Introducción
En un
mundo donde todo es posible viven los hermanos
Joel y Jovan, gemelos idénticos.
Durante
sus años de escuela, los hermanos permanecieron
fieles a su sangre y jamás fueron descubiertos
por esos a los cuales ellos engañaron.
Fueron
convirtiéndose en hombres y sus pasiones y
secretos también incluyeron el engaño a sus
parejas. El engaño que secretamente vivieron
durante sus vidas. Lo compartieron todo, sus
mujeres, sus empleos y sus sueños.
Esta
historia abre las puertas a una realidad que
posiblemente estén viviendo esos que se miran a
los ojos como si se estuvieran mirando al
espejo.
Toma mi
mano, acércate. Vamos a entrar al mundo de...
los gemelos Ávila.
***
Joel
por teléfono
Despierta y contesta el teléfono, piensa Joel.
Hola, contesta Jovan. ¿Te desperté? pregunta
Joel. Sí, estuve de parranda con una fiera
anoche, dice Jovan bostezando. Mira, tengo un
problema bien feo y te necesito, dice Joel.
Habla, dice Jovan. Pues es que he conocido a una
mujer que me trae loco, dice Joel. No le veo el
problema, dice Jovan. Es que salgo a la costa
mañana por unos días, cosas de negocios y estoy
casi, casi por llevármela a la cama, dice Joel.
Pues que te espere, hombre, dice Jovan. No
entiendes, hay unos tipos también detrás de ella
y este fin de semana van a reunirse todos en un
rancho y si no estoy me la quitan, dice Joel
nervioso. Estas bien mal, cálmate. ¿Qué quieres,
que yo vaya y te haga el favorcito? pregunta
Jovan. Pues sí. ¿Tienes tiempo? pregunta Joel.
Sí, tengo unos días libre
y pensaba llamarte ya que hace tiempo que no la
pasamos juntos, dice Jovan. Pues la vas a pasar
muy bien. Es una mujer divina y te va a gustar
mucho. Quiero que me la calientes para cuando yo
regrese, dice Joel. A ver si puedo, estuve toda
la noche con una mujer que me dejó destrozado,
dice Jovan. Ay, por Dios, Jovan, no me falles,
dice Joel. Está bien, tranquilo, dice Jovan.
Ahora mismo te envío los datos por correo
electrónico. Yo me mantengo en contacto, dice
Joel colgando.
Ay la
vida del pobre, dice Jovan levantándose y
entrando al baño a ducharse y afeitarse. Jovan
era un hombre que le gustaba su barbilla y sus
bigotes pero a Joel no y cada vez que le hacia
un favorcito tenía que afeitarse y recortarse
sus cabellos largos.
Después
de veinte minutos sale a su habitación y checa
sus mensajes en la computadora. Había un mensaje
de Joel, lo abre. Había una foto de la mujer, la
victima, pensó Jovan.
Rayos
qué hermosa mujer, dice Jovan ahora muy
interesado. La mujer en la foto tenía unos
cabellos largos negros y unos ojos castaños bien
grandes y claros. Tenía una boca bien linda con
unos labios gruesos, su piel trigueña como café
con leche. Estaba en traje de baño bikini. Tenía
unos senos grandes, una cintura pequeña y unas
caderas grandes y hermosas. Estaba entonada con
unas piernas largas y sensuales. Tenía una
mirada apasionada en sus ojos.
Que rica
esta. Este tipo siempre se encuentra con
bellezas y a mí ni se me acercan las moscas.
¿Qué será? ¿Qué tiene él que yo no tenga? Este
misterio se tiene que resolver y pronto, dice
Jovan vistiéndose.
Él
imprime el correo electrónico y se lo mete al
bolsillo. Un rancho de ricos en Santa Mónica.
Tendría que fingir muy bien, él pensó. Esta
mujer no se les podía escapar, era un tesoro,
piensa Jovan.
Harrison Ranch
Jovan
llega al rancho y es dirigido por un empleado
del rancho hacia el estacionamiento. Él
estaciona mirando a su alrededor. Era un sitio
lujoso y bien retirado de la ciudad. No había
visto una sola persona en las últimas cinco
millas del viaje. Solo había vacas y algunos
caballos. Ojalá no sea un chorro de religiosos,
piensa Jovan saliendo del auto. Unos hombres lo
dirigen al rancho.
Era un
rancho grandísimo construido en una madera
fuerte con pilares gigantescos y rodeados de
árboles. A poca distancia había otro rancho más
pequeño y Jovan se imaginó que eran los
establos.
Él entra
al rancho a donde había dos parejas mas sentadas
conversando. Buenos días, él dice. Buenas, todos
contestan. Usted debe ser Joel Ávila, dice una
de las mujeres. Así mismo. ¿Con quién tengo el
gusto? él pregunta. Yo soy Carmela y ella es
Estela, Jorge y él es Fabio, dice Carmela
dulcemente. Los hombres se dan las manos. Bueno
estamos esperando a Deyma, dice Carmela. A Jovan
se le había olvidado el nombre de la chica.
¿Diablos será ella? él se pregunta sonriendo.
¿Qué le gustaría tomar? pregunta Estela
coquetamente. Un whisky, en la piedra, gracias,
dice Jovan tomando asiento.
Estábamos comentando sobre las propiedades en
estas partes del mundo. Ya ve que aquí es un
peligro comprar terreno porque de un día al otro
se quema todo, dice Jorge. Pues así es pero en
otras partes del mundo es lo mismo. Es un riesgo
y con una lluvia fuerte se inunda todo, dice
Jovan. Por eso comprar en el llano no es buena
idea, dice Fabio. En las montañas como las
cabras tampoco, dice Jovan sonriendo. Como las
cabras, ay que gracioso, dice Carmela.
Ahí
llegó Deyma, dice Estela. Jovan se puso un poco
nervioso. ¿Será esta la mujer? Qué mierda, debió
haber consultado el email, él piensa.
La
mujer entra...
Los hombres se pusieron de
pies enseguida. Hola Deyma, dice Carmela
abrazándola y besándola en la mejilla y luego
Estela hace lo mismo. Jorge rápido acudió a ella
prestándole ayuda con su bolsa. Debes estar
rendida, dice Fabio también acercándose.
Pues sí,
ay qué calor, ella dice mirando a Jovan de
arriba abajo. Ya conoces a Joel, dice Carmela.
Sí, nos conocimos ayer en la fiesta de Merce,
ella dice. Que bien volver a verla, dice Jovan
un poco nervioso. Ella era una aparición del
cielo y su foto no le hacia justicia. Era
hermosa, sin maquillaje y era sencilla. No como
las otras dos mujeres en el grupo que tenían
demasiado maquillaje y estaban vestidas súper
inadecuadamente para un rancho, él piensa. Los
ojos castaños de Deyma eran grandes pero tenía
algo muy raro, él piensa, se apagaban un poco,
con el peso de sus pestañas largas y parecía
estar apasionada. Sus labios eran un beso, no
había otra manera de describirlos. Que hermosura
de mujer, él piensa y eso que todavía le faltaba
mirar el resto de su cuerpo.
Todos
tomaron asientos tomando bebidas alcohólicas y
comiendo bocadillos. Jorge estaba muy interesado
en Deyma y a cada rato hacia por interrumpirla
cuando ella estaba conversando con Jovan. Jovan
se molestó y pensó entre sí... esta es para mi
hermano y no le voy a fallar así que échate a un
lado, imbécil. Jovan sonríe dulcemente mientras
piensa como la iba hacer caer en sus manos.
Después
de un rato, uno de los empleados del rancho los
vino a buscar para almorzar y todos fueron
dirigidos a un comedor gigantesco. Jovan mira a
su alrededor admirando el decoro. Qué horror, él
piensa, al ver cabezas gigantescas de alce y
otros animales.
Ellos
toman asientos y Jorge se asegura que Deyma se
siente precisamente junto a él. Carmela se sentó
junto a Jovan coquetamente sonriendo. Qué
mierda, esto me esta fallando. Tendré que ser
más agresivo o me la quita el pesado de Jorge,
piensa Jovan.
Me
imagino que todos somos solteros, dice Jovan.
Sí, y es por eso que estamos aquí para
conocernos mejor. Es difícil encontrar pareja
hoy día a menos que uno se arriesgue y vaya a
los clubes nocturnos, dice Estela. Hay algunos
clubes con muy buena reputación, dice Jovan. Sí,
pero si vas con tu pareja. Si no, te arriesga a
llevarte un hombre que se ha convertido en mujer
con cirugía plástica, ríe Fabio. Ay qué horror.
Se me quitó el apetito, dice Jovan. Todos ríen
alegremente.
Vamos a
montar a caballo después del almuerzo, dice
Carmela. Muy bien, dicen todos.
Después
del almuerzo todos se retiraron a sus
habitaciones a cambiarse de ropa para montar.
Jovan
entra a su habitación, saca el email y vuelve a
leerlo. Qué mierda, no puedo perder a esta mujer
y no tengo la sabiduría de Joel para
conquistarla. Me tendré que desnudar y
enseñárselo, esa será la única manera de
convencerla, piensa Jovan vistiéndose.
Todos
salen afuera y los empleados del rancho los
llevan a los establos. Esta vez Jovan se asegura
de caminar junto a Deyma. ¿Vas a montar sola o
te gustaría montar conmigo? él le pregunta.
Pues, yo la verdad es que les tengo miedo a los
caballos pero no me atrevo ser aguafiestas, ella
dice dulcemente. Entonces monta conmigo, él
dice. Está bien, ella dice.
Todos
montaron los caballos. Ella va a montar conmigo,
dice Jovan al ver que Jorge la estaba tratando
de convencer que montara un palomino pequeño.
Pues que bien, dice Jorge molesto montando su
caballo.
El
empleado del rancho ayuda a Deyma a montar
frente a Jovan. Ya la tengo, piensa Jovan. Era
muy fácil seducir a una mujer una vez la
tuvieras así tan cerca. El movimiento del
caballo y sus cuerpos tan cerca era irresistible
y Jovan lo sabía. Nunca le había fallado.
Una vez
comenzaron el camino a caballo, Jovan se relajó
y comenzó a hablarle a Deyma.
No puedo
ni imaginarme que una mujer tan hermosa como tú
esté sola, dice Jovan. Gracias, es que mis
padres son muy estrictos y se me hace difícil
conocer muchas personas de mi edad, ella dice.
¿De donde eres? él pregunta asegurándose que su
aliento la acariciara en el oído, en el cuello.
Yo soy española pero nací en Santa Mónica. Mis
padres son de Valencia, ella dice. Me encantan
tus ojos. Parecen que se quieren dormir a cada
rato, él dice en una voz bajita y apasionada. El
cuerpo de Deyma contra su hombría lo tenía
excitado y perturbado. Un aroma a flores
silvestres invadía todo su cuerpo y los cabellos
de Deyma lo habían seducido sin esfuerzo alguno.
¿Y tú de donde eres? ella pregunta. Yo nací en
Los Ángeles de padres puertorriqueños, él dice.
No sé por qué pero me imaginé que eras
puertorriqueño, ella dice sonriendo. ¿Y eso por
qué? él pregunta. Eres muy caliente. Se te ve en
tu mirada, ella sonríe. Ay perdona, él dice
disculpándose. No te disculpes. Me gustas mucho,
ella dice. ¡Cayó! él piensa.
Después
de un rato él desvió su caballo dejando a los
demás atrás. Ay qué susto, ella dice. No temas,
él dice. Él lleva el caballo bajo un árbol y
desmontaron. Ay... ella dice. ¿Qué fue? él
pregunta. No estoy acostumbrada y ay... qué
dolor, ella dice aguantándose entre sus piernas.
Perdona, será mejor que montes detrás de mí. El
caballo es mas plano atrás, él dice. El sillín
es un peligro, ella dice. Ven siéntate aquí, él
dice llevándola bajo el árbol. Ella se sienta y
él se sienta junto a ella.
Sí me
permites yo puedo sobarte y hacerte sentir mucho
mejor, él dice. Ella lo mira un poco
avergonzada. Perdona, no es lo qué crees, es
solo un sobo, él dice. Él se acerca y la besa en
la boca y ella corresponde y luego la besa mas
fuerte buscándole la lengua con la suya,
mordiéndola y metiéndole la mano entre las
piernas sobándola, acariciándola. Le desabotona
la camisa y le empuña los senos y los toma en su
boca mordiendo, chupando. Ella sube una pierna
hacia él y él le quita el pantalón y se lo baja
y le mete la mano entre las piernas
acariciándola con sus dedos. Ella comienza a
gemir. Él trata de bajarle los pantalones pero
era difícil ya que eran pantalones de montar y
eran bien ajustados a su cuerpo. También tenía
unas botas largas y Jovan se desespera y la
voltea. Se arrodilla y la penetra de atrás por
delante y enloquecido la monta sin bajarle los
pantalones de las rodillas abajo. Qué placer era
estar con ella. Era divina y sus cabellos largos
eran un placer para halarlos, para acariciarlos.
¿Te sientes mejor? Él le pregunta ondulando. Sí,
mucho mejor, ella contesta apasionada. Pues dime
si quieres que te lo meta más hondo, él dice
perdiendo la razón, la vergüenza, apasionado. Ay
sí, ella dice. Él la agarra del pelo y lleva su
brazo por debajo de las caderas de Deyma
subiéndola hacia él y la penetra más y ella
grita. Ay... ella dice al sentirlo y después de
unos minutos ambos logran un orgasmo y quedan
rendidos, abrazados.
Ay lo
que tengo que hacer por ti Joel, piensa Jovan
componiéndose y vistiéndose.
Ella
también se viste y estaba avergonzada. No podía
verlo a los ojos. Él la abraza. No temas, él
dice dulcemente acariciándole el rostro. Que
bella era. Le gustaba mucho esta mujer. Iba
tiempo que no le gustaba tanto una mujer como
esta. Era divina y lo tenía en las nubes. Él
volvió a besarla tiernamente en los ojos.
En eso
el resto del grupo se acercó a ellos y todos
desmontaron para descansar. Tomaron agua y
comieron uvas sentados en una sabana de playa.
La
Empresa - Un Nuevo Horizonte - Compañía de
Construcción
Muchacho, me alegro que estés aquí. Eres siempre
muy puntual y fiel y sé que puedo contar
contigo, dice Heracio. No le faltaría, dice
Joel. Todos esos terrenos los vamos a tener que
preparar para la construcción de los
condominios. Mirando bien los planos a mí me
consta que se olvidaron de añadir la cancha de
tenis, dice Horacio. Sí, pero vamos a tener que
construir todo lo demás primero porque la cancha
no es lo más importante, dice Joel. Así es. A
ver como hacemos para trabajar sin perder tiempo
y logramos todo antes del tiempo contratado. Así
nos vamos de vacaciones, dice Horacio.
Joel se
paró arriba de una loma a mirar el llano y el
terreno para la construcción. Si Jovan estuviese
ahí ahora mismo que pensaría sobre lo de la
cancha de tenis. Era Jovan él más inteligente,
él más audaz y el que siempre lo sacaba de
aprietos. Tendría que consultar con él. Ellos
habían estudiado lo mismo y se apoyaban uno al
otro con sus empleos y a veces se cambiaban de
puestos para asesorasen y disfrutar del cambio.
Pero era Jovan quien hacia las decisiones más
arriesgadas y más productivas, el cual lo guiaba
y la razón por la cual él ahora era un gerente
muy respetado con un empleo bien lucrativo.
La
Casa Flores
No sé
como dejaste a Deyma salir con esos gringos. A
lo mejor la involucran en negocios chuecos, dice
Demetrio. No te preocupe ella sabe lo qué hace.
Además no eran gringos. Todos son latinos, dice
Graciela. Sí, pero tú bien sabes como cambia la
gente en este país, dice Demetrio. Es solo por
unos días y yo sé a donde fueron. Es un rancho
en Santa Mónica muy famoso y elegante, dice
Graciela. Se debió haber llevado a Demaris, dice
Demetrio. Damaris no quiso ir con ella. Además
iban en parejas, dice Graciela. ¿Cómo qué en
parejas? Ella salió de aquí sola, dice Demetrio.
Ay por Dios Demi, dale un descanso a ese mal
pensamiento que siempre tienes en la cabeza,
dice Graciela. Ya veremos, dice Demetrio.
Harrison Ranch
Todos se
sentaron a la mesa del comedor a cenar. Esta vez
Deyma se sentó junto a Jovan. Jorge lo miraba
molesto. Qué mierda, piensa Jorge, tendré que
meterle mano a la pesada de Estela y lo mucho
que me gusta Deyma.
¿Ya
vieron la piscina? pregunta Carmela. Sí, es
grandísima. Lo mejor es que está dentro del
rancho. Así no tendremos que temerle al sol,
dice Estela. Así mismo y también podemos
meternos de noche y desnudos, ella dice. Todos
se miran uno al otro. ¿Cómo qué desnudos?
pregunta Deyma nerviosa. ¿Pues por qué no? Somos
adultos y aquí todo vale, dice Carmela. Yo no
voy a meterme desnuda, dice Deyma. Ay Deyma, tú
bien sabes como son estas cosas. Mujer, mañana
nadie se acuerda de tu nombre, dice Estela. Pues
que bien pero yo me voy acordar de los suyos,
ella dice. Jovan ríe. No tienes que hacer nada
que no quieras, dice Jovan. Gracias, ella dice
molesta. Oye Joel, tú bien sabes que aquí todo
se vale. No es tu primera vez, dice Carmela.
Pues sí, pero tampoco es obligación, él dice.
Pues se acostumbra a cambiar de pareja la
segunda noche, dice Jorge. Sí, así nos conocemos
mejor y podemos elegir entre nosotros con quién
queremos seguir una vez volvamos a la ciudad,
dice Estela. Jovan se incomodó un poco. Él jamás
había jugado estos juegos de parejas ni tampoco
había estado en este rancho antes. Joel era el
que se pasaba en estas cosas. Él a cambio era un
poco más tímido y en cosas de mujeres no era tan
experto como su gemelo. Si no fuera por Joel, él
a lo mejor no tendría mujeres tan a menudo como
ahora. Joel las buscaba, las seducía
expertamente y las pasaban entre ambos
manteniéndolas satisfecha. Él nunca lograba
enganchar una mujer bien enganchada. Todas se
deslizaban como arena por sus dedos después de
un tiempo. Era porque a él no le importaba estar
con mujeres extrañas. A él le gustaba llevar
relaciones y conocer bien a la mujer. Era un
hombre más fiel que su gemelo. Que rico era
probar de todo un poco. No sabría qué hacer sin
su hermano.
Después de la cena
Todos se
sentaron a conversar y tomar. Carmela estaba
ebria y se sentó en la falda de Jovan. Cambia de
pareja y vámonos a mi habitación que quiero
enseñarte algo, ella le dice en el oído. Él se
compone en su asiento. Deyma y Jorge estaban
conversando al lado del piano. Él traga gordo.
¿Por qué no te llevas a Jorge? Lo vi muy
apasionado mirándote durante la cena. Ese hombre
está bien caliente y tú le gustas mucho, dice
Jovan. ¿Tú crees? ella pregunta interesada. Sí,
además él me lo confesó. Me dijo que eres la
mujer ideal y que no piensa perderte, miente
Jovan. Ella se levanta y se dirige hacia el
piano y comienza a conversan con Jorge. Jovan le
hace señal a Deyma para que ella salga afuera.
Estela y Fabio se habían retirado a una de las
habitaciones.
Una
vez afuera
Deyma,
vamos a la habitación antes que Jorge quiera
contigo, él dice. Sí, vamos, ella dice contenta.
Ellos suben a la habitación silenciosamente. Una
vez adentro, la toma en sus brazos y la besa y
ella corresponde. Él la desviste y ella lo
desviste y se meten al baño bajo el agua tibia
de la ducha. Él la enjabona acariciándole el
cuerpo y ella hace lo mismo. Me gustaría verte
de nuevo, él dice. A mí también me gustaría
volver a verte, ella dice. Ella lo toma en su
mano y lo acaricia llevando su mano hacia atrás
y acariciándolo todo. Se baja frente a él y lo
toma en su boca y él cierra la llave del agua.
La levanta y le muerde los senos metiéndole los
dedos entre las piernas y ella gime de placer.
La saca del baño, la seca con la toalla y la
levanta del piso en sus brazos llevándola a la
cama. La coloca en la cama atrayéndola hacia el
nivel y le hace el amor con su lengua, con su
boca y la lleva a un clímax. Luego la voltea y
al nivel de la cama la penetra esta vez por
detrás levantando las piernas de Deyma con sus
manos y ondulando hasta ambos llegar quedar
exhaustos y satisfechos.
Se
quedaron rendidos y se metieron a la cama
abrazados y se arroparon con la sabana
quedándose dormidos.
La
mañana siguiente...
El
celular de Jovan suena y él responde. Sí, soy
yo, él dice. ¿Jovan, como van las cosas? Dime
que me aseguraste la hembra, por Dios, dice
Joel. Pues sí. No tienes nada de que
preocuparte. Aquí esta a mi lado. Pasé la noche
con ella y es divina, dice Jovan. Te debo una,
hombre, dice Joel. Oye Joel, esta es en serio.
Quiero volver a estar con ella y pronto, dice
Jovan. Está bien, no te preocupes. Mira, acabo
de conocer a la hija de mi jefe y esta de uno
chuparse los dedos. Dime si quieres pasarte unos
días por acá. Eso sí, es bien caliente y me dejó
adolorido anoche, dice Joel. Pues para mañana es
tarde, dice Jovan. Yo les dije que tenía algunas
cosas qué hacer durante el día pero que volvería
para la cena. ¿Puedes? pregunta Joel. Pues claro
que sí. Ahí estaré. Mientras tanto me disculpo
aquí y luego tú te aparece, dice Jovan. Sí,
estoy ansioso por estar con Deyma, dice Joel. Te
veo en el Sonic que queda en la calle ocho. Así
nos cambiamos de ropa, dice Jovan. Ahí estaré,
dice Joel colgando. Jovan lleva su mirada hacia
la cama donde Deyma dormía, se viste y sale del
rancho.
El
Sonic
Hola,
dice Joel abrazando a Jovan. Que bien té ves.
¿Tomaste sol? Diablo se van a dar cuenta, dice
Jovan. Es que no pude evitarlo estábamos
trabajando afuera todo el día ayer, dice Joel.
Pues aquí están las notas de lo qué pasó ayer
con la construcción y con Nuria. Es divina pero
jovencita y más culeca que una gallina, dice
Joel. Jovan ríe. Aquí están los datos de lo qué
pasó ayer. Ella esta durmiendo en la habitación
numero siete así que avanza y tienes tiempo a un
cantito, dice Jovan. Qué rico, por ahí voy, dice
Joel. Yo pronto tendré que volver a la
construcción. Solo me queda un día de
vacaciones, dice Jovan. Pues que bien. Tendrás
que usar la barba y los bigotes postizos porque
no te van a reconocer, dice Joel. Es una mierda
tener que afeitarme. Por qué no te dejas crecer
el pelo y la barba, hombre, dice Jovan. Porque
tenemos que mantener nuestras apariencias si no
alguien nos va a descubrir, dice Joel. No te
olvides que yo lo tengo más grande que tú y que
también nos pueden descubrir, ríe Jovan. Cállate
y no jodas, dice Joel riendo. Se cambian de ropa
en el baño y salen y se cambian de autos. Hasta
pronto, cuídate, dice Joel. Tú también, dice
Jovan.
El
Rancho
Joel
llega al Rancho y corre a la habitación siete.
Ella dormía todavía. Él entra y se desviste y
entra a la cama con ella. La voltea de lado y de
espaldas hacia él. Se acurruca a su cuerpo por
detrás y comienza a acariciarla con su mano
entre las piernas y ella comienza a gemir y
ondular su cuerpo y él la penetra de atrás pero
por delante volteándola en la cama y ondulando
enloquecido con el placer de finalmente estar
con ella. Estaba erecto. Esta mujer lo hacia
prenderse como una luz. Se desesperó y la mordió
en el cuello, chupando, lleva sus manos a su
cintura y atrayéndola hacia él hasta que ella
comenzó a torcerse, a estremecerse de placer, al
llegar a un clímax, él al sentirla vibrar, gritó
de placer y eyaculó violentamente. Que rica
estaba. Desde que la había visto por vez primera
sabía que esta mujer era un sueño en la cama y
ahora que Jovan lo había confirmado sería suya
por mucho tiempo. Quería una mujer segura.
Estaba cansado de buscar mujer. Quería una
novia. Alguien que le perteneciera a él... y a
Jovan, él piensa.
Jovan
y Heracio
Mi hija
se quedó hablando de ti toda la noche. Me alegro
que la hayan pasado bien en el teatro, dice
Heracio. Que rico estaba el teatro, piensa
Jovan, según los datos que Joel le había dejado.
Pues es una mujer encantadora, dice Jovan. Hoy
tienes el día libre. Ayer sufrimos bastante bajo
el sol. Oye como que se te desapareció el sol de
repente, dice Heracio. Sí, así soy. No se me
pega mucho el sol, dice Jovan. Llévate estos
planos al hotel a ver si puedes llegar a una
solución sobre lo de la cancha de tenis. Está
bien, dice Jovan. Heracio se mete al auto y
arranca y Jovan también hace lo mismo
dirigiéndose al Hotel Hilton.
