocativo,
demasiado provocativo, él pensó. ¿Será puta esta mujer? ¿Qué se trae?
piensa Xavier molesto. No sabía por qué estaba molesto. Aparentemente a los
hombres le encantaban su atención. ¿Estará sola? ¿Con quien vino? También
estaba Eva, una muchacha decente y linda. Debería ser sensato. Él siempre lo
había sido. Decidió permanecer cerca a Eva conversando con Milagros y el
grupo a la mesa.
Oye Xavier, ven para que
saludes, dice Samuel. No sabía que estabas aquí, dice Xavier. Pues sí, ven
quiero que conozcas a mi próxima conquista, dice Samuel riendo. Xavier se
detuvo por un instante. No, no me diga que esta con Samuel porque me muero,
piensa Xavier.
Xavier camina con Samuel
unos pasos...
Amaya, ya habías conocido a
mi hermano Xavier, dice Samuel con su brazo alrededor de la cintura de
Amaya. Sí, ya nos conocemos, dice Xavier un poco molesto.
Después de unos minutos...
Te la quito un segundo,
dice Xavier tomando la mano de Amaya. ¿Bailamos? él pregunta. La atrajo a él
un poco brusco. Estaba furioso. Como pudo después de ver lo impertinente que
Samuel era. Quizás él le pagaba y a ella le gustaba, pensó Xavier. La tomó
de la cintura al ritmo de un bolero y al ella subir su rostro hacia él, la
besó en los labios. Ella se quedó paralizada por un instante y Xavier volvió
a besarla. La atrajo mas a él fuertemente besándole el oído, el rostro.
Estaba excitado y quería que ella lo sintiera. Quizás eso era lo qué a ella
le gustaba, pensó Xavier. ¿Por qué me besas? ella pregunta. Porque me da la
gana. ¿Sabes? Estoy harto de pedirte perdón y me ignoras. Como si hubiese
cometido un crimen. Si te gustan los hombres como mi hermano pues ni modo.
Él no respeta a las mujeres y tú eres otra en su lista de conquistas. Que te
vaya bien, dice Xavier llevándola a la mesa a donde Samuel los esperaba.
Ella se quedó mirándolo pero Xavier la ignoraba y poco después se excusó
volviendo a bailar con Eva.
Samuel invita a Amaya a
bailar mientras Xavier bailaba con Eva, un merengue. ¿Oye Xavier, cambiamos
de parejas? pregunta Samuel y sin poder contestar tenía a Amaya otra vez en
sus brazos. Eva estaba un poco nerviosa ya que Samuel era brusco. Xavier se
encontró con los ojos de Amaya y esta no dejaba de mirarlo fijamente. Sus
caderas se movían sensualmente y todo su cuerpo parecía estar embrujado con
la música. La gente los miraba y Xavier nervioso volvió a cambiar pareja.
Dios mío como se mueve esa mujer. No parece ser humana. Esta en otro mundo.
Su boca entre abierta y su piel en candela. ¿Será Santera? pensó
Xavier. Después del baile, Xavier dirigió a Eva al jardín. ¿Conoces a Amaya?
él pregunta. Sí, claro que sí contesta Eva. No, lo pregunto porque de
repente se presentó aquí y nadie sabe mucho de ella, dice Xavier. ¿Es novia
de tu hermano? pregunta Eva. No sé qué se traen pero ya sabes como es
Samuel. Ese tiene una mujer para cada ocasión, dice Xavier. Ella no es así,
dice Eva. ¿Cómo así? pregunta Xavier. Amaya es una mujer decente. Solo
porque es bien bonita se mete en problemas pero yo la conozco de niña y es
una muchacha decente. Lo qué pasa es que los hombres se creen que las
mulatas son fáciles. La madre de Amaya es mestiza, de madre Taina y padre
Africano. El padre de Amaya es un hombre blanco de ojos verdes. Lo tiene
todo por eso es tan linda, dice Eva. Perdoname Eva no debo estar hablando de
Amaya cuando no sé mucho de ti, dice Xavier. Pues yo soy todavía muy joven y
pienso acudir a la universidad de Miami, dice Eva. Muy bien. Yo estudié en
Nueva York también y me fue muy bien. Es un mundo distinto... un ambiente
mas liberado, él dice.
Xavier, llama Samuel. ¿Qué
quieres? pregunta Xavier. Vamos, no puedo manejar, se me fueron las copas,
ríe Samuel. Imbécil, piensa Xavier.
Xavier se excusa con Eva.
Eva, ha sido un placer
conocerte y me gustaría sacarte al cine o a cenar uno de estos días, dice
Xavier. Sí, a mí también me gustaría mucho, dice Eva.
¿Qué haces tú con esa
muchachita, hombre? Esa no te va aflojar ni una teta, dice Samuel ebrio.
Amaya bajó su cabeza avergonzada. Y a ti te lo aflojan todo, me imagino,
dice Xavier. Amaya lo miró furiosa. Vamos, dice Xavier. Yo voy a dejar mi
auto aquí hasta mañana. Llevame al apartamento de Amaya, dice Samuel. Está
bien. Dirígeme, dice Xavier sintiendo celos.
Xavier estaciona frente al
edificio a donde vive Amaya. ¿Es aquí? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya.
Gracias, dice Samuel saliendo del auto. Amaya se acerca a Xavier y dice, por
favor, no me dejes sola con él.
Él la mira asombrado. No sé
qué rayos haces con él. Te debo dejar aquí para que aprendas. Un hombre como
Samuel esta acostumbrado a mujeres de la calle, dice Xavier. ¿Vente negra,
qué esperas? pregunta Samuel. Xavier sale del auto y camina hasta la puerta
del apartamento con ellos. ¿Qué haces? pregunta Samuel. Voy con ustedes y
luego nos vamos a la casa. Estás tomado como siempre. ¿Cómo rayos piensas
llegar a la casa? pregunta Xavier. Yo no me voy esta noche, así que
desaparecete, dice Samuel. Gracias, dice Amaya frente al edificio entrando y
cerrando la puerta. Me lo echaste todo a perder imbécil. ¿Qué diablos te
pasa? pregunta Samuel. Samuel, ella no es una de esas mujeres que te
encuentras en la calle, por Dios, respeta, dice Xavier. Ah qué mierda
contigo y el respeto. Vamos no creo que pueda como quiera, dice Samuel
ebrio.
Amaya en
su apartamento
Se desvistió y se preparó
para bañarse. ¿Qué estaba sintiendo? Ay no, por favor, Dios mío, no me hagas
esto, dice Amaya.

Xavier y
Samuel
¿Qué tienes tú con ella?
pregunta Xavier. Hasta ahora nada, pero esa mujer va hacer mía y no te
vuelvas a meter en mis asuntos, dice Samuel. Ya eso es un cuento viejo
contigo. Me he convertido en el salva mujeres. No he hecho más que ser el
pañuelo de lágrimas de las mujeres que metes a tu habitación. Me debo vestir
con una capa roja y una mascara... El Salva Mujeres, dice Xavier. Samuel
ríe. Tú por estúpido. A ti nadie te manda a estar metido en mis asuntos y
con esta no te atrevas. No me importa seriamente, pero no se me escapa y ya
lo sabes, dice Samuel. Entra a la casa y callate la boca que te apesta a
mierda, dice Xavier.
Otra vez borracho. Maldita
sea. Muchacho tú te estas perdiendo en el vicio, dice Martín molesto. Oye
Xavier la próxima vez dejalo en la calle que se lo lleven preso. Esto esta
del caray, grita Martín. Llama a Silvia que lo atienda porque se vomita
encima y se ahoga el sinvergüenza, dice Martín.
Silvia sale a la sala.
Déjenlo en paz, ella dice molesta. Ven hijo, vamos, dice Silvia ayudando a
Samuel a su habitación. Por eso mismo es que esta así porque ella siempre lo
protege, dice Martín. Papá, tú bien sabes porqué es así, dice Xavier. Es que
de eso ya va tiempo, no entiendo, dice Martín. No respeta a ninguna mujer y
parece que las odia desde que Alejandra lo dejó plantado en el altar, dice
Xavier.
No vas a creerlo papá.
Amaya estaba con él y él quiso entrar a su apartamento. Ella me pidió que no
la dejara sola con él, dice Xavier. ¿La chica que tú...? Ay hijo, qué lío.
¿Tiene ella algo que ver con Samuel? pregunta Martín. No lo creo, es que no
sé como salió con él. Nos encontramos en la fiesta de cumpleaños de la hija
de Ramírez, el profesor de arte. Por poco me muero, papá, cuando la vi ahí
con él, dice Xavier con su cabeza bajada. Mira hijo, nosotros siempre hemos
sido buenos amigos y yo te he aconsejado muy bien sobre las mujeres. La
primera oportunidad que tengas con ella tienes que prometerme que te
acordarás de lo qué te dije. Vas a tener que ponerte bien listo porque si
cae en las manos de tu hermano olvidalo, dice Martín. Es que no creo que
ella quiera nada conmigo, dice Xavier. ¿Le enviaste las rosas? ¿Qué has
hecho para que te perdone? pregunta Martín. No he tenido tiempo de nada,
papá. Ponte listo. Si la quieres para ti, ponte listo, dice Martín.
Milagros
y Eva
Yo nunca lo había visto,
que guapo es. A Samuel sí lo había conocido porque se pasa de jefe en el
banco dándole órdenes a todo el mundo. Es un necio, dice Eva. Pues mira Eva
si te gusta Xavier vas a tener que luchar por él. A mí me esta que esta
interesado en Amaya, dice Milagros. Sí, me di cuenta. No podía dejar de
mirarla y parecía estar celoso que ella estuviese con Samuel. Me preguntó
sobre ella y aunque me sentí incomoda pues qué se va hacer. ¿Qué puedo hacer
yo contra una mujer así? No tengo vela en ese entierro, dice Eva. Podemos
invitarlo al cine el sábado, dice Milagros. Yo no me atrevo, dice Eva. No
seas boba, yo lo invito. Ya sabes que él es como un hermano para mí. Nos
criamos casi juntos... de niños nos conocemos, dice Milagros.
Miguel y
Angel
Estoy harto de pedirle
perdón a Alma y la condenada no me da ni la hora del día. Estoy harto con
este asunto y todo porque me quedé pegado del trasero de la negra. ¿Pero
quien no? pregunta Angel. Oye Angel me dijeron que Amaya anda con Samuel.
Imaginate ese hombre no sé como hace para tener tantas mujeres, dice Miguel.
Lo qué pasa es que él las sigue como un depredador. Es un enfermo y es
peligroso. No sabes lo qué he oído por ahí. Mujeres jóvenes, hombre. Las
mete a su habitación y se fastidian, dice Angel. Sí, Xavier me ha contado. A
ver si una lo mete preso, dice Miguel. Algo les tienen que ver las mujeres.
Es un hombre bien parecido pero es exigente y orgulloso, dice Angel. Tan
raro que sea hermano de Xavier. Yo nunca he entendido eso, dice Angel. No
seas tonto, no son hermanos de sangre, dice Miguel.
La
Empresa Asunción
¿Por qué no vienes a mi
casa esta noche? No seas tímido. Es solo una cena, dice Lucia. Es que a mi
novia no le va gustar eso para nada, dice Xavier. Ella no tiene por qué
enterarse, dice Lucia coquetamente. Gracias Lucia pero no puedo, dice Xavier
saliendo de la oficina. Ahora sí, maldita sea la vieja. Qué suerte de perro
tengo, dice Xavier.
¿Oye Xavier, la vieja te
violó allá en la oficina? pregunta Juan. Callate que esta buscando presa
fresca hoy, dice Xavier. ¿Cómo te fue con Eva? pregunta Miguel. Es muy linda
pero muy joven y sinceramente no estoy como para eso. Últimamente lo que
quiero es una mujer. Estoy harto y siempre estoy caliente, dice Xavier. Tú y
toda la populación de hombres, ríe Miguel. Qué martirio ese problema, dice
Xavier. Pues nosotros fuimos a un sitio allá en Queens donde estuvimos con
unas mujeres Latinas. Para qué te cuento. A mí me dejaron con las ganas. Es
como cuando uno come comida China... que en media hora quieres comer más.
Así, pues, dice Miguel. Ustedes están enfermos y qué con la vieja Hortensia,
pregunta Xavier. Esa mujer esta que no sabes si estás adentro o afuera, dice
Miguel. Todos ríen. Ay no empiece con las bromas que me da mal de risa,
hombre, dice Xavier riendo a carcajadas.
¿Crees que hoy vendrá la
mensajera? pregunta Juan. No lo sé, pero esta vez no va a ser el pie el que
le meta, dice Xavier riendo. Válgame, tú que eres tan serio, dice Miguel.
Es que ya se me metió mal de risa, ríe Xavier.
Callate ahí viene Lucia,
dice Miguel. Esa vieja se va a tener que poner en cuatro frente a mí, ríe
Xavier. Diablos callate. Qué fastidio cuando se te pega el mal de risa, dice
Juan.
La Casa
Alcalza
No sé por qué sigues
conmigo, Silvia. Tú va tiempo que tienes otro y yo no soy estúpido, dice
Martín. Yo no me casé contigo por amor, Martín. Me casé porque eres un
hombre serio y bueno pero ya sabías que estaba enamorada de Rodolfo, ella
dice. Pues vete, eres libre. Yo me quedo con mi hijo y tú llévate el tuyo
que sé esta perdiendo en el vicio, dice Martín.
Silvia sale de la casa
tirando la puerta.
Samuel y
Amaya
Samuel no me persigas. Me
tienes hastiada con tu conducta, hombre, dice Amaya. Mira Amaya, perdona.
Ven, yo no te estoy persiguiendo es que te encuentro en todas partes, dice
Samuel. Me sigues a todas partes, dice Amaya. Esta bien, vamos a empezar de
nuevo. Me gustas, dame una oportunidad. Vamos a mi casa para que conozcas a
mi familia y veas que somos gente decente, dice Samuel. ¿A tu casa? pregunta
Amaya pensativa. Te puedo ir a buscar este sábado y puedes cenar con
nosotros, dice Samuel. Tengo que pensarlo ya me había invitado algunas
amigas a cenar, dice Amaya. La vas a pasar mejor con nosotros, te lo
aseguro, dice Samuel.
Milagros
y Amaya
Ten mucho cuidado con
Samuel. Él tiene una reputación horrible. Yo sé que es bien guapo, el
hombre, pero trata muy mal a las mujeres. Es abusivo y posesivo, dice
Milagros. Es que... mira Milagros te voy a ser franca. Quiero ver a Xavier.
No sé lo qué me pasa con él pero quiero verlo. Si voy a la cena me imagino
que él estará ahí, dice Amaya. ¿Y después como te quitas a Samuel de encima?
Ten cuidado con eso, dice Milagros. Me imagino que tendrá que comportarse
frente a sus padres, dice Amaya. ¿Y por qué mejor no llamas a Xavier y
puedes hablar con él? pregunta Milagros. Es que no creo que yo le guste. Me
parece muy orgulloso y quizás no quiera que lo vean con una mujer mestiza.
Estaba muy acaramelado con Eva, la rubiecita hija del profesor Ramírez, dice
Amaya. Yo lo conozco de siempre y estas muy equivocada pero no me meto en
asuntos personales así que ten cuidado con lo qué haces. Puedes perder a
Xavier por completo, dice Milagros.
Martín y
Xavier
Se quiere ir... pues ni
modo. ¿Qué se puede hacer? pregunta Martín. ¿Si mamá todavía estuviese viva,
volverías con ella? Lo pregunto porque cuando te casaste con Silvia todavía
querías a mamá. Yo me acuerdo cuanto sufriste, dice Xavier. Cometí el gran
error de mi vida. Mira lo qué hice, dejé a tu madre por una mujer que jamás
me ha querido, dice Martín. Eso pasa cuando uno pierde la cabeza por eso a
ti siempre te estoy dando consejos. No quiero que sufras lo qué yo he
sufrido, continua Martín pensativo.
Samuel entra a la casa.
Martín, llama Samuel. ¿Qué pasa? pregunta Martín. Quiero traer una amiga el
sábado a cenar. ¿Vas a estar aquí? pregunta Samuel. ¿Sí, claro y tu madre?
pregunta Martín. Ella fue la que me dijo que la trajera, dice Samuel. ¿A
quien? pregunta Xavier. A ti eso no te importa, dice Samuel sacando una
cerveza de la nevera. Pues no sé por qué yo tenga que estar aquí, dice
Xavier. Como quieras, dice Samuel. Martín le hace señal a Xavier que se
mantenga callado. Que se vaya al carajo, dice Xavier saliendo de la casa.
Miguel,
Xavier y Juan en un bar
Yo por no verle la cara a
ese estúpido me la paso en mi habitación como una mujer preñada, dice
Xavier. Ese hombre esta encima de la negra como un perro culeco. Te digo que
yo estaba avergonzado, dice Juan. Es un pesado y un puerco, dice Xavier. La
mujer parece que le gusta porque ya varias veces lo he visto con ella, dice
Miguel. ¿De veras? pregunta Xavier. Pues sí, ayer estaban conversando frente
al banco. Yo pasé y saludé, dice Miguel. Allá ella, ya se lo advertí. Cuando
se encuentre en aprietos, que se la lleve el diablo, dice Xavier. Tú no
podrás llevar una novia a tu casa porque ese hombre te la quita enseguida,
dice Juan. No sé lo qué las mujeres le ven, dice Miguel. A lo mejor les
gusta que las traten como trapos. Este sábado va a traer a uno de sus trapos
a la casa para cenar. Esa va a terminar en su habitación, dice Xavier. Qué
descaro y en tu casa, dice Juan. Silvia le tapa todo, por eso es así como
es, dice Xavier. A Silvia la vi en un restaurante con un hombre que parecía
tener mucho dinero, dice Juan. ¿El americano? pregunta Juan. No, lo pregunto
porque ese tipo no lo había visto antes. Ya va como dos meses que lo veo de
cada rato por ahí, continúa Juan.
La Casa
Alcalza
Xavier, llama Silvia. ¿Qué
pasa? pregunta Xavier. No te vayas a desaparecer. Vamos a recibir visita,
dice Silvia. Yo tengo un compromiso, dice Xavier. Pues hoy no, dice Silvia.
No sé por qué yo tenga que estar aquí, dice Xavier molesto. Esconde el ron,
si no ese hijo tuyo nos va hacer pasar una vergüenza, continua Martín. Ay
qué fastidio, dice Xavier sentándose frente a la televisión. Vete a bañar y
vístete, dice Martín. Que se vaya a la mierda la mujer de Samuel. Si no le
gusta, que no venga más, dice Xavier molesto. Vete a bañar que ya es tarde,
dice Martín.
Dos
Horas Después...
Samuel entra a la casa con
Amaya. Martín, esta es Amaya Dulce Rosales, este es mi padrastro Martín
Alcalza. Mucho gusto. Está en su casa, dice Martín. Mucho gusto, contesta
Amaya. Mira esta es mi mamá Silvia. Mucho gusto, que linda eres, dice Silvia
dulcemente. Gracias. Muy bonita su casa, dice Amaya. Pasen a la sala. ¿Te
gustaría un brandy? pregunta Silvia. Sí, gracias, contesta Amaya. Martín se
quedó mirando a Amaya. Eah diablo si es la mujer de la cual Xavier me había
contado. Tiene que ser ella. Que linda esta. Pobre hijo mío, piensa Martín.
Xavier sale del baño con
una toalla alrededor de su cintura y se dirige a la nevara. Por Dios. ¿Qué
haces? Tenemos visita, grita Silvia. Xavier miró hacia la sala y se encontró
con los ojos de Amaya. Hola, él dice avergonzado. Perdona, no sabía que
estabas aquí, él dice entrando a su habitación.
Xavier
en su habitación…
No puedo creer que esté
aquí en mi casa. ¿Bueno pero qué diablos le pasa a esa mujer? Quiere macho y
no le importa, me imagino, piensa Xavier vistiéndose.
Xavier sale a la sala. Hola
perdona otra vez, dice Xavier tomando asiento. Ya conoces a mi hermano
menor, dice Samuel sentado al lado de Amaya posesivamente. Bueno, Amaya, yo
no te había visto antes pero me eres parecida, dice Martín. Pues a lo mejor
me haya visto en algunas revistas modelando, dice Amaya dulcemente. A lo
mejor, dice Martín. A lo mejor en revistas de Playboy, piensa Xavier.
¿Vives con tus padres? pregunta Silvia. No, vivo sola, pero mi padre es el
dueño del edificio donde vivo y mi mamá no vive muy lejos, dice Amaya.
¿Vaya, y como se conocieron ustedes? pregunta Martina. La conocí en el
banco, dice Samuel. Ya vamos a pasar al comedor, dice Silvia. Xavier
totalmente los ignoraba a todos y estaba viendo la televisión. Estaba
furioso. Esto no le podía estar pasando. Estaba harto de esta mujer y no
podía mirarla. Ver su piel sedosa, sus ojos achinados, su cuerpo tentador y
cuando se ponga de pies ese trasero me va hacer perder el paso y a lo mejor
me voy a caer de cara al piso frente a todos, pensó Xavier.
Todos pasan al comedor.
Xavier ven, dice Martín. Ya sé lo qué esta pasando, hijo, pero por favor
controlate que no quiero problemas, dice Martín. Xavier obedece. Oye Amaya,
estas bien linda. Cada vez que te veo estas mas linda, dice Xavier. Gracias,
contesta Amaya. Samuel lo mira furioso. Te lo voy echar todo a perder,
imbécil, piensa Xavier mirando a Samuel fijamente a los ojos. A mi
hermanito le hace falta una novia, o mejor dicho una mujer, ríe Samuel.
Martín los mira nervioso. A ese siempre le tocan mis sobras, ríe Samuel. Eso
es porque todavía no he encontrado la mujer ideal y no pierdo tiempo con
cualquiera, dice Xavier mirando fijamente a Amaya a los ojos. Ella cambió su
vista deprisa y avergonzada. Además los restos tuyos no valen nada. A qué
mujer decente... dice Xavier. Dejen eso, interrumpe Martín. Hijo, vamos a
invitar a Amaya a la casa de campo. Amaya te va encantar, dice Silvia. Me
gustaría mucho, dice Amaya.
Después de la cena todos se
retiraron a la sala a tomar café. Ven quiero que veas mis trofeos, dice
Samuel. Martín mira a Xavier y se intercambiaron miradas. Amaya siguió a
Samuel a su habitación. Xavier se acercó a Martín. Es ella, papá, dice
Xavier. Sí me lo imaginé cuando la vi. No sé qué decirte hijo, dice Martín.
