AZÚCARCANELA

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GEMELOS

Los Personajes

 

 

Introducción

En un mundo donde todo es posible viven los hermanos Joel y Jovan, gemelos idénticos.

Durante sus años de escuela, los hermanos permanecieron fieles a su sangre y jamás fueron descubiertos por esos a los cuales ellos engañaron.

Fueron convirtiéndose en hombres y sus pasiones y secretos también incluyeron el engaño a sus parejas. El engaño que secretamente vivieron durante sus vidas. Lo compartieron todo, sus mujeres, sus empleos y sus sueños.

Esta historia abre las puertas a una realidad que posiblemente estén viviendo esos que se miran a los ojos como si se estuvieran mirando al espejo.

Toma mi mano, acércate. Vamos a entrar al mundo de... los gemelos Ávila.

***

Joel por teléfono

Despierta y contesta el teléfono, piensa Joel. Hola, contesta Jovan. ¿Te desperté? pregunta Joel. Sí, estuve de parranda con una fiera anoche, dice Jovan bostezando. Mira, tengo un problema bien feo y te necesito, dice Joel. Habla, dice Jovan. Pues es que he conocido a una mujer que me trae loco, dice Joel. No le veo el problema, dice Jovan. Es que salgo a la costa mañana por unos días, cosas de negocios y estoy casi, casi por llevármela a la cama, dice Joel. Pues que te espere, hombre, dice Jovan. No entiendes, hay unos tipos también detrás de ella y este fin de semana van a reunirse todos en un rancho y si no estoy me la quitan, dice Joel nervioso. Estas bien mal, cálmate. ¿Qué quieres, que yo vaya y te haga el favorcito? pregunta Jovan. Pues sí. ¿Tienes tiempo? pregunta Joel. Sí, tengo unos días libre y pensaba llamarte ya que hace tiempo que no la pasamos juntos, dice Jovan. Pues la vas a pasar muy bien. Es una mujer divina y te va a gustar mucho. Quiero que me la calientes para cuando yo regrese, dice Joel. A ver si puedo, estuve toda la noche con una mujer que me dejó destrozado, dice Jovan. Ay, por Dios, Jovan, no me falles, dice Joel. Está bien, tranquilo, dice Jovan. Ahora mismo te envío los datos por correo electrónico. Yo me mantengo en contacto, dice Joel colgando.

Ay la vida del pobre, dice Jovan levantándose y entrando al baño a ducharse y afeitarse. Jovan era un hombre que le gustaba su barbilla y sus bigotes pero a Joel no y cada vez que le hacia un favorcito tenía que afeitarse y recortarse sus cabellos largos.

Después de veinte minutos sale a su habitación y checa sus mensajes en la computadora. Había un mensaje de Joel, lo abre. Había una foto de la mujer, la victima, pensó Jovan.

Rayos qué hermosa mujer, dice Jovan ahora muy interesado. La mujer en la foto tenía unos cabellos largos negros y unos ojos castaños bien grandes y claros. Tenía una boca bien linda con unos labios gruesos, su piel trigueña como café con leche. Estaba en traje de baño bikini. Tenía unos senos grandes, una cintura pequeña y unas caderas grandes y hermosas. Estaba entonada con unas piernas largas y sensuales. Tenía una mirada apasionada en sus ojos.

Que rica esta. Este tipo siempre se encuentra con bellezas y a mí ni se me acercan las moscas. ¿Qué será? ¿Qué tiene él que yo no tenga? Este misterio se tiene que resolver y pronto, dice Jovan vistiéndose.

Él imprime el correo electrónico y se lo mete al bolsillo. Un rancho de ricos en Santa Mónica. Tendría que fingir muy bien, él pensó. Esta mujer no se les podía escapar, era un tesoro, piensa Jovan.

Harrison Ranch

Jovan llega al rancho y es dirigido por un empleado del rancho hacia el estacionamiento. Él estaciona mirando a su alrededor. Era un sitio lujoso y bien retirado de la ciudad. No había visto una sola persona en las últimas cinco millas del viaje. Solo había vacas y algunos caballos. Ojalá no sea un chorro de religiosos, piensa Jovan saliendo del auto. Unos hombres lo dirigen al rancho.

Era un rancho grandísimo construido en una madera fuerte con pilares gigantescos y rodeados de árboles. A poca distancia había otro rancho más pequeño y Jovan se imaginó que eran los establos.

Él entra al rancho a donde había dos parejas mas sentadas conversando. Buenos días, él dice. Buenas, todos contestan. Usted debe ser Joel Ávila, dice una de las mujeres. Así mismo. ¿Con quién tengo el gusto? él pregunta. Yo soy Carmela y ella es Estela, Jorge y él es Fabio, dice Carmela dulcemente. Los hombres se dan las manos. Bueno estamos esperando a Deyma, dice Carmela. A Jovan se le había olvidado el nombre de la chica. ¿Diablos será ella? él se pregunta sonriendo. ¿Qué le gustaría tomar? pregunta Estela coquetamente. Un whisky, en la piedra, gracias, dice Jovan tomando asiento.

Estábamos comentando sobre las propiedades en estas partes del mundo. Ya ve que aquí es un peligro comprar terreno porque de un día al otro se quema todo, dice Jorge. Pues así es pero en otras partes del mundo es lo mismo. Es un riesgo y con una lluvia fuerte se inunda todo, dice Jovan. Por eso comprar en el llano no es buena idea, dice Fabio. En las montañas como las cabras tampoco, dice Jovan sonriendo. Como las cabras, ay que gracioso, dice Carmela.

Ahí llegó Deyma, dice Estela. Jovan se puso un poco nervioso. ¿Será esta la mujer? Qué mierda, debió haber consultado el email, él piensa.

La mujer entra...

Los hombres se pusieron de pies enseguida. Hola Deyma, dice Carmela abrazándola y besándola en la mejilla y luego Estela hace lo mismo. Jorge rápido acudió a ella prestándole ayuda con su bolsa. Debes estar rendida, dice Fabio también acercándose.

Pues sí, ay qué calor, ella dice mirando a Jovan de arriba abajo. Ya conoces a Joel, dice Carmela. Sí, nos conocimos ayer en la fiesta de Merce, ella dice. Que bien volver a verla, dice Jovan un poco nervioso. Ella era una aparición del cielo y su foto no le hacia justicia. Era hermosa, sin maquillaje y era sencilla. No como las otras dos mujeres en el grupo que tenían demasiado maquillaje y estaban vestidas súper inadecuadamente para un rancho, él piensa. Los ojos castaños de Deyma eran grandes pero tenía algo muy raro, él piensa, se apagaban un poco, con el peso de sus pestañas largas y parecía estar apasionada. Sus labios eran un beso, no había otra manera de describirlos. Que hermosura de mujer, él piensa y eso que todavía le faltaba mirar el resto de su cuerpo.

Todos tomaron asientos tomando bebidas alcohólicas y comiendo bocadillos. Jorge estaba muy interesado en Deyma y a cada rato hacia por interrumpirla cuando ella estaba conversando con Jovan. Jovan se molestó y pensó entre sí... esta es para mi hermano y no le voy a fallar así que échate a un lado, imbécil. Jovan sonríe dulcemente mientras piensa como la iba hacer caer en sus manos.

Después de un rato, uno de los empleados del rancho los vino a buscar para almorzar y todos fueron dirigidos a un comedor gigantesco. Jovan mira a su alrededor admirando el decoro. Qué horror, él piensa, al ver cabezas gigantescas de alce y otros animales.

Ellos toman asientos y Jorge se asegura que Deyma se siente precisamente junto a él. Carmela se sentó junto a Jovan coquetamente sonriendo. Qué mierda, esto me esta fallando. Tendré que ser más agresivo o me la quita el pesado de Jorge, piensa Jovan.

Me imagino que todos somos solteros, dice Jovan. Sí, y es por eso que estamos aquí para conocernos mejor. Es difícil encontrar pareja hoy día a menos que uno se arriesgue y vaya a los clubes nocturnos, dice Estela. Hay algunos clubes con muy buena reputación, dice Jovan. Sí, pero si vas con tu pareja. Si no, te arriesga a llevarte un hombre que se ha convertido en mujer con cirugía plástica, ríe Fabio. Ay qué horror. Se me quitó el apetito, dice Jovan. Todos ríen alegremente.

Vamos a montar a caballo después del almuerzo, dice Carmela. Muy bien, dicen todos.

Después del almuerzo todos se retiraron a sus habitaciones a cambiarse de ropa para montar.

Jovan entra a su habitación, saca el email y vuelve a leerlo. Qué mierda, no puedo perder a esta mujer y no tengo la sabiduría de Joel para conquistarla. Me tendré que desnudar y enseñárselo, esa será la única manera de convencerla, piensa Jovan vistiéndose.

Todos salen afuera y los empleados del rancho los llevan a los establos. Esta vez Jovan se asegura de caminar junto a Deyma. ¿Vas a montar sola o te gustaría montar conmigo? él le pregunta. Pues, yo la verdad es que les tengo miedo a los caballos pero no me atrevo ser aguafiestas, ella dice dulcemente. Entonces monta conmigo, él dice. Está bien, ella dice.

Todos montaron los caballos. Ella va a montar conmigo, dice Jovan al ver que Jorge la estaba tratando de convencer que montara un palomino pequeño. Pues que bien, dice Jorge molesto montando su caballo.

El empleado del rancho ayuda a Deyma a montar frente a Jovan. Ya la tengo, piensa Jovan. Era muy fácil seducir a una mujer una vez la tuvieras así tan cerca. El movimiento del caballo y sus cuerpos tan cerca era irresistible y Jovan lo sabía. Nunca le había fallado.

Una vez comenzaron el camino a caballo, Jovan se relajó y comenzó a hablarle a Deyma.

No puedo ni imaginarme que una mujer tan hermosa como tú esté sola, dice Jovan. Gracias, es que mis padres son muy estrictos y se me hace difícil conocer muchas personas de mi edad, ella dice. ¿De donde eres? él pregunta asegurándose que su aliento la acariciara en el oído, en el cuello. Yo soy española pero nací en Santa Mónica. Mis padres son de Valencia, ella dice. Me encantan tus ojos. Parecen que se quieren dormir a cada rato, él dice en una voz bajita y apasionada. El cuerpo de Deyma contra su hombría lo tenía excitado y perturbado. Un aroma a flores silvestres invadía todo su cuerpo y los cabellos de Deyma lo habían seducido sin esfuerzo alguno. ¿Y tú de donde eres? ella pregunta. Yo nací en Los Ángeles de padres puertorriqueños, él dice. No sé por qué pero me imaginé que eras puertorriqueño, ella dice sonriendo. ¿Y eso por qué? él pregunta. Eres muy caliente. Se te ve en tu mirada, ella sonríe. Ay perdona, él dice disculpándose. No te disculpes. Me gustas mucho, ella dice. ¡Cayó! él piensa.

Después de un rato él desvió su caballo dejando a los demás atrás. Ay qué susto, ella dice. No temas, él dice. Él lleva el caballo bajo un árbol y desmontaron. Ay... ella dice. ¿Qué fue? él pregunta. No estoy acostumbrada y ay... qué dolor, ella dice aguantándose entre sus piernas. Perdona, será mejor que montes detrás de mí. El caballo es mas plano atrás, él dice. El sillín es un peligro, ella dice. Ven siéntate aquí, él dice llevándola bajo el árbol. Ella se sienta y él se sienta junto a ella.

Sí me permites yo puedo sobarte y hacerte sentir mucho mejor, él dice. Ella lo mira un poco avergonzada. Perdona, no es lo qué crees, es solo un sobo, él dice. Él se acerca y la besa en la boca y ella corresponde y luego la besa mas fuerte buscándole la lengua con la suya, mordiéndola y metiéndole la mano entre las piernas sobándola, acariciándola. Le desabotona la camisa y le empuña los senos y los toma en su boca mordiendo, chupando. Ella sube una pierna hacia él y él le quita el pantalón y se lo baja y le mete la mano entre las piernas acariciándola con sus dedos. Ella comienza a gemir. Él trata de bajarle los pantalones pero era difícil ya que eran pantalones de montar y eran bien ajustados a su cuerpo. También tenía unas botas largas y Jovan se desespera y la voltea. Se arrodilla y la penetra de atrás por delante y enloquecido la monta sin bajarle los pantalones de las rodillas abajo. Qué placer era estar con ella. Era divina y sus cabellos largos eran un placer para halarlos, para acariciarlos. ¿Te sientes mejor? Él le pregunta ondulando. Sí, mucho mejor, ella contesta apasionada. Pues dime si quieres que te lo meta más hondo, él dice perdiendo la razón, la vergüenza, apasionado. Ay sí, ella dice. Él la agarra del pelo y lleva su brazo por debajo de las caderas de Deyma subiéndola hacia él y la penetra más y ella grita. Ay... ella dice al sentirlo y después de unos minutos ambos logran un orgasmo y quedan rendidos, abrazados.

Ay lo que tengo que hacer por ti Joel, piensa Jovan componiéndose y vistiéndose.

Ella también se viste y estaba avergonzada. No podía verlo a los ojos. Él la abraza. No temas, él dice dulcemente acariciándole el rostro. Que bella era. Le gustaba mucho esta mujer. Iba tiempo que no le gustaba tanto una mujer como esta. Era divina y lo tenía en las nubes. Él volvió a besarla tiernamente en los ojos.

En eso el resto del grupo se acercó a ellos y todos desmontaron para descansar. Tomaron agua y comieron uvas sentados en una sabana de playa.

La Empresa - Un Nuevo Horizonte - Compañía de Construcción

Muchacho, me alegro que estés aquí. Eres siempre muy puntual y fiel y sé que puedo contar contigo, dice Heracio. No le faltaría, dice Joel. Todos esos terrenos los vamos a tener que preparar para la construcción de los condominios. Mirando bien los planos a mí me consta que se olvidaron de añadir la cancha de tenis, dice Horacio. Sí, pero vamos a tener que construir todo lo demás primero porque la cancha no es lo más importante, dice Joel. Así es. A ver como hacemos para trabajar sin perder tiempo y logramos todo antes del tiempo contratado. Así nos vamos de vacaciones, dice Horacio.

Joel se paró arriba de una loma a mirar el llano y el terreno para la construcción. Si Jovan estuviese ahí ahora mismo que pensaría sobre lo de la cancha de tenis. Era Jovan él más inteligente, él más audaz y el que siempre lo sacaba de aprietos. Tendría que consultar con él. Ellos habían estudiado lo mismo y se apoyaban uno al otro con sus empleos y a veces se cambiaban de puestos para asesorasen y disfrutar del cambio. Pero era Jovan quien hacia las decisiones más arriesgadas y más productivas, el cual lo guiaba y la razón por la cual él ahora era un gerente muy respetado con un empleo bien lucrativo.

La Casa Flores

No sé como dejaste a Deyma salir con esos gringos. A lo mejor la involucran en negocios chuecos, dice Demetrio. No te preocupe ella sabe lo qué hace. Además no eran gringos. Todos son latinos, dice Graciela. Sí, pero tú bien sabes como cambia la gente en este país, dice Demetrio. Es solo por unos días y yo sé a donde fueron. Es un rancho en Santa Mónica muy famoso y elegante, dice Graciela. Se debió haber llevado a Demaris, dice Demetrio. Damaris no quiso ir con ella. Además iban en parejas, dice Graciela. ¿Cómo qué en parejas? Ella salió de aquí sola, dice Demetrio. Ay por Dios Demi, dale un descanso a ese mal pensamiento que siempre tienes en la cabeza, dice Graciela. Ya veremos, dice Demetrio.

Harrison Ranch

Todos se sentaron a la mesa del comedor a cenar. Esta vez Deyma se sentó junto a Jovan. Jorge lo miraba molesto. Qué mierda, piensa Jorge, tendré que meterle mano a la pesada de Estela y lo mucho que me gusta Deyma.

¿Ya vieron la piscina? pregunta Carmela. Sí, es grandísima. Lo mejor es que está dentro del rancho. Así no tendremos que temerle al sol, dice Estela. Así mismo y también podemos meternos de noche y desnudos, ella dice. Todos se miran uno al otro. ¿Cómo qué desnudos? pregunta Deyma nerviosa. ¿Pues por qué no? Somos adultos y aquí todo vale, dice Carmela. Yo no voy a meterme desnuda, dice Deyma. Ay Deyma, tú bien sabes como son estas cosas. Mujer, mañana nadie se acuerda de tu nombre, dice Estela. Pues que bien pero yo me voy acordar de los suyos, ella dice. Jovan ríe. No tienes que hacer nada que no quieras, dice Jovan. Gracias, ella dice molesta. Oye Joel, tú bien sabes que aquí todo se vale. No es tu primera vez, dice Carmela. Pues sí, pero tampoco es obligación, él dice. Pues se acostumbra a cambiar de pareja la segunda noche, dice Jorge. Sí, así nos conocemos mejor y podemos elegir entre nosotros con quién queremos seguir una vez volvamos a la ciudad, dice Estela. Jovan se incomodó un poco. Él jamás había jugado estos juegos de parejas ni tampoco había estado en este rancho antes. Joel era el que se pasaba en estas cosas. Él a cambio era un poco más tímido y en cosas de mujeres no era tan experto como su gemelo. Si no fuera por Joel, él a lo mejor no tendría mujeres tan a menudo como ahora. Joel las buscaba, las seducía expertamente y las pasaban entre ambos manteniéndolas satisfecha. Él nunca lograba enganchar una mujer bien enganchada. Todas se deslizaban como arena por sus dedos después de un tiempo. Era porque a él no le importaba estar con mujeres extrañas. A él le gustaba llevar relaciones y conocer bien a la mujer. Era un hombre más fiel que su gemelo. Que rico era probar de todo un poco. No sabría qué hacer sin su hermano.

Después de la cena

Todos se sentaron a conversar y tomar. Carmela estaba ebria y se sentó en la falda de Jovan. Cambia de pareja y vámonos a mi habitación que quiero enseñarte algo, ella le dice en el oído. Él se compone en su asiento. Deyma y Jorge estaban conversando al lado del piano. Él traga gordo. ¿Por qué no te llevas a Jorge? Lo vi muy apasionado mirándote durante la cena. Ese hombre está bien caliente y tú le gustas mucho, dice Jovan. ¿Tú crees? ella pregunta interesada. Sí, además él me lo confesó. Me dijo que eres la mujer ideal y que no piensa perderte, miente Jovan. Ella se levanta y se dirige hacia el piano y comienza a conversan con Jorge. Jovan le hace señal a Deyma para que ella salga afuera. Estela y Fabio se habían retirado a una de las habitaciones.

Una vez afuera

Deyma, vamos a la habitación antes que Jorge quiera contigo, él dice. Sí, vamos, ella dice contenta. Ellos suben a la habitación silenciosamente. Una vez adentro, la toma en sus brazos y la besa y ella corresponde. Él la desviste y ella lo desviste y se meten al baño bajo el agua tibia de la ducha. Él la enjabona acariciándole el cuerpo y ella hace lo mismo. Me gustaría verte de nuevo, él dice. A mí también me gustaría volver a verte, ella dice. Ella lo toma en su mano y lo acaricia llevando su mano hacia atrás y acariciándolo todo. Se baja frente a él y lo toma en su boca y él cierra la llave del agua. La levanta y le muerde los senos metiéndole los dedos entre las piernas y ella gime de placer. La saca del baño, la seca con la toalla y la levanta del piso en sus brazos llevándola a la cama. La coloca en la cama atrayéndola hacia el nivel y le hace el amor con su lengua, con su boca y la lleva a un clímax. Luego la voltea y al nivel de la cama la penetra esta vez por detrás levantando las piernas de Deyma con sus manos y ondulando hasta ambos llegar quedar exhaustos y satisfechos.

Se quedaron rendidos y se metieron a la cama abrazados y se arroparon con la sabana quedándose dormidos.

La mañana siguiente...

El celular de Jovan suena y él responde. Sí, soy yo, él dice. ¿Jovan, como van las cosas? Dime que me aseguraste la hembra, por Dios, dice Joel. Pues sí. No tienes nada de que preocuparte. Aquí esta a mi lado. Pasé la noche con ella y es divina, dice Jovan. Te debo una, hombre, dice Joel. Oye Joel, esta es en serio. Quiero volver a estar con ella y pronto, dice Jovan. Está bien, no te preocupes. Mira, acabo de conocer a la hija de mi jefe y esta de uno chuparse los dedos. Dime si quieres pasarte unos días por acá. Eso sí, es bien caliente y me dejó adolorido anoche, dice Joel. Pues para mañana es tarde, dice Jovan. Yo les dije que tenía algunas cosas qué hacer durante el día pero que volvería para la cena. ¿Puedes? pregunta Joel. Pues claro que sí. Ahí estaré. Mientras tanto me disculpo aquí y luego tú te aparece, dice Jovan. Sí, estoy ansioso por estar con Deyma, dice Joel. Te veo en el Sonic que queda en la calle ocho. Así nos cambiamos de ropa, dice Jovan. Ahí estaré, dice Joel colgando. Jovan lleva su mirada hacia la cama donde Deyma dormía, se viste y sale del rancho.

El Sonic

Hola, dice Joel abrazando a Jovan. Que bien té ves. ¿Tomaste sol? Diablo se van a dar cuenta, dice Jovan. Es que no pude evitarlo estábamos trabajando afuera todo el día ayer, dice Joel. Pues aquí están las notas de lo qué pasó ayer con la construcción y con Nuria. Es divina pero jovencita y más culeca que una gallina, dice Joel. Jovan ríe. Aquí están los datos de lo qué pasó ayer. Ella esta durmiendo en la habitación numero siete así que avanza y tienes tiempo a un cantito, dice Jovan. Qué rico, por ahí voy, dice Joel. Yo pronto tendré que volver a la construcción. Solo me queda un día de vacaciones, dice Jovan. Pues que bien. Tendrás que usar la barba y los bigotes postizos porque no te van a reconocer, dice Joel. Es una mierda tener que afeitarme. Por qué no te dejas crecer el pelo y la barba, hombre, dice Jovan. Porque tenemos que mantener nuestras apariencias si no alguien nos va a descubrir, dice Joel. No te olvides que yo lo tengo más grande que tú y que también nos pueden descubrir, ríe Jovan. Cállate y no jodas, dice Joel riendo. Se cambian de ropa en el baño y salen y se cambian de autos. Hasta pronto, cuídate, dice Joel. Tú también, dice Jovan.

El Rancho

Joel llega al Rancho y corre a la habitación siete. Ella dormía todavía. Él entra y se desviste y entra a la cama con ella. La voltea de lado y de espaldas hacia él. Se acurruca a su cuerpo por detrás y comienza a acariciarla con su mano entre las piernas y ella comienza a gemir y ondular su cuerpo y él la penetra de atrás pero por delante volteándola en la cama y ondulando enloquecido con el placer de finalmente estar con ella. Estaba erecto. Esta mujer lo hacia prenderse como una luz. Se desesperó y la mordió en el cuello, chupando, lleva sus manos a su cintura y atrayéndola hacia él hasta que ella comenzó a torcerse, a estremecerse de placer, al llegar a un clímax, él al sentirla vibrar, gritó de placer y eyaculó violentamente. Que rica estaba. Desde que la había visto por vez primera sabía que esta mujer era un sueño en la cama y ahora que Jovan lo había confirmado sería suya por mucho tiempo. Quería una mujer segura. Estaba cansado de buscar mujer. Quería una novia. Alguien que le perteneciera a él... y a Jovan, él piensa.

Jovan y Heracio

Mi hija se quedó hablando de ti toda la noche. Me alegro que la hayan pasado bien en el teatro, dice Heracio. Que rico estaba el teatro, piensa Jovan, según los datos que Joel le había dejado. Pues es una mujer encantadora, dice Jovan. Hoy tienes el día libre. Ayer sufrimos bastante bajo el sol. Oye como que se te desapareció el sol de repente, dice Heracio. Sí, así soy. No se me pega mucho el sol, dice Jovan. Llévate estos planos al hotel a ver si puedes llegar a una solución sobre lo de la cancha de tenis. Está bien, dice Jovan. Heracio se mete al auto y arranca y Jovan también hace lo mismo dirigiéndose al Hotel Hilton.

Una vez en el hotel se mete a bañarse y se cambia de ropa, se acuesta en la cama mirando los planos de la construcción. Allí estaba la cancha pero no estaba definida en el mapa. Tendría que hacerlo a mano y asegurarse que los planos estuvieran correctos en la computadora. Encendió la computadora y comenzó hacer los cambios a los planos y al mapa incluyendo la cancha. Era un genio en matemáticas y se le hacia fácil llevarlo todo en la cabeza. Desde niños él era quien corregía a su hermano y quien lo guiaba pero en otras cosas su hermano era el jefe y se respetaban mutuamente.

Harrison Ranch

Deyma y Joel conversan en la piscina. Quisiera volver a verte. ¿Me dejas tus datos? Sí, pero yo te lo dejé todo anoche, ella dice. Ah sí pues no sé que pasó que no los encuentro, dice Joel. Pues esta es mi dirección y el teléfono de la casa. Este es mi número de celu, ella dice. ¿De veras que no tienes novio? él pregunta. No, ella contesta. Joel, no tengo por qué mentirte. Me gustas mucho y quisiera volver a verte, ella dice dulcemente. ¿Me prometes una cosa? él pregunta. ¿Y qué es eso? ella pregunta. No vuelvas a salir con este grupo, él dice. Yo solo lo hice porque tú ibas a venir. Jamás lo he echo antes y no pienso volver hacerlo, ella dice. En ese caso nos hubieras ahorrado a esta gente pesada, él dice. Bueno pero nos conocimos y eso era lo más importante, ella dice. Sí, tienes razón, él dice. De aquí me tengo que despedir. Yo vine en mi auto, ella dice. Pues sí, pero yo sigo tu auto hasta la carretera principal, él dice. Está bien, ella dice. Buen viaje, él dice besándola tiernamente en los labios. Igualmente, ella dice entrando a su auto.

El Hotel Hilton

El celular de Jovan suena y él contesta. Dime lo qué pasó, él dice. Bueno todo muy bien. Se acaba de ir. Ya te dije que me tiene en las nubes, dice Joel. Sí, es bellísima y muy agradable. Sabes que resolví el problema de la cancha. Ya está todo en orden. Parece haber sido que nunca estuvo en los planes principales y que lo pensaron añadir después, dice Jovan. Eres un genio. ¿Dime, ya conociste a Nuria? ¿Quién es Nuria? pregunta Jovan. La hija de Heracio, dice Joel. No, dice Jovan. Pues ya la conocerás, es jovencita pero esta bien buena. Me pienso tomar un día de descanso. ¿Me cubres mañana, verdad? pregunta Joel. Sí claro, yo no regreso a mi empleo hasta el lunes, dice Jovan. Si puedes, mantenme a la chica caliente, dice Joel. ¿Oye pero lo tuyo no tiene fin y qué va a pasar cuando yo me encuentre con una chica que me guste? pregunta Jovan. Yo te la caliento. Ya sabes que nunca te he fallado, dice Joel. Esta bien, son bromas. Cuídate y a ver si pronto salimos juntos a conversar a largas, dice Jovan colgando.

La Casa Flores

¿Cómo la pasaste? pregunta Graciela. Muy bien. Conocí a un muchacho puertorriqueño muy gentil y me gusta mucho, ella dice. Pues que bien. Sería muy lindo que lo trajeras a conocernos. Así las cosas son mas serias, dice Graciela. Pues es demasiado rápido. Acabo de conocerlo y no lo quiero asustar, dice Deyma.

Por ahí anda tu hermana como una loquita otra vez con ese tipo, Rafael, dice Demetrio. Ella sabe cuidarse, dice Deyma. No es eso es que el tipo es un descarado. Tiene ojos de lobo y lo estoy velando, dice Demetrio leyendo el periódico.

¿Qué más sabes sobre ese muchacho que conociste? pregunta Demetrio. Pues muy poco. La verdad que lo he visto solamente dos veces, dice Deyma. Tienes qué hacer preguntas. Que no sea un adicto o un traficante, dice Demetrio. Papá, para ti si no son españoles son traficantes. Por Dios, dice Deyma. Bueno ya sabes. A lo mejor sea mafioso, él dice. Ella lo ignora y entra a su habitación.

Le gustaba Joel mucho y quería conocerlo mejor. Era tan guapo y tan gentil y que rico en la cama. Que raro que la mañana siguiente estuviera tan apasionado, tan erecto, después de solo horas. Ay que rico está ese hombre, ella piensa.

El Hotel Hilton

Jovan se prepara para dormir cuando tocan a la puerta. Él abre. Estaba solo en calzoncillos. Era una mujer bien joven de unos cabellos lacios negros y largos y unos ojos grandes y negros. Buenas noches linda, él dice. ¿Puedo entrar? ella pregunta. Sí, claro, él dice. Esta debe ser Nuria. Era una mujer bien joven. Tendría no más de veinte años, él piensa. ¿Qué hacías? ella pregunta. Trabajando en la computadora, él dice sentándose en la cama. Él la mira de arriba abajo. Era bien linda y dulce con una mirada triste y lejana. Desnúdate, él dice sin vergüenza alguna. Ella se desnuda frente a él. Lo estaba excitando la forma en la cual lo hacia, provocándolo con su mirada, con sus gestos. Tenía unos senos pequeños, bien lindos y paraditos como a él le gustaban y estaba rasurada. Era delicada con una piel blanca y cremosa. Voltéate, él dice. Ella se voltea y él se muerde los labios. Tenía una cintura pequeña y un trasero grande y hermoso. Ella se mete a la cama con él. No te invité a la cama, él dice. Ella le mira incrédula. Él la mira a los ojos fijamente. Ella se vuelve a salir de la cama. Lo mira un poco asustada, avergonzada. Él estaba respirando fuerte, le faltaba el aire. Tócate, él le pide. Ella se comienza acariciar con su mano. Ahí, él exige. Ella lleva su mano entre sus piernas. Métete el dedo, él exige mirándola fijamente a los ojos, sin aire, apasionado. Ella obedece. Él estaba erecto, pulsando, desesperado. Mámame, él dice en una voz bajita y sofocada. Ella se acerca y lo toma en su boca. Él se acomoda y levanta sus piernas y ella le mete la lengua por detrás y le lame los testículos y él gime de placer. Luego le levanta las piernas a ella y se las colocas sobre sus hombros y la penetra. Ella comienza a gemir apasionada. A exigir mas y hablarle sucio y él se enloquece y le muerde los senos, los labios. La lleva a la desesperación y ambos quedan rendidos enredados en sus cuerpos, en su placer.

Diablos, él piensa, estas mujeres me están volviendo loco. Era el placer de saber que compartía las mujeres con su hermano. Que las quería mantener saciadas pero enloquecidas por él. Sin embargo, los ojos y la mirada apasionada de Deyma lo perseguían. Ellos se cuidaban mucho de no enamorarse pero siempre había una que otra que los atraía mucho. Él mira a la mujer en la cama. Era poco más que una niña pero era hermosa y le gustaba mucho. Ella se levanta y entra al baño, se ducha, sale y se comienza a vestir. ¿Adónde vas? él pregunta. Me voy a mi casa, ella contesta. Desvístete, él exige. No, ella contesta molesta. Sí no te desviste te desvisto yo, él dice. No te atrevas. Aquí la que manda soy yo. ¿Yo soy la hija de tu jefe o se te ha olvida eso? ella pregunta. ¿Me quieres decir que estoy bajo tu mando? él pregunta molesto. Así mismo, ella contesta. ¿Haces lo mismo con todos los empleados de tu padre? él pregunta. No, pero tú me gustaste mucho, ella dice. No vuelvas, él dice. ¿Cómo que no? ella pregunta. No vuelvas, él dice molesto. Ella sale de la habitación y tira la puerta.