Una vez
en el hotel se mete a bañarse y se cambia de
ropa, se acuesta en la cama mirando los planos
de la construcción. Allí estaba la cancha pero
no estaba definida en el mapa. Tendría que
hacerlo a mano y asegurarse que los planos
estuvieran correctos en la computadora. Encendió
la computadora y comenzó hacer los cambios a los
planos y al mapa incluyendo la cancha. Era un
genio en matemáticas y se le hacia fácil
llevarlo todo en la cabeza. Desde niños él era
quien corregía a su hermano y quien lo guiaba
pero en otras cosas su hermano era el jefe y se
respetaban mutuamente.
Harrison Ranch
Deyma y
Joel conversan en la piscina. Quisiera volver a
verte. ¿Me dejas tus datos? Sí, pero yo te lo
dejé todo anoche, ella dice. Ah sí pues no sé
que pasó que no los encuentro, dice Joel. Pues
esta es mi dirección y el teléfono de la casa.
Este es mi número de celu, ella dice. ¿De veras
que no tienes novio? él pregunta. No, ella
contesta. Joel, no tengo por qué mentirte. Me
gustas mucho y quisiera volver a verte, ella
dice dulcemente. ¿Me prometes una cosa? él
pregunta. ¿Y qué es eso? ella pregunta. No
vuelvas a salir con este grupo, él dice. Yo solo
lo hice porque tú ibas a venir. Jamás lo he echo
antes y no pienso volver hacerlo, ella dice. En
ese caso nos hubieras ahorrado a esta gente
pesada, él dice. Bueno pero nos conocimos y eso
era lo más importante, ella dice. Sí, tienes
razón, él dice. De aquí me tengo que despedir.
Yo vine en mi auto, ella dice. Pues sí, pero yo
sigo tu auto hasta la carretera principal, él
dice. Está bien, ella dice. Buen viaje, él dice
besándola tiernamente en los labios. Igualmente,
ella dice entrando a su auto.
El
Hotel Hilton
El
celular de Jovan suena y él contesta. Dime lo
qué pasó, él dice. Bueno todo muy bien. Se acaba
de ir. Ya te dije que me tiene en las nubes,
dice Joel. Sí, es bellísima y muy agradable.
Sabes que resolví el problema de la cancha. Ya
está todo en orden. Parece haber sido que nunca
estuvo en los planes principales y que lo
pensaron añadir después, dice Jovan. Eres un
genio. ¿Dime, ya conociste a Nuria? ¿Quién es
Nuria? pregunta Jovan. La hija de Heracio, dice
Joel. No, dice Jovan. Pues ya la conocerás, es
jovencita pero esta bien buena. Me pienso tomar
un día de descanso. ¿Me cubres mañana, verdad?
pregunta Joel. Sí claro, yo no regreso a mi
empleo hasta el lunes, dice Jovan. Si puedes,
mantenme a la chica caliente, dice Joel. ¿Oye
pero lo tuyo no tiene fin y qué va a pasar
cuando yo me encuentre con una chica que me
guste? pregunta Jovan. Yo te la caliento. Ya
sabes que nunca te he fallado, dice Joel. Esta
bien, son bromas. Cuídate y a ver si pronto
salimos juntos a conversar a largas, dice Jovan
colgando.
La
Casa Flores
¿Cómo la
pasaste? pregunta Graciela. Muy bien. Conocí a
un muchacho puertorriqueño muy gentil y me gusta
mucho, ella dice. Pues que bien. Sería muy lindo
que lo trajeras a conocernos. Así las cosas son
mas serias, dice Graciela. Pues es demasiado
rápido. Acabo de conocerlo y no lo quiero
asustar, dice Deyma.
Por ahí
anda tu hermana como una loquita otra vez con
ese tipo, Rafael, dice Demetrio. Ella sabe
cuidarse, dice Deyma. No es eso es que el tipo
es un descarado. Tiene ojos de lobo y lo estoy
velando, dice Demetrio leyendo el periódico.
¿Qué más
sabes sobre ese muchacho que conociste? pregunta
Demetrio. Pues muy poco. La verdad que lo he
visto solamente dos veces, dice Deyma. Tienes
qué hacer preguntas. Que no sea un adicto o un
traficante, dice Demetrio. Papá, para ti si no
son españoles son traficantes. Por Dios, dice
Deyma. Bueno ya sabes. A lo mejor sea mafioso,
él dice. Ella lo ignora y entra a su habitación.
Le
gustaba Joel mucho y quería conocerlo mejor. Era
tan guapo y tan gentil y que rico en la cama.
Que raro que la mañana siguiente estuviera tan
apasionado, tan erecto, después de solo horas.
Ay que rico está ese hombre, ella piensa.
El
Hotel Hilton
Jovan se
prepara para dormir cuando tocan a la puerta. Él
abre. Estaba solo en calzoncillos. Era una mujer
bien joven de unos cabellos lacios negros y
largos y unos ojos grandes y negros. Buenas
noches linda, él dice. ¿Puedo entrar? ella
pregunta. Sí, claro, él dice. Esta debe ser
Nuria. Era una mujer bien joven. Tendría no más
de veinte años, él piensa. ¿Qué hacías? ella
pregunta. Trabajando en la computadora, él dice
sentándose en la cama. Él la mira de arriba
abajo. Era bien linda y dulce con una mirada
triste y lejana. Desnúdate, él dice sin
vergüenza alguna. Ella se desnuda frente a él.
Lo estaba excitando la forma en la cual lo
hacia, provocándolo con su mirada, con sus
gestos. Tenía unos senos pequeños, bien lindos y
paraditos como a él le gustaban y estaba
rasurada. Era delicada con una piel blanca y
cremosa. Voltéate, él dice. Ella se voltea y él
se muerde los labios. Tenía una cintura pequeña
y un trasero grande y hermoso. Ella se mete a la
cama con él. No te invité a la cama, él dice.
Ella le mira incrédula. Él la mira a los ojos
fijamente. Ella se vuelve a salir de la cama. Lo
mira un poco asustada, avergonzada. Él estaba
respirando fuerte, le faltaba el aire. Tócate,
él le pide. Ella se comienza acariciar con su
mano. Ahí, él exige. Ella lleva su mano entre
sus piernas. Métete el dedo, él exige mirándola
fijamente a los ojos, sin aire, apasionado. Ella
obedece. Él estaba erecto, pulsando,
desesperado. Mámame, él dice en una voz bajita y
sofocada. Ella se acerca y lo toma en su boca.
Él se acomoda y levanta sus piernas y ella le
mete la lengua por detrás y le lame los
testículos y él gime de placer. Luego le levanta
las piernas a ella y se las colocas sobre sus
hombros y la penetra. Ella comienza a gemir
apasionada. A exigir mas y hablarle sucio y él
se enloquece y le muerde los senos, los labios.
La lleva a la desesperación y ambos quedan
rendidos enredados en sus cuerpos, en su placer.
Diablos,
él piensa, estas mujeres me están volviendo
loco. Era el placer de saber que compartía las
mujeres con su hermano. Que las quería mantener
saciadas pero enloquecidas por él. Sin embargo,
los ojos y la mirada apasionada de Deyma lo
perseguían. Ellos se cuidaban mucho de no
enamorarse pero siempre había una que otra que
los atraía mucho. Él mira a la mujer en la cama.
Era poco más que una niña pero era hermosa y le
gustaba mucho. Ella se levanta y entra al baño,
se ducha, sale y se comienza a vestir. ¿Adónde
vas? él pregunta. Me voy a mi casa, ella
contesta. Desvístete, él exige. No, ella
contesta molesta. Sí no te desviste te desvisto
yo, él dice. No te atrevas. Aquí la que manda
soy yo. ¿Yo soy la hija de tu jefe o se te ha
olvida eso? ella pregunta. ¿Me quieres decir que
estoy bajo tu mando? él pregunta molesto. Así
mismo, ella contesta. ¿Haces lo mismo con todos
los empleados de tu padre? él pregunta. No, pero
tú me gustaste mucho, ella dice. No vuelvas, él
dice. ¿Cómo que no? ella pregunta. No vuelvas,
él dice molesto. Ella sale de la habitación y
tira la puerta.
¿Diablos
qué hice? Joel se va a poner furioso conmigo, él
piensa metiéndose al baño y duchándose. ¿Por qué
le dije eso? Estoy perdiendo la razón, él
piensa. Él vuelve a salir cuando tocan a la
puerta. Él abre, esta vez completamente desnudo.
Era Nuria. Él abre mas la puerta dándole paso.
Ella se acerca a él temerosamente y lo besa en
los labios. No puedo irme. Eres como una droga y
me haces mucha falta, ella dice dulcemente.
Espérame y vamos a cenar, él dice.
Deyma
y Joel en un restaurante
Mis
padres son antiguos en muchos sentidos. Todavía
tienen la cultura española en sus venas y son
estrictos aunque se están adaptando a la cultura
americana un poco, ella dice. Pues que bien
porque nuestras culturas son muy rígidas y la
juventud sufre mucho, dice Joel. ¿Tienes
hermanos o hermanas? ella pregunta. Sí, tengo un
hermano, Jovan, y lo vas a conocer pronto. Somos
muy parecidos y muy unidos, dice Joel. Que bien.
¿Es mas joven que tú? ella pregunta. No, Jovan
es el mayor, él miente. Me encantaría conocerlo,
ella dice. ¿Bueno y tú? él pregunta. Pues tengo
una hermana, también muy parecida. Ya la
conocerás. Es una sorpresa, ella sonríe.
¿Sorpresa? él pregunta. Sí, me gusta ver la
reacción de la gente cuando la conocen. Es un
poco gracioso, ella sonríe. ¿Cuál es mayor? él
pregunta. Yo soy mayor, ella miente. ¿Pues y
ella tiene novio? él pregunta. No, es soltera
como yo, ella contesta. Podemos salir en
parejas. Tu hermana y mi hermano, tú y yo, él
dice. Que bien. Me encantaría, ella dice. ¿Y
cómo se llama tu hermana? él pregunta. Damaris,
ella contesta. Muy bonito nombre, él dice. Ella
es muy bonita, dice Deyma sonriendo. Le voy
hablar a mi hermano. Es mas, le voy a enviar un
mensaje electrónico rápido, dice Joel. Que bien,
ella dice sonriendo.
Jovan
y Heracio
Joel,
muchacho que bien. Todo está en orden. Eres un
genio y también veo que corregiste los pasillos
que estaban demasiado angostos, dice Heracio.
Sí, hice algunos ajustes y creo que los planes
están perfectos y podemos comenzar con la
construcción, dice Jovan. Que bueno, vamos a
terminar este proyecto en un dos por tres,
sonríe Heracio. Puedes tomarte unos días libres.
No hay nada que podamos hacer por ahora. Ahora
todo queda en manos de los obreros, dice
Heracio. Que bien, dice Jovan.
Jovan le
envía un mensaje al celular de Joel. Dos días
libres para ti. Joel le contesta enseguida.
¡Eres un genio!
Esa
tarde Joel y Jovan en una barra
Me fue
muy bien. Me gusta mucho Deyma, de veras, dice
Joel. Pues que bien, a mí también me gusta
mucho. Que bueno porque me gustaría llevar una
relación con ella, dice Joel. Ay sí, a mí
también. Entonces eso mismo vamos hacer. Oye
esto, ella tiene una hermana y quiere que la
conozcas. Así que vamos a planear como
encontrarnos todos pero déjate la barba crecer
así que te doy unos días, dice Joel. A mí la
barba me crece de un día al otro. La chica,
Nuria, estaba rica, dice Jovan. Sí, así es y lo
peor es que me gusta mucho también, dice Joel.
Pues no sé cuanto tiempo podamos llevar dos
mujeres pero a ver si se puede, dice Jovan. ¿Y
si te gusta la hermana de Deyma? pregunta Joel.
Me lleva el diablo. No sé si tenga para tres
mujeres, ríe Jovan. ¿Pues que rico sería, no?
pregunta Joel. Estamos enfermos, ríe Jovan. En
ese caso nos vamos a morir con gusto, ríe, Joel.
Mañana
voy a ver a una millonaria que me contrató para
construir una casa de campo. Paga muy bien.
Estos contratos son muy lucrativos. Él último
fue con una artista de Hollywood que quería
extender su casa y construir una piscina más
grande. Contraté a unos hombres e hicimos el
trabajo rápido y la mujer me ha recomendado a
sus amistades. Me gusta trabajar así. Soy mi
propio jefe, dice Jovan. Sí, "freelance" es lo
mejor del mundo. Yo en cuanto termine este
proyecto, que ya sabes es un proyecto bien
grande, vuelvo a "freelance", dice Joel. Es rico
porque también se puede trabajar de la casa,
dice Jovan. Así es. ¿Dime, no te pusiste con
cosas vulgares con la chiquita verdad? pregunta
Joel. Pues un poco. No pude evitarlo, me
enloqueció y se me metió el diablo, dice Jovan.
Sí, así es pero dime en detalle no sea que yo
vaya y meta la pata, dice Joel. Sí, ya te
contaré todo, dice Jovan.
La
Casa Flores
Deyma
y Damaris
Es un
hombre muy guapo y mira Damaris, tiene unos ojos
verdes y una piel bronceada que para qué hablar.
Me tiene en las nubes, dice Deyma. Estoy segura
que tiene que ser bien guapo. Bueno pues yo con
mucho gusto. Ya sabes que todavía estoy saliendo
con Rafael, dice Damaris. No te preocupes ya
sabrás como manejar a dos hombre. Lo haz hecho
antes, dice Deyma. Bueno si me gusta el tipo te
lo dejo saber enseguidita, sonríe Damaris.
El
Hotel Hilton
Jovan
entra a su habitación y se cambia de ropa y baja
a la barra. Sube y dúchate y cámbiate si
quieres, dice Jovan. Ya voy es que estoy leyendo
estos "emails", dice Joel con su laptop en
manos.
¿Oye
Joel, esa no es Deyma? pregunta Jovan. ¿Deyma?
pregunta Joel volteándose en su asiento. Se
queda mudo. ¿Qué diablos hace aquí a esta hora?
pregunta Joel molesto. Tranquilo, no puedes
dejar que te vea. Qué susto si nos llegase a ver
juntos. Diablos, mírala se va con ese tipo al
ascensor, dice Jovan. Eso quiere decir que se va
a la cama con él, dice Joel molesto. Tan seria
que se veía. Ya ves, uno no puede confiar en
nadie, dice Jovan. No puedo negarte que sienta
celos, dice Joel. Pues yo también siento celos,
dice Jovan. Me ha estado tomando el pelo la muy
puta, dice Joel. Contrólate, dice Jovan
nervioso. ¿Estás seguro que es ella? pegunta
Joel. Pues claro que sí. Tú mismo la viste, dice
Jovan. Esto no se queda así, dice Joel furioso.
Qué mierda. La primera mujer que me gusta de
veras y lo peor es que tengo cita con ella en
una hora. ¿Cómo puede ser que esté aquí?
pregunta Joel. Qué descaro, dice Jovan.
Joel
llama a Deyma por celular y ella contesta. Hola,
él dice. Hola, ella contesta. ¿Nos vamos a
encontrar como planeamos? él pregunta. Pues
claro que sí y estoy llegando al hotel, ella
dice. ¿Cómo que ya estas llegando al hotel? él
pregunta. Pues estoy en ruta, ella dice. ¿De
veras? él pregunta. Pues te veo pronto, él dice.
Me dice
que esta en ruta, dice Joel. Qué descaro, dice
Jovan molesto. Le voy a pedir cuentas, dice
Joel. No te pongas muy brusco, ya sabes que
acabas de conocerla, dice Jovan. Odio que
jueguen conmigo, dice Joel tomando cerveza. Sí
se van a encontrar aquí entonces yo debo irme a
mi habitación. No sea que me vea, dice Jovan. Es
que su hermana también iba a venir a conocerte,
dice Joel. Qué mierda. Pues quizás su hermana no
esté nada mal, dice Jovan. Me gusta Deyma,
carajo, dice Joel. Está bien, cógelo con "take
it easy", dice Jovan. Mira, en cuanto llegue me
la llevo a tu habitación. Así que dame tiempo.
Yo te aviso cuando puedas subir. Le voy a pedir
cuentas y luego bajamos y nos encontramos aquí a
ver si se aparece la otra putita, dice Joel
furioso. Jovan traga gordo. Era muy difícil
controlar a Joel cuando se enfurecía. En eso
eran muy distintos. Él era más calmado y tomaba
la vida suave pero Joel era intenso y tenía un
genio del demonio.
Después de media hora
Mírala
ahí viene, dice Jovan. ¿De donde vino? No la vi
bajar el ascensor, dice Joel. Yo tampoco pero
ahí esta. Tranquilo, dice Jovan.
Deyma se
acerca y lo besa en la mejilla quedándose muda
al ver a Jovan. Ella toma asiento todavía
mirando a Jovan a los ojos. ¿Es tu hermano? ella
pregunta. Sí, este es Jovan... Deyma, dice Joel.
Mucho gusto, dice Jovan cambiando su vista
deprisa. Dios mío que mucho se parecen, ella
dice mirándolo incrédula. Así dicen todos, dice
Jovan. Hasta la misma voz, ella dice espantada y
con su mano en su boca. No tanto, somos muy
diferentes, dice Joel todavía mirándola molesto.
Ay no Dios Santo se parecen demasiado, ella
dice. ¿Y tu hermana? pregunta Joel. Ella me
envío un mensaje que estaría aquí puntualmente,
dice Deyma. ¿Cuándo llegaste? pregunta Joel.
Acabo de llegar. Me estacioné hace unos minutos,
ella dice. Él mira a Jovan y ambos se miran
molestos.
Deyma,
mírame, dice Joel. ¿Sí? ella pregunta. ¿Qué
también te gusta mi hermano? pregunta Joel
molesto. Ay perdóname. No puedo creer que se
parezcan tanto, dice Deyma. Jovan sonríe. Es la
primera impresión pero ya veras que no nos
parecemos en nada, dice Jovan. ¿Podemos hablar
en privado unos minutos? pregunta Joel. Sí,
claro, ella dice.
Él la
lleva a la barra. ¿Te crees que puedes jugar
conmigo? él pregunta. ¿De qué hablas? ella
pregunta. Eres una puta, sabes. Me lo debí haber
imaginado ya que andabas con Carmela y Estela,
él dice. ¿Joel, qué te pasa? ella pregunta
asustada. Nada, vamos a mi habitación un
momento, él dice llevándola del brazo.
Jovan
los ve partir. Qué mierda Joel esta enfurecido,
piensa Jovan tomando cerveza.
Joel la
lleva a su habitación y entran. Ella mira a su
alrededor. Había una computadora y otros
documentos en una mesa. Él la mira de arriba
abajo. Ella lo mira nerviosa. ¿Qué te pasa? ella
pregunta. Él se abre el zíper y libra su pene.
Ven mámame al igual que le hiciste al tipo ese
que te llevó a su habitación, él dice. ¿De qué
hablas? ella pregunta molesta. ¿Me vas a decir
que no acabas de subir con un tipo a las
habitaciones? él pregunta acercándose a ella.
Ella echa unos pasos hacia atrás. Me asustas,
ella dice. ¡Pues que bien, asústate, pero
mámame, puta! él grita. Ella hace por salir de
la habitación y él la agarra del brazo y
fuertemente la tira a la cama. No me gusta que
jueguen conmigo, él escupe las palabras.
Mientras
tanto en el vestíbulo, Jovan camina de un lado
al otro nervioso cuando ve a Deyma salir de un
ascensor con el tipo. ¿Y mi hermano? él se
pregunta asustado. Aquí estaba pasando algo muy
raro, Deyma no estaba vestida en jeans como
había entrando hace un rato. Ellos se sentaron a
la barra y Jovan se sentó junto a ellos para
escuchar la conversación.
Rafael,
nosotros no podemos seguir con esto. ¿Cuándo lo
vas a entender? ella le pregunta. Yo sé que no
me quieres pero me gustas mucho, él dice. Es que
no eres un hombre serio y yo quiero una relación
seria, ella dice. Mira Damaris, yo te quiero, él
dice.
¿Damaris? se pregunta Jovan perturbado. Ay Dios
mío, dice Jovan corriendo y entrando al
ascensor.
Toca a
la puerta de la habitación. ¿Quien? pregunta
Joel enfurecido. Es Jovan, abre la puerta, dice
Jovan. Él abre. Deyma estaba llorando sentada en
la cama. Joel, baja y avanza, dice Jovan. ¿Qué
rayos te pasa? pregunta Joel. Deyma no es Deyma,
dice Jovan. ¿Qué dices? él pregunta. ¿Le
pegaste? pregunta Jovan nervioso. ¿Pues sí y
qué? pregunta Joel. Abajo esta la otra y son
gemelas, por Dios, dice Jovan. ¿Qué? pregunta
Joel nervioso. Son gemelas, dice Jovan en una
voz baja y sofocada. Mierda... no puede ser,
dice Joel. Por Dios, baja a la barra, dice
Jovan. Joel se puso nervioso y no sabía qué
hacer. Baja ahora, dice Jovan. Joel sale y se
mete al ascensor.
Jovan se
acerca a Deyma. No llores, él le dice
dulcemente. Él no sabía que tu hermana era...
que eran gemelas, dice Jovan. No me dio tiempo a
decírselo, ella llora. Él la abraza. Ay por Dios
no llores, él dice. Quería besarla. Quería
cerrar la puerta y hacerle el amor. Ella lo mira
a los ojos con aquellos ojos apagados y
apasionados. Él es muy violento. Le tengo miedo,
ella dice. No, tienes que comprender. Él esta
enamorado de ti y eso duele, dice Jovan. No me
dejes sola con él, ella dice. Está bien. Vamos a
bajar. Tenemos que aclarar las cosas, dice
Jovan.
Joel
sale del ascensor y entra al bar. Allí estaba.
Se sentó. Estaba sudando y su corazón le estaba
latiendo rápidamente. ¿Qué es esto Dios mío? él
se pregunta. La mujer al bar se voltea y lo mira
de arriba abajo. Él la mira. Eran idénticas. ¡Me
parte un rayo! él dice en voz alta. El hombre lo
mira furioso. ¿Oye a ti qué te pasa? Él hombre
le pregunta molesto. A mi nada pero tu mujer es
idéntica a mi novia, dice Joel. Ella ahora
sonríe. ¿Joel? ella pregunta. Sí, él contesta.
Ella se acerca y lo besa en la mejilla. Hombre,
los estoy esperando, ella dice. El hombre les
mira molesto.
En eso
Jovan se acerca con Deyma de la mano. ¿Adónde
diablos estabas? pregunta Deyma nerviosa. Llegué
temprano, ella dice. Vamos a sentarnos
tranquilos, dice Jovan. Todos se sientan a una
mesa. Deyma toma asiento al lado de Jovan y no
quiso mirar a Joel.
Esta es
mi hermana Damaris, somos gemelas idénticas,
dice Deyma tristemente. Joel baja la cabeza y se
cubre su rostro con sus manos. Perdóname, él
dice. Deyma no contesta. Jovan llama al mesero.
¿Qué quieren tomar? pregunta Jovan. Nada para
mí, yo me retiro, gracias, dice Rafael
retirándose. Imbécil, dice Damaris mirándolo
partir. Damaris este es Jovan, el hermano de
Joel, dice Deyma. ¿Y como es que estás con él?
Yo pensaba que este era Jovan, ella dice. Todo
fue un malentendido, dice Jovan. No sabíamos que
eran gemelas, dice Joel. Ustedes también se
parecen muchísimos. Dios Santo, demasiado, dice
Damaris. ¿Qué rayos hacia Rafael aquí? Te pedí
que vinieras sola, dice Deyma molesta. El
imbécil me siguió en su auto, dice Damaris.
Yo te
confundí con Deyma cuando te vi subir a las
habitaciones, dice Joel. ¿Pero están ciegos?
Estamos vestidas muy diferentes, dice Damaris.
No habíamos visto a Deyma, dice Joel. Ay qué
mierda con los hombres. Yo no me parezco a
Deyma. Ella no usa maquillaje y sus cabellos son
más largos. ¿Están ciegos? pregunta Damaris.
Joel y Jovan se miran a los ojos. Nos
equivocamos, dice Joel. Deyma tenía a Jovan
agarrado del brazo y Joel la miraba apenado.
Pues ya que todo se fue al diablo. ¿Al menos
podemos salir a cenar? pregunta Jovan. Ay sí qué
hambre, dice Joel un poco avergonzado. Pero
Deyma suéltalo, yo vine por él, dice Damaris.
Deyma la mira molesta y no suelta a Jovan. Todos
se levantan y salen del hotel y Deyma toma la
mano de Jovan en la suya. Joel y Damaris les
siguen.
Te lo
eché todo a perder, dice Damaris. No es tu
culpa, dice Joel tristemente. Queríamos darles
una sorpresa, ella dice. Pues qué sorpresa, dice
Joel. ¿Hace tiempo que sales con Deyma? pregunta
Damaris. Hace más de un mes y estoy enamorado de
ella. Me enfurecí de celos, dice Joel. Ay no me
digas que la maltrataste, dice Damaris. Pues sí,
dice Joel bajando la cabeza. Ella también esta
enamorada de ti. Me lo contó anoche, dice
Damaris. Ya la perdí, dice Joel. Pues yo me
parezco mucho a ella. Quizás todo no esté
perdido, ella dice. Él la mira a los ojos. Eran
idénticas pero Deyma era mucho más sencilla. Él
quería a Deyma.