Tocan a
la puerta y Martín abre...
Hola, entra, dice Martín.
Ando buscando a Samuel. Me dejó esperándolo en la casa, dice Amparo. Que
bueno se va a poner esto, piensa Xavier. Ven siéntate, dice Martín. Voy
por él, dice Silvia. Samuel sale a la sala con Amaya de la mano. Amparo, él
dice nervioso. ¿Qué haces aquí? pregunta Samuel. Me dejaste esperándote.
¿Cómo qué hago aquí... y quien es esta mujer? pregunta Amparo con sus manos
en su cintura furiosa. Es... es la novia de Xavier. Mira esta es Amaya, dice
Samuel. Xavier se puso de pies y tomó a Amaya por la cintura. Sí, Amparo
esta es mi novia, dice Xavier. Pues vámonos. No te quedes ahí parado como un
imbécil. Tengo invitados y nos esperan en la casa, dice Amparo. Xavier
acercó a Amaya a su cuerpo acariciándole el brazo con su mano y sintiendo su
piel sedosa. Pues ustedes se pueden quedar aquí discutiendo pero nosotros
nos vamos, dice Xavier con Amaya de la mano. Toma tu bolsa y vámonos, dice
Xavier. Amaya sale de la casa con Xavier y se meten al auto.
Martín riéndose se mete a
la cocina y Silvia se queda paralizada con la escena.
¿Cuándo me vas hacer caso?
Te ando diciendo que Samuel es un bandido. ¿Qué rayos te traes con él? ¿Eres
su amante? pregunta Xavier. No y... contesta Amaya. No me des explicaciones
la verdad que no me importa. Te metes a la boca del león y mira lo qué te
pasa. Esa mujer es la mujer de Samuel, una de ellas, dice Xavier. Dejame
hablar, dice Amaya. No, ya te dije que no me importa. Ella permanece callada
y lágrimas corrían por sus mejillas. ¿Por qué lloras? pregunta Xavier. No te
importa... acabas de decirlo, contesta Amaya. Aquí estamos, dice Xavier.
¿Qué quieres? ¿Sal del auto o esperas que te abra la puerta? pregunta Xavier
molesto. Gracias, dice Amaya saliendo del auto y Xavier arranca.
En el auto
Que estúpido soy. Debí
haber tomado la oportunidad. Es que estoy furioso. Rayos debo volver y
disculparme y abrazarla y secarle las lágrimas, consolarla. Que estúpido
soy, dice Xavier haciendo una derecha en la carretera y volviendo al
edificio. Salió deprisa y tocó la campana. Ella contesta. ¿Quién es? Es
Xavier, él contesta. Entra, dice Amaya. Xavier sube el ascensor al piso
veinte a donde Amaya vive. Toca a la puerta. Ella abre. Perdoname es que
estoy furioso, dice Xavier. Ella le da paso y él entra al apartamento. Miró
a su alrededor. Que lindo apartamento. Había una media luz que brillaba de
unas lámparas postradas en mesas de noche. Los colores en las paredes del
apartamento eran colores caribeños y africanos. Había pinturas de Antonio
Broccoli Porto y "Baile de Bomba 2" de Samuel Lind. También había un aroma a
esencia en todo el apartamento que llevaba los sentidos a un misterioso
ritmo de tambores, algo primitivo bajo los ojos de Dioses sin nombres, algo
oculto entre las paredes, un ritmo de amor bajo las sabanas.
¿Quieres tomar algo?
pregunta Amaya. Sí gracias, una cerveza, dice Xavier. Siéntate, ella dice
dulcemente. Mira Amaya estoy casi seguro que Samuel se va a venir a buscarte
y creo que sea mejor que yo me quede un rato aquí, por si acaso, dice Xavier
mirándola por detrás. Que rico sería estar ahí adentro, él pensaba. Sí,
gracias, contesta Amaya dándole una cerveza y tomando asiento junto a él.
Xavier, quería decirte que
la razón por la cual fui a tu casa esta noche fue porque quería verte, dice
Amaya. Xavier casi se ahoga con la cerveza. ¿Estas bien? ella pregunta. Sí,
él contesta. ¿Qué querías verme? pregunta Xavier. Pues sí, dice Amaya. ¿Y
por qué? pregunta Xavier. No sé, dice Amaya. Xavier coloca la cerveza en la
mesa y se acerca a ella. Le sube el rostro con su mano. No me hagas esto,
por favor, hablame, dice Xavier. Es que no he podido sacarte de mi
pensamiento y también quería disculparme. Me he portado muy mal contigo,
dice Amaya. Xavier la besó tiernamente en los labios y luego volvió a
besarla buscándole la lengua con la suya. Ella respondió a sus besos. Xavier
la besó desesperado, enloquecido y luego hizo por controlarse. Perdoname va
tiempo que quería besarte así, él dice. Ella lo mira a los ojos y luego lo
besa, lo acaricia, lo muerde tiernamente en los labios. Se levanta del sofá
y lo toma de la mano llevándolo a su habitación. Lo desviste y él la
desviste a ella. Ella se baja frente a él y lo acaricia con su lengua
tomándolo en su boca y él la levanta. La toma en sus brazos y la lleva a la
cama. La besa toda, acariciándola, mordiéndola, haciéndola gemir de placer.
Le separa las piernas y la toma en su boca y ella se desespera. Él la
muerde, la busca con sus dedos, la enloquece y luego lleva su boca a
aquellos senos jugosos y sensuales, buscando el lunar, besándolo,
acariciándolo. El cuerpo de Amaya estaba en candela y no podía controlarse.
Lo tomaba en sus manos dirigiéndolo hacia ella pero él no se l permitía. Él
tomó las manos de Amaya en las suyas aguantándola contra la cama. ¿Qué
quieres? él pregunta enloquecido de pasión. ¿Dime qué quieres de mí? él
vuelve a preguntar. Por Dios, Xavier no seas malo, ella dice apasionada. Me
puedo quedar aquí toda la noche así que mejor dime lo qué quieres de mí,
exige Xavier. Ella gime apasionada y no podía controlar su cuerpo que
ondulaba, buscándolo, tratando de unir sus cuerpos. Dime, exige Xavier.
Hazme tuya, Xavier, por favor, ruega Amaya. Xavier la tomó desesperado
uniendo sus cuerpos y llevándolos a un éxtasis de amor y pasión... a un
sitio salvaje donde el ser humano jamás había pisado y allí escondidos y
asolas, apagaron el fuego que los consumía.
Poco
después...
Samuel borracho toca a la
puerta de Amaya. Amaya, llama Samuel molesto. Abre la puerta. Yo sé que
estas ahí.
Dejalo que se muera, dice
Xavier besándola. Me va a tumbar la puerta, dice Amaya. Si quieres lo echo,
dice Xavier. No... no quiero que te vea. No quiero problemas entre ustedes,
dice Amaya.
¡Oye puta, abre la puerta,
carajo! grita Samuel.
Xavier se viste deprisa.
¿Qué haces? pregunta Amaya. Quedate ahí. Te llamo mañana, dice Xavier
saliendo de la habitación. Xavier abre la puerta. ¿Qué rayos quieres
imbécil? pregunta Xavier enfurecido. Samuel hace por empujarlo y sacarlo al
pasillo pero Xavier logró evadirlo y Samuel cayó al suelo donde permaneció
sin poder ponerse de pies. Xavier lo tomó del brazo y lo llevó a su auto
empujándolo al asiento de atrás.
Al llegar a la casa, Xavier
lo saca casi arrastras del carro y lo empuja por la puerta principal y
Samuel cae al piso.
Ya sabía yo que ibas a
volver borracho como un perro, dice Martín. Papá, ayudame, dice Xavier. Me
dan ganas de dejarlo afuera en la calle, dice Martín. ¿Y Silvia? Que lo
venga atender, dice Xavier. Esa no ha llegado, dice Martín. Papá no vas a
creer lo qué pasó, dice Xavier. ¿Qué fue? pregunta Martín alterado. Ven,
dice Xavier llevándolo a la sala. Papá me dijo Amaya que había venido aquí
solo para verme a mí, y se me entregó, dice Xavier. Échale hombre así se
hace, dice Martín sonriendo. Me controlé hasta que me rogó, pero papá fue lo
más difícil que he tenido que hacer en mi vida, dice Xavier. Martín ríe. Tú
si que tienes cojones, hombre. Yo nunca pude, dice Martín. ¿Cómo que te
controlaste? ríe Martín. Maldita sea, viejo. ¿No me dijiste que tenía que
ejercer control? pregunta Xavier. Sí, hijo pero nunca te dije que yo había
podido resistir, ríe Martín. Ah no qué broma, ríe Xavier. Ambos ríen y se
abrazan.
Al día
siguiente...
No puedo creer que la
tuve en mis brazos y se entregó a mí completamente. Me hubiese quedado con
ella toda la noche pero es mejor que me necesite. Dejala que me busque, que
se desespere, piensa
Xavier entrando al baño.
¿Qué vas hacer hoy, hijo?
Mira que por ahí anda Samuel como loco. Ten cuidado, dice Martín. Dejalo que
se meta conmigo, dice Xavier desde el baño. Se le van a quitar las ganas de
andar fastidiando, dice Xavier. Sabes que la Silvia nunca vino anoche, dice
Martin. Ay papá ya eso no silbe, no tiene remedio. Dejala que se vaya y se
lleve a su hijo, dice Xavier. Pues sí, ya le dije que se largue y a lo mejor
se fue anoche, dice Martín. Xavier sale del baño. Mira papá si quieres mujer
te voy a presentar a Lucia, la supervisora de la Empresa. Te va a gustar
mucho, ríe Xavier. Oye sin broma esto se esta poniendo feo, dice Martín. Ah
también esta Hortensia, ríe Xavier. Los muchachos dicen que no se sabe si
uno esta adentro o afuera, ríe Xavier. Que frescos son todos. Son unos
bandidos, ríe Martín.
Xavier
por teléfono...
¿Hola, te desperté?
pregunta Xavier. Sí, dormí muy bien. ¿Hoy? No sé. No es bueno que me pase en
tu apartamento. Es que te vas a cansar de mí, dice Xavier. Óyeme, tranquila,
está bien, paso mas tarde. Sí, mujer ya te dije que voy. ¿Necesitas que te
lleve algo de afuera? Válgame, mujer, que fresca. No sé si pueda, se me cayó
en el baño esta mañana. Está bien, te veo mas tarde, ríe Xavier.
Samuel entra a la casa y se
dirige hacia Xavier. Dame el teléfono, imbécil, dice Samuel. ¿Qué haces
estúpido? grita Xavier empujándolo. Si te crees que me la vas a quitar estás
muy equivocado. Eres un imbécil. ¿Sabes quien ella es? A que no-te ha dicho
quien es, grita Samuel. Mira Samuel si te quieres ir a los puños tu bien
sabes que conmigo cuando quieras, dice Xavier ahora colgando el teléfono. Me
voy a reír mucho de ti cuando sepas quien es la puta esa. Preguntale dónde
la conocí, estúpido, dice Samuel entrando a su habitación.
La
Universidad
Xavier conversa con el
profesor Ramírez. Tienes gran talento y lo debes cultivar, no lo eches a
perder. Me he fijado que tienes ojo para el detalle y eso es muy importante.
La mujer es perfecta porque tiene de todo un poco de nuestras tierras
caribeñas y me impresionó el detalle y el énfasis en ese lunar que por
pequeño que fuese, es el detalle principal en tu dibujo. Sabes algo, hay
unos cursos dirigidos a las personas interesadas en casos de crímenes, tal
como los detectives y es muy importante el detalle porque así se han podido
descubrir muchos delitos. No sabes lo qué hace esa gente. Se meten en medio
de las balas para descubrir los crímenes viviendo entre el basurero. Yo les
admiro muchísimo. En unos meses aquí vamos a conducir una serie de
presentaciones de un grupo de esos estudiantes y quiero que estés presente.
El dibujo y la profesión de policía y detectives privados van uno en uno y
puedes trabajar en algo que sí te guste. Tenlo en mente y si me necesitas
para cualquier cosa estaré aquí. Me ha impresionado muchísimo tu dibujo,
dice Ramírez. Gracias profe, es muy interesante todo lo qué me ha contado y
me gustaría mucho dibujar como profesión, dice Xavier.
Xavier
Entra a una florería.
Señorita, por favor, dos docenas de rosas rojas de las más bellas que tenga
y una caja de los más finos chocolates, ordena Xavier. ¿Quiere dedicar las
rosas? pregunta la empleada de la florería. No gracias, yo las llevo en
persona, dice Xavier. Ay qué suerte la de esa mujer, dice la cajera,
mirándolo de arriba a abajo. Él sonríe.
Poco después...
Toca a la puerta de Amaya.
¿Quién? ella pregunta. Xavier, él contesta. Ella abre temerosa al principio
y luego al verlo, dice, Xavier espera un momento que tengo que quitar la
cadena. Luego abre. ¿Para mí? Que belleza, ella dice abrazándolo y
besándolo. ¿Qué pasa con la cadena? él pregunta. Me estuvieron tocando la
puerta esta mañana y no me respondían, ella dice. ¿Estas lista? Tengo
reservaciones en el restaurante y luego a donde quieras, dice Xavier. Sí ya
estoy lista. Dejame acomodar las rosas en un frasco primero, no tardo.
Xavier volvió a mirar a su alrededor. Que lindo se sentía estar aquí. El
apartamento tenía un ambiente a tierra, a naturaleza, a razas y raíces. Le
encantaba la decoración de mascaras africanas, de pinturas caribeñas y del
aroma a esencias. En una pared había una pintura de una mujer Africana,
desnuda con cadenas en sus manos y sus pies pero sus ojos eran verdes y sus
cabellos lacios y una mirada captada por el pintor que decía, yo soy lo qué
hiciste de mí. Qué belleza, pensó Xavier.
Vamos, dice Amaya. ¿Quién
decoró tu apartamento? pregunta Xavier en el ascensor. Mi mamá, dice Amaya.
Por Dios mujer, es divino, dice Xavier. Me alegro que te guste porque pienso
raptarte y no dejarte ir nunca, dice Amaya besándolo. Ay no, se me esta
quitando el apetito, él dice sonriendo.
En el
restaurante
Dos hombres se dirigen a
ellos y preguntan. ¿Señorita Rosales? ¿Ay Francisco, como estas? pregunta
Amaya. Mira este es mi amigo Xavier Alcaza. Este es el sargento Francisco
Aldama y el detective Roberto Erazo. Un placer, dice Xavier. Cundo tengas
tiempo necesitamos revisar algunos documentos que por suerte me llegaron a
la oficina esta mañana, dice Francisco. Sí claro llamame a la casa esta
noche, dice Amaya. Bueno, los dejamos, buen provecho, dice Francisco.
¿No quisiera hacerte
preguntas pero detectives? pregunta Xavier. Es un tema bastante complicado.
No tengo la libertad de devotar los detalles pero yo te lo explico todo
pronto. Es que nos hemos conocido hace un par de semanas y como entenderás
una tiene que ser precavida. No te ofendas es que es un mundo muy peligroso
en el cual vivimos, ella dice. ¿Qué rayos querrá decir con eso?
piensa Xavier.
También me vas a explicar
por qué eres mensajera y modelo y como dicen los americanos "bartender",
dice Xavier. Por la misma razón. Es un tema del cual no puedo hablar.
Perdoname ya lo sabrás todo a su debido tiempo, ella dice. Es muy difícil
tratar con una persona con tantos secretos y misterios, dice Xavier. Xavier,
yo a ti no te estoy haciendo preguntas y sin embargo me encanta estar
contigo, dice Amaya. Yo no tengo secretos, dice Xavier. Yo tampoco, dice
Amaya ahora molesta.
¿Estas de humor para ir al
cine o dar una vuelta por la playa? pregunta Xavier. Sabes... mejor no. Creo
que deba regresar al apartamento cuanto antes, dice Amaya. ¿Para verte con
el sargento? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya. Ni modo, vamos, dice
Xavier molesto.
¿Te llamo mañana, sí?
pregunta Amaya. Si tienes tiempo, dice Xavier burlonamente.
Xavier permaneció en el
auto. ¿Qué se trae esta mujer? Anoche me pareció que le gustaba y hoy nada,
un beso y nada más. ¿Qué se traerá con el sargento y el detective o mejor
dicho con esos hombres? piensa Xavier. Estaba celoso y lo sabía pero no
podía controlar sus celos. Qué miedo tengo de pensar lo peor. Quizás Samuel
esté en lo cierto, piensa Xavier.
La
Empresa Asunción
Estas muy calladito, dice
Miguel. Estoy muy ocupado con estas cuentas. Sabes, cada día la empresa hace
más y más dinero pero con pocos recursos, dice Xavier. Ahí viene Lucia, dice
Miguel. Maldita sea la vieja esa, dice Xavier.
Lucia se acerca. Xavier
pasa a mi oficina por favor, dice Lucia. Miguel y Juan se miran de re ojo.
Dale lo qué quiere, cierra los ojos. Oye y lávate las manos, ríe Miguel.
Xavier toca a la puerta de
la oficina de Lucia.
Entra y toma asiento, dice
Lucia. ¿Qué te gustaría lograr a ti en esta empresa? ¿Cuál es tu meta?
pregunta Lucia. La verdad, no lo he pensado. Soy buen trabajador y si hay
oportunidades para ascenso pues claro que me gustaría, dice Xavier. Yo puedo
ayudarte. Si me permites, dice Lucia mirándolo a los ojos.
Tocan a
la puerta...
Lucia abre. Hola... aquí
están los archivos de la Empresa Jiménez. Xavier se voltea al oír la voz.
Era Amaya en su uniforme de mensajera. Ella lo mira fijamente y parecía
estar molesta. Espere un momento que tengo varios sobres para que los lleve
de vuelta, dice Lucia saliendo de la oficina.
Amaya se quedó mirando a
Xavier. ¿Qué te pasa? pregunta Xavier. ¿Qué me pasa? Cada vez que vengo aquí
esa vieja te tiene aquí. ¿Qué me pasa? Le voy a sacar los ojos, eso es lo
qué me pasa, dice Amaya rabiosa. Esperate, no es para tanto, yo trabajo
aquí, dice Xavier. No para que esa bruja te ande comiendo con los ojos. ¿Qué
te crees que soy estúpida? ¿Qué haces aquí con la vieja? pregunta Amaya.
Baja la voz y controlate, dice Xavier. Cada vez que vengo estas aquí. ¿Qué
te tiene atado por los cojones a esa silla? pregunta Amaya. Mira calmate. Me
estas ofendiendo. Yo no tengo nada con la vieja, dice Xavier. Y menos vas a
tener en un momento, dice Amaya enfurecida.
Lucia regresa con dos
sobres. Es urgente que los reciban enseguida, dice Lucia. Amaya mira hacia
Xavier que todavía estaba en la oficina. Amorcito, te espero en casa
temprano esta noche, ella dice saliendo de la oficina. Lucia lo mira
asombrada. Xavier tragó gordo. ¿Esa chica es tu novia? pregunta Lucia. Ah...
bueno... sí, contesta Xavier enrojeciendo.
Un rato
después...
¿Qué pasó con la vieja? Oye
Xavier vas a tener que hacer algo. Todo el mundo sabe que la vieja se bebe
las babas por ti, dice Juan. No saben lo qué me acaba de pasar, dice Xavier.
Miren es mejor que les cuente porque de todas maneras se van a enterar.
Amaya y yo... pues... no sé si seamos novios pero... dice Xavier. ¿Te la
echaste? Hombre, cuéntanos, dice Miguel. Mira la cosa es que me encontró con
Lucia e hizo un escándalo. Me pidió cuentas que por qué siempre estaba en la
oficina de Lucia y antes de irse le dio a entender a Lucia que es mí...
mujer. Por poco me muero. No pude creerlo, dice Xavier. Le tiene que haber
gustado lo qué le hiciste, cuéntanos, dice Miguel. No. ¿Cómo voy hacer eso?
Esto es serio y dejen de estar tras ese trasero, ya eso es mío, hombre, dice
Xavier. Qué pena, dice Juan entristecido.
Angel y
Alma en un restaurante
Pienso irme, no sé a donde
todavía, pero si no estoy contigo no quiero permanecer aquí, dice Angel. Es
que tú no entiendes Angel, yo quiero algo más estable, quiero una familia,
hijos, un hogar. Estoy harta de andar con jueguitos contigo, ya basta, dice
Alma. Pues por eso, dice Angel, arrodillándose frente a ella. ¿Quieres ser
mi esposa? él pregunta con un anillo en su mano. ¿Qué? Dios mío Angel, ella
dice emocionada. No puedo creerlo. Sí, claro que sí, quiero ser tu esposa,
dice Alma abrazándolo.
El
apartamento de Amaya
Es Xavier, él dice. Amaya
abre la puerta. Entra, ella dice. ¿Quieres algo de tomar? ella pregunta. No,
gracias, dice Xavier. Se sentía incomodo. De repente se sentía como un
extraño pero no sabía por qué. Ella se sentó junto a él en el sofá. ¿Me
perdonas? pregunta Amaya. ¿Por qué? pregunta Xavier. Por lo de la vieja,
contesta Amaya. Él baja la cabeza y no contesta. Ella le acaricia el rostro,
los cabellos. Lo besa metiéndole la lengua. Él responde. Ella se sienta
encima del besándolo, mordiéndolo. Él estaba perdiendo el control. Se
levanta con ella todavía encima de él y la lleva a la cama. La desviste
bruscamente y voltea su cuerpo besándole el cuello, la espalda,
acariciándole las nalgas, mordiéndola, lamiéndola, jugando con ella,
torturándola y la toma tiernamente y ella se entrega estremeciéndose en sus
brazos mordiéndolo y exigiendo más.
Milagros
y Eva
Pues lo qué pasa es que
ellos están juntos según lo qué me dijo Miguel. No se sabe como fue eso pero
es con Xavier que ella tiene una relación y no con Samuel. Ella me había
confesado que estaba interesada en Xavier. Me alegro porque yo sé que Xavier
estaba como loco por ella. Yo nunca lo había visto tan interesado en una
mujer, dice Milagros. Pues qué lastima pero yo también me di cuenta que
ambos se gustaban. Durante la fiesta de cumpleaños no se dejaban de mirar,
dice Eva. ¿Ya sabes que Alma y Angel se comprometieron? pregunta Milagros.