¿Diablos qué hice? Joel se va a poner furioso conmigo, él piensa metiéndose al baño y duchándose. ¿Por qué le dije eso? Estoy perdiendo la razón, él piensa. Él vuelve a salir cuando tocan a la puerta. Él abre, esta vez completamente desnudo. Era Nuria. Él abre mas la puerta dándole paso. Ella se acerca a él temerosamente y lo besa en los labios. No puedo irme. Eres como una droga y me haces mucha falta, ella dice dulcemente. Espérame y vamos a cenar, él dice.

Deyma y Joel en un restaurante

Mis padres son antiguos en muchos sentidos. Todavía tienen la cultura española en sus venas y son estrictos aunque se están adaptando a la cultura americana un poco, ella dice. Pues que bien porque nuestras culturas son muy rígidas y la juventud sufre mucho, dice Joel. ¿Tienes hermanos o hermanas? ella pregunta. Sí, tengo un hermano, Jovan, y lo vas a conocer pronto. Somos muy parecidos y muy unidos, dice Joel. Que bien. ¿Es mas joven que tú? ella pregunta. No, Jovan es el mayor, él miente. Me encantaría conocerlo, ella dice. ¿Bueno y tú? él pregunta. Pues tengo una hermana, también muy parecida. Ya la conocerás. Es una sorpresa, ella sonríe. ¿Sorpresa? él pregunta. Sí, me gusta ver la reacción de la gente cuando la conocen. Es un poco gracioso, ella sonríe. ¿Cuál es mayor? él pregunta. Yo soy mayor, ella miente. ¿Pues y ella tiene novio? él pregunta. No, es soltera como yo, ella contesta. Podemos salir en parejas. Tu hermana y mi hermano, tú y yo, él dice. Que bien. Me encantaría, ella dice. ¿Y cómo se llama tu hermana? él pregunta. Damaris, ella contesta. Muy bonito nombre, él dice. Ella es muy bonita, dice Deyma sonriendo. Le voy hablar a mi hermano. Es mas, le voy a enviar un mensaje electrónico rápido, dice Joel. Que bien, ella dice sonriendo.

Jovan y Heracio

Joel, muchacho que bien. Todo está en orden. Eres un genio y también veo que corregiste los pasillos que estaban demasiado angostos, dice Heracio. Sí, hice algunos ajustes y creo que los planes están perfectos y podemos comenzar con la construcción, dice Jovan. Que bueno, vamos a terminar este proyecto en un dos por tres, sonríe Heracio. Puedes tomarte unos días libres. No hay nada que podamos hacer por ahora. Ahora todo queda en manos de los obreros, dice Heracio. Que bien, dice Jovan.

Jovan le envía un mensaje al celular de Joel. Dos días libres para ti. Joel le contesta enseguida. ¡Eres un genio!

Esa tarde Joel y Jovan en una barra

Me fue muy bien. Me gusta mucho Deyma, de veras, dice Joel. Pues que bien, a mí también me gusta mucho. Que bueno porque me gustaría llevar una relación con ella, dice Joel. Ay sí, a mí también. Entonces eso mismo vamos hacer. Oye esto, ella tiene una hermana y quiere que la conozcas. Así que vamos a planear como encontrarnos todos pero déjate la barba crecer así que te doy unos días, dice Joel. A mí la barba me crece de un día al otro. La chica, Nuria, estaba rica, dice Jovan. Sí, así es y lo peor es que me gusta mucho también, dice Joel. Pues no sé cuanto tiempo podamos llevar dos mujeres pero a ver si se puede, dice Jovan. ¿Y si te gusta la hermana de Deyma? pregunta Joel. Me lleva el diablo. No sé si tenga para tres mujeres, ríe Jovan. ¿Pues que rico sería, no? pregunta Joel. Estamos enfermos, ríe Jovan. En ese caso nos vamos a morir con gusto, ríe, Joel.

Mañana voy a ver a una millonaria que me contrató para construir una casa de campo. Paga muy bien. Estos contratos son muy lucrativos. Él último fue con una artista de Hollywood que quería extender su casa y construir una piscina más grande. Contraté a unos hombres e hicimos el trabajo rápido y la mujer me ha recomendado a sus amistades. Me gusta trabajar así. Soy mi propio jefe, dice Jovan. Sí, "freelance" es lo mejor del mundo. Yo en cuanto termine este proyecto, que ya sabes es un proyecto bien grande, vuelvo a "freelance", dice Joel. Es rico porque también se puede trabajar de la casa, dice Jovan. Así es. ¿Dime, no te pusiste con cosas vulgares con la chiquita verdad? pregunta Joel. Pues un poco. No pude evitarlo, me enloqueció y se me metió el diablo, dice Jovan. Sí, así es pero dime en detalle no sea que yo vaya y meta la pata, dice Joel. Sí, ya te contaré todo, dice Jovan.

La Casa Flores

Deyma y Damaris

Es un hombre muy guapo y mira Damaris, tiene unos ojos verdes y una piel bronceada que para qué hablar. Me tiene en las nubes, dice Deyma.  Estoy segura que tiene que ser bien guapo. Bueno pues yo con mucho gusto. Ya sabes que todavía estoy saliendo con Rafael, dice Damaris. No te preocupes ya sabrás como manejar a dos hombre. Lo haz hecho antes, dice Deyma. Bueno si me gusta el tipo te lo dejo saber enseguidita, sonríe Damaris.

El Hotel Hilton

Jovan entra a su habitación y se cambia de ropa y baja a la barra. Sube y dúchate y cámbiate si quieres, dice Jovan. Ya voy es que estoy leyendo estos "emails", dice Joel con su laptop en manos.

¿Oye Joel, esa no es Deyma? pregunta Jovan. ¿Deyma? pregunta Joel volteándose en su asiento. Se queda mudo. ¿Qué diablos hace aquí a esta hora? pregunta Joel molesto. Tranquilo, no puedes dejar que te vea. Qué susto si nos llegase a ver juntos. Diablos, mírala se va con ese tipo al ascensor, dice Jovan. Eso quiere decir que se va a la cama con él, dice Joel molesto. Tan seria que se veía. Ya ves, uno no puede confiar en nadie, dice Jovan. No puedo negarte que sienta celos, dice Joel. Pues yo también siento celos, dice Jovan. Me ha estado tomando el pelo la muy puta, dice Joel. Contrólate, dice Jovan nervioso. ¿Estás seguro que es ella? pegunta Joel. Pues claro que sí. Tú mismo la viste, dice Jovan. Esto no se queda así, dice Joel furioso. Qué mierda. La primera mujer que me gusta de veras y lo peor es que tengo cita con ella en una hora. ¿Cómo puede ser que esté aquí? pregunta Joel. Qué descaro, dice Jovan.

Joel llama a Deyma por celular y ella contesta. Hola, él dice. Hola, ella contesta. ¿Nos vamos a encontrar como planeamos? él pregunta. Pues claro que sí y estoy llegando al hotel, ella dice. ¿Cómo que ya estas llegando al hotel? él pregunta. Pues estoy en ruta, ella dice. ¿De veras? él pregunta. Pues te veo pronto, él dice.

Me dice que esta en ruta, dice Joel. Qué descaro, dice Jovan molesto. Le voy a pedir cuentas, dice Joel. No te pongas muy brusco, ya sabes que acabas de conocerla, dice Jovan. Odio que jueguen conmigo, dice Joel tomando cerveza. Sí se van a encontrar aquí entonces yo debo irme a mi habitación. No sea que me vea, dice Jovan. Es que su hermana también iba a venir a conocerte, dice Joel. Qué mierda. Pues quizás su hermana no esté nada mal, dice Jovan. Me gusta Deyma, carajo, dice Joel. Está bien, cógelo con "take it easy", dice Jovan. Mira, en cuanto llegue me la llevo a tu habitación. Así que dame tiempo. Yo te aviso cuando puedas subir. Le voy a pedir cuentas y luego bajamos y nos encontramos aquí a ver si se aparece la otra putita, dice Joel furioso. Jovan traga gordo. Era muy difícil controlar a Joel cuando se enfurecía. En eso eran muy distintos. Él era más calmado y tomaba la vida suave pero Joel era intenso y tenía un genio del demonio.

Después de media hora

Mírala ahí viene, dice Jovan. ¿De donde vino? No la vi bajar el ascensor, dice Joel. Yo tampoco pero ahí esta. Tranquilo, dice Jovan.

Deyma se acerca y lo besa en la mejilla quedándose muda al ver a Jovan. Ella toma asiento todavía mirando a Jovan a los ojos. ¿Es tu hermano? ella pregunta. Sí, este es Jovan... Deyma, dice Joel. Mucho gusto, dice Jovan cambiando su vista deprisa. Dios mío que mucho se parecen, ella dice mirándolo incrédula. Así dicen todos, dice Jovan. Hasta la misma voz, ella dice espantada y con su mano en su boca. No tanto, somos muy diferentes, dice Joel todavía mirándola molesto. Ay no Dios Santo se parecen demasiado, ella dice. ¿Y tu hermana? pregunta Joel. Ella me envío un mensaje que estaría aquí puntualmente, dice Deyma. ¿Cuándo llegaste? pregunta Joel. Acabo de llegar. Me estacioné hace unos minutos, ella dice. Él mira a Jovan y ambos se miran molestos.

Deyma, mírame, dice Joel. ¿Sí? ella pregunta. ¿Qué también te gusta mi hermano? pregunta Joel molesto. Ay perdóname. No puedo creer que se parezcan tanto, dice Deyma. Jovan sonríe. Es la primera impresión pero ya veras que no nos parecemos en nada, dice Jovan. ¿Podemos hablar en privado unos minutos? pregunta Joel. Sí, claro, ella dice.

Él la lleva a la barra. ¿Te crees que puedes jugar conmigo? él pregunta. ¿De qué hablas? ella pregunta. Eres una puta, sabes. Me lo debí haber imaginado ya que andabas con Carmela y Estela, él dice. ¿Joel, qué te pasa? ella pregunta asustada. Nada, vamos a mi habitación un momento, él dice llevándola del brazo.

Jovan los ve partir. Qué mierda Joel esta enfurecido, piensa Jovan tomando cerveza.

Joel la lleva a su habitación y entran. Ella mira a su alrededor. Había una computadora y otros documentos en una mesa. Él la mira de arriba abajo. Ella lo mira nerviosa. ¿Qué te pasa? ella pregunta. Él se abre el zíper y libra su pene. Ven mámame al igual que le hiciste al tipo ese que te llevó a su habitación, él dice. ¿De qué hablas? ella pregunta molesta. ¿Me vas a decir que no acabas de subir con un tipo a las habitaciones? él pregunta acercándose a ella. Ella echa unos pasos hacia atrás. Me asustas, ella dice. ¡Pues que bien, asústate, pero mámame, puta! él grita. Ella hace por salir de la habitación y él la agarra del brazo y fuertemente la tira a la cama. No me gusta que jueguen conmigo, él escupe las palabras.

Mientras tanto en el vestíbulo, Jovan camina de un lado al otro nervioso cuando ve a Deyma salir de un ascensor con el tipo. ¿Y mi hermano? él se pregunta asustado. Aquí estaba pasando algo muy raro, Deyma no estaba vestida en jeans como había entrando hace un rato. Ellos se sentaron a la barra y Jovan se sentó junto a ellos para escuchar la conversación.

Rafael, nosotros no podemos seguir con esto. ¿Cuándo lo vas a entender? ella le pregunta. Yo sé que no me quieres pero me gustas mucho, él dice. Es que no eres un hombre serio y yo quiero una relación seria, ella dice. Mira Damaris, yo te quiero, él dice.

¿Damaris? se pregunta Jovan perturbado. Ay Dios mío, dice Jovan corriendo y entrando al ascensor.

Toca a la puerta de la habitación. ¿Quien? pregunta Joel enfurecido. Es Jovan, abre la puerta, dice Jovan. Él abre. Deyma estaba llorando sentada en la cama. Joel, baja y avanza, dice Jovan. ¿Qué rayos te pasa? pregunta Joel. Deyma no es Deyma, dice Jovan. ¿Qué dices? él pregunta. ¿Le pegaste? pregunta Jovan nervioso. ¿Pues sí y qué? pregunta Joel. Abajo esta la otra y son gemelas, por Dios, dice Jovan. ¿Qué? pregunta Joel nervioso. Son gemelas, dice Jovan en una voz baja y sofocada. Mierda... no puede ser, dice Joel. Por Dios, baja a la barra, dice Jovan. Joel se puso nervioso y no sabía qué hacer. Baja ahora, dice Jovan. Joel sale y se mete al ascensor.

Jovan se acerca a Deyma. No llores, él le dice dulcemente. Él no sabía que tu hermana era... que eran gemelas, dice Jovan. No me dio tiempo a decírselo, ella llora. Él la abraza. Ay por Dios no llores, él dice. Quería besarla. Quería cerrar la puerta y hacerle el amor. Ella lo mira a los ojos con aquellos ojos apagados y apasionados. Él es muy violento. Le tengo miedo, ella dice. No, tienes que comprender. Él esta enamorado de ti y eso duele, dice Jovan. No me dejes sola con él, ella dice. Está bien. Vamos a bajar. Tenemos que aclarar las cosas, dice Jovan.

Joel sale del ascensor y entra al bar. Allí estaba. Se sentó. Estaba sudando y su corazón le estaba latiendo rápidamente. ¿Qué es esto Dios mío? él se pregunta. La mujer al bar se voltea y lo mira de arriba abajo. Él la mira. Eran idénticas. ¡Me parte un rayo! él dice en voz alta. El hombre lo mira furioso. ¿Oye a ti qué te pasa? Él hombre le pregunta molesto. A mi nada pero tu mujer es idéntica a mi novia, dice Joel. Ella ahora sonríe. ¿Joel? ella pregunta. Sí, él contesta. Ella se acerca y lo besa en la mejilla. Hombre, los estoy esperando, ella dice. El hombre les mira molesto.

En eso Jovan se acerca con Deyma de la mano. ¿Adónde diablos estabas? pregunta Deyma nerviosa. Llegué temprano, ella dice. Vamos a sentarnos tranquilos, dice Jovan. Todos se sientan a una mesa. Deyma toma asiento al lado de Jovan y no quiso mirar a Joel.

Esta es mi hermana Damaris, somos gemelas idénticas, dice Deyma tristemente. Joel baja la cabeza y se cubre su rostro con sus manos. Perdóname, él dice. Deyma no contesta. Jovan llama al mesero. ¿Qué quieren tomar? pregunta Jovan. Nada para mí, yo me retiro, gracias, dice Rafael retirándose. Imbécil, dice Damaris mirándolo partir. Damaris este es Jovan, el hermano de Joel, dice Deyma. ¿Y como es que estás con él? Yo pensaba que este era Jovan, ella dice. Todo fue un malentendido, dice Jovan. No sabíamos que eran gemelas, dice Joel. Ustedes también se parecen muchísimos. Dios Santo, demasiado, dice Damaris. ¿Qué rayos hacia Rafael aquí? Te pedí que vinieras sola, dice Deyma molesta. El imbécil me siguió en su auto, dice Damaris.

Yo te confundí con Deyma cuando te vi subir a las habitaciones, dice Joel. ¿Pero están ciegos? Estamos vestidas muy diferentes, dice Damaris. No habíamos visto a Deyma, dice Joel. Ay qué mierda con los hombres. Yo no me parezco a Deyma. Ella no usa maquillaje y sus cabellos son más largos. ¿Están ciegos? pregunta Damaris. Joel y Jovan se miran a los ojos. Nos equivocamos, dice Joel. Deyma tenía a Jovan agarrado del brazo y Joel la miraba apenado. Pues ya que todo se fue al diablo. ¿Al menos podemos salir a cenar? pregunta Jovan. Ay sí qué hambre, dice Joel un poco avergonzado. Pero Deyma suéltalo, yo vine por él, dice Damaris. Deyma la mira molesta y no suelta a Jovan. Todos se levantan y salen del hotel y Deyma toma la mano de Jovan en la suya. Joel y Damaris les siguen.

Te lo eché todo a perder, dice Damaris. No es tu culpa, dice Joel tristemente. Queríamos darles una sorpresa, ella dice. Pues qué sorpresa, dice Joel. ¿Hace tiempo que sales con Deyma? pregunta Damaris. Hace más de un mes y estoy enamorado de ella. Me enfurecí de celos, dice Joel. Ay no me digas que la maltrataste, dice Damaris. Pues sí, dice Joel bajando la cabeza. Ella también esta enamorada de ti. Me lo contó anoche, dice Damaris. Ya la perdí, dice Joel. Pues yo me parezco mucho a ella. Quizás todo no esté perdido, ella dice. Él la mira a los ojos. Eran idénticas pero Deyma era mucho más sencilla. Él quería a Deyma.

Todos entraron a un restaurante Chino y se sentaron a una mesa. Vamos a ver si logramos salvar el día, dice Jovan. Deyma todavía estaba sentada al lado de Jovan sin mirar a Joel. ¿No me perdonas? pregunta Joel. No puedo, contesta Deyma. Vamos al baño, dice Demaris. Ellas se retiran al baño.

Qué cagada, dice Joel nervioso. ¿Cómo nos pasa esto? pregunta Jovan. A nosotros que somos tan fieles, dice Joel burlonamente. La verdad es que somos monstruos y nos molesta cuando nos engañan, dice Jovan. Pues yo ya no estoy molesto pero no sé como hacer para que me perdone, dice Joel. Eso se toma tiempo, dice Jovan. ¿Y si quiere contigo? pregunta Joel. Ya sabes que eso es como decir que quiera contigo, dice Jovan. Sí, pero me tendré que dejar crecer la barba y los bigotes y el pelo. Qué madre, dice Joel. Tú bien sabes que cuando tú me llamas yo rápido me afeito así que tú puedes hacer lo mismo, dice Jovan. Yo la quiero, dice Joel. Yo la quiero también, dice Jovan. La quiero en serio, dice Joel. Yo la quiero en serio también, dice Jovan. Calmémonos, ya habrá solución, dice Jovan.

Las chicas regresan y toman asientos. ¿Jovan, tú tienes novia? pegunta Damaris. No, contesta Jovan. Estoy demasiado ocupado con las de mi hermano, él piensa. Quizás podamos salir juntos, dice Damaris. Quizás, él contesta. No le gustaba Damaris pero no sabía por qué. Quizás porque ya estaba enamorado de Deyma. Que lío, él piensa.

Después de la cena. Bueno nosotras nos vamos, ya es tarde, dice Deyma. ¿Podemos hablar en privado? pregunta Joel. No gracias, ya lo hicimos, dice Deyma. Ella besa a Jovan en los labios tiernamente. Todos se despiden y ellas salen del restaurante.

¿Qué vamos hacer? Esto es serio, dice Joel. No me gusta la otra chica, dice Jovan. A mí tampoco, dice Joel. Pues entonces a ver como logramos reconquistar a Deyma, dice Jovan. Todavía no puedo creer que sean gemelas idénticas. Oye pero esto es casi increíble, dice Joel. Al menos sabemos que Deyma no es puta, dice Jovan. Pues sí. Ay qué horror, le dije barbaridades y la abofeteé como un imbécil, dice Joel. ¿Hombre, como se te ocurrió pegarle? pregunta Jovan molesto. No sé, estaba ciego, dice Joel. No vuelvas a ponerle una mano encima, carajo. Eso no lo voy a permitir, dice Jovan ahora furioso. Quiero meterme bajo la tierra, dice Joel. Vete al patio, yo te ayudo, dice Jovan molesto.

Deyma y Demaris

Se puso furioso. Estaba celoso, dice Deyma. Pues todo fue un error, Deyma. No puedes juzgarlo mal, dice Damaris. Te vieron subir con el pesado de Rafael, dice Deyma. Pues sí pero solo fuimos a conversar y además ya no volvemos, dice Damaris. ¿Él también se hospeda en el Hilton? pregunta Deyma. Pues anoche nos quedamos ahí y todavía teníamos esta noche, ella contesta. Qué horror. Sí sé eso jamás hubiese aceptado encontrarnos ahí, dice Deyma. Me gusta mucho Jovan. Ya sabes que a mí me gusta mucho la barbilla y el bigote. Es un "bad boy" y me encanta, dice Damaris. Pues sabes algo, a mí también, dice Deyma. No, tú quédate con el pesado machista de Joel, dice Damaris molesta. Se parecen mucho. Los mismos ojos, la estatura y hasta la misma voz, dice Deyma. Sí, y noté algo, los mismos gestos en sus cejas, la misma mirada, las mismas manos, los mismos labios, dice Damaris. ¿Estás segura que no son "twins"? pregunta Damaris. No, me hubieran dicho algo, dice Deyma. Podemos comprobarlo, dice Damaris. ¿Como? pregunta Deyma. A ver si allá abajo también son idénticos, ríe Damaris. Son hermanos es que se parecen mucho pero Joel es violento y ya no me gusta, dice Deyma tristemente.

El celular de Deyma suena. Ella lo checa. Era un mensaje de Joel. Perdóname. Ella quería llorar. ¿Qué te pasa? Nada, ella contesta tristemente. Ay que bueno que llegamos, estoy rendida, dice Damaris.

Joel

Que metida de pata. No puedo creer que haya sido tan estúpido, dice Joel en su habitación.

Jovan en su habitación

Recibe un mensaje electrónico en su celular. Era de Deyma. "Quisiera volver a verte". Que lío, él piensa. Pobre de Joel. ¿Qué voy hacer? él se pregunta. Él llama a Joel. Oye esto, Deyma parece que quiere conmigo, dice Jovan. Me lo imaginaba, dice Joel.

Está bien, dice Joel. Asesórame sobre lo qué estas haciendo en la constructora, dice Jovan. Ya dibujé los planos. El viejo ahora quiere terrenos en el Caribe para otro proyecto millonario de turismo, dice Joel. Esta bien pero háblale para que me contrate a mí directamente y yo voy y le mido el terreno y se lo preparo, dice Jovan. Así haré, dice Joel colgando.

Después de una semana

Jovan recibe un mensaje electrónico de Deyma invitándolo a una cena entre amigos y este se lo envía a Joel. Tenía muchas ganas de mujer pero no quería meterse con Deyma hasta que Joel hiciera las paces con ella.

Qué mierda, dice Jovan. Con estas gemelas la cosa se complica, él piensa.

Esa noche en un restaurante

Deyma y Jovan conversan cuando se presentan Carmela y Estela con Arturo y Fabio. Buenas noches. Que bueno volverlos a ver, dice Arturo. Este no es Joel, es su hermano Jovan, dice Deyma. Mucho gusto, ellos dicen mirándose unos a los otros asombrados. Qué fastidio con esta gentuza, piensa Jovan. Todos toman asientos. Esta noche pensamos terminar lo qué no terminamos el otro día, dice Carmela. ¿Y eso qué fue? pregunta Jovan molesto. Mira, Jovan, no seas tan rígido, hombre. Nosotros la pasamos muy bien. Nos metemos todos juntos a una habitación y gozamos como locos, dice Carmela. Jovan mira a Deyma y ella baja la cabeza. Yo no sabía que estaban en ese plan, dice Jovan. Pues que raro que Deyma no te lo haya contado. Nosotras lo hemos hecho antes, dice Estela burlonamente. Deyma cambia su vista.

Qué porquería de gente. Están en las mismas que los ricachos de Hollywood, piensa Jovan.

Jovan ve a Joel entrar. ¿Me disculpan un minuto? él pregunta entrando al baño a donde Joel lo espera.

Mira Joel, no te metas con esa gentuza. Son un chorro de enfermos. Se meten todos a la cama juntos, dice Jovan. ¿De veras? pregunta Joel. Así es y la Deyma es parte del grupo. No puedo creerlo. Ella me hizo sentir como que era la inocente victima pero mira lo qué hace... otra vez con esa gentuza, dice Jovan. Pues yo no me presto a eso con este grupo, dice Joel. Yo tampoco. ¿Qué quieres hacer? pregunta Jovan. Vámonos, esa mujer no vale la pena, dice Joel. ¿Estás seguro? No quiero que luego te arrepientas, dice Jovan. No, yo no me voy a meter con una mujer que pertenece a un "swing club". Eso se mete en la sangre y luego siempre lo va a querer hacer, dice Joel. ¿Pues nos vamos ahora? pregunta Jovan. Sí, déjalos ahí, que se lo metan al mesero, dice Joel.

Ambos salen del restaurante sin mirar atrás. Vamos a la barra de Paquito a comer bistec con papas, dice Jovan. Sí, vamos, dice Joel. No te pongas triste, ya vas a encontrar la mujer de tu vida. Bueno y hablando de eso... si llegas a encontrar a esa mujer... ¿la vamos a compartir? pregunta Jovan. Pues eso habrá que verlo porque estamos enfermos como los "swingers" y nos hace falta, sonríe Joel. Qué mierda con esa mujer tan linda que es, dice Jovan. Yo siempre le noté algo raro. Ella conocía mucha gente por todas partes y se miraban muy raros. Yo era la victima, dice Joel. Eso de meterse todos a una cama es raro porque... ay qué asco tener que estar ahí con otros hombres, dice Jovan. Contigo yo lo haría pero con más nadie, dice Joel. Pues sí lo entiendo. Esos hombres se pueden desviar y metérselo a uno... que madre de porquería, dice Jovan. Eso, y las chicas también se lo hacen. Son como animales. Yo no vuelvo ni hablar con Deyma, dice Joel.

Entran a la barra. Hola Paquito, dice Jovan sonriendo. Yo ni los voy a mirar porque rápido todo lo demás lo veo doble, ríe Paquito. Estamos hambrientos, dice Joel. Ya les tomo la orden. ¿Qué quieren tomar? pregunta Paquito. A mi un whiskey en la roca, dice Jovan. A mi un tequila con sal y limón, dice Joel. Bueno al menos en eso son distintos, dice Paquito. ¿Oye Paco y qué de las rubias? pregunta Joel. No las vi más. Ustedes las dejaron agotadas. Me imagino que todavía estén así, ríe Paco. No hombre, si eran insaciables las condenadas, ríe Jovan. Pues después de eso vinieron una vez y una de ellas, no sé cuál, me estuvo contando que la dejaron adolorida, ríe Paco. Ese tiene que haber sido Jovan. En eso también somos diferentes, ríe Joel. ¿No me diga? pregunta Paco. Sí, es como un caballo el condenao, ríe Joel. Óyeme a mi no me echen la culpa. Déjate de hablar tanta mierda que tengo hambre, ríe Jovan.

Deyma y Carmela

¿Qué diablos le pasó a Jovan? pregunta Carmela. No sé pero creo que se fue, dice Deyma. ¿Qué mierda y ahora? Deyma tienes que buscarte otro hombre, por Dios, dice Estela molesta. Pues yo me voy y ustedes siguen con los planes, dice Deyma. Es que, ay tan rico que estaba Jovan. Yo pensaban hacerle de todo, dice Estela. Pues ya olvídalo. Ese se nos escapó, dice Deyma.

Deyma le envía un mensaje a Jovan por celular. ¿Adónde estas?

La barra de Paquito

Mira esto Deyma me pregunta que a donde estoy, dice Jovan. Mándala al diablo, dice Joel.

Deyma, quédate con tus sucias amistades. Conmigo no, responde Jovan.

Respuesta de Deyma: ¡Vete al diablo!

Nos mandó al diablo, ríe Jovan. Qué barbaridad de mujeres hay en este mundo. Mira yo me voy a quedar soltero para siempre, dice Joel. Así es, ya no hay mujeres ni puras ni sinceras, dice Jovan. Y ustedes como son tan santitos, dice Paquito. Oye Paco... pásame la salsa picante, ríe Joel.

Voy a tener que ir a Puerto Rico a lo de los terrenos. No te vayas a quedar triste. No vale la pena, dice Jovan. Estoy cansado de todo, dice Joel. Vamos a tomarnos unas vacaciones a Isla Verde, dice Jovan. Sí, me gustaría mucho. Déjame saber y te me presento allá, dice Joel.

Dos Semanas Después...

Puerto Rico

El Campo

Jovan admira la belleza del campo frente a él. Que rico estar aquí entre mi gente, él dice. Un aire fresco de atardecer mece sus cabellos largos y a la distancia un cielo nublado y nubes preñadas con agua, amenazan el horizonte. Él respira hondo gozando del aroma a leña en una fogata abierta. Qué rico aroma, él dice.

Señor Ávila, llama Ciano. Dígame, contesta Jovan desde su camión. Esas tierras son parte del proyecto. Allá arriba en la loma a donde tienen la siembra de plántanos vivo yo y puedo ver el llano completo. Si quiere puede quedarse conmigo. Como si fuera su casa, dice Ciano. Gracias. Es una belleza el llano, dice Jovan. Así es y mucho de este terreno ha sido de mis abuelos y mis bisabuelos hasta yo no sé quien más. Solo sé que es tiempo de aceptar el progreso del país, dice Ciano. Qué pena, dice Jovan. Vengase cuando quiera, dice Ciano. Pues ahora voy, dice Jovan bajando del camión.

La Casa Basilio

Nosotros somos gente sencilla. Aunque nunca nos ha faltado un plato de arroz con habichuelas, tenemos muy poco, dice Ciano. Gracias por su gentileza, dice Jovan. Por ahí anda mi hija. Yo vivo aquí con mi mujer y mi hija menor. La mayor se casó y viven en la ciudad con su familia. Esa tiene tres hijos bien bandidos, dice Ciano. Jovan sonríe. Mira tómate esta cervecita, dice Ciano. Gracias, dice Jovan. Pues yo vendí parte del terreno para el proyecto pero me quedé con mucho aunque yo estoy muy viejo para cultivarlo. Aquí también el terreno ya esta seco y no produce, dice Ciano. Pues yo tengo que caminar todo el terreno y tomar medidas. Parece que va a llover pero tempranito salgo al campo, dice Jovan. Puedes ir a caballo, es más fácil, dice Ciano. Me encantaría montar a caballo, dice Jovan. Mi hija puede llevarte. Ella se pasa montada a caballo por todo ese monte, dice Ciano. Ven para que veas desde el balcón lo bello que es el valle, dice Ciano. Ellos salen al balcón. Dios mío, que belleza, dice Jovan sorprendido. Así mismo y si miras para allá... ese es el Yunque, dice Ciano. ¿El Yunque? pregunta Jovan. Así es, y de cada rato sale una serpiente o una de esas culebras bien grandes y me mata una de las gallinas, dice Ciano. ¿No me diga? Qué horror, dice Jovan

¿Mira, ves ese caballo blanco que esta allá en aquella loma? pregunta Ciano. Sí, que hermoso caballo pero... quién... pregunta Jovan. Esa es mi hija, dice Ciano. Jovan se queda mirando a la distancia. No se veía muy bien pero había una mujer a caballo. Tenía un cabello largo rubio. Ella se acercó a ellos y él se quedó mudo mirando lo bien que montaba y el vaivén rítmico del caballo. Estaba en pantalones cortos. Se acercó más y a Jovan el corazón se le detuvo por un instante. Tragó gordo. Buenos días, ella dice desde el caballo. Buenos días, él contesta. Hija sube que quiero que conozcas al señor Ávila, dice Ciano. Ya voy, ella dice. Ella desmonta, lo mira de re-ojo. Él no podía quitarle los ojos de encima. Ella tenía unos ojos achinados de un color verde y castaño. Parecían joyas sus ojos. Tenía una boca bien sensual, dientes impecables y una sonrisa invitadora. Su cuerpo estaba entonado y fuerte y tenía piernas largas y musculosas. Su piel era blanca, cremosa y suave. Él la miró de arriba abajo. Ella se volteó sonriendo y él suspiró hondo. Qué curvas, él piensa, al ver sus nalgas moviéndose con cada paso. Mira hijo, yo sé que eres joven pero estás totalmente deslumbrado con mi hija, ríe, Ciano. Ay, perdone, dice Jovan avergonzado. No te preocupes así pasa con todo el que visita, dice Ciano.