Todos
entraron a un restaurante Chino y se sentaron a
una mesa. Vamos a ver si logramos salvar el día,
dice Jovan. Deyma todavía estaba sentada al lado
de Jovan sin mirar a Joel. ¿No me perdonas?
pregunta Joel. No puedo, contesta Deyma. Vamos
al baño, dice Demaris. Ellas se retiran al baño.
Qué
cagada, dice Joel nervioso. ¿Cómo nos pasa esto?
pregunta Jovan. A nosotros que somos tan fieles,
dice Joel burlonamente. La verdad es que somos
monstruos y nos molesta cuando nos engañan, dice
Jovan. Pues yo ya no estoy molesto pero no sé
como hacer para que me perdone, dice Joel. Eso
se toma tiempo, dice Jovan. ¿Y si quiere
contigo? pregunta Joel. Ya sabes que eso es como
decir que quiera contigo, dice Jovan. Sí, pero
me tendré que dejar crecer la barba y los
bigotes y el pelo. Qué madre, dice Joel. Tú bien
sabes que cuando tú me llamas yo rápido me
afeito así que tú puedes hacer lo mismo, dice
Jovan. Yo la quiero, dice Joel. Yo la quiero
también, dice Jovan. La quiero en serio, dice
Joel. Yo la quiero en serio también, dice Jovan.
Calmémonos, ya habrá solución, dice Jovan.
Las
chicas regresan y toman asientos. ¿Jovan, tú
tienes novia? pegunta Damaris. No, contesta
Jovan. Estoy demasiado ocupado con las de mi
hermano, él piensa. Quizás podamos salir
juntos, dice Damaris. Quizás, él contesta. No le
gustaba Damaris pero no sabía por qué. Quizás
porque ya estaba enamorado de Deyma. Que lío, él
piensa.
Después
de la cena. Bueno nosotras nos vamos, ya es
tarde, dice Deyma. ¿Podemos hablar en privado?
pregunta Joel. No gracias, ya lo hicimos, dice
Deyma. Ella besa a Jovan en los labios
tiernamente. Todos se despiden y ellas salen del
restaurante.
¿Qué
vamos hacer? Esto es serio, dice Joel. No me
gusta la otra chica, dice Jovan. A mí tampoco,
dice Joel. Pues entonces a ver como logramos
reconquistar a Deyma, dice Jovan. Todavía no
puedo creer que sean gemelas idénticas. Oye pero
esto es casi increíble, dice Joel. Al menos
sabemos que Deyma no es puta, dice Jovan. Pues
sí. Ay qué horror, le dije barbaridades y la
abofeteé como un imbécil, dice Joel. ¿Hombre,
como se te ocurrió pegarle? pregunta Jovan
molesto. No sé, estaba ciego, dice Joel. No
vuelvas a ponerle una mano encima, carajo. Eso
no lo voy a permitir, dice Jovan ahora furioso.
Quiero meterme bajo la tierra, dice Joel. Vete
al patio, yo te ayudo, dice Jovan molesto.
Deyma
y Demaris
Se puso
furioso. Estaba celoso, dice Deyma. Pues todo
fue un error, Deyma. No puedes juzgarlo mal,
dice Damaris. Te vieron subir con el pesado de
Rafael, dice Deyma. Pues sí pero solo fuimos a
conversar y además ya no volvemos, dice Damaris.
¿Él también se hospeda en el Hilton? pregunta
Deyma. Pues anoche nos quedamos ahí y todavía
teníamos esta noche, ella contesta. Qué horror.
Sí sé eso jamás hubiese aceptado encontrarnos
ahí, dice Deyma. Me gusta mucho Jovan. Ya sabes
que a mí me gusta mucho la barbilla y el bigote.
Es un "bad boy" y me encanta, dice Damaris. Pues
sabes algo, a mí también, dice Deyma. No, tú
quédate con el pesado machista de Joel, dice
Damaris molesta. Se parecen mucho. Los mismos
ojos, la estatura y hasta la misma voz, dice
Deyma. Sí, y noté algo, los mismos gestos en sus
cejas, la misma mirada, las mismas manos, los
mismos labios, dice Damaris. ¿Estás segura que
no son "twins"? pregunta Damaris. No, me
hubieran dicho algo, dice Deyma. Podemos
comprobarlo, dice Damaris. ¿Como? pregunta
Deyma. A ver si allá abajo también son
idénticos, ríe Damaris. Son hermanos es que se
parecen mucho pero Joel es violento y ya no me
gusta, dice Deyma tristemente.
El
celular de Deyma suena. Ella lo checa. Era un
mensaje de Joel. Perdóname. Ella quería
llorar. ¿Qué te pasa? Nada, ella contesta
tristemente. Ay que bueno que llegamos, estoy
rendida, dice Damaris.
Joel
Que
metida de pata. No puedo creer que haya sido tan
estúpido, dice Joel en su habitación.
Jovan
en su habitación
Recibe
un mensaje electrónico en su celular. Era de
Deyma. "Quisiera volver a verte". Que
lío, él piensa. Pobre de Joel. ¿Qué voy hacer?
él se pregunta. Él llama a Joel. Oye esto, Deyma
parece que quiere conmigo, dice Jovan. Me lo
imaginaba, dice Joel.
Está
bien, dice Joel. Asesórame sobre lo qué estas
haciendo en la constructora, dice Jovan. Ya
dibujé los planos. El viejo ahora quiere
terrenos en el Caribe para otro proyecto
millonario de turismo, dice Joel. Esta bien pero
háblale para que me contrate a mí directamente y
yo voy y le mido el terreno y se lo preparo,
dice Jovan. Así haré, dice Joel colgando.
Después de una semana
Jovan
recibe un mensaje electrónico de Deyma
invitándolo a una cena entre amigos y este se lo
envía a Joel. Tenía muchas ganas de mujer pero
no quería meterse con Deyma hasta que Joel
hiciera las paces con ella.
Qué
mierda, dice Jovan. Con estas gemelas la cosa se
complica, él piensa.
Esa
noche en un restaurante
Deyma y
Jovan conversan cuando se presentan Carmela y
Estela con Arturo y Fabio. Buenas noches. Que
bueno volverlos a ver, dice Arturo. Este no es
Joel, es su hermano Jovan, dice Deyma. Mucho
gusto, ellos dicen mirándose unos a los otros
asombrados. Qué fastidio con esta gentuza,
piensa Jovan. Todos toman asientos. Esta noche
pensamos terminar lo qué no terminamos el otro
día, dice Carmela. ¿Y eso qué fue? pregunta
Jovan molesto. Mira, Jovan, no seas tan rígido,
hombre. Nosotros la pasamos muy bien. Nos
metemos todos juntos a una habitación y gozamos
como locos, dice Carmela. Jovan mira a Deyma y
ella baja la cabeza. Yo no sabía que estaban en
ese plan, dice Jovan. Pues que raro que Deyma no
te lo haya contado. Nosotras lo hemos hecho
antes, dice Estela burlonamente. Deyma cambia su
vista.
Qué
porquería de gente. Están en las mismas que los
ricachos de Hollywood, piensa Jovan.
Jovan ve
a Joel entrar. ¿Me disculpan un minuto? él
pregunta entrando al baño a donde Joel lo
espera.
Mira
Joel, no te metas con esa gentuza. Son un chorro
de enfermos. Se meten todos a la cama juntos,
dice Jovan. ¿De veras? pregunta Joel. Así es y
la Deyma es parte del grupo. No puedo creerlo.
Ella me hizo sentir como que era la inocente
victima pero mira lo qué hace... otra vez con
esa gentuza, dice Jovan. Pues yo no me presto a
eso con este grupo, dice Joel. Yo tampoco. ¿Qué
quieres hacer? pregunta Jovan. Vámonos, esa
mujer no vale la pena, dice Joel. ¿Estás seguro?
No quiero que luego te arrepientas, dice Jovan.
No, yo no me voy a meter con una mujer que
pertenece a un "swing club". Eso se mete en la
sangre y luego siempre lo va a querer hacer,
dice Joel. ¿Pues nos vamos ahora? pregunta
Jovan. Sí, déjalos ahí, que se lo metan al
mesero, dice Joel.
Ambos
salen del restaurante sin mirar atrás. Vamos a
la barra de Paquito a comer bistec con papas,
dice Jovan. Sí, vamos, dice Joel. No te pongas
triste, ya vas a encontrar la mujer de tu vida.
Bueno y hablando de eso... si llegas a encontrar
a esa mujer... ¿la vamos a compartir? pregunta
Jovan. Pues eso habrá que verlo porque estamos
enfermos como los "swingers" y nos hace falta,
sonríe Joel. Qué mierda con esa mujer tan linda
que es, dice Jovan. Yo siempre le noté algo
raro. Ella conocía mucha gente por todas partes
y se miraban muy raros. Yo era la victima, dice
Joel. Eso de meterse todos a una cama es raro
porque... ay qué asco tener que estar ahí con
otros hombres, dice Jovan. Contigo yo lo haría
pero con más nadie, dice Joel. Pues sí lo
entiendo. Esos hombres se pueden desviar y
metérselo a uno... que madre de porquería, dice
Jovan. Eso, y las chicas también se lo hacen.
Son como animales. Yo no vuelvo ni hablar con
Deyma, dice Joel.
Entran a
la barra. Hola Paquito, dice Jovan sonriendo. Yo
ni los voy a mirar porque rápido todo lo demás
lo veo doble, ríe Paquito. Estamos hambrientos,
dice Joel. Ya les tomo la orden. ¿Qué quieren
tomar? pregunta Paquito. A mi un whiskey en la
roca, dice Jovan. A mi un tequila con sal y
limón, dice Joel. Bueno al menos en eso son
distintos, dice Paquito. ¿Oye Paco y qué de las
rubias? pregunta Joel. No las vi más. Ustedes
las dejaron agotadas. Me imagino que todavía
estén así, ríe Paco. No hombre, si eran
insaciables las condenadas, ríe Jovan. Pues
después de eso vinieron una vez y una de ellas,
no sé cuál, me estuvo contando que la dejaron
adolorida, ríe Paco. Ese tiene que haber sido
Jovan. En eso también somos diferentes, ríe
Joel. ¿No me diga? pregunta Paco. Sí, es como un
caballo el condenao, ríe Joel. Óyeme a mi no me
echen la culpa. Déjate de hablar tanta mierda
que tengo hambre, ríe Jovan.
Deyma
y Carmela
¿Qué
diablos le pasó a Jovan? pregunta Carmela. No sé
pero creo que se fue, dice Deyma. ¿Qué mierda y
ahora? Deyma tienes que buscarte otro hombre,
por Dios, dice Estela molesta. Pues yo me voy y
ustedes siguen con los planes, dice Deyma. Es
que, ay tan rico que estaba Jovan. Yo pensaban
hacerle de todo, dice Estela. Pues ya olvídalo.
Ese se nos escapó, dice Deyma.
Deyma le
envía un mensaje a Jovan por celular. ¿Adónde
estas?
La
barra de Paquito
Mira
esto Deyma me pregunta que a donde estoy, dice
Jovan. Mándala al diablo, dice Joel.
Deyma,
quédate con tus sucias amistades. Conmigo no,
responde Jovan.
Respuesta de Deyma: ¡Vete al diablo!
Nos
mandó al diablo, ríe Jovan. Qué barbaridad de
mujeres hay en este mundo. Mira yo me voy a
quedar soltero para siempre, dice Joel. Así es,
ya no hay mujeres ni puras ni sinceras, dice
Jovan. Y ustedes como son tan santitos, dice
Paquito. Oye Paco... pásame la salsa picante,
ríe Joel.
Voy a
tener que ir a Puerto Rico a lo de los terrenos.
No te vayas a quedar triste. No vale la pena,
dice Jovan. Estoy cansado de todo, dice Joel.
Vamos a tomarnos unas vacaciones a Isla Verde,
dice Jovan. Sí, me gustaría mucho. Déjame saber
y te me presento allá, dice Joel.
Dos
Semanas Después...
Puerto
Rico
El
Campo
Jovan
admira la belleza del campo frente a él. Que
rico estar aquí entre mi gente, él dice. Un aire
fresco de atardecer mece sus cabellos largos y a
la distancia un cielo nublado y nubes preñadas
con agua, amenazan el horizonte. Él respira
hondo gozando del aroma a leña en una fogata
abierta. Qué rico aroma, él dice.
Señor
Ávila, llama Ciano. Dígame, contesta Jovan desde
su camión. Esas tierras son parte del proyecto.
Allá arriba en la loma a donde tienen la siembra
de plántanos vivo yo y puedo ver el llano
completo. Si quiere puede quedarse conmigo. Como
si fuera su casa, dice Ciano. Gracias. Es una
belleza el llano, dice Jovan. Así es y mucho de
este terreno ha sido de mis abuelos y mis
bisabuelos hasta yo no sé quien más. Solo sé que
es tiempo de aceptar el progreso del país, dice
Ciano. Qué pena, dice Jovan. Vengase cuando
quiera, dice Ciano. Pues ahora voy, dice Jovan
bajando del camión.
La
Casa Basilio
Nosotros
somos gente sencilla. Aunque nunca nos ha
faltado un plato de arroz con habichuelas,
tenemos muy poco, dice Ciano. Gracias por su
gentileza, dice Jovan. Por ahí anda mi hija. Yo
vivo aquí con mi mujer y mi hija menor. La mayor
se casó y viven en la ciudad con su familia. Esa
tiene tres hijos bien bandidos, dice Ciano.
Jovan sonríe. Mira tómate esta cervecita, dice
Ciano. Gracias, dice Jovan. Pues yo vendí parte
del terreno para el proyecto pero me quedé con
mucho aunque yo estoy muy viejo para cultivarlo.
Aquí también el terreno ya esta seco y no
produce, dice Ciano. Pues yo tengo que caminar
todo el terreno y tomar medidas. Parece que va a
llover pero tempranito salgo al campo, dice
Jovan. Puedes ir a caballo, es más fácil, dice
Ciano. Me encantaría montar a caballo, dice
Jovan. Mi hija puede llevarte. Ella se pasa
montada a caballo por todo ese monte, dice
Ciano. Ven para que veas desde el balcón lo
bello que es el valle, dice Ciano. Ellos salen
al balcón. Dios mío, que belleza, dice Jovan
sorprendido. Así mismo y si miras para allá...
ese es el Yunque, dice Ciano. ¿El Yunque?
pregunta Jovan. Así es, y de cada rato sale una
serpiente o una de esas culebras bien grandes y
me mata una de las gallinas, dice Ciano. ¿No me
diga? Qué horror, dice Jovan
¿Mira,
ves ese caballo blanco que esta allá en aquella
loma? pregunta Ciano. Sí, que hermoso caballo
pero... quién... pregunta Jovan. Esa es mi hija,
dice Ciano. Jovan se queda mirando a la
distancia. No se veía muy bien pero había una
mujer a caballo. Tenía un cabello largo rubio.
Ella se acercó a ellos y él se quedó mudo
mirando lo bien que montaba y el vaivén rítmico
del caballo. Estaba en pantalones cortos. Se
acercó más y a Jovan el corazón se le detuvo por
un instante. Tragó gordo. Buenos días, ella dice
desde el caballo. Buenos días, él contesta. Hija
sube que quiero que conozcas al señor Ávila,
dice Ciano. Ya voy, ella dice. Ella desmonta, lo
mira de re-ojo. Él no podía quitarle los ojos de
encima. Ella tenía unos ojos achinados de un
color verde y castaño. Parecían joyas sus ojos.
Tenía una boca bien sensual, dientes impecables
y una sonrisa invitadora. Su cuerpo estaba
entonado y fuerte y tenía piernas largas y
musculosas. Su piel era blanca, cremosa y suave.
Él la miró de arriba abajo. Ella se volteó
sonriendo y él suspiró hondo. Qué curvas, él
piensa, al ver sus nalgas moviéndose con cada
paso. Mira hijo, yo sé que eres joven pero estás
totalmente deslumbrado con mi hija, ríe, Ciano.
Ay, perdone, dice Jovan avergonzado. No te
preocupes así pasa con todo el que visita, dice
Ciano.
Ella
sube al balcón. ¿Con quien tengo el gusto? ella
pregunta extendiendo su mano hacia él. Jovan
Ávila, él dice. Maya Basilio, ella dice. Mucho
gusto, él dice prendado de su rostro. ¿Usted
vino sobre el terreno? ella pregunta. Sí, así
es, él dice. Pues va a llover y mucho, así que
mañana por la mañana bajamos al llano, ella dice
dulcemente. Sí, él dice sofocado con la belleza
de la mujer frente a él. Jamás en su vida había
visto una mujer tan mujer, tan natural, tan
parte de la tierra que la vio nacer. Qué
belleza, él piensa.
Ella
entra a la casa y comienza a cocinar. Hija,
llama Ana. Aquí estoy, ella contesta. Mira fui a
conversar con doña Jacinta. La pobre esta muy
sola, dice Ana subiendo a la casa. Tenemos
visita, dice Maya. ¿Quién es? pregunta Ana. Vino
sobre el terreno, dice Maya. Húyele, que guapo
es, dice Ana. Maya lo mira por la ventana de la
cocina. Sí, era muy guapo y tenía unos ojos
picaros, llenos de preguntas, de deseos, ella
piensa. ¿Será puertorriqueño? pregunta Maya. A
ver lo qué dice Ciano, dice Ana. Se va a quedar
con nosotros, dice Maya. Pues cuídate que esta
como el doctor lo recetó, dice Ana riendo. Ay
mamá que cosas tienes. Pues claro que esta bien
bueno pero yo sé cuidarme. Que se cuide él, dice
Maya sonriendo. Échale el lazo mira si es
soltero que aquí hay pocos hombres solteros,
dice Ana.
En eso
comienza a llover bien fuerte y Ciano y Jovan
entran a la casa. Qué aguacero. Cierra las
ventanas, dice Ana. Ciano y Jovan cierran las
ventanas. Que oscuro se puso en un segundo, dice
Jovan. Así es y de repente sale el sol, dice
Ana. Mucho gusto señora, yo soy Jovan Ávila, él
dice. Esta usted en su casa, dice Ana. Gracias,
él dice.
Siéntese, dice Ana. Jovan toma asiento y Ciano
se sienta junto a él a conversar. Maya tráenos
unas cervecitas, dice Ciano. Ella sale con las
cervezas. Gracias, dice Jovan tomando la
cerveza. Ella sonríe dulcemente. Él se queda
mirándole los cabellos... eran rubios y
castaños, largos y lacios y unos rizos se
formaban en las puntas de su pelo. Qué belleza
de mujer, él volvió a pensar. Ella había dejado
en el aire un aroma a campo, a vida, a rosas. Él
suspira hondo.
Después de un rato
Entren
para que coman, dice Ana. Todos se sientan a la
mesa del comedor. ¿Usted es puertorriqueño?
pregunta Maya. Sí, bueno nací en Los Angeles
pero de padres puertorriqueños, él contesta. ¿No
había visitado antes? ella pregunta. Sí, mi
hermano y yo hemos viajado a las islas del
Caribe en varias ocasiones con el asunto de
construcción, él contesta. Habla el español muy
bien. Mucha gente que nace afuera no habla
español, ella dice. Pues que bien que yo sí,
porque si no al verla a usted, me hubiese
quedado completamente mudo, él dice. Ella
sonríe. Si supieras lo qué estoy pensando,
él piensa sonriendo.
¿Bueno y
usted vive con su familia? pregunta Ciano. No,
yo vivo solo. Tengo un hermano que también
trabaja en construcción pero él es el que hace
los dibujos en los planos y yo la matemática
para ponerlo simple, él dice. ¿Y ambos trabajan
para la misma compañía? pregunta Ciano. Pues
trabajamos por contrato y somos nuestros propios
dueños, dice Jovan. Que bien. Eso esta bien
bueno, dice Ciano. ¿Y eres casado? pregunta Ana.
No, nunca me he casado. Soy soltero. Ando
buscando una buena mujer, él dice. Eso es
difícil hoy día, dice Ciano pero todavía quedan
unas pocas regadas por ahí, dice Ciano
sonriendo. ¿Regadas como semillas? ríe Jovan.
Así mismo, ríe Ciano. Todos ríen.
Esa
noche Jovan no pudo dormir. Era imposible
hacerlo. Maya se le había metido en la cabeza.
Que rico sería llevársela. Era la mujer ideal,
sencilla y pura... ¿será pura? él piensa. Que
lindo sería pasearla en su auto y llevarla a
todos los sitios bellos de California. Ella lo
miraría con admiración, con orgullo. Eso era
algo que no encontraba en las mujeres modernas.
Se te metían a la cama una hora después de
conocerte pero luego... que vacío tan grande.
Deyma le había gustado mucho por eso mismo, su
sencillez pero era una mujer moderna. Una mujer
de mundo al cambio Maya... ella sí era la mujer
ideal. ¿Qué pensaría Joel de Maya? ¿Le gustaría?
Por primera vez en su vida compartir a una mujer
con él se le hacia difícil, hasta en el
pensamiento. Ay esos ojos chulos, él piensa
mordiéndose los labios.
El día
siguiente...
Jovan,
venga para desayunar, dice Ana. Él entra al
comedor y toma asiento. Es bueno que se desayune
bien porque por ahí no hay nada más que puro
pasto, dice Ana. ¿Maya va a salir conmigo al
valle? él pregunta. Sí, pero esa muchacha ya van
horas que esta afuera, dice Ana. ¿Horas? Pero si
son las siete de la mañana, dice Jovan. Ella es
así y si la dejas duerme afuera también bajo la
luna como lo hacían los indios Tainos, dice
Ciano comiendo. Ustedes tienen los ojos verdes,
dice Jovan. Pues sí, se ligó un españolito por
ahí por seguro, dice Ciano comiendo. Jovan ríe.
Tú también tienes unos ojos no sé un poco
verdosos, dice Ana. Pues sí, cambian al
oscurecer a un castaño, dice Jovan. Aquí el que
no tiene los ojos verdes se le ponen verde con
tanto pasto y campo verde, dice Ciano. Mira a
Maya sus cabellos se le ponen completamente
rubios bajo el sol pero cuando hay tiempo de
tempestad se ponen castaños, dice Ana.
Jovan
estaba ansioso por volverla a ver y por estar a
solas con ella. Mira muchacho ahí abajo esta
Maya, dice Ciano mirando por la ventana. Él mira
afuera y la ve montada a caballo y con ella un
palomino precioso. Gracias por el desayuno, él
dice. Pues me voy y los veo mas tarde, él dice
tomando su carpeta y saliendo de la casa.
Buenos
días, ella saluda. Buenos, él dice montando el
palomino. Qué belleza de caballo, él dice
admirando al palomino. Se llama Soledad, y es
una yegua, ella ríe. Ah... sí, que belleza, él
dice. Es que se me olvidó como se dice yegua, él
dice. Ella sonríe. Vamos que es bueno bajar al
llano temprano, ella dice sonriendo.
Él la
sigue mirando como sus caderas se movían con
cada paso del caballo. Ella tenía una cintura
pequeña y unas caderas grandes. Estaba vestida
con una camiseta color mamey y unos shorts
blancos. Él acercó su caballo al de ella. Maya,
él llama. ¿Sí? ella contesta. ¿Tiene novio? él
pregunta. No, tuve un novio en la universidad
pero después que nos graduamos él se fue a los
EE. UU. a continuar sus estudios, ella dice.
¿Entonces siguen juntos? él pregunta. No sé. No
me hace falta, ella dice. Entonces no lo quiere,
él dice. Yo nunca me he enamorado. No lo creo
porque no me entusiasmo mucho, ella dice. ¿Ha
tenido muchos novios? él pregunta. No, yo era
una adolescente gordita y pecosa, ella dice. Ya
no lo es, él dice. Pues sí, pero los muchachos
prefirieron a mis amigas, ella dice. Yo tampoco
tengo novia y es difícil no tener alguien en
quien confiar y con quien ir al cine, él dice.
Sí, es cierto y me siento muy sola, ella dice.
Él traga gordo. Yo voy a estar por acá unos
meses. Si quiere podemos salir juntos. No sé
quizás al cine, a la playa, él dice. Ella lo
mira y sonríe. No creo que no tenga novia, ella
dice. Pues claro que sí, no miento. Bueno, no le
niego que tenga mujeres por ahí pero nadie
especial, él dice. Es bien guapo, ella dice
sonriendo. ¿Qué es lo qué le gusta de mí? él
pregunta. Todo, ella contesta sonriendo. Pues ya
que estamos hablando sobre eso... usted me tiene
loco, él dice sonriendo. Es el aire del campo.
El aroma a tierra fértil que nos reduce a nada
menos que animales y solo pensamos en
reproducir, ella dice sonriendo. Él traga gordo.
Ella arranca y toma distancia y él arranca tras
ella. Dios mío que belleza de mujer. Me encanta,
él piensa admirando los cabellos largos de Maya
bailando con la brisa de la mañana.