Sí, que lindo. Esos dos llevan mucho tiempo de noviazgo, dice Eva.
La
Universidad
El profesor nos mostró a
todos tu pintura de la hermosura de mujer. Mira se me eriza la piel. Que
bien captate sus ojos y todo. Me he quedado asombrado. ¿No será que tú
tengas detalles de ese cuerpo que nosotros no tengamos? pregunta Esteban. En
ese entonces, no, ahora sí, dice Xavier. ¿Qué? pregunta Humberto. No pero
ven acá como va hacer eso, cuéntanos, dice Esteban. No hay nada que contar.
Yo no me voy a poner a contarle a nadie lo qué haga en la cama. Es una falta
de respeto hacia la mujer, hombre. Solo que sí, estamos juntos, dice Xavier.
Tu sabes lo qué me dijo el
profe que de esa lección iban a elegir estudiantes para empleos relatados
con las investigaciones de crímenes y forense. Yo no lo sabía y te digo
que, tú me perdonas, pero lo único que hice fue soñar con el cuerpo de esa
mujer en mi cama. Lo eché todo a perder. No pude concentrame y me
arrepiento, dice Esteban. Yo tampoco pude, se me quedaron los ojos pegados
en las partes rasuradas y de ahí no vi nada más, dice Humberto. No sé como
tú pudiste, hombre, y también dibujar tan bien con tanto detalle. Es
increíble, dice Humberto. No, bueno, también se me hizo difícil pero me
encanta el dibujo y yo estoy dibujando desde niño. En cuanto tomo en mi mano
el lápiz me pierdo en otro mundo. Después que me fui a la casa fue que me
entró la piquiña pero eso fue pura candela, dice Xavier. Vamos al club
luego, dice Esteban. Sí, vamos, contesta Xavier.
El club
Nocturno
Miguel, Esteban, Humberto,
Juan y Xavier toman cervezas charlando en una mesa. Oye, esas mujeres nos
mandaron cervezas, dice Humberto. ¿De veras? pregunta Xavier. Sí, acaban de
ordenar cervezas para todos nosotros y parece que quieren que las invitemos
a la mesa, dice Esteba. Ellas están bien allá, aquí no caben, dice Xavier.
No seas estúpido, hombre, dice Miguel. No están tan mal, dice Juan. Xavier
miró hacia el bar donde Amaya estaba ocupada con los clientes.
Amaya se acercó a la mesa.
Aquí tienen, cortesías de las chicas en esa mesa, ella dice sin mirar a
Xavier. Todos miraron a las mujeres y sonrieron. Xavier bajó la cabeza.
Amaya lo miró molesta. Xavier se enderezó en su silla cambiando su vista.
Qué lío, él pensó. Una de las mujeres camina hacia ellos y los invita a
todos a su mesa. Pues, claro que sí, dijo Miguel. Con mucho gusto, dijo
Juan. Xavier se quedó frío. No me atrevo moverme de aquí pero tampoco
quiero echarle a perder a los demás la oportunidad, piensa Xavier.
Xavier se tomó su tiempo pero una de las mujeres lo tomó por el brazo
llevándolo a la mesa. Había demasiados alrededor de la mesa y las mujeres
decidieron sentarse en las faldas de los hombres. No, esperate como va
hacer. No puedo. Me excusan, dice Xavier pero había dos mujeres muy
interesadas en él y en menos de dos minutos estaba sentado con una mujer en
su falda. Tragó gordo. Mire yo ya me iba a ir. Estoy rendido, dice Xavier.
Amaya se acerca a la mesa.
¿Desean algo más? ella pregunta sin mirar a Xavier. Luego de tomar la orden,
se arrimó al rostro de la mujer en la falda de Xavier y dijo, te me quitas
de encima de mi macho, y ahora mismo, ella dice con sus manos en su cintura.
Todos se quedaron paralizados. Xavier se avergonzó y enrojeció. La mujer se
puso de pies y Xavier se disculpó y se fue al bar. Óyeme, pero qué descaro.
Esa mujer tiene muchísimos hombres que se mueren por ella y también viene a
fastidiarnos a nosotras, dice la mujer. No es así, disculpen. Esa es la
mujer de Xavier, perdonen. A él no le dieron tiempo de explicar nada, dice
Humberto. Qué pena y tan guapo y bueno que esta. ¿Qué le verá a esa?
pregunta una de las chicas. Nadie se había presentado formalmente todavía y
no parecía importarles sus nombres. Estaban solo interesados en sexo.
Xavier se sentó al bar.
Amaya se acercó a él. ¿Qué rayos haces aquí? Debes estar durmiendo. Mira la
hora que es, dice Amaya. Óyeme, pero tú no me puedes mandar a mi habitación.
No soy un niño. Ya me has hecho pasar varias vergüenzas. Eso que acaba de
pasar no fue necesario, ya yo me iba a ir. Yo no te ando haciendo escenitas
de celos, dice Xavier. Eso es porque no has tenido porqué, ella dice. ¿A no?
No me enfades, sabes. Yo tengo muchas razones para ajustarte cuentas, dice
Xavier. ¿Cómo qué? ¿Se puede saber? pregunta Amaya. Como todo lo que haces.
¿Cómo la ves? pregunta Xavier enfurecido. ¿Todo lo que hago de qué? pregunta
Amaya. Dejemos esta conversación para más tarde, dice Xavier. No hay mas
tarde. Me vas a contestar ahora, ella dice. Mira quiero que sepas algo y lo
tengas bien claro. Tú estas aquí entre todos estos borrachos sucios casi
desnuda, esa es una. Modelas en la pura pelota, esa es otra, y te pasas en
moto como una... dice Xavier. Estaba furioso. ¿Cómo se iba a comparar con él
después de todo lo que ella hacia que parecía de mujer comprada? Ella lo
mira apenada. Por un instante parecía que iba a llorar y luego le dijo.
Tienes razón, perdoname. Vete con las viejas esas. Ellas tienen mejor
reputación que yo, dice Amaya tristemente.
Xavier permanece con su
cabeza bajada, estaba rendido y tenía sueño pero quería llevarla a su
apartamento. Eran casi las dos de la noche y pronto cerraban. Nunca le había
dicho como llegaba a su apartamento desde acá. Su vida era un misterio. Esto
lo enfurecía.
Cuando todos salieron. Él
le dijo. Te espero afuera. No, Xavier, no. Aquí hay guarda espaldas que nos
llevan a la casa. No te molestes, dice Amaya. ¿Cómo qué guarda espaldas?
Estas conmigo. Te llevo yo, contesta Xavier molesto. No puedo y no quiero. A
veces es peligroso y ellos están armados, dice Amaya. ¡Y yo estoy armado con
esto, vete al diablo! dice Xavier enfurecido saliendo del club.
La Casa
Alcaza
Xavier entró agotado y se
metió a su habitación entrando al baño para ducharse. Alguien estaba
llorando. ¿Quién será? ¿Silvia? se pregunta. Después de salir de la ducha se
dirigió a la cocina a tomar agua. Había alguien en la habitación de Samuel.
Una mujer llorando. Estaba acostumbrado desde joven escuchar llantos que
salían de la habitación de Samuel. ¿Qué rayos les hace? Parece que las
tortura. Esta enfermo, él piensa.
En eso una muchacha salió
corriendo a la sala desnuda y Samuel la agarró del pelo llevándola arrastras
a su habitación de nuevo. Dios mío, esa es Alma. ¿Qué esta pasando aquí? se
pregunta Xavier. Xavier toca a la puerta. ¿Qué rayos quieres, imbécil? Esto
no te encumbre, dice Samuel. Alma, llama Xavier. Alma contesta, exige
Xavier. Samuel abre la puerta. ¿Qué te pasa? pregunta Samuel desnudo. Acabo
de ver a Alma y quiero saber si ella esta aquí de su propia voluntad, dice
Xavier. En eso Alma sale y se lanza a los brazos de Xavier llorando. Samuel
la mira burlonamente. Llévatela, no sirve para nada, dice Samuel tirando la
puerta. ¿Qué pasa? pregunta Xavier. Dios mío qué te hizo. Estaba golpeada y
tenía sangre en sus manos. Ven, dice Xavier llevándola a su habitación.
Estaba completamente desnuda. Tenía sangre en sus muslos y ahora la sangre
corría libremente entre sus piernas. No dejaba de llorar. ¿Te violó?
pregunta Xavier. ¿Qué hacías aquí y con él? pregunta Xavier. Está enfurecido
porque me voy a casar con Angel y me invitó aquí con el pretexto de que
Silvia quería hablar conmigo, ella dice casi histérica. Perdona, yo siempre
estoy aquí temprano pero hoy tuve un problema, dice Xavier. Xavier la cubre
con una toalla. Quedate aquí un minuto, él dice.
Xavier empujó la puerta de
Samuel y la puerta se vino al suelo. Samuel estaba en el baño. Xavier tomó
la ropa de Alma y su bolsa y la llevó a su habitación. Vístete, tranquila
que vamos al cuartel de policía, él dice.
Martín se levantó espantado
y bajó las escaleras corriendo. ¿Qué rayos pasa? Son casi las tres de la
madrugada, por Dios. ¿Qué haces? pregunta Martín. Yo nada, pero Samuel acaba
de violar a Alma y la voy a llevar al cuartel. Esta vez, no, papá. Que se lo
lleven preso, dice Xavier enfurecido. Esperate, eso nos puede traer
problemas a todos, dice Martín. ¿Qué hacia ella aquí? Estaba en su casa y en
su habitación, por Dios. Piénsalo bien, dice Martín.
Xavier entra a su
habitación pero Alma ya se había metido a ducharse. Alma, llama Xavier. No
puedes ducharte. ¿Me estas escuchando? Quiero llevarte a la jefatura, no
debes ducharte, dice Xavier. Alma sale afuera y se viste. Perdoname pero yo
no voy a la jefatura. El también violó a Carmen cuando ella tenía dieciséis
años y ya ves lo qué le pasó, le echaron la culpa a ella y se tuvo que mudar
de aquí, llora Alma. Yo puedo presentarme como testigo y ayudarte, dice
Xavier. No gracias. Mejor me voy a mi casa, dice Alma. Ven te llevo, dice
Xavier.
Martín se acerca a Alma. Lo
único que puedo decirte, niña, es que no debiste venir acá y también que mi
hijo, mi único hijo es Xavier. Ese otro siempre ha sido un animal como su
padre, me imagino. Lo siento mucho, yo acabo de llegar y no sabía que había
gente en la casa, dice Martín.
En el
auto...
Dios mío Alma, no te ves
bien. Estas muy pálida. Has perdido mucha sangre. Por Dios vamos al
hospital, ruega Xavier. No, no puedo. Me van hacer preguntas y te van a
involucrar a ti, dice Alma. Mira Alma, yo conozca una muchacha de la
universidad no vive muy lejos. Ella es enfermera y te puede ayudar, dice
Xavier. ¿De veras? pregunta Alma. Sí vamos. Xavier llama por su celular. Por
favor contesta, él ruega. Cuelga y vuelve a llamar. ¿Estela, eres tú? Es
Xavier tengo una emergencia, necesito tu ayuda. Sí ahora. Estoy casi frente
a tu casa. Por favor ayudame, Estela, dice Xavier desesperado.
Estaciona y Estela sale
afuera corriendo. ¿Qué pasó? ella pregunta. Estela, la violaron, dice
Xavier. Dios mío si es casi una niña, dice Estela. Xavier levantó a Alma en
sus brazos y la llevó a la casa. Ven acá, dice Estela. Xavier la acostó en
la cama. No te preocupes, mirame. Yo voy ayudarte. Yo soy Estela Robles y
soy enfermera. No te preocupes. Te voy a dar un calmante, dice Estela.
¿Quién fue? pregunta Estela. Samuel, contesta Xavier. Me lo imaginaba. No es
la primera ni va hacer la última. Para poder meterlo en la cárcel se va a
necesitar medio pueblo acusándolo ya que su madre siempre lo saca de
aprietos con sus abogados. Tú tampoco te ves muy bien, muchacho, dice
Estela. Es que los nervios y la furia me enferman, dice Xavier. Siéntate te
voy a preparar café. Dejame hacerle un examen a Alma que no vaya a estar
desangrándose, dice Estela. Gracias, Estela, te debo una, dice Xavier.
Xavier llama por el
celular. Milagros, perdona sé que es de madrugada pero... Sí sobre ella
llamo, dice Xavier. Está conmigo y esta bien, pero Milagros... no te alteres
porque no me dejas hablar, dice Xavier. Sufrió un trauma y esta con Estela
Robles, la enfermera. Mira yo quisiera que vinieras acá para que estés con
ella. Te necesita, dice Xavier.
Miguel, es Xavier. Mira
estoy por llegar a la oficina pero no he dormido nada. Por favor cúbreme por
un par de horas. Sí gracias, dice Xavier colgando. Le temblaban las manos.
La Casa
Alcaza
Samuel sale mojado y
desnudo del baño y se dirige a la cocina. Martín lo esperaba. Samuel lo miró
avergonzado. Martín se acerca a él y lo abofetea tan fuertemente que Samuel
cae contra la mesa de noche golpeándose la cabeza. Martín lo levanta del
brazo y lo vuelve a golpear y sangre comenzó a brotar de la boca de Samuel.
Ya, dice Samuel pero Martín estaba enloquecido y quería matarlo. En eso,
Silvia entró a la casa y los separó. ¿Qué haces? ¿Cómo te atreves pegarle a
mi hijo? Largate de mi casa, grita Silvia. A no Silvia, te equivocas. Esta
es mi casa. Largate tú y llevate a este violador porque si permanecen aquí
mas de cinco minutos, los mato a los dos, grita Martín enfurecido.
Vamos, hijo apoyate de mí.
Nos vamos Martín y no quiero volver a verte en mi vida, dice Silvia. Gran
cosa. ¡Yo no te soporto! ¡Eres una arpía! ¡Jamás debí haberte conocido!
¡Lárgate y llévate a la basura de tu hijo y que no se te ocurra ocupar la
casa de campo! Esa casa también es mía y de mi único hijo. ¡LARGOS! grita
Martín.
La
Empresa Asunción
¿Qué pasó? Andas con las
mismas fachas de ayer, hombre, dice Miguel. Olvidalo, no tuve tiempo ni de
bañarme. Me pasé toda la noche en un asunto de familia bien feo. Perdona no
puedo hablar de eso, dice Xavier. Oye tu noviecita estaba que echaba chispas
con las mujeres anoche. Sí, ese es otro problema. Es bien celosa y de cada
rato me hace pasar vergüenzas. Las mujeres no me pueden ni mirar, dice
Xavier. Algo tienes que estar haciendo muy bien, ríe Miguel. Mira Alma y
Angel se comprometieron. No sé si lo sabrás pero va haber boda pronto, dice
Miguel. Que lindo, dice Xavier pensativo.
El teléfono suena y Xavier
contesta. Sí, papá. ¿Qué pasó? Que bien. ¿Y cómo estás? Papá ya era tiempo.
No te preocupes yo siempre estaré ahí para ti. Mira, tú vas a conocer la
mujer de tu vida, papá. Estas joven todavía. Podemos salir juntos como
antes, ir al campo y divertirnos, dice Xavier. No tuve tiempo de nada ni un
baño me pude dar. Estoy rendido pero no me gusta faltar. Ya sabes que nunca
lo hago, dice Xavier. Nos vemos en la casa. Te quiero mucho papá, dice
Xavier colgando.
Esa Tarde
La Casa
Alcaza
Mira hijo, ahí te preparé
una sopa de pollo que esta riquísima, dice Martín. Oye papá te veo muy
contento, dice Xavier. Sí, me siento como si un peso se me quitara de
encima. No sabes lo feliz que estoy, dice Martín. Que bueno. Me tengo que
meter a bañarme, urgente, dice Xavier.
Afuera en la sala había
cajas de empacar llenas de ropa y cosas personales de Silvia y Samuel.
Cuatro hombres estaban empacando y sacando las cosas a un camión de
mudanzas. Se lo llevan todo. No quiero ni un pendejo en el piso, dice Martín
hablando con Silvia.
Xavier salió del baño. ¿Qué
fue eso? pregunta Xavier. Se están mudando ya casi terminan. Comete la sopa
y a ver si descansas. Yo pienso convertir esos cuartos. Te voy hacer la
habitación más amplia para que puedas meter ahí una mesa de carambola y
entretenerte. Ya estoy harto de que pases incomodidades por esa basura, dice
Martín.
Xavier se sienta a la mesa.
Mira hijo, aquí hay pan y aguacate. Papá, tengo que contarte tantas cosas.
Sí, yo también. Pero primero vamos hacer un despojo a ver si se van los
malos espíritus de esta casa, dice Martín. Xavier ríe. Vamos a prender velas
y brincar como gallinas sin cabezas en cuanto termine aquí, ríe Xavier. Eso
sería muy buena idea, ríe Martín.
Llaman por teléfono. Sí.
¿Ah sí como estas? Sí, esta comiendo ya te lo paso, dice Martín. Hola, dice
Xavier. Acabo de llegar. Es que tengo el celu en el carro. Hoy no puedo. Lo
siento. Estoy rendido. Tengo algunos asuntos de familia que resolver, eso es
todo. Amaya por Dios. No quiero discutir contigo. Te llamo mañana. Óyeme,
callate la boca no me dejas hablar. Te veo mañana, dice Xavier colgando el
teléfono.
Oye papá, esa mujer me cela
hasta de las cucarachas en la pared, dice Xavier. Martín ríe, bueno pero si
te lo dije. Tú querías que la mujer te necesitara, hijo, dice Martín riendo.
Sí, pero esta mujer es como una fiera y tampoco afloja rápido pero me cela
demasiado, dice Xavier. Parece una buena chica. Me fijé en sus modales y te
digo que es una mujer seria. No sé, a mí me parece bien educada, dice
Martín. Sí, eso sí. Es que hace unas cosas tan raras que siempre me tiene en
un patín, dice Xavier. Mira ahora la invitamos al campo para que conozca
aquello por allá. Lo qué pasa es que uno con el trabajo y los problemas de
cada día no se puede relajar y disfrutar. Quizás te cuente algo, dice
Martín. Quizás, a veces tengo miedo saber. Es algo que me dijo Samuel y
todavía lo tengo clavado, dice Xavier. Ese imbécil lo hace para molestarte,
dice Martín.
Xavier
en su habitación
Estaba rendido pero no
podía dejar de pensar en el cuerpo de Amaya. Ahora mismo la tuviera en mis
brazos. Estaría en su cuerpo llenándola de mí. Todo su cuerpo ha sido mío.
Es toda mía. Se estaba excitando. Ay no, qué fastidio, él
pensó rindiéndose al sueño.
La
Empresa Asunción
Xavier entra a la oficina
de Lucia donde se encuentra con Francisco Aldama. Buenas, dice Xavier. Sí ya
nos conocemos. ¿Francisco Aldama? Sí, así es muchacho, dice Francisco. Bueno
Lucia ha sido un placer conocerla y ya sabe que este asunto es confidencial,
dice el sargento. Mucho gusto volverte a ver Xavier, dice el sargento
saliendo de la oficina.
Xavier va a ver una fiesta
en la casa de Rodolfo Johnson en unas semanas y quería saber si puedes
acompañarme. Es una fiesta de compañía y no creo que a tu novia le vaya a
molestar, dice Lucia. Xavier baja sus ojos, estaba cansado de esta vieja.
Mira Lucia, si es obligatorio que yo me presente a una función de
empresarios con usted del brazo pues ni modo, dice Xavier. Que bueno, ya que
quiero que conozcas a mucha gente de importancia que te va abrir puertas
para que puedas lograr una posición que te llene de dinero y poder, ella
dice.
En el
comedor de La Empresa Asunción
Me dice que me van abrir
puertas, dice Xavier. Esa lo qué te va abrir son sus piernas, ríe Miguel.
Callate, te van a oír, dice Xavier. Qué mala suerte tienes. Esa mujer no te
va dejar vivir en paz y lo peor es que te tiene por las bolas, sabes. No
puedes negarte, dice Juan. Ahora para acabar de chavarte mira quien entró,
dice Miguel. Xavier miró hacia su derecha. Amaya entró al comedor con
Francisco Aldama. Se sentaron alejados de todos. ¿Qué se traerá esa mujer
con ese sargento? pregunta Xavier. ¿Es un sargento? pregunta Juan. Sí, un
sargento que acaba de salir de la oficina de Lucia. Yo ya lo había conocido
y Amaya nos presentó pero no sé nada más. Me dan ganas de ir y hacerle pasar
una vergüenza como me ha hecho a mí tantas veces, dice Xavier. Ay no, deja
eso, mejor vámonos que ya es tarde, dice Miguel. Los tres salieron del
comedor. Me enteré que Samuel ya no vive en tú casa. Así es. Papá lo echó
junto con su madre, dice Xavier. Qué bárbaro, dice Juan. Ay sí pero que
bueno ahora podemos visitar como antes, dice Miguel. Así es, dice Xavier
pensativo. ¿Qué rayos se trae con el sargento? No sé si quiera saber,
él piensa.
Milagros
y Alma
Por favor, Milagros, no
puedes contarle esto a nadie. Prometeme que no lo harás. Me muero de
vergüenza y si Angel se entera lo voy a perder. Ya sabes que fui novia de
Samuel y Angel lo odia, dice Alma. No te preocupes, yo no hablo. Lo único es
que me molesta que se salga con la suya, dice Milagros. Un día de estos una
mujer le va a meter un tiro. Ya verás, él ha de pagar por todas sus
cochinadas, dice Alma.
El
Apartamento de Amaya
Xavier sube al veinte piso
y sale del ascensor cuando se encuentra con Francisco Aldama. Hola muchacho,
saluda Francisco. ¿Un poco tarde para visitas, no? pregunta Xavier molesto.
No, contesta Francisco entrando al ascensor. Esto parece un burdel, dice
Xavier en voz alta. Toca a la puerta. ¿Quién es? Xavier, éste contesta.
Amaya abre la puerta. Entra, ella dice.
Xavier entra. En una mesa
había fotos y documentos. Quizás no deba estar aquí ya veo que estabas
ocupada, dice Xavier. Pues sí, ella dice. Es un asunto muy importante, dice
Amaya recogiendo los documentos. Si quieres puedo irme, dice Xavier. Quise
verte esta mañana porque iba a estar ocupada en la noche, dice Amaya. Pues
yo no pude esta mañana, dice Xavier. Debiste haber llamado, dice Amaya.