Ella sube al balcón. ¿Con quien tengo el gusto? ella pregunta extendiendo su mano hacia él. Jovan Ávila, él dice. Maya Basilio, ella dice. Mucho gusto, él dice prendado de su rostro. ¿Usted vino sobre el terreno? ella pregunta. Sí, así es, él dice. Pues va a llover y mucho, así que mañana por la mañana bajamos al llano, ella dice dulcemente. Sí, él dice sofocado con la belleza de la mujer frente a él. Jamás en su vida había visto una mujer tan mujer, tan natural, tan parte de la tierra que la vio nacer. Qué belleza, él piensa.

Ella entra a la casa y comienza a cocinar. Hija, llama Ana. Aquí estoy, ella contesta. Mira fui a conversar con doña Jacinta. La pobre esta muy sola, dice Ana subiendo a la casa. Tenemos visita, dice Maya. ¿Quién es? pregunta Ana. Vino sobre el terreno, dice Maya. Húyele, que guapo es, dice Ana. Maya lo mira por la ventana de la cocina. Sí, era muy guapo y tenía unos ojos picaros, llenos de preguntas, de deseos, ella piensa. ¿Será puertorriqueño? pregunta Maya. A ver lo qué dice Ciano, dice Ana. Se va a quedar con nosotros, dice Maya. Pues cuídate que esta como el doctor lo recetó, dice Ana riendo. Ay mamá que cosas tienes. Pues claro que esta bien bueno pero yo sé cuidarme. Que se cuide él, dice Maya sonriendo. Échale el lazo mira si es soltero que aquí hay pocos hombres solteros, dice Ana.

En eso comienza a llover bien fuerte y Ciano y Jovan entran a la casa. Qué aguacero. Cierra las ventanas, dice Ana. Ciano y Jovan cierran las ventanas. Que oscuro se puso en un segundo, dice Jovan. Así es y de repente sale el sol, dice Ana. Mucho gusto señora, yo soy Jovan Ávila, él dice. Esta usted en su casa, dice Ana. Gracias, él dice.

Siéntese, dice Ana. Jovan toma asiento y Ciano se sienta junto a él a conversar. Maya tráenos unas cervecitas, dice Ciano. Ella sale con las cervezas. Gracias, dice Jovan tomando la cerveza. Ella sonríe dulcemente. Él se queda mirándole los cabellos... eran rubios y castaños, largos y lacios y unos rizos se formaban en las puntas de su pelo. Qué belleza de mujer, él volvió a pensar. Ella había dejado en el aire un aroma a campo, a vida, a rosas. Él suspira hondo.

Después de un rato

Entren para que coman, dice Ana. Todos se sientan a la mesa del comedor. ¿Usted es puertorriqueño? pregunta Maya. Sí, bueno nací en Los Angeles pero de padres puertorriqueños, él contesta. ¿No había visitado antes? ella pregunta. Sí, mi hermano y yo hemos viajado a las islas del Caribe en varias ocasiones con el asunto de construcción, él contesta. Habla el español muy bien. Mucha gente que nace afuera no habla español, ella dice. Pues que bien que yo sí, porque si no al verla a usted, me hubiese quedado completamente mudo, él dice. Ella sonríe. Si supieras lo qué estoy pensando, él piensa sonriendo.

¿Bueno y usted vive con su familia? pregunta Ciano. No, yo vivo solo. Tengo un hermano que también trabaja en construcción pero él es el que hace los dibujos en los planos y yo la matemática para ponerlo simple, él dice. ¿Y ambos trabajan para la misma compañía? pregunta Ciano. Pues trabajamos por contrato y somos nuestros propios dueños, dice Jovan. Que bien. Eso esta bien bueno, dice Ciano. ¿Y eres casado? pregunta Ana. No, nunca me he casado. Soy soltero. Ando buscando una buena mujer, él dice. Eso es difícil hoy día, dice Ciano pero todavía quedan unas pocas regadas por ahí, dice Ciano sonriendo. ¿Regadas como semillas? ríe Jovan. Así mismo, ríe Ciano. Todos ríen.

Esa noche Jovan no pudo dormir. Era imposible hacerlo. Maya se le había metido en la cabeza. Que rico sería llevársela. Era la mujer ideal, sencilla y pura... ¿será pura? él piensa. Que lindo sería pasearla en su auto y llevarla a todos los sitios bellos de California. Ella lo miraría con admiración, con orgullo. Eso era algo que no encontraba en las mujeres modernas. Se te metían a la cama una hora después de conocerte pero luego... que vacío tan grande. Deyma le había gustado mucho por eso mismo, su sencillez pero era una mujer moderna. Una mujer de mundo al cambio Maya... ella sí era la mujer ideal. ¿Qué pensaría Joel de Maya? ¿Le gustaría? Por primera vez en su vida compartir a una mujer con él se le hacia difícil, hasta en el pensamiento. Ay esos ojos chulos, él piensa mordiéndose los labios.

El día siguiente...

Jovan, venga para desayunar, dice Ana. Él entra al comedor y toma asiento. Es bueno que se desayune bien porque por ahí no hay nada más que puro pasto, dice Ana. ¿Maya va a salir conmigo al valle? él pregunta. Sí, pero esa muchacha ya van horas que esta afuera, dice Ana. ¿Horas? Pero si son las siete de la mañana, dice Jovan. Ella es así y si la dejas duerme afuera también bajo la luna como lo hacían los indios Tainos, dice Ciano comiendo. Ustedes tienen los ojos verdes, dice Jovan. Pues sí, se ligó un españolito por ahí por seguro, dice Ciano comiendo. Jovan ríe. Tú también tienes unos ojos no sé un poco verdosos, dice Ana. Pues sí, cambian al oscurecer a un castaño, dice Jovan. Aquí el que no tiene los ojos verdes se le ponen verde con tanto pasto y campo verde, dice Ciano. Mira a Maya sus cabellos se le ponen completamente rubios bajo el sol pero cuando hay tiempo de tempestad se ponen castaños, dice Ana.

Jovan estaba ansioso por volverla a ver y por estar a solas con ella. Mira muchacho ahí abajo esta Maya, dice Ciano mirando por la ventana. Él mira afuera y la ve montada a caballo y con ella un palomino precioso. Gracias por el desayuno, él dice. Pues me voy y los veo mas tarde, él dice tomando su carpeta y saliendo de la casa.

Buenos días, ella saluda. Buenos, él dice montando el palomino. Qué belleza de caballo, él dice admirando al palomino. Se llama Soledad, y es una yegua, ella ríe. Ah... sí, que belleza, él dice. Es que se me olvidó como se dice yegua, él dice. Ella sonríe. Vamos que es bueno bajar al llano temprano, ella dice sonriendo.

Él la sigue mirando como sus caderas se movían con cada paso del caballo. Ella tenía una cintura pequeña y unas caderas grandes. Estaba vestida con una camiseta color mamey y unos shorts blancos. Él acercó su caballo al de ella. Maya, él llama. ¿Sí? ella contesta. ¿Tiene novio? él pregunta. No, tuve un novio en la universidad pero después que nos graduamos él se fue a los EE. UU. a continuar sus estudios, ella dice. ¿Entonces siguen juntos? él pregunta. No sé. No me hace falta, ella dice. Entonces no lo quiere, él dice. Yo nunca me he enamorado. No lo creo porque no me entusiasmo mucho, ella dice. ¿Ha tenido muchos novios? él pregunta. No, yo era una adolescente gordita y pecosa, ella dice. Ya no lo es, él dice. Pues sí, pero los muchachos prefirieron a mis amigas, ella dice. Yo tampoco tengo novia y es difícil no tener alguien en quien confiar y con quien ir al cine, él dice. Sí, es cierto y me siento muy sola, ella dice. Él traga gordo. Yo voy a estar por acá unos meses. Si quiere podemos salir juntos. No sé quizás al cine, a la playa, él dice. Ella lo mira y sonríe. No creo que no tenga novia, ella dice. Pues claro que sí, no miento. Bueno, no le niego que tenga mujeres por ahí pero nadie especial, él dice. Es bien guapo, ella dice sonriendo. ¿Qué es lo qué le gusta de mí? él pregunta. Todo, ella contesta sonriendo. Pues ya que estamos hablando sobre eso... usted me tiene loco, él dice sonriendo. Es el aire del campo. El aroma a tierra fértil que nos reduce a nada menos que animales y solo pensamos en reproducir, ella dice sonriendo. Él traga gordo. Ella arranca y toma distancia y él arranca tras ella. Dios mío que belleza de mujer. Me encanta, él piensa admirando los cabellos largos de Maya bailando con la brisa de la mañana.

Ella desmonta y ata el caballo a un árbol. Él hace lo mismo. Mire, allí comienza el terreno, ella dice. Me gustaría que me tutearas, él dice. Está bien, igualmente, ella dice mirándolo de re-ojo y caminando. Él la sigue. Desde este poste comienza el terreno que esta apartado para el proyecto de condominios, ella dice. Yo debo dejarte aquí para que hagas tu trabajo, ella dice. No, no te vayas. Puedes ayudarme. Tengo que tomar medidas y puedes ayudarme, él dice. Esta bien, ella dice.

Después de un rato. A poca distancia queda un río, vamos para que los caballos tomen agua, ella dice. Está bien, él dice. Ellos bajan al río. La compañía construyera que quiere comprar estos terrenos es una compañía muy agresiva y poco a poco van a querer más y más, él dice. No entiendo, ella dice. Pues ellos comienzan comprando poco terreno y luego siguen insistiendo y casi siempre logran desalojar a todo el que esté en su camino, él dice. ¿Me quieres decir que nos van a echar? ella pregunta. Él se acerca a ella. No si yo pueda evitarlo, él dice. Me moriría si no pudiera montar a caballo y pasear por el campo, ella dice tristemente. No te preocupes yo voy a ver como hago para que se busquen terreno en otra parte, él dice. ¿Ustedes necesitan vender el terreno? él pregunta. No, es que papá ya esta viejo y no puede hacerse cargo de todo, ella dice. ¿Has viajado a los EE. UU? él pregunta. Una vez fui a Washington D.C. con una clase de la universidad, ella dice. ¿No te gustó? él pregunta. No, ella contesta. Pues a donde yo vivo es casi igual que aquí. No nieva y no hace frío, él dice. Yo quiero morir aquí, ella dice tristemente. Estás muy joven para pensar en muerte, él dice. Es que todo el mundo se va y abandona la isla. Quisiera ser más fiel, más estable, ella dice. Puedes viajar y volver cuando quieras. La cosa es no venderles tu terreno a los americanos. Eso es lo principal, él dice. Ella baja su cabeza tristemente. Tengo miedo, ella dice.

Él se acerca y le acaricia el rostro con su mano subiéndolo hacia él. No temas. Yo no lo voy a permitir. Voy a luchar contra todos para que no pierdan su terreno, si me permiten, él dice. Habla con papá, ella dice. Así lo haré, él dice.

Quería besarla y abrazarla pero no se atrevió. Tenía terror de asustarla. Ella lo hacia sentir cosas que jamás había sentido en su vida, matrimonio, hijos, una familia. Él mira a su alrededor. Se podía construir una casa bien grande y linda en medio de este valle con el río y las montañas a la distancia. Se podía construir un puente para cruzar el río. Se podía construir una caballeriza grande para los caballos y atraer turistas a un rancho lleno de peones con servicios modernos pero manteniendo el campo y su belleza original. ¿En qué piensas? ella pregunta. En muchas cosas que nunca habían cruzado por mi mente, él dice.

Ella camina adelante y él aprovecha para llamar a Joel.

Él trata de llamar por celular pero no encontraba una señal. Luego logra una señal y Joel contesta. ¿Qué hubo? él pregunta. Joel, tengo que hablar contigo seriamente. Heracio quiere comprar terrenos en Puerto Rico y esta empecinado en comprar un terreno que vio para el proyecto de condominios, dice Jovan. ¿Y qué? pregunta Joel. Tienes que venir y verlo. Es una belleza de campo de la madre y eso no es todo, la familia que vive aquí es muy linda. Quiero comprarlo yo, dice Jovan. ¿De veras? pregunta Joel. Sí, por primera vez en mi vida he visto algo que quiero y necesito tu ayuda, dice Jovan. Pues claro que sí. Lo qué quieras, dice Joel. Podemos juntos comprar el terreno. También tengo otra cosa que contarte pero ahora no, dice Jovan mirando hacia Maya que estaba paseando a los caballos por el río. Me asustas, dice. Joel. Yo estoy asustado también, dice Jovan. Mándame un email de lo qué quieras y yo comienzo rápido. No te preocupes por Heracio él es así pero de repente cambia de padecer. Yo puedo convencerlo, dice Joel. Tienes que convencerlo. Este terreno es nuestro, dice Jovan. Ésta bien, dice Joel.

Jovan se queda mirando a Maya. Ella era tan parte de este lugar como el aire fresco de las montañas y algún día, ella, el campo y todo le pertenecería, él piensa. Ella se acerca a él de nuevo. Él se queda mirándola a los ojos. Maya, he decido contra el proyecto de condominios pero la única manera de conservar este terreno y su belleza sería vendiéndosela a alguien que conserve su belleza tal y como es, él dice. No entiendo nada, ella dice. Voy hablar con Ciano a ver si nos unimos y llegamos a un acuerdo que nos beneficie a los dos, dice Jovan. ¿Nos vas ayudar? ella pregunta. Si, estoy decidido, él dice. Ella lo mira fijamente a los ojos y él sonríe. No temas, él dice dulcemente. ¿Volvemos? ella pregunta. Sí, él contesta. Ellos montan los caballos y se dirigen a la casa Basilio.

Regresan a la casa y llevan los caballos a los establos. Maya, él dice. Sé que acabas de conocerme pero yo quisiera que me dieras la oportunidad para conocerte mejor. Tengo buenas intenciones, él dice. Ella cambia su vista y vuelve a mirarlo. Esta bien, ella dice en voz baja. Me gustas mucho, él dice en voz baja. Ella sonríe. Nadie nos escucha, ella ríe. Lo sé pero sí tú bajas la voz, yo también. Eso se pega, él ríe. Qué ganas tenía de besarla. Nunca se había tenido que controlar de esta manera. Esto era un martirio, él piensa.

Una vez en su habitación, Jovan comenzó a escribir correos electrónicos a varios de sus amigos. Comenzó a investigar como hacer para asegurar un préstamo bancario y hacer suma de sus propiedades y de sus ahorros. Ni el ni Joel tenía casa o apartamento. Ellos vivían de un hotel al otro por diferentes partes del mundo y a veces alquilaban un apartamento pero nada estable. Habían ahorrado mucho dinero porque ninguno desperdiciaba el dinero en barras ni en mujeres ya que siempre tenían mujeres a su disposición. Nunca planeaba sin su hermano. Ellos eran inseparables y él estaba seguro que a Joel le iba a encantar el terreno, la gente, el campo y Maya. Maya, él piensa. Tendría que asegurarla y por primera vez en su vida estaba haciendo planes para un futuro. Que lindo se sentía poder relajarse y trabajar hacia una sola meta. Él mira por la ventana al campo. Esto es un sueño, él dice contento.

Él se recuesta un rato en la cama. Una brisa cálida cruzaba de una ventana a la otra. Un aroma a café. Qué rico, él piensa. Se levanta y mira por la ventana. Ciano y Ana estaban conversando bajo un árbol de mango en una hamaca.

Él salió a la sala, entra a la cocina y Maya estaba allí preparando café. Qué aroma rico, él dice. ¿Quieres? ella pegunta. Ay sí, gracias, él dice. ¿Te gustan los mangos? ella pregunta. Sí, mucho, él dice. Mira estos que maduros están. Ay están blanditos, ella dice. Él la mira sin poder dejar de hacerlo. Mira que gorditos están, ella dice. Ella se sienta junto a él a la mesa. Son difíciles de comer cuando están así de maduros pero aquí tienes, ella dice, dándole un mango, y una cuchilla. Es mejor con las manos, ella dice pelando un mango fácilmente y llevándoselo a su boca. Tienes mango hasta en la nariz, él dice. Perdona pero es que esta muy maduro, ella dice. Él se queda mudo mirándola. El mango estaba en sus manos y en su rostro. Él hizo por limpiarla con una servilleta. No te preocupes, ella dice. ¿No te vas a comer el tuyo? ella le pregunta. Es que pues, déjame comer del tuyo, él dice. ¿Como? ella pregunta. Acércate, él dice. Ella se acerca. Él procede a pasarla la lengua por la mejilla, por los labios. Que rico esta el mango, él dice, ahora acercándose mas y metiéndole la lengua en la boca. Ella echa para atrás un poco y sonríe. El tuyo sabe mejor que el mío, él dice sonriendo. Ella se levanta y se lava las manos. Él camina por detrás y la atrae hacia él por la cintura besándola en el cuello. La voltea y la besa en la boca y ella responde. Me encantas, él dice sofocado, besándola. Ay déjame, él dice apretándole un seno con su mano. Me tienes encendido, él dice besándola. Tengo que llevarle café a mis padres, ella dice. Perdona, él dice componiéndose. Ella sale afuera a llevarle café a Ciano y a Ana. Él la sigue. ¿Bueno muchacho, qué te pareció el terreno? pregunta Ciano.

De eso mismo quería hablarle. Me interesa el terreno personalmente y quiero comprárselo. Yo sé que usted habló con la compañía constructora sobre el posible negocio de los terrenos pero no hay nada concreto. Yo vine a medir el terreno. Mi hermano esta consultando con el jefe de la compañía para desviar el trato. Entre mi hermano y yo podemos comprar el terreno. Así ustedes jamás tendrían que dejar este campo y podrán vivir aquí por el resto de sus vidas, dice Jovan. No entiendo, dice Ciano. Pues es que esta gente le van a comprar esta parte del terreno pero luego van a insistir en comprarlo todo y los desalojarían de la propiedad. Construirán condominios y sería casi imposible para ustedes permanecer aquí. Conmigo será diferente. No pienso tocar el terreno. Lo conservaré tal y como esta con ustedes siempre presente. Será nuestro paraíso, dice Jovan. ¿Harías eso por nosotros? pregunta Ciano. Sí, y porque Maya sufriría mucho sin su campo y sus caballos, dice Jovan. Pero tú vives muy lejos, dice Ciano. Eso también tiene remedio, dice Jovan sonriendo. Yo vine aquí a cumplir con un requisito de mi jefe pero una vez los conocí a ustedes y vi este campo me di cuenta que yo no tengo nada y que esta es una oportunidad que no puedo negarme, dice Jovan.

Pues a mí me encantaría hacer negocios contigo. Me pareces una persona respetable. Yo también pensé que poco a poco lo perderíamos todo pero estoy muy viejo y no tengo hijos varones. Mi yerno no le gusta el campo y pues nos quedamos solos y es mucho trabajo para mí, dice Ciano. Pues mi hermano también le va a encantar y estoy seguro que pronto vendrá para acá, dice Jovan. Que bien. ¿Oye y como nos salimos del negocio ese con la compañía constructora? pregunta Ciano. Yo me encargo de todo y le compro el terreno. Pienso construir una casa bien grande y linda en medio del llano y un puente para cruzar el río, establos y un rancho bien grande. Podemos atraer turismo y vivir de eso entre todos, dice Jovan. Qué magnifica idea, dice Ciano. Pero muchacho no te preocupes con lo del terreno, puedes hacer lo qué quieras, dice Ciano. No, todo se tiene que hacer basado en documentos legales. No sea que Maya se case y me echen como un perro, ríe Jovan. Él la mira de re-ojo. Ella estaba conversando con su madre. Que mucho le gustaba esta mujer, era perfecta, él piensa. En ese caso, trato hecho, dice Ciano sonriendo.

Me gustaría invitarlos a todos a cenar esta noche, dice Jovan. ¿De veras? Pues conmigo no hay problema. Oye vieja, nos invitan a cenar, dice Ciano. Qué lindo gesto, dice Ana. Pues sí nos vamos todos. Escojan el restaurante, dice Jovan. Pues a Maya le gusta mucho el restaurante argentino “Tangos”, no queda muy lejos, dice Ciano. Que bien, pues déjame ver si puedo hacer reservaciones por correo electrónico, dice Jovan. No deja eso si yo llamo al restaurante, dice Ciano. Gracias, dice Jovan.

Jovan, ven quiero que veas algo muy lindo, dice Maya tomándolo de la mano y llevándolo a un rancho pequeño adonde había gallinas. Ella sale afuera con un pollito en sus manos. Mira que lindo, ella dice. ¿Ay qué es eso? él pregunta interesado. Es una gallina pero... es un bebé. ¿Nunca lo habías visto? ella pregunta. No. Que raro no se parece una gallina. Uy, no lo quiero tocar, él dice. Ella ríe. Tonto, ella ríe. Es que es demasiado pequeño y espeluzado, él dice. Tiene tres días de nacido y es mi favorito, ella dice. Vete y llévalo de vuelta, se va a morir, él dice mirándolo con una mueca en sus labios. No seas tonto, ella ríe. Mira esos huevos, ya van a salir los pollitos, ella dice. Uy fo, él dice. No silbes para el campo, ella ríe. Claro que sí, pero yo no voy a estar tocando pochitos, él dice. ¿Qué pochitos? ella pregunta. Esos, él dice. Son pollitos, no pochitos, ella ríe a carcajadas. Oye pero no te burles. Yo no sé de esas cosas, él dice sonriendo. Eres lindo, ella dice besándolo en la mejilla. Ahora de eso sí yo entiendo y mucho, él dice sonriendo.

El Restaurante - Tangos

Todos se sientan a la mesa. Qué bonito lugar, dice Jovan admirando las paredes, las cuales estaban cubiertas de fotos de cantantes famosos inclusive Carlos Gardel. Me encanta el tango, dice Ciano. Es muy romántico, el baile, dice Jovan. Aquí también se baila, que bien, él dice. ¿Usted sabe bailar tango? pregunta Ana. Sí, un poco, dice Jovan. Pues Ciano y yo lo bailamos muy bien, ella dice. Tengo que verlos bailar, dice Jovan. ¿Y Maya? pregunta Ciano. No sé lo qué pasó. Se encontró con unas amistades, dice Jovan. Pues eso no está bien, dice Ana mirando a ver si la veía.

Después de unos minutos Maya toma asiento junto a Jovan. Perdona, mi amiga se casó y no sé, me sentí muy rara. A mi no me invitaron, dice Maya tristemente. Eso es porque la novia no quería que fueras a ser la mas linda. Le ibas a echar todo a perder, dice Jovan dulcemente. Ella lo mira dulcemente. Es que fuimos muy amigas durante casi cuatro años en la universidad y me asombré muchísimo, dice Maya. No te pongas triste, dice Jovan tomándole la mano. Vamos a bailar y le dices a todas tus amistades que tú también te casaste, dice Jovan levantándose de su asiento. Ciano sonríe. Así mismo para que aprendan, ríe Ciano.

Él la lleva al centro de baile y la toma en sus brazos. No te me pegues mucho que ya me tienes mal, él dice. Ella sonríe dulcemente. Eres un exagerado, ella ríe. No de verdad. ¿Esas son tus amigas? él pregunta. Sí, nos están mirando, ella dice. Pues a ver si les gusta esto, él dice besándola en los labios. Ay que rica tu boca. Abrázame fuerte, él dice. Ella lo abraza. Ay... madre espérate un momento, se me olvidó. No te me pegues, él dice sonriendo. Ella ríe. ¿Si me quedo por acá un tiempo concedes ser mi novia? él pregunta. Sí, ella contesta. Pero tú sabes, novia de verdad, en serio, él dice. Sí, ella contesta. ¿Eres virgen? él le pregunta en el oído. Sí, ella contesta. Debes andar con tu frente bien alta porque creo que eres la única en el planeta, él dice. ¿Te molesta? ella pregunta. A mi...claro que no. Pues yo nunca he conocido una virgen, él dice. Ella baja la cabeza. Él vuelve a besarla en los labios. Me encantas. Eres la mujer de mi vida, él dice abrazándola.

Después del baile ambos tomaron asientos a la mesa. Ciano y Ana también estaban bailando y regresaron. La pesada de Leticia nos preguntó que si eran novios, dice Ana. ¿Y qué le contestó usted? pregunta Jovan. Pues claro que sí, dice Ana sonriendo. Gracias, dice Jovan sonriendo.

¿Y cuando viene tu hermano? pregunta Ana. El sábado y me tomé el atrevimiento de decirle que se quedara conmigo en mi habitación, dice Jovan. Hombre no si esa casa está llena de habitaciones, por Dios, dice Ana. Así es y si es tu hermano pues también es familia, dice Ciano. Él los mira de re-ojo. Nunca había conocido una familia así. Él y su hermano casi se habían criados solos. Era muy lindo estar con ellos y se sentía muy a gusto como si los conociera de muchos años. Les tengo que contar algo, él dice. Todos lo miran interesados. Mi hermano y yo... somos gemelos idénticos, él dice. ¿Qué? pregunta Maya sorprendida. Somos gemelos idénticos, dice Jovan. ¿No me diga? ¿Oye y como es eso? ¿Tanto se parecen? pregunta Ciano. Sí es como mirarme al espejo, dice Jovan. Qué sorpresa, dice Maya. Nos diferenciamos porque a él no le gusta llevar barba ni bigotes y se recorta mas corto que yo, dice Jovan. Eso es bien interesante. ¿Oye y alguna vez se ha confundido tu sabes... una mujer? pregunta Ciano. Viejo, deja eso, dice Ana. No, si es que estoy muy interesado, dice Ciano. Pues no tanto porque yo visto diferente. Él es más conservativo y viste con más gabán y corbata. A mí me gusta llevar los cabellos largos y vestir mas relajado, él dice. Cuando te cases a lo mejor también tengas gemelos, dice Ana. Sí, lo sé, dice Jovan.

Después de la comida todos tomaron café y conversaron sobre el campo. Yo la verdad que no sé mucho de campo. Yo solo sé que es muy lindo. Hoy Maya me enseñó un pochito y yo no sabía lo qué era, dice Jovan. ¿Un qué? pregunta Ana. Un pollito, dice Maya riendo. Pues eso y es muy raro que no se parezca una gallina, dice Jovan. Todos ríen a carcajadas. ¿No sabes nada de caballos? pregunta Ciano. No, solo montarlos, dice Jovan. Pues no te preocupes vas a ser un experto en todo. Te voy a enseñar como siempre quise con el hijo que nunca tuve, dice Ciano. Los ojos de Jovan se llenaron de lágrimas. Gracias, él dice. Maya lo mira apenada.

Bueno vamos que es tardísimo, dice Ciano. Jovan se hace cargo de la cuenta y todos salen al auto. ¿Oye muchacho cuanto te debo? pregunta Ciano. No nada. Eso esta a cuenta de la compañía constructora, dice Jovan. Que bien. Estuvo riquísima la comida, la compañía y la conversación, dice Ciano. Así mismo, dice Jovan.

Todos regresan a la casa y las mujeres se retiran a sus habitaciones. Ciano y Jovan se quedan conversando hasta tarde. Mis padres viajaban de un lado al otro constantemente y mi hermano y yo cometimos miles travesuras. Una vez la principal de la escuela estaba furiosa porque yo le pasé todos los examines a mi hermano. Ya que él no es muy bueno en matemáticas y él me pasó las clases de arte. Así la pasamos siempre. Hoy día somos muy unidos y yo sin él me siento como que algo me hace falta. Es imposible no pensar en él varias veces al día. Yo siempre lo saco de problemas. Se mete en unos enredos que para qué contarle, dice Jovan. Que lindo que se quieran tanto, dice Ciano. Pues no va mucho que conocimos unas chicas y surgió que eran gemelas idénticas y tuvimos problemas y el pobre de Joel se quedó muy triste, dice Jovan. Mira muchacho yo con ese poder que ustedes tienen estuviera aquí dos noches y dos con otra mujer y la pasaría muy bien, ríe Ciano. Hay no... yo nunca podría hacer eso, dice Jovan mintiendo. Yo adoro a mi mujer. La conocí aquí durante un viaje de negocios. Yo vine acá desde Fajardo. Imagínate eso, de una punta al centro de la Isla... a conocer la mujer de mi vida. Así es la vida, dice Ciano. Sí. ¿Cómo se sabe cuando uno conoce esa mujer que ha de ser la mujer soñada? pregunta Jovan. Es como una felicidad intensa y un descanso inmenso del alma. Uno se relaja porque ya se acabó la búsqueda y las noches de soledad, dice Ciano. Yo me creo que me estoy sintiendo así, dice Jovan. Tú estas así desde que viste a Maya en la loma, ríe Ciano. Jovan baja su cabeza. Me encantaría que fueras tú y que fueran muy felices, dice Ciano. ¿De veras? pregunta Jovan. Así es. Buenas noches, hijo. Estoy rendido, dice Ciano retirándose a su habitación.

Jovan entra a su habitación y se acuesta en la cama. Dios mío que feliz me siento con esta gente.

Afuera el coquí y los grillos no dejaban de chillar y había ruido en el gallinero. ¿Se habrá muerto el pochito? piensa Jovan.

Joel y Heracio

Entonces el negocio no es bueno. Ustedes nunca me han fallado. No importa, yo me voy a Costa Rica a ver que logro por allá, dice Heracio. También hay terreno en Santo Domingo, dice Joel. Pues que bien porque necesito comenzar el proyecto antes de final de año, dice Heracio. ¿Te han dicho que te pareces mucho a tu hermano? pregunta Heracio. Sí, a cada rato, dice Joel. Pero es un parecido macabro, dice Heracio. Sí, lo sé, ríe Joel. Por ahí anda mi hija procurándote, dice Heracio. Es muy joven, Nuria, dice Joel. Así esta la juventud hoy día. Qué pena. En mi tiempo tenías que rezar un rosario de rodillas para que una mujer te enseñara una teta, ríe Heracio. Joel ríe. Yo no me arrodillo así no mas, dice Joel. Pues mira en ese tiempo, entre la iglesia católica y el qué dirán, todos los hombres jóvenes teníamos las bolas hinchadas de tanto apretar las mujeres. Y ellas nos decían, quizás, quizás, quizás, como la canción, ríe Heracio. Qué horror, dice Joel riendo. Mira un primo mío allá en Colombia se metía con las ovejas. Dicen que son como una mujer, ríe Heracio. Qué mierda pero eso es de enfermos, dice Joel. Es que así estábamos... en candela, ríe Heracio. Pues ahora también hay grupos que se meten juntos a la cama, dice Joel. Yo me meto con un grupo de mujeres pero con hombres no. Yo no confío en los hombres. Pueden ser maricones y sales adolorido, ríe Heracio. Así mismo. Qué descaro. Yo en ese sentido soy antiguo. ¿Cómo será estar con una mujer virgen? pregunta Joel. Pues te puedo decir que es lo mejor del mundo. En solo pensar que ha sido solamente tuya. Es un placer inmenso. Además es muy rico la primera vez y le puedes enseñar de todo un poco, a tu manera y como te gusta a ti, dice Heracio. Me imagino que hay bien en toda época, dice Joel pensativo.

El Campo

Jovan sale al balcón de la casa. Era una mañana hermosa y soleada con una brisa fresca. Oye muchacho anoche había un escándalo de la madre en el gallinero y cuando fui averiguar me encontré con una serpiente de siete pies, exagera Ciano. ¿De veras? pregunta Jovan. Así mismo y me mató dos gallinas, la condenada, dice Ciano. ¿Y Maya? pregunta Jovan. Por ahí anda triste. Los pollitos se quedaron solos y hay que atenderlos personalmente o se mueren, dice Ciano. Qué pena pero vamos a tener que hacer algo sobre eso. Ese gallinero hay que construirlo mas fuerte y a ver como se hace para que no se metan esos animales al campo, dice Joel. Ve y habla con Maya que esta muy triste, dice Ciano. Sí ya voy, dice Jovan.