Ella
desmonta y ata el caballo a un árbol. Él hace lo
mismo. Mire, allí comienza el terreno, ella
dice. Me gustaría que me tutearas, él dice. Está
bien, igualmente, ella dice mirándolo de re-ojo
y caminando. Él la sigue. Desde este poste
comienza el terreno que esta apartado para el
proyecto de condominios, ella dice. Yo debo
dejarte aquí para que hagas tu trabajo, ella
dice. No, no te vayas. Puedes ayudarme. Tengo
que tomar medidas y puedes ayudarme, él dice.
Esta bien, ella dice.
Después
de un rato. A poca distancia queda un río, vamos
para que los caballos tomen agua, ella dice.
Está bien, él dice. Ellos bajan al río. La
compañía construyera que quiere comprar estos
terrenos es una compañía muy agresiva y poco a
poco van a querer más y más, él dice. No
entiendo, ella dice. Pues ellos comienzan
comprando poco terreno y luego siguen
insistiendo y casi siempre logran desalojar a
todo el que esté en su camino, él dice. ¿Me
quieres decir que nos van a echar? ella
pregunta. Él se acerca a ella. No si yo pueda
evitarlo, él dice. Me moriría si no pudiera
montar a caballo y pasear por el campo, ella
dice tristemente. No te preocupes yo voy a ver
como hago para que se busquen terreno en otra
parte, él dice. ¿Ustedes necesitan vender el
terreno? él pregunta. No, es que papá ya esta
viejo y no puede hacerse cargo de todo, ella
dice. ¿Has viajado a los EE. UU? él pregunta.
Una vez fui a Washington D.C. con una clase de
la universidad, ella dice. ¿No te gustó? él
pregunta. No, ella contesta. Pues a donde yo
vivo es casi igual que aquí. No nieva y no hace
frío, él dice. Yo quiero morir aquí, ella dice
tristemente. Estás muy joven para pensar en
muerte, él dice. Es que todo el mundo se va y
abandona la isla. Quisiera ser más fiel, más
estable, ella dice. Puedes viajar y volver
cuando quieras. La cosa es no venderles tu
terreno a los americanos. Eso es lo principal,
él dice. Ella baja su cabeza tristemente. Tengo
miedo, ella dice.
Él se
acerca y le acaricia el rostro con su mano
subiéndolo hacia él. No temas. Yo no lo voy a
permitir. Voy a luchar contra todos para que no
pierdan su terreno, si me permiten, él dice.
Habla con papá, ella dice. Así lo haré, él dice.
Quería
besarla y abrazarla pero no se atrevió. Tenía
terror de asustarla. Ella lo hacia sentir cosas
que jamás había sentido en su vida, matrimonio,
hijos, una familia. Él mira a su alrededor. Se
podía construir una casa bien grande y linda en
medio de este valle con el río y las montañas a
la distancia. Se podía construir un puente para
cruzar el río. Se podía construir una
caballeriza grande para los caballos y atraer
turistas a un rancho lleno de peones con
servicios modernos pero manteniendo el campo y
su belleza original. ¿En qué piensas? ella
pregunta. En muchas cosas que nunca habían
cruzado por mi mente, él dice.
Ella
camina adelante y él aprovecha para llamar a
Joel.
Él trata
de llamar por celular pero no encontraba una
señal. Luego logra una señal y Joel contesta.
¿Qué hubo? él pregunta. Joel, tengo que hablar
contigo seriamente. Heracio quiere comprar
terrenos en Puerto Rico y esta empecinado en
comprar un terreno que vio para el proyecto de
condominios, dice Jovan. ¿Y qué? pregunta Joel.
Tienes que venir y verlo. Es una belleza de
campo de la madre y eso no es todo, la familia
que vive aquí es muy linda. Quiero comprarlo yo,
dice Jovan. ¿De veras? pregunta Joel. Sí, por
primera vez en mi vida he visto algo que quiero
y necesito tu ayuda, dice Jovan. Pues claro que
sí. Lo qué quieras, dice Joel. Podemos juntos
comprar el terreno. También tengo otra cosa que
contarte pero ahora no, dice Jovan mirando hacia
Maya que estaba paseando a los caballos por el
río. Me asustas, dice. Joel. Yo estoy asustado
también, dice Jovan. Mándame un email de lo qué
quieras y yo comienzo rápido. No te preocupes
por Heracio él es así pero de repente cambia de
padecer. Yo puedo convencerlo, dice Joel. Tienes
que convencerlo. Este terreno es nuestro, dice
Jovan. Ésta bien, dice Joel.
Jovan se
queda mirando a Maya. Ella era tan parte de este
lugar como el aire fresco de las montañas y
algún día, ella, el campo y todo le
pertenecería, él piensa. Ella se acerca a él de
nuevo. Él se queda mirándola a los ojos. Maya,
he decido contra el proyecto de condominios pero
la única manera de conservar este terreno y su
belleza sería vendiéndosela a alguien que
conserve su belleza tal y como es, él dice. No
entiendo nada, ella dice. Voy hablar con Ciano a
ver si nos unimos y llegamos a un acuerdo que
nos beneficie a los dos, dice Jovan. ¿Nos vas
ayudar? ella pregunta. Si, estoy decidido, él
dice. Ella lo mira fijamente a los ojos y él
sonríe. No temas, él dice dulcemente. ¿Volvemos?
ella pregunta. Sí, él contesta. Ellos montan los
caballos y se dirigen a la casa Basilio.
Regresan
a la casa y llevan los caballos a los establos.
Maya, él dice. Sé que acabas de conocerme pero
yo quisiera que me dieras la oportunidad para
conocerte mejor. Tengo buenas intenciones, él
dice. Ella cambia su vista y vuelve a mirarlo.
Esta bien, ella dice en voz baja. Me gustas
mucho, él dice en voz baja. Ella sonríe. Nadie
nos escucha, ella ríe. Lo sé pero sí tú bajas la
voz, yo también. Eso se pega, él ríe. Qué ganas
tenía de besarla. Nunca se había tenido que
controlar de esta manera. Esto era un martirio,
él piensa.
Una vez
en su habitación, Jovan comenzó a escribir
correos electrónicos a varios de sus amigos.
Comenzó a investigar como hacer para asegurar un
préstamo bancario y hacer suma de sus
propiedades y de sus ahorros. Ni el ni Joel
tenía casa o apartamento. Ellos vivían de un
hotel al otro por diferentes partes del mundo y
a veces alquilaban un apartamento pero nada
estable. Habían ahorrado mucho dinero porque
ninguno desperdiciaba el dinero en barras ni en
mujeres ya que siempre tenían mujeres a su
disposición. Nunca planeaba sin su hermano.
Ellos eran inseparables y él estaba seguro que a
Joel le iba a encantar el terreno, la gente, el
campo y Maya. Maya, él piensa. Tendría que
asegurarla y por primera vez en su vida estaba
haciendo planes para un futuro. Que lindo se
sentía poder relajarse y trabajar hacia una sola
meta. Él mira por la ventana al campo. Esto es
un sueño, él dice contento.
Él se
recuesta un rato en la cama. Una brisa cálida
cruzaba de una ventana a la otra. Un aroma a
café. Qué rico, él piensa. Se levanta y mira por
la ventana. Ciano y Ana estaban conversando bajo
un árbol de mango en una hamaca.
Él salió
a la sala, entra a la cocina y Maya estaba allí
preparando café. Qué aroma rico, él dice.
¿Quieres? ella pegunta. Ay sí, gracias, él dice.
¿Te gustan los mangos? ella pregunta. Sí, mucho,
él dice. Mira estos que maduros están. Ay están
blanditos, ella dice. Él la mira sin poder dejar
de hacerlo. Mira que gorditos están, ella dice.
Ella se sienta junto a él a la mesa. Son
difíciles de comer cuando están así de maduros
pero aquí tienes, ella dice, dándole un mango, y
una cuchilla. Es mejor con las manos, ella dice
pelando un mango fácilmente y llevándoselo a su
boca. Tienes mango hasta en la nariz, él dice.
Perdona pero es que esta muy maduro, ella dice.
Él se queda mudo mirándola. El mango estaba en
sus manos y en su rostro. Él hizo por limpiarla
con una servilleta. No te preocupes, ella dice.
¿No te vas a comer el tuyo? ella le pregunta. Es
que pues, déjame comer del tuyo, él dice. ¿Como?
ella pregunta. Acércate, él dice. Ella se
acerca. Él procede a pasarla la lengua por la
mejilla, por los labios. Que rico esta el mango,
él dice, ahora acercándose mas y metiéndole la
lengua en la boca. Ella echa para atrás un poco
y sonríe. El tuyo sabe mejor que el mío, él dice
sonriendo. Ella se levanta y se lava las manos.
Él camina por detrás y la atrae hacia él por la
cintura besándola en el cuello. La voltea y la
besa en la boca y ella responde. Me encantas, él
dice sofocado, besándola. Ay déjame, él dice
apretándole un seno con su mano. Me tienes
encendido, él dice besándola. Tengo que llevarle
café a mis padres, ella dice. Perdona, él dice
componiéndose. Ella sale afuera a llevarle café
a Ciano y a Ana. Él la sigue. ¿Bueno muchacho,
qué te pareció el terreno? pregunta Ciano.
De eso
mismo quería hablarle. Me interesa el terreno
personalmente y quiero comprárselo. Yo sé que
usted habló con la compañía constructora sobre
el posible negocio de los terrenos pero no hay
nada concreto. Yo vine a medir el terreno. Mi
hermano esta consultando con el jefe de la
compañía para desviar el trato. Entre mi hermano
y yo podemos comprar el terreno. Así ustedes
jamás tendrían que dejar este campo y podrán
vivir aquí por el resto de sus vidas, dice
Jovan. No entiendo, dice Ciano. Pues es que esta
gente le van a comprar esta parte del terreno
pero luego van a insistir en comprarlo todo y
los desalojarían de la propiedad. Construirán
condominios y sería casi imposible para ustedes
permanecer aquí. Conmigo será diferente. No
pienso tocar el terreno. Lo conservaré tal y
como esta con ustedes siempre presente. Será
nuestro paraíso, dice Jovan. ¿Harías eso por
nosotros? pregunta Ciano. Sí, y porque Maya
sufriría mucho sin su campo y sus caballos, dice
Jovan. Pero tú vives muy lejos, dice Ciano. Eso
también tiene remedio, dice Jovan sonriendo. Yo
vine aquí a cumplir con un requisito de mi jefe
pero una vez los conocí a ustedes y vi este
campo me di cuenta que yo no tengo nada y que
esta es una oportunidad que no puedo negarme,
dice Jovan.
Pues a
mí me encantaría hacer negocios contigo. Me
pareces una persona respetable. Yo también pensé
que poco a poco lo perderíamos todo pero estoy
muy viejo y no tengo hijos varones. Mi yerno no
le gusta el campo y pues nos quedamos solos y es
mucho trabajo para mí, dice Ciano. Pues mi
hermano también le va a encantar y estoy seguro
que pronto vendrá para acá, dice Jovan. Que
bien. ¿Oye y como nos salimos del negocio ese
con la compañía constructora? pregunta Ciano. Yo
me encargo de todo y le compro el terreno.
Pienso construir una casa bien grande y linda en
medio del llano y un puente para cruzar el río,
establos y un rancho bien grande. Podemos atraer
turismo y vivir de eso entre todos, dice Jovan.
Qué magnifica idea, dice Ciano. Pero muchacho no
te preocupes con lo del terreno, puedes hacer lo
qué quieras, dice Ciano. No, todo se tiene que
hacer basado en documentos legales. No sea que
Maya se case y me echen como un perro, ríe
Jovan. Él la mira de re-ojo. Ella estaba
conversando con su madre. Que mucho le gustaba
esta mujer, era perfecta, él piensa. En ese
caso, trato hecho, dice Ciano sonriendo.
Me
gustaría invitarlos a todos a cenar esta noche,
dice Jovan. ¿De veras? Pues conmigo no hay
problema. Oye vieja, nos invitan a cenar, dice
Ciano. Qué lindo gesto, dice Ana. Pues sí nos
vamos todos. Escojan el restaurante, dice Jovan.
Pues a Maya le gusta mucho el restaurante
argentino “Tangos”, no queda muy lejos, dice
Ciano. Que bien, pues déjame ver si puedo hacer
reservaciones por correo electrónico, dice
Jovan. No deja eso si yo llamo al restaurante,
dice Ciano. Gracias, dice Jovan.
Jovan,
ven quiero que veas algo muy lindo, dice Maya
tomándolo de la mano y llevándolo a un rancho
pequeño adonde había gallinas. Ella sale afuera
con un pollito en sus manos. Mira que lindo,
ella dice. ¿Ay qué es eso? él pregunta
interesado. Es una gallina pero... es un bebé.
¿Nunca lo habías visto? ella pregunta. No. Que
raro no se parece una gallina. Uy, no lo quiero
tocar, él dice. Ella ríe. Tonto, ella ríe. Es
que es demasiado pequeño y espeluzado, él dice.
Tiene tres días de nacido y es mi favorito, ella
dice. Vete y llévalo de vuelta, se va a morir,
él dice mirándolo con una mueca en sus labios.
No seas tonto, ella ríe. Mira esos huevos, ya
van a salir los pollitos, ella dice. Uy fo, él
dice. No silbes para el campo, ella ríe. Claro
que sí, pero yo no voy a estar tocando pochitos,
él dice. ¿Qué pochitos? ella pregunta. Esos, él
dice. Son pollitos, no pochitos, ella ríe a
carcajadas. Oye pero no te burles. Yo no sé de
esas cosas, él dice sonriendo. Eres lindo, ella
dice besándolo en la mejilla. Ahora de eso sí yo
entiendo y mucho, él dice sonriendo.
El
Restaurante - Tangos
Todos se
sientan a la mesa. Qué bonito lugar, dice Jovan
admirando las paredes, las cuales estaban
cubiertas de fotos de cantantes famosos
inclusive Carlos Gardel. Me encanta el tango,
dice Ciano. Es muy romántico, el baile, dice
Jovan. Aquí también se baila, que bien, él dice.
¿Usted sabe bailar tango? pregunta Ana. Sí, un
poco, dice Jovan. Pues Ciano y yo lo bailamos
muy bien, ella dice. Tengo que verlos bailar,
dice Jovan. ¿Y Maya? pregunta Ciano. No sé lo
qué pasó. Se encontró con unas amistades, dice
Jovan. Pues eso no está bien, dice Ana mirando a
ver si la veía.
Después
de unos minutos Maya toma asiento junto a Jovan.
Perdona, mi amiga se casó y no sé, me sentí muy
rara. A mi no me invitaron, dice Maya
tristemente. Eso es porque la novia no quería
que fueras a ser la mas linda. Le ibas a echar
todo a perder, dice Jovan dulcemente. Ella lo
mira dulcemente. Es que fuimos muy amigas
durante casi cuatro años en la universidad y me
asombré muchísimo, dice Maya. No te pongas
triste, dice Jovan tomándole la mano. Vamos a
bailar y le dices a todas tus amistades que tú
también te casaste, dice Jovan levantándose de
su asiento. Ciano sonríe. Así mismo para que
aprendan, ríe Ciano.
Él la
lleva al centro de baile y la toma en sus
brazos. No te me pegues mucho que ya me tienes
mal, él dice. Ella sonríe dulcemente. Eres un
exagerado, ella ríe. No de verdad. ¿Esas son tus
amigas? él pregunta. Sí, nos están mirando, ella
dice. Pues a ver si les gusta esto, él dice
besándola en los labios. Ay que rica tu boca.
Abrázame fuerte, él dice. Ella lo abraza. Ay...
madre espérate un momento, se me olvidó. No te
me pegues, él dice sonriendo. Ella ríe. ¿Si me
quedo por acá un tiempo concedes ser mi novia?
él pregunta. Sí, ella contesta. Pero tú sabes,
novia de verdad, en serio, él dice. Sí, ella
contesta. ¿Eres virgen? él le pregunta en el
oído. Sí, ella contesta. Debes andar con tu
frente bien alta porque creo que eres la única
en el planeta, él dice. ¿Te molesta? ella
pregunta. A mi...claro que no. Pues yo nunca he
conocido una virgen, él dice. Ella baja la
cabeza. Él vuelve a besarla en los labios. Me
encantas. Eres la mujer de mi vida, él dice
abrazándola.
Después
del baile ambos tomaron asientos a la mesa.
Ciano y Ana también estaban bailando y
regresaron. La pesada de Leticia nos preguntó
que si eran novios, dice Ana. ¿Y qué le contestó
usted? pregunta Jovan. Pues claro que sí, dice
Ana sonriendo. Gracias, dice Jovan sonriendo.
¿Y
cuando viene tu hermano? pregunta Ana. El sábado
y me tomé el atrevimiento de decirle que se
quedara conmigo en mi habitación, dice Jovan.
Hombre no si esa casa está llena de
habitaciones, por Dios, dice Ana. Así es y si es
tu hermano pues también es familia, dice Ciano.
Él los mira de re-ojo. Nunca había conocido una
familia así. Él y su hermano casi se habían
criados solos. Era muy lindo estar con ellos y
se sentía muy a gusto como si los conociera de
muchos años. Les tengo que contar algo, él dice.
Todos lo miran interesados. Mi hermano y yo...
somos gemelos idénticos, él dice. ¿Qué? pregunta
Maya sorprendida. Somos gemelos idénticos, dice
Jovan. ¿No me diga? ¿Oye y como es eso? ¿Tanto
se parecen? pregunta Ciano. Sí es como mirarme
al espejo, dice Jovan. Qué sorpresa, dice Maya.
Nos diferenciamos porque a él no le gusta llevar
barba ni bigotes y se recorta mas corto que yo,
dice Jovan. Eso es bien interesante. ¿Oye y
alguna vez se ha confundido tu sabes... una
mujer? pregunta Ciano. Viejo, deja eso, dice
Ana. No, si es que estoy muy interesado, dice
Ciano. Pues no tanto porque yo visto diferente.
Él es más conservativo y viste con más gabán y
corbata. A mí me gusta llevar los cabellos
largos y vestir mas relajado, él dice. Cuando te
cases a lo mejor también tengas gemelos, dice
Ana. Sí, lo sé, dice Jovan.
Después
de la comida todos tomaron café y conversaron
sobre el campo. Yo la verdad que no sé mucho de
campo. Yo solo sé que es muy lindo. Hoy Maya me
enseñó un pochito y yo no sabía lo qué era, dice
Jovan. ¿Un qué? pregunta Ana. Un pollito, dice
Maya riendo. Pues eso y es muy raro que no se
parezca una gallina, dice Jovan. Todos ríen a
carcajadas. ¿No sabes nada de caballos? pregunta
Ciano. No, solo montarlos, dice Jovan. Pues no
te preocupes vas a ser un experto en todo. Te
voy a enseñar como siempre quise con el hijo que
nunca tuve, dice Ciano. Los ojos de Jovan se
llenaron de lágrimas. Gracias, él dice. Maya lo
mira apenada.
Bueno
vamos que es tardísimo, dice Ciano. Jovan se
hace cargo de la cuenta y todos salen al auto.
¿Oye muchacho cuanto te debo? pregunta Ciano. No
nada. Eso esta a cuenta de la compañía
constructora, dice Jovan. Que bien. Estuvo
riquísima la comida, la compañía y la
conversación, dice Ciano. Así mismo, dice Jovan.
Todos
regresan a la casa y las mujeres se retiran a
sus habitaciones. Ciano y Jovan se quedan
conversando hasta tarde. Mis padres viajaban de
un lado al otro constantemente y mi hermano y yo
cometimos miles travesuras. Una vez la principal
de la escuela estaba furiosa porque yo le pasé
todos los examines a mi hermano. Ya que él no es
muy bueno en matemáticas y él me pasó las clases
de arte. Así la pasamos siempre. Hoy día somos
muy unidos y yo sin él me siento como que algo
me hace falta. Es imposible no pensar en él
varias veces al día. Yo siempre lo saco de
problemas. Se mete en unos enredos que para qué
contarle, dice Jovan. Que lindo que se quieran
tanto, dice Ciano. Pues no va mucho que
conocimos unas chicas y surgió que eran gemelas
idénticas y tuvimos problemas y el pobre de Joel
se quedó muy triste, dice Jovan. Mira muchacho
yo con ese poder que ustedes tienen estuviera
aquí dos noches y dos con otra mujer y la
pasaría muy bien, ríe Ciano. Hay no... yo nunca
podría hacer eso, dice Jovan mintiendo. Yo adoro
a mi mujer. La conocí aquí durante un viaje de
negocios. Yo vine acá desde Fajardo. Imagínate
eso, de una punta al centro de la Isla... a
conocer la mujer de mi vida. Así es la vida,
dice Ciano. Sí. ¿Cómo se sabe cuando uno conoce
esa mujer que ha de ser la mujer soñada?
pregunta Jovan. Es como una felicidad intensa y
un descanso inmenso del alma. Uno se relaja
porque ya se acabó la búsqueda y las noches de
soledad, dice Ciano. Yo me creo que me estoy
sintiendo así, dice Jovan. Tú estas así desde
que viste a Maya en la loma, ríe Ciano. Jovan
baja su cabeza. Me encantaría que fueras tú y
que fueran muy felices, dice Ciano. ¿De veras?
pregunta Jovan. Así es. Buenas noches, hijo.
Estoy rendido, dice Ciano retirándose a su
habitación.
Jovan
entra a su habitación y se acuesta en la cama.
Dios mío que feliz me siento con esta gente.
Afuera
el coquí y los grillos no dejaban de chillar y
había ruido en el gallinero. ¿Se habrá muerto el
pochito? piensa Jovan.
Joel y
Heracio
Entonces
el negocio no es bueno. Ustedes nunca me han
fallado. No importa, yo me voy a Costa Rica a
ver que logro por allá, dice Heracio. También
hay terreno en Santo Domingo, dice Joel. Pues
que bien porque necesito comenzar el proyecto
antes de final de año, dice Heracio. ¿Te han
dicho que te pareces mucho a tu hermano?
pregunta Heracio. Sí, a cada rato, dice Joel.
Pero es un parecido macabro, dice Heracio. Sí,
lo sé, ríe Joel. Por ahí anda mi hija
procurándote, dice Heracio. Es muy joven, Nuria,
dice Joel. Así esta la juventud hoy día. Qué
pena. En mi tiempo tenías que rezar un rosario
de rodillas para que una mujer te enseñara una
teta, ríe Heracio. Joel ríe. Yo no me arrodillo
así no mas, dice Joel. Pues mira en ese tiempo,
entre la iglesia católica y el qué dirán, todos
los hombres jóvenes teníamos las bolas hinchadas
de tanto apretar las mujeres. Y ellas nos
decían, quizás, quizás, quizás, como la canción,
ríe Heracio. Qué horror, dice Joel riendo. Mira
un primo mío allá en Colombia se metía con las
ovejas. Dicen que son como una mujer, ríe
Heracio. Qué mierda pero eso es de enfermos,
dice Joel. Es que así estábamos... en candela,
ríe Heracio. Pues ahora también hay grupos que
se meten juntos a la cama, dice Joel. Yo me meto
con un grupo de mujeres pero con hombres no. Yo
no confío en los hombres. Pueden ser maricones y
sales adolorido, ríe Heracio. Así mismo. Qué
descaro. Yo en ese sentido soy antiguo. ¿Cómo
será estar con una mujer virgen? pregunta Joel.
Pues te puedo decir que es lo mejor del mundo.
En solo pensar que ha sido solamente tuya. Es un
placer inmenso. Además es muy rico la primera
vez y le puedes enseñar de todo un poco, a tu
manera y como te gusta a ti, dice Heracio. Me
imagino que hay bien en toda época, dice Joel
pensativo.
El
Campo
Jovan
sale al balcón de la casa. Era una mañana
hermosa y soleada con una brisa fresca. Oye
muchacho anoche había un escándalo de la madre
en el gallinero y cuando fui averiguar me
encontré con una serpiente de siete pies,
exagera Ciano. ¿De veras? pregunta Jovan. Así
mismo y me mató dos gallinas, la condenada, dice
Ciano. ¿Y Maya? pregunta Jovan. Por ahí anda
triste. Los pollitos se quedaron solos y hay que
atenderlos personalmente o se mueren, dice
Ciano. Qué pena pero vamos a tener que hacer
algo sobre eso. Ese gallinero hay que
construirlo mas fuerte y a ver como se hace para
que no se metan esos animales al campo, dice
Joel. Ve y habla con Maya que esta muy triste,
dice Ciano. Sí ya voy, dice Jovan.
Jovan
entra al gallinero y encuentra a Maya sentada en
el piso con los pollitos. ¿Qué haces? él
pregunta. Se quedaron sin mamá, ella dice
tristemente. ¿Y qué pasó con Pochito? él
pregunta. Esta muy triste. Él no sabe como
hacer sin su mamá. Se van detrás de las otras
gallinas pero a veces no son aceptados y se
mueren, dice Maya. Vamos a construir un
gallinero más fuerte. Quería decirte sin
mentirte que si yo veo una serpiente aquí me
cago encima, dice Jovan. Ella ríe. Ven, él dice
tomándola de la mano y sacándola afuera. Caminan
mano en mano por el campo. Me gustaría mucho que
fuéramos más que amigos, él dice. Acabamos de
conocernos, ella dice. Pues por eso mismo. Uno
no debe andar perdiendo tiempo. Mira lo qué le
pasó a Pochito, de un día al otro se quedó solo.