Muy bien, dice Xavier
saliendo del apartamento. Xavier, llama Amaya pero él la ignoró, apagó su
celular y salió del edificio. Al diablo con esto, no vale la pena, pensó
Xavier metiéndose a su auto.
La
Empresa Asunción
Mira Xavier, esta noche
vamos todos a un club donde las mujeres bailan mientras se quitan la ropa,
un go go. No te la pierdas. Olvidate de todo, hombre. No puedes dejar de ir,
dice Miguel. ¿Quiénes van? pregunta Xavier. Pues, Juan, Humberto, Esteban y
yo, dice Miguel. Pues sí voy a ir. Estoy harto de todo y necesito
divertirme, dice Xavier. Dice Juan que la última vez que fue se sorprendió
mucho al ver muchas mujeres ahí. No es solo para hombres y esas chicas no
son mujeres fáciles. Eso es solo un empleo. Muchas son chicas
universitarias. Solo lo hacen para ganarse un par de dólares para ayudasen
con sus estudios, dice Miguel. Yo eso lo encuentro todo muy raro. Que se
vayan a vender frutas a la calle, dice Xavier. Hombre que antiguo eres, dice
Miguel. Es que es peligroso, dice Xavier. Hay hombres que también lo hacen,
dice Miguel. Ganas tengo de enseñárselo a todo el mundo, dice Xavier. Pues
vamos, ríe Miguel.
Un club
Nocturno para adultos
Xavier entra con Miguel y
Juan y toman asientos. En eso Humberto y Esteban entran y toman asientos
junto a ellos. Mira por cierto, esa muchacha que esta de mesera. Sí, la
rubiecita, la vi casi desnuda hace poco ahí en ese escenario, dice Esteban.
Xavier miró hacia la muchacha y esta le sonrió. ¿Qué son decentes me decías?
Esa me sacó la lengua, dice Xavier. No empieces que tú eres más rígido que
un palo, hombre, dice Miguel.
Mira esa esta bien buena,
dice Humberto. La mujer bailaba seductoramente frente a ellos y se acercó
abriendo sus piernas de una forma vulgar y Xavier, bajó su cabeza. Los demás
le tiraban dólares y la llamaban hacia ellos. Qué barbaridad, piensa Xavier.
La mujer bajó del escenario y se sentó en la falda de Xavier. Óyeme, yo no
te llamé, él dice. Epa, deja eso, él dice. La mujer lo agarró antes de
ponerse de pies. Xavier se quedó espantado. Oye, me agarró, dice Xavier.
Todos ríen. Dale un dólar para ver si te agarra más, ríe Humberto. Yo no le
voy a dar nada. No la llamé, dice Xavier.
Vamos a ver si te gusta la
próxima. A mí que me agarren todo, dice Miguel. Controlate que te esta
mirando el guarda espaldas. Que se guarde al carajo, me tienen recaliente
estas mujeres, dice Juan.

La próxima mujer estaba
vestida de negro con una mascara, como una gata. Xavier se quedó frío por un
instante y se interesó en el cuerpo de la mujer frente a él. Se tocaba
sensualmente llevándose las manos a los senos, abriendo las piernas y
tocándose. Se llevaba sus dedos a su boca y Xavier tragó gordo. La mujer se
arrodilló y caminó en sus manos hacia a ellos. Todos estaban hipnotizados.
Era una mujer alta, cabellos lacios negros de color café. Xavier la miraba
fijamente. Ella se puso de pies y bailó un tema misterioso de tambores, de
la selva, su cuerpo moviéndose como si estuviese haciendo el amor. Xavier
miró a su alrededor, se podía tocar el silencio. Las curvas de la mujer lo
estaban excitando. La mujer se tiró al piso exhausta con su presentación de
sexo y éxtasis. Todos aplaudieron poniéndose de pies. La mujer corrió del
escenario.
Xavier se disculpó y salió
a fuera por un momento. Necesitaba aire. Estaba nervioso. En eso alguien lo
toca en el hombro. Se volteó, era Samuel. Hola hermanito. Nunca te había
visto aquí antes, ríe Samuel. Ven quiero que conozcas a la mujer de la
mascara, dice Samuel. No, gracias, dice Xavier. Ven, es muy importante que
lo hagas, dice Samuel. Se dirigieron a una puerta trasera donde un guarda
espaldas los dirigió a una habitación. Samuel toca a la puerta. ¿Quién es?
pregunta la mujer. Abre la puerta que aquí hay alguien que te interesa, dice
Samuel. Samuel no quiero nada contigo, vete, dice la mujer. Xavier comenzó a
sudar. Su estomago estaba dando vueltas. Se sentía enfermo. ¿Qué te pasa?
Bueno mira ya sabes quien es. Solo quería que la vieras por ti mismo, dice
Samuel alejándose por el oscuro pasillo.
Xavier se recostó sobre la
pared y dejó su cuerpo deslizarse al suelo. Estaba mareado, le faltaba el
aire. La puerta abrió. Él se puso de pies y tomó a Amaya por los brazos
empujándola adentro de la habitación. Explicame por favor, Amaya. ¿Qué haces
aquí? Amaya estaba sorprendida y asustada. No es lo qué crees. Espera yo
puedo explicártelo todo, ella dice asustada. Xavier la abofetea. ¡Sabes,
eres una puta! ¡Eres una negra puta! ¡Me das asco! él grita saliendo de la
habitación. Ella corre tras él. Xavier, no, mi amor, espera, ella dice
llorando tras él. Lo toma del brazo. No, Xavier yo puedo explicártelo todo.
Espera, no me dejes. Te quiero, mi amor. No me hagas esto, por Dios, llora
Amaya. Él la mira incrédulo. Tú no sabes lo qué es amor. No tienes la menor
idea. Eres una porquería, un trapo usado. Debí haberte dejado con Samuel,
son el uno para el otro, dice Xavier empujándola y esta cae al piso. No
vuelvas a tocarme, él dice enfurecido. Sus ojos estaban llenos de furia, de
maldad. Quería golpearla, quería llevarla del pelo ante todos y
avergonzarla. Pero se retiró saliendo por la puerta trasera del club donde
vomitó severamente.
¿Qué le habrá pasado a
Xavier? Estaba aquí hace unos minutos, dice Miguel. Parece que se fue. No se
sentía muy bien. Lo vi bien pálido, dice Humberto. Sí, yo también me di
cuenta cuando la morena salió que él se puso mas blanco que un papel, dice
Miguel.
La Casa
Alcaza
¿Qué te pasó? Hijo estas
bien pálido, siéntate. Por qué no me llamaste yo hubiese ido por ti. Xavier
se sentó y recostó su cabeza contra una almohada. No podía hablar. Martín le
pasó una toalla mojada por la frente. Pero que rayos té pasa si yo sé que
casi no tomas, dice Martín. Papá, no es nada. Es solo un mareo, dice Xavier.
Ven apoyate que te voy a llevar a tu habitación, dice Martín.
Martín lo ayuda a la cama.
Xavier se tira rendido y Martín le quita los zapatos. Si no avanzas a
recobrar el color, yo llamo a un medico, dice Martín.
¿Por qué lloras? Xavier,
por Dios me estoy poniendo nervioso, dice Martín. Papá, no puedo hablar
ahora, dice Xavier entre sollozos. Quiero morirme, dice Xavier. Hijo, no
digas eso, dice Martín abrazándolo.
Después de un rato, Xavier
se quedó dormido. Martín llamó por teléfono. Oye Miguel es Martín. ¿Me
puedes explicar qué fue lo qué le pasó a Xavier? ¿Cómo qué no? Andaban
juntos. Es que llegó aquí enfermo y esta destrozado. Pues no sé... estaba
llorando como un niño, dice Martín. ¿Adónde fueron ustedes? ¿Qué? Él no es
de frecuentar esos sitios. Algo le ocurrió. Es que Miguel si están juntos
como es que él se viene solo. Estuvo manejando así enfermo, eso es un
peligro. ¿Tomó algo? Quizás alguien le pasó una bebida chueca, dice Martín.
Pues no lo entiendo, dice Martín molesto colgando.
La Casa
de Victoria Rosales
¿Hija qué tienes? pregunta
Victoria. Mamá, llora Amaya. Muchacha me asustas, dice Victoria. Ven
siéntate. ¿Qué te hicieron, mi cielo? pregunta Victoria. Nadie me hizo nada.
Estoy enamorada, mamá, llora Amaya. Pero, mi amor, eso era de ocurrir, no
entiendo, dice Victoria. Han pasado muchas cosas y tengo que contártelo
todo, pero acabo de perder el único hombre que he amado en mi vida, llora
Amaya. Dios mío Amaya, hija, te dije que todo eso iba a causarte problemas,
dice Victoria. Yo no pude contárselo mamá porque no quería involucrarlo en
el caso. Yo hablé la otra noche con Francisco y le conté que tenía que
decirle todo a Xavier y él me prohibió hacerlo hasta que tuviéramos mas
pruebas. Me vio esta noche en el "strip club" y se volvió como loco, dice
Amaya. Ven tómate un calmante, dice Victoria. Me quiero morir. Mi vida no
tiene sentido, dice Amaya entre sollozos.
Xavier
El sol entró por la ventana
y lo despertó. Se levanta y se mete a la ducha. Se sentía sucio. ¿Cómo me
pasa esto? Todo esto por andar tras una porquería de mujer. ¿Qué rayos me
pasa? él dice en voz alta. De ahora en adelante Amaya Dulce Rosales, me vas
a pagar por cada vergüenza, por cada lágrima. Te voy hacer la vida
imposible. De mi nadie se ríe, él dice enfurecido en su dolor.
Se viste y sale de la casa.
Estaciona frente al edificio donde vive Amaya y entra. ¿Quién es? pregunta
Amaya. Xavier, él contesta desde el vestíbulo. Ella le permite paso. Entra
al ascensor. Toca a la puerta. Amaya abre. Xavier se queda ahí parado y
luego entra casi empujándola del medio. Ella había salido del baño y tenía
una toalla cubriéndole el cuerpo. La empujó contra la pared, le quitó la
toalla de encima y la miró de arriba abajo con desprecio. Por esto, por esta
porquería, me volví casi loco. Yo que soy tan sensato. Dios sabrá cuantos
hombres han probado de ti, de tus encantos. Conmigo no se juega. Tengo tanta
rabia que... Xavier golpea la pared tras ella con su puño cerrado y sangre
comienza lentamente a correr por su mano. Toma, quise traerte esto, porque
anoche se me olvidó, él dice, sacando un dólar de su billetera, se lo tira
en la cara y sale del apartamento. Ella se fue al piso de rodillas
sollozando.
La
Empresa Asunción
¿Qué te pasó anoche?
pregunta Juan. A mi nada, contesta Xavier. Martín llamó a Miguel, dice Juan.
No fue nada. No me sentía bien, eso es todo, dice Xavier. Pues mira nosotros
la pasamos muy bien pero la morena nos dejó tan calientes que tuvimos que ir
a un sitio donde tú sabes..., dice Juan. Xavier lo miró fijamente a los
ojos. Ya me iba, dice Juan.
Lucia se acerca a él. No te
olvides, el sábado, aquí te dejo mi dirección. Recogeme como a eso de las
siete de la noche, dice Lucia. Maldita sea la vieja esta, piensa
Xavier.
Miguel se acerca a él. Oye,
Xavier, allá abajo esta la mensajera. ¿Qué? pregunta Xavier. La mensajera...
tú sabes, dice Miguel. Oye Miguel me cubres un momento, ya vuelvo.
Xavier toma el ascensor
hacia el vestíbulo. Allí vio a Amaya conversando con algunas de las
secretarias. Él la toma del brazo casi arrastrándola y la aleja del grupo.
Óyeme que animal, dice una de las mujeres. ¿Qué haces? pregunta Amaya
nerviosa. Nada, quería saber si tenías tiempo para una mamadita, dice
Xavier. Xavier suéltame, ella dice. No te atrevas a negarme, yo te puedo
pagar como cualquiera otro, él dice. Ella bajó su cabeza y lágrimas
comenzaron a correr libremente por sus mejillas. Ven, dice Xavier llevándola
a su auto y empujándola al asiento de atrás. Dejame, ella ruega tratando de
golpearlo. Me vas a mamar porque si no lo haces no te dejo ir, dice Xavier.
Eres igual a Samuel, dice Amaya llorando. ¿A mi no, pero a todo los demás
sí? pregunta Xavier. La saca del brazo y cierra la puerta. No vales nada, él
dice dándole la espalda y entrando al edificio.
Amaya se quedó allí parada
sin saber qué hacer, le temblaban las manos y no iba a poder manejar la
moto. Se sentó en el suelo y se recostó sobre el auto. Un sudor frío cubrió
su cuerpo. Xavier miró hacia abajo desde una de las ventanas del vestíbulo y
la vio allí. ¿Dios mío, qué le pasa? él se pregunta volviendo a salir
afuera. Se acercó a ella. Estaba desmayada. Abrió la puerta del auto y la
ayudó a entrar. Ella se había quedado sin fuerzas pero trataba de empujarlo.
Dejame, dice Amaya. ¿Espera no ves que estas mareada? pregunta Xavier.
Quedate ahí, él dice. Xavier llama por celular. Miguel estoy en un aprieto.
Baja al estacionamiento.
Miguel corre hacia
ellos...
¿Qué pasa? pregunta Miguel
alterado. Mira Miguel la tengo que llevar a su casa. Aquí están las llaves
de la moto. ¿Tú sabes manejar esa moto? pregunta Xavier. Claro que sí,
contesta Miguel. Pues sígueme, dice Xavier.
Una vez llegan al edificio
donde vive Amaya ella entra, toma las llaves de las manos de Miguel y no
mira hacia atrás.
¿Qué rayos le pasó?
pregunta Miguel. Xavier baja la cabeza. Nada, contesta Xavier. Vamos antes
que Lucia se de cuenta, dice Miguel.
Martín y
Xavier
Me imagino que todos se
estarán riendo de mí, dice Xavier. Hombre no, yo todavía no lo creo. Trata
de controlarte porque tú eres más terco que una mula. Dejala y ya. No la
fastidies. Olvidala, dice Martín. Es que tengo una rabia que me esta
comiendo por dentro, dice Xavier. ¿Y qué vas hacer con eso? pregunta Martín.
Óyeme, por cierto, allá en
la Empresa Jiménez hay un lío de película. A mí también me invitaron a la
función de Empresarios, dice Martín. ¿No me digas? pregunta Xavier. Parece
que las empresas se van a unir y le van a cambiar el nombre. No sé
exactamente lo qué se traigan entre manos pero parece que tienen nuevo
dueño. Sí, el millonario Rodolfo Jonson es el nuevo dueño y por eso la
fiesta. Pues allí mismo puedes conocer a Lucia porque la vieja me lleva
arrastras, dice Xavier. Que feo esta eso, dice Martín. Así mismo y no pude
negarme. Bueno pues vamos juntos entonces y no te me alejes mucho porque la
vieja me tiene ganas, dice Xavier.
Días
Después
La
Función De Empresarios
¿Oye papá ese es un Armani?
pregunta Xavier. Así es, contesta Martín. Tú no juegas, ríe Xavier. Es que
eso es cosa de ricos. Mañana lo devuelvo, dice Martín. Xavier ríe. Ah no.
¿De verdad? pregunta Xavier. Así es, contesta Martín riendo. Estoy rogando
que a la vieja le de contigo, ríe Xavier. Sacude, no quiero viejas. Estoy
harto de las viejas. Quiero una mujer joven, dice Martín.
La
Mansión Johnson
Lucia, del brazo de Xavier
y Martín entran a la mansión. ¿Sus nombres? pregunta un hombre de seguridad.
Ellos contestan. Está bien, pasen, él dice.
Lucia los dirigió a un
grupo de empresarios y empleados de la Empresa Asunción y de la Empresa
Jiménez. ¿Lucia por Dios, como es que usted tiene a dos galanes de brazos?
pregunta una mujer. No sea envidiosa, dice Lucia. Este es Xavier Alcaza y su
padre Martín Alcaza, la señora Lidia Méndez, dice Lucia dulcemente. Pues yo
me llevo a uno de ellos porque no puedes con los dos, ríe Lidia. ¿Sabes qué
es lo qué se trae Rodolfo con todo esto? pregunta la mujer. No, pero
entiendo que él ha comprado las dos empresas y también se quiere presentar a
los empleados. Nadie lo conoce. Van solo unos meses que esta aquí, dice
Lucia.
Rodolfo Johnson baja las
escaleras y de su brazo una hermosa mujer. Mira eso, dice Martín. Xavier
mira hacia las escaleras y allí del brazo de Rodolfo, Amaya. Parecía una
diosa, pensó Xavier. Amaya lucía un vestido verde que hacia muy bonito
juego con sus ojos. Sus cabellos estaban recogidos atrás con peinetas. Sus
labios rojos sonreían dulcemente. Era deslumbrante, pensó Xavier mirándola
de arriba abajo. Su cuerpo tentador lo atraía como un imán y no podía dejar
de verla. ¿Qué diablos hace aquí? pregunta Xavier. Controlate, dice Martín.
Está como el arroz blanco, dice Xavier. Los invitados aplaudieron y lo
rodearon y Rodolfo sonrientemente los saluda.
Rodolfo tomó el micrófono
en sus manos. Bienvenidos a mi hogar y gracias por acudir ya que me imagino
nadie sabe quien soy. Pues tengo el gusto de anunciar que ambas Empresas,
Asunción y Jiménez ahora estarán bajo mi cargo. No quiero que me llamen jefe
simplemente quiero ser otro empleado y compartir con todos ustedes un
brindis a nuestro futuro. Antes, si me permiten, les quiero presentar...
Rodolfo toma la mano de Amaya en la suya... a mi hija, Amaya Dulce Rosales
Johnson, él dice orgullosamente. Xavier se quedó pasmado y se escucharon
comentarios especialmente de los hombres... Que belleza...
Martín se acerca hacia su
hijo. ¿Qué está pasando aquí? pregunta Martín. No sé, pero todo es un
misterio, dice Xavier. Vamos a perdernos que esa vieja me tiene enfermo,
dice Martín. En eso Amaya se acercó a ellos. Que lindo verlos aquí, ella
dice. Martín la saluda con un gesto de su cabeza. Xavier la ignora. Que
bueno quiero que conozcan a mi mamá, ella dice dirigiéndolos a una mesa.
Mamá, ven quiero que
conozcas a dos buenos amigos, dice Amaya. Martín Alcaza y su hijo Xavier
Alcaza, mi mamá Victoria Rosales, dice Amaya. No puede ser que sean hija y
madre, mas bien parecen hermanas, dice Martín tomando la mano de Victoria y
llevándola a su boca, besándola. Es un placer, él dice. Xavier estaba mudo,
perdone, mucho gusto. Usted es una belleza, dice Xavier sonriendo. Me dejó
mudo, de veras, continua Xavier. Victoria, una mujer de piel trigueña,
India, ojos castaños claros, delgada tipo modelo, alta y fina. Mi hija me ah
contado mucho de ustedes y los aprecia muchísimo. Es un placer al fin
conocerles, dice Victoria. Pero me tengo que sentar, ella dice tomando
asiento. Me aprietan los zapatos, ella dice. Todos ríen. Siéntense, por
favor, dice Victoria dulcemente. A mí nunca me han gustado estas funciones
pero mi hija me invitó ya que no quería venir sola y su padre bueno pues él
esta muy ocupado, dice Victoria. Martín y Xavier miraron hacia Rodolfo que
estaba de brazos de una mujer americana, joven. Ella es la esposa de mi
papá, dice Amaya. Ellos se miraron uno al otro. No hay secretos, nos
divorciamos hacen muchos años, dice Victoria. ¿Bueno pero cuéntenme de
ustedes, vinieron solos o trajeron parejas? pregunta Victoria. No, yo vine
solo pero mi hijo... dice Martín. Yo vine acompañado de una de las empleadas
de la empresa, dice Xavier. Me imagino que Lucia Morales, dice Amaya. Pues
sí, dice Xavier. Se habrá muerto al enterarse que su nuevo jefe es mi padre,
ríe Amaya. Pensándolo bien eres jefa de todos, dice Martín. No, yo no me
involucro en esos asuntos. Soy muy independiente y llevo mi propia vida,
dice Amaya. Obviamente, dice Xavier burlonamente.
¿Todavía le molestan los
zapatos? pregunta Martín. Un poco, dice Victoria. ¿Bailamos? pregunta
Martín. Con mucho gusto y me disculpo ahora por si lo piso, ella dice
sonriendo. Dos hombres se acercaron a la mesa a invitar a Amaya a bailar. No
gracias ahora no, ella dice. Vete a bailar a mi no me importa un rayo lo qué
hagas, dice Xavier. ¿Bailamos? ella pregunta. Conmigo no, vete y baila con
uno de ellos, dice Xavier. Quiero bailar contigo, dice Amaya. Xavier se pone
de pies y la toma de la mano dirigiéndola hacia el salón de baile. No te
acerques mucho, él dice molesto. No podemos bailar un bolero así, ella dice
atrayéndolo a su cuerpo. Xavier, ella le dice en el oído. Si quieres puedo
mamarte mas tarde. Xavier se queda paralizado. La respiración se le hizo
difícil. Ella movía sus caderas contra su cuerpo y estaba excitándolo. Deja
eso, él dice. ¿Quieres que te quite la rabia? pregunta Amaya mirándolo a los
ojos. No, contesta, Xavier. Vete a jugar con otro a este no lo vuelves a
tocar, dice Xavier seriamente. ¿De veras? Amaya roza sus labios con los del.
Tengo tantas ganas de ti, ella dice. Xavier traga gordo. ¿Vamos a la
terraza? Ven dice Amaya dirigiéndolo de la mano. Que linda pareja hace tu
papá y mi mamá. ¿No crees? pregunta Amaya. Sí, contesta Xavier. No quería
mirarla, estaba excitado y no quería padecer débil ante ella.
Salen a la terraza...
En dos semanas vas a saber
por qué soy mensajera, mesera, y... Solo quiero que sepas que cuando te
enteres de todo ya será muy tarde para nosotros. Me has ofendido mucho.
Jamás pensé que un hombre pudiera ofenderme tanto y que me doliera tanto. Yo
te amo. No sabía lo qué era amar hasta que te conocí y se me va a ser bien
difícil olvidarte. No puedo ni pensar que otro hombre en este mundo me pueda
hacer sentir como tú.