Jovan entra al gallinero y encuentra a Maya sentada en el piso con los pollitos. ¿Qué haces? él pregunta. Se quedaron sin mamá, ella dice tristemente. ¿Y qué pasó con Pochito? él pregunta. Esta muy triste. Él no sabe como  hacer sin su mamá. Se van detrás de las otras gallinas pero a veces no son aceptados y se mueren, dice Maya. Vamos a construir un gallinero más fuerte. Quería decirte sin mentirte que si yo veo una serpiente aquí me cago encima, dice Jovan. Ella ríe. Ven, él dice tomándola de la mano y sacándola afuera. Caminan mano en mano por el campo. Me gustaría mucho que fuéramos más que amigos, él dice. Acabamos de conocernos, ella dice. Pues por eso mismo. Uno no debe andar perdiendo tiempo. Mira lo qué le pasó a Pochito, de un día al otro se quedó solo. Yo estoy cansado de estar solo, dice Jovan. Ella lo mira dulcemente. Tú eres muy bueno y te mereces una mujer como tú. Una mujer de mundo. Que haya viajado a muchos lugares como tú y que pueda conversar contigo a largas en inglés, ella dice. Yo soy puertorriqueño. Lo llevo en la sangre. Yo merezco una mujer como tú. Una mujer pura sin malos pensamientos y con un buen corazón, él dice. Ella no contesta. Se paran en la loma a mirar el valle. Yo quisiera ser como el aire fresco que recorre el campo... libre, ella dice. ¿Libre en qué sentido? él pregunta. Libre para jugar con los pollitos. Libre para montar mi caballo y libre para entregarme al hombre de mis sueños, ella dice. ¿Eso de entregarte... pues... quien es el hombre? él pregunta nervioso. Tonto, ella dice riendo. No, de veras me dejaste pensando, él dice. Yo quiero ser tu novia, ella dice dulcemente. ¿Sí, y lo de entregarte? Él vuelve a preguntar ansioso. Eso vendrá con el tiempo, con el amor y la confianza, ella dice. Ay no pero esas cosas se pueden tomar días, él dice. Ella ríe. Sabes tienes algo que me vuelve loca. Es no sé... un poco de inocencia... pero yo sé que te la sabes todas, ella ríe. Yo soy inocente de eso de esperar pero de nada más, él dice. ¿Tú crees que puedas darme un beso sin que yo esté comiendo mango? ella pregunta. Ay... mi amor... claro que sí, él dice tomándola en sus brazos y besándola tiernamente. ¿Lo de entregarte... se va tomar tiempo? él pregunta besándola y acariciándola. Lleva sus manos a las nalgas de Maya apretando tiernamente y ondulando. Ay yo no sé si pueda esperar, él dice apasionado. Yo tampoco, ella le dice en el oído. ¿De veras? Ay... vamos al gallinero, él dice. Ay no, ella dice. Ay sí, él dice empuñándole los senos. Uy qué asco... en el gallinero no, ella dice. ¿Pero mi amor a donde? él pregunta. En la cama cuando mamá y papá salgan al pueblo, ella dice. ¿Y cuando es eso? él pregunta sofocado. En unos minutos, ella contesta. ¿Ay.... de veras? él pregunta. Sí, ella sonríe. Pues vamos, él dice tomándola de la mano y dirigiéndose a la casa.

Cuando llegan a la casa ven un auto estacionar frente a la casa. Hay visita, ella dice. Ay no, ahora no, él dice molesto.

Ellos entran a la casa. ¡Joel! ¿Hombre cuando llegaste? pregunta Jovan abrazándolo. Hace un ratito, dice Joel. Mira muchacho, que susto de la madre. Este hombre es tu misma imagen, dice Ciano. Pues sí, dice Jovan. Maya se queda muda mirándolos y toma asiento en el sofá. ¿Cómo te fue el viaje? Pregunta Jovan.  Muy bien pero me perdí llegando aquí y fui a tener al pueblo de vuelta, ríe Joel ahora mirando a Maya. ¿Échale... qué es esto? pregunta Joel. Mira esta es Maya. Maya él es mi hermano, dice Jovan. Mucho gusto, ella dice sonriendo. El gusto es mío, dice Joel.

Muchachos nosotros nos vamos hacer algunas diligencias al pueblo. Están en su casa, dice Ciano. ¿Maya te quedas? pregunta Ana. No voy con ustedes, dice Maya. Pues los vemos pronto, dice Ciano.

Ellos los ven partir desde el balcón. Avanza y cuéntame, dice Joel. Es la mujer de mi vida, dice Jovan. Te lo tenías bien escondido, dice Joel. Mira te juro que estoy en otro mundo. Esta gente es bien linda y los quiero mucho. Ella... pues íbamos a tú sabes... pero te presentaste en mal tiempo, dice Jovan. Ay no perdona, dice Joel. Es virgen, dice Jovan. ¡No! Te tiene que estar mintiendo, dice Joel. Te digo que sí lo es, dice Jovan. ¿Qué quieres que te haga el favorcito? pregunta Joel riendo. No hombre eso es mío, dice Jovan. Pues mira, Heracio ya se fue a buscar terrenos a Costa Rica y a Santo Domingo. Así que podemos comprar el terreno. Esta bellísimo este campo, dice Joel. No has visto nada. Eso por ahí es divino y es un llano plano y perfecto. Pienso construir una casa bien grande en el mismo medio del llano. Quiero que la diseñes con todo y patio grande y piscina, dice Jovan. ¿Pues que bien pero la casa es tuya y yo? pregunta Joel. No seas tonto todo es de los dos, dice Jovan. ¿Y Maya? pregunta Joel. Jovan mira hacia la distancia. ¿Te gusta? él pregunta. ¿A quien no? pregunta Joel. Yo tengo buenas intenciones para con ella. Quiero casarme y criar mis hijos aquí, dice Jovan. ¿Ella tiene hermanas? pregunta Joel. No, una y es mayor y tiene tres hijos. Yo todavía no la he conocido, contesta Jovan. Eso va a ser muy difícil para mí. Estar aquí sin mujer, dice Joel. Ya encontrarás una. Tranquilo, hombre. Acabas de llegar, dice Jovan. ¿Me la vas a negar? pregunta Joel. Joel mira, yo ni la he tocado todavía. Dame tiempo. Además esto es serio, dice Jovan. No jodas. ¿Tú puedes con las mías y en cuanto tienes una yo no puedo? pregunta Joel. Esto es diferente, dice Jovan pasándose la mano por sus cabellos. Es bien chula, dice Joel. Sí, estoy loco por ella y no quiero que se asuste, dice Jovan. Ven vamos a montar a caballo y recorrer el campo, dice Jovan.

El Pueblo

¿Hija, como vas a hacer tú con esos dos muchachos? Se parecen demasiado, dice Ana. Estoy enamorada de Jovan. Ya sé que no lo conozco muy bien pero creo que fue a primera vista, dice Maya. Pues es obvio que tú le gustas y que tiene buenas intenciones hacia ti pero ten cuidado. No sea que un día te encuentres con el hombre equivocado en la cama, ríe Ana. Me quedé muda. Son idénticos hasta en su voz, su sonrisa y esa cosa que tienen en los ojos... picaros, dice Maya. Sí, que guapo son los dos. Ay que rico los dos en la cama, dice Ana riendo. Mamá, por Dios, te oye papá, dice Maya riendo. Mira anda y búscate una amiga para Joel y salen todos juntos. Los hombres a esa edad son puro pique, dice Ana. ¿Mis amigas? Ya ves lo qué hacen. No me tienen en cuenta, dice Maya. Tenemos que llevar unos sacos de purina para los pollitos, dice Ciano. Dice Jovan que va a construir un gallinero más fuerte y grande, dice Maya. Sí, así mismo y vamos a comenzar pronto a medir la propiedad y a cercarla, dice Ciano.

Jovan y Joel

Qué belleza. Esto es un tesoro. Si construimos el puente, lo podemos hacer justamente donde comienza el terreno allí abajo al cruzar el río. Así el puente servirá como bienvenida al Rancho, dice Joel. Sí, buena idea, dice Jovan. Ya veo como te volviste loco con este lugar y es precisamente lo qué hemos estado esperando. Invertir en un lugar lucrativo y a la misma vez poder vivir en él, me encanta la idea, dice Joel. ¿Tú vistes el valle primero o viste a Maya primero? pregunta Joel. Pues vi el valle primero pero surge que ella es parte de todo esto. Si la vieras a caballo parece que nació montada en la yegua. Es natural como la tierra misma y sencilla, dice Jovan. ¿Qué es eso, yegua? pregunta Joel. Es “mare”, dice Jovan. Te enamoraste rápido, dice Joel. Tú bien sabes que yo primero meto y luego me gusta la mujer pero en este caso ha sido al revés y me ha tomado de sorpresa, dice Jovan. Sabes, no volví a ver a Deyma y tampoco quise pasar tiempo con Nuria. Me quedé con un sabor malo en la boca con lo de Deyma, dice Joel. Ya se te pasará, dice Jovan.

¿A quien en la isla debemos acudir sobre la construcción de la casa? Tú debes tener alguna idea, dice Jovan. Sí yo sé muchos que nos pueden dar la mano pero a escoger los más baratos y los más respetables. Se va a necesitar un abogado y debemos consultar con Ciano, dice Joel. Él es muy bueno y lo quiero mucho. Me han tratado como un hijo, dice Jovan. Que bien, dice Joel. Sabes, es la primera vez que confesamos ser idénticos y se siente muy bien, dice Jovan. Ay sí. Estoy harto de pasarme por ti. Tú eres un pesado, ríe Joel.

Esa noche...

Joel y Jovan regresan a la casa. Estábamos preocupados, ya es tarde, dice Ciano. Nos pusimos a medir la propiedad y estamos rendidos. Que grande es y a pies peor, dice Jovan. Así es, entren para que coman. La vieja hizo unos pasteles bien ricos, dice Ciano. Huele rico, dice Joel.

Ellos se lavan las manos y se sienta a la mesa del comedor. ¿Y Maya? pregunta Joel. No sé, dice Jovan. Ana entra y les sirve. Gracias, dice Joel. ¿Doña Ana y Maya? pregunta Jovan. Fue al gallinero asegurar a las gallinas, dice Ana. Esa muchachita se pasa con esos animalitos todo el día. Desde niña se pasa por ahí y les pone nombres y les habla a todas las gallinas, dice Ciano. Ellos ríen. Yo le puse a uno Pochito. Tienes que verlo es bien feíto y espeluzado, dice Jovan. Allí la encontré hoy bien triste porque una serpiente mató a dos gallinas y una era la mamá de Pochito, dice Jovan. ¿Serpientes? pregunta Joel, se le eriza la piel. Sí, bajan del yunque, dice Ciano. ¿Aquí en la isla? pregunta Joel. Así mismo y grandes que son, dice Ciano. Espérate, yo no voy a dormir y que se me trepe una serpiente a la cama, dice Joel asustado. Hombre no, puedes estar tranquilo, ríe Ciano.

En eso Maya entra a la casa. Buenas noches, ella saluda. Buenas noches, ellos saludan. Ella se queda mirándolos por un momento. ¿Jovan? ella pregunta nerviosa. Sí, él dice levantándose. Se murió Pochito, ella llora. Ay no, él dice abrazándola fuertemente. ¿Pero qué pasó? él pregunta. No sé, ella dice entre sollozos. Se sientan en el sofá. Mi amor, ya te dije que se iba a morir, estaba espeluzado, dice Jovan. Parece que el gallo lo picó, ella dice. Sssh, mañana mismo comenzamos con la construcción, dice Jovan.

Joel y Ciano conversan mientras comen. ¿Y tú, tienes novia? pregunta Ciano. No, soy soltero, dice Joel. En estos tiempos la juventud no se casa hasta tarde, dice Ciano. Ese hermano tuyo se buscó un problema con Maya porque esos animalitos se pasan muriéndose de cada rato, dice Ciano. Es muy sensible, dice Joel. Va a ser una madre ejemplar y le gustan mucho los animales. Tiene un corazón bien grande, dice Ciano. Hoy monté la yegua pinta. Qué hermosura, dice Joel. Sí. Yo tengo esos caballos hacen años. Ahora son bien caros, dice Ciano. Oye sabes lo qué debemos hacer... irnos al hipódromo a ver las carreras de caballos, dice Ciano. Me gustaría mucho, dice Joel.

Jovan y Maya salen al balcón. Eso por ahí causa miedo. Qué oscuridad. Se necesitan postes de luz a cada esquina del terreno, dice Jovan. Uno se acostumbra, ella dice. Sí pero puede haber serpientes, él dice. Papá dice que son bien grandes pero no es verdad. Yo las he visto y no es para tanto. Él todo lo exagera, dice Maya. Me quedé con las ganas, él dice. ¿Qué? ella pregunta. Él se le acerca al oído. Me dejaste con las ganas, él repite. Podemos bajar al llano esta noche, ella dice. ¿Con las culebras? él pregunta. Ella ríe. No sé si pueda, él dice. Claro que sí, ella dice riendo. Yo tengo tantas ganas de ti que a lo mejor no llegue al llano, él dice en voz baja. Ella ríe. Eres bien gracioso, ella dice riendo. ¿Y cuando nos vamos al llano? él pregunta. Yo te aviso. Te toco a la ventana de tu habitación y por ahí mismo puedes salir, ella dice en voz baja. Ay sí... avanza, él dice apasionado.

Ana sirve café y todos se sientan a conversar. Pues yo conozco un abogado y también unos muchachos que construyen casas y son bien leales y respetuosos, dice Ciano. Que bien, dice Jovan. Mira muchacho, la vieja te preparó la habitación al lado de la de Jovan, dice Ciano. Gracias, yo la verdad que estoy rendido, dice Joel levantándose. Buenas noches a todos, él dice retirándose.

Después de un rato todos se retiran a sus habitaciones y Ciano cierra las ventanas y las puertas de la sala y la cocina.

Jovan entra a la habitación de Joel. ¿Estás bien? le pregunta. Sí, que cansancio y esos pájaros que ruido hacen, dice Joel. Son los grillos y los sapos, dice Jovan. Ay qué madre no sé si pueda dormir, dice Joel. Uno se acostumbra pero yo prendo el abanico y no se oye tanto. El ruido del abanico es mejor, dice Jovan. Buenas noches, dice Joel. Hasta mañana, dice Jovan.

Después de un rato Maya toca a la ventana de Jovan. Él abre la ventana y sale afuera. Ella lo toma de la mano y bajan la loma hacia el río. Algo me picó, dice Jovan. Son los mosquitos, dice Maya. Ay padre me van a picar todo, él dice. Eres un miedoso, ella dice.

Mira, la luz de la luna nos alumbra, ella dice. Desnúdate, ella dice. ¿Qué? Ay yo no sé si pueda, él dice. Avanza, ella dice. Es que... él dice. Ella se desviste. Maya, él dice al verla desnuda. Ven acá, él dice ahora apasionado. Diablos que hermosa eres. Ay mi amor ya no puedo esperar mas, él dice besándola y acariciándola. Ella se acuesta en su ropa y él comienza a besarle todo el cuerpo y la besa entre las piernas y ella ondula hacia él apasionada. Esto va a doler un poco, él dice penetrándola. Ella lo agarra de las nalgas. Ay eso duelo mucho, ella dice. Sí mi amor pero también es rico, él dice apasionado. Un poquito más, él dice. Ya, ella dice temerosa. No, un poquito más, él vuelve a repetir. Ay... ay...no, ella dice. Sssh, él la besa fuertemente en la boca penetrándola aun más. Ya veras lo rico que es una vez no seas virgen, él dice ondulando suavemente. Ay sí es rico, ella dice ondulando. ¿Te gusta? él pregunta. Ay sí, ella dice agarrándolo de las nalgas. Vente cuando quieras, entrégate a mi toda. Ay estás bien buena, él dice enloquecido. Te voy hacer mía así, todos los días y todas las noches. Quiero que seas mi esposa, él dice ondulando rápidamente y poco después ambos llegan a un clímax.

¿Hablas en serio? ella pregunta. Claro que sí, él contesta. No tienes que casarte solo porque... ella dice. Te quiero y quiero que seas mi esposa. Quiero hacer una vida contigo y tener hijos y cuidarte, él dice besándola. Me asusta todo esto, ella dice. ¿Por qué? él pregunta. No sé, es tan rápido. Me parece un sueño, ella dice. Así es la vida. Yo sé lo qué quiero y no entiendo porqué tengamos que esperar. Vamos a regresar a la casa, ella dice. ¿Qué fue eso? él pregunta asustado. ¿Qué? ella pegunta. Algo me agarró, él dice. Fui yo tonto, ella ríe. Ay madre esto es un peligro, él dice vistiéndose deprisa y mirando a su alrededor.

El día siguiente...

Joel se levanta y se encuentra con Jovan en la cocina. Ven para que comas y nos vamos a montar caballo, dice Jovan contento. Estás demasiado contento, dice Joel. Jovan ríe. Es rico ir a pasear de madrugada por el campo, dice Jovan. ¿Qué fue lo qué le pasó a tu mujer anoche? pregunta Joel. Es que es bien sensible y se murió una gallina bebé así era de pequeña como una bolita de algodón, él dice mostrando con sus manos. Bueno ella lo quería mucho y una serpiente bajó una noche y le mató a la mamá y el pollito se quedó solo, dice Jovan. ¿El qué? pregunta Joel. El pollito, contesta Jovan. ¿Eso es como pollo... de comer? pregunta Joel. Sí, pero es "chick" en español, dice Jovan. Que raro, dice Joel. Pues la cosa fue que yo entendí que ella me decía pochito y así se quedó, Pochito. En cuanto construyan una gallinera más grande y fuerte le compro muchos pollitos, dice Jovan. Pero si las gallinas los ponen, dice Joel. Tú sabes algo Joel, yo de eso no entiendo nada, ríe Jovan. Que lío yo tampoco, dice Joel. ¿Maya va a ir con nosotros? pregunta Joel. No lo creo, ella y su madre van al pueblo, dice Jovan. Pues vamos, dice Joel.

Hoy te voy a llevar al río. Eso por allá es bellísimo y te voy a enseñar donde quiero la casa, dice Jovan. ¿Tú te has asegurado a la mujer? pregunta Joel. Sí, anoche, dice Jovan. ¿Anoche? pregunta Joel. Así mismo y era virgen por si las dudas, dice Jovan. Que rico. Imagínate eso una mujer que solo es de uno. Eso es un sueño, dice Joel. Le pedí que se casara conmigo, dice Jovan. ¿Hombre pero tú estás seguro? No sea el aire fresco del campo, dice Joel. No, estoy bien seguro y quiero vivir aquí mismo. Tú, Ciano y yo podemos vivir del turismo y pues algunos proyectos por ahí de construcción pero no me voy de aquí, dice Jovan. Pues yo tampoco. Si tú te quedas, yo también, dice Joel. Así mismo, ya hemos hecho bastante dinero y es hora de disfrutar la vida. Una vida mas tranquila, dice Jovan. Estoy contigo, dice Joel.

Maya y Ana en un restaurante

Me pidió que me casara con él, dice Maya. Ay hija que lindo, dice Ana. Pues es que acabo de conocerlo, dice Maya. Eso es algo que se sabe rápido, dice Ana. No me he atrevido acercarme a su hermano. Me da no sé qué. Es muy raro. Mira, se me eriza la piel, dice Maya. No seas así. Ese otro chico es igualito a Jovan, sencillo y bondadoso. Son igualitos y se quieren mucho. Nadie puede contra ese amor que se tienen esos hermanos así que es mejor que te acostumbres si no Jovan se va a sentir muy mal, dice Ana. No es eso, es que ay me mira igualito que Jovan. Es algo muy raro, dice Maya. ¿Cómo quieres casarte? pregunta Ana. Me gustaría una boda al aire fresco. Fotos cerca al río y una fiesta en la casa. Yo no tengo muchas amistades, dice Maya. ¿Y de luna de miel? pregunta Ana. No sé quizás al Ritz pero nada fuera de la isla, dice Maya. Vas a ser la novia más linda del mundo, dice Ana. Él quiere tener hijos, ella dice. ¿Y tú no? pregunta Ana. Sí claro que sí, dice Maya. Pues que lindo. Yo estoy muy a gusto con ese muchacho y si fuera el hermano, también, ríe Ana. Ciano fue hablar con el abogado Cepeda y a ver si Julio y Pepe Santiago se prestan para la construcción de la casa, dice Ana. Ay que bueno. Ellos son muy buena gente, dice Maya. Eso solo no, van a terminar esa casa en un dos por tres, dice Ana. Eso sí, dice Maya tomando café.

La Casa Santiago

Pepe, te digo que esos muchachos vinieron de Los Ángeles. Al principio vino Jovan enviado por su jefe para mirar y medir el terreno y asegurarse que todo estuviera viento en popa. Luego no sé lo qué le pasó a ese hombre. Mira es de uno morirse. No hizo mas que ver a mi hija, Maya, y se viró la tortilla. Vela esto... de repente el muchacho quiere comprar el terreno para él y su hermano y se quieren quedar ahí a vivir junto a nosotros, dice Ciano. Se enamoró a primera vista, dice Pepe. Pues sí pero bien fuerte. Mira eso fue en un dos por tres y yo me alegro mucho porque son buena gente. Ah y no te la pierdas son gemelos idénticos y maldita sea si yo los puedo distinguir, dice Ciano exageradamente. Pepe ríe. Que interesante. Pues mira mi hermano y yo estamos disponibles y será un placer hacer tratos con ustedes. Ya veo que ahora tienes dos hijos mas, dice Pepe. Así mismo y estoy en las nubes. Estoy bien relajado. Yo me la pasaba preocupado por la vieja y Maya pero ahora no. Ahora veo un futuro muy lindo para todos, dice Ciano. ¿Bueno y qué te dijo Cepeda? pregunta Pepe. Que todos los documentos están en orden. Somos los tres dueños de todos los terrenos. Jovan me incluyó como propietario. Eso es de verse porque yo no tengo dinero. Yo estaba vendiendo porque no sabía qué hacer y porque yo no puedo cuidar de tanto terreno, dice Ciano. Pues el muchacho se metió a la computadora y preparó los documentos y los contratos y Cepeda dice que son validos y que me otorgan como propietario una parte al igual que a ellos. Imagínate eso. Yo les vendo y ellos me lo regalan. Es para uno emborracharse, dice Ciano. A lo mejor se case con tu hija y por eso lo hizo. Así queda todo entre familia, dice Pepe. Sí, eso pienso yo, dice Ciano. Oye Pepe yo me tengo que ir que dejé a mi mujer y a mi hija comprando en el mercado, dice Ciano. Pues cuenta con nosotros, dice Pepe. Gracias, yo te llamo, dice Ciano.

Joel y Jovan

Regresan a la casa y se duchan y se cambian de ropa. Vamos al pueblo para que conozcas eso por allá, dice Jovan. Sí vamos. Tengo que comprar algunas cosas para los diseños y papel para dibujar. ¿Oye, por cierto, habrá una tienda de arte? Necesito una lona, dice Joel. Pues vamos, dice Jovan.

Ellos cierran la casa y salen y se meten al auto. Ahí viene Ciano, dice Joel mirando por la ventana. Jovan, llama Ciano desde su auto. Mande, contesta, Jovan. ¿Qué fue? pregunta Ciano. Vamos al pueblo, necesitamos materiales para el diseño de la casa, dice Jovan. ¿Sabe sí hay una tienda de arte en el pueblo? pregunta Joel. Sí métanse al "Mall" ahí hay de todo, dice Ciano. Maya les mira desde el asiento trasero del auto. Dios mío son igualitos. No sé quien es quien, ella piensa. Pasen por la casa de Pepe Santiago para que los conozca. Él vive en el 240 de la calle principal. Ustedes van asustar la gente, ríe Ciano estacionando. Nos vemos mas tarde, dice Jovan. Jovan le guiña el ojo a Maya pero Joel también. Ay qué susto, ella dice en voz alta. ¿Qué fue? pregunta Ana. Se parecen demasiado, dice Maya nerviosa.

Jovan, tengo que decirte, hombre, Maya es divina, dice Joel. Lo sé y me preocupa mucho. La veo un poco arisca, dice Jovan. Debes comprarle un anillo de compromiso y asegurarla bien. No sea que nos la quiten, dice Joel. ¿Como? pregunta Jovan. Pues no sea que te la quiten, se corrige Joel. Jovan se queda pensativo. Tengo que buscarle una mujer a Joel, él piensa.

Vamos a las compras primero y luego pasamos a la casa de Pepe. Nos tenemos que poner de acuerdo en todo, dice Jovan. Muy bien. Oye Jovan, no te preocupes yo no voy a ir contra tu voluntad, dice Joel. Jovan lo mira de re-ojo, parecía un niño travieso. Le pasó la mano por los cabellos como una caricia. Lo sé, dice Jovan sonriendo.

La Casa Santiago

Échale, si estoy viendo doble, dice Pepe abriendo la puerta de su casa. Mucho gusto, yo soy Jovan Ávila y mi hermano Joel, dice Jovan extendiendo su mano hacia a Pepe. El gusto es mío. Entren, dice Pepe.

Ellos entran a la casa. Están en su casa. Siéntense, dice Pepe. Había tres mujeres en la cocina y una salió afuera. Mira esta es mi esposa María. Muchachas vengan un momento, llama Pepe. Las otras dos mujeres salen a la sala. Esta es mi hija mayor, Inés y la menor Aria. Estos son los muchachos que van a comprar el terreno de Ciano, dice Pepe. Mucho gusto, ellos dicen.

Ellos tomaron asientos. Joel y Jovan se miraron a los ojos. Era costumbre entre ellos cuando le gustaba una mujer. Inés era una mujer alta, trigueña de unos ojos grandes y negros y Aria era blanca y rubia de ojos castaños, grandes y hermosos. Ellas les sirvieron café y luego volvieron a la cocina. Desde la cocina los miraban y sonreían. Joel estaba un poco incomodo. No les haga caso a mis hijas. Además de que son idénticos ya las oí decir que también son muy guapos, ríe Pepe. Ellos sonríen.

Pues mis hijas trabajan en mi negocio. Inés es contadora y lleva todos los asuntos de cuentas y Aria ordena todo el material ya que sabe Inglés, Francés y Italiano, dice Pepe. ¿De veras? pregunta Jovan. Así es, dice Ciano. Que interesante, dice Joel. La vieja, cocina, ríe Pepe. Todos ríen.

Mi hermano Julio es mi socio. Él tiene dos varones más o menos de su misma edad. Uno es maestro y el otro estudia medicina, dice Pepe. Nosotros estamos a su disposición, dice Pepe. Pues gracias. Yo quisiera comenzar lo más antes posible. Estoy ansioso por definir el terreno y cercarlo y luego construir un rancho grande con caballerizas y un gallinero porque el que está en la propiedad esta viejo, dice Jovan. Eso en un dos por tres. A mí me van a perdonar pero se van a tener que poner un letrero en la frente con sus nombres, dice Pepe. Ellos ríen. Pues a ver como hacemos, ríe Joel. Diablo hasta la misma voz. Esto no es normal, dice Pepe mirándolos. Pues yo soy más guapo, ríe Jovan. Todos ríen. Bueno el que diseña puede trabajar con Aria y ordenar el material e Inés nos puede llevar las cuentas, dice Pepe. Que bien, dice Jovan.

Jovan y Joel en el auto

¿Qué te pareció? Siempre hay luz al fin del túnel, dice Jovan. Eso suena mejor en inglés, ríe Joel. Pues dime, dice Jovan. Pues sí están bien buenas, ríe Joel. Oye yo estaba hablando de Pepe y lo gentil que es, ríe Jovan. Mierda, estabas tú hablando de Pepe, ríe Joel. Ambos ríen. Pues que buenas están las dos, dice Jovan. No empieces que tú eres un peligro de la madre y yo siempre soy el que sale pidiéndote ayuda, dice Joel. Yo estoy disponible, ríe Jovan. ¿No puedo creerte pero con Maya nada? pregunta Joel. No, con Maya nada, dice Jovan. No es justo, dice Joel. Bueno cuando tengas algo serio con una mujer yo tampoco, dice Jovan. Maya es tres veces mas mujer que esas dos chicas, dice Joel. Ya lo sé, sonríe Jovan. No es justo, repite Joel mirando por la ventana pensativo. Los ojos achinados de Maya en su pensamiento, su boca, los rizos en su pelo largo, sus nalgas. Esa forma asustada con cual lo miraba de re-ojo, temerosa. Qué hermosa mujer, él piensa.

Vamos a entrar a ese restaurante a comer algo, dice Jovan. Sí, dice Joel. Jovan estaciona y entran al restaurante. Tengo ganas de llevarme morcillas y empanadas y algunas cosas para la familia, dice Jovan. Que bien. Sí, vamos a llevarles de todo un poco, dice Joel. Ellos comen y ordenan para llevar.

La Casa Basilio

Maya se encuentra en los establos cuando les ve llegar. Ella sale afuera. Maya, llama Jovan. ¿Jovan? ella pregunta temerosa. Sí, mi amor, ven para que comas, él dice. Ella se acerca a ellos. Les traje morcillas y otras cosas del restaurante, dice Jovan. Ay que rico huele, ella dice. Todos entran a la casa. Joel camina detrás. Era imposible no verla y no notar los músculos en sus piernas, en sus nalgas. Era una mujer fuerte con una belleza pura, él piensa.

Todos entran y Ciano y Ana salen de su habitación. ¿Qué huele tan rico? pregunta Ciano. Papá ven, Jovan nos trajo de comer, dice Maya sacando la comida y sirviéndola en platos grandes.

¿Ustedes comieron? pregunta Ana. Sí, acabamos de comer, dice Jovan. Todos se sientan a la mesa. Ay que rica las morcillas con guineítos, dice Ciano comiendo. Pues fuimos y hablamos con Pepe. Voy a comenzar enseguida a trabajar. Yo no sabía que Pepe tenía dos hijas y bien lindas, dice Joel. ¿Jovan? pregunta Maya. Sí, dice Jovan. Perdona, es que no sé quien es quien, ella dice temerosa. Yo soy Joel el que esta hablando de mujeres bonitas, dice Joel sonriendo. Ay qué susto, dice Maya. Todos ríen.

La Casa Santiago

Que guapos son, Dios mío. Es increíble como se parecen, dice Aria. No es que se parecen si no que son idénticos, dice Inés. Ay y tengo que trabajar con uno de ellos. Se me va a ser difícil, dice Aria. Mujer, pero tú tienes novio, dice Inés. Y tú también, dice Aria molesta. Bueno tenemos que comportarnos profesionalmente, dice Inés. Así es, dice Aria pensativa.

La Casa Basilio

Después de almorzar todos salen al balcón a conversar. Jovan toma a Maya de la mano y caminan por el campo. ¿Qué hiciste con Pochito? él pregunta. Lo enterré, ella dice. ¿Le pusiste una crucecita y flores? él ríe. Sí, ella contesta. Él la abraza. ¿Me vas a dejar esta noche? él pregunta. Sí, ella contesta. ¿Tú crees que podamos salir solos al cine y pasear por el pueblo? él pregunta. Sí claro, ella contesta. Pues mañana vamos. Quiero que elijas un anillo, él dice. ¿Un anillo? ella pegunta. Sí, de compromiso, él dice. Ella le mira incrédula. ¿De veras? ella pregunta. Sí, mi amor. Esto es serio, él dice. Ay Jovan todavía no puedo creerlo, ella dice. ¿Tengo que esperar hasta la noche? él le pregunta en el oído. Pues... ella contesta. Ven, él dice llevándola detrás de los establos.

Aquí no se puede, ella dice dulcemente. Claro que sí, él dice. Voltéate, él dice. Ella obedece y él le baja las pantis mirando a su alrededor que nadie los viera y la atrae hacia él. Se baja el zíper. Dóblate un poco, él dice apasionado y ella obedece y él toma su pene en sus manos y hace por penetrarla. Ay espera, no... ella dice. Ay no me digas que no ya es muy tarde bájate un poco más, él dice ahora penetrándola de atrás por delante. Ay, ella dice. ¿Te duele? él pregunta. Un poco, ella dice. Él ondula suavemente atrayéndola por la cintura y después de unos minutos ella comienza a ondular, a gemir y él la agarra fuertemente del pelo. Así me gusta, así, él dice ondulando enloquecido y antes de llegar a un clímax él le empuña los senos y ambos se estremecen violentamente.