Yo estoy cansado de estar solo, dice Jovan. Ella
lo mira dulcemente. Tú eres muy bueno y te
mereces una mujer como tú. Una mujer de mundo.
Que haya viajado a muchos lugares como tú y que
pueda conversar contigo a largas en inglés, ella
dice. Yo soy puertorriqueño. Lo llevo en la
sangre. Yo merezco una mujer como tú. Una mujer
pura sin malos pensamientos y con un buen
corazón, él dice. Ella no contesta. Se paran en
la loma a mirar el valle. Yo quisiera ser como
el aire fresco que recorre el campo... libre,
ella dice. ¿Libre en qué sentido? él pregunta.
Libre para jugar con los pollitos. Libre para
montar mi caballo y libre para entregarme al
hombre de mis sueños, ella dice. ¿Eso de
entregarte... pues... quien es el hombre? él
pregunta nervioso. Tonto, ella dice riendo. No,
de veras me dejaste pensando, él dice. Yo quiero
ser tu novia, ella dice dulcemente. ¿Sí, y lo de
entregarte? Él vuelve a preguntar ansioso. Eso
vendrá con el tiempo, con el amor y la
confianza, ella dice. Ay no pero esas cosas se
pueden tomar días, él dice. Ella ríe. Sabes
tienes algo que me vuelve loca. Es no sé... un
poco de inocencia... pero yo sé que te la sabes
todas, ella ríe. Yo soy inocente de eso de
esperar pero de nada más, él dice. ¿Tú crees que
puedas darme un beso sin que yo esté comiendo
mango? ella pregunta. Ay... mi amor... claro que
sí, él dice tomándola en sus brazos y besándola
tiernamente. ¿Lo de entregarte... se va tomar
tiempo? él pregunta besándola y acariciándola.
Lleva sus manos a las nalgas de Maya apretando
tiernamente y ondulando. Ay yo no sé si pueda
esperar, él dice apasionado. Yo tampoco, ella le
dice en el oído. ¿De veras? Ay... vamos al
gallinero, él dice. Ay no, ella dice. Ay sí, él
dice empuñándole los senos. Uy qué asco... en el
gallinero no, ella dice. ¿Pero mi amor a donde?
él pregunta. En la cama cuando mamá y papá
salgan al pueblo, ella dice. ¿Y cuando es eso?
él pregunta sofocado. En unos minutos, ella
contesta. ¿Ay.... de veras? él pregunta. Sí,
ella sonríe. Pues vamos, él dice tomándola de la
mano y dirigiéndose a la casa.
Cuando
llegan a la casa ven un auto estacionar frente a
la casa. Hay visita, ella dice. Ay no, ahora no,
él dice molesto.
Ellos
entran a la casa. ¡Joel! ¿Hombre cuando
llegaste? pregunta Jovan abrazándolo. Hace un
ratito, dice Joel. Mira muchacho, que susto de
la madre. Este hombre es tu misma imagen, dice
Ciano. Pues sí, dice Jovan. Maya se queda muda
mirándolos y toma asiento en el sofá. ¿Cómo te
fue el viaje? Pregunta Jovan. Muy bien pero me
perdí llegando aquí y fui a tener al pueblo de
vuelta, ríe Joel ahora mirando a Maya.
¿Échale... qué es esto? pregunta Joel. Mira esta
es Maya. Maya él es mi hermano, dice Jovan.
Mucho gusto, ella dice sonriendo. El gusto es
mío, dice Joel.
Muchachos nosotros nos vamos hacer algunas
diligencias al pueblo. Están en su casa, dice
Ciano. ¿Maya te quedas? pregunta Ana. No voy con
ustedes, dice Maya. Pues los vemos pronto, dice
Ciano.
Ellos
los ven partir desde el balcón. Avanza y
cuéntame, dice Joel. Es la mujer de mi vida,
dice Jovan. Te lo tenías bien escondido, dice
Joel. Mira te juro que estoy en otro mundo. Esta
gente es bien linda y los quiero mucho. Ella...
pues íbamos a tú sabes... pero te presentaste en
mal tiempo, dice Jovan. Ay no perdona, dice
Joel. Es virgen, dice Jovan. ¡No! Te tiene que
estar mintiendo, dice Joel. Te digo que sí lo
es, dice Jovan. ¿Qué quieres que te haga el
favorcito? pregunta Joel riendo. No hombre eso
es mío, dice Jovan. Pues mira, Heracio ya se fue
a buscar terrenos a Costa Rica y a Santo
Domingo. Así que podemos comprar el terreno.
Esta bellísimo este campo, dice Joel. No has
visto nada. Eso por ahí es divino y es un llano
plano y perfecto. Pienso construir una casa bien
grande en el mismo medio del llano. Quiero que
la diseñes con todo y patio grande y piscina,
dice Jovan. ¿Pues que bien pero la casa es tuya
y yo? pregunta Joel. No seas tonto todo es de
los dos, dice Jovan. ¿Y Maya? pregunta Joel.
Jovan mira hacia la distancia. ¿Te gusta? él
pregunta. ¿A quien no? pregunta Joel. Yo tengo
buenas intenciones para con ella. Quiero casarme
y criar mis hijos aquí, dice Jovan. ¿Ella tiene
hermanas? pregunta Joel. No, una y es mayor y
tiene tres hijos. Yo todavía no la he conocido,
contesta Jovan. Eso va a ser muy difícil para
mí. Estar aquí sin mujer, dice Joel. Ya
encontrarás una. Tranquilo, hombre. Acabas de
llegar, dice Jovan. ¿Me la vas a negar? pregunta
Joel. Joel mira, yo ni la he tocado todavía.
Dame tiempo. Además esto es serio, dice Jovan.
No jodas. ¿Tú puedes con las mías y en cuanto
tienes una yo no puedo? pregunta Joel. Esto es
diferente, dice Jovan pasándose la mano por sus
cabellos. Es bien chula, dice Joel. Sí, estoy
loco por ella y no quiero que se asuste, dice
Jovan. Ven vamos a montar a caballo y recorrer
el campo, dice Jovan.
El
Pueblo
¿Hija,
como vas a hacer tú con esos dos muchachos? Se
parecen demasiado, dice Ana. Estoy enamorada de
Jovan. Ya sé que no lo conozco muy bien pero
creo que fue a primera vista, dice Maya. Pues es
obvio que tú le gustas y que tiene buenas
intenciones hacia ti pero ten cuidado. No sea
que un día te encuentres con el hombre
equivocado en la cama, ríe Ana. Me quedé muda.
Son idénticos hasta en su voz, su sonrisa y esa
cosa que tienen en los ojos... picaros, dice
Maya. Sí, que guapo son los dos. Ay que rico los
dos en la cama, dice Ana riendo. Mamá, por Dios,
te oye papá, dice Maya riendo. Mira anda y
búscate una amiga para Joel y salen todos
juntos. Los hombres a esa edad son puro pique,
dice Ana. ¿Mis amigas? Ya ves lo qué hacen. No
me tienen en cuenta, dice Maya. Tenemos que
llevar unos sacos de purina para los pollitos,
dice Ciano. Dice Jovan que va a construir un
gallinero más fuerte y grande, dice Maya. Sí,
así mismo y vamos a comenzar pronto a medir la
propiedad y a cercarla, dice Ciano.
Jovan
y Joel
Qué
belleza. Esto es un tesoro. Si construimos el
puente, lo podemos hacer justamente donde
comienza el terreno allí abajo al cruzar el río.
Así el puente servirá como bienvenida al Rancho,
dice Joel. Sí, buena idea, dice Jovan. Ya veo
como te volviste loco con este lugar y es
precisamente lo qué hemos estado esperando.
Invertir en un lugar lucrativo y a la misma vez
poder vivir en él, me encanta la idea, dice
Joel. ¿Tú vistes el valle primero o viste a Maya
primero? pregunta Joel. Pues vi el valle primero
pero surge que ella es parte de todo esto. Si la
vieras a caballo parece que nació montada en la
yegua. Es natural como la tierra misma y
sencilla, dice Jovan. ¿Qué es eso, yegua?
pregunta Joel. Es “mare”, dice Jovan. Te
enamoraste rápido, dice Joel. Tú bien sabes que
yo primero meto y luego me gusta la mujer pero
en este caso ha sido al revés y me ha tomado de
sorpresa, dice Jovan. Sabes, no volví a ver a
Deyma y tampoco quise pasar tiempo con Nuria. Me
quedé con un sabor malo en la boca con lo de
Deyma, dice Joel. Ya se te pasará, dice Jovan.
¿A quien
en la isla debemos acudir sobre la construcción
de la casa? Tú debes tener alguna idea, dice
Jovan. Sí yo sé muchos que nos pueden dar la
mano pero a escoger los más baratos y los más
respetables. Se va a necesitar un abogado y
debemos consultar con Ciano, dice Joel. Él es
muy bueno y lo quiero mucho. Me han tratado como
un hijo, dice Jovan. Que bien, dice Joel. Sabes,
es la primera vez que confesamos ser idénticos y
se siente muy bien, dice Jovan. Ay sí. Estoy
harto de pasarme por ti. Tú eres un pesado, ríe
Joel.
Esa
noche...
Joel y
Jovan regresan a la casa. Estábamos preocupados,
ya es tarde, dice Ciano. Nos pusimos a medir la
propiedad y estamos rendidos. Que grande es y a
pies peor, dice Jovan. Así es, entren para que
coman. La vieja hizo unos pasteles bien ricos,
dice Ciano. Huele rico, dice Joel.
Ellos se
lavan las manos y se sienta a la mesa del
comedor. ¿Y Maya? pregunta Joel. No sé, dice
Jovan. Ana entra y les sirve. Gracias, dice
Joel. ¿Doña Ana y Maya? pregunta Jovan. Fue al
gallinero asegurar a las gallinas, dice Ana. Esa
muchachita se pasa con esos animalitos todo el
día. Desde niña se pasa por ahí y les pone
nombres y les habla a todas las gallinas, dice
Ciano. Ellos ríen. Yo le puse a uno Pochito.
Tienes que verlo es bien feíto y espeluzado,
dice Jovan. Allí la encontré hoy bien triste
porque una serpiente mató a dos gallinas y una
era la mamá de Pochito, dice Jovan. ¿Serpientes?
pregunta Joel, se le eriza la piel. Sí, bajan
del yunque, dice Ciano. ¿Aquí en la isla?
pregunta Joel. Así mismo y grandes que son, dice
Ciano. Espérate, yo no voy a dormir y que se me
trepe una serpiente a la cama, dice Joel
asustado. Hombre no, puedes estar tranquilo, ríe
Ciano.
En eso
Maya entra a la casa. Buenas noches, ella
saluda. Buenas noches, ellos saludan. Ella se
queda mirándolos por un momento. ¿Jovan? ella
pregunta nerviosa. Sí, él dice levantándose. Se
murió Pochito, ella llora. Ay no, él dice
abrazándola fuertemente. ¿Pero qué pasó? él
pregunta. No sé, ella dice entre sollozos. Se
sientan en el sofá. Mi amor, ya te dije que se
iba a morir, estaba espeluzado, dice Jovan.
Parece que el gallo lo picó, ella dice. Sssh,
mañana mismo comenzamos con la construcción,
dice Jovan.
Joel y
Ciano conversan mientras comen. ¿Y tú, tienes
novia? pregunta Ciano. No, soy soltero, dice
Joel. En estos tiempos la juventud no se casa
hasta tarde, dice Ciano. Ese hermano tuyo se
buscó un problema con Maya porque esos
animalitos se pasan muriéndose de cada rato,
dice Ciano. Es muy sensible, dice Joel. Va a ser
una madre ejemplar y le gustan mucho los
animales. Tiene un corazón bien grande, dice
Ciano. Hoy monté la yegua pinta. Qué hermosura,
dice Joel. Sí. Yo tengo esos caballos hacen
años. Ahora son bien caros, dice Ciano. Oye
sabes lo qué debemos hacer... irnos al hipódromo
a ver las carreras de caballos, dice Ciano. Me
gustaría mucho, dice Joel.
Jovan y
Maya salen al balcón. Eso por ahí causa miedo.
Qué oscuridad. Se necesitan postes de luz a cada
esquina del terreno, dice Jovan. Uno se
acostumbra, ella dice. Sí pero puede haber
serpientes, él dice. Papá dice que son bien
grandes pero no es verdad. Yo las he visto y no
es para tanto. Él todo lo exagera, dice Maya. Me
quedé con las ganas, él dice. ¿Qué? ella
pregunta. Él se le acerca al oído. Me dejaste
con las ganas, él repite. Podemos bajar al llano
esta noche, ella dice. ¿Con las culebras? él
pregunta. Ella ríe. No sé si pueda, él dice.
Claro que sí, ella dice riendo. Yo tengo tantas
ganas de ti que a lo mejor no llegue al llano,
él dice en voz baja. Ella ríe. Eres bien
gracioso, ella dice riendo. ¿Y cuando nos vamos
al llano? él pregunta. Yo te aviso. Te toco a la
ventana de tu habitación y por ahí mismo puedes
salir, ella dice en voz baja. Ay sí... avanza,
él dice apasionado.
Ana
sirve café y todos se sientan a conversar. Pues
yo conozco un abogado y también unos muchachos
que construyen casas y son bien leales y
respetuosos, dice Ciano. Que bien, dice Jovan.
Mira muchacho, la vieja te preparó la habitación
al lado de la de Jovan, dice Ciano. Gracias, yo
la verdad que estoy rendido, dice Joel
levantándose. Buenas noches a todos, él dice
retirándose.
Después
de un rato todos se retiran a sus habitaciones y
Ciano cierra las ventanas y las puertas de la
sala y la cocina.
Jovan
entra a la habitación de Joel. ¿Estás bien? le
pregunta. Sí, que cansancio y esos pájaros que
ruido hacen, dice Joel. Son los grillos y los
sapos, dice Jovan. Ay qué madre no sé si pueda
dormir, dice Joel. Uno se acostumbra pero yo
prendo el abanico y no se oye tanto. El ruido
del abanico es mejor, dice Jovan. Buenas noches,
dice Joel. Hasta mañana, dice Jovan.
Después
de un rato Maya toca a la ventana de Jovan. Él
abre la ventana y sale afuera. Ella lo toma de
la mano y bajan la loma hacia el río. Algo me
picó, dice Jovan. Son los mosquitos, dice Maya.
Ay padre me van a picar todo, él dice. Eres un
miedoso, ella dice.
Mira, la
luz de la luna nos alumbra, ella dice.
Desnúdate, ella dice. ¿Qué? Ay yo no sé si
pueda, él dice. Avanza, ella dice. Es que... él
dice. Ella se desviste. Maya, él dice al verla
desnuda. Ven acá, él dice ahora apasionado.
Diablos que hermosa eres. Ay mi amor ya no puedo
esperar mas, él dice besándola y acariciándola.
Ella se acuesta en su ropa y él comienza a
besarle todo el cuerpo y la besa entre las
piernas y ella ondula hacia él apasionada. Esto
va a doler un poco, él dice penetrándola. Ella
lo agarra de las nalgas. Ay eso duelo mucho,
ella dice. Sí mi amor pero también es rico, él
dice apasionado. Un poquito más, él dice. Ya,
ella dice temerosa. No, un poquito más, él
vuelve a repetir. Ay... ay...no, ella dice.
Sssh, él la besa fuertemente en la boca
penetrándola aun más. Ya veras lo rico que es
una vez no seas virgen, él dice ondulando
suavemente. Ay sí es rico, ella dice ondulando.
¿Te gusta? él pregunta. Ay sí, ella dice
agarrándolo de las nalgas. Vente cuando quieras,
entrégate a mi toda. Ay estás bien buena, él
dice enloquecido. Te voy hacer mía así, todos
los días y todas las noches. Quiero que seas mi
esposa, él dice ondulando rápidamente y poco
después ambos llegan a un clímax.
¿Hablas
en serio? ella pregunta. Claro que sí, él
contesta. No tienes que casarte solo porque...
ella dice. Te quiero y quiero que seas mi
esposa. Quiero hacer una vida contigo y tener
hijos y cuidarte, él dice besándola. Me asusta
todo esto, ella dice. ¿Por qué? él pregunta. No
sé, es tan rápido. Me parece un sueño, ella
dice. Así es la vida. Yo sé lo qué quiero y no
entiendo porqué tengamos que esperar. Vamos a
regresar a la casa, ella dice. ¿Qué fue eso? él
pregunta asustado. ¿Qué? ella pegunta. Algo me
agarró, él dice. Fui yo tonto, ella ríe. Ay
madre esto es un peligro, él dice vistiéndose
deprisa y mirando a su alrededor.
El día
siguiente...
Joel se
levanta y se encuentra con Jovan en la cocina.
Ven para que comas y nos vamos a montar caballo,
dice Jovan contento. Estás demasiado contento,
dice Joel. Jovan ríe. Es rico ir a pasear de
madrugada por el campo, dice Jovan. ¿Qué fue lo
qué le pasó a tu mujer anoche? pregunta Joel. Es
que es bien sensible y se murió una gallina bebé
así era de pequeña como una bolita de algodón,
él dice mostrando con sus manos. Bueno ella lo
quería mucho y una serpiente bajó una noche y le
mató a la mamá y el pollito se quedó solo, dice
Jovan. ¿El qué? pregunta Joel. El pollito,
contesta Jovan. ¿Eso es como pollo... de comer?
pregunta Joel. Sí, pero es "chick" en español,
dice Jovan. Que raro, dice Joel. Pues la cosa
fue que yo entendí que ella me decía pochito y
así se quedó, Pochito. En cuanto construyan una
gallinera más grande y fuerte le compro muchos
pollitos, dice Jovan. Pero si las gallinas los
ponen, dice Joel. Tú sabes algo Joel, yo de eso
no entiendo nada, ríe Jovan. Que lío yo tampoco,
dice Joel. ¿Maya va a ir con nosotros? pregunta
Joel. No lo creo, ella y su madre van al pueblo,
dice Jovan. Pues vamos, dice Joel.
Hoy te
voy a llevar al río. Eso por allá es bellísimo y
te voy a enseñar donde quiero la casa, dice
Jovan. ¿Tú te has asegurado a la mujer? pregunta
Joel. Sí, anoche, dice Jovan. ¿Anoche? pregunta
Joel. Así mismo y era virgen por si las dudas,
dice Jovan. Que rico. Imagínate eso una mujer
que solo es de uno. Eso es un sueño, dice Joel.
Le pedí que se casara conmigo, dice Jovan.
¿Hombre pero tú estás seguro? No sea el aire
fresco del campo, dice Joel. No, estoy bien
seguro y quiero vivir aquí mismo. Tú, Ciano y yo
podemos vivir del turismo y pues algunos
proyectos por ahí de construcción pero no me voy
de aquí, dice Jovan. Pues yo tampoco. Si tú te
quedas, yo también, dice Joel. Así mismo, ya
hemos hecho bastante dinero y es hora de
disfrutar la vida. Una vida mas tranquila, dice
Jovan. Estoy contigo, dice Joel.
Maya y
Ana en un restaurante
Me pidió
que me casara con él, dice Maya. Ay hija que
lindo, dice Ana. Pues es que acabo de conocerlo,
dice Maya. Eso es algo que se sabe rápido, dice
Ana. No me he atrevido acercarme a su hermano.
Me da no sé qué. Es muy raro. Mira, se me eriza
la piel, dice Maya. No seas así. Ese otro chico
es igualito a Jovan, sencillo y bondadoso. Son
igualitos y se quieren mucho. Nadie puede contra
ese amor que se tienen esos hermanos así que es
mejor que te acostumbres si no Jovan se va a
sentir muy mal, dice Ana. No es eso, es que ay
me mira igualito que Jovan. Es algo muy raro,
dice Maya. ¿Cómo quieres casarte? pregunta Ana.
Me gustaría una boda al aire fresco. Fotos cerca
al río y una fiesta en la casa. Yo no tengo
muchas amistades, dice Maya. ¿Y de luna de miel?
pregunta Ana. No sé quizás al Ritz pero nada
fuera de la isla, dice Maya. Vas a ser la novia
más linda del mundo, dice Ana. Él quiere tener
hijos, ella dice. ¿Y tú no? pregunta Ana. Sí
claro que sí, dice Maya. Pues que lindo. Yo
estoy muy a gusto con ese muchacho y si fuera el
hermano, también, ríe Ana. Ciano fue hablar con
el abogado Cepeda y a ver si Julio y Pepe
Santiago se prestan para la construcción de la
casa, dice Ana. Ay que bueno. Ellos son muy
buena gente, dice Maya. Eso solo no, van a
terminar esa casa en un dos por tres, dice Ana.
Eso sí, dice Maya tomando café.
La
Casa Santiago
Pepe, te
digo que esos muchachos vinieron de Los Ángeles.
Al principio vino Jovan enviado por su jefe para
mirar y medir el terreno y asegurarse que todo
estuviera viento en popa. Luego no sé lo qué le
pasó a ese hombre. Mira es de uno morirse. No
hizo mas que ver a mi hija, Maya, y se viró la
tortilla. Vela esto... de repente el muchacho
quiere comprar el terreno para él y su hermano y
se quieren quedar ahí a vivir junto a nosotros,
dice Ciano. Se enamoró a primera vista, dice
Pepe. Pues sí pero bien fuerte. Mira eso fue en
un dos por tres y yo me alegro mucho porque son
buena gente. Ah y no te la pierdas son gemelos
idénticos y maldita sea si yo los puedo
distinguir, dice Ciano exageradamente. Pepe ríe.
Que interesante. Pues mira mi hermano y yo
estamos disponibles y será un placer hacer
tratos con ustedes. Ya veo que ahora tienes dos
hijos mas, dice Pepe. Así mismo y estoy en las
nubes. Estoy bien relajado. Yo me la pasaba
preocupado por la vieja y Maya pero ahora no.
Ahora veo un futuro muy lindo para todos, dice
Ciano. ¿Bueno y qué te dijo Cepeda? pregunta
Pepe. Que todos los documentos están en orden.
Somos los tres dueños de todos los terrenos.
Jovan me incluyó como propietario. Eso es de
verse porque yo no tengo dinero. Yo estaba
vendiendo porque no sabía qué hacer y porque yo
no puedo cuidar de tanto terreno, dice Ciano.
Pues el muchacho se metió a la computadora y
preparó los documentos y los contratos y Cepeda
dice que son validos y que me otorgan como
propietario una parte al igual que a ellos.
Imagínate eso. Yo les vendo y ellos me lo
regalan. Es para uno emborracharse, dice Ciano.
A lo mejor se case con tu hija y por eso lo
hizo. Así queda todo entre familia, dice Pepe.
Sí, eso pienso yo, dice Ciano. Oye Pepe yo me
tengo que ir que dejé a mi mujer y a mi hija
comprando en el mercado, dice Ciano. Pues cuenta
con nosotros, dice Pepe. Gracias, yo te llamo,
dice Ciano.
Joel y
Jovan
Regresan
a la casa y se duchan y se cambian de ropa.
Vamos al pueblo para que conozcas eso por allá,
dice Jovan. Sí vamos. Tengo que comprar algunas
cosas para los diseños y papel para dibujar.
¿Oye, por cierto, habrá una tienda de arte?
Necesito una lona, dice Joel. Pues vamos, dice
Jovan.
Ellos
cierran la casa y salen y se meten al auto. Ahí
viene Ciano, dice Joel mirando por la ventana.
Jovan, llama Ciano desde su auto. Mande,
contesta, Jovan. ¿Qué fue? pregunta Ciano. Vamos
al pueblo, necesitamos materiales para el diseño
de la casa, dice Jovan. ¿Sabe sí hay una tienda
de arte en el pueblo? pregunta Joel. Sí métanse
al "Mall" ahí hay de todo, dice Ciano. Maya les
mira desde el asiento trasero del auto. Dios mío
son igualitos. No sé quien es quien, ella
piensa. Pasen por la casa de Pepe Santiago para
que los conozca. Él vive en el 240 de la calle
principal. Ustedes van asustar la gente, ríe
Ciano estacionando. Nos vemos mas tarde, dice
Jovan. Jovan le guiña el ojo a Maya pero Joel
también. Ay qué susto, ella dice en voz alta.
¿Qué fue? pregunta Ana. Se parecen demasiado,
dice Maya nerviosa.
Jovan,
tengo que decirte, hombre, Maya es divina, dice
Joel. Lo sé y me preocupa mucho. La veo un poco
arisca, dice Jovan. Debes comprarle un anillo de
compromiso y asegurarla bien. No sea que nos la
quiten, dice Joel. ¿Como? pregunta Jovan. Pues
no sea que te la quiten, se corrige Joel. Jovan
se queda pensativo. Tengo que buscarle una mujer
a Joel, él piensa.
Vamos a
las compras primero y luego pasamos a la casa de
Pepe. Nos tenemos que poner de acuerdo en todo,
dice Jovan. Muy bien. Oye Jovan, no te preocupes
yo no voy a ir contra tu voluntad, dice Joel.
Jovan lo mira de re-ojo, parecía un niño
travieso. Le pasó la mano por los cabellos como
una caricia. Lo sé, dice Jovan sonriendo.
La
Casa Santiago
Échale,
si estoy viendo doble, dice Pepe abriendo la
puerta de su casa. Mucho gusto, yo soy Jovan
Ávila y mi hermano Joel, dice Jovan extendiendo
su mano hacia a Pepe. El gusto es mío. Entren,
dice Pepe.