No nos podemos dejar llevar
por las apariencias. Por eso mismo es que hay tanta injusticia en el mundo.
Los esclavos que llegaron a nuestras islas caribeñas no llegaron como
conquistadores, llegaron en cadenas. Una vez aquí, con el esfuerzo de
nuestro sudor y lágrimas hemos podido lograr un poquito de lo qué se nos
negó por muchos años. Nos arrebataron de nuestros hijos, de nuestros padres,
de nuestros seres queridos y de nuestra tierra. Nos arrancaron de nuestras
raíces. Bajo esta piel, llevo sangre africana, sangre española y sangre
taina soy lo qué ustedes hicieron de mí como la pintura en la pared de mi
apartamento, dice Amaya.
Yo nunca te olvidaré y
quiero que me perdones si te he hecho sufrir, porque jamás fue mi intención.
Mis secretos no son secretos, son mi porvenir, mi vida, mi trabajo. Yo no
soy millonaria. No me importa el dinero. Soy una empleada como tú, lo único
es que yo arriesgo mi vida para que otros no sufran y para someter a la
justicia a los criminales que nos rodean.
Perdoname, dice Amaya
dejándolo en la terraza. Xavier nunca la había oído hablar así. No hubo
tiempo para hacerlo. Todo fue tan rápido y sus celos lo cegaron. Pasaron
tantas cosas en tan poco tiempo. Dios mío, él piensa, como la quiero. No
podría vivir sin ella.
Me gustaría mucho volverte
a ver, dice Martín. A mí también me gustaría mucho, dice Victoria pero sin
formalidades, ríe Victoria. Sin formalidades, ríe Martín.
¿Papá, has visto a Amaya?
pregunta Xavier. ¿No, no que estaba contigo? Sí, pero se fue, dice Xavier.
Nosotros también debemos irnos es tardísimo, dice Martín. ¿Victoria la
llevamos a su casa? pregunta Xavier. Sí, gracias, ella dice tomando su
bolsa. ¿Adónde iría Amaya? pregunta Victoria. Ah mira ahí esta, dice Martín.
Amaya se despidió de su padre y de algunos de los invitados. Xavier se
acercó a ella. Vamos, él dice. Ella lo tomó del brazo y todos salieron
juntos hacia el auto. Nos debemos ir al campo todos por unos días, dice
Martín. A mí me encantaría, dice Victoria. ¿A ti no? pregunta Xavier. ¿A mí?
pregunta Amaya. No sé, ella contesta tristemente. Es bueno el campo porque
uno puede hablar a largas ya que no hay mucho que hacer. La comunicación es
lo más importante entre seres humanos, dice Martín. Ella baja la cabeza.
Xavier estacionó el auto
frente a la casa de Victoria. ¿Es aquí? pregunta Xavier. ¿Sí, quieren entrar
y tomarse un café? pregunta Victoria. Bueno sí, dice Martín. Todos entran a
la casa. Que linda casa, dice Martín. El decoro es extraordinario, continúa
Martín. Mamá es interiorista, dice Amaya. ¿No me digas? Es una belleza, dice
Martín. Xavier se quedó paralizado admirando la decoración de la casa. En
una pared había una pintura de una mujer desnuda. Xavier se acercó y se dio
cuenta que era Amaya. Se quedó paralizado. La mujer se había cortado sus
venas y sangre hacia un charco a sus pies. Sus ojos verdes y tristes
miraban hacia el cielo. Xavier se sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó
el sudor de su frente. Martín se acercó. Dios Santo, dice Martín. Vengan al
comedor, dice Victoria. ¿Victoria, qué significa la pintura? pregunta
Martín. Bueno, es mi hija, ella ha modelado para varias universidades. Esa
pintura significa lo qué una sufre cuando su piel es negra, dice Victoria.
Xavier tragó gordo y miró a Martín que también estaba entristecido.
Amaya bajó al comedor. Se
había cambiado de ropa y ahora lucía un vestido simple y cómodo. Mamá que
lindo que decidiste salir conmigo esta noche. Tú nunca sales, dice Amaya
abrazándola. Xavier no podía mirarla a los ojos. Tenía un dolor en su pecho
como una puñalada clavada muy hondo.
¿Tú eres la única hija o
hay mas? pregunta Martín. Sí, soy única hija, contesta Amaya. Nosotras somos
personas humildes. Yo he criado a mi hija sin los lujos que se encuentran en
la mansión de Rodolfo. Ella decidió vivir conmigo y tenía solo cinco añitos
cuando me divorcié. Se basta por si misma y no acepta dinero de su padre,
dice Victoria. Es muy importante que todos los seres humanos escojan su
porvenir y hagan su destino. Que sean libres porque la libertad es lo más
importante en el mundo, dice Victoria. Me he quedado mudo, de verdad.
Ustedes son únicas. Jamás he conocido personas como ustedes. Quien se iba a
imaginar que Rodolfo Johnson, el millonario, era el padre de Amaya. Ella es
tan sencilla, es que es increíble, dice Martín. ¿Bueno y ustedes? ¿Están
solos? pregunta Victoria. Pues sí, yo debí haber hecho lo qué usted hizo con
su hija, criarlo solo porque a veces es mejor estar solo que mal acompañado,
dice Martín. Pues ya no están solos, estamos nosotras y podemos ser muy
buenos amigos, ríe Victoria. Xavier miró a Amaya pero
ella estaba triste y
con su cabeza bajada.
La Casa
Alcaza
Estoy rendido. Yo estoy muy
viejo para fiestecitas, dice Martín. Hay algo muy raro en todo esto y me
preocupa, dice Xavier. A mí me esta que tú te has equivocado con esa
muchacha. Algo no está bien. Yo no puedo creer que con una madre como
Victoria esa muchacha se haya metido a la perdición. Es casi imposible y a
mí me está que Victoria estaba tratando de decirte algo con sus palabras,
dice Martín. Amaya me dijo unas cosas que nunca se me van a olvidar y por
primera vez me he dado cuenta que yo la amo, papá. Le amo con todas mis
fuerzas, dice Xavier. Hijo, es obvio, dice Martín. Jamás me va a perdonar,
dice Xavier cubriéndose el rostro con las manos. Vamos hijo, ya. Los hombres
casi siempre somos impulsivos, celosos y a veces injustos. A ver qué pasa
con todo esto, dice Martín.
La
Empresa Asunción
Parece que algunos de los
ejecutivos de ambas empresas estaban involucrados en el lavado de dinero y
otros delitos los cuales fueron encubiertos y ambas empresas casi se
declaran en banca rota. Todo esto lo salvó el millonario Johnson cuando
invirtió su dinero y rescató a los empleados, porque si no estuviéramos
todos sin trabajos, dice Miguel. ¿Y qué rayos le pasó a Lucia? Esa estaba
metía en el bochinche y la echaron y a muchos otros, dice Juan. ¿Yo no
entiendo nada pero cómo se llama la Empresa ahora? pregunta Xavier. No
sabemos nada, están tratando de reconstruir y van a echar a medio mundo
porque ahora tienen doble posiciones que no se necesitan, dice Miguel.
A mí que me echen, me da lo
mismo, dice Xavier. Te veo muy raro, dice Miguel. Voy a tomar unos cursos en
la universidad y quiero dedicarme a usar mis talentos de arte en el
departamento de justicia, dice Xavier. Oye que bien. Ese sería un empleo
ideal. Me imagino que no tendrías que trabajar de nueve a siete como lo
haces ahora. No, quizás mas tiempo, pero puedo hacerlo de la casa y me
imagino que trabajaré con detectives y forense, dice Xavier.
Ya todos saben que la
mensajera es hija de Johnson. ¿Quién lo iba a creer? ¿Sabrá él que ella
modela en la universidad desnuda? pregunta Miguel. A ti eso no te importa,
dice Xavier molesto. Estas bien raro últimamente, hombre, dice Miguel.
¿Señor Alcalza? pregunta un
mensajero. Sí soy yo, contesta Xavier. Esto es para usted, por favor firme
aquí, dice el mensajero. Gracias, él dice abriendo el paquete. ¿Quien rayos
me envió estos libros? se pregunta. "Cuentos De Misterio De Sherlock
Holmes". ¿Quién sería el gracioso? piensa Xavier. No había dirección de
vuelta. El otro libro, muy interesante comenzó a leer...
El Instituto de Ciencia
Forense e Investigación Criminal responde a las necesidades de la Justicia
en el marco de la Ciencia Forense y la Investigación Criminal, con
oportunidad, calidad y objetividad científico – técnica, a través de la
formación y acción de profesionales probos en esta área.
Xavier cerró el libro. Una
nota cayó al suelo y él la recogió del piso. Tengo ganas de ti, decía
la nota. Xavier sonríe. No pudo evitarlo. Quería correr a sus brazos, amarla
toda la noche pero no se atrevía, después de haberle dicho que le daba asco.
Qué horror. ¿Cómo pudo haber dicho semejante cosa? No podría acercarse a
ella jamás. Además ella le dio entender que todo entre ellos sería
imposible. ¿Por qué me pide que le haga el amor? ¿Querrá torturarme? se
pregunta Xavier.
Martín
¿Hola, linda como estas?
pregunta Martín por teléfono. Sí, todo bien. Victoria quería saber si le
gustaría salir a cenar conmigo esta noche. ¿Sí? ¿Pues como a eso de las ocho
de la noche? Ahí estaré, dice Martín. Que lindo volver a tener ilusiones,
esperanzas, un futuro sin soledad, pensó, Martín.
Amaya y
Victoria
¿Qué piensas hacer? Hija es
que el muchacho me parece buena gente. No eches a perder tu futuro. Yo sé
que lo quieres, dice Victoria. Sí, mamá pero le he rogado. No sé como hacer
para que me perdone... para que me quiera, dice Amaya tristemente. Voy a
cenar con Martín esta noche. Hija, va tanto tiempo que no salgo con un
hombre a solas que estoy nerviosa, dice Victoria. Me alegro mucho por ti y
espero que todo te vaya bien, dice Amaya. Nos han invitado al campo este fin
de semana. Espero puedas venir conmigo, dice Victoria. No sé. No creo que
Xavier esté interesado en que yo vaya. Más bien vete con Martín, dice Amaya.
¿Ay no hija como voy hacer eso? Casi lo conozco y no creo que sea apropiado,
dice Victoria. Mamá, por favor, no seas antigua, dice Amaya. No es eso, es
que no quiero que él se imagine que me le estoy haciendo fácil, dice
Victoria. Él es un buen partido así que ponte bien linda, mamá, dice Amaya.
Samuel
en un bar
Se estará muriendo ese
estúpido pero sabes qué a mí esa negra no me deja con las ganas, dice
Samuel. Hombre deja eso. Te vas a meter en un problema bien serio, dice
Antonio. La tenía ahí y viene ese estúpido y me la quita. Me dieron ganas de
matarlo, dice Samuel. No es para tanto. ¿Qué quieres tú con ella? ¿Es serio?
pregunta Antonio. No sé, me gusta, eso es todo. Yo no me tomo a las mujeres
en serio, contesta Samuel. Pues me imagino que ya no estarán juntos, dice
Antonio. Lo dudo. Yo conozco bien a Xavier y ese es un pesado y un antiguo.
Se tiene que haber muerto aquella noche cuando la vio torciéndose como una
puta frente a todos, dice Samuel. Sabes, me han estado haciendo preguntas
sobre las chicas que se han desaparecido. Unos detectives, por cierto, me
rodearon la otra noche frente al club. Me llevaron casi a la fuerza a la
jefatura. Así que ten mucha precaución con lo qué haces. Yo ya no quiero
meterme en ese asunto. Vamos a tener que andar con un ojo abierto, dice
Antonio. Aquí en este país las mujeres se desaparecen de cada rato y no se
encuentran ni los rastros jamás, dice Samuel. Quizás en un tiempo pero ahora
con eso de las ciencias forenses es muy peligroso, dice Antonio. Después que
me lleve a la negra a la cama, me retiro de ese asunto, dice Samuel.
Martín y
Victoria en un restaurante
Me encanta este lugar. ¿Haz
probado la ensalada de salmón? Es riquísima, dice Martín. Me alegró mucho
que me invitaras. Yo he venido aquí varias veces con Amaya y me gusta mucho,
dice Victoria. ¿Bueno y van a ir al campo? pregunta Martín. Pues yo sí, no
tengo problemas pero no estoy segura que Amaya quiera ir. Ya sabes que tiene
problemas con Xavier y esta muy triste, dice Victoria. Se quieren mucho pero
amar no es fácil y siempre se sufre, dice Martín. Le voy a enseñar unas
fotos a Amaya de la madre de Xavier y quiero que ella no deje de ir al
campo. Es importante, dice Martín. Pues a ver si accede, dice Victoria.
Mientras tanto quería decirte que si no tienes inconveniente, me gustaría
cortejarte, dice Martín. Ella baja la cabeza. Perdona es que van tantos años
que... dice Victoria. Martín le toma la mano. Solo quiero conocerte, estar a
tu lado por si me necesitas y contar contigo cuando me encuentre solo, dice
Martín. Me gustaría mucho, dice Victoria.
La Casa
Alcaza
Xavier sale del baño.
Estaba completamente mojado y no encontraba una toalla. Qué fastidio, él
dice. Desde que Silvia se había ido, todos los quehaceres de la casa estaban
atrasados. Se vistió y salió deprisa. Quería volver al club a ver si Amaya
todavía trabajaba allí. Con todo y su rabia no podía negar que le gustó
verla. Que lo excitó y que le hacia falta aunque fuera de lejos. Quería ver
su cuerpo... soñar con ella. Iría solo, para que nadie le comentara lo buena
que estaba. Le fastidiaba los comentarios de sus amigos.
Xavier estaciona el auto
cuando ve a Samuel entrar por la puerta trasera. Lo siguió. ¿Qué se traen?
¿Serán amantes? ¿Cómo es que él puede entrar a las habitaciones donde se
encuentran las empleadas del club? El guarda espaldas lo dejó entrar tras
Samuel. Samuel abrió la habitación con sus propias llaves. ¿Estará ahí
Amaya? se pregunta Xavier. En eso Amaya entra por la puerta y Xavier se
esconde. Amaya abrió la puerta con llaves y en eso Samuel salió de la
habitación y tapándole la boca la forzó adentro. ¿Qué hace ese enfermo?
Xavier empuja la puerta. Amaya gritaba desesperadamente y Xavier logró
forzar la puerta abierta. Entró enfurecido. Samuel había intentado violarla
y esta estaba en el piso con su ropa echa trisas. Xavier se lanzó contra él
golpeándolo severamente. Amaya se puso de pies y apuntó un revolver contra
la cabeza de Samuel. Xavier echó hacia atrás unos pasos. Samuel Jones, esta
usted arrestado por intento a violación. Si se mueve tengo en mi poder la
autorización para disparar contra usted, dice Amaya. Xavier levantó sus
manos. ¿Qué estaba pasando? piensa Xavier. Estaba asombrado y no sabía qué
hacer.
En eso entraron Francisco y
otro guardia y esposaron a Samuel. ¿Qué haces aquí, muchacho? pregunta
Francisco. No sé, contesta Xavier nervioso. Amaya saca una cámara de video
de su tocador y se la entrega a uno de los detectives. Me imagino que ya no
tendré que volver a este lugar, dice Amaya. No, gracias por todo. Si no
fuera por ti, jamás lo hubiésemos podido arrestar, dice Francisco. Muchacho,
siéntate, estas temblando, dice Francisco. Xavier estaba pálido y sus manos
le temblaban. Ella le dio agua para tomar. Ya se me esta pasando, él dice
avergonzado.
Gracias si no es por ti,
quizás me hubiese matado. ¿Qué hacías aquí? ella pregunta. No sé, contesta
Xavier. ¿Vienes a menudo a ver a estas mujeres? ella pregunta. No, yo...
dice Xavier. ¿Te gustan las mujeres que se desnudan mientras bailan?
pregunta Amaya. No, yo nunca había venido... dice Xavier. Ah claro y yo soy
estúpida, ella dice desvistiéndose. ¿Qué rayos haces? pregunta Xavier. Me
tengo que vestir, ese imbécil me hizo trizas la ropa, dice Amaya. ¿Qué es
eso? pregunta Xavier mirando el revolver atado a su pierna. ¿Eres Ninja
también, carajo? pregunta Xavier nervioso. Ella ríe. Ven, dice Amaya
tomándolo de la mano. Salen por la puerta trasera del club.
Esperate un momento, dice
Xavier secándose el sudor de su frente. ¿Qué fue eso? No entiendo nada, él
dice. Ya te enterarás. No puedo explicártelo ahora, tengo que ir a la
jefatura. Te puedes quedar aquí para que disfrutes de las chicas del go go y
gracias, dice Amaya arrancando en la moto.
¿Qué diablos estaba pasando
aquí? se pregunta Xavier entrando a su auto. Permaneció ahí unos minutos.
Estaba mareado. Qué mierda, no silbo para sustos, él dice.
La Casa
Alcaza
Yo no sé si deba ir con
ustedes. Me voy a sentir horrible si Amaya no va. No quiero estar entre tú y
Victoria, dice Xavier. Ella va a ir. No te preocupes de eso. Quiero que vea
las fotos de tu madre que las tengo allá en un cajón, dice Martín. ¿Por qué?
pregunta Xavier. Mira hijo yo no quiero que ella piense mal de ti, me
molesta y conociéndote como lo hago sé que nunca vas a decir nada, dice
Martín. Eso no le importa a nadie. Que se crea lo qué quiera, dice Xavier.
No pueden andar con secretos, dice Martín. ¿Secretos? ¿Sabes que también es
Ninja? pregunta Xavier. Qué diablos de Ninja ni qué madre. Muchacho tú
tienes un enredo en esa cabecita del caray, dice Martín riendo. Tenía un
revolver atado a su pierna y apuntó como toda una profesional, papá, por
Dios, a mi nadie me cree, dice Xavier. Pues una mujer sola se tiene que
proteger, dice Martín. No, es una Ninja. La forma en cual lo hizo y como se
paró firmemente y apuntó eso es cosa de Ninja, te digo, dice Xavier. Martín
ríe a carcajadas.
Vamos a recoger a Victoria
y si tienes suerte Amaya también estará allá, dice Martín. ¿Vamos a pasarnos
todo el fin de semana? pregunta Xavier. Pues sí, contesta Martín. ¿Yo... con
esa mujer... todo el fin de semana? No voy a poder, dice Xavier. Martín ríe.
Llegan a la casa de
Victoria...
Martín estaciona el auto y
sale. En eso Victoria sale de la casa. Ay Martín me ayudas llevo algunas
cosas para comer, dice Victoria. Allá podemos cocinar, dice Martín. Sí pero
pienso preparar algo especial. Xavier se había quedado en el auto. Amaya no
iba a ir, estaba seguro, él pensó.
Victoria entró al auto y se
sentó al frente junto a Martín. ¿Xavier, como estas? ella pregunta. Muy
bien, gracias, dice Xavier. ¿Nos vamos? pregunta Martín. No, espera, mi hija
ya va a bajar, dice Victoria. Xavier estaba nervioso. Martín lo miró de
re-ojo. Se puso a preparar unas empanadas de camarones para comer durante el
viaje, dice Victoria. Que rico, dice Martín. ¿También es cocinera? Lo qué
faltaba, piensa Xavier. Amaya sale de la casa cerrando la puerta y
acomoda las cosas en el auto. Hola, ella dice sonriente. Hola, contesta
Xavier. ¿Te molesta si me siento junto a ti? Así puedo poner estos paquetes
aquí, ella dice. No, claro que no, él dice. Amaya lucía unos shorts y sus
piernas desnudas tenían un brillo como si se hubiese untado loción.
Me dice Xavier que
arrestaron a Samuel anoche. Qué barbaridad, dice Martín. Sí, está
involucrado en un negocio sucio y va tiempo que las autoridades lo estaban
investigando, dice Amaya. Me imagino que no se puede comentar sobre eso,
dice Martín. No, contesta Amaya. Este muchacho me hizo reír porque dice que
eres Ninja. Todos ríen. No qué bah, pero él me salvó la vida, dice Amaya. ¿Y
qué hacías tú por allá? pregunta Martín. Nada, contestó, Xavier. Fue a ver
mujeres desnudas, dice Amaya. No fui a ver a ningunas mujeres desnudas, dice
Xavier molesto. Es un club de adultos, dice Martín. Victoria bajó la cabeza.
¿Qué hacías tú ahí? pregunta Xavier. Trabajando, contesta Amaya un poco
avergonzada. Xavier la notó nerviosa y estaba haciendo cucharitas con su
boca como que quería llorar. ¿Me vas a dar una empanada? pregunta Xavier.
Sí, contesta Amaya. Ay papá, que ricas, tienes que probar, dice Xavier
comiendo. Ahí también hay café... en el termo, dice Victoria. Óyeme, están
riquísimas, dice Martín. Las debes vender en el parque así no tienes que
arriesgar tu vida por ahí, dice Xavier. Amaya lo mira furiosa. Dejen eso,
dice Martín. Victoria ríe.
Amaya le dio la espalda
cruzando sus piernas. Xavier la miraba nervioso. Podía ver mucho más de lo
qué esperaba por detrás de la cintura de los shorts. No podía controlarse,
tenía que mirar. Casi podía tocarla. Estaba tan cerca y tenía un aroma a la
misma esencia que siempre estaba en su apartamento y que lo enloquecía.
¿Todo el fin de semana con ella? No iba a poder. ¿Cómo iba hacer para
resistir? Ella era capaz de sacar una daga de su busto y atacarlo, él pensó.
Amaya se volteó y cruzó sus piernas hacia él. Él cruza sus brazos para no
tocarla. Ella se acerca más a él y recuesta su cabeza sobre su hombro.
Después de unos minutos él la atrajo hacia él acariciándole los muslos con
su mano. Que suave era su piel. Era sedosa y tentadora. Le encantaba esta
mujer. Jamás podría querer o desear a otra igual, él piensa.
Silvia y
Samuel
No te preocupes que mi
abogado se ocupará de todo. Ella es una mujerzuela y estuvo en tu casa. Era
tu mujer. Eso es lo qué tienes que decir, dice Silvia. Mamá hay otras
mujeres, él dice. No Samuel, olvidate de eso. Ya verás como sales de aquí
rápido, dice Silvia. Samuel se pasa sus manos por sus cabellos. Tienen
pruebas de algunos delitos en los cuales participé, dice Samuel. Cállate,
eso no se lo digas a nadie, dice Silvia. Nos iremos lejos a donde nadie nos
conozca, dice Silvia.