Ay mi amor perdóname. No pude resistirte. Me vuelves loco y pierdo el control, él dice abrazándola. Ella lo abraza y le acaricia el pelo y lo besa tiernamente. Te quiero mucho, ella dice. Yo te adoro, mi amor, él dice.

Ciano y Joel

Pues sí, Pepe, Julio y yo fuimos a las mismas escuelas y éramos unos bandidos. Pues verás, una noche nos metimos en un rancho con unas tipitas del pueblo y nos echamos una orgía de la madre. Yo probé de todo y de todas, ríe Ciano. ¿No me diga? pregunta Joel. Así mismo. Luego al otro día ninguno quería subir la vista de la vergüenza que teníamos. Mira, Pepe agarró una tipa por detrás y cuando la soltó, Julio la agarró y hizo lo mismo y cuando me tocó a mí ya la peste a mierda estaba insoportable y yo... dije.... yo paso esta, ríe Ciano. Joel ríe a carcajadas. Ay no qué escándalo, dice Joel. Así mismo. Esas cosas pasan, ríe Ciano. Ambos ríen.

Jovan y Maya regresan a la casa. Joel, ven para que vea los pollitos, dice Maya. Joel baja y camina con ellos hacia el gallinero.

Maya saca un pollito en sus manos. ¿Los has visto antes? ella pregunta. Sí, nos llevaron de la escuela a un zoológico una vez y los vi, él dice. ¿Quieres tocarlo? ella pregunta. Ay fo no... está tembloso, él dice. Ella ríe. Haces las mismas muecas que Jovan, ella dice. Vete y llévalo para atrás.... ay se esta muriendo, dice Joel. Jovan y Maya ríen. ¿Ves? ¿Qué te dije? En algunas cosas somos diferentes. Yo no tuve esa reacción, dice Jovan. Claro que sí, la misma, ríe Maya. Todos ríen.

Esa noche...

Joel se asoma a la ventana. Era una noche estrellada. Logró ver a Maya y a Jovan de manos corriendo hacia el río. Que rico, él piensa. Salió por su ventana y los siguió. Logra verlos cerca al río. No debería estar allí pero quería verla desnuda. Tenía que verla. Ella se desviste sensualmente y Joel lleva su mano a su pene y se acaricia. Ella tenía unos senos grandes con unos pezones erectos. La podía ver claramente con la luz de la noche. Tenía una cintura pequeña y unas caderas amplias, fuertes, de mujer. Esta no era una niña. Era demasiado mujer. Él libra su pene y con su mano comienza a ondular y a llevarse a un clímax.

Jovan se acostó en su ropa y la colocó encima del. Poco a poco, él dice, suave. Ella se sienta penetrándose suavemente y apasionada comienza a ondular su cuerpo, a gemir. Lo agarra del pelo, lo besa fuertemente. Le lleva las manos hacia atrás con las suyas y él se entrega a sus caricias y la deja que ella le haga el amor.

Joel estaba fuera de sí. Que apasionada es... ay... que rica esta... maldita sea... ay... me vengo, él dice ondulando y llegando a un clímax. Se quedó débil, avergonzado. Volvió a mirarlos y ellos estaban abrazados, Jovan encima de ella ahora. Joel se compuso y regresó a su habitación entrando por la ventana. Se metió a la cama y no podía dormir. Qué horror. Esto es casi imposible, él dice pensando en el cuerpo de Maya, en su pasión. Todavía podía escuchar sus gemidos de amor. Se levantó y se metió bajo la ducha fría. Estaba helada el agua pero no le importó y luego se metió a la cama tratando inútilmente de lograr él sueño.

Jovan y Maya

Estoy ansioso por hacerte mi esposa, dice Jovan acariciándola. Papá y mamá saben que nos queremos, ella dice. Sí lo sé y estoy muy contento porque yo los quiero mucho. Son como familia, él dice. ¿Crees que tu hermano se quede aquí también? ella pregunta. Sí, él y yo somos inseparables pero somos también muy apasionados y él necesita una mujer. Hoy conocimos a las hijas de Pepe y quizás se haga el milagro. Allá en Los Ángeles no nos faltaban las mujeres, dice Jovan. ¿Ustedes les gustan las mismas mujeres? ella pregunta. Sí, ese es el problema que tenemos... los mismos gustos en mujer, dice Jovan pensativo. Las hijas de Pepe son muy lindas, ella dice. Pues, sí y creo que le gustaron a Joel, dice Jovan. Pues entonces a ti también, dice Maya. Ya me estaba imaginando a que venía esto, él dice. Es que ellas son muy ligeras, dice Maya. Pues que bueno para Joel, dice Jovan. Contigo que no se metan, dice Maya. Mi amor no. Ya mañana nos comprometemos y ahí se acaba la cosa. Una vez lo sepan respetarán, dice Jovan. ¿Vas a trabajar con ellas a solas? ella pregunta. ¿Óyeme pero eres bien celosa? él pregunta. Sí, ella contesta. Él la empuña entre las piernas. Yo sin esto no puedo vivir, él dice besándola en la boca.

Ellos entran a la casa. Joel escuchó la ventana de Jovan cerrar. Tragó gordo. No podría seguir sin mujer por mucho tiempo. Tendría que entrarle a una de las hijas de Pepe o a las dos. Estaba demasiado caliente y era imposible concentrarse en el diseño y la construcción de la casa. Qué mierda... era a Maya a quien quería tener entre sus brazos.... ay que dulce cogerla por detrás y hacerla gemir, hacerla doblarse frente a él. Ay que rico, él piensa acariciándose de nuevo con su mano.

Dos Semanas Después...

Ahí esta Pepe con Julio y se trajeron a sus hijas y algunos de lo obreros, dice Ciano. Que bien, dice Jovan saliendo al balcón. Mira vieja vamos a tener que hacer mucho café y a ver que se hace de almuerzo, dice Ciano. No te preocupes que Maya y yo lo tenemos todo en orden, dice Ana. Maya mira afuera por la ventana de la cocina. A ella nunca le habían caído bien las hijas de Pepe. Las mismas que se reían de ella cuando eran adolescentes. ¿Qué pensarían de ella ahora? Ella piensa entrando a su habitación y cambiándose de ropa a unos pantalones bien cortos, una camiseta ajustada a su cuerpo blanca y sus cabellos sueltos. A ver si se meten con Jovan. Que se atrevan, piensa Maya.

Afuera en el patio...

Aquí estamos, temprano y listos, dice Pepe. Yo soy Julio Santiago, dice Julio extendiendo su mano hacia Jovan. Jovan Ávila, dice Jovan sonriendo. ¿Y qué es todo esto? él pregunta. Bueno vamos a cercar. Aquí esta la verja y todo los materiales necesarios, hasta herramientas y letrero. Mira este letrero a ver si te gusta, dice Julio. El letrero decía: Propiedad Ávila y Basilio. Diablo pero ustedes están bien preparados, dice Jovan. Así mismo, dice Julio.

Joel sale de su habitación tropezándose con Maya que salía de la de ella. Ay, perdona, ella dice. ¿Adónde vas tan linda? él pregunta todavía con sus manos en la cintura de Maya. Afuera, ahí llegaron Julio y Pepe y sus hijas, ella dice dulcemente. Que bien, él dice soltándola. Camina tras ella. Estaba locamente enamorado de Maya. Ya no podía negárselo. Esto era más fuerte que él mismo. No era solo sexo, era todo. La quería para siempre. Quería cuidar de ella, tener hijos con ella. Qué mierda, él piensa mirando a Inés y a Aria que esperaban frente al camión.

¿Maya? pregunta Inés sorprendida. Sí la misma, contesta Maya. Mujer que linda estás. Qué cambio, dice Aria. No puedo creerlo, dice Inés. Así somos las mujeres, no, cambiamos mucho, dice Maya. Inés y Aria se miran una a las otras. Joel se acerca a ellas. Buenos días. A ver si comenzamos enseguida porque tenemos prisa, dice Joel.

¿Estás comprometida? pregunta Inés mirando el anillo de Maya. Sí, ella contesta. Ay no lo sabía, dice Inés. Sí, ella y mi hermano se van a casar pronto, dice Joel. ¿Su hermano? pregunta Aria. Así es, contesta Joel. Maya sonríe burlonamente. Las chicas caminan con los obreros.

Que mala eres, dice Joel. ¿Por qué? ella pregunta. Te estabas luciendo, él dice. Sí, son unas pesadas y unas envidiosas, dice Maya. Pues no se comparan contigo. No te llegan ni a los pies, él dice. Ella lo mira a los ojos. Aquellos ojos picaros que estaban llenos de deseos. Ella cambia su vista deprisa. Qué pena que no tengas hermanas, él dice. Ella mantiene silencio. Él sigue caminando junto a ella. Él se muerde los labios. Podía ingerir el aroma en los cabellos de Maya y lo tenía en las nubes. Qué suerte la de mi hermano, él dice. Las chicas no son tan malas y son lindas, ella dice temerosamente. Él ríe. ¿Me tienes miedo? él pregunta. Ella no contesta. Sí, le tenía miedo. La forma en la cual él la miraba, como se mordía sus labios al mirarla. La intensidad en su mirada que la penetraba. Siempre que la miraba así la hacia pensar cosas prohibidas y acudía a Jovan para aliviar sus deseos. ¿Cómo sería hacer el amor con los dos? Ay sería un placer inmenso, ella piensa.

No debes estar aquí con esos shorts, él dice. ¿Por qué? ella pregunta. Ay muchos hombres, él dice. Pues Jovan no me ha dicho nada, ella dice. Te lo digo yo, él dice molesto. No voy a estar con los obreros mucho tiempo, ella dice. Vete y cámbiate, él dice ahora deteniendo su paso. Es solo por un ratito... ella dice. Ve y cámbiate, él vuelve a repetir mirándola seriamente a los ojos. Ella se voltea y camina hacia la casa de nuevo. Entra a su habitación y se cambia a unos pantalones largos y vuelve a salir.

¿Adónde fue Maya? pregunta Jovan. Le pedí que se cambiara. Estaba con unos shorts hasta acá arriba y no es justo frente a los hombres, dice Joel. Pues que bien, gracias, dice Jovan mirándolo de re-ojo. Ambos habían estado con Maya todo el tiempo. Ninguno quería dejarla sola. Salían juntos los tres y si no, Joel se quedaba en la casa pero no salía solo al pueblo. Jovan había notado sus miradas hacia Maya. También lo había notado muy triste en los últimos días. Tendría que hablar con él.

El grupo se reúne en el terreno donde se iba a construir la casa y Jovan camina con Pepe y Julio marcando la base, Maya camina con ellos. Inés conversa con los obreros sobre sus salarios y otros asuntos y Aria se reúne con Joel.

La madera, el cemento y la loza ya han sido encargadas, dice Aria. Gracias. Jovan va a viajar a encargar algunas cosas para el interior mas tarde. Ahora tenemos mucho trabajo, dice Joel mirándola de arriba abajo. Era una mujer muy linda e inteligente, moderna. Conversaban en Inglés y a él se le hacia mucho más fácil comunicarse en inglés.

Los obreros tendieron una carpa y prepararon café en una fogata abierta. Oye Pepe pero si en la casa hay café, dice Ciano. No se preocupe ellos siempre están preparados, dice Pepe.

Después de un rato. Uno de los obreros es mi novio, dice Inés. ¿De veras? pregunta Maya. Sí, Emilio Soto, dice Inés. Que bien, dice Maya. El mismo que se la quería comer con los ojos, piensa Maya. ¿Y Aria tiene novio? pregunta Maya. Sí, un chico que vino de los EE. UU. a estudiar a la universidad de Río Piedras, dice Inés. Me alegro, dice Maya. Tu novio es muy guapo, dice Inés. El tuyo también, dice Maya. ¿Cómo haces con dos hombres que se parecen tanto? Será una pesadilla, dice Inés. Pues no, Joel es muy respetuoso y serio, dice Maya mintiendo. Joel la miraba frescamente de arriba abajo, se mojaba los labios con su lengua y se mordía los labios. Eso eran deseos pero a ella le gustaba. Le gustaba tenerlo a los dos... a sus pies, ella piensa.

En eso Aria y Joel se acercan. Bueno nosotras debemos volver a la casa ya no hay nada que hacer aquí, dice Aria. Joel no quería llevarlas y estaba rogando que no se lo pidieran. No quería estar lejos de Maya ni un segundo.

Bueno, gracias por todo, dice Inés. ¿Se van solas? le pregunta Joel a Maya. Sí, ellas manejan, dice Maya. Que bueno. No quería llevarlas y les estoy huyendo, él dice. ¿Por qué? ella pregunta. No sé, me miran raro y se me pegan mucho, él dice pasándose la mano por sus cabellos, un gesto que ambos hacían cuando estaban preocupados. Ella se queda mirándolo. No tenía nada diferente a Jovan. Hasta sus dientes eran idénticos. Él la nota mirándolo y sus ojos se encuentran por un instante. Debes sacar a Aria alguna parte. Parece que le gustas, ella dice. A mi no me gusta ella, él dice. Ella cambia su vista. ¿Te gusta Inés? ella pregunta. No, él contesta ahora molesto. ¿Quieres que me le meta a la cama a esas mujeres? él pregunta. No, ella contesta. Pues no jodas, él dice retirándose. Dios mío. No quiero que esté con ellas. Siento celos. Qué horror, ella piensa desesperada buscando a Jovan con sus ojos. Jovan estaba ocupado y ella decidió regresar a la casa.

Mamá, ella llama. Sí hija aquí estoy, dice Ana. ¿Vamos a llevar el almuerzo? pregunta Maya. Sí, pronto. Mira ayúdame que les preparé limonada y esto esta pesado, dice Ana. Pero papá dijo que llevemos el auto, dice Maya. Pues eso mismo vamos hacer, dice Ana. Las pesadas se fueron, dice Maya. Ay que bueno. Se querían comer a los Ávila con los ojos, dice Ana. Joel me dijo que se le pegan mucho y no sé que más, dice Maya. Me lo imagino pero él es soltero, dice Ana. Sí, pero ellas tienen novio. Además a Joel no le gustan, dice Maya. Ay vamos que se hace tarde, dice Ana.

Todos dejan el trabajo para almorzar

Maya y Ana sirven la comida en una mesa bajo la carpa. Jovan se sienta a comer y a conversar con los obreros. Ana y Ciano comen juntos con Pepe y Julio y Maya regresa a la casa. Hacía mucho calor y se metió al baño bajo la ducha. Después de unos minutos escucha la puerta de su habitación abrir. Jovan, ella llama. Sí, él contesta. Ay me asustaste, ella dice. Él se mete bajo la ducha con ella y comienza a besarla. Tengo jabón en los ojos, ella dice. Ay mi amor dame un cantito, él ruega empuñándole los senos y metiéndole la mano entre las piernas. Jovan espera un minuto, ella dice. Él la deja pasar frente a él bajo la ducha y la agarra de espaldas. Ella trataba de quitarse el jabón de sus ojos y de su pelo. Él la levanta con sus brazos por la cintura fuertemente ondulando contra sus nalgas. Ay, espera, ella dice. No puedo, él dice apasionado. Ella se dobla frente a él y él la penetra enloquecido por delante primero y luego por detrás y ella grita. Ay no, ella dice. Ay mi amor no te me niegues, él dice enloquecido ondulando contra ella. Él lleva su mano hacia adelante y la penetra con sus dedos y ella comienza a ondular apasionada. Así... ay que buena estás, él dice desesperado agarrándola del pelo y llevándolos a un clímax violento. Se queda exhausto y sofocado. Ella se enjuaga y sale afuera y se seca. Estaba molesta. Él se seca y sale tras ella. Ella mantiene silencio y se viste y sale de la habitación. Él se viste y sale por la puerta de atrás y camina hacia el campamento.

Maya en el balcón. Lo ve salir. Estaba asustada y nerviosa y las manos le temblaban. Ese no pudo haber sido Jovan. Jovan era un hombre muy macho y la trataba con ternura y delicadeza porque sabía que podía hacerle daño. Tenía que haber sido Joel. Qué susto tenía. Le faltaba el aire. ¿Qué iba hacer? ¿No podía preguntar y si era Jovan? Ay qué susto. ¿Serían diferentes en ese sentido? Tendría que comprobarlo. Qué horror siquiera pensar que estaba con los dos y no sabía quien era quien, ella piensa nerviosa.

Después de una hora Jovan entra a la casa. Maya, él llama. Sí, ella contesta. ¿Qué haces? él pregunta. Me cansé mucho y hace mucho calor, ella dice. Pues que bien. No me gusta como los hombres te miran, dice Jovan. Jovan se quita la camisa. Ay qué calor, él dice. Ella lo mira de re-ojo. Hace una hora estaban bajo la ducha, ella piensa. Me tengo que duchar. No soporto el calor, él dice entrando a su habitación. Era Joel, estaba segura. Jovan, ella llama. Sí, él contesta desde el baño. ¿Estabas aquí hace una hora? ella pregunta. ¿No, por qué? él pregunta. No nada es que escuché ruido en la casa, ella miente. Esto lo comprobaba, fue Joel. Estaba furiosa y en cuanto pudiera le iba a meter una bofetada, ella piensa.

Jovan sale afuera secándose el pelo con una toalla. Jovan vamos a casarnos ya, ella dice. ¿Qué pasa? él pregunta. No quiero a esas mujeres cerca de ti, ella dice. Está bien. Yo me caso contigo cuando quieras, él dice besándola en la boca. ¿Qué te pasa? ¿Estas triste? él pregunta. No, estoy preocupada. Quiero dormir contigo todas las noches y no tener que esconderme, ella dice. Sí, yo también. Voy hablar ahora mismo con Ciano, él dice. Quédate y descansa, él dice besándola y saliendo de la casa.

Ella sale al balcón. Lo voy a bofetear a ese imbécil, ella dice molesta.

Esa noche después que todos partieron...

Ciano, Ana y Jovan conversan en el balcón y Maya entra al gallinero como de costumbre y le da de comer a las gallinas. Sale afuera y entra a los establos. ¿Qué haces? pregunta Joel. Ella se voltea lentamente. ¿Jovan? ella pregunta temerosamente. Sí, él contesta. Ella sigue atendiendo los caballos y lo mira de re-ojo. Él la mira de arriba abajo mordiéndose los labios frescamente. Ella lo mira molesta. Él ríe. ¿Qué te pasa? él pregunta. Nada, ella contesta. Vamos a dar una vuelta por el campo, él dice. ¿Ahora? ella pregunta. Sí, está bien fresca la tarde, él dice. Tendría que hacerlo y ver si podía enfrentarlo pero necesitaba estar segura, ella piensa.

Salen afuera y él la toma de la mano y caminan hacia el río. Él la lleva tras un árbol y comienza acariciarle los senos. ¿Qué te dijo papá sobre lo qué hablamos? ella pregunta. Él se asusta. ¿Sobre qué? él pregunta. Tú sabes, ella dice. No, no sé, él dice molesto. Ella lo mira a los ojos. ¿De qué hablamos esta tarde? ella pregunta. De muchas cosas, él contesta. Cuando estabas en la ducha, ella dice. Él la suelta y camina unos pasos y luego regresa y ella lo abofetea fuertemente en el rostro. Él bajó su cabeza y cuando subió sus ojos hacia ella estaban llenos de lágrimas y no pudo evitar cubrirse el rostro con sus manos y sollozar. Perdóname, él dice entre sollozos. No pude evitar enamorarme de ti, él dice.

Ella se acerca a él y le quita las manos del rostro y le seca las lágrimas con su mano. Lo mira a los ojos y se acerca y lo besa tiernamente en los labios. No llores, ella dice dulcemente en una voz bajita. Perdóname, él vuelve a decir. Ella ahora lo vuelve a besar. Él se sorprende y la mira incrédulo. Ella se acerca más y le acaricia los cabellos con su mano como tantas veces había hecho con Jovan cuando él estaba triste. Era imposible no hacerlo. Era Jovan frente a ella. Eran igualitos y hasta sollozaban igual. Parecían niños traviesos. Dios mío, ella piensa, los quiero a los dos.

Él lleva sus manos al rostro de Maya acariciándola y besándole los ojos, los labios, el cuello y la boca. Ella devuelve el beso y él la abraza fuertemente. Te adoro. Jamás he amado así a ninguna mujer, él dice. Tengo mucho miedo, ella dice. No mi amor no temas. Yo sé que quieres a Jovan y que él te quiere pero déjame quererte aunque sea de lejos, él ruega. Es que... ella dice temerosamente... los quiero a los dos, ella dice con una voz temblosa. Quería llorar. Quería gritar. Estaba desesperada. Él la abraza. Mi amor no temas. Jovan y yo siempre hemos pasado por estas cosas pero al fin seguimos unidos, dice Joel. No quiero que sufras, ella dice. Sí tú me quieres y puedo estar contigo, nada mas importa, él dice. No quiero que las hijas de Pepe te anden meneando el rabo. Siento celos, ella dice tristemente. Él ríe. ¿De veras? él pregunta. Sí, ella contesta. ¿Le dijiste lo mismo a Jovan? pregunta Joel sonriendo. Sí, ella contesta. Él ríe. La vuelve abrazar. Vamos a regresar que se hace tarde, él dice. Él regresa por la parte trasera de la casa y se mete por la ventana a su habitación y ella sube al balcón. Allí todavía estaba su padre y Jovan conversando.

Maya, mira mi amor, nos casamos dentro de unas semanas. Me dice Ciano que solo tenemos que ir al Registro Civil y hacer cita, dice Jovan. Así mismo y luego cuando quieran se casan por la iglesia. Eso es si quieren. Nosotros no somos muy religiosos, dice Ciano. Pues yo tampoco, dice Jovan. Pues ahí está y podemos celebrar entre nosotros, dice Ciano. Ve y habla con la vieja que está llorando desde que le dimos las noticias, ríe Ciano. Maya entra a la casa. Mamá, ella llama. Ven hija, dice Ana que estaba limpiando la cocina. Me caso pronto, dice Maya. Ana la abraza fuertemente. Vas a ser muy feliz, dice Ana. Sí y estoy ansiosa por ser la esposa de Jovan. Lo adoro mamá, ella dice.

Dos semanas después...

Jovan y Maya se casaron y pasaron una semana en Isla Verde. Joel y Ciano se encargaron de la construcción. Ya la propiedad estaba asegurada con letreros y una verja de cemento alta con pilares de cemento y a la entrada había unos leones grandes de cemento postrados como centinelas. Estaba quedando bellísima la casa y los hombres trabajaban rápido y eran eficientes y puntuales. Aria y Joel seguían trabajando juntos y ella había dejado a su novio. Estaba enamorada de Joel y Joel lo sabía pero no quería tener problemas con Maya. Ni por un instante quería pensar que Maya se fuera a enojar, que lo dejara. Se moriría sin ella, sin sus besos, sin sus caricias, sin su cuerpo.

Jovan y Maya

Ven siéntate, quiero hablar contigo, dice Jovan. Sí, ella dice sentándose a su lado en una hamaca en la terraza del hotel. Yo no quiero usar condones porque quiero tener hijos y pronto, él dice. Sí lo he notado, ella dice. ¿Tú quieres tener hijos ahora? él pregunta. Sí, ella contesta. Pues no mas condones. Ay que rico es sin condones, él dice. Dicen que una siempre debe exigir condones porque él hombre siempre esta con otras mujeres y... ella dice. Mujer pero yo nunca haría una barbaridad así. Sí estoy contigo sin condones no voy hacer lo mismo con otra mujer. Ay espérate eso no me salió muy bien, él dice. Ella ríe. Pues entonces conmigo nada más, ella dice. Así es señora Ávila como usted mande, él dice sonriendo. Te adoro, ella dice. Yo también te adoro, él dice.

La Casa Basilio

Ciano y Joel conversan en el balcón. Óyeme, yo no me acuerdo si te dije a ti algo o fue a Jovan, dice Ciano. Pues nosotros todo lo consultamos, ríe Joel. Qué madre eso... es espantoso. Es que me da con repetir las cosas por si se las dije al otro, dice Ciano. Joel ríe a carcajadas. Eso es una madre, chico, dice Ciano riendo. La hija de Pepe me tiene un lado hinchado, dice Joel. Esta como perra sata detrás de ti, dice Ciano. Qué es eso "sata" pregunta Joel. Culeca, dice Ciano. Ah, ríe Joel. Métele mano que para mañana es tarde, dice Ciano. ¿Es que no sé, después como me la quito de encima? pregunta Joel. Hombre pero tú andas sin mujer. Yo no sé como lo haces, dice Ciano. Yo tengo mis cosas, dice Joel. Bueno pues así sí pero eso de uno andar sin mujer es un tormento, dice Ciano tomando cerveza. Ya pronto regresa Jovan y Maya. Quien lo diría de un día al otro se casó mi única hija, dice Ciano. Así es la vida. Yo nunca me imaginé que mi hermano iba a venir acá a encontrarse con la mujer de su vida, dice Joel pensando... y la mujer de mi vida.

Como es la vida... da tantas vueltas, dice Ciano pensativo.

Inés y Aria en un restaurante

Oye pero que estúpida eres como lo vas a dejar que otra te lo quite, dice Inés. Es que a él yo no le intereso, dice Aria. Mira a cualquier hombre le interesa una mujer que se le mete en la cabeza. Debes tocarlo, decirle cosas sucias para que él quiera probar. Así es, métetele en la cabeza, dice Inés. Es que es muy serio y da vergüenza, dice Aria. Ay que boba eres, dice Inés. Mira a Emilio me le pasé agarrando allá abajo hasta que un día me rogó de rodillas que me fuera a la cama con él. Se me negaba porque en ese tiempo él estaba detrás de Maya. Ella lo tenía caliente y él la vio una vez y deja eso. Pues una vez lo agarré detrás de la casa y le di la mamada de la madre, dice Inés. Ay no, dice Aria. Pues sí y desde ese entonces el hombre esta detrás de mí como un sonámbulo, dice Inés. ¿Tú crees? pregunta Aria. No creo... lo sé, dice Inés.

Jovan y Maya en un Mall

Ay mira que lindo este polo para Joel, dice Maya. Está perfecto pero vamos a llevarle como diez en diferentes colores. A mí me gusta blanco y ay que lindo esta el negro. Mira a él también le gustan estas camisetas, dice Jovan. Llévale de esas también, ella dice. Quiero llevarle también calzoncillos de estos bikinis, dice Jovan. Esos son los mismos que tú usas, ella dice. Pues sí y él también pero ambos nos gustan negros, él dice escogiendo. Ella lo mira de re-ojo. Todo era para Joel. Él no hacia más que pensar en su hermano. Era un placer ver como se querían y se protegían. Pobre Joel, ella piensa. Nunca se casará y siempre estaría ahí cerca esperando una limosna. Que dolor tan hondo sentía en su alma. Se iba a sacrificar por el amor que le tenía a ella y a su hermano.

Oye Maya yo estaba por hacerte una pregunta, él dice. ¿Qué? ella pregunta temerosamente. Si algo me pasara a mí. ¿Es decir, bueno sí me muero o tengo un accidente, no sé... tú aceptarías a Joel como hombre? él pregunta. Ella se asusta. No me digas cosas feas. No quiero que te mueras, ella dice. No mi amor pero estas cosas se deben hablar, él dice. Pues me imagino que sí. Son idénticos y sería como si tú estuvieras conmigo, ella dice. Que bueno. Me haces feliz. Quiero que sepas que estoy de acuerdo que si no soy yo, sea él, dice Jovan. ¿Y si él esta casado? ella pregunta. Yo sé que él siempre estará contigo, contesta Jovan. Ella estaba asustada. ¿Por qué le decía eso? ¿Ay Dios mío sabrá algo? ella se pregunta.

Julio y Pepe

Yo los puedo distinguir. Mira uno se le guiña un ojo de cada rato. Como que se le duerme un ojo, dice Julio. No seas imbécil a los dos le pasa lo mismo y eso es cuando están cansados, dice Pepe. Yo creo que Jovan es un poco más alto, dice Julio. Qué vaina contigo. Claro que no. Lo único es que yo me he dado cuenta que el pelo de uno de ellos no esta así como parado en puntas como un puerco espinoso, dice Julio. Ambos tienen el mismo corte y el mismo modelo de pelo, dice Pepe. Sí, lo sé pero a uno no se le para tanto el pelo como al otro, dice Julio. Qué madre contigo. Él que esta ahora es Joel. El que se casó es Jovan, dice Pepe. ¿Qué sabes tú? Eso nadie lo sabe. Esos dos a lo mejor todas sus vidas se han cambiado de puestos y a lo mejor con las mujeres también. A menos, digo yo y no lo repitas, tengan la pinga uno corta y el otro larga, digo yo, dice Julio. Pepe ríe. Eso son cosas. Siempre hay algo que los distingue, dice Julio. Mis hijas no saben ni a quien le están hablando y fíjate que Ciano les repite lo mismo a los dos como una grabadora rota, ríe Pepe. Ah sí eso sí lo he notado, ríe Julio a carcajadas. A mí cuando uno me da órdenes yo apunto bien a que hora fue y como estaba vestido así no tengo que ir al otro a preguntarle nada como un imbécil, dice Julio. Es que se deben poner letreros con sus nombres, dice Pepe. Qué vaina, ríe Julio.

Unos días después...

Maya y Jovan regresan a la casa. Él estaciona y mira a su alrededor. Habían hecho mucho trabajo durante su ausencia. Que rápido trabajaban. Se quedó asombrado. Ay mira Jovan... el gallinero que lindo, dice Maya. Sí y el rancho ya esta casi terminado. Oye no es por nada pero ese hermano mío es un genio. Diseñó todo esto y lo están haciendo tal y como él lo dibujó, dice Jovan.

Ana sale afuera de la casa. Bienvenidos, ella dice. Hola mamá, dice Maya entrando a la casa y besando a Ana. Hola suegra, dice Jovan entrando. Ella lo besa y lo abraza. Por ahí anda Ciano y Joel. Se pasan juntos de un lado al otro y hasta se fueron al hipódromo y llegaron borrachos, dice Ana. ¿No me diga? ríe Jovan. Así mismo, son unos bandidos, ella dice sonriendo. ¿Qué huele tan rico? él pregunta. Estoy preparando bistec encebollado con papas y yuca, ella contesta. Ay que rico, él dice. Mamá te compré un perfume bien rico, dice Maya. Huele, dice Maya. Ay que lindo huele. Oye huele a lilas, dice Ana. ¿Mi hermano se ha portado bien? pregunta Jovan. Pues sí, ese muchacho te digo que se pasa con Ciano y el pobre se pasa huyéndole a las hijas de Pepe. Jovan ríe. Mira una de esas muchachas, la menor se metió aquí el otro día y el pobre Joel salió corriendo por la puerta de atrás como alma que llevaba el diablo. Yo estaba aquí en el balcón con Ciano y nos morimos de la risa, ríe Ana. Qué broma, ríe Jovan. Pues que bien. Las dos son ligeras, dice Maya. Pero no sé por qué él corre. Él no era así. Ese se la pasaba de faldas en faldas, dice Jovan. Pues yo no lo veo muy entusiasmado con esas chicas y él no sale solo, dice Ana. Me hace mucha falta. Nosotros siempre estamos juntos. Yo nací primero que él... minutos pero me siento como si fuera el mayor, dice Jovan. Él es muy gracioso y nos ha hecho reír muchísimo. Le tiene terror a las gallinas, ríe Ana. No me diga, ríe Jovan. Tú también, ríe Maya. Yo sí pero ya no, dice Jovan. ¿Cómo qué no? Tú ves una gallina y te desvías rápido, ríe Maya. Qué madre contigo. Yo pensaba que no te habías dado cuenta, ríe Jovan.