Ellos
entran a la casa. Están en su casa. Siéntense,
dice Pepe. Había tres mujeres en la cocina y una
salió afuera. Mira esta es mi esposa María.
Muchachas vengan un momento, llama Pepe. Las
otras dos mujeres salen a la sala. Esta es mi
hija mayor, Inés y la menor Aria. Estos son los
muchachos que van a comprar el terreno de Ciano,
dice Pepe. Mucho gusto, ellos dicen.
Ellos
tomaron asientos. Joel y Jovan se miraron a los
ojos. Era costumbre entre ellos cuando le
gustaba una mujer. Inés era una mujer alta,
trigueña de unos ojos grandes y negros y Aria
era blanca y rubia de ojos castaños, grandes y
hermosos. Ellas les sirvieron café y luego
volvieron a la cocina. Desde la cocina los
miraban y sonreían. Joel estaba un poco
incomodo. No les haga caso a mis hijas. Además
de que son idénticos ya las oí decir que también
son muy guapos, ríe Pepe. Ellos sonríen.
Pues mis
hijas trabajan en mi negocio. Inés es contadora
y lleva todos los asuntos de cuentas y Aria
ordena todo el material ya que sabe Inglés,
Francés y Italiano, dice Pepe. ¿De veras?
pregunta Jovan. Así es, dice Ciano. Que
interesante, dice Joel. La vieja, cocina, ríe
Pepe. Todos ríen.
Mi
hermano Julio es mi socio. Él tiene dos varones
más o menos de su misma edad. Uno es maestro y
el otro estudia medicina, dice Pepe. Nosotros
estamos a su disposición, dice Pepe. Pues
gracias. Yo quisiera comenzar lo más antes
posible. Estoy ansioso por definir el terreno y
cercarlo y luego construir un rancho grande con
caballerizas y un gallinero porque el que está
en la propiedad esta viejo, dice Jovan. Eso en
un dos por tres. A mí me van a perdonar pero se
van a tener que poner un letrero en la frente
con sus nombres, dice Pepe. Ellos ríen. Pues a
ver como hacemos, ríe Joel. Diablo hasta la
misma voz. Esto no es normal, dice Pepe
mirándolos. Pues yo soy más guapo, ríe Jovan.
Todos ríen. Bueno el que diseña puede trabajar
con Aria y ordenar el material e Inés nos puede
llevar las cuentas, dice Pepe. Que bien, dice
Jovan.
Jovan
y Joel en el auto
¿Qué te
pareció? Siempre hay luz al fin del túnel, dice
Jovan. Eso suena mejor en inglés, ríe Joel. Pues
dime, dice Jovan. Pues sí están bien buenas, ríe
Joel. Oye yo estaba hablando de Pepe y lo gentil
que es, ríe Jovan. Mierda, estabas tú hablando
de Pepe, ríe Joel. Ambos ríen. Pues que buenas
están las dos, dice Jovan. No empieces que tú
eres un peligro de la madre y yo siempre soy el
que sale pidiéndote ayuda, dice Joel. Yo estoy
disponible, ríe Jovan. ¿No puedo creerte pero
con Maya nada? pregunta Joel. No, con Maya nada,
dice Jovan. No es justo, dice Joel. Bueno cuando
tengas algo serio con una mujer yo tampoco, dice
Jovan. Maya es tres veces mas mujer que esas dos
chicas, dice Joel. Ya lo sé, sonríe Jovan. No es
justo, repite Joel mirando por la ventana
pensativo. Los ojos achinados de Maya en su
pensamiento, su boca, los rizos en su pelo
largo, sus nalgas. Esa forma asustada con cual
lo miraba de re-ojo, temerosa. Qué hermosa
mujer, él piensa.
Vamos a
entrar a ese restaurante a comer algo, dice
Jovan. Sí, dice Joel. Jovan estaciona y entran
al restaurante. Tengo ganas de llevarme
morcillas y empanadas y algunas cosas para la
familia, dice Jovan. Que bien. Sí, vamos a
llevarles de todo un poco, dice Joel. Ellos
comen y ordenan para llevar.
La
Casa Basilio
Maya se
encuentra en los establos cuando les ve llegar.
Ella sale afuera. Maya, llama Jovan. ¿Jovan?
ella pregunta temerosa. Sí, mi amor, ven para
que comas, él dice. Ella se acerca a ellos. Les
traje morcillas y otras cosas del restaurante,
dice Jovan. Ay que rico huele, ella dice. Todos
entran a la casa. Joel camina detrás. Era
imposible no verla y no notar los músculos en
sus piernas, en sus nalgas. Era una mujer fuerte
con una belleza pura, él piensa.
Todos
entran y Ciano y Ana salen de su habitación.
¿Qué huele tan rico? pregunta Ciano. Papá ven,
Jovan nos trajo de comer, dice Maya sacando la
comida y sirviéndola en platos grandes.
¿Ustedes
comieron? pregunta Ana. Sí, acabamos de comer,
dice Jovan. Todos se sientan a la mesa. Ay que
rica las morcillas con guineítos, dice Ciano
comiendo. Pues fuimos y hablamos con Pepe. Voy a
comenzar enseguida a trabajar. Yo no sabía que
Pepe tenía dos hijas y bien lindas, dice Joel.
¿Jovan? pregunta Maya. Sí, dice Jovan. Perdona,
es que no sé quien es quien, ella dice temerosa.
Yo soy Joel el que esta hablando de mujeres
bonitas, dice Joel sonriendo. Ay qué susto, dice
Maya. Todos ríen.
La
Casa Santiago
Que
guapos son, Dios mío. Es increíble como se
parecen, dice Aria. No es que se parecen si no
que son idénticos, dice Inés. Ay y tengo que
trabajar con uno de ellos. Se me va a ser
difícil, dice Aria. Mujer, pero tú tienes novio,
dice Inés. Y tú también, dice Aria molesta.
Bueno tenemos que comportarnos profesionalmente,
dice Inés. Así es, dice Aria pensativa.
La
Casa Basilio
Después
de almorzar todos salen al balcón a conversar.
Jovan toma a Maya de la mano y caminan por el
campo. ¿Qué hiciste con Pochito? él pregunta. Lo
enterré, ella dice. ¿Le pusiste una crucecita y
flores? él ríe. Sí, ella contesta. Él la abraza.
¿Me vas a dejar esta noche? él pregunta. Sí,
ella contesta. ¿Tú crees que podamos salir solos
al cine y pasear por el pueblo? él pregunta. Sí
claro, ella contesta. Pues mañana vamos. Quiero
que elijas un anillo, él dice. ¿Un anillo? ella
pegunta. Sí, de compromiso, él dice. Ella le
mira incrédula. ¿De veras? ella pregunta. Sí, mi
amor. Esto es serio, él dice. Ay Jovan todavía
no puedo creerlo, ella dice. ¿Tengo que esperar
hasta la noche? él le pregunta en el oído.
Pues... ella contesta. Ven, él dice llevándola
detrás de los establos.
Aquí no
se puede, ella dice dulcemente. Claro que sí, él
dice. Voltéate, él dice. Ella obedece y él le
baja las pantis mirando a su alrededor que nadie
los viera y la atrae hacia él. Se baja el zíper.
Dóblate un poco, él dice apasionado y ella
obedece y él toma su pene en sus manos y hace
por penetrarla. Ay espera, no... ella dice. Ay
no me digas que no ya es muy tarde bájate un
poco más, él dice ahora penetrándola de atrás
por delante. Ay, ella dice. ¿Te duele? él
pregunta. Un poco, ella dice. Él ondula
suavemente atrayéndola por la cintura y después
de unos minutos ella comienza a ondular, a gemir
y él la agarra fuertemente del pelo. Así me
gusta, así, él dice ondulando enloquecido y
antes de llegar a un clímax él le empuña los
senos y ambos se estremecen violentamente.
Ay mi
amor perdóname. No pude resistirte. Me vuelves
loco y pierdo el control, él dice abrazándola.
Ella lo abraza y le acaricia el pelo y lo besa
tiernamente. Te quiero mucho, ella dice. Yo te
adoro, mi amor, él dice.
Ciano
y Joel
Pues sí,
Pepe, Julio y yo fuimos a las mismas escuelas y
éramos unos bandidos. Pues verás, una noche nos
metimos en un rancho con unas tipitas del pueblo
y nos echamos una orgía de la madre. Yo probé de
todo y de todas, ríe Ciano. ¿No me diga?
pregunta Joel. Así mismo. Luego al otro día
ninguno quería subir la vista de la vergüenza
que teníamos. Mira, Pepe agarró una tipa por
detrás y cuando la soltó, Julio la agarró y hizo
lo mismo y cuando me tocó a mí ya la peste a
mierda estaba insoportable y yo... dije.... yo
paso esta, ríe Ciano. Joel ríe a carcajadas. Ay
no qué escándalo, dice Joel. Así mismo. Esas
cosas pasan, ríe Ciano. Ambos ríen.
Jovan y
Maya regresan a la casa. Joel, ven para que vea
los pollitos, dice Maya. Joel baja y camina con
ellos hacia el gallinero.
Maya
saca un pollito en sus manos. ¿Los has visto
antes? ella pregunta. Sí, nos llevaron de la
escuela a un zoológico una vez y los vi, él
dice. ¿Quieres tocarlo? ella pregunta. Ay fo
no... está tembloso, él dice. Ella ríe. Haces
las mismas muecas que Jovan, ella dice. Vete y
llévalo para atrás.... ay se esta muriendo, dice
Joel. Jovan y Maya ríen. ¿Ves? ¿Qué te dije? En
algunas cosas somos diferentes. Yo no tuve esa
reacción, dice Jovan. Claro que sí, la misma,
ríe Maya. Todos ríen.
Esa
noche...
Joel se
asoma a la ventana. Era una noche estrellada.
Logró ver a Maya y a Jovan de manos corriendo
hacia el río. Que rico, él piensa. Salió por su
ventana y los siguió. Logra verlos cerca al río.
No debería estar allí pero quería verla desnuda.
Tenía que verla. Ella se desviste sensualmente y
Joel lleva su mano a su pene y se acaricia. Ella
tenía unos senos grandes con unos pezones
erectos. La podía ver claramente con la luz de
la noche. Tenía una cintura pequeña y unas
caderas amplias, fuertes, de mujer. Esta no era
una niña. Era demasiado mujer. Él libra su pene
y con su mano comienza a ondular y a llevarse a
un clímax.
Jovan se
acostó en su ropa y la colocó encima del. Poco a
poco, él dice, suave. Ella se sienta
penetrándose suavemente y apasionada comienza a
ondular su cuerpo, a gemir. Lo agarra del pelo,
lo besa fuertemente. Le lleva las manos hacia
atrás con las suyas y él se entrega a sus
caricias y la deja que ella le haga el amor.
Joel
estaba fuera de sí. Que apasionada es... ay...
que rica esta... maldita sea... ay... me vengo,
él dice ondulando y llegando a un clímax. Se
quedó débil, avergonzado. Volvió a mirarlos y
ellos estaban abrazados, Jovan encima de ella
ahora. Joel se compuso y regresó a su habitación
entrando por la ventana. Se metió a la cama y no
podía dormir. Qué horror. Esto es casi
imposible, él dice pensando en el cuerpo de
Maya, en su pasión. Todavía podía escuchar sus
gemidos de amor. Se levantó y se metió bajo la
ducha fría. Estaba helada el agua pero no le
importó y luego se metió a la cama tratando
inútilmente de lograr él sueño.
Jovan
y Maya
Estoy
ansioso por hacerte mi esposa, dice Jovan
acariciándola. Papá y mamá saben que nos
queremos, ella dice. Sí lo sé y estoy muy
contento porque yo los quiero mucho. Son como
familia, él dice. ¿Crees que tu hermano se quede
aquí también? ella pregunta. Sí, él y yo somos
inseparables pero somos también muy apasionados
y él necesita una mujer. Hoy conocimos a las
hijas de Pepe y quizás se haga el milagro. Allá
en Los Ángeles no nos faltaban las mujeres, dice
Jovan. ¿Ustedes les gustan las mismas mujeres?
ella pregunta. Sí, ese es el problema que
tenemos... los mismos gustos en mujer, dice
Jovan pensativo. Las hijas de Pepe son muy
lindas, ella dice. Pues, sí y creo que le
gustaron a Joel, dice Jovan. Pues entonces a ti
también, dice Maya. Ya me estaba imaginando a
que venía esto, él dice. Es que ellas son muy
ligeras, dice Maya. Pues que bueno para Joel,
dice Jovan. Contigo que no se metan, dice Maya.
Mi amor no. Ya mañana nos comprometemos y ahí se
acaba la cosa. Una vez lo sepan respetarán, dice
Jovan. ¿Vas a trabajar con ellas a solas? ella
pregunta. ¿Óyeme pero eres bien celosa? él
pregunta. Sí, ella contesta. Él la empuña entre
las piernas. Yo sin esto no puedo vivir, él dice
besándola en la boca.
Ellos
entran a la casa. Joel escuchó la ventana de
Jovan cerrar. Tragó gordo. No podría seguir sin
mujer por mucho tiempo. Tendría que entrarle a
una de las hijas de Pepe o a las dos. Estaba
demasiado caliente y era imposible concentrarse
en el diseño y la construcción de la casa. Qué
mierda... era a Maya a quien quería tener entre
sus brazos.... ay que dulce cogerla por detrás y
hacerla gemir, hacerla doblarse frente a él. Ay
que rico, él piensa acariciándose de nuevo con
su mano.
Dos
Semanas Después...
Ahí esta
Pepe con Julio y se trajeron a sus hijas y
algunos de lo obreros, dice Ciano. Que bien,
dice Jovan saliendo al balcón. Mira vieja vamos
a tener que hacer mucho café y a ver que se hace
de almuerzo, dice Ciano. No te preocupes que
Maya y yo lo tenemos todo en orden, dice Ana.
Maya mira afuera por la ventana de la cocina. A
ella nunca le habían caído bien las hijas de
Pepe. Las mismas que se reían de ella cuando
eran adolescentes. ¿Qué pensarían de ella ahora?
Ella piensa entrando a su habitación y
cambiándose de ropa a unos pantalones bien
cortos, una camiseta ajustada a su cuerpo blanca
y sus cabellos sueltos. A ver si se meten con
Jovan. Que se atrevan, piensa Maya.
Afuera
en el patio...
Aquí
estamos, temprano y listos, dice Pepe. Yo soy
Julio Santiago, dice Julio extendiendo su mano
hacia Jovan. Jovan Ávila, dice Jovan sonriendo.
¿Y qué es todo esto? él pregunta. Bueno vamos a
cercar. Aquí esta la verja y todo los materiales
necesarios, hasta herramientas y letrero. Mira
este letrero a ver si te gusta, dice Julio. El
letrero decía: Propiedad Ávila y Basilio.
Diablo pero ustedes están bien preparados, dice
Jovan. Así mismo, dice Julio.
Joel
sale de su habitación tropezándose con Maya que
salía de la de ella. Ay, perdona, ella dice.
¿Adónde vas tan linda? él pregunta todavía con
sus manos en la cintura de Maya. Afuera, ahí
llegaron Julio y Pepe y sus hijas, ella dice
dulcemente. Que bien, él dice soltándola. Camina
tras ella. Estaba locamente enamorado de Maya.
Ya no podía negárselo. Esto era más fuerte que
él mismo. No era solo sexo, era todo. La quería
para siempre. Quería cuidar de ella, tener hijos
con ella. Qué mierda, él piensa mirando a Inés y
a Aria que esperaban frente al camión.
¿Maya?
pregunta Inés sorprendida. Sí la misma, contesta
Maya. Mujer que linda estás. Qué cambio, dice
Aria. No puedo creerlo, dice Inés. Así somos las
mujeres, no, cambiamos mucho, dice Maya. Inés y
Aria se miran una a las otras. Joel se acerca a
ellas. Buenos días. A ver si comenzamos
enseguida porque tenemos prisa, dice Joel.
¿Estás
comprometida? pregunta Inés mirando el anillo de
Maya. Sí, ella contesta. Ay no lo sabía, dice
Inés. Sí, ella y mi hermano se van a casar
pronto, dice Joel. ¿Su hermano? pregunta Aria.
Así es, contesta Joel. Maya sonríe burlonamente.
Las chicas caminan con los obreros.
Que mala
eres, dice Joel. ¿Por qué? ella pregunta. Te
estabas luciendo, él dice. Sí, son unas pesadas
y unas envidiosas, dice Maya. Pues no se
comparan contigo. No te llegan ni a los pies, él
dice. Ella lo mira a los ojos. Aquellos ojos
picaros que estaban llenos de deseos. Ella
cambia su vista deprisa. Qué pena que no tengas
hermanas, él dice. Ella mantiene silencio. Él
sigue caminando junto a ella. Él se muerde los
labios. Podía ingerir el aroma en los cabellos
de Maya y lo tenía en las nubes. Qué suerte la
de mi hermano, él dice. Las chicas no son tan
malas y son lindas, ella dice temerosamente. Él
ríe. ¿Me tienes miedo? él pregunta. Ella no
contesta. Sí, le tenía miedo. La forma en la
cual él la miraba, como se mordía sus labios al
mirarla. La intensidad en su mirada que la
penetraba. Siempre que la miraba así la hacia
pensar cosas prohibidas y acudía a Jovan para
aliviar sus deseos. ¿Cómo sería hacer el amor
con los dos? Ay sería un placer inmenso, ella
piensa.
No debes
estar aquí con esos shorts, él dice. ¿Por qué?
ella pregunta. Ay muchos hombres, él dice. Pues
Jovan no me ha dicho nada, ella dice. Te lo digo
yo, él dice molesto. No voy a estar con los
obreros mucho tiempo, ella dice. Vete y
cámbiate, él dice ahora deteniendo su paso. Es
solo por un ratito... ella dice. Ve y cámbiate,
él vuelve a repetir mirándola seriamente a los
ojos. Ella se voltea y camina hacia la casa de
nuevo. Entra a su habitación y se cambia a unos
pantalones largos y vuelve a salir.
¿Adónde
fue Maya? pregunta Jovan. Le pedí que se
cambiara. Estaba con unos shorts hasta acá
arriba y no es justo frente a los hombres, dice
Joel. Pues que bien, gracias, dice Jovan
mirándolo de re-ojo. Ambos habían estado con
Maya todo el tiempo. Ninguno quería dejarla
sola. Salían juntos los tres y si no, Joel se
quedaba en la casa pero no salía solo al pueblo.
Jovan había notado sus miradas hacia Maya.
También lo había notado muy triste en los
últimos días. Tendría que hablar con él.
El grupo
se reúne en el terreno donde se iba a construir
la casa y Jovan camina con Pepe y Julio marcando
la base, Maya camina con ellos. Inés conversa
con los obreros sobre sus salarios y otros
asuntos y Aria se reúne con Joel.
La
madera, el cemento y la loza ya han sido
encargadas, dice Aria. Gracias. Jovan va a
viajar a encargar algunas cosas para el interior
mas tarde. Ahora tenemos mucho trabajo, dice
Joel mirándola de arriba abajo. Era una mujer
muy linda e inteligente, moderna. Conversaban en
Inglés y a él se le hacia mucho más fácil
comunicarse en inglés.
Los
obreros tendieron una carpa y prepararon café en
una fogata abierta. Oye Pepe pero si en la casa
hay café, dice Ciano. No se preocupe ellos
siempre están preparados, dice Pepe.
Después
de un rato. Uno de los obreros es mi novio, dice
Inés. ¿De veras? pregunta Maya. Sí, Emilio Soto,
dice Inés. Que bien, dice Maya. El mismo que se
la quería comer con los ojos, piensa Maya. ¿Y
Aria tiene novio? pregunta Maya. Sí, un chico
que vino de los EE. UU. a estudiar a la
universidad de Río Piedras, dice Inés. Me
alegro, dice Maya. Tu novio es muy guapo, dice
Inés. El tuyo también, dice Maya. ¿Cómo haces
con dos hombres que se parecen tanto? Será una
pesadilla, dice Inés. Pues no, Joel es muy
respetuoso y serio, dice Maya mintiendo. Joel la
miraba frescamente de arriba abajo, se mojaba
los labios con su lengua y se mordía los labios.
Eso eran deseos pero a ella le gustaba. Le
gustaba tenerlo a los dos... a sus pies, ella
piensa.
En eso
Aria y Joel se acercan. Bueno nosotras debemos
volver a la casa ya no hay nada que hacer aquí,
dice Aria. Joel no quería llevarlas y estaba
rogando que no se lo pidieran. No quería estar
lejos de Maya ni un segundo.
Bueno,
gracias por todo, dice Inés. ¿Se van solas? le
pregunta Joel a Maya. Sí, ellas manejan, dice
Maya. Que bueno. No quería llevarlas y les estoy
huyendo, él dice. ¿Por qué? ella pregunta. No
sé, me miran raro y se me pegan mucho, él dice
pasándose la mano por sus cabellos, un gesto que
ambos hacían cuando estaban preocupados. Ella se
queda mirándolo. No tenía nada diferente a
Jovan. Hasta sus dientes eran idénticos. Él la
nota mirándolo y sus ojos se encuentran por un
instante. Debes sacar a Aria alguna parte.
Parece que le gustas, ella dice. A mi no me
gusta ella, él dice. Ella cambia su vista. ¿Te
gusta Inés? ella pregunta. No, él contesta ahora
molesto. ¿Quieres que me le meta a la cama a
esas mujeres? él pregunta. No, ella contesta.
Pues no jodas, él dice retirándose. Dios mío. No
quiero que esté con ellas. Siento celos. Qué
horror, ella piensa desesperada buscando a Jovan
con sus ojos. Jovan estaba ocupado y ella
decidió regresar a la casa.
Mamá,
ella llama. Sí hija aquí estoy, dice Ana. ¿Vamos
a llevar el almuerzo? pregunta Maya. Sí, pronto.
Mira ayúdame que les preparé limonada y esto
esta pesado, dice Ana. Pero papá dijo que
llevemos el auto, dice Maya. Pues eso mismo
vamos hacer, dice Ana. Las pesadas se fueron,
dice Maya. Ay que bueno. Se querían comer a los
Ávila con los ojos, dice Ana. Joel me dijo que
se le pegan mucho y no sé que más, dice Maya. Me
lo imagino pero él es soltero, dice Ana. Sí,
pero ellas tienen novio. Además a Joel no le
gustan, dice Maya. Ay vamos que se hace tarde,
dice Ana.
Todos
dejan el trabajo para almorzar
Maya y
Ana sirven la comida en una mesa bajo la carpa.
Jovan se sienta a comer y a conversar con los
obreros. Ana y Ciano comen juntos con Pepe y
Julio y Maya regresa a la casa. Hacía mucho
calor y se metió al baño bajo la ducha. Después
de unos minutos escucha la puerta de su
habitación abrir. Jovan, ella llama. Sí, él
contesta. Ay me asustaste, ella dice. Él se mete
bajo la ducha con ella y comienza a besarla.
Tengo jabón en los ojos, ella dice. Ay mi amor
dame un cantito, él ruega empuñándole los senos
y metiéndole la mano entre las piernas. Jovan
espera un minuto, ella dice. Él la deja pasar
frente a él bajo la ducha y la agarra de
espaldas. Ella trataba de quitarse el jabón de
sus ojos y de su pelo. Él la levanta con sus
brazos por la cintura fuertemente ondulando
contra sus nalgas. Ay, espera, ella dice. No
puedo, él dice apasionado. Ella se dobla frente
a él y él la penetra enloquecido por delante
primero y luego por detrás y ella grita. Ay no,
ella dice. Ay mi amor no te me niegues, él dice
enloquecido ondulando contra ella. Él lleva su
mano hacia adelante y la penetra con sus dedos y
ella comienza a ondular apasionada. Así... ay
que buena estás, él dice desesperado agarrándola
del pelo y llevándolos a un clímax violento. Se
queda exhausto y sofocado. Ella se enjuaga y
sale afuera y se seca. Estaba molesta. Él se
seca y sale tras ella. Ella mantiene silencio y
se viste y sale de la habitación. Él se viste y
sale por la puerta de atrás y camina hacia el
campamento.
Maya en
el balcón. Lo ve salir. Estaba asustada y
nerviosa y las manos le temblaban. Ese no pudo
haber sido Jovan. Jovan era un hombre muy macho
y la trataba con ternura y delicadeza porque
sabía que podía hacerle daño. Tenía que haber
sido Joel. Qué susto tenía. Le faltaba el aire.
¿Qué iba hacer? ¿No podía preguntar y si era
Jovan? Ay qué susto. ¿Serían diferentes en ese
sentido? Tendría que comprobarlo. Qué horror
siquiera pensar que estaba con los dos y no
sabía quien era quien, ella piensa nerviosa.
Después
de una hora Jovan entra a la casa. Maya, él
llama. Sí, ella contesta. ¿Qué haces? él
pregunta. Me cansé mucho y hace mucho calor,
ella dice. Pues que bien. No me gusta como los
hombres te miran, dice Jovan. Jovan se quita la
camisa. Ay qué calor, él dice. Ella lo mira de
re-ojo. Hace una hora estaban bajo la ducha,
ella piensa. Me tengo que duchar. No soporto el
calor, él dice entrando a su habitación. Era
Joel, estaba segura. Jovan, ella llama. Sí, él
contesta desde el baño. ¿Estabas aquí hace una
hora? ella pregunta. ¿No, por qué? él pregunta.