La Casa
De Campo
Las mujeres preparan la
cena. Xavier y Martín hacen las camas con sabanas limpias. ¿Vas a dormir con
ella? pregunta Xavier. No, como va hacer, dice Martín. Óyeme, papá yo no voy
a poder resistir, dice Xavier. No empieces que me pegas el mal de risa, dice
Martín riendo. Es que papá, la mujer es Ninja y esa gente anda con dagas,
dice Xavier. Martín ahora ríe más. Vete ayudarlas a la cocina, dice Martín.
Yo no sé nada de cocinar, dice Xavier. Al el aguaje, dice Martín riendo.
Después de la cena todos se
sientan a conversar en la sala. Mira niña, esta es la mamá de Xavier, dice
Martín. Xavier bajó su cabeza. Amaya se quedó paralizada. Mamá, ella dice y
ambas miran las fotos. Ella fue mi primera ilusión de joven, dice Martín.
Perdona, no sé qué decir, dice Victoria. Amaya se sentó con las fotos en su
mano. Miró hacia Xavier pero él permanecía con su cara bajada. ¿Por qué
nunca me dijiste que tu madre era negra? pregunta Amaya. Perdona Amaya, no
pensé que el color de su piel fuese importante, dice Xavier. Martín toma a
Victoria de la mano y se dirigen al balcón. Es bueno que se aclaren algunas
cosas entre ellos porque habido falta de comunicación y se están enredando
más y más con los secretos, dice Martín. Ya pronto todo se aclarará y verás
que van a ser muy felices, dice Victoria. Martín la atrae hacia a él y la
besa tiernamente en los labios y ella responde.
Amaya se sienta junto a
Xavier. Para mí era importante, dice Amaya. Te dije varias veces que el
color de tu piel no me importaba. La única que lo mencionas eres tú. Yo no
hablo de mi madre con nadie. A nadie le importa nada sobre ella, dice
Xavier. Me hubiese gustado tanto haberte conocido antes. Mi vida es
complicada y temo que me voy a quedar sola, dice Amaya tristemente. Buenas
noches, ella dice retirándose a su habitación.
Amaya, llama Xavier, ven.
Ella regresa junto a él. Quizás nunca podamos volver, pero esta noche la
quiero pasar contigo, dice Xavier. No creo que sea buena idea. Me va a doler
mas, ella dice. ¿A qué le temes? ¿Yo sé que te he ofendido y que me
desprecias pero qué es eso que va a ocurrir en dos semanas? ¿Por qué no
podemos estar juntos? pregunta Xavier. Es que no creo que podamos. Han
pasado muchas cosas feas. Yo no me puedo olvidar de tus desprecios. De la
forma tan fría que me pediste que... no quiero acordarme. No soy una puta y
oírlo de tus labios me dolió mucho. Tú no eres un hombre que pueda vivir con
una mujer como yo. Ya sabrás por qué y espero que sepas ayudarme a olvidar.
Que no me busques, que no me llames así será todo más fácil. Aunque tu papá
y mamá estén juntos tenemos que tratar de no vernos. Yo no puedo irme a la
cama contigo hoy y después decirte adiós mañana. Me va a dolor demasiado. Es
mejor, como tú me dijiste, que yo nunca te vuelva a tocar otra vez, dice
Amaya. La que me provocas eres tú, dice Xavier. Porque es difícil no hacerlo
teniéndote cerca pero la distancia y el tiempo nos harán olvidar, dice
Amaya. A mi no me da la gana de olvidarte. Te amo, te amo más que a mi vida.
No me importa un rayo lo qué vaya a pasar en dos semanas. Nada ha de cambiar
lo qué siento por ti, dice Xavier con lágrimas en sus ojos. Amaya lo besa
tiernamente en la mejilla y se retira a su habitación. Xavier la ve partir y
se sienta en el sofá tristemente, exhausto - ya mentalmente no tenía
fuerzas.
Muchacho, dice Martín, vete
a dormir. Buenas noches papá, dice Xavier entrando a su habitación.
Xavier se metió al baño a
ducharse. Que horrible es dormir tan cerca a ella y no poder tenerla en mis
brazos. Esto es una tortura. Me voy a volver loco. Se levanta de la cama y
camina por la habitación. ¿Qué puedo hacer para que olvide mis necedades,
para que me vea como la primera vez y se entregue a mí como la primera
noche? Si pudiera borrarlo todo. ¿Pero a qué hombre no le hubiese pasado
igual? Esto es lo qué no me explico, piensa Xavier.

Tocan a
la puerta...
Xavier abre. ¿Qué haces?
Vengo a dormir contigo, dice Amaya. Xavier la deja pasar y cierra la puerta.
La levanta en sus brazos. Espera, ella dice. No, porque te vas arrepentir,
dice Xavier enloquecido besándola, desvistiéndola. No me voy arrepentir es
que te quería decir algo, dice Amaya en voz baja. ¿Qué? Acabo de ver a tu
papá entrar a la habitación de mamá, ella dice con sus ojos engrandados.
Xavier ríe. Perdona es que me da risa en la forma que lo dices. ¿Sssh,
escuchaste eso? pregunta Amaya. ¿Qué? pregunta Xavier riendo. Eso, dice
Amaya. Es la cama de arriba. Ay no me des mal de risa, porque no voy a
poder, ríe Xavier. ¿Las camas hacen ruido? Ella pregunta con sus ojos
engrandecidos. Sí, son viejas, ríe Xavier a carcajadas. Callate, te van a
oír, dice Amaya. Xavier ríe aun más. ¿Qué haces? Te voy a quitar la risa,
dice Amaya tomándolo en su boca, despertándolo, acariciándolo. Besandole
todo el cuerpo y volviéndolo a tomar en su boca, haciéndolo rendirse a ella,
estremecerse de placer. Él la voltea colocándose encima de ella y
enloquecido le acaricia el cuerpo, besándole los senos, chapándole la
lengua, tomándola una y otra vez. Te amo, eres mía, eres toda mía, dice
Xavier enloquecido en su pasión.
La mañana siguiente estaba
soleada y hermosa. Victoria y Amaya prepararon el desayuno y todos se
sentaron a desayunar. Si no te molesta puedo ayudarte a decorar la casa,
dice Victoria. Me encantaría, dice Martín. Amaya les mira. Que felices se
veían. Entre ellos no había secretos, no había mentiras ni rencores. Estás
muy triste, dice Xavier. Ella baja la cabeza pensativa. Vamos a caminar por
el campo, dice Xavier. Ella no responde. Esta sería la última vez que
estaría junto a él y anoche fue la última vez en sus brazos. Se sentía tan
vacía. Algo en su vida se estaba muriendo y le dolía mucho. Victoria le
miraba dulcemente, sabía que lo amaba pero desde niña siguió sus sueños y
era independiente y determinada. Xavier notó el cambio, los ojos llorosos,
el silencio. Sabía que entre ellos había mas que rencor, también había un
futuro incierto, lleno de secretos. La volvió a mirar, ella se secaba sus
lágrimas y él suspiró hondo.
Victoria ven, dice Martín
tomándola de la mano y saliendo afuera. Caminan mano en mano hacia el
cañaveral.
Xavier, dice Amaya. En una
hora me tengo que ir. No sé cuando vuelva a verte y me duele mucho, ella
dice. ¿Por qué no lo dijiste anoche? él pregunta molesto. No quería arruinar
nuestras últimas horas juntos, contesta Amaya. Entonces este es un adiós,
dice Xavier besándola en la frente y retirándose a su habitación.
Martín y
Victoria
Perdéname Victoria, yo soy
un hombre maduro y no puedo resistir tus encantos. Eres una mujer muy
hermosa. Perdóname, anoche no sé por qué... dice Martín. No digas nada
Martín. Yo también quería estar en tus brazos, dice Victoria besándolo.
Quiero que todo entre nosotros sea sincero porque no puedo sufrir más. Mi
vida ha sido puro sufrimientos y estoy tan cansado. Solo quiero ser feliz y
disfrutar de los años de vida que me quedan. Yo soy un hombre fiel,
trabajador y sincero y solo necesito amor y comprensión y alguien con quien
caminar de la mano por el campo, dice Martín. Pues ya encontraste a esa
persona, Martín. Te voy hacer muy feliz, dice Victoria.
Xavier
en su habitación
Sollozaba. Que mucho duele
esto, carajo, dice Xavier. Afuera se escucha la bocina de un auto y Xavier
se asoma a la ventana. Francisco sale del auto y ayuda a Amaya. ¿Qué pasa?
pregunta Francisco abrazándola. Xavier se queda mirando el auto partir. ¿Qué
tiene ese hombre que ver con ella? Ya no debo hacer preguntas. La he perdido
para siempre y todavía no sé por qué. Que rabia tengo de pensar que otro
hombre estará con ella, que otro disfrutará de su cuerpo, que algún día
tendrá hijos de otro hombre. ¡Maldita sea! llora Xavier.
La
Empresa Asunción
No te pierdas la reunión de
empleados esta mañana, vamos. Van a anunciar algunos cambios y me dijeron
que ya tienen una nueva supervisora, dice Miguel. También escuché decir que
a ti te van a dar una oficina y un ascenso, dice Miguel. No sé por qué, dice
Xavier. Quizás porque tu amiga es la hija del dueño, dice Juan. No lo creo.
Más bien será porque no me importa la maldita Empresa, dice Xavier.
El
cuarto de conferencias
Por favor tomen asientos,
dice Rodolfo. Xavier estaba deprimido. No podía dormir, ni comer y no tenía
fuerzas para nada. Primero les quiero presentar a su nueva supervisora,
Alexis Montoya, dice Rodolfo. Xavier la mira y se endereza en su asiento.
Era una mujer muy bonita, fina, educada y simplemente encantadora. Todos se
miraron de re-ojo. Ella se presentó y anunció los cambios de los puestos de
ejecutivos. Mencionó algunos ascensos y comentó sobre algunos oficios que
serían eliminados. Xavier perdió el interés de los detalles pero no la mujer
frente a él. Movía sus manos delicadamente y tenía unos gestos en su rostro
muy bonitos. Sus ojos eran grandes y castaños y sus cabellos rizos y largos.
Después de una hora, llamó por nombre a algunos de los empleados y les pidió
que permanecieran en sus asientos mientras los demás se retiraron.
Xavier Alcaza, llama
Alexis. Xavier se pone de pies, por favor entre a la oficina del señor
Johnson. Xavier entra a la oficina. Tome asiento, por favor, dice Rodolfo.
¿Cómo esta usted? pregunta Rodolfo. Muy bien gracias, contesta Xavier.
Xavier, me gustaría mucho que usted tome el puesto de Director de Finanzas.
Como ya sabe, tuvimos que despedir a Ramón Valle y usted viene muy bien
recomendado. Su padre Martín también vendrá a trabajar con nosotros como el
Director de Comunicaciones. Como ya sabe las dos empresas se han unido y
tenemos que re-organizar los departamentos. El departamento de financias es
uno de los más importantes departamentos en esta empresa y me gustaría que
usted tome el mando, dice Rodolfo. Muchas gracias. No lo esperaba pero haré
todo lo necesario para cumplir y llevar el departamento adelante, contesta
Xavier. Pues, te mudas a una oficina en el piso doce, dice Rodolfo
extendiéndole la mano hacia él.
La Casa
Alcaza
Ya me dijeron que me mudo a
la Empresa Asunción como gerente del departamento de comunicaciones, dice
Martín. Así es y a mí me dieron el puesto de director de financias. Después
del desastre que hicieron en ese departamento, esos pillos, ahora voy a
tener que limpiarlo yo, dice Xavier. No te preocupes nos ayudamos uno al
otro. Por cierto conocí a la nueva supervisora y no esta nada mal, dice
Martín. Sí, gracias a Dios que a mi no me supervisa nadie. Eso es un
problema, dice Xavier. ¿Has sabido algo de Amaya? pregunta Xavier. No hijo.
Como ya sabes se fue a Los Angeles y no me atrevo andar haciéndole preguntas
a Victoria. Ella es muy seria y no me atrevo, dice Martín. ¿Cómo va todo
entre ustedes? pregunta Xavier. Muy bien, bueno más que bien, diría yo.
¿Sabes que el apartamento de Amaya sigue vacío? Ella no lo piensa vender. Yo
creo que se fue por un tiempo. Esta trabajando en un proyecto pero no será
por mucho tiempo, dice Martín. Pues eso ya no tiene remedio, dice Xavier.
Sal y distraete. Tú eres muy joven, dice Martín.
Me dice Victoria que hemos
sido todos invitados a una función del departamento de Justicia y Ciencias
Forense. A mí me estuvo eso bien raro pero Rodolfo Johnson también estará
presente. No podemos faltar. Sí, Amaya me había contado algo sobre esa
función. ¿Qué rayos tenemos nosotros que ver con todo eso? Yo estoy
acudiendo a la universidad y tomando los cursos para ingresarme al
Departamento de Justicia pero no entiendo, dice Xavier. Quizás no sea nada,
pero Victoria me ha pedido que no faltemos especialmente tú. ¿Y sigues
interesado en eso? Ahora tienes un empleo muy bueno, dice Martín. No sé lo
qué quiera hacer. No tengo fuerzas para nada, dice Xavier.
Un bar
Te habías olvidado de tus
amigos, dice Humberto. No es eso es que no sabes todo lo qué me pasó, dice
Xavier. ¿Bueno y qué pasó con lo de los estudios? Pregunta Humberto. Sigo en
eso, dice Xavier. No pareces estar muy entusiasmado como antes, dice
Humberto. Es que de repente nada tiene sentido, dice Xavier. ¿Sabes que
Angel y Alma se casan pronto? Pregunta Humberto. Sí, lo sé, contesta Xavier.
¿Vas a ir? No puedes dejar de ir a la boda de uno de tus más fieles amigos,
dice Esteban. Claro que voy, dice Xavier. ¿Vas solo? pregunta Humberto. Sí,
contesta Xavier. Ya sabemos que Amaya se fue y lo sentimos mucho, dice
Esteban.
Hotel
Hilton
Martín y Victoria toman
asientos. Estaban situados al frente de la plataforma adonde se iban a
conducir las presentaciones. Xavier entró y Martín lo llamó. Xavier tomó
asiento al lado del sargento Aldama y otros empleados del departamento de
justicia. No temas, que no estás arrestado, ríe Francisco. Imbécil,
piensa Xavier. No muy lejos se encontraban Rodolfo Johnson y su esposa
juntos al profesor Ramírez y su esposa Lidia. Xavier miró hacia Victoria y
ella sonrió dulcemente. ¿Qué rayos hago yo aquí? piensa Xavier.
La función comienza con
varios detectives del departamento presentando los casos en los cuales
habían trabajado y la importancia de la ciencia forense en casos de
violaciones y el crimen de lavado de dinero y otras violaciones de las
leyes. También presentaron a varios directores de universidades que juntos
al Departamento de Justicia trabajaban en ciertos casos.
Francisco Aldama conversó a
largas de los casos en los cuales había trabajado con la universidad y con
el profesor Ramírez. Nos gustaría presentar a la mujer que con sus esfuerzos
y valor trabajó durante seis meses en varios empleos bajo encubrimiento para
el departamento de Justicia y con la colaboración del FBI. Esta mujer
arriesgó su vida pero logró el arresto de un grupo de violadores que
trabajaban en varios clubes de adultos en la área metropolitana. También se
descubrió el lavado de dinero entre dos empresas. Les presento a la
señorita, Amaya Dulce Rosales Johnson.
Xavier se quedó mudo. No
podía creer que era detective. ¿Por qué no pudo verlo? Estaba todo frente a
él... el misterio de Sherlock Holmes, pensó éste. Qué vergüenza pensar que
no se había dado cuenta.

Amaya subió al escenario.
Xavier no la había visto entre él publico. Habían pasado varías semanas de
no verla y su corazón paró por un segundo. Estaba nervioso y quería correr
afuera y perderse entre la gente. Quería morirse. Dios mío, a mi hijo le va
a dar un infarto, dice Martín. No te preocupes estamos cerca, dice Victoria.
Amaya describió sus casos
en detalle, mensajera – durante este tiempo algunos empleados de las
Empresas Asunción y Jiménez se enviaban documentos confidenciales con datos
de las cuentas bancarias y otros detalles importantes sobre el crimen de
lavado de dinero. El caso de varias bailarinas de los clubes de adultos
fueron violadas y algunas asesinadas. Este fue el caso más doloroso para mí
ya que no pude relatar el porqué posaba casi desnuda frente a todos y por
eso perdí al ser que más quiero en este mundo. No puedo relatar mucha
información sobre estos casos porque todavía están en proceso. La
confidencialidad a la cual somos sometidos, los detectives y algunos
empleados del departamento de justicia, nos separan de nuestros familiares y
a veces es muy difícil mantener relaciones. Por lo cual quería pedirles a
los aficionados y estudiantes que se están preparando para oficios en estos
departamentos que sepan que mientras limpiamos las calles, también sufrimos
en nuestras vidas personales.
Quiero darles las
gracias a todos mis colegas del Departamento de Justicia y el Departamento
de Ciencias Forense. A mi madre, Victoria Rosales y a mi querido amigo,
Xavier Alcaza por haber sufrido junto a mi muchos desvelos. Presentemente me
encuentro en Los Angeles trabajando en un caso muy importante para la
comunidad Latina y cuando regrese me voy a dedicar a dar cursos en la
universidad junto al profesor Ramírez.
Gracias a todos, dice Amaya
tomando asiento. Todos se pusieron de pies.
Después del discurso todos
salieron afuera. Martín y Victoria felicitaron a Amaya y Xavier se acercó a
ellos. Besó a Amaya en la mejilla. Yo he sido el único ciego. Perdóname, él
dice. Ella lo mira tristemente. Me voy afuera necesito aire, dice Xavier
saliendo del hotel deprisa.
Quería llorar pero no
podía. Qué vergüenza no haber podido descubrir el misterio por mí mismo. Se
habrán reído de mí especialmente el detective Aldama. Xavier se metió a su
auto y arrancó. Necesitaba un trago y alejarse de toda esta gente que le
había virado su mundo al revés.
¿Amaya, qué pasa hija? ¿Te
vas con nosotros? pregunta Martín. Quería despedirme de Xavier pero no lo
veo, ella dice tristemente.
Ven, no te puedes quedar
aquí, dice Victoria.
Un bar
Xavier estaba destrozado.
Como puede ella decir ante todos que lo quiere y después dejarlo, dice
Xavier tomando cerveza.
Hola, dice una mujer que se
sentó a su lado. Hola, Ay perdone, no la reconocí, dice Xavier. Pues yo lo
vi entrar y estaba muy triste, dice Alexis. Problemas, dice Xavier.
Problemas tenemos todos pero la bebida solo nos quita las preocupaciones por
unas horas y luego a sufrir más, dice Alexis. ¿Esta usted con ese grupo?
pregunta Xavier. Sí, son empleados de la Empresa Jiménez. Debes conocerlos,
dice Alexis. Sabe, yo la verdad es que quiero estar solo, dice Xavier.
¿Problemas con mujeres? pregunta Alexis. No, mas bien problemas conmigo
mismo, responde Xavier. Si quiere yo puedo acompañarlo ya mis amistades se
iban, dice Alexis. Pues muy bien. ¿Qué esta tomando? pregunta Xavier.
Cerveza, contesta Alexis. Mesero, dos cervezas, por favor. ¿Estas contento
con tu nuevo puesto? pregunta Alexis. Sí, me gusta mucho, contesta Xavier.
Si quieres podemos irnos a mi apartamento y tomar cervezas sin estar aquí
con toda esta gente, dice Alexis. Xavier la mira sorprendido. ¿Qué se trae
esta? se pregunta. Al diablo con todo, él piensa. Vamos, dice Xavier.
Amaya llama por su celular.
¿Adónde estará? se pregunta. Mamá, me preocupa Xavier. No contesta. Creí que
después de descubrirse todo comprendiera pero lo vi muy extraño esta noche,
dice Amaya. Está muy dolido con todo y a lo mejor sienta vergüenza, dice
Martín. Es que me voy esta noche y no sé cuando lo volveré a ver, dice Amaya
con lágrimas en sus ojos. Martín la abraza. No te preocupes, ya aparecerá. A
lo mejor se fue a la casa.
El
apartamento de Alexis
No sé como un hombre tan
guapo como tú pueda andar solo a estas horas, dice Alexis. Tú pareces
también estar sola, dice Xavier. Sí, esta noche sí y quiero olvidarlo todo,
dice Alexis. Vamos a olvidarnos del mundo entero por esta noche, dice Alexis
acercándose a él y besándolo en los labios. Él la toma por la cintura y la
atrae mas hacia él besándola apasionadamente. Que mucho tiempo hacia que no
besaba otros labios, otra boca que no fuera la de Amaya. Que frío se
sentía... que vacío por dentro. Alexis lo desvistió y su celular fue a tener
al piso. Él lo tomó en sus manos, Amaya había llamado más de siete veces.
Perdona Alexis, parece que tengo una emergencia en la casa, él dice. ¿No te
vas a ir? Llama de aquí, ella dice. Xavier marca, nadie contesta. Marca a
Martín. ¿Papá, qué está pasando? No, estaba apagado. No quería que sonara
durante la presentación y se me olvidó, dice Xavier. ¿Cómo? ¿Pero esta
noche? ¿Cual aeropuerto, te dijo? Esta bien, ya voy. Xavier colgó el
teléfono. Alexis, perdoname pero tengo que irme. Tengo una emergencia de
familia. Yo te llamo mas tarde, dice Xavier saliendo deprisa del
apartamento. Por poco meto la mata, él dice entrando a su auto.
El
Aeropuerto
Xavier corre por el
aeropuerto buscando el vuelo de American a Los Angeles. No puede ser, ya
sale pronto. Dios mío no me hagas esto, dice Xavier nervioso. ¿Señorita el
vuelo de American hacia Los Angeles? él pregunta. Sí, están abordando ahora.
Xavier vuelve a llamar por celular. Amaya contesta. Amaya, es Xavier.
Perdona he llegado demasiado tarde. ¿Sí, estoy aquí... y cuando volveré a
verte? pregunta Xavier. No me digas esto Amaya, por Dios. Xavier no pudo
controlar las lágrimas. ¿Cómo me haces esto ahora? Xavier se sienta en el
piso cubriéndose el rostro con su brazo. No ves... quise emborracharme,
matarme, no sé. Eh sido un estúpido. No pensé que te ibas hoy, dice Xavier.