En eso llegan Joel y Ciano. Mira quienes llegaron, dice Ciano abrazando a Jovan y a Maya. Joel hace lo mismo. Ay que bueno que están aquí. Los extrañé muchísimo, dice Joel. Ya veo que se han adelantado muchísimo, dice Jovan. Eso que no has visto la casa. Ya comenzamos con las paredes, dice Ciano. Que rápido, dice Jovan. Pues sí. Yo pensando, una vez terminemos todo nos vamos a quedar bien tristes, dice Ciano. Claro que no. Vamos a gozar muchísimo. La piscina esta quedando de maravilla. Estoy también diseñando una piscina para niños, dice Joel. ¿De veras? pregunta Jovan. ¿Claro que sí o no piensan tener hijos? pregunta Joel. Oye yo no lo había pensado. Digo lo de la piscina, los hijos sí, dice Jovan. Pues sí y necesitamos cercar bien la de adultos para que los niños no se vayan a meter a la de adultos, dice Joel. Este muchacho tiene una mente tan clara. No se le pasa ni una, dice Ciano. Eres un genio, dice Jovan. Te compramos algunas cosas, dice Maya. ¿De veras? pregunta Joel. Sí, están en tu cama, dice Maya dulcemente. Gracias, dice Joel.

Todos se sientan a la mesa del comedor. Que rico el bistec, dice Jovan. Ay sí y yo que tenía un hambre perra, dice Joel. Todos conversan y comen con gusto. Oye vieja quiero llevarte a bailar este finde, dice Ciano. ¿Cuál es la ocasión? ella pregunta. Bueno no tiene que haber ninguna ocasión solo que soñamos que nuestra hija estudiara y se graduara y se casara con un buen hombre y lo hemos logrado, dice Ciano. Ay que lindo, dice Maya. Pues sí acepto, ella dice. Que aceptas ni qué madre si ibas a ir de todos modos, ríe Ciano. Todos ríen. Tenemos que ir todos a Isla Verde. Hay un restaurante cubano donde se baila que esta muy lindo, dice Jovan. Ay sí debemos hacer el viaje, dice Ana.

Vela esto, dice Pepe que la otra noche vio al chupa cabra, estaba cerca al gallinero, dice Ciano seriamente. Todos se miran. ¿El qué? pregunta Joel. El chupa cabra, dice Ciano. Pues no le veo el problema. No sé lo qué sea pero solo chupa cabras, dice Jovan. Ciano ríe. Hombre no, esa cosa mata a los animales y le chupa toda la sangre, ríe Ciano. ¿Ay ... por donde lo vieron? pregunta Joel temeroso. Ana y Ciano se miran y se ríen. Por ahí estaba y yo pensé... vamos a echarle la hija menor de Pepe, ríe Ciano a carcajadas. Ay qué madre. ¿Habla en serio? pregunta Jovan. Todos ríen. No le hagas caso. Son bromas para asustarlos, dice Maya riendo. No en serio. Imagínate si se asustan con las gallinas como va hacer con el chupa cabra, ríe Ciano. Ay no que pesado está, dice Joel riendo.

Esa noche Joel entra a su habitación. Jovan y Maya le habían comprados muchas cosas y él se sentó a mirar los polos. Que bien, él dice notando una nota entre la ropa.

Joel, te extrañé mucho y espero que podamos vernos pronto. Te quiero mucho, Maya.

Él se acuesta en la cama y cierra los ojos. Le parecía verla, moviendo sus caderas, montada a caballo, sus ojos achinados mirándolo apasionada. Que linda esta con su piel bronceada por el sol. Él jamás podrá llevarla a ninguna parte a menos que Jovan estuviera con ellos pero se conformaba con verla, con escuchar su risa y verla contenta. Era notable que ella amaba mucho a Jovan y se le veía su felicidad en su rostro y en su risa. Que lindo era ser amado por ella. Era feliz. Una mujer que podía quererlo a los dos. Jamás lo hubiese creído, él piensa.

Esa noche por primera vez, Jovan y Maya se retiraron juntos a una habitación. Habían unidos sus habitaciones y ahora tenían una habitación grande y cómoda. Estoy bien cansado, dice Jovan. Ven te voy a dar un masaje, ella dice. Él se sienta en la cama. Ella sube a la cama y le hace masajes en la espalda. Ay que rico, él dice. Ven acuéstate, ella dice. Él se acuesta. ¿Adónde mas me vas a dar masajes? él pregunta. Ay sí, él dice al sentirla tocándolo, acariciándolo, despertándolo.

Temprano la mañana siguiente...

Jovan se levanta y sale hacia el campamento con Ciano. Ana ya estaba allá llevándole café a los peones. Tienes que ver lo mucho que se hizo en una semana, dice Ciano. Estaba loco por regresar. Tengo fiebre de casa y este campo es como una droga, dice Jovan. Así es, dice Ciano.

Mientras en la casa...

Joel toca a la habitación de Maya. Ella abre. ¿Joel? ella pregunta. Sí, soy yo, él contesta entrando y cerrando la puerta. La toma en sus brazos y la lleva a la cama y la sienta. No sabes como te he extrañado, él dice besándola. Yo también te extrañé mucho, ella dice besándolo. Pero tú estabas conmigo. Me imagino que sea casi lo mismo, él dice. Pues yo sabía que estabas acá solo, ella dice tristemente. Te necesito, él dice bajándole las pantis. Tengo miedo que nos descubran, ella dice. Sssh, rápido, él dice. Él se para frente a ella y se baja el zíper librando su pene y lo toma con su mano llevándolo a la boca de Maya y ella lo toma. Él comienza a ondular suavemente. La guía con su mano llevándole la mano hacia atrás y le recoge el pelo y lo empuña atrayéndola hacia él. Ay mi amor... me muero sin ti, él dice apasionado. Ay espérate, no puedo resistir, él dice enloquecido. La voltea y la penetra por detrás. Ay perdóname. No puedo controlarme, él dice apasionado ondulando su cuerpo suavemente y llevando su mano hacia adelante, la penetra con sus dedos y la hace ondular, gemir con pasión. Que rica estás, él dice en voz baja. Ay, mi amor, dámelo, él exige en una voz sofocada. Ay sí... ella dice antes de lograr un clímax y luego él enloquecido la penetra aun más y eyacula.

Luego

Tengo que ir al campamento, él dice vistiéndose. La besa en la boca y sale deprisa. Ella lo ve partir. Dios mío. Ya no sé quien es quien. Los dos son dueños de mi cuerpo. Ahora sé como distinguirlos y lo qué les gusta y son muy diferentes en sus gustos cuando hacen el amor. Ambos me satisfacen y son expertos y los necesito a los dos, ella piensa.

Ella recoge la habitación y prepara la ropa para meterla a la maquina de lavar. Después entra a la habitación de Joel y hace lo mismo. Tendría que lavar la ropa aparte porque vestían casi iguales. Ella cuelga la ropa que le había comprado a Joel en su ropero y organiza su habitación. Tenía dos hombres y los atendía a los dos. Qué horror, ella piensa mirándose al espejo.

El Campo

¿Qué piensas hacer una vez la casa esté construida? ¿Vas a vivir aquí solo con Maya? pregunta Ciano. No, mi hermano también, dice Jovan. Ustedes necesitan disfrutar de su privacidad pero claro esta también es su casa y pueden venir y quedarse acá cuando quieran, dice Jovan. ¿Qué vas hacer cuando se case tu hermano? pregunta Ciano. ¿Se casa? pregunta Jovan. No digo yo, cuando eso suceda, dice Ciano. Pues que se traiga a la mujer a vivir aquí, dice Jovan. Ese muchacho no tiene novia, dice Ciano. Jovan se queda pensativo. Joel no era un hombre de estar sin mujer por mucho tiempo. ¿Estará con las hijas de Pepe? Tendría que hablar con él, piensa Jovan.

En eso Joel se acerca a ellos. Me dice Ciano que la Aria te persigue, dice Jovan. Sí y es una pesada, dice Joel. Pero yo la veo muy linda, dice Jovan. Es que esas chicas quieren matrimonio y no quiero meterme con ellas, dice Joel. ¿No tienes mujer? pregunta Jovan. Pues no, dice Joel. No lo creo, dice Jovan. Se miran a los ojos. Pues no, dice Joel. Si quieres podemos ir por ahí y puedes..., dice Jovan. No te preocupes por mí, yo salgo al pueblo de vez en cuando, miente Joel. Me dijo Ana que no sales a ninguna parte solo, dice Jovan. ¿Ahora me estas interrogando? pregunta Joel molesto. No es eso. No quiero que sufras, dice Jovan. ¿Pues me gusta Aria pero como me la quito de encima? No quiero problemas con su padre. Él es muy bueno, dice Joel. Es que me extraña que no te la hayas echado ya, dice Jovan. Por eso mismo, es que no me gusta mucho y luego no me la puedo quitar de encima, dice Joel. Jovan lo mira de re-ojo. Te conozco como la palma de mi mano. Estás enamorado, dice Jovan. Joel baja su cabeza. No te incomodes lo mismo me pasó a mí cuando la vi por vez primera. A nosotros siempre nos han gustado las mismas mujeres, tenemos los mismos gustos, dice Jovan. Perdóname, dice Joel retirándose. Que lío, piensa Jovan.

Joel y Maya

¿Qué es lo qué me quieres decir? ella pregunta. Mira Maya, Jovan esta haciéndome preguntas y ya creo que se imagina que estoy enamorado de ti, dice Joel. Ay Dios mío. Ay Joel. ¿Me va a dejar? ella pregunta alterada. Mujer no. No es eso, es que yo no puedo volver a verte. Voy a tener que salir con Aria. Él me conoce muy bien y yo no estoy sin mujer mucho tiempo, dice Joel sin mirarla a la cara. ¿Me vas a dejar? ella pregunta con lágrimas en sus ojos. Por favor, compréndeme. Es mi hermano y no quiero que tú te vayas a meter en problemas. Es mejor que no nos veamos. A ver si puedo, él dice tristemente. Yo te quiero, ella dice entre sollozos. Mi amor, yo también te quiero. Yo jamás voy a dejar de amarte pero yo adoro a mi hermano y no quiero meterme entre ustedes, dice Joel. ¿Vas a irte con la pesada esa? ella pregunta. No me queda de otra. Así Jovan se tranquiliza y todo el mundo también. Aquí no hay muchas mujeres solteras y nadie me va a creer que ande sin mujer, dice Joel. Adiós, ella dice retirándose. Él se sienta en la hamaca y solloza.

Jovan y Maya

Él entra y la encuentra durmiendo. Era tarde pero ella nunca se acostaba sin él. Él se acerca. ¿Maya? él llama. ¿Sí qué fue? ella pregunta. Nada. ¿Qué te pasa? ¿No te sientes bien? él pregunta. No, es que estoy cansada, ella dice. ¿Estabas llorando? él pregunta. No, ella miente tristemente. Él se mete a bañarse y luego sale y se mete a la cama. Se acurruca contra el cuerpo de Maya y se queda dormido. Ella no pudo dormir. Quería llorar y quería gritarle a todos que ella los quería a los dos pero eso no era lo normal y nadie lo aceptaría. Se toca su vientre. No le había llegado la regla en dos meses. Estaba embarazada de Jovan y casada solo semanas que estúpida fue. No pensó claramente y ahora sus padres iban a descubrirla, ella piensa, qué vergüenza.

Unos días Después...

Joel y Aria en un restaurante

Estoy muy sorprendida. No me esperaba esto, ella dice. ¿Esto como qué? él pregunta. Pues me has estado huyendo van meses y de repente aquí estoy como si nada, ella dice. He estado muy ocupado, él miente. ¿Todavía no tienes novia? ella pregunta. Pues no, él contesta. Yo dejé a mi novio por ti. Él notó que siempre estaba distraída y no quería irme a la cama con él. Es casi imposible cuando uno tiene a otra persona metida en el pensamiento, ella dice. Así es, él dice. ¿Sabes que Emilio una vez estuvo casi loco por Maya? ella pregunta. No, no lo sabía, dice Joel. Pues sí. La vio en el pueblo con Ciano y Ana y se volvió loco. No hacia más que preguntar por ellos todo el día y mi padre se dio cuenta. Después de un tiempo se le pasó pero ahora que la volvió a ver esta peor que antes, dice Aria. Pues ella es casada y muy feliz, dice Joel. Eso no quiere decir nada cuando a uno le gusta una persona, dice Aria. Pues que se cuide que yo no quiero cuenta con Maya. Es la mujer de mi hermano y la defiendo, dice Joel. Ella era una muchacha pecosa y gordita, dice Aria. Pues que bien ahora no lo es, dice Joel. Emilio la mira y eso pero jamás se atrevería acercársele, dice Aria. Pues Maya nunca esta sola, siempre hay alguien con ella y ahora que me dices esto más, dice Joel. Me encantaría que me defendieras así como lo haces con ella, dice Aria. No eres nada mío. Solo somos amigos, dice Joel. Podemos ser mucho más si me dejas pasar una noche contigo, ella dice. ¿Te le ofreces a todos los hombres? él pregunta. No, solo contigo y eso porque desde que te vi estoy pensando como sería hacer el amor contigo, ella dice. ¿Desde que me vistes? Lo pregunto porque te pasará lo mismo con mi hermano, él dice. ¿Ay sabes algo? Tú eres un pesado y todo lo contradices, ella dice molesta. Si te vas a la cama conmigo no te quiero ver encima de mí a cada rato, él dice. Me vas a estar rogando, ella dice burlonamente. Yo no le ruego a nadie, él dice llamando al mesero. La cuenta, por favor, él dice.

Salen del restaurante y se meten al auto. Después de media hora él se estaciona frente a un hotel y salen del auto y entran. Una vez en la habitación. Ella comienza a desvestirse. Él la mira de arriba abajo. Era una mujer muy bonita y tenía unos ojos grandes y castaños con una piel blanca y cremosa. Él se sentó en la cama a mirarla desvestirse. Se quitó el sostén y él se compuso. Ella tenía unos senos pequeños pero hermosos con unos pezones bien grandes y erectos y él comenzó a excitarse. Luego ella se desvistió. Tenía unas pantis bikini rojas y era obvio que estaba rasurada. Él traga gordo. Era hermosa. Él se levanta y se desviste y ella se acerca y lo lleva a la cama. Lo acuesta boca arriba y le ata las manos a los pilares de la cama y los pies también con su misma ropa. Comienza a besarle los pies y a meterse los dedos de los pies de Joel en su boca y sigue besándolo y mordiéndolo suavemente hasta llegar a su pene, el cual estaba erecto. Ignora su pene y sigue besándolo hasta llegar a su boca y le mete la lengua y él hace por morderla pero ella no se lo permite. Se sienta encima de su pecho ondulando suavemente. Se acerca a su rostro y aparta su panti y le enseña y él comenzó a respirar fuerte. Suéltame, él dice. No, ella dice y sigue besándolo hasta llegar a su pene de nuevo y comenzó a pasarle la lengua entre piernas enloqueciéndolo. Tomándolo todo en su boca y soltándolo. No te voy a rogar, él dice mordiéndose los labios. Eso lo veremos, ella dice. Le mete la mano por detrás y se mete los testículos en la boca uno por uno. Lo empuña moviendo su mano sensualmente y él ondula enloquecido. Quería gritar. Aria, suéltame, él dice. Ella se quita las pantis y se le sienta en el pecho de nuevo. ¿Qué quieres? ella le pregunta. Maldita sea, suéltame, él dice. Ella le lleva un seno a la boca y él comienza a chupar y morder enloquecido y luego ella se vuelve a sentar y lo mira a los ojos. Él traga gordo. ¿Qué quieres? Ella le vuelve a preguntar. Bájate un poco y siéntate... siéntate.... ay.... siéntate ahí, él dice. ¿Ahí donde? ella pregunta burlonamente. Ahí maldita sea, avanza, él dice. ¿Y? ella pregunta. Por favor, él ruega apasionado. Ella le suelta las manos y él se desata los pies. Hace por agarrarla y ella sale de la cama y comienza a vestirse. ¿Qué haces? él pregunta. Tengo que irme, se me hace tarde, ella dice. Él se levanta de la cama y la agarra del pelo y la tira a la cama aguantándole las manos con las suyas contra la cama y se sienta encima de ella y lleva sus piernas alrededor de las de ella en una llave y las separa con poco esfuerzo y ella no podía moverse y él ondula hacia atrás fuertemente y la penetra con fuerzas y ella grita y poco a poco él la fue soltando y ella lleva sus piernas alrededor de la cintura de Joel apasionada y él la lleva a un clímax y poco después él eyacula. Se quedaron agotados, saciados.

Después de quince minutes ella se acerca a su oído y le dice, me vas a andar rogando. Se levanta y se mete a ducharse, se viste. Vamos levántate quiero irme, ella dice. Vete, él dice. ¿Qué? ella pregunta. Vete, él repite. Ella sale de la habitación.

Perdóname Maya, te necesito tanto, solloza Joel.

La Casa Santiago

Inés y Aria

Estoy loca por ese hombre pero él solo quiere sexo. Es obvio. No me besa y no me acaricia. En la cama es fenomenal, bien apasionado y me encanta pero luego una se queda con un vacío al saber que no hay amor. Mira lo qué hizo me dijo que me fuera. Se quedó en la cama y me echó como si fuera una puta, dice Aria. Él tiene que estar enamorado de otra. Tú eres bien linda y no puedo creer que él no haya caído en tus manos, dice Inés. Pues no sé como hacer. Quizás no deba seguir con esto, duele mucho, dice Aria.

La Casa Basilio

Joel entra a la casa. ¿Oye muchacho, has comido? pregunta Ana. No, dice Joel. Ven para que comas. Mira que preparé una cena bien rica, dice Ana. Gracias, él dice sentándose a la mesa. Ya Jovan y Maya estarán en la cama, él piensa. Ana le sirve y se sienta junto a él con una taza de té. Yo a veces no puedo dormir y me tengo que tomar un té, ella dice. Yo tampoco puedo dormir, él dice. Lo sé. He visto la luz de tu cuarto encendida. Yo puedo ser como una madre para ti. Puedes hablarme de cualquier cosa, ella dice. Gracias pero lo mío son cosas de hombres y me avergüenzo, él dice. Ciano puede ayudarte, ella dice. Me temo que nadie pueda ayudarme con este problema, él dice tristemente.

Te voy a contar algo. Yo una vez cuando joven fui al cine y vi una película que se llamaba, "Después de la Tormenta", se trataba de unos gemelos varones que se fueron a vivir a una isla. Ellos eran pescadores. Cada uno tenía una esposa pero uno de ellos tenía una mujer rubia y bien hermosa y el otro una mujer de cabellos negros bien seria y no tan bonita. Un día se fueron de pesca y uno de ellos se perdió en el mar. El que salió con vida era el esposo de la mujer de los cabellos negros. Él se hizo pasar por su hermano para estar con la mujer de su hermano. La cual lo traía loco. Cuando él regresó se metió a la cama con la mujer de su hermano y la otra mujer que sabía que era su esposo sufrió mucho. Unas semanas después el otro hermano regresó y me creo que la mujer de los cabellos negros nunca volvió con su marido. Te lo cuento porque yo te quiero mucho como a un hijo y no quiero que sufras pero si quieres hablar conmigo estoy a tu disposición, buenas noches, ella dice retirándose. Él se queda mudo mirándola. Ella sabía por lo que él estaba pasando. ¿Era tan obvio? Tendría que irse lejos. Era demasiado su vergüenza, él piensa.

El día siguiente...

Jovan se levanta y como costumbre entra a la cocina, toma café y sale a la construcción. Joel ya estaba allá conversando con Julio. Buenos días, dice Jovan. Buenas, ellos contestan. Jovan tengo que hablar contigo, dice Joel. Muy bien, dice Jovan. Ellos caminan un poco. Quiero irme, dice Joel. ¿Como? ¿Irte a donde? pregunta Jovan. No sé, dice Joel. Ay Joel no me hagas esto. Yo no puedo estar tranquilo si tú no estas, dice Jovan. Te acostumbrarás. Ahora tienes una familia muy linda que te adora y yo salgo sobrando, dice Joel. Jovan baja la cabeza y comienza a sollozar. Échale, hombre, no llores, dice Joel entristecido. No quiero que te vayas, dice Jovan. Es para el bien de todos, dice Joel. Todo esto es para ambos, dice Jovan. Mira Jovan algún día quizás yo regrese y pueda volver pero ahora se me hace muy difícil, dice Joel. ¿Qué quieres que yo haga? Pídeme lo qué quieras, dice Jovan entre sollozos. Yo no quiero nada de ti. Solo quiero que seas feliz, dice Joel. Me voy a morir, llora Jovan. Hombre no, deja eso, dice Joel. Mira Joel, no te vayas. Yo puedo hacer otra casa para ti. Así tienes tu privacidad y no tienes que estar viendo a Maya al diario. Yo te juro que si yo pudiera... yo le pediría a Maya... llora Jovan. Joel lo abraza fuertemente. Jovan, no puedo verte así, hombre. Ya me convenciste, dice Joel. ¿De veras? pregunta Jovan. Sí, ya no me voy. Mírate pareces la llorona, ríe Joel. Ay qué susto, dice Jovan limpiándose las lágrimas. Ven vamos a ver la construcción. Quiero que veas a donde vamos a construir la piscina de los niños, dice Joel.

No podría irse y dejar a su hermano. Tendría que permanecer aquí y que él tiempo lo ayude a mirar a su cuñada con nada menos que respeto. Al diablo con todo el mundo. Jovan era lo más importante en su vida. Era parte de su ser, de su cuerpo. Eran inseparables. Cuando uno se sentía triste el otro también. Sí uno se enfermaba el otro lo sentía. Si Jovan muere primero... me muero poco después, piensa Joel.

Unas semanas después...

Jovan y Joel montados a caballos recorren el campo. Mira desde aquí que linda se ve la casa, dice Joel. Sí, es bellísima. El electricista me estuvo comentando que es una de las casas más bellas en toda la isla. Gracias a ti, dice Jovan. ¿No es esa Maya? pregunta Joel mirando a la distancia. ¿Qué hace? pregunta Jovan. Parece que se dirige al río, dice Joel. Ay Joel algo no está bien, dice Jovan asustado. Vamos, dice Joel.

Ellos llegan cerca a ella y desmontan. ¡Maya! ¿Qué pasa? pregunta Jovan alterado. No me siento bien, ella dice. ¿Qué haces acá abajo? él pregunta. Vine a pasear por el río pero estoy mareada, ella dice sentándose en la grama. Estás pálida. ¿Jovan? ¿Qué pasa? pregunta Joel alterado. No se siente bien. Estás muy blanca, dice Joel. En eso Maya se desmaya. ¡Jovan! grita Joel. ¿Dios mío qué le pasa? pregunta Jovan tomándola en sus brazos. ¿Jovan qué le pasa? llora Joel. Cálmate es un desmayo, dice Jovan. Ay no, esta muy blanca, llora Joel. No grites que me tienes nervioso, dice Jovan llevándola cerca al río. Le pasan agua por el rostro y los brazos. Deja la lloradera, dice Jovan. No puedo, llora Joel. Estamos muy lejos de todos, dice Jovan.

Poco después ella abrió los ojos. Mi amor que susto nos diste, dice Jovan sentado con ella en su falda. Joel se acerca y le toma una mano. ¿Maya, qué te pasa? él pregunta. Ella los mira a los dos. El mismo rostro. Ya se me esta pasando. Ella extiende su mano al rostro de Joel y lo acaricia tiernamente y luego hace lo mismo con el rostro de Jovan. Los quiero tanto, ella dice. Ellos se miran a los ojos.

Estoy embarazada, ella dice.

¿Embarazada? preguntan ambos a la misma vez. Tengo tres meses, ella dice. Los dos la abrazaron fuertemente y la besaron en las mejillas. Y ellos se abrazaron también. Qué susto. Por poco me muero y este imbécil comenzó a gritar y a llorar, ríe Jovan ahora secándose las lagrimas. Son unos tontos, ella ríe. ¿Puedes caminar? le pregunta Joel. Sí ya se me pasó, ella dice. ¿Podrás montar a caballo? pregunta Jovan. No, dice Joel. No se puede. Yo voy y traigo el auto. Quédense aquí, dice Joel.

Mi amor vamos a tener un hijo. ¿Sabes lo qué eso quiere decir? Estoy en las nubes, dice Jovan. Sí, es muy lindo y estoy muy contenta. No quise decir nada porque no he ido al doctor todavía, ella dice. Pues vayamos, tienes que cuidarte, él dice. Jovan, yo quiero mucho a Joel, ella dice. Sí lo sé, él dice. No entiendes... yo lo quiero como te quiero a ti, ella dice. ¿Qué me estas diciendo? él pregunta. No puedo verlo sufrir. No puedo verlo triste, con hambre, cansado. Ay Jovan, ayúdame. No sé lo qué me está pasando, ella dice tristemente. Mi amor tranquila. Es natural. Es que somos tan iguales que... estas confusa, él dice. Yo quiero que él siempre esté con nosotros y que todos juntos criemos a nuestros hijos. Prométeme que él nunca se irá, ella dice. Te lo prometo pero también debes pedírselo a él. Ya una vez quiso irse y yo le rogué que no lo hiciera, dice Jovan. Yo te adoro Jovan. Eres mi vida entera y queriéndote como te quiero no puedo evitar quererlo a él también, ella dice. Es bueno que me lo digas porque yo estaba muy preocupado con todo esto. Él también te quiere mucho... y está sufriendo mucho. Ahí viene. Ven levántate, él dice y la toma en sus brazos llevándola al auto. ¿Te sientes mejor? pregunta Joel nervioso. Sí, no es para tanto. Ay no qué susto, dice Joel. Hombre venías a noventa millas, ríe Jovan. Tengo el corazón en la boca, hombre, dice Joel. Jovan le acaricia los cabellos como siempre.

Una vez en la casa

¿Y los viejos? pregunta Joel. Salieron al pueblo, dice Maya. Quédate en la cama un rato, dice Jovan. Joel entra y prende el abanico. ¿Quieres algo? ¿Agua? ¿Quieres comer algo? pregunta Joel. No gracias tengo sueño, ella dice. Jovan le quita los zapatos y Joel cierra las cortinas y la dejan descansando.

Se sientan en el sofá. Vas a ser padre, ríe Joel. Sí y estoy nervioso. El otro día éramos chamacos. ¿Te acuerdas? Tirando la bola por todas partes y rompiendo ventanas, ríe Jovan. Que ligero se va el tiempo, dice Joel.

Maya me confesó que te quiere mucho y no quiere que te vayas jamás. No vuelvas ni a pensarlo, dice Jovan. No y ahora menos que vienen mis sobrinos, ríe Joel. Jovan traga gordo. ¿Has pensado que tú jamás tendrás hijos? pregunta Jovan. Yo tengo los tuyos, dice Joel. Jovan lo mira tristemente. Tengo hambre y no sé cocinar, dice Jovan. Joel ríe. Ven yo sé un poco, dice Joel. ¿De veras? pregunta Jovan. Sí, bueno puedo freír huevos con tostada, dice Joel. Ay sí, dice Jovan entrando a la cocina.

Yo quiero los míos en tortilla, dice Jovan. Yo solo se tirarlos al salten, dice Joel. Hombre no, yo sé que Ana los mueve con un tenedor antes del salten, dice Jovan. ¿Tú crees? pregunta Joel. Tienes que ponerle mantequilla al salten, dice Jovan. ¿No, como va a ser eso? pregunta Joel.

Maya entra a la cocina. ¿Qué hacen? ella pregunta. Ay mi amor no debes levantarte, dice Jovan. Estoy bien y tengo hambre, ella dice. Pues estábamos... dice Jovan. Ay que desastre, ella dice. Íbamos a cocinar huevos con tostada, dice Joel. Ay siéntense yo lo hago, ella dice. Ellos toman asientos a la mesa. ¿Te ayudo con las tostadas? pregunta Joel. No gracias esto es cosa de minutos, ella dice.

Ella les sirve jamón con huevos y tostada y café y se sienta a comer con ellos. Ay que rico, dice Joel. Anoche me dio mucha hambre y eran como las tres de la mañana, ella dice. ¿Qué hiciste? pregunta Jovan. Me comí unas galletas con café, ella dice. Ay mi amor. No quiero que pases hambre, dice Jovan. También de noche te puedes tropezar con algo y caerte, dice Joel. Ay ustedes los dos son unos exagerados, ella ríe.

Que bueno que estoy terminando la piscina de niños, dice Joel. Sí y quiero columpios también, ella dice. Buena idea. La casa tiene un jardín bellísimo, dice Jovan. ¿Cómo vamos hacer cuando el niño no sepa quien es quien? pregunta Joel. Pues que los llame papá a los dos, ella dice. Buena idea, dice Jovan comiendo. ¿De veras? pregunta Joel. Pues sí. Que rico... voy a tener un hijo, dice Joel sonriendo. Todos se miran a los ojos y sonríen.

Después de la comida se van al balcón a conversar. Poco después llega Aria y estaciona frente a la casa.

Ahí esta la pesada de Aria, dice Maya. Buenos días, ella saluda. Buenos días, ellos contestan. No les digan quien es quien a ver qué hace, dice Maya. Sube, dice Joel. Ella sube al balcón. ¿Joel? ella pregunta. ¿Sí? ambos contestan. Ay no, ella dice. Ellos ríen. Joel necesito hablar contigo, ella dice mirándolos a los dos. Habla, dice Maya. No sé quien es quien, ella dice. De veras. Que raro yo eso lo puedo ver de lejos, miente Maya. Es que... ay Joel, por favor, dice Aria. Ellos ríen. Si es cosa seria yo no soy Joel, ríe Joel. Quería saber si me quieres acompañar a una fiesta esta noche, ella dice. Ay yo no soy mucho de fiestas, él dice. Maya los mira molesta. Jovan mira a Maya. ¿Dios mío, está celosa? se pregunta Jovan. Pues es que yo... dice Aria. Ya te dijo que no, dice Maya molesta. Jovan se compone en su asiento. Él estaba en una silla mecedora al igual que Maya. Se siguió meciendo y mirando a Maya a los ojos. Sus ojos chinos estaban bien achicados. Déjalos que se diviertan, dice Jovan. Pues no me da la gana, dice Maya molesta.

Mira Aria, yo no quiero ir a fiestas. Además estoy cansado, dice Joel. Pues pasa por la casa. Ya no me llamas y no te veo, ella dice. Esta bien, él dice y ella se despide y arranca en su auto.

Joel se vuelve a sentar y mira a Maya de re-ojo y luego sus ojos se encuentran con los de Jovan. Estamos prisioneros, ríe Jovan. Ambos ahora ríen. Es una pesada, dice Maya. Estabas celosa, dice Jovan. ¿Y qué? ella pregunta. Pues nada, pero es muy notable. Bájale el tono un poco o nos van a descubrir a todos, dice Jovan. No puedo, ella dice. Joel los mira y mantiene silencio. ¿Qué estaba pasando entre ellos? Los tres estaban mutuamente de acuerdo y estaban aceptando la situación poco a poco.

Ahora que vas a tener un hijo no tienes que andar jugando con los pollitos, dice Joel. Ay que lindo los pollitos. Los adoro. Que rico va ser. Imagínense todo lo que le podemos enseñar aquí mismo, dice Maya. A lo mejor no les guste los pollitos, dice Jovan. ¿Y si son gemelos? pregunta Joel. Ay qué madre. No lo había pensado, dice Jovan. Ay qué susto, dice Maya. Todos se miran a los ojos. Sí son gemelos yo quiero uno para mi, dice Joel. Ay por Dios esto es serio. Tendremos que marcarlos con algo para no confundirnos, dice Maya. Nosotros no somos iguales en todo, dice Jovan. Lo sé, ella dice sin pensar. ¿Sabes qué? pregunta Jovan. Pues se pueden distinguir un poco, a veces, ella se corrige. No somos iguales pero eso es un secreto, dice Jovan. Que lindo serían dos bebés. Ay no puedo esperar seis meses, dice Maya. Se van rápido, dice Joel. Hay que enseñarlos a nadar, a montar a caballo y muchas otras cosas, dice Jovan. A darle comida a las gallinas, ella dice. Ay fo no, ellos dicen a la misma vez. Luego todos ríen.