No nada es que escuché ruido en la casa, ella
miente. Esto lo comprobaba, fue Joel. Estaba
furiosa y en cuanto pudiera le iba a meter una
bofetada, ella piensa.
Jovan
sale afuera secándose el pelo con una toalla.
Jovan vamos a casarnos ya, ella dice. ¿Qué pasa?
él pregunta. No quiero a esas mujeres cerca de
ti, ella dice. Está bien. Yo me caso contigo
cuando quieras, él dice besándola en la boca.
¿Qué te pasa? ¿Estas triste? él pregunta. No,
estoy preocupada. Quiero dormir contigo todas
las noches y no tener que esconderme, ella dice.
Sí, yo también. Voy hablar ahora mismo con
Ciano, él dice. Quédate y descansa, él dice
besándola y saliendo de la casa.
Ella
sale al balcón. Lo voy a bofetear a ese imbécil,
ella dice molesta.
Esa
noche después que todos partieron...
Ciano,
Ana y Jovan conversan en el balcón y Maya entra
al gallinero como de costumbre y le da de comer
a las gallinas. Sale afuera y entra a los
establos. ¿Qué haces? pregunta Joel. Ella se
voltea lentamente. ¿Jovan? ella pregunta
temerosamente. Sí, él contesta. Ella sigue
atendiendo los caballos y lo mira de re-ojo. Él
la mira de arriba abajo mordiéndose los labios
frescamente. Ella lo mira molesta. Él ríe. ¿Qué
te pasa? él pregunta. Nada, ella contesta. Vamos
a dar una vuelta por el campo, él dice. ¿Ahora?
ella pregunta. Sí, está bien fresca la tarde, él
dice. Tendría que hacerlo y ver si podía
enfrentarlo pero necesitaba estar segura, ella
piensa.
Salen
afuera y él la toma de la mano y caminan hacia
el río. Él la lleva tras un árbol y comienza
acariciarle los senos. ¿Qué te dijo papá sobre
lo qué hablamos? ella pregunta. Él se asusta.
¿Sobre qué? él pregunta. Tú sabes, ella dice.
No, no sé, él dice molesto. Ella lo mira a los
ojos. ¿De qué hablamos esta tarde? ella
pregunta. De muchas cosas, él contesta. Cuando
estabas en la ducha, ella dice. Él la suelta y
camina unos pasos y luego regresa y ella lo
abofetea fuertemente en el rostro. Él bajó su
cabeza y cuando subió sus ojos hacia ella
estaban llenos de lágrimas y no pudo evitar
cubrirse el rostro con sus manos y sollozar.
Perdóname, él dice entre sollozos. No pude
evitar enamorarme de ti, él dice.
Ella se
acerca a él y le quita las manos del rostro y le
seca las lágrimas con su mano. Lo mira a los
ojos y se acerca y lo besa tiernamente en los
labios. No llores, ella dice dulcemente en una
voz bajita. Perdóname, él vuelve a decir. Ella
ahora lo vuelve a besar. Él se sorprende y la
mira incrédulo. Ella se acerca más y le acaricia
los cabellos con su mano como tantas veces había
hecho con Jovan cuando él estaba triste. Era
imposible no hacerlo. Era Jovan frente a ella.
Eran igualitos y hasta sollozaban igual.
Parecían niños traviesos. Dios mío, ella piensa,
los quiero a los dos.
Él lleva
sus manos al rostro de Maya acariciándola y
besándole los ojos, los labios, el cuello y la
boca. Ella devuelve el beso y él la abraza
fuertemente. Te adoro. Jamás he amado así a
ninguna mujer, él dice. Tengo mucho miedo, ella
dice. No mi amor no temas. Yo sé que quieres a
Jovan y que él te quiere pero déjame quererte
aunque sea de lejos, él ruega. Es que... ella
dice temerosamente... los quiero a los dos, ella
dice con una voz temblosa. Quería llorar. Quería
gritar. Estaba desesperada. Él la abraza. Mi
amor no temas. Jovan y yo siempre hemos pasado
por estas cosas pero al fin seguimos unidos,
dice Joel. No quiero que sufras, ella dice. Sí
tú me quieres y puedo estar contigo, nada mas
importa, él dice. No quiero que las hijas de
Pepe te anden meneando el rabo. Siento celos,
ella dice tristemente. Él ríe. ¿De veras? él
pregunta. Sí, ella contesta. ¿Le dijiste lo
mismo a Jovan? pregunta Joel sonriendo. Sí, ella
contesta. Él ríe. La vuelve abrazar. Vamos a
regresar que se hace tarde, él dice. Él regresa
por la parte trasera de la casa y se mete por la
ventana a su habitación y ella sube al balcón.
Allí todavía estaba su padre y Jovan
conversando.
Maya,
mira mi amor, nos casamos dentro de unas
semanas. Me dice Ciano que solo tenemos que ir
al Registro Civil y hacer cita, dice Jovan. Así
mismo y luego cuando quieran se casan por la
iglesia. Eso es si quieren. Nosotros no somos
muy religiosos, dice Ciano. Pues yo tampoco,
dice Jovan. Pues ahí está y podemos celebrar
entre nosotros, dice Ciano. Ve y habla con la
vieja que está llorando desde que le dimos las
noticias, ríe Ciano. Maya entra a la casa. Mamá,
ella llama. Ven hija, dice Ana que estaba
limpiando la cocina. Me caso pronto, dice Maya.
Ana la abraza fuertemente. Vas a ser muy feliz,
dice Ana. Sí y estoy ansiosa por ser la esposa
de Jovan. Lo adoro mamá, ella dice.
Dos
semanas después...
Jovan y
Maya se casaron y pasaron una semana en Isla
Verde. Joel y Ciano se encargaron de la
construcción. Ya la propiedad estaba asegurada
con letreros y una verja de cemento alta con
pilares de cemento y a la entrada había unos
leones grandes de cemento postrados como
centinelas. Estaba quedando bellísima la casa y
los hombres trabajaban rápido y eran eficientes
y puntuales. Aria y Joel seguían trabajando
juntos y ella había dejado a su novio. Estaba
enamorada de Joel y Joel lo sabía pero no quería
tener problemas con Maya. Ni por un instante
quería pensar que Maya se fuera a enojar, que lo
dejara. Se moriría sin ella, sin sus besos, sin
sus caricias, sin su cuerpo.
Jovan
y Maya
Ven
siéntate, quiero hablar contigo, dice Jovan. Sí,
ella dice sentándose a su lado en una hamaca en
la terraza del hotel. Yo no quiero usar condones
porque quiero tener hijos y pronto, él dice. Sí
lo he notado, ella dice. ¿Tú quieres tener hijos
ahora? él pregunta. Sí, ella contesta. Pues no
mas condones. Ay que rico es sin condones, él
dice. Dicen que una siempre debe exigir condones
porque él hombre siempre esta con otras mujeres
y... ella dice. Mujer pero yo nunca haría una
barbaridad así. Sí estoy contigo sin condones no
voy hacer lo mismo con otra mujer. Ay espérate
eso no me salió muy bien, él dice. Ella ríe.
Pues entonces conmigo nada más, ella dice. Así
es señora Ávila como usted mande, él dice
sonriendo. Te adoro, ella dice. Yo también te
adoro, él dice.
La
Casa Basilio
Ciano y
Joel conversan en el balcón. Óyeme, yo no me
acuerdo si te dije a ti algo o fue a Jovan, dice
Ciano. Pues nosotros todo lo consultamos, ríe
Joel. Qué madre eso... es espantoso. Es que me
da con repetir las cosas por si se las dije al
otro, dice Ciano. Joel ríe a carcajadas. Eso es
una madre, chico, dice Ciano riendo. La hija de
Pepe me tiene un lado hinchado, dice Joel. Esta
como perra sata detrás de ti, dice Ciano. Qué es
eso "sata" pregunta Joel. Culeca, dice Ciano.
Ah, ríe Joel. Métele mano que para mañana es
tarde, dice Ciano. ¿Es que no sé, después como
me la quito de encima? pregunta Joel. Hombre
pero tú andas sin mujer. Yo no sé como lo haces,
dice Ciano. Yo tengo mis cosas, dice Joel. Bueno
pues así sí pero eso de uno andar sin mujer es
un tormento, dice Ciano tomando cerveza. Ya
pronto regresa Jovan y Maya. Quien lo diría de
un día al otro se casó mi única hija, dice
Ciano. Así es la vida. Yo nunca me imaginé que
mi hermano iba a venir acá a encontrarse con la
mujer de su vida, dice Joel pensando... y la
mujer de mi vida.
Como es
la vida... da tantas vueltas, dice Ciano
pensativo.
Inés y
Aria en un restaurante
Oye pero
que estúpida eres como lo vas a dejar que otra
te lo quite, dice Inés. Es que a él yo no le
intereso, dice Aria. Mira a cualquier hombre le
interesa una mujer que se le mete en la cabeza.
Debes tocarlo, decirle cosas sucias para que él
quiera probar. Así es, métetele en la cabeza,
dice Inés. Es que es muy serio y da vergüenza,
dice Aria. Ay que boba eres, dice Inés. Mira a
Emilio me le pasé agarrando allá abajo hasta que
un día me rogó de rodillas que me fuera a la
cama con él. Se me negaba porque en ese tiempo
él estaba detrás de Maya. Ella lo tenía caliente
y él la vio una vez y deja eso. Pues una vez lo
agarré detrás de la casa y le di la mamada de la
madre, dice Inés. Ay no, dice Aria. Pues sí y
desde ese entonces el hombre esta detrás de mí
como un sonámbulo, dice Inés. ¿Tú crees?
pregunta Aria. No creo... lo sé, dice Inés.
Jovan
y Maya en un Mall
Ay mira
que lindo este polo para Joel, dice Maya. Está
perfecto pero vamos a llevarle como diez en
diferentes colores. A mí me gusta blanco y ay
que lindo esta el negro. Mira a él también le
gustan estas camisetas, dice Jovan. Llévale de
esas también, ella dice. Quiero llevarle también
calzoncillos de estos bikinis, dice Jovan. Esos
son los mismos que tú usas, ella dice. Pues sí y
él también pero ambos nos gustan negros, él dice
escogiendo. Ella lo mira de re-ojo. Todo era
para Joel. Él no hacia más que pensar en su
hermano. Era un placer ver como se querían y se
protegían. Pobre Joel, ella piensa. Nunca se
casará y siempre estaría ahí cerca esperando una
limosna. Que dolor tan hondo sentía en su alma.
Se iba a sacrificar por el amor que le tenía a
ella y a su hermano.
Oye Maya
yo estaba por hacerte una pregunta, él dice.
¿Qué? ella pregunta temerosamente. Si algo me
pasara a mí. ¿Es decir, bueno sí me muero o
tengo un accidente, no sé... tú aceptarías a
Joel como hombre? él pregunta. Ella se asusta.
No me digas cosas feas. No quiero que te mueras,
ella dice. No mi amor pero estas cosas se deben
hablar, él dice. Pues me imagino que sí. Son
idénticos y sería como si tú estuvieras conmigo,
ella dice. Que bueno. Me haces feliz. Quiero que
sepas que estoy de acuerdo que si no soy yo, sea
él, dice Jovan. ¿Y si él esta casado? ella
pregunta. Yo sé que él siempre estará contigo,
contesta Jovan. Ella estaba asustada. ¿Por qué
le decía eso? ¿Ay Dios mío sabrá algo? ella se
pregunta.
Julio
y Pepe
Yo los
puedo distinguir. Mira uno se le guiña un ojo de
cada rato. Como que se le duerme un ojo, dice
Julio. No seas imbécil a los dos le pasa lo
mismo y eso es cuando están cansados, dice Pepe.
Yo creo que Jovan es un poco más alto, dice
Julio. Qué vaina contigo. Claro que no. Lo único
es que yo me he dado cuenta que el pelo de uno
de ellos no esta así como parado en puntas como
un puerco espinoso, dice Julio. Ambos tienen el
mismo corte y el mismo modelo de pelo, dice
Pepe. Sí, lo sé pero a uno no se le para tanto
el pelo como al otro, dice Julio. Qué madre
contigo. Él que esta ahora es Joel. El que se
casó es Jovan, dice Pepe. ¿Qué sabes tú? Eso
nadie lo sabe. Esos dos a lo mejor todas sus
vidas se han cambiado de puestos y a lo mejor
con las mujeres también. A menos, digo yo y no
lo repitas, tengan la pinga uno corta y el otro
larga, digo yo, dice Julio. Pepe ríe. Eso son
cosas. Siempre hay algo que los distingue, dice
Julio. Mis hijas no saben ni a quien le están
hablando y fíjate que Ciano les repite lo mismo
a los dos como una grabadora rota, ríe Pepe. Ah
sí eso sí lo he notado, ríe Julio a carcajadas.
A mí cuando uno me da órdenes yo apunto bien a
que hora fue y como estaba vestido así no tengo
que ir al otro a preguntarle nada como un
imbécil, dice Julio. Es que se deben poner
letreros con sus nombres, dice Pepe. Qué vaina,
ríe Julio.
Unos
días después...
Maya y
Jovan regresan a la casa. Él estaciona y mira a
su alrededor. Habían hecho mucho trabajo durante
su ausencia. Que rápido trabajaban. Se quedó
asombrado. Ay mira Jovan... el gallinero que
lindo, dice Maya. Sí y el rancho ya esta casi
terminado. Oye no es por nada pero ese hermano
mío es un genio. Diseñó todo esto y lo están
haciendo tal y como él lo dibujó, dice Jovan.
Ana sale
afuera de la casa. Bienvenidos, ella dice. Hola
mamá, dice Maya entrando a la casa y besando a
Ana. Hola suegra, dice Jovan entrando. Ella lo
besa y lo abraza. Por ahí anda Ciano y Joel. Se
pasan juntos de un lado al otro y hasta se
fueron al hipódromo y llegaron borrachos, dice
Ana. ¿No me diga? ríe Jovan. Así mismo, son unos
bandidos, ella dice sonriendo. ¿Qué huele tan
rico? él pregunta. Estoy preparando bistec
encebollado con papas y yuca, ella contesta. Ay
que rico, él dice. Mamá te compré un perfume
bien rico, dice Maya. Huele, dice Maya. Ay que
lindo huele. Oye huele a lilas, dice Ana. ¿Mi
hermano se ha portado bien? pregunta Jovan. Pues
sí, ese muchacho te digo que se pasa con Ciano y
el pobre se pasa huyéndole a las hijas de Pepe.
Jovan ríe. Mira una de esas muchachas, la menor
se metió aquí el otro día y el pobre Joel salió
corriendo por la puerta de atrás como alma que
llevaba el diablo. Yo estaba aquí en el balcón
con Ciano y nos morimos de la risa, ríe Ana. Qué
broma, ríe Jovan. Pues que bien. Las dos son
ligeras, dice Maya. Pero no sé por qué él corre.
Él no era así. Ese se la pasaba de faldas en
faldas, dice Jovan. Pues yo no lo veo muy
entusiasmado con esas chicas y él no sale solo,
dice Ana. Me hace mucha falta. Nosotros siempre
estamos juntos. Yo nací primero que él...
minutos pero me siento como si fuera el mayor,
dice Jovan. Él es muy gracioso y nos ha hecho
reír muchísimo. Le tiene terror a las gallinas,
ríe Ana. No me diga, ríe Jovan. Tú también, ríe
Maya. Yo sí pero ya no, dice Jovan. ¿Cómo qué
no? Tú ves una gallina y te desvías rápido, ríe
Maya. Qué madre contigo. Yo pensaba que no te
habías dado cuenta, ríe Jovan.
En eso
llegan Joel y Ciano. Mira quienes llegaron, dice
Ciano abrazando a Jovan y a Maya. Joel hace lo
mismo. Ay que bueno que están aquí. Los extrañé
muchísimo, dice Joel. Ya veo que se han
adelantado muchísimo, dice Jovan. Eso que no has
visto la casa. Ya comenzamos con las paredes,
dice Ciano. Que rápido, dice Jovan. Pues sí. Yo
pensando, una vez terminemos todo nos vamos a
quedar bien tristes, dice Ciano. Claro que no.
Vamos a gozar muchísimo. La piscina esta
quedando de maravilla. Estoy también diseñando
una piscina para niños, dice Joel. ¿De veras?
pregunta Jovan. ¿Claro que sí o no piensan tener
hijos? pregunta Joel. Oye yo no lo había
pensado. Digo lo de la piscina, los hijos sí,
dice Jovan. Pues sí y necesitamos cercar bien la
de adultos para que los niños no se vayan a
meter a la de adultos, dice Joel. Este muchacho
tiene una mente tan clara. No se le pasa ni una,
dice Ciano. Eres un genio, dice Jovan. Te
compramos algunas cosas, dice Maya. ¿De veras?
pregunta Joel. Sí, están en tu cama, dice Maya
dulcemente. Gracias, dice Joel.
Todos se
sientan a la mesa del comedor. Que rico el
bistec, dice Jovan. Ay sí y yo que tenía un
hambre perra, dice Joel. Todos conversan y comen
con gusto. Oye vieja quiero llevarte a bailar
este finde, dice Ciano. ¿Cuál es la ocasión?
ella pregunta. Bueno no tiene que haber ninguna
ocasión solo que soñamos que nuestra hija
estudiara y se graduara y se casara con un buen
hombre y lo hemos logrado, dice Ciano. Ay que
lindo, dice Maya. Pues sí acepto, ella dice. Que
aceptas ni qué madre si ibas a ir de todos
modos, ríe Ciano. Todos ríen. Tenemos que ir
todos a Isla Verde. Hay un restaurante cubano
donde se baila que esta muy lindo, dice Jovan.
Ay sí debemos hacer el viaje, dice Ana.
Vela
esto, dice Pepe que la otra noche vio al chupa
cabra, estaba cerca al gallinero, dice Ciano
seriamente. Todos se miran. ¿El qué? pregunta
Joel. El chupa cabra, dice Ciano. Pues no le veo
el problema. No sé lo qué sea pero solo chupa
cabras, dice Jovan. Ciano ríe. Hombre no, esa
cosa mata a los animales y le chupa toda la
sangre, ríe Ciano. ¿Ay ... por donde lo vieron?
pregunta Joel temeroso. Ana y Ciano se miran y
se ríen. Por ahí estaba y yo pensé... vamos a
echarle la hija menor de Pepe, ríe Ciano a
carcajadas. Ay qué madre. ¿Habla en serio?
pregunta Jovan. Todos ríen. No le hagas caso.
Son bromas para asustarlos, dice Maya riendo. No
en serio. Imagínate si se asustan con las
gallinas como va hacer con el chupa cabra, ríe
Ciano. Ay no que pesado está, dice Joel riendo.
Esa
noche Joel entra a su habitación. Jovan y Maya
le habían comprados muchas cosas y él se sentó a
mirar los polos. Que bien, él dice notando una
nota entre la ropa.
Joel,
te extrañé mucho y espero que podamos vernos
pronto. Te quiero mucho, Maya.
Él se
acuesta en la cama y cierra los ojos. Le parecía
verla, moviendo sus caderas, montada a caballo,
sus ojos achinados mirándolo apasionada. Que
linda esta con su piel bronceada por el sol. Él
jamás podrá llevarla a ninguna parte a menos que
Jovan estuviera con ellos pero se conformaba con
verla, con escuchar su risa y verla contenta.
Era notable que ella amaba mucho a Jovan y se le
veía su felicidad en su rostro y en su risa. Que
lindo era ser amado por ella. Era feliz. Una
mujer que podía quererlo a los dos. Jamás lo
hubiese creído, él piensa.
Esa
noche por primera vez, Jovan y Maya se retiraron
juntos a una habitación. Habían unidos sus
habitaciones y ahora tenían una habitación
grande y cómoda. Estoy bien cansado, dice Jovan.
Ven te voy a dar un masaje, ella dice. Él se
sienta en la cama. Ella sube a la cama y le hace
masajes en la espalda. Ay que rico, él dice. Ven
acuéstate, ella dice. Él se acuesta. ¿Adónde mas
me vas a dar masajes? él pregunta. Ay sí, él
dice al sentirla tocándolo, acariciándolo,
despertándolo.
Temprano la mañana siguiente...
Jovan se
levanta y sale hacia el campamento con Ciano.
Ana ya estaba allá llevándole café a los peones.
Tienes que ver lo mucho que se hizo en una
semana, dice Ciano. Estaba loco por regresar.
Tengo fiebre de casa y este campo es como una
droga, dice Jovan. Así es, dice Ciano.
Mientras en la casa...
Joel
toca a la habitación de Maya. Ella abre. ¿Joel?
ella pregunta. Sí, soy yo, él contesta entrando
y cerrando la puerta. La toma en sus brazos y la
lleva a la cama y la sienta. No sabes como te he
extrañado, él dice besándola. Yo también te
extrañé mucho, ella dice besándolo. Pero tú
estabas conmigo. Me imagino que sea casi lo
mismo, él dice. Pues yo sabía que estabas acá
solo, ella dice tristemente. Te necesito, él
dice bajándole las pantis. Tengo miedo que nos
descubran, ella dice. Sssh, rápido, él dice. Él
se para frente a ella y se baja el zíper
librando su pene y lo toma con su mano
llevándolo a la boca de Maya y ella lo toma. Él
comienza a ondular suavemente. La guía con su
mano llevándole la mano hacia atrás y le recoge
el pelo y lo empuña atrayéndola hacia él. Ay mi
amor... me muero sin ti, él dice apasionado. Ay
espérate, no puedo resistir, él dice
enloquecido. La voltea y la penetra por detrás.
Ay perdóname. No puedo controlarme, él dice
apasionado ondulando su cuerpo suavemente y
llevando su mano hacia adelante, la penetra con
sus dedos y la hace ondular, gemir con pasión.
Que rica estás, él dice en voz baja. Ay, mi
amor, dámelo, él exige en una voz sofocada. Ay
sí... ella dice antes de lograr un clímax y
luego él enloquecido la penetra aun más y
eyacula.
Luego
Tengo
que ir al campamento, él dice vistiéndose. La
besa en la boca y sale deprisa. Ella lo ve
partir. Dios mío. Ya no sé quien es quien. Los
dos son dueños de mi cuerpo. Ahora sé como
distinguirlos y lo qué les gusta y son muy
diferentes en sus gustos cuando hacen el amor.
Ambos me satisfacen y son expertos y los
necesito a los dos, ella piensa.
Ella
recoge la habitación y prepara la ropa para
meterla a la maquina de lavar. Después entra a
la habitación de Joel y hace lo mismo. Tendría
que lavar la ropa aparte porque vestían casi
iguales. Ella cuelga la ropa que le había
comprado a Joel en su ropero y organiza su
habitación. Tenía dos hombres y los atendía a
los dos. Qué horror, ella piensa mirándose al
espejo.
El
Campo
¿Qué
piensas hacer una vez la casa esté construida?
¿Vas a vivir aquí solo con Maya? pregunta Ciano.
No, mi hermano también, dice Jovan. Ustedes
necesitan disfrutar de su privacidad pero claro
esta también es su casa y pueden venir y
quedarse acá cuando quieran, dice Jovan. ¿Qué
vas hacer cuando se case tu hermano? pregunta
Ciano. ¿Se casa? pregunta Jovan. No digo yo,
cuando eso suceda, dice Ciano. Pues que se
traiga a la mujer a vivir aquí, dice Jovan. Ese
muchacho no tiene novia, dice Ciano. Jovan se
queda pensativo. Joel no era un hombre de estar
sin mujer por mucho tiempo. ¿Estará con las
hijas de Pepe? Tendría que hablar con él, piensa
Jovan.
En eso
Joel se acerca a ellos. Me dice Ciano que la
Aria te persigue, dice Jovan. Sí y es una
pesada, dice Joel. Pero yo la veo muy linda,
dice Jovan. Es que esas chicas quieren
matrimonio y no quiero meterme con ellas, dice
Joel. ¿No tienes mujer? pregunta Jovan. Pues no,
dice Joel. No lo creo, dice Jovan. Se miran a
los ojos. Pues no, dice Joel. Si quieres podemos
ir por ahí y puedes..., dice Jovan. No te
preocupes por mí, yo salgo al pueblo de vez en
cuando, miente Joel. Me dijo Ana que no sales a
ninguna parte solo, dice Jovan. ¿Ahora me estas
interrogando? pregunta Joel molesto. No es eso.
No quiero que sufras, dice Jovan. ¿Pues me gusta
Aria pero como me la quito de encima? No quiero
problemas con su padre. Él es muy bueno, dice
Joel. Es que me extraña que no te la hayas
echado ya, dice Jovan. Por eso mismo, es que no
me gusta mucho y luego no me la puedo quitar de
encima, dice Joel. Jovan lo mira de re-ojo. Te
conozco como la palma de mi mano. Estás
enamorado, dice Jovan. Joel baja su cabeza. No
te incomodes lo mismo me pasó a mí cuando la vi
por vez primera. A nosotros siempre nos han
gustado las mismas mujeres, tenemos los mismos
gustos, dice Jovan. Perdóname, dice Joel
retirándose. Que lío, piensa Jovan.