¿No voy a volver a tenerte en mis brazos? ¿Por qué? llora Xavier. Todos lo
miraban. Sí, no te quedes allá... regresa. Yo te voy a esperar, él dice.
Amaya yo te amo... te amo, llora Xavier pero la llamada se corta. Un hombre
de seguridad se acerca y le pregunta, ¿señor necesita ayuda?
Martín y
Victoria
Qué susto tengo, dice
Martín. Mi hijo no es muy fuerte. De cualquier cosa le dan mareos y se
vuelve todo un chicle, dice Martín. Ella va a volver es que no se sabe
cuando pero Amaya no se acostumbra estar muy lejos de mí. Soy su única
familia. Yo sé que ella lo ama, dice Victoria. Sí, estoy seguro que se
quieren mucho. Me da mucha pena. Me dijo que ella era una Ninja... me dio
risa pero ahora lo entiendo. Estaba confundido. Yo tampoco me imaginé nada.
Amaya es tan joven para hacer lo qué hizo, es increíble su valor, dice
Martín. Ven siéntate, ya pronto aparecerá por ahí Xavier y vamos a tener que
consolarlo, dice Victoria dulcemente. Martín la abraza. Victoria, me estoy
enamorando de ti, perdóname, no he podido resistir, dice Martín. Yo también
te quiero, dice Victoria besándolo en los labios.
La Casa
Alcaza
Xavier entra a su habitación y se tira en la cama rendido. La perdí para
siempre. Otro hombre le estará haciendo el amor pronto. Es demasiado hermosa
y los hombres no la van a dejar en paz. No sé como hizo hasta ahora para
estar sola. Qué celos tenía de todos y qué rabia haber tenido la oportunidad
en sus manos y haberla perdido. Ella se va a buscar un hombre que no sea tan
antiguo como yo. Que no sea tan estúpido y tan celoso. ¿Pero a qué hombre no
le hubiese pasado lo mismo? No puedo quitarme eso de la mente. Ninguno de
sus amigos se dieron cuenta que ella era detective y lo peor de todo es que no puedo
vivir sin su cuerpo. ¿No volverla a tocar? No puedo, él dice torturado.
Martín
toca a la puerta
Oye, ahí te andan
procurando, dice Martín. Xavier sale afuera. Hola, qué sorpresa, él dice.
Siéntate, dice Xavier. Alexis toma asiento. Me quedé muy preocupada. No me
llamaste y me quedé esperándote, dice Alexis. Perdona se me olvidó del
completo. He tenido la cabeza loca últimamente, dice Xavier. Pues no quería
molestarte solo quería saber si todo estaba bien ya que saliste deprisa,
dice esta. Pues gracias, todo esta bien, dice Xavier. Entonces me voy
tranquila pero ya sabes donde vivo si me necesitas, dice Alexis. Igualmente,
dice Xavier. ¿Te llevo o llegaste manejando? pregunta Xavier. Tengo mi auto,
gracias y buenas noches, dice Alexis.
Martín salió de su
habitación. ¿Qué estas haciendo? pregunta este. Nada, papá, me la encontré
en un bar y se me fue encima, dice Xavier. No te vayas a meter con esa mujer
y causar un problema en la Empresa, dice Martín. Además, Amaya va a
regresar, no te vayas a meter en líos porque estoy seguro que esa chica te
quiere y de verdad. No sigas jugando con ella si quieres andar por ahí
enamorando a medio mundo, dice Martín. Xavier mantuvo su cabeza bajada.
Amaya y
Pete
No te enojes. Le pedí a
Francisco que trabajaras conmigo en esto. Él no se opuso porque sabe que
eres leal y mantienes tu confidencialidad intacta. Pero también lo hice
porque no he podido olvidarte y estoy loco por volver contigo, dice Pete.
Pues ya es muy tarde, estoy enamorada de otro hombre y en cuanto termine
aquí, me voy y no pienso regresar. Voy a dar cursos en la universidad junto
para el departamento de justicia. No quiero volver a tener problemas con el
hombre que amo. Me perdonas pero lo nuestro quedó en el pasado, dice Amaya.
Yo tengo mas oportunidad contigo que él que esta tan lejos y conociéndote
como lo hago dudo que te resistas, dice Pete. No lo intentes, dice Amaya
tristemente.
Ven, quiero ponerte al
tanto sobre el caso, dice Pete.
La
Empresa Asunción
¿Hola Xavier, cómo estas?
pregunta Alexis. Muy bien y tú, pregunta Xavier. Sabes, Miguel me ha
invitado a una boda y dice que tú también vas, dice Alexis. Pues sí, este
sábado, contesta Xavier. Entonces te veo por allá, dice Alexis. Él la ve
alejarse. No tienes nada que me interese pero no estas nada mal y me quedé
con las ganas la otra noche, él piensa.
El
teléfono suena
Xavier contesta. Sí ya veo
que invitaste a Alexis. Que bien, dice Xavier. No sé. ¿Quién es? No sé si
deba. Es que siempre me meto en problemas y ya hasta tengo miedo de salir,
dice Xavier. No me digas que una de las amiguitas jovencitas de Milagros,
dice Xavier. A mí me gustan las mujeres, ya lo sabes, dice Xavier riendo.
Bueno, como quieras al fin es solo una boda, dice Xavier.
Amaya en
su hotel
¿Qué estará haciendo? Ese
no va a poder mantenerse solo. Es tan guapo. Se le van a pegar como moscas
las mujeres. Qué celos pensar que otra mujer lo puede estar acariciando
ahora mismo, besándolo. Lo debí echar todo a perder por él. Nada vale la
pena sin él, sin sus caricias, sin sus miradas de celos, de rabia. Todo, me
gusta... todo de él, ella dice tristemente.
Necesito oír su voz, ella
dice marcando en su celular. Empresas Asunción, Xavier Alcaza, contesta
Xavier. Hola. ¿Quién habla? ¿Tendrá él numero equivocado? dice Xavier
colgando.
La boda
de Angel y Alma
Xavier entra al club
Astoria. Felicidades, él dice besando a Alma y abrazando a Angel. La novia
mas linda del mundo, dice Xavier sonriendo. Comportate que ya eres un hombre
casado, nada de nada, ríe Xavier. Ni en broma, chico, eso duele mucho. No
vale la pena uno estar suplicando, dice Angel. Ahí vienen Juan y Miguel.
Echale mira eso con mujerotas, no mas, ríe Xavier. El pesao' de Miguel ya
enganchó a la nueva supervisora, dice Angel. ¿De veras? pregunta Xavier.
¿Hola primo, qué hubo? Mira
quiero presentarte a mi amiga Mirna Estévez, este es Xavier Alcaza y ya
conoces a los novios, ríe Miguel. Mucho gusto, dice Xavier. El pesado de
Juan me quitó a Alexis y no la suelta, dice Miguel. Xavier ríe. ¿Bueno, pues
bailamos? pregunta Xavier tomando la mano de Mirna.
La tomó en sus brazos al
paso de un bolero. Era muy linda, rubia de ojos verdes y un rostro dulce
pero bien delgada. Quizás era porque no podía sacarse el cuerpo de Amaya de
su mente pero últimamente todas le parecían demasiados delgadas. No como
Amaya con aquellas nalgas que lo volvía loco y aquellas curvas que paraban
él trafico. Ella sí era mujer en todo sentido. Que mucho le hacia falta
acariciar su piel sedosa y hacerla suplicar, rogar, él piensa. Vamos a
bailar la próxima, dice Xavier sin querer soltar a Mirna. Estaba excitado y
solo quería tener una mujer cerca. Juan se acercó a ellos y se la arrebató
de los brazos. Me debes una, dice Xavier.
Xavier caminó hacia el bar.
Aquí nos vemos de nuevo, dice Alexis. Sí, dice Xavier. ¿Qué vas hacer
después de la boda? Bueno lo digo porque estas bodas se terminan temprano,
dice Alexis. No sé, contesta Xavier. Vamos a mi apartamento tenemos algo
pendiente, ella dice. Xavier se queda asombrado. Estas con Miguel, él dice.
Sí, pero hasta que se termine la boda, ella dice. No creo que sea buena
idea, dice Xavier. No quiero ser traidor, continúa Xavier mirando hacia
Miguel. Bueno estaré en mi apartamento esperándote. No me vuelvas a dejar
esperando, ella dice coquetamente. Xavier tomó de su cerveza. ¿La mujer
me gusta para la cama, pero y después qué hago con ella? él piensa.
Mejor me desaparezco antes
que se termine la boda, piensa Xavier saliendo del club y metiéndose a su
auto... arranca.
No puedo creer que ese
imbécil me volvió a dejar esperándolo y tan bueno que está. ¿Qué más tengo
que hacer? se pregunta Alexis entrando a su edificio. Sube a su piso y allí
parado contra la puerta de su apartamento estaba Xavier. Ella se acerca y lo
besa en los labios, él responde. Ella abre la puerta y entran. Ella lo
desviste, lo besa, lo agarra entre piernas y él se rinde al placer de volver
a sentir el cuerpo de una mujer entre sus brazos. La levanta del piso en sus
brazos y la lleva a la cama. La desviste, la acaricia, enreda sus manos en
los cabellos rizos de Alexis tomándola desesperado bruscamente sin
importarle el placer de Alexis solo quería saciar sus deseos.
Ella lo voltea y se siente
encima de él. Besándole todo el cuerpo, mordiéndolo. Ay, no me muerdas se me
hacen marcas, dice Xavier. Ella lo ignora. Óyele, deja eso, él dice. Ella le
besa el rostro, el cuello, con su lengua, sus dientes y Xavier estaba
perdiendo el control y las fuerzas. No... no, él dice enloquecido en su
placer.
La Casa
Alcaza
Xavier entra y se dirige a
su habitación. Xavier, llama Martín. ¿Qué fue? pregunta Xavier. Ven acá que
tengo que hablar contigo, dice Martín. Xavier sale a la sala. ¿Óyeme pero
qué diablos te pasa a ti? pregunta Martín. ¿Qué pasa? pregunta Xavier. ¿Qué
pasa? Mirate como estás todo marcado de chupones, dice Martín molesto. Papá,
mira necesito una mujer, por Dios, qué quieres, dice Xavier molesto. Xavier,
tú no eres hombre de andar con esas cosas. Ahora yo no sé lo qué vayas a
hacer, dice Martín. ¿Hacer de qué? pregunta Martín. Amaya esta en su
apartamento. Le hiciste demasiada falta y vino a pasar el fin de semana
contigo, dice Martín. ¡No! ¿Dios cómo me pasan estas cosas? se pregunta
Xavier. Pero mira eso qué descaro. Esa mujer lo hizo a propósito para que te
viera tu mujer. ¿No habías pensado en eso? Me atrevo apostar que te marcó
por donde quiera, dice Martín. Xavier bajó su cabeza avergonzado. Quería
llorar. No te vayas a marear. Eso te lo buscaste tú. Ahora a ver como sales
de esta, dice Martín.
El
teléfono suena...
Hola, contesta Xavier. Sí,
sí mi amor. No me siento muy bien, él dice. La verdad es que estaba nervioso
y le estaba afectando él estomago. Me hubieses llamado, dice Xavier. No
grites. Controlate, sí, ya voy para allá, dice Xavier. ¿Dios mío qué voy
hacer? Si me ve así me deja para siempre. Quiero meterme bajo la tierra,
dice Xavier rabioso.
Se mete al baño. Dios mío
si esa mujer me dejó todo el cuerpo marcado. Es una vampiresa, dice Xavier
nervioso. ¿Qué voy hacer? Ay no puedo ir. No puedo, dice Xavier nervioso.
El
apartamento de Amaya
¿Quien? pregunta Amaya. Es
Pedro, dice Pete. ¿Qué haces aquí? pregunta Amaya. Bueno yo también tengo el
fin de semana libre. ¿Ya que llegamos juntos porque no podemos disfrutar de
estos días juntos? pregunta Pete besándola. Óyeme, por favor, Pete. Ya te
dije que vine a pasar unos días con Xavier, ella dice molesta. ¿Y a donde
esta el principito? pregunta Pete molesto. Ya viene por ahí así que vete,
dice Amaya. En eso tocan a la puerta. Dios mío, dice Amaya nerviosa.
Estúpido, grita Amaya furiosa. Que entre que quiero hablar con él, dice
Pedro. No te atrevas, dice Amaya. Tú fuiste mía primero y que no se te
olvide nunca, dice Pete furioso.
Amaya
abre la puerta...
Buenas, pregunta Xavier
mirando a Pete. ¿Estoy interrumpiendo? pregunta Xavier. No, dice Amaya. Este
es Pedro Morales, dice Amaya. Mucho gusto, dice Xavier mirándolo a los ojos
fijamente. ¿Por qué tan nerviosos? pregunta Xavier. Pete ya se iba, dice
Amaya. No, espera un minuto, él que sale sobrando aquí soy yo, dice Xavier
molesto. Xavier, por favor, tengo que hablar contigo, no te vayas, ella dice
con lágrimas en sus ojos. Pete lo mira burlonamente y dice, Mira Xavier lo
qué ella no quiere decirte es que fue mía mucho mas antes que tú la
conocieras y nos separamos y tú te metiste con mi mujer, dice Pete. Xavier
se acerca al rostro de Pete. No, ella es mía. Tú la perdiste. Date por
vencido porque esta mujer es mía, grita Xavier enfurecido. ¿Ah sí claro y a
qué te crees tú que se fue a Los Angeles? A buscarme, dice Pete escupiendo
las palabras. Xavier lo toma por el cuello de la camisa. Te mato, me
entiendes imbécil, te mato si la tocas, dice Xavier enfurecido. Por favor,
dice Amaya tratando de separarlos. Pete la empuja y Amaya cae al piso.
Xavier empuja a Pete contra la pared y lo golpea con sus puños. ¡Basta!
grita Amaya. Pete se compone y sonríe burlonamente. ¿Tú dices que es tuya?
¿Qué te pasa? ¿Eres estúpido? Esa mujer fue mía cuando era virgen, grita
Pete. Pete por favor vete, grita Amaya. Pete sale del apartamento tirando la
puerta.
Xavier se quedó frío
mirandola. ¿Qué es lo qué tienes que decirme? pregunta Xavier. Amaya toma
asiento. Xavier estaba furioso y la mira enfurecido. ¿Me vas a dejar por ese
hombre? pregunta Xavier. No, él esta mintiendo yo no tengo nada con él. Sí,
en un tiempo pero se acabó. El que insiste es él y no fui a Los Angeles por
él. Él pidió que fuera yo quien lo ayudara con un caso. Él era mi jefe
cuando lo conocí, dice Amaya. Solo vine a pasar el fin de semana contigo,
ella dice. ¿Y qué diablos hace él aquí también? pregunta Xavier. Me siguió,
ella dice ahora llorando.
Xavier camina de un lado al
otro. Estaba furioso y quería pelearse con ese tipo. Quería ver sangre. ¿Y
qué querías decirme? él pregunta. Ya no sé si importe, ella dice. Te conozco
y sé que estas pensando lo peor de mí ahora mismo, dice Amaya. Pues sí,
estas en lo cierto. No va más de un mes y ya tienes otro macho amarrado a
tus pies, él dice rabioso. No te voy a creer que no te acostaste con él. Por
eso esta aquí exigiendo. Del contrario no tuviese en que valerse, dice
Xavier. Ella llora. Nos quieres a los dos. Eso es. No te conformas con uno.
Tienes que tener dos hombres a tus pies peleándose como gallos de pelea,
dice Xavier enfurecido. Ella mantiene su cara bajada. ¿Qué me dices a eso?
pregunta Xavier. Nada, no me vas a creer nada, dice Amaya tristemente.
Ella abre la puerta. Vete,
ella dice tristemente. Si lo veo contigo te juro que lo mato. ¿Me estas
escuchando? Lo mato con mis propias manos, grita Xavier saliendo del
apartamento. Se detiene.
Se mete al ascensor y marca
de nuevo el piso veinte. Toca a la puerta de nuevo. ¿Quien? ella pregunta.
¡Abre la maldita puerta! exige Xavier. Ella abre. Y otra cosa que se me
olvidó decirte, por si las dudas. ¡No vales nada! él grita enfurecido
volviendo a meterse al ascensor.
Xavier en su auto,
estaciona. Estaba tan furioso que no podía respirar. Maldita sea, él dice.
La Casa
Alcaza
¿Me vas a decir lo qué
pasó? pregunta Martín. No, contesta Xavier molesto. ¿Ya te peleaste otra vez
con esa pobre muchacha? pregunta Martín. Papá, por favor, estoy furioso,
dejame en paz, dice Xavier.
El
teléfono suena...
Sí, mi amor, aquí está. No
sé lo qué pasó. ¿Ella te contó? ¿No me digas? Pero esto va de mal en peor,
dice Martín. Es que este muchacho no razona. Es demasiado celoso. Por ahí
esta que echa chispas, dice Martín.
¿Oye, adónde vas? pregunta
Martín. No lo sé, a un bar, dice Xavier. ¿A buscar más chupones? pregunta
Martín. No fue por eso que discutimos, papá, tenía un hombre en su
apartamento que según él habían sido novios. Surge que esta en Los Angeles
con ese tipo. Por poco, papá, lo mato allí mismo, dice Xavier. Mira
tranquilizate que eso no va a resolver nada. Amaya esta histérica allá en su
apartamento y Victoria va para allá ahora. ¿Qué le hiciste? pregunta Martín.
Yo nada, la insulté. Se lo merecía y estoy harto de todo esto, dice Xavier.
Pues no sé qué decirte. Ella venía a decirte no sé qué cosa y Victoria
estaba muy contenta con todo eso, dice Martín. Ella venía a contarme lo de
su noviecito. Eso era todo. Quizás a pedirme perdón porque se había ido a la
cama con él. Eso es por segurito, dice Xavier. No salgas. Te lo prohíbo. Yo
te conozco y lo qué quieres es encontrarte con ese hombre. Bueno pero tú si
tienes cojones, hombre. ¿Te vas de ronda por ahí y te enfadas con ella?
pregunta Martín.
Tocan a
la puerta...
Hola, entra, dice Martín.
Victoria entra con Amaya. Xavier permanece sentado con su cabeza bajada.
Amaya se sienta a su lado. Me voy esta noche. Solo quería despedirme, dice
Amaya besándolo en la mejilla. Que seas feliz con la mujer que te marcó todo
el cuello, ella dice tristemente. Xavier mantiene silencio, se avergonzó.
Pero Victoria, por favor,
no deje que los problemas entre los muchachos nos separen, dice Martín.
Martín es que mi hija esta sufriendo mucho. Yo debo irme con ella. Yo
conozco bien a Pedro y no la va a dejar en paz. Para separarse de él le tuvo
que meter la policía, dice Victoria. Quizás sea mejor así. Mientras nosotros
estemos juntos ellos no van a poder olvidarse el uno del otro. Es otro
sacrificio que tengo que hacer pero por mi hija yo lo hago todo, dice
Victoria. ¿Entonces tú también vienes a despedirte? ¿Así no más? ¿Te vas y
me dejas? pregunta Martín. Perdóname, algún día tú entenderás pero ahora no
la puedo dejar sola. Ella me necesita, dice Victoria.
Victoria sale con Amaya de
la casa...
Mira lo qué has hecho.
Victoria se va con Amaya y me deja así como si na', dice Martín. Papá lo
siento mucho. No entiendo lo qué está pasando. Victoria no tiene por qué
irse con ella, dice Xavier. Sí, tiene que irse con ella porque esta
destrozada y la necesita. Es su única hija, dice Martín tristemente. Se
traían algo esas dos y Victoria estaba muy contenta. De repente todo se fue
al diablo, dice Martín.
Perdóname, dice Xavier con
su cabeza bajada.
Francisco y Pete
Esperate un momentito,
Pedro. Yo la mandé a Los Angeles porque tú me pediste ayuda con ese caso. No
la mandé para que tú trataras de volver con ella. Si yo sé eso no la mando
para allá. Olvidate de todo. Ella ama a Xavier, dice Francisco. Ese
muchachito no es para ella. Ella se merece un hombre, dice Pete. Además ya
casi terminanos con el caso, dice Pete. Ella tiene una gran oportunidad aquí
en la universidad y una vez termine con su trabajo en Los Angeles se cierra
ese libro. Va a comenzar una nueva carrera, una nueva vida y ella se lo
merece, dice Francisco. ¿Al lado de ese mocoso? pregunta Pete. No puedes
obligarla a quererte Pedro y tú bien sabes que eso de estar siguiéndola a
todas partes esta contra la ley. Tú bien lo sabes y uno de estos días te
arresta y te mete a la cárcel, dice Francisco.
La
Empresa Asunción
Estás muy serio conmigo,
dice Alexis. Sí, me molestó mucho lo qué hiciste, dice Xavier. Hombre pero
no es para tanto. Además a ti te gustó mucho, dice Alexis. A mi mujer no.
Por favor, Alexis, no quiero nada contigo. Lo siento pero dejame en paz.
Estoy harto de los problemas, dice Xavier.
Xavier entra a la oficina
de Martín. ¿Has recibido noticias de Victoria? pregunta Xavier. No, nada,
contesta Martín. Eso se acabó. Yo no voy hacerle la vida imposible. Si se
quiere alejar de mí, pues ni modo. Yo estoy tan acostumbrado a sufrir que ya
me da lo mismo, dice Martín. Me voy de aquí, dice Xavier. ¿Cómo que te vas
de aquí? pregunta Martín. Me ofrecieron un empleo en el Departamento de
Justicia. Necesito hacer algo diferente. Estoy harto de oficinas. Esto no es
para mí, dice Xavier. Bueno pues me alegro por ti. Vas hacer algo que te
gusta y el dibujo siempre fue tú afición, dice Martín.
La
Universidad
Que bueno verte aquí. Ya
andabas perdido, dice Esteban. Tengo que terminar el curso y pienso tomar
otras clases este semestre, dice Xavier. No sé como tú puedes concentrarte
en los estudios. Siempre fuiste el mejor en la clase y sin embargo no me
acuerdo verte estudiando fuera de la escuela. ¿Cómo lo haces? pregunta
Miguel. No sé aprendo mucho durante las clases y no se me olvida lo qué
aprendo. Casi no estudio para los finales, dice Xavier. ¿Será por eso que
las mujeres se mueren por ti? pregunta Humberto. Ese asunto también es un
curso y muy importante, ríe Xavier. Ya sé que estas solo. Miguel y Alexis se
la pasan juntos, dice Humberto. Será porque no puede acostarse con otra ya
que debe estar todo marcado como carne en el mercado, dice Xavier. ¿Qué
sabes tú de eso? pregunta Esteban. Yo nada, ríe Xavier. El profe contrató un
modelo, un hombre, dice Esteban. No creo que pueda dibujar eso, dice
Esteban. Miralo como arte y podrás concentrarte, dice Xavier.
¿Sabes lo qué tuve que
dibujar la otra noche en un curso del Departamento de Justicia? Un cadáver,
dice Xavier. Rayos, a mi no me gusta eso, dice Humberto. Lo único fue que
después me dieron pesadillas. Me parecía que el muerto me estaba velando.
Que me pedía que resolviera su caso, dice Xavier. Que feo esta eso. Yo no
silbo para eso, dice Esteban. No sé como Amaya pudo tratar con esos
criminales. Una muchacha tan joven. Qué valor tiene, dice Esteban. Estuve
leyendo algunos casos que ella resolvió y tiene algo muy raro. Puede ver
misterios a donde no los hay. Tiene un gran sentido de lo qué sufren las
mujeres maltratadas y quiere vengarse de los hombres que las someten a
barbaridades. Es una de las más entrenadas en el caso de violaciones
sexuales. Se expone sin temerle a nada. La comprendo mucho más ahora que
nunca, dice Xavier tristemente.
Necesitas conocer a otra
mujer. Estas joven y no debes esconderte entre los libros y el trabajo. Has
cambiado mucho. Ya no sales con nosotros a divertirte. Eso no es bueno, dice
Humberto. No sé lo qué me pasó. Cometí tantos errores que no sé qué me pasó.
Es como que se apagó la luz en mi cuerpo. No tengo deseos de nada, dice
Xavier. Eso son esos cadáveres. A cualquiera se le quita la piquiña, dice
Esteban. Todos ríen.
El
celular de Xavier suena...
Este es Xavier, él dice.
Silencio. ¿Me puede decir qué diablos le pasa conmigo? Se la pasa llamándome
a todas horas. ¿Qué quiere de mí? pregunta Xavier colgando. ¿Qué fue eso?
pregunta Esteban. No sé quien rayos me llama y se queda sin decir nada pero
a todas horas, dice Xavier. Mira la factura de la compañía del celu a ver de
donde viene la llamada, dice Humberto. Sí, voy a ver si devuelvo la llamada
a ver quien contesta pero puede que llamen de cualquier teléfono público,
dice Xavier. Aquí se necesita un buen detective, ríe Esteban.
Xavier devuelve la llamada.
Nadie contesta y se corta la línea. Nada, él dice pensativo.
La Casa
Alcaza
Papá, ya sé preparar arroz
blanco, dice Xavier. Ya era tiempo. Yo aprendí a cocinar a temprana edad. Un
hombre solo debe saber hacer de todo, dice Martín. ¿Y qué rayos vas a hacer
con arroz blanco? pregunta Martín. No sé, dice Xavier. Fríe huevos y ya
está, dice Martín. Alguien me sigue llamando por teléfono y luego no habla,
dice Xavier. Eso son esos aparatos de celulares. Yo no me acostumbro hablar
por ese aparato, dice Martín.
El teléfono suena...
Hola, dice Xavier. Nada,
silencio. Papá ven acá para que oigas esto, dice Xavier. No hay nadie, dice
Martín. Mire no sé que se trae conmigo pero si eres hombre nos vamos a los
puños y si eres mujer nos vamos a la cama, dice Xavier enganchando. ¿Ves,
qué te digo? Por el celu y donde quiera me llama. Primero era una vez en
cuando pero luego ha sido casi todos los días, dice Xavier. No será la
mujercita esa, la vampira, dice Martín. No lo creo. Esa mujer esta con
Miguel y me creo que viven juntos, dice Xavier. Cambiate él numero, dice
Martín. No mejor voy a ver si hay alguien en el Departamento de Justicia que
me pueda averiguar. Ahora quiero saber quien es y pedirle cuentas, dice
Xavier molesto.
Victoria
y Amaya
Ya va tanto tiempo que
quizás ni se acuerde de mí, dice Victoria. Lo dudo. Ese hombre además de ser
bien guapo, mamá, es un hombre muy serio. Yo dudo que haya dejado de
quererte así no mas, dice Amaya. ¿Y tú, hija, has podido olvidar? pregunta
Victoria. No y no quiero olvidarlo. Creo que lo amo mas que nunca, mamá. Yo
no soy mujer que pueda estar con un hombre y pensando en otro. Mientras él
esté en mi mente, en mi cuerpo, no voy a poder amar a nadie mas, dice Amaya
tristemente. Te comprendo, dice Victoria. Ya pronto podremos volver. Me hace
tanta falta mi apartamento. Supe que Xavier esta trabajando para el
departamento de justicia y que le va muy bien. Me lo dijo Francisco. Me
alegro mucho porque así, no sé por qué, pero lo siento mas cerca, dice Amaya
con lágrimas en sus ojos.
El
Departamento De Justicia
Xavier entra a su oficina.
Varios detectives lo saludan. ¿Querías hablar conmigo? pregunta Marie. Sí,
entra y toma asiento. Esto es algo personal. Mira sucede que me están
haciendo llamadas a todas horas del día a mi celu y a mi casa, dice Xavier.
Eso no es ningún misterio. Es una mujer que quiere oír tu voz, sentirte
cerca, dice Marie. ¿Qué dices? Pues sí. A las mujeres nos gusta hacer esas
cosas, dice Marie. Yo no conozco a nadie que se vaya a poner con eso, dice
Xavier. Pues un hombre no es. Un hombre más bien te llama y te insulta si
tiene bronca contigo pero una mujer, sí lo hace, dice Marie. Marie, yo
necesito saber quien es. ¿Puedes ayudarme? Sí claro, dame las facturas con
los detalles de las llamadas y te averiguo. Hoy mismo te doy los resultados,
dice Marie. ¿Hoy mismo? él pregunta. Sí, dice Marie saliendo de la oficina.
Hola Xavier, dice Francisco
sentándose. Tengo noticias, él dice. ¿Sí? pregunta Francisco. Amaya vuelve
pronto. Se ha resorbido el caso en Los Angeles y esta loca por regresar. Ya
sabes que va a estar trabajando aquí pero también en la universidad, dice
Francisco. ¿Aquí? ¿En este edificio? pregunta Xavier. Pues sí. Ella va
ayudarnos con algunos casos pero no vuelve a trabajar las calles, dice
Francisco. Que bien, dice Xavier nervioso. Te lo digo para que no te vayas a
poner blanco como un papel y desmayarte si las ves aquí, ríe Francisco.
Gracias, dice Xavier.
Xavier
en su habitación
¿Dios mío como me sentiré
cuando la vea? ¿Será la misma? Va tanto tiempo, casi dos años que no la veo.
Eso es mucho tiempo. ¿Se habrá casado? Dios mío todavía la quiero. ¿Cómo voy
hacer para no sufrir si tiene otro hombre en su vida? piensa Xavier.
El teléfono suena...
Hola, silencio. ¿Quién es?
Sí soy yo. Marie, qué susto. ¿Me tienes noticias? pregunta Xavier. Sí, las
llamadas vienen de Los Angeles, dice Marie. ¿Conoces alguien allá? pregunta
Marie. ¿Estás segura? pregunta Xavier. Sí, esta clara la información en las
facturas, ríe Marie. No, pero... ¿de veras? Sí, todas las llamadas salieron
de Los Angeles, dice Marie. Gracias, te debo una, dice Xavier. ¿Dios mío
será ella? No puedo creerlo, dice Xavier. ¿Oye, pero tú no miras las
facturas? ella pregunta. No, dice Xavier pensativo.
El celular suena...
Xavier corre a contestar.
¿Sí? Nadie contesta. Mire por favor no cuelgue. Por favor, le estoy rogando,
dígame quien es. Porque necesito saber, necesito saber... dice Xavier
llorando. No, no me cuelgues. ¿Qué es eso? ¿Estás llorando? No llores, dime
quien eres. Por favor, no cuelgues, ruega Xavier. Silencio.
¿Hijo qué pasa? pregunta
Martín. Papá, creo que las llamadas son de Amaya, dice Xavier. ¿Estás
seguro? Sí, estaba llorando y además ya sé que todas las llamadas vienen de
Los Angeles. Una colega me lo investigó, dice Xavier secándose las lágrimas.
Ven hijo, deja eso. No te hagas ilusiones porque vas a sufrir mas, dice
Martín. Es que estaba llorando, papá. Tiene que ser ella, dice Xavier. Ven,
vamos para que comas algo. Estás demasiado delgado, dice Martín
entristecido.
Me dijo Francisco que Amaya
vuelve pronto y que va a trabajar en parte para el Departamento de Justicia
y también para la universidad. ¿Cómo voy hacer? pregunta Xavier. Ya va mucho
tiempo. Quizás cuando la veas ya no sientas lo qué sentías en un tiempo. Las
cosas cambian y las personas cambian, dice Martín. Es que yo no la he
olvidado y todavía la sigo queriendo igual, dice Xavier. Qué lío, ahora vas
a volver con el mismo sufrimiento de antes. Yo ya no soporto mas
sufrimientos, dice Martín cubriéndose el rostro con sus manos.
Una
semana después...
Martín
en un restaurante
Pues yo no estoy seguro que
pueda ser feliz otra vez. El tiempo y los años endurecen a uno y uno se
acostumbra a estar solo, dice Martín. Sí Martín, pero eso mismo dijo mi papá
y ya ve, se casó otra vez, dice Juan. Martín mira a hacia la puerta y de
repente se queda mudo. ¿Qué pasa? pregunta Juan. ¿En donde diablos están mis
lentes? pregunta Martín. Se pone los lentes y vuelve a mirar. Era Victoria y
la mesera la dirigía a una mesa. Juan tapame, no quiero que esa mujer me
vea, dice Martín nervioso. En eso entra Amaya con un niño de la mano y se
sienta junto a Victoria. Martín tragó gordo. No puede ser Dios mío, dice
Martín. ¿Oiga usted esta bien? Lo veo muy pálido, dice Juan. Quedate quieto
que no quiero que me vean, dice Martín.
En eso el niño corrió tras
una pelota y Martín tomó la oportunidad para verlo bien. ¿Esta es tú pelota?
pregunta Martín con lágrimas en sus ojos.
¿Xavi, donde estas? ¿Qué
haces? pregunta Amaya. Martín levanta su rostro hacia ella y sin poder
evitar sus lágrimas las cuales ahora estaban corriendo libremente por sus
mejillas. Martín, dice Amaya. ¿Eres tú Martín? pregunta Amaya abrazándolo.
En eso Victoria se acercó a ellos. Hola Martín, dice Victoria. Hola, dice
Martín mirando al niño y acariciándole los cabellos. Perdonen, me creo que
me va dar un infarto, dice Martín saliendo del restaurante deprisa.
La Casa
Alcaza
Martín entra desesperado.
¿Xavier? él llama. ¿Qué pasa papá? pregunta Xavier. Papá estas pálido.
¿Llamo una ambulancia? Responde, grita Xavier desesperado. No, espera, dame
un vaso de agua, dice Martín. Espera un minuto que venía corriendo, dice
Martín. Parece que has visto un fantasma, dice Xavier. Mira hijo, siéntate.
Acabo de ver a Victoria y a Amaya, dice Martín. ¿De veras? pregunta Xavier.
No vas a creerlo, dice Martín. Habla ya me tienes nervioso, dice Xavier.
Amaya tenía un niño con ella y es la mera imagen tuya cuando tenías esa
edad, dice Martín. Ella me vio y me abrazó y yo salí corriendo del
restaurante como un estúpido. Me puse a llorar y no podía calmarme, dice
Martín. Papá, no me digas eso, dice Xavier. Pues sí. El niño estaba jugando
con una pelota y yo la recogí del piso y se la devolví y es como estar
mirándote a ti, hijo, dice Martín llorando. ¿No puede ser, un hijo? llora
Xavier. ¿Estás seguro papá? Puede que sea de otro, dice Xavier. ¿Pues no,
qué te crees que estoy ciego? Además ella lo llamó, Xavi, dice Martín. Es tu
hijo y mi nieto, llora Martín abrazándolo fuertemente. Ahora sé lo qué pasó.
Ella vino a decirte que estaba embarazada cuando pasó lo qué pasó y después
claro Victoria se fue con ella, la iba a necesitar, dice Martín. ¿Estaba
sola papá? ¿Había un hombre con ella? pregunta Xavier. No, estaban solas. Yo
ni vi bien a Victoria. No pude mirarla a los ojos porque tenía vergüenza que
me viera llorando, dice Martín. Dios mío, papá, no me siento muy bien, dice
Xavier cayendo al piso desmayado. ¡Muchacho! grita Martín desesperado.
¡Xavier, hijo, responde! Dios mío, se muere mi hijo, dice Martín llamando
por teléfono.
El
Hospital
Señor Alcaza, entre por
favor, dice el doctor de emergencia. Su hijo esta bien pero sufrió un ataque
nervioso y no lo quiero alarmar pero tiene que cuidarse. Muchos hombres
jóvenes les fallan el corazón y es un peligro. Se tiene que someter a
algunos exámenes. Aquí ya le hicimos algunos y todos los resultados han sido
normales, dice el doctor. A él siempre que pasa malos ratos o un susto se le
revuelve él estomago, se desmaya, se pone blanco como un papel, dice Martín.
Pues él debe hacerse los estudios y asegurarse que todo esté bien. Puede ser
simplemente nervioso pero por si acaso aquí le voy a mandar estas pastillas.
Son calmantes y quiero que me vea en la oficina en unos días para comenzar
los exámenes, dice el doctor. Gracias, dice Martín.
Hijo, dice Martín
abrazándolo. Ya te ves mejor, dice la enfermera, y mira no mas lo guapo que
eres, ella dice. Gracias por todo, dice Xavier. Ven, vámonos que por poco a
mí me tienen que dejar aquí también, dice Martín.
La Casa
Alcaza
¿Papá, crees que debo ir a
verla? pregunta Xavier. Sí, y vamos los dos porque si es sangre mía tengo
derecho, dice Martín. ¿Cuándo vamos? pregunta Xavier. Mañana domingo es
bueno. Lo único es que no sé si están en la casa de Victoria, dice Martín.
No voy a poder dormir en toda la noche. Mira ven, quiero que veas fotos
tuyas cuando tenías un añito para que veas bien lo qué te digo, dice Martín.
¿Ves? Eras travieso pero
esos ojos grandes y tristes, forrados de pestañas largas no sé me olvidarán
jamás y el niño los tiene igualitos. También tiene tus cabellos castaños, tú
nariz. Era como cuando tú estabas frente a mí jugando, dice Martín con
lágrimas en sus ojos. No te pongas nervioso papá o te vas a tener que tomar
las pastillas que me dieron en el hospital, dice Xavier. Martín ríe. Soy
padre, es que no puedo creerlo, Dios mío, que lindo se siente, dice Xavier.
Sí, es lo más hermoso del mundo, dice Martín.
La Casa
de Victoria
Xavier y Martín tocan a la
puerta. Victoria abre. Hola, entren, ella dice. Que lindo que estén aquí,
ella dice. Para ti, dice Martín con un ramo de rosas blancas. Gracias,
siéntense, dice Victoria. ¿Y Amaya? pregunta Xavier. Esta en ese parque con
el niño. Mira puedes verla desde la ventana, dice Victoria. Xavier se asomó
a la ventana y la vio jugando con el niño. Voy afuera un minuto, él dice
dejando un ramo de rosas rojas en la mesa. ¿Quieres café? pregunta Victoria.
Sí, gracias, contesta Martín. Va mucho tiempo y somos casi extraños de
nuevo, dice Victoria. Él no contesta y luego pregunta. ¿Ese niño es mi
nieto? Sí, es tú nieto, dice Victoria. Ya sabes por qué me tuve que ir con
ella. No podía dejarla sola y me necesitaba, dice Victoria. Pudiste haber
confiado en mí, dice Martín. No, ella me pidió que no lo hiciera, dice
Victoria fríamente. Sufrimos mucho mi hijo y yo, dice Martín. ¿Y nosotras
no? pregunta Victoria. Parece como si estuvieras molesta conmigo. Estás muy
fría, dice Martín. Ella se sienta junto a él. Sí, estoy rabiosa, porque
acabo de llegar y no hago más que verte, un segundo. Un segundo, Martín, y
ya estoy loca por ti de nuevo, llora Victoria. Victoria, dice Martín
abrazándola y besándola. Mi amor yo no puedo vivir sin ti. Me estaba
volviendo loco. Quiero que te cases conmigo lo más pronto posible. No quiero
volver a perderte, dice Martín besándola.
El
Parque...
Muy bonito el niño... dice
Xavier. Ay me asustaste, dice Amaya. Xavier se acercó al niño, jugando con
él. El niño le decía no sé que cosas. ¿Qué me quieres decir con todo eso?
pregunta Xavier riendo. Óyeme me esta diciendo no sé qué. ¿Tienes muchas
cosas que contarle a tu padre? ¿Verdad? pregunta Xavier tomándolo en sus
brazos y besándolo, abrazándolo fuertemente. Amaya hacia por no llorar.
¿Quién lo inscribió? pregunta Xavier. Mi padre, dice Amaya. Pues eso se
tiene que cambiar. ¿Cómo se llama? pregunta Xavier. Vamos adentro que esta
frío, dice Amaya. Responde, exige Xavier molesto. Xavi, dice Amaya
tristemente. Bonito nombre, dice Xavier tomándola de la mano y caminando
hacia la casa.
Papá aquí tienes a tu
nieto, dice Xavier entregándole el niño. Mirale no más la misma cara de su
padre, dice Martín riendo. Es el mismo, Dios mío, es como volver al pasado,
dice Martín. ¿Se van a quedar a comer con nosotras? pregunta Victoria
alegremente. Xavier, hijo, estás muy delgado, dice Victoria. Sí, no sé
cocinar. Solo arroz blanco, dice Xavier. Victoria ríe.
Martín, abre esa botella de
champaña, dice Victoria. ¿Cuál es la ocasión? pregunta Amaya. Martín y yo
nos vamos a casar, dice Victoria sonriendo. ¿De veras? pregunta Xavier. Pues
sí, no vamos a perder tiempo, ríe Martín. Que lindo, dice Amaya
abrazándolos. Ponte cómodo porque no te vas de aquí hoy, dice Victoria.
Mujer, pero estás muy exigente, ríe Martín. Así es, dice Victoria. Amaya
baja su cabeza tristemente. ¿Qué te pasa? pregunta Xavier. Nada es que de
repente me siento muy sola, ella dice haciendo cucharitas con su boca. Él
lleva sus dedos a los labios de Amaya. ¿Qué es eso qué haces con tu boca
cuando quieres llorar? pregunta Xavier. No sé, dice Amaya. Me vuelve loco,
él dice. Voy ayudar a mamá a la cocina, ella dice retirándose. Dios mío
está de buena como siempre y de repente mi cuerpo se vuelve a despertar. Que
lindo volver a sentir deseos, pasión, piensa Xavier.
Después de la cena. Amaya
acostó a Xavi. ¿Se durmió? pregunta Xavier. Sí, contesta Amaya mirando con
adoración a su hijo. Xavier lo besa en la frente. Me voy, ya es muy tarde,
dice Xavier. Hijo ven quiero un momento, dice Martín. Mira yo me voy a
quedar esta noche aquí. No te olvides de tomarte las pastillas que te dio el
doctor, dice Martín. ¿Qué pasa, estas enfermo? pregunta Amaya. No, no es
nada. Buenas noches, me voy, estoy rendido, dice Xavier. Xavier, llama
Amaya. Esperame voy contigo. ¿Adónde? pregunta Xavier. A mi apartamento,
ella dice. ¿Si no es molestia, me puedes dejar allá? pregunta Amaya. No es
ninguna molestia, dice Xavier. Mamá volveré en la mañana, ella dice. Sí
hija, como quieras, dice Victoria.
¿Vas a dejar el niño?
pregunta Xavier. No, solamente quiero darles privacidad a tu papá y a mi
mamá. Xavi no se vuelve a despertar hasta mañana, ella dice. ¿Tienes novio?
pregunta Xavier. Sí, siempre he tenido novio, ella contesta. ¿Qué quieres
decir con eso? él pregunta. Soy de un hombre solamente, de un hombre, ella
dice. Xavier traga gordo. Estaciona frente al edificio y salen del auto...
La noche estaba fría, una
noche de otoño serena pero misteriosa. El aire estaba lleno de promesas,
cargado de inquietudes.
Xavier la lleva a al
apartamento. Ella abre la puerta. ¿Quieres entrar? ella pregunta. No sé si
deba, dice Xavier. Por favor, ruega Amaya. Él entra. Aquí de nuevo. Mira
a su alrededor... estaba embrujado este apartamento. Otra vez el aroma a
esencia prohibida. Se le erizó la piel. ¿Será Bruja? él piensa. Ven,
dice Amaya. ¿Qué haces? pregunta Xavier. Me estoy desnudando. ¿Qué crees?
pregunta Amaya. Él se queda paralizado mirandola. No quería perder el
control. ¿Y si me desmayo? él piensa. Ven, ella dice tomándolo de la
mano y dirigiéndolo a su habitación.
¿Xavier, te acuerdas cuando
me hiciste caer en el ascensor de la Empresa Asunción? ella pregunta. Sí, él
contesta temerosamente. Todavía estoy allí tratando de ponerme de pies pero
no he podido. Desde aquel día tú te metiste en mi corazón y no me has dejado
recobrar el balance. Te robaste mi cuerpo y lo hiciste tuyo. Te llevaste mi
voluntad y mis fuerzas. Ayudame a ponerme de pies para seguir amándote toda
mi vida, dice Amaya. Xavier la toma en sus brazos y la lleva a la cama
besándola ardientemente, acariciando aquel hermoso cuerpo, saboreando de su
piel, de su boca. Mañana, nos vamos a casar y nunca nos vamos a separar otra
vez, dice Xavier perdiéndose en el ritmo de los tambores que guiaban el
cuerpo apasionado de Amaya y entre las paredes embrujadas de su corazón,
gemidos de amor. Un pensamiento cruza por la mente de Xavier... ¿Será
Santera?
***
Haga
click aquí para ver el poema que coíncide
con esta novela.
*** Fin***