Ahí vienen los viejos, dice Joel. Ciano estaciona el auto. Les traje morcilla y pastelillos y de todo un poco, dice Ciano. Dame la comida y tú quédate abajo, ríe Joel. Sinvergüenza, ríe Ciano.

¿Qué pasa que todos tienen esa sonrisita burlona? pregunta Ciano. Van a ser abuelos, dice Jovan. ¿No me digan? pregunta Ciano asombrado. Así mismo, ríe Joel. Me muero del corazón, dice Ciano exageradamente. Oye vieja. Vamos a ser abuelos, grita Ciano. ¿Ay de veras? ella pregunta desde abajo. Joel baja y la ayuda con los paquetes. Oye Jovan ayúdanos, dice Joel. Yo ayudo con la comida, ríe Jovan bajando las escaleras del balcón.

Ciano se sienta junto a Maya. Ay mi hija no puedo creer que vayas a ser madre. Estoy muy contento, mi amor, él dice besándola y abrazándola fuertemente. Ana sube las escaleras y también la abraza. Mi hija. ¿Cómo te sientes? pregunta Ana. Pues me dio un mareo bien fuerte esta mañana pero ahora me siento muy bien, ella contesta. Tienes que ver a un médico, dice Ciano. Sí lo sé. Estos dos estaban llorando como niños, ríe Maya. Ay me lo imagino, dice Ana sonriendo. Ven para que comas, dice Ana.

Nosotros nos comimos unos huevos con jamón. A los gemelos les dio hambre y estaban haciendo un desastre en la cocina. Tuve que intervenir, dice Maya. Que graciosos son los dos, dice Ana.

Después de Seis meses...

El Hospital

Jovan, Ciano y Joel esperan en la sala de espera. Ana se encuentra junto a Maya. Ay mamá, que dolor horrible, dice Maya. Ya falta poco, mi amor, dice Ana. Mamá quiero gritar. Ay qué dolor, dice Maya. Ana llama a la enfermera. Señorita, mi hija esta sufriendo mucho, por Dios, dice Ana. La enfermera entra y revisa a Maya. Espérese un momentito, dice la enfermera saliendo. Ay, mamá, quiero pujar, mamá, dice Maya. Ay mi amor, dice Ana con la mano de Maya en la suya.

El doctor entra. Señora usted no debe estar aquí. Es más difícil para todos, dice el doctor. Está bien, dice Ana saliendo. Todo esta en orden y pronto serás madre, dice el doctor. Relájate y cuando yo te diga que pujes entonces, dice el doctor. Yo quiero pujar ahora, ella dice con lágrimas en sus ojos. Un momento, él dice. La enfermera entra. Señora Ávila, puje, un poco más, dice el doctor.

Afuera en la sala de espera...

¿Qué pasó? Los hombres le preguntan a Ana. Ay el doctor me echó del cuarto. Ella esta a punto de parir y con unos dolores horribles y esa gente no le da nada, dice Ana.

Que avancen ya. Yo no lo soporto, dice Jovan caminado de un lado al otro. Joel tenía lágrimas en sus ojos. ¿Duele mucho? él pregunta. No te pongas a llorar que a mi me falta poco, dice Ciano levantándose y caminando con Jovan. Ana se queda con Joel. Me esta dando algo, dice Joel corriendo al baño.

¿Qué le pasó? pregunta Ciano. Tiene vómitos, dice Ana. No silben para nada. Esto es un horror, dice Ciano. Ese otro esta haciendo hoyo ahí en el piso, dice Ciano.

Después de una hora el doctor sale afuera...

Señor Ávila, él llama. Jovan y Joel corren hacia él. Qué... quien... ay sí son idénticos, ríe el doctor. ¿Cómo esta? pregunta Jovan. El doctor los mira riendo. Que cosa. Son como clones, dice el doctor. ¡Maldita Sea! ¿Cómo esta mi hija? pregunta Ciano ahora corriendo hacia ellos.

Acaba de dar a luz. El padre puede entrar, dice el doctor. Jovan agarra a Joel del brazo y ambos entran. Déjelos así son, dice Ciano mirando al doctor.

Ellos entran al cuarto. Mi amor. ¿Cómo te sientes? pregunta Jovan junto a ella y Joel al otro lado, le toma la mano. Ella sonríe un poco. Son... son... dos, ella dice. ¡No! dice Joel asombrado. Sí, son dos, ella vuelve a repetir. Jovan se arrima a la pared y cae desmayado al piso. Joel corre hacia él. La enfermera corre hacia ellos y los atiende.

El doctor entra al cuarto. Mi esposo, dice Maya desesperada. No se preocupe si eso pasa de cada rato, ríe el doctor.

¿Doctor son dos? pregunta Joel desesperado. Sí, gemelos idénticos, ríe el doctor. Ay no se vaya a desmayar usted también, ríe el doctor colocando a Joel en una silla. Joel se cubre el rostro con sus manos y solloza.

Oye, esto es para los periódicos, ríe el doctor. Aquí no se sabe quien es quien, ríe el doctor hablando con las enfermeras. Todos ríen.

Después de unos minutos Jovan vuelve en sí. ¿Mi hijo? él pregunta. Joel se acerca a él. Son gemelos idénticos, dice Joel llorando. Ay Dios mío me muero, dice Jovan. Joel lo abraza fuertemente y ambos sollozan.

Las enfermeras los miran dulcemente. Ay que lindos son. Ay señora que suerte la suya... son muñecos, dice una enfermera. Sí, lo sé, ella contesta. ¿Y mis hijos? ella pregunta. Los están vistiendo y bañando y se los van a traer en un segundo. Los tienen que examinar pero yo los vi y son grandes y gorditos, dice la enfermera. Jovan y Joel la besan en las mejillas. Ya pasó todo, mi amor, dice Jovan. Joel sale afuera.

Ana y Ciano corren hacia él. Son varones... idénticos, llora Joel. Ay hijo qué susto, dice Ana abrazándolo. Que cosa tiene la vida, dice Ciano asombrado. Varones idénticos. Que lío, continúa Ciano. ¿Los viste? pregunta Ana. No, los van a sacar en unos minutos, dice Joel secándose las lágrimas. Ay Dios mío que bueno que ya pasó todo. No sabes lo horrible que fue para mí verla sufriendo con esos dolores y sin poder hacer nada. Oye y aquí te miran como si fueras estúpida. Yo me volví loca corriendo de un lado al otro y todos me ignoraban, dice Ana. Así es. Imagínate cuantas mujeres dan a luz al día, dice Ciano. Pues a mi eso no me importa. Esta es mi hija, dice Ana.

La enfermera se acerca a ellos. Ya llevaron a la señora a su habitación y pueden ir a verla, dice la enfermera. Gracias, dice Ciano. Todos suben el ascensor al piso tres: Maternidad.

Aquí es, dice Ana entrando. Ay no puedo creerlo, dice Ana. Todos se arriman a la cama. Maya estaba sentada con uno de los gemelos y Jovan tenía el otro en sus brazos. Míralos ay Dios mío que bellos son, dice Ana. Están grandes y gordos, dice Ciano. Esta mujer se pasaba comiendo, dice Jovan riendo. Ay déjamelo, dice Joel. Jovan coloca el bebé en los brazos de Joel. Ay sí se parece a mí. Qué broma, ríe Joel. Todos ríen.

¿Le vas a dar el pecho? pregunta Ana. No, es muy difícil con dos, dice Maya. Ya mañana te dejan volver a la casa, dice Ana. Sí y espero que con ellos, dice Maya. ¿No te han dicho nada sobre los exámenes? pregunta Ana. No pero si algo estuviera mal no me los hubieran traído tan rápido, dice Maya. Se ven bien saludables y fuertes, dice Ana.

Mírale la boquita, dice Jovan. Oye Joel, ven acá. Dime que esa no es la boquita de Maya, dice Jovan. La misma, dice Joel. El que estaba en mis brazos Ciano me lo quitó, dice Joel. Maya ríe. Vamos a tener que escoger nombres, dice Ciano. No yo ya sé como les voy a llamar, dice Maya. Todos la miran. Jovan y Joel, ella dice riendo. Que bárbaro. ¿No tienes ya bastantes problemas con estos dos? Ahora son cuatro, dice Ciano riendo.

La enfermera entra al cuarto. Perdonen pero nos tenemos que llevar a los bebés y la señora necesita descanso, dice la enfermera. Ciano y Ana se despiden y salen afuera. Mi amor yo voy a estar ahí afuera por si necesitas algo, dice Jovan. No te preocupes vete y descansa, dice Maya. ¿Te van a dar algo de comer? él pregunta. Me imagino que sí, ella dice. Te adoro, él dice saliendo. Joel se acerca y la besa tiernamente en los labios, te adoro, él dice.

Todos salen del cuarto. Ay no quiero irme, dice Joel. Yo tampoco, dice Jovan. Es que no se puede hacer nada aquí. Vámonos y regresamos por la mañana. ¿Anotaste el número de teléfono? A ella a lo mejor le den el alta mañana, dice Ana. ¿De veras? pregunta Jovan. Sí así... rápido, dice Ana. Tenemos que preparar la ropita y traerla mañana, dice Ciano. Ah sí, que no se nos olvide, dice Ana.

La Casa Basilio

Estoy en las nubes, dice Jovan. Yo también. Que rico ser padre, dice Joel. Ciano y Ana se miran uno al otro. Parece que sienten lo mismo. ¿Óyeme, cuando tienen que cagar, los dos pujan? pregunta Ciano. Ay que pesado es, dice Joel riendo. Quiero tener muchos hijos, dice Jovan. Ay no. Mira yo la vi sufriendo y es horrible, dice Ana. Si yo pudiera pasar el dolor por ella, lo haría, dice Joel. Así mismo, dice Ciano. La cosa es que el dolor se olvida y se pare una y otra vez, dice Ana. A el que le pusieron mi nombre, es el mas guapo, dice Joel riendo. Ay sí claro que sí, ríe Jovan.

Dos semanas después...

Jovan se levanta y entra a la cocina encontrándose con Joel. ¿Ya se levantaron? pregunta Joel. Sí y están hambrientos, dice Jovan. Pues yo estaba esperando. Aquí tienes un biberón, dice Joel. Ellos entran a la habitación. Maya estaba durmiendo y los gemelos se encuentran en una cuna en la misma habitación. Jovan levanta uno de los bebés y se sienta a darle el biberón y Joel hace lo mismo. No sé ni cual tengo en mis brazos, dice Joel en voz baja. Maya les puso el nombre en una cinta en la ropa, dice Jovan. Ah sí, mira este es Jovan, dice Joel.

Maya abre los ojos y los ve a los dos con los gemelos en brazos y se vuelve a quedar dormida.

El día siguiente Joel y Jovan durmieron y Maya y Ana atendieron a los gemelos. Oye Maya esos muchachos son diabólicos. Cuando uno esta conversando, el otro le completa la oración, dice Ana. Sí, lo he notado. Como si estuvieran pensando lo mismo, ríe Maya. Yo nunca he visto una cosa semejante, dice Ana. Ay mamá soy tan feliz, dice Maya. Sí lo sé. Somos todos felices, dice Ana.

Tiempo después…

La casa de Jovan fue completada y amueblada esa primavera y Jovan, Joel, Maya y los gemelos se mudaron enseguida. Ya los gemelos tenían siete meses cuando eso y estaban grandes y fuertes.

Joel, voy a tener que viajar a Santo Domingo por unos días. Tengo que ir a medir un terreno y es buen dinero, dice Jovan. ¿Voy contigo? pregunta Joel. No mira, de eso quería hablarte. Yo quiero que te quedes y cuides a los gemelos y a Maya. Así ellos no me extrañaran tanto, dice Jovan. ¿Está bien pero cuanto tiempo vas a estar por allá? pregunta Joel. Me creo que será menos de una semana pero estas cosas nunca se saben, dice Jovan. ¿Cuando sales? pregunta Joel. Mañana en la mañana. No sé porqué pero esos avioncitos pequeños me aterrorizan, dice Jovan. Puedes irte en uno más grande, dice Joel. No, es que este avión es de la compañía, dice Jovan. Pues no te apures yo voy a estar aquí y Ciano también, dice Joel.

Jovan y Maya

Quiero que me llames todos los días o me mandes mensajes electrónicos y me dejes saber como estas y como están mis hijos. Joel se va a quedar contigo. Él quería ir pero es mejor que no. Si algo pasa él se hará cargo de ustedes, dice Jovan. ¿Jovan por qué hablas así? Me asustas, ella dice. No es nada mi amor. Es que uno tiene que siempre estar en alerta y preparado. Yo nunca viajo con Joel desde que nacieron mis hijos. Uno de nosotros siempre estará contigo, él dice. No me gusta que viajes, ella dice. Me ofrecieron mucho dinero por este proyecto y quiero comenzar ahorrar para los estudios de mis hijos, él dice besándola en la frente. Te quiero mucho, ella dice abrazándolo. Yo también te quiero mucho, él dice.

El aeropuerto

Joel abraza a Jovan y Jovan entra al terminal y sale por la parte de atrás hacia el avión que los espera. Joel mira hacia fuera a donde estaban los aviones estacionados. El avión en el cual Jovan iba a viajar era de cuatro pasajero incluyendo el piloto. Se quedó allí hasta que el avión tomó vuelo y luego volvió a su auto.

El avión

¿Usted es el señor Ávila? pregunta el piloto. ¿Sí y usted? pregunta Jovan. Romero Salcedo, mucho gusto, dice el piloto. No me gustan estas avionetas, dice Jovan. Yo viajo más de siete veces a la semana y llevo ocho años en esto, dice Romero. ¿Y de regreso, este mismo avión? pregunta Jovan. No, me creo que regrese en uno más grande también de la compañía, dice Romero.

¿Siempre tiembla así? pregunta Jovan. La verdad que no, y estoy averiguando qué será ese ruido, dice Romero. Jovan mira por la ventana hacia el mar. No quería pensar en nada solo sabía que Joel, Maya y sus hijos estarían siempre juntos.

Romero comenzó a tratar de comunicarse con el aeropuerto en Santo Domingo cuando perdió comunicación. Mira hacia afuera y ve llamas de fuego. Señor Ávila, póngase este salvavidas, él dice. Jovan se pone el salvavidas. No sé lo qué pasa pero el avión está prendido en llamas, dice Romero. Jovan traga gordo. Este avión puede aterrizar en el mar pero como quiera puede ser violento, dice Romero. Jovan cierra los ojos. No quería pensar en nada. Si se iba a morir pues ya, no quería ponerse a rezar. Él no era religioso.

El piloto logra aterrizar el avión en el mar pero el avión comenzó a quemarse rápidamente. Láncese al mar, dice Romero. Jovan se lanza al mar y poco después el piloto también. Nos tenemos que alejar del avión por si explota, dice el piloto. Ambos nadan alejándose del avión, el cual explota poco después y ambos el piloto y Jovan son lanzados a larga distancia con la fuerza de la explosión.

La Casa Ávila

¿Qué te pasa? pregunta Maya. Estoy preocupado, dice Joel. ¿Por qué? ella pregunta. No sé, dice Joel mirando al campo desde el balcón. Entra para que comas, ella dice. Él entra y se sienta a la mesa. Me tienes nerviosa, ella dice. Él se pasa las manos por los cabellos. No sé porqué pero tengo un mal presentimiento, dice Joel. Quizás no sea nada. Es que siempre están juntos, ella dice. Ella le sirve la comida. Él hace por comer pero era imposible. Voy a llamar a Santo Domingo a ver si todo está bien, él dice levantándose de la mesa.

Joel por teléfono...

¿Me puede decir si el señor Ávila llegó? Él tenía cita con el señor Lorenzo Meléndez, dice Joel. Un momento, por favor, dice la recepcionista. Señor, el señor Lorenzo quiere hablar con usted, dice la recepcionista.

¿Hola, con quien hablo? pregunta Lorenzo. Yo soy el hermano del señor Ávila, Joel, dice Joel. Señor, mire... no sé si usted se haya enterado pero el avión donde viajaba su hermano anda perdido en el mar, dice Lorenzo. ¿Como? pregunta Joel alterado. ¿Cómo que perdido? vuelve a preguntar Joel. Tranquilo. Esa es toda la información que tenemos hasta ahora, dice Lorenzo. ¿A quien debo llamar? A mi nadie me ha informado de nada, grita Joel. Por eso, estábamos tratando de ubicar los familiares cuando usted llamó, dice Lorenzo. ¿Están muertos? él pregunta sofocado. Le faltaba el aire y se estaba desmayando. Tomó asiento y comenzó a sudar soltando el teléfono. Maya corrió hacia él. Joel, ella grita alterada. ¿Joel, qué te pasa? ella pregunta histérica.

Ella llama a su padre. Papá, ven, algo pasó y Joel se desmayó, avanza, ella grita por teléfono.

Poco después Ciano entró corriendo a la casa. ¿Muchacho qué te pasa, por Dios? pregunta Ciano. ¿Papá? él pregunta. Sí, soy yo, dice Ciano. Jovan... está muerto, dice Joel volviéndose a desmayar.

Maya se cubre la boca con las manos y comienza a gritar histéricamente. Muchacha, tranquila, dice Ciano. Maya, él grita. Ella sale de la casa corriendo enloquecida. ¡Maya! él llama corriendo tras ella. Logra agarrarla de un brazo y caen a la grama. ¡Noooo! ella grita de lo mas hondo de su alma.

Después de un rato Ciano lleva a Maya a la habitación y llama a Ana. Mira vieja algo le pasó a Jovan y esta muchacha esta histérica, dice Ciano. Ya voy para allá, dice Ana.

Ciano acude a Joel. Joel estaba en el baño vomitando severamente. Hijo, dice Ciano levantándolo del piso. Tienes que ser fuerte para Maya y los gemelos, dice Ciano. No quiero vivir sin mi hermano, él llora. Tienes que ser fuerte. Tu hermano lo hubiera querido así, dice Ciano ahora llorando también.

Después de tres semanas

Joel viaja a Santo Domingo

Yo sé que no está muerto. ¡Maldita Sea! Tienen que continuar la búsqueda, grita Joel. Todos lo miran tristemente. Era un avión pequeño y no hay rastros del, dice un policía. ¿Se estrelló cerca a la costa? pregunta Joel. Sí, no habían estado en vuelo ni quince minutos, dice el policía. Pues pudieron haber nadado a la costa, dice Joel. No hay reportes de hospitales y nadie ha llamado. Yo voy a la costa a ver si alguien ha visto algo, dice Joel, porque esperando que ustedes hagan algo se muere cualquiera, continua Joel.

Señor, llama un policía. Joel regresa a la oficina. El avión estaba todavía en Puerto Rico. Yo le puedo dar el mapa para que vea exactamente a donde cayeron, dice el hombre. Gracias, dice Joel.

La Casa Basilio

Maya y Ana atienden a los gemelos. Joel entra a la casa. ¿Qué te dijeron? pregunta Maya. Son una bola de imbéciles, dice Joel. Voy a investigar por la costa a ver si alguien ha visto algo, dice Joel. Maya lo mira entristecida. Él se acerca y la abraza fuertemente. Yo te llamo, él dice volviendo a salir de la casa.

Puerto Rico

La policía de la costa

Mira esta gente toda viene de Santo Domingo así que mandémoslo para allá de nuevo, dice un gerente de inmigración. Es que algunos están heridos, dice otro policía. Pues que los atiendan y que los devuelvan rápido, dice el gerente. Óigame, yo no soy Dominicano, soy puertorriqueño y soy piloto. Nadie me quiere escuchar. Mi avión se estrelló en el mar, grita Romero. Los policías lo miran molestos. Hacen cualquier cosa por meterse a Puerto Rico, dice el guardia. Ahí hay unos heridos, dice el guardia. A esos los tenemos que trasladar al hospital y luego los mandamos de regreso a Santo Domingo, dice el guardia.

Oye Papo, ahí esta un señor Lorenzo Meléndez en el teléfono, dice un guardia. Él gerente toma el teléfono. Este es Álvaro Soto, dice el gerente. Yo soy el señor Lorenzo Meléndez, escuche bien lo qué le voy a decir. Hace tres semanas un avión estrelló en el mar, viajaba de Puerto Rico a Santo Domingo con el piloto y otro empleado de mi compañía. Estamos buscándolos y necesitamos información y nadie nos quiere ayudar, dice Lorenzo alterado. Pues usted dígame. Yo no sé nada de aviones estrellados. Eso de un avión estrellarse pues... tienen que haber muerto, dice Álvaro. Pues mire que no. Era uno de esos aviones que puede aterrizar en mar abierta, dice Lorenzo. Señor aquí lo único que hacemos es detener a los dominicanos que se quieren meter a Puerto Rico a la brava, dice Álvaro. Oiga Álvaro, ahí hay un hombre que dice que es piloto y que su avión estrelló, dice un policía. ¿De veras? pregunta Álvaro. Así mismo, dice el policía. Señor Meléndez, déme su número que quizás tenga noticias, dice Álvaro.

Álvaro entra al salón a donde tenían a más de treinta dominicanos arrestados. ¿Quién es el piloto? llama Álvaro. Yo señor, dice Romero. Acérquese, dice Álvaro. Mire un tal Lorenzo Meléndez anda buscando uno de sus empleados... dice Álvaro. Ese soy yo, carajo, nadie me hace caso. Esta isla es la pura mierda. Aquí se creen que todo el mundo es dominicano, carajo, dice Romero.

Romero habla con Lorenzo por teléfono. Oye viejo, que milagro, dice Lorenzo. Oye me tenían encarcelado estos bandidos y se creyeron que estaba loco, dice Romero. ¿Por favor Romero y el señor Ávila? pregunta Lorenzo. Yo no sé. Nos separamos y no lo volví a ver, dice Romero. ¿Qué se separaron a donde? pregunta Lorenzo. En el mar, dice Romero. Dios mío, dice Lorenzo.

Unos Días Después

Joel llega al hospital

Vengo a ver al señor Romero Salcedo, dice Joel. Joel entra al cuarto. ¿Romero Salcedo? él pregunta. Ay que bueno verlo. Oye todos se creen que usted esta muerto, dice Romero. ¿Yo? Sí usted, dice Romero. No, yo no era el que viajaba en el avión, dice Joel. Romero se queda mirándolo incrédulo. Óyeme, llama Salcedo. La enfermera entra. Mire este señor esta mal. Que lo atienda el doctor, grita Salcedo. La enfermera saca a Joel de la habitación. Señor mire no puede alterarlo. Ese hombre no esta bien. Sufrió un trauma muy grande, dice la enfermera. Yo necesito hablar con él. Mi hermano estaba en el avión con él y quiero saber lo qué le pasó, dice Joel nervioso. Espérese un momento, dice la enfermera.

Señor Salcedo. Usted viajó con otro hombre... dice la enfermera. Sí, con él loco ese que estaba aquí hace unos segundos. Se quedó mal de la cabeza, dice Romero. Cálmese, dice la enfermera.

La enfermera vuelve a salir afuera. Señor lo siento mucho pero usted tiene que hablar con la patrulla de la costa o algún otro departamento de justicia. El señor Salcedo esta enfermo y no podemos interrogarlo, dice la enfermera.

Joel se pasa las manos por los cabellos. Se sienta desesperado. ¿Quién lo trajo aquí? pregunta Joel. No se sabe. Lo trajeron en una ambulancia hace unos días, dice la enfermera. ¿Puedo hablar con otra persona que me pueda informar de a donde carajo trajeron a ese hombre? él pregunta ahora molesto. Pues puede ir a administración, dice la enfermera alejándose. ¡Mierda! dice Joel desesperado.

Oficina de Administración

Joel entra y toma asiento. Había más de cuarenta personas haciendo cola. ¡Qué madre! ¡Esto es como para uno tirarse de la ventana, carajo! dice Joel volviendo a salir afuera. Se acercó a un guardia de seguridad. Óigame yo estoy enloquecido aquí y nadie me atiende, dice Joel. ¿Cual es su problema? pregunta el guardia. Mire, mi hermano y un piloto que esta aquí salieron de Puerto Rico hacia Santo Domingo y la avioneta se estrelló y el piloto esta aquí y no me dejan hablar con él. Yo ando buscando a mi hermano. Es increíble tratar con esta gente. Mire si esto pasa en los EE. UU., ya yo tuviera información. Aquí se muere cualquiera, dice Joel. Cálmese. Aquí no todos somos brutos, dice el guardia. ¿Mire, sabe qué? Váyase a la mierda, dice Joel saliendo del hospital. ¡Brutos, carajo! dice Joel entrando a su auto.

Después de un mes...

Joel regresó al campo. Maya esperaba con ansiedad y corrió hacia él y lo abrazó. ¿Joel, qué pasó? ella pregunta. Nadie sabe nada. Me volví loco buscando por todas partes y me mandaban para atrás de a donde acababa de llegar. Es una pesadilla, dice Joel. Ay Joel no vuelvas a dejarme. Me estaba muriendo de angustia, ella llora. Mi amor yo sé que está vivo. No pienso descansar hasta encontrarlo. Es que aquí todo es una cola de la madre y nadie quiere ayudar a uno. Te mandan de una persona a la otra y la policía... maldita sea... no saben a donde tienen las narices, dice Joel molesto. Ay ven, entra. Estás muy delgado, ella dice preocupada. Él entra a la casa y va directo a ver a los gemelos. Estaban durmiendo y él los besó en la frente. Se están poniendo bien rubios, dice Joel mirándolos. ¿Has estado sola? él pregunta. No, mamá viene todos los días y papá se la pasa aquí también, dice Maya. De repente él bajó su cabeza y comenzó a sollozar. Le he fallado, llora Joel. No, mi amor. Tú has hecho todo lo posible por encontrarlo es que estas cosas son así. Aquí todo es una papelería de la madre, dice Maya. Ella lo abraza fuertemente. Ay mi amor no llores. Tienes que ser fuerte para mí y los gemelos. Yo no puedo sola, Joel, ella ruega. Está bien. Es que no soy tan fuerte como él. Jovan ya hubiera resuelto el problema y no hablo español tan bien como él, él dice. Ven, ella dice tomándolo de la mano.

Ella le sirve y él hace por comer pero no tenía apetito. No puedes dejarte debilitar. Estás delgado y ay Dios mío, Joel... la barba y los bigotes. Así conocí a Jovan, ella dice entristecida. Perdona, no tengo ánimo de afeitarme o recortarme, él dice. Te pareces tanto. Cuando yo lo conocí... estaba en el balcón con papá y me miró... con deseos, ella dice. Como lo haces tú, ella continua. Jovan es tan dulce y tan tierno. Yo me enamoré cuando lo vi por vez primera. Yo era virgen. No había tenido tiempo de pensar mucho en novios pero cuando lo vi se despertó mi cuerpo y me atreví a cosas que jamás hubiera pensado, ella dice. Él la mira entristecido. Él me hizo mujer, ella dice, ahora sollozando. Yo lo adoro y adoro la forma en la cual él te quiere. Yo los amo a los dos y sé que es algo prohibido. Que no debo hacerlo. Que está contra todas las leyes de nuestra sociedad y nuestra religión pero es más fuerte que yo. Ay Joel por favor no me dejes, ella ruega llorando. No, mi amor, yo no te voy a dejar, él dice abrazándola. Quiero que duermas conmigo esta noche, ella dice. Yo no sé si pueda...yo, él dice. Sssh, quiero estar con los dos. Quiero sentirlo como si estuviera aquí y a ti. Yo necesito que me ames, ella dice.

La Casa Basilio

Reporte del día - Televisado

Entrevista al Señor Lorenzo Meléndez

Bueno el piloto, el señor Romero Salcedo se encuentra en un hospital en Puerto Rico. Ellos dicen que está loco pero si ese hombre siempre era así. Es un gran piloto y yo no sé como pudo aterrizar esa avioneta en medio del mar, dice Meléndez. Señor Meléndez había un pasajero que salió de Puerto Rico precisamente a reunirse con usted sobre un proyecto de construcción en Santo Domingo. ¿Quién era y qué pasó con él? le pregunta la reportera. Bueno, él era o es... no se sabe si murió, el señor Jovan Ávila, un gran genio de matemáticas que venía a medir y calcular los terrenos y compartirlos en terrenos para condominios, dice Meléndez. ¿Entonces no se sabe sobre el paradero del señor Ávila? ella pregunta. No, bueno dicen que el señor Ávila fue al hospital a ver a Salcedo. Eso lo dice Salcedo y nadie puede confirmar si sea cierto o no, dice Meléndez. La familia del señor Ávila exige explicaciones sobre el paradero del señor Jovan Ávila ya que a ellos nadie les avisó sobre el accidente y tampoco han investigado lo qué pasó con el señor Ávila, dice la reportera.

Vieja, llama a Maya. Mira esa gente esta de la madre. Se creen que Joel es Jovan. Eso esta de película, dice Ciano molesto. Déjala y no le demos malas noticias que ella de cada cosa brinca asustada, dice Ana. Qué abuso. Ese pobre hombre a lo mejor esté ligado con los inmigrantes que vienen de Santo Domingo. Te lo digo porque ahí siempre hay un embeleco de mierda. Mira si el presidente de Puerto Rico va ahí de visita lo meten preso y lo envían a Santo Domingo. Cinco años después se dan cuenta que lo enviaron. La policía no sabe ni la hora del día al menos que venga SIN, tú sabes, Servicio de Inmigración estadounidense ayudarlos. Mañana voy a llamar a todos esos bandidos y si no me ayudan voy y le pego fuego a la bandera estadounidense. Mira que cuando uno hace eso... te atienden rápido, dice Ciano. Tú no vas a ninguna parte y déjate de estar maldiciendo tanto que por eso mismo es que yo contigo no salgo, dice Ana. Ay vete a la mierda, dice Ciano tomando cerveza.

La Casa Ávila

Joel entra a su habitación y se mete a ducharse. Estaba rendido físicamente y mentalmente. Estaba seguro que Jovan estaba vivo y por alguna razón no había podido comunicarse con ellos. ¿Estará preso? Puede ser, es la única razón por la cual no podría comunicarse. Tengo que volver a la frontera a donde tienen a los inmigrantes de Santo Domingo. ¿Estaría Romero allí antes del ir al hospital? Maldito viejo entupido, dice Joel.

Él sale afuera desnudo. No iba afeitarse hasta encontrar a su hermano. A Jovan que siempre le gustaba la barba y los bigotes y el pelo largo. Lo iba hacer por él. La puerta abre y Maya entra a la habitación. Él hizo por cubrirse con la toalla. Hacía mucho tiempo que no estaba con ella y de repente se sintió avergonzado. Ella se acercó y lo miró a los ojos. Llevó su mano al rostro de Joel, acariciándolo. Se acercó y lo besó en la boca. Le quitó la toalla y la tiró al piso y volvió a besarlo buscándole la boca, mordiéndolo. Él llevó sus brazos alrededor de la cintura de Maya y la atrajo hacia él. Ella lo toma de la mano y lo lleva a la cama. Él se acuesta boca arriba. Ella se desviste. Él la mira de arriba abajo. Que mucho tiempo sin verla desnuda. Había sido un tormento y ahora estaba allí junto a él en una cama y estaban solos por primera vez desde que la había conocido. Ella comenzó a besarlo en el cuello, en el pecho, acariciándolo con su mano. Él llevó sus brazos hacia arriba aguándose de los pilares de la cama. Ella se bajó y lo tomó en su boca despertándolo y luego se sentó encima del. Él la mira apasionado. Así fue como la vio aquella noche de luna con Jovan. Cuando se volvió loco por ella. Ella comenzó a ondular su cuerpo sensualmente y él llevó sus manos a su cintura y se sentó con ella encima y la besó fuertemente en la boca. Él se desesperó besándola y mordiéndole los senos y ella torció su cuerpo y llegó a un clímax y él poco después. Permanecieron abrazados un largo rato y ella se quedó dormida. Él se levantó y salió afuera al balcón y gritó con todas sus fuerzas a la oscuridad de la noche...