Joel y
Maya
¿Qué es
lo qué me quieres decir? ella pregunta. Mira
Maya, Jovan esta haciéndome preguntas y ya creo
que se imagina que estoy enamorado de ti, dice
Joel. Ay Dios mío. Ay Joel. ¿Me va a dejar? ella
pregunta alterada. Mujer no. No es eso, es que
yo no puedo volver a verte. Voy a tener que
salir con Aria. Él me conoce muy bien y yo no
estoy sin mujer mucho tiempo, dice Joel sin
mirarla a la cara. ¿Me vas a dejar? ella
pregunta con lágrimas en sus ojos. Por favor,
compréndeme. Es mi hermano y no quiero que tú te
vayas a meter en problemas. Es mejor que no nos
veamos. A ver si puedo, él dice tristemente. Yo
te quiero, ella dice entre sollozos. Mi amor, yo
también te quiero. Yo jamás voy a dejar de
amarte pero yo adoro a mi hermano y no quiero
meterme entre ustedes, dice Joel. ¿Vas a irte
con la pesada esa? ella pregunta. No me queda de
otra. Así Jovan se tranquiliza y todo el mundo
también. Aquí no hay muchas mujeres solteras y
nadie me va a creer que ande sin mujer, dice
Joel. Adiós, ella dice retirándose. Él se sienta
en la hamaca y solloza.
Jovan
y Maya
Él entra
y la encuentra durmiendo. Era tarde pero ella
nunca se acostaba sin él. Él se acerca. ¿Maya?
él llama. ¿Sí qué fue? ella pregunta. Nada. ¿Qué
te pasa? ¿No te sientes bien? él pregunta. No,
es que estoy cansada, ella dice. ¿Estabas
llorando? él pregunta. No, ella miente
tristemente. Él se mete a bañarse y luego sale y
se mete a la cama. Se acurruca contra el cuerpo
de Maya y se queda dormido. Ella no pudo dormir.
Quería llorar y quería gritarle a todos que ella
los quería a los dos pero eso no era lo normal y
nadie lo aceptaría. Se toca su vientre. No le
había llegado la regla en dos meses. Estaba
embarazada de Jovan y casada solo semanas que
estúpida fue. No pensó claramente y ahora sus
padres iban a descubrirla, ella piensa, qué
vergüenza.
Unos
días Después...
Joel y
Aria en un restaurante
Estoy
muy sorprendida. No me esperaba esto, ella dice.
¿Esto como qué? él pregunta. Pues me has estado
huyendo van meses y de repente aquí estoy como
si nada, ella dice. He estado muy ocupado, él
miente. ¿Todavía no tienes novia? ella pregunta.
Pues no, él contesta. Yo dejé a mi novio por ti.
Él notó que siempre estaba distraída y no quería
irme a la cama con él. Es casi imposible cuando
uno tiene a otra persona metida en el
pensamiento, ella dice. Así es, él dice. ¿Sabes
que Emilio una vez estuvo casi loco por Maya?
ella pregunta. No, no lo sabía, dice Joel. Pues
sí. La vio en el pueblo con Ciano y Ana y se
volvió loco. No hacia más que preguntar por
ellos todo el día y mi padre se dio cuenta.
Después de un tiempo se le pasó pero ahora que
la volvió a ver esta peor que antes, dice Aria.
Pues ella es casada y muy feliz, dice Joel. Eso
no quiere decir nada cuando a uno le gusta una
persona, dice Aria. Pues que se cuide que yo no
quiero cuenta con Maya. Es la mujer de mi
hermano y la defiendo, dice Joel. Ella era una
muchacha pecosa y gordita, dice Aria. Pues que
bien ahora no lo es, dice Joel. Emilio la mira y
eso pero jamás se atrevería acercársele, dice
Aria. Pues Maya nunca esta sola, siempre hay
alguien con ella y ahora que me dices esto más,
dice Joel. Me encantaría que me defendieras así
como lo haces con ella, dice Aria. No eres nada
mío. Solo somos amigos, dice Joel. Podemos ser
mucho más si me dejas pasar una noche contigo,
ella dice. ¿Te le ofreces a todos los hombres?
él pregunta. No, solo contigo y eso porque desde
que te vi estoy pensando como sería hacer el
amor contigo, ella dice. ¿Desde que me vistes?
Lo pregunto porque te pasará lo mismo con mi
hermano, él dice. ¿Ay sabes algo? Tú eres un
pesado y todo lo contradices, ella dice molesta.
Si te vas a la cama conmigo no te quiero ver
encima de mí a cada rato, él dice. Me vas a
estar rogando, ella dice burlonamente. Yo no le
ruego a nadie, él dice llamando al mesero. La
cuenta, por favor, él dice.
Salen
del restaurante y se meten al auto. Después de
media hora él se estaciona frente a un hotel y
salen del auto y entran. Una vez en la
habitación. Ella comienza a desvestirse. Él la
mira de arriba abajo. Era una mujer muy bonita y
tenía unos ojos grandes y castaños con una piel
blanca y cremosa. Él se sentó en la cama a
mirarla desvestirse. Se quitó el sostén y él se
compuso. Ella tenía unos senos pequeños pero
hermosos con unos pezones bien grandes y erectos
y él comenzó a excitarse. Luego ella se
desvistió. Tenía unas pantis bikini rojas y era
obvio que estaba rasurada. Él traga gordo. Era
hermosa. Él se levanta y se desviste y ella se
acerca y lo lleva a la cama. Lo acuesta boca
arriba y le ata las manos a los pilares de la
cama y los pies también con su misma ropa.
Comienza a besarle los pies y a meterse los
dedos de los pies de Joel en su boca y sigue
besándolo y mordiéndolo suavemente hasta llegar
a su pene, el cual estaba erecto. Ignora su pene
y sigue besándolo hasta llegar a su boca y le
mete la lengua y él hace por morderla pero ella
no se lo permite. Se sienta encima de su pecho
ondulando suavemente. Se acerca a su rostro y
aparta su panti y le enseña y él comenzó a
respirar fuerte. Suéltame, él dice. No, ella
dice y sigue besándolo hasta llegar a su pene de
nuevo y comenzó a pasarle la lengua entre
piernas enloqueciéndolo. Tomándolo todo en su
boca y soltándolo. No te voy a rogar, él dice
mordiéndose los labios. Eso lo veremos, ella
dice. Le mete la mano por detrás y se mete los
testículos en la boca uno por uno. Lo empuña
moviendo su mano sensualmente y él ondula
enloquecido. Quería gritar. Aria, suéltame, él
dice. Ella se quita las pantis y se le sienta en
el pecho de nuevo. ¿Qué quieres? ella le
pregunta. Maldita sea, suéltame, él dice. Ella
le lleva un seno a la boca y él comienza a
chupar y morder enloquecido y luego ella se
vuelve a sentar y lo mira a los ojos. Él traga
gordo. ¿Qué quieres? Ella le vuelve a preguntar.
Bájate un poco y siéntate... siéntate.... ay....
siéntate ahí, él dice. ¿Ahí donde? ella pregunta
burlonamente. Ahí maldita sea, avanza, él dice.
¿Y? ella pregunta. Por favor, él ruega
apasionado. Ella le suelta las manos y él se
desata los pies. Hace por agarrarla y ella sale
de la cama y comienza a vestirse. ¿Qué haces? él
pregunta. Tengo que irme, se me hace tarde, ella
dice. Él se levanta de la cama y la agarra del
pelo y la tira a la cama aguantándole las manos
con las suyas contra la cama y se sienta encima
de ella y lleva sus piernas alrededor de las de
ella en una llave y las separa con poco esfuerzo
y ella no podía moverse y él ondula hacia atrás
fuertemente y la penetra con fuerzas y ella
grita y poco a poco él la fue soltando y ella
lleva sus piernas alrededor de la cintura de
Joel apasionada y él la lleva a un clímax y poco
después él eyacula. Se quedaron agotados,
saciados.
Después
de quince minutes ella se acerca a su oído y le
dice, me vas a andar rogando. Se levanta y se
mete a ducharse, se viste. Vamos levántate
quiero irme, ella dice. Vete, él dice. ¿Qué?
ella pregunta. Vete, él repite. Ella sale de la
habitación.
Perdóname Maya, te necesito tanto, solloza Joel.
La
Casa Santiago
Inés y
Aria
Estoy
loca por ese hombre pero él solo quiere sexo. Es
obvio. No me besa y no me acaricia. En la cama
es fenomenal, bien apasionado y me encanta pero
luego una se queda con un vacío al saber que no
hay amor. Mira lo qué hizo me dijo que me fuera.
Se quedó en la cama y me echó como si fuera una
puta, dice Aria. Él tiene que estar enamorado de
otra. Tú eres bien linda y no puedo creer que él
no haya caído en tus manos, dice Inés. Pues no
sé como hacer. Quizás no deba seguir con esto,
duele mucho, dice Aria.
La
Casa Basilio
Joel
entra a la casa. ¿Oye muchacho, has comido?
pregunta Ana. No, dice Joel. Ven para que comas.
Mira que preparé una cena bien rica, dice Ana.
Gracias, él dice sentándose a la mesa. Ya Jovan
y Maya estarán en la cama, él piensa. Ana le
sirve y se sienta junto a él con una taza de té.
Yo a veces no puedo dormir y me tengo que tomar
un té, ella dice. Yo tampoco puedo dormir, él
dice. Lo sé. He visto la luz de tu cuarto
encendida. Yo puedo ser como una madre para ti.
Puedes hablarme de cualquier cosa, ella dice.
Gracias pero lo mío son cosas de hombres y me
avergüenzo, él dice. Ciano puede ayudarte, ella
dice. Me temo que nadie pueda ayudarme con este
problema, él dice tristemente.
Te voy a
contar algo. Yo una vez cuando joven fui al cine
y vi una película que se llamaba, "Después de la
Tormenta", se trataba de unos gemelos varones
que se fueron a vivir a una isla. Ellos eran
pescadores. Cada uno tenía una esposa pero uno
de ellos tenía una mujer rubia y bien hermosa y
el otro una mujer de cabellos negros bien seria
y no tan bonita. Un día se fueron de pesca y uno
de ellos se perdió en el mar. El que salió con
vida era el esposo de la mujer de los cabellos
negros. Él se hizo pasar por su hermano para
estar con la mujer de su hermano. La cual lo
traía loco. Cuando él regresó se metió a la cama
con la mujer de su hermano y la otra mujer que
sabía que era su esposo sufrió mucho. Unas
semanas después el otro hermano regresó y me
creo que la mujer de los cabellos negros nunca
volvió con su marido. Te lo cuento porque yo te
quiero mucho como a un hijo y no quiero que
sufras pero si quieres hablar conmigo estoy a tu
disposición, buenas noches, ella dice
retirándose. Él se queda mudo mirándola. Ella
sabía por lo que él estaba pasando. ¿Era tan
obvio? Tendría que irse lejos. Era demasiado su
vergüenza, él piensa.
El día
siguiente...
Jovan se
levanta y como costumbre entra a la cocina, toma
café y sale a la construcción. Joel ya estaba
allá conversando con Julio. Buenos días, dice
Jovan. Buenas, ellos contestan. Jovan tengo que
hablar contigo, dice Joel. Muy bien, dice Jovan.
Ellos caminan un poco. Quiero irme, dice Joel.
¿Como? ¿Irte a donde? pregunta Jovan. No sé,
dice Joel. Ay Joel no me hagas esto. Yo no puedo
estar tranquilo si tú no estas, dice Jovan. Te
acostumbrarás. Ahora tienes una familia muy
linda que te adora y yo salgo sobrando, dice
Joel. Jovan baja la cabeza y comienza a
sollozar. Échale, hombre, no llores, dice Joel
entristecido. No quiero que te vayas, dice
Jovan. Es para el bien de todos, dice Joel. Todo
esto es para ambos, dice Jovan. Mira Jovan algún
día quizás yo regrese y pueda volver pero ahora
se me hace muy difícil, dice Joel. ¿Qué quieres
que yo haga? Pídeme lo qué quieras, dice Jovan
entre sollozos. Yo no quiero nada de ti. Solo
quiero que seas feliz, dice Joel. Me voy a
morir, llora Jovan. Hombre no, deja eso, dice
Joel. Mira Joel, no te vayas. Yo puedo hacer
otra casa para ti. Así tienes tu privacidad y no
tienes que estar viendo a Maya al diario. Yo te
juro que si yo pudiera... yo le pediría a
Maya... llora Jovan. Joel lo abraza fuertemente.
Jovan, no puedo verte así, hombre. Ya me
convenciste, dice Joel. ¿De veras? pregunta
Jovan. Sí, ya no me voy. Mírate pareces la
llorona, ríe Joel. Ay qué susto, dice Jovan
limpiándose las lágrimas. Ven vamos a ver la
construcción. Quiero que veas a donde vamos a
construir la piscina de los niños, dice Joel.
No
podría irse y dejar a su hermano. Tendría que
permanecer aquí y que él tiempo lo ayude a mirar
a su cuñada con nada menos que respeto. Al
diablo con todo el mundo. Jovan era lo más
importante en su vida. Era parte de su ser, de
su cuerpo. Eran inseparables. Cuando uno se
sentía triste el otro también. Sí uno se
enfermaba el otro lo sentía. Si Jovan muere
primero... me muero poco después, piensa Joel.
Unas
semanas después...
Jovan y
Joel montados a caballos recorren el campo. Mira
desde aquí que linda se ve la casa, dice Joel.
Sí, es bellísima. El electricista me estuvo
comentando que es una de las casas más bellas en
toda la isla. Gracias a ti, dice Jovan. ¿No es
esa Maya? pregunta Joel mirando a la distancia.
¿Qué hace? pregunta Jovan. Parece que se dirige
al río, dice Joel. Ay Joel algo no está bien,
dice Jovan asustado. Vamos, dice Joel.
Ellos
llegan cerca a ella y desmontan. ¡Maya! ¿Qué
pasa? pregunta Jovan alterado. No me siento
bien, ella dice. ¿Qué haces acá abajo? él
pregunta. Vine a pasear por el río pero estoy
mareada, ella dice sentándose en la grama. Estás
pálida. ¿Jovan? ¿Qué pasa? pregunta Joel
alterado. No se siente bien. Estás muy blanca,
dice Joel. En eso Maya se desmaya. ¡Jovan! grita
Joel. ¿Dios mío qué le pasa? pregunta Jovan
tomándola en sus brazos. ¿Jovan qué le pasa?
llora Joel. Cálmate es un desmayo, dice Jovan.
Ay no, esta muy blanca, llora Joel. No grites
que me tienes nervioso, dice Jovan llevándola
cerca al río. Le pasan agua por el rostro y los
brazos. Deja la lloradera, dice Jovan. No puedo,
llora Joel. Estamos muy lejos de todos, dice
Jovan.
Poco
después ella abrió los ojos. Mi amor que susto
nos diste, dice Jovan sentado con ella en su
falda. Joel se acerca y le toma una mano. ¿Maya,
qué te pasa? él pregunta. Ella los mira a los
dos. El mismo rostro. Ya se me esta pasando.
Ella extiende su mano al rostro de Joel y lo
acaricia tiernamente y luego hace lo mismo con
el rostro de Jovan. Los quiero tanto, ella dice.
Ellos se miran a los ojos.
Estoy
embarazada, ella dice.
¿Embarazada? preguntan ambos a la misma vez.
Tengo tres meses, ella dice. Los dos la
abrazaron fuertemente y la besaron en las
mejillas. Y ellos se abrazaron también. Qué
susto. Por poco me muero y este imbécil comenzó
a gritar y a llorar, ríe Jovan ahora secándose
las lagrimas. Son unos tontos, ella ríe. ¿Puedes
caminar? le pregunta Joel. Sí ya se me pasó,
ella dice. ¿Podrás montar a caballo? pregunta
Jovan. No, dice Joel. No se puede. Yo voy y
traigo el auto. Quédense aquí, dice Joel.
Mi amor
vamos a tener un hijo. ¿Sabes lo qué eso quiere
decir? Estoy en las nubes, dice Jovan. Sí, es
muy lindo y estoy muy contenta. No quise decir
nada porque no he ido al doctor todavía, ella
dice. Pues vayamos, tienes que cuidarte, él
dice. Jovan, yo quiero mucho a Joel, ella dice.
Sí lo sé, él dice. No entiendes... yo lo quiero
como te quiero a ti, ella dice. ¿Qué me estas
diciendo? él pregunta. No puedo verlo sufrir. No
puedo verlo triste, con hambre, cansado. Ay
Jovan, ayúdame. No sé lo qué me está pasando,
ella dice tristemente. Mi amor tranquila. Es
natural. Es que somos tan iguales que... estas
confusa, él dice. Yo quiero que él siempre esté
con nosotros y que todos juntos criemos a
nuestros hijos. Prométeme que él nunca se irá,
ella dice. Te lo prometo pero también debes
pedírselo a él. Ya una vez quiso irse y yo le
rogué que no lo hiciera, dice Jovan. Yo te adoro
Jovan. Eres mi vida entera y queriéndote como te
quiero no puedo evitar quererlo a él también,
ella dice. Es bueno que me lo digas porque yo
estaba muy preocupado con todo esto. Él también
te quiere mucho... y está sufriendo mucho. Ahí
viene. Ven levántate, él dice y la toma en sus
brazos llevándola al auto. ¿Te sientes mejor?
pregunta Joel nervioso. Sí, no es para tanto. Ay
no qué susto, dice Joel. Hombre venías a noventa
millas, ríe Jovan. Tengo el corazón en la boca,
hombre, dice Joel. Jovan le acaricia los
cabellos como siempre.
Una
vez en la casa
¿Y los
viejos? pregunta Joel. Salieron al pueblo, dice
Maya. Quédate en la cama un rato, dice Jovan.
Joel entra y prende el abanico. ¿Quieres algo?
¿Agua? ¿Quieres comer algo? pregunta Joel. No
gracias tengo sueño, ella dice. Jovan le quita
los zapatos y Joel cierra las cortinas y la
dejan descansando.
Se
sientan en el sofá. Vas a ser padre, ríe Joel.
Sí y estoy nervioso. El otro día éramos
chamacos. ¿Te acuerdas? Tirando la bola por
todas partes y rompiendo ventanas, ríe Jovan.
Que ligero se va el tiempo, dice Joel.
Maya me
confesó que te quiere mucho y no quiere que te
vayas jamás. No vuelvas ni a pensarlo, dice
Jovan. No y ahora menos que vienen mis sobrinos,
ríe Joel. Jovan traga gordo. ¿Has pensado que tú
jamás tendrás hijos? pregunta Jovan. Yo tengo
los tuyos, dice Joel. Jovan lo mira tristemente.
Tengo hambre y no sé cocinar, dice Jovan. Joel
ríe. Ven yo sé un poco, dice Joel. ¿De veras?
pregunta Jovan. Sí, bueno puedo freír huevos con
tostada, dice Joel. Ay sí, dice Jovan entrando a
la cocina.
Yo
quiero los míos en tortilla, dice Jovan. Yo solo
se tirarlos al salten, dice Joel. Hombre no, yo
sé que Ana los mueve con un tenedor antes del
salten, dice Jovan. ¿Tú crees? pregunta Joel.
Tienes que ponerle mantequilla al salten, dice
Jovan. ¿No, como va a ser eso? pregunta Joel.
Maya
entra a la cocina. ¿Qué hacen? ella pregunta. Ay
mi amor no debes levantarte, dice Jovan. Estoy
bien y tengo hambre, ella dice. Pues
estábamos... dice Jovan. Ay que desastre, ella
dice. Íbamos a cocinar huevos con tostada, dice
Joel. Ay siéntense yo lo hago, ella dice. Ellos
toman asientos a la mesa. ¿Te ayudo con las
tostadas? pregunta Joel. No gracias esto es cosa
de minutos, ella dice.
Ella les
sirve jamón con huevos y tostada y café y se
sienta a comer con ellos. Ay que rico, dice
Joel. Anoche me dio mucha hambre y eran como las
tres de la mañana, ella dice. ¿Qué hiciste?
pregunta Jovan. Me comí unas galletas con café,
ella dice. Ay mi amor. No quiero que pases
hambre, dice Jovan. También de noche te puedes
tropezar con algo y caerte, dice Joel. Ay
ustedes los dos son unos exagerados, ella ríe.
Que
bueno que estoy terminando la piscina de niños,
dice Joel. Sí y quiero columpios también, ella
dice. Buena idea. La casa tiene un jardín
bellísimo, dice Jovan. ¿Cómo vamos hacer cuando
el niño no sepa quien es quien? pregunta Joel.
Pues que los llame papá a los dos, ella dice.
Buena idea, dice Jovan comiendo. ¿De veras?
pregunta Joel. Pues sí. Que rico... voy a tener
un hijo, dice Joel sonriendo. Todos se miran a
los ojos y sonríen.
Después
de la comida se van al balcón a conversar. Poco
después llega Aria y estaciona frente a la casa.
Ahí esta
la pesada de Aria, dice Maya. Buenos días, ella
saluda. Buenos días, ellos contestan. No les
digan quien es quien a ver qué hace, dice Maya.
Sube, dice Joel. Ella sube al balcón. ¿Joel?
ella pregunta. ¿Sí? ambos contestan. Ay no, ella
dice. Ellos ríen. Joel necesito hablar contigo,
ella dice mirándolos a los dos. Habla, dice
Maya. No sé quien es quien, ella dice. De veras.
Que raro yo eso lo puedo ver de lejos, miente
Maya. Es que... ay Joel, por favor, dice Aria.
Ellos ríen. Si es cosa seria yo no soy Joel, ríe
Joel. Quería saber si me quieres acompañar a una
fiesta esta noche, ella dice. Ay yo no soy mucho
de fiestas, él dice. Maya los mira molesta.
Jovan mira a Maya. ¿Dios mío, está celosa? se
pregunta Jovan. Pues es que yo... dice Aria. Ya
te dijo que no, dice Maya molesta. Jovan se
compone en su asiento. Él estaba en una silla
mecedora al igual que Maya. Se siguió meciendo y
mirando a Maya a los ojos. Sus ojos chinos
estaban bien achicados. Déjalos que se
diviertan, dice Jovan. Pues no me da la gana,
dice Maya molesta.
Mira
Aria, yo no quiero ir a fiestas. Además estoy
cansado, dice Joel. Pues pasa por la casa. Ya no
me llamas y no te veo, ella dice. Esta bien, él
dice y ella se despide y arranca en su auto.
Joel se
vuelve a sentar y mira a Maya de re-ojo y luego
sus ojos se encuentran con los de Jovan. Estamos
prisioneros, ríe Jovan. Ambos ahora ríen. Es una
pesada, dice Maya. Estabas celosa, dice Jovan.
¿Y qué? ella pregunta. Pues nada, pero es muy
notable. Bájale el tono un poco o nos van a
descubrir a todos, dice Jovan. No puedo, ella
dice. Joel los mira y mantiene silencio. ¿Qué
estaba pasando entre ellos? Los tres estaban
mutuamente de acuerdo y estaban aceptando la
situación poco a poco.
Ahora
que vas a tener un hijo no tienes que andar
jugando con los pollitos, dice Joel. Ay que
lindo los pollitos. Los adoro. Que rico va ser.
Imagínense todo lo que le podemos enseñar aquí
mismo, dice Maya. A lo mejor no les guste los
pollitos, dice Jovan. ¿Y si son gemelos?
pregunta Joel. Ay qué madre. No lo había
pensado, dice Jovan. Ay qué susto, dice Maya.
Todos se miran a los ojos. Sí son gemelos yo
quiero uno para mi, dice Joel. Ay por Dios esto
es serio. Tendremos que marcarlos con algo para
no confundirnos, dice Maya. Nosotros no somos
iguales en todo, dice Jovan. Lo sé, ella dice
sin pensar. ¿Sabes qué? pregunta Jovan. Pues se
pueden distinguir un poco, a veces, ella se
corrige. No somos iguales pero eso es un
secreto, dice Jovan. Que lindo serían dos bebés.
Ay no puedo esperar seis meses, dice Maya. Se
van rápido, dice Joel. Hay que enseñarlos a
nadar, a montar a caballo y muchas otras cosas,
dice Jovan. A darle comida a las gallinas, ella
dice. Ay fo no, ellos dicen a la misma vez.
Luego todos ríen.
Ahí
vienen los viejos, dice Joel. Ciano estaciona el
auto. Les traje morcilla y pastelillos y de todo
un poco, dice Ciano. Dame la comida y tú quédate
abajo, ríe Joel. Sinvergüenza, ríe Ciano.
¿Qué
pasa que todos tienen esa sonrisita burlona?
pregunta Ciano. Van a ser abuelos, dice Jovan.
¿No me digan? pregunta Ciano asombrado. Así
mismo, ríe Joel. Me muero del corazón, dice
Ciano exageradamente. Oye vieja. Vamos a ser
abuelos, grita Ciano. ¿Ay de veras? ella
pregunta desde abajo. Joel baja y la ayuda con
los paquetes. Oye Jovan ayúdanos, dice Joel. Yo
ayudo con la comida, ríe Jovan bajando las
escaleras del balcón.
Ciano se
sienta junto a Maya. Ay mi hija no puedo creer
que vayas a ser madre. Estoy muy contento, mi
amor, él dice besándola y abrazándola
fuertemente. Ana sube las escaleras y también la
abraza. Mi hija. ¿Cómo te sientes? pregunta Ana.
Pues me dio un