¡JOVAN! ¡JOVAN! ¡JOVAN! perdóname...

Durante los siguientes meses varios reportes sobre la avioneta aparecieron en varios periódicos pero después de un tiempo todo se olvidó y nadie se acordaba siquiera del nombre del desaparecido. Joel continuó su búsqueda a través de la internet y hasta acudió a los políticos.

Una tarde estaba jugando con los gemelos y Maya que había ido a la clínica con su madre regresó y se sentó junto a él. Él notó que estaba muy triste.

¿Qué te pasa? él pregunta. Joel... estoy embarazada, ella dice con lágrimas en sus ojos. ¿Qué? él pregunta asombrado. Tengo tres meses, ella dice. Ay Dios mío qué horror. Ay Maya, por Dios, que vergüenza, él dice. No, Joel, no es una vergüenza. Es nuestro hijo y no vuelvas a decir que es una vergüenza, ella dice. Es que tus padres, él dice aterrorizado. Ellos entienden la situación. Ellos saben que te pareces mucho a él y que yo te quiero, ella dice sollozando. Él la abraza fuertemente. Dios mío, Maya. He traicionado a mi hermano. Yo quiero morirme, dice Joel sollozando. No te atrevas a morirte, ella grita enloquecida. Él se asusta al verla enfurecida. No te atrevas, ella dice mirándolo molesta. Él baja su cabeza entristecido. Yo siempre quise un hijo contigo, él dice, pero así no, él continua ahora sollozando. ¿No ves? Cuando Jovan regrese..., él dice. ¡Cállate! ella grita. ¡Él no va a volver! ella llora. No... no digas... eso, él dice tapándose los oídos. No digas eso, él dice cayéndose a sus rodillas sollozando.

Una semana después...

Hijo no te culpes. Nosotros sabemos mucho más de lo qué tú te imaginas. Así es la vida. Ustedes nacieron en dos cuerpos pero son uno y mi hija los quiere a los dos como si fueran una sola persona, dice Ciano. Me siento como que lo traicioné, dice Joel. No, yo conozco a Jovan y él estaría muy a gusto que tú y Maya críen a sus hijos, dice Ciano. Él no está muerto, dice Joel. Mira muchacho yo vi un reportaje que se me quedó grabado en la mente y quería hablar contigo sobre algo que me esta dando vueltas en la cabeza, dice Ciano.

A ese viejo loco, el piloto, lo llevaron de la patrulla de la costa al hospital. Lo encontraron entre un chorro de dominicanos inmigrantes que tienen encarcelados para enviarlos de vuelta a Santo Domingo. Ya sé que estuviste allí pero esta vez yo voy contigo y mira por esta, dice Ciano besándose el dedo grande de su mano, conmigo no van a joder, continua Ciano. Joel traga gordo y lo mira fijamente a los ojos. Vamos, dice Joel.

Patrulla de la costa: Inmigración

Joel y Ciano esperan cita con el gerente Fernando Carrillo. Mira muchacho no hables mucho que esta gente cuando se huelen que uno es americano le viran la cara. A mi no me lo pueden hacer. Yo soy jíbaro del campo. A ver si joden conmigo, dice Ciano.

Señores, el señor Carrillo les espera, dice la secretaria dirigiéndolos a la oficina del gerente. Ellos entran y toman asientos. El hombre frente a ellos era de piel negra, alto y robusto con un rostro serio que merecía respeto.

¿Cómo puedo servirles? él pregunta. Pues, mire es una larga historia pero nosotros ya estamos cansados de pedir ayuda y nadie nos da una mano, dice Ciano. Usted dirá, dice el gerente. Mire una avioneta de esa de cuatro pasajeros se estrelló no muy lejos de aquí, iba rumbo a Santo Domingo. El piloto, Romero Salcedo lo encontraron aquí. Estaba metido ahí con los inmigrantes por mucho tiempo y nadie le hacia caso. Después de un tiempo lo sacaron y lo llevaron al hospital de Arecibo. Este hombre que usted ve aquí es la mera imagen del otro pasajero. Mírelo bien porque no lo voy a volver a repetir. Es como estar mirando a su hermano gemelo. Hemos buscado a ese muchacho por mar y tierra y no lo encontramos y sabe usted lo qué pasó. Este muchacho fue hablar con Romero y el viejo ese estúpido creyó que él era el pasajero y no le hizo caso. Creyó que se había quedado loco después del accidente y lo sacaron del hospital. Óigame pero eso es de uno morirse la estupidez de mucha gente en este país. Yo estoy aquí y quiero no solamente explicaciones pero quiero ver si a mi yerno lo tienen metió infiltrado por ahí con los inmigrantes dominicanos. Me atrevo apostar que lo mandaron para Santo Domingo especialmente si el estaba incapacitado y herido, dice Ciano.

El gerente los mira uno al otro fijamente a los ojos y levanta el teléfono. Con el señor Lorenzo Meléndez, por favor, inmigración en Puerto Rico, Fernando Carrillo. Después de unos minutos. Señor Meléndez mire aquí frente a mi tengo a la familia del otro pasajero de la avioneta. Quiero que me escuche y no diga ni una sola palabra. Acuérdese que usted es responsable por la vida de ese pasajero ya que su compañía lo envió hacer negocios y su avioneta fue la que sufrió el accidente. ¿A donde esta el piloto? pregunta Fernando. Señor Carrillo, el piloto esta trabajando como siempre, dice Meléndez. ¿Esta trabajando como piloto? pregunta el gerente. ¿Y ustedes se olvidaron del otro pasajero? pregunta Carrillo. No, claro que no aquí todavía continua la búsqueda, dice Meléndez. Óigame lo qué le voy a decir, si Romero no me llama dentro de una hora, lo voy a buscar a Santo Domingo, dice el gerente colgando.

Fernando los mira. Ciano y Joel estaban temblando asustados. Este asunto se aclara hoy, dice Fernando fumando de una pipa. Gracias, dice Joel tembloso. Oye Iris tráenos café, dice Fernando, y no quiero ser interrumpido, toma mensajes. Solamente me pasas a el señor Romero Salcedo, continua Fernando. Ciano y Joel se miran uno al otro.

Relajasen que hoy se aclara este asunto, dice Fernando al verlos ansiosos. La secretaria les trae café. Miren, aquí lo qué pasa es que hay más caciques que indios, dice Fernando. Ahí atrás tienen a más de treinta dominicanos que se embarcaron en una yola. Aquí esta el reportaje, él dice mostrándoles el periódico.

“La embarcación -una "yola" (pequeña nave de fabricación artesanal habitualmente utilizada por los inmigrantes clandestinos para cruzar el peligroso Canal de la Mona, que separa a Puerto Rico y República Dominicana)- “

Se viene esa pobre gente hasta caminando por el mar para salir de la pobreza, dice Fernando y mucho de los nuestros se quedan atrapados si también se pierden en mar abierta. Nadie les cree que sean puertorriqueños porque eso lo dicen todos, dice Fernando. El SIN en esta isla esta lleno de gringos que a veces se creen que son dueños de la isla y nos tratan como basura, dice Fernando.

En eso la secretaria llama por teléfono. Señor Carrillo, el Señor Salcedo en la línea dos, ella dice. Fernando levanta el teléfono y oprime el botón de conferencia para que todos puedan oír la conversación. Salcedo, este es Fernando Carillo gerente de inmigración. Sí señor, yo sé quien es, dice Salcedo. Mire aquí frente a mi tengo el hermano gemelo y el suegro del pasajero que estaba con usted cuando lo del accidente. Sí señor, dice Salcedo. ¿Qué le pasó al pasajero? pregunta Fernando firmemente. Bueno yo lo vi salvo y sano en el hospital, dice Salcedo. No sea bruto, ese era su hermano gemelo y usted lo sacó de su habitación. ¿Adonde esta el señor Jovan Ávila? pregunta Fernando. Pues ese hombre me salvó la vida y llegó a la costa conmigo pero nos agarraron los de inmigración y ese hombre estaba hablando en inglés. Se dio un golpe fuerte en la cabeza y no sabía ni quien era. Los de inmigración nos detuvieron y nos encarcelaron y a ese hombre lo tiraron en una celda. Él estaba herido en la cabeza, dice Salcedo.

Joel comienza a llorar y Ciano lo abraza.

¿Adónde los llevaron? pregunta Carrillo. Pues ahí mismo. Yo estuve ahí varias semanas hasta que Lorenzo Meléndez vino y me sacó, dice Romero. ¿Y por qué no sacaron a Ávila? pregunta Carrillo. No nos dejaron ni hablar, dice Romero. ¿Y se olvidaron del? pregunta Carrillo. No, es que nos dijeron que él no estaba ahí. Lo llevaron a un hospital y pues yo creí que era el hermano y dejamos de buscarlo, dice Romero. Quédese pendiente que usted junto a su jefe van a ser multados, dice Carrillo colgando. Fernando llama por teléfono. Iris, llámame a Rodríguez que venga enseguida, dice Carrillo.

Aquí se aclara esto hoy, dice Fernando. El cuerpo de Joel no dejaba de temblar.

Poco después entra Rodríguez. Esta gente esta aquí buscando a uno de los hombres que ustedes rescataron del mar. Entre ellos se ligaron dos puertorriqueños y ustedes como brutos que son, los arrestaron con los demás dominicanos que estaban en una yola que venía de Santo Domingo. ¿Sabes lo qué pasó con ellos? pregunta Fernando. Pues sí, el viejo loco, el que dijo que era piloto se lo llevaron al hospital de Arecibo y el otro hombre salió poco después al mismo hospital, dice Rodríguez. ¿Cómo estaba? pregunta Ciano. Pues era un hombre joven pero tenía un golpe en la cabeza y no hablaba ni gota de español, dice Rodrigo. Mi hermano habla español, dice Joel. Pues ese hombre ni gota y nadie le entendía nada porque no se comunicaba y estaba como delirando, dice Rodríguez. Joel traga gordo.

Vamos al hospital, dice Fernando levantándose de su asiento. Joel y Ciano se quedaron mudos mirando la estatura de Fernando. Era un hombre masivo de una estatura de más de seis pies. Ellos salen con Fernando.

Oye Rodrigo, ven con nosotros, dice Fernando. Joel y Ciano los siguen en su auto.

Este hombre nos va ayudar. Dios Santo que esto de resultados, dice Ciano. Estoy con el corazón en la boca, dice Joel corto de aire.

Cuarenta minutos después llegan al hospital, estacionan y entran. Fernando se dirigió a la oficina de administración y exigió hablar inmediatamente con el director. El director salió afuera. Yo soy Fernando Carrillo de Inmigración. Hacen como tres meses aquí trajeron a dos hombres. Uno de ellos era el piloto de una avioneta que se estrelló aquí cerca a la costa. Buscamos al otro hombre. Mire ve ese muchacho, ese es el hermano gemelo del hombre que andamos buscando. ¿Lo ha visto usted? pregunta Fernando. Pues no, la verdad que no, pero de eso va tiempo. Mire ahora que lo veo bien... no estoy seguro pero en el piso cinco tienen un hombre que llegó aquí y no sabía quien era. Sufrió un trauma en la cabeza pero es un americano, dice el director. Queremos verlo, dice Fernando.

Todos suben al quinto piso y el director los hace esperar en la sala de espera. Mi hermano sabe hablar español, repite Joel tristemente. Ciano lo mira apenado. No puede ser él, dice Joel con lágrimas en sus ojos.

En eso una enfermera se acerca a él. Señor, ella dice. Sí, dice Joel. Ay Dios Santo, ella dice asustada. ¿Qué pasa? él pregunta. Ella se cubre la boca con sus manos y entra a una de las habitaciones y luego vuelve a salir y vuelve a mirar a Joel. Después dos enfermeras más salen a mirarlo.

El director se acerca a ellos. Vengan conmigo, dice el director. Ellos lo siguen y él entra precisamente a la habitación a donde estaban las enfermeras. Era una habitación grande con tres camas. Joel camina despacio mirando a cada uno de los hombres fijamente. Eran hombres jóvenes. La última cama cerca a la ventana estaba vacía. ¿Adonde esta este paciente? pregunta el director. Las enfermeras miran a Joel. ¿Qué les pasa? ¿Están mudas? pregunta Fernando. Es... él, dice una de las enfermeras. ¿Cómo qué él? pregunta él director. Él es él paciente, dice otra de las enfermeras. Joel agarra a Ciano del brazo. Es mi hermano. Somos gemelos, dice Joel. Ay Dios mío, dice la enfermera.

En eso un hombre entra a la habitación caminando con un bastón. ¡JOVAN! Grita Joel enloquecido. ¿JOVAN ERES TÚ? grita Joel corriendo hacia el hombre. Se miran a los ojos. Ambos tenían barba, bigotes y cabellos largos. ¿Joel? pregunta Jovan temerosamente tocando el rostro de Joel que ahora estaba llorando. Todos permanecieron mirando la escena entristecidos. Jovan te he estado buscando, dice Joel abrazándolo fuertemente. Joel lo ayuda a la cama. ¿Qué te pasó en la pierna? pregunta Ciano ahora también llorando. Se me quebró el tobillo, dice Jovan. Joel abraza a Fernando. Gracias, él dice llorando. De nada, dice Fernando saliendo de la habitación con Rodríguez.

El director se acerca a ellos. El señor estuvo un tiempo con amnesia y luego estaba en rehabilitación. No hace mucho que comenzó a conversar en español y acordarse de algunas cosas, dice el director. Yo estuve aquí mismo hacen tres meses y no sabía que estabas aquí, dice Joel. Ustedes se lo pueden llevar cuando quieran. Él poco a poco recobrará toda su memoria. Sufrió un choque nervioso pero es un hombre fuerte, dice el director. Gracias, dice Joel secándose las lagrimas. Ven, dice Joel tomándolo de la mano. Ay si no tiene ropa, dice Ciano. Yo voy y compro todo lo necesario quédese aquí con él. No lo deje ni un segundo, dice Joel corriendo afuera.

Mira hijo tus gemelos están bien grandes y gordos, dice Ciano. Mis gemelos, sonríe Jovan. Maya esta como loca, dice Ciano. ¡Maya! ¡Maya! dice Jovan asustado. Es mi esposa, dice Jovan. ¿Qué haces muchacho? pregunta Ciano. Tengo que salir de aquí, dice Jovan. No, pero espera. No tienes ropa, dice Ciano volviéndolo a sentarlo en la cama. Tranquilo, dice Ciano. Una enfermera entra con unas pastillas. Son para el señor. ¿Qué es eso? le pregunta Ciano. Son calmantes, ella dice. Ah no, llévese eso para la porra por eso mismo es que esta abobado, dice Ciano. Es que se las recomendó el doctor, ella dice.  Dios libre que le dé eso a mi hijo, dice Ciano seriamente. La enfermera vuelve a salir.

Poco después Joel entra con paquetes. Aquí esta todo. Entre Ciano y Joel lo desnudan. Diablo... tienes chupones por todas partes, dice Joel. Las enfermeras, dice Jovan. ¿Qué? pregunta Joel. Las enfermeras, repite Jovan bajando la voz. Esto es una poca vergüenza, dice Ciano. Espero que con condón, dice Joel. Sí, baja la voz, dice Jovan seriamente.

Lo visten y lo llevan a administración. El director les entrega unos documentos y firmaron algunos formularios y salieron con Jovan. Ciano se sentó en el asiento trasero con Jovan y Joel condujo.

Todavía no puedo creerlo, dice Joel. Una persona pudo hacer lo qué mas de cincuenta no pudieron y en unas horas, dice Joel. Así es aquí todo tiene que hacerse a la brava porque si no te dicen...mañana... mañana... y mañana, dice Ciano. ¿Qué te hicieron las enfermeras? pregunta Joel. Se me sentaban encima por las noches, dice Jovan sonriendo. ¡Qué descaro! dice Ciano incrédulo. Pero a ti parece que te gustaba, dice Joel sonriendo. Pues si no podía moverme o levantarme sin ayuda, dice Jovan. ¿Por qué no nos llamaste? pregunta Joel. Yo no me acordaba de mucho hasta que te vi, dice Jovan. Dios Santo qué susto hemos pasado. No tienes idea de lo qué hemos hecho. Yo hasta le escribí al popa, dice Joel. Ay Joel... mis hijos, dice Jovan. Están bien grandes, fuertes y lindos, dice Joel. ¿Cuanto tiempo ha pasado? él pregunta. Cinco meses, dice Ciano. ¿Cinco meses? pregunta Jovan alterado. Ay Dios mío... mi mujer, él dice. No te preocupes, ella esta bien, dice Joel. ¿Me cree muerto? él pregunta. No, yo sabía que estabas vivo. A mi nadie me convenció que estabas muerto, dice Joel. Mira este muchacho presenció hasta el accidente, dice Ciano. Joel... tú estabas supuesto a cuidar de mis hijos y mi mujer. Te lo pedí. ¿Te acuerdas? pregunta Jovan. Sí, Jovan, lo hice, dice Joel. Ella no estaba supuesta a extrañarme o sufrir, dice Jovan. Sí lo sé. Yo estuve a su lado, te lo juro, dice Joel. Yo presentí algo horrible cuando me subí aquel avión y mucho antes y le pedí a Joel que cuidara de ellos, dice Jovan recostado del espaldar de su asiento. ¿Te sientes mareado? pregunta Ciano. Estoy muy cansado, dice Jovan. Ay Joel estaciona un momento, dice Ciano. Joel estaciona. Ciano acuesta a Jovan y le coloca la cabeza en su falda. Esta bien pero parece que esta agotado, dice Ciano. Joel continúa conduciendo.

La Casa Ávila

Mamá... ahí llegó papá, dice Maya saliendo al balcón. Eran las siete de la noche y estaba oscureciendo. Joel salió afuera primero y luego abrió la puerta trasera. Jovan salió despacio, estaba cojeando y Joel lo levantó en sus brazos y lo llevó hacia a la casa.

¡JOVAN! grita Maya histérica. ¡JOVAN! Ay Dios mío, ella llora. Ciano la abraza. Déjalo que esta bien cansado, dice Ciano. Papá, ella llora.

Joel lo lleva en sus brazos y lo coloca en la cama. Maya entra y se sienta junto a él. ¿Jovan? ella llama temerosamente. Él abre los ojos. ¿Maya? él pregunta. Mi amor, ella dice llorando. No llores, él dice. Ella lo abraza fuertemente y ambos lloran abrazados.

Joel y Ciano salen de la habitación

Maya va a tener un hijo mío, dice Joel. Lo sé, dice Ciano. Yo quiero morirme, llora Joel. Pues no lo hagas y no te atrevas a mencionar muerte en esta casa. Mira muchacho, tú estabas supuesto a cuidar de ellos y así lo hiciste. Debes estar muy orgulloso porque nunca te diste por vencido y seguiste hasta encontrar a tu hermano. Yo sé que Jovan va a comprender y quien sabe... el mundo tiene cosas bien extrañas. Como seres humanos que somos no entendimos mucho de la vida pero yo creo que todos tenemos una ruta que seguir y no podemos desviarnos. Es el destino que nos guía. Ustedes nacieron para estar juntos siempre y también porque yo siempre quise hijos varones pero no pude tener más hijos después de Maya, dice Ciano. Gracias, dice Joel entre sollozos.

Maya y Jovan

Maya prepara una sopa de pollo y Joel la ayuda con los gemelos. ¿Está todavía durmiendo? pregunta Maya. Sí, como palo, dice Joel. Está muy delgado, ella dice. Pues sabes qué, estamos los dos iguales, dice Joel. Ahora se tienen que fortalecer porque yo los necesito a los dos fuertes, ella dice sonriendo.

Jovan se levanta y se mete al baño a ducharse. Después sale y se pone la pijama y sale afuera a la sala. Que bien te ves, dice Joel abrazándolo. Dámelo. ¿Quién es este? pregunta Jovan tomando al niño en sus brazos. Es Joel, dice Joel leyendo la cinta en la camiseta del bebé. Ay que gordito esta, dice Jovan besándolo y acariciándolo. ¿Y Jovan? pregunta Jovan. Se quedó dormido y lo metí a la cuna, dice Joel. ¿Comen bien? pregunta Jovan. Tienes que verlos comiendo papas majadas con caldo de habichuelas. Sin mentirte comen de todo un poco, dice Joel. Ese también tiene sueño, dice Maya entrando a la sala y llevando al niño a la cuna.

Jovan, necesito hablar contigo, dice Joel. Ven, él dice. Se sientan a la mesa y Maya les sirve la sopa con pan. Maya se retira a ducharse y los deja hablar a solas. Yo estuve con Maya, dice Joel. ¿Y? pregunta Jovan. Ella esta embarazada, dice Joel. ¿De veras? pregunta Jovan entre bocados. ¿No te asombras? pregunta Joel. Pues claro que no. Era de esperarse. ¿Qué ibas hacer si yo hubiese muerto? pregunta Jovan. Pues no estas muerto y yo sabía que estabas vivo, dice Joel. ¿Cuanto tiempo tiene? pregunta Jovan. Tres meses, dice Joel. Yo te quiero mucho y no quería pero le hacías mucha falta y ella me lo pidió, él dice. Me alegro mucho que vayas a tener un hijo con ella. Siempre me entristeció pensar que jamás tuvieras hijos, dice Jovan. ¿No estás molesto? pregunta Joel. No, por nada, dice Jovan. ¿Qué vamos hacer? pregunta Joel. Vamos a seguir viviendo todos juntos y cuidando de nuestra mujer y nuestros hijos. Nadie dijo que tenía que ser una mujer a un hombre. Al menos yo no lo he visto eso escrito en ningún libro de historia o religión, dice Jovan sonriendo y acariciándole los cabellos a Joel como tantas veces había hecho antes.

Estaba pensando que quizás debamos trabajar en la computadora. Yo puedo hacer los diseños fácilmente y tú también puedes hacer las medidas. Solo que vamos a tener que comprar el "software", dice Joel. Sí, muy bien. También debemos llevar a Maya a Los Ángeles y pasarnos unas semanas por allá. Nos podemos llevar a nuestros hijos y llevarlos a Disney. ¿Qué te parece? pregunta Jovan. Muy bien, dice Joel contento. Mira yo sé que no va a ser fácil pero podemos escoger los días de la semana para hacernos turnos y dormir con ella. Vamos a tener que hablar estas cosas con ella y va a ser un poco incomodo pero ella es la reina y ella nos dirá lo qué quiere hacer. Nosotros solo trabajamos para ella. Somos sus esclavos, dice Jovan. Está bien, ríe Joel.

Esa noche...

Jovan entra a la habitación y Maya se estaba cepillando sus cabellos. La sopa estaba rica, dice Jovan. Me alegro que hayas comido. Me tienes preocupada. Los dos están delgados, ella dice. No te preocupes ahora nos volvemos a poner fuertes otra vez, dice Jovan. ¿Qué te pasó en el pie? ella pregunta. Se me quebró el tobillo. Fue que la explosión del avión me lanzó alto y cuando caí al mar eso era como cemento. No sé ni como pasó lo de la herida en la cabeza pero había mucha sangre y yo solo pensaba en los tiburones. Después de un rato nadando, me encontré con Romero que se estaba ahogando y yo lo ayudé. Ambos teníamos chalecos salvavidas  si no olvídalo pero no estuvimos ahí mucho tiempo, quizás media hora y enseguida vino un barco de la policía de la frontera y nos rescató. Al día siguiente me comencé a sentir bien raro y poco a poco se me fue olvidando todo, dice Jovan.

Yo estoy embarazada, ella dice con su cabeza bajada. Él se acerca y toma el cepillo en sus manos y le cepilla los cabellos. Lo sé. Estuve conversando con Joel a largas y hemos decidido que seguiremos contigo los dos, si tú nos permites. Nunca te hará falta nada y serás nuestra reina. Te vamos a cuidar muy bien y vamos a ser muy felices, dice Jovan. Ella lo mira incrédula. ¿No sientes celos? ella pregunta. No, yo nunca he sentido celos de mi hermano. No es la primera vez que lo hacemos y aunque no fue mi intención contigo, me alegro por él. Él te quiere y estaba sufriendo mucho. Además ahora él también será padre. Yo le pedí antes de salir a Santo Domingo que te cuidara a ti y a los gemelos como si fuera yo, dice Jovan. Ella comenzó a llorar. No mi amor, no seas tonta, él dice abrazándola fuertemente. Yo te adoro, ella dice besándolo y acariciándolo.

Meses después...

Jovan y Joel recorren el campo a caballo. ¿Vistes eso? pregunta Jovan. ¿Qué fue? pregunta Joel. Un animalito corrió frente a nosotros. Parecía un conejo. ¿Oye, habrán conejos por aquí? pregunta Jovan. No, a menos que se haya fugado uno de algún vecino, dice Joel. Ay no me digas que es el chupa chupa, dice Jovan. ¿Él qué? pregunta Joel. La cosa esa que chupa, dice Jovan. Ay no me hagas reír, ríe Joel. Vamos a ver si compramos algunos caballos. Me gustarían potritos para los gemelos, dice Jovan. Sí, también podemos comprar esos caballos pequeñitos que no crecen, dice Joel. Ah sí, buena idea. Así los niños los pueden montar y una vez crezcan pues que monten los otros caballos, dice Jovan. ¿Qué vamos hacer para el cumpleaños de Maya? pregunta Joel. ¿Tienes alguna idea? pregunta Jovan. Pensé que quizás la debemos llevar a un restaurante, cenar, bailar y pues uno de nosotros puede llevarla a un hotel, dice Joel. Pues vamos a pensarlo bien porque debemos todos estar juntos, dice Jovan. Joel traga gordo. Él ya lo había pensado. Era casi imposible no hacerse la fantasía de ambos estar con ella a la misma vez. Ellos lo habían hecho antes y era un placer inmenso. Mira ahí va el chupa chupa de nuevo, dice Jovan. Oye parece un conejo, dice Joel. ¿Sí pero es bien pequeño, y si es un ratón? pregunta Jovan. Vamos a ver si lo atrapamos. Se metió por debajo de esas rocas, dice Joel desmontando el caballo. Jovan también desmonta. Vete al otro lado y lo agarras cuando salga, dice Joel moviendo las piedras. ¡Diablos! grita Jovan. Míralo que lindo, dice Jovan con un conejito blanco en sus manos. Ay que lindo esta, dice Joel. Se tiene que haber fugado de algún rancho pero de a donde si por aquí no hay nada, dice Jovan. No lo sueltes. Vamos a llevárselo a Maya, dice Joel. Ah no, ahora se pone a jugar con él y no nos hace caso, dice Jovan. Joel ríe.

El Campo floreció y con él, árboles de frutas. Construyeron el puente y autos ahora podían cruzar el río fácilmente entrando a la propiedad, la cual estaba cercada y protegida. Construyeron un local para estacionamiento y le abrieron las puertas al público. Incluyeron el rancho y los caballos, el gallinero, veinte conejos enanos, cotorras y otros pájaros exóticos, tortugas y cerditos enanos vietnamitas, dos kioscos con alimentos y refrescos, sombreros de pajillas y bolsas para las mujeres inclusive juguetes para los niños. Ciano y Ana se ocupaban de los kioscos. Poco después las escuelas comenzaron a traer a sus alumnos y luego comenzaron a llegar los turistas. En poco tiempo había columpios para los niños y una feria con estrella y contrataron payazos y otros personajes para los niños.

Maya dio a luz a una niña y la llamaron Jolie. Ay déjame verla. Que linda es, dice Jovan con la niña en sus brazos. Dámela, dice Joel. Vete para allá, la has tenido todo el día, dice Jovan. Se sientan con la niña. Mírala, ay no me digas que va a ser china, dice Jovan. ¿Tú crees? pregunta Joel. Sí, los gemelos no se veían así de chinos, dice Jovan. Ay me muero si tiene los ojos de Maya, dice Joel. Mírale las manitas que pequeñitas. Dámela, dice Joel. Mírale los pies... es una muñeca, dice Jovan. Dámela, repite Joel ahora rogando.

Oye bandidos, denme a mi nieta, dice Ciano acercándose a ellos. Jovan le entrega la niña. Me la tienen toda estrujada, dice Ciano besando a la niña. Es la misma Maya cuando nació. La misma, dice Ciano sonriendo.

Maya y Ana observan desde la habitación. Ay mamá no la sueltan, dice Maya. Es preciosa. Son cómicos esos chicos, ríe Ana. ¿Bueno y tú como estás? pregunta Ana. Muy bien y muy feliz. Me tienen como si fuera una reina. No sabes como me tratan. Ellos atienden a los niños y limpian la casa y todo lo hacen. Están felices los dos y se la pasan jugando y paseándose a caballo, dice Maya. Son unos bandidos, como dice Ciano, ríe Ana.

El Morro: San Juan

Mira que bello el mar desde aquí, dice Joel. Jovan y Maya se acercan. Estaban en el Morro celebrando el cumpleaños de Maya. Ay qué belleza, ella dice aspirando el aire del mar.

Vamos a caminar por la playa, dice Jovan. Los tres manos en mano caminan a la orilla del mar. Soy tan feliz, ella dice. Que bien porque si tú no eres feliz nosotros nos vamos muriendo poco a poco, dice Jovan. Así mismo es, dice Joel. Maya, quería hacerte una pregunta y no me he atrevido, dice Jovan. ¿Qué es? ella pregunta. Pues no tienes que hacerlo si no quieres pero nosotros estábamos pensando que... podríamos todos dormir juntos, dice Jovan temerosamente. Joel cambia su vista deprisa y traga gordo. Ella sonríe. Me perdonan... yo lo había pensado desde que los vi juntos la primera vez, ella dice. ¿De veras? pregunta Jovan. Sí, es una fantasía y no pude evitarlo. Me atraen tanto los dos al igual, ella dice. Ellos se miran a los ojos. Pues que bueno, dice Jovan. ¿Y tú qué piensas Joel? ella pregunta. Pues... me avergüenzo, él dice. No seas tonto, dice Jovan.

Todos regresan al hotel...

Joel se retiró a su habitación. Joel, llama Jovan. Ven, hombre, él llama. Joel entra con ellos. Todos se sientan a tomar champaña. Mira que bello el paisaje desde la terraza, dice Maya. Será divino de noche, dice Joel. ¿Te gusta la pulsera? pregunta Jovan. Es divina y también la cadena pero tengo miedo a perderlas, ella dice.

Después de una hora... Maya se comienza a desnudar frente a ellos sensualmente. Estaba un poco ebria y muy apasionada. Ellos la miran de arriba abajo. Ella era una mujer muy hermosa. Estaba rasurada y ellos comenzaron a excitarse. Se acercó a ellos y ellos comenzaron a acariciarla, besándole las piernas, las nalgas, todo el cuerpo y ella comenzó a gemir. Jovan le mete la mano entre las piernas penetrándola con sus dedos y ella se enloqueció y lo empuja a la cama y comenzó a mamarlo enloquecida y Joel sin poder resistir, la penetra por detrás llevando su mano al frente y penetrándola con sus dedos y los tres se perdieron en otro mundo... prohibido... sin palabras... un mundo de placer... de fantasías... el mundo de los gemelos Ávila.

Maya, Joel y Jovan vivieron juntos todas sus vidas y tuvieron otro par de gemelos varones. No sabían quien era el padre pero no importaba. La propiedad floreció y se llenó de periodistas, de gente famosa y de eterna felicidad.

Esto ocurrió en un rincón de mi alma y todavía existen allí juntos disfrutando de lo prohibido y a donde solamente se encuentran historias escritas en paginas en blanco... son cuentos de ayer...

 

*** Fin***

Al igual a mucha de mis historias de amor, esta fue publicada en los archivos viejos de libros en blanco... bajo el título... Cuentos de Ayer.

Original de Irma Luz Medina

 

 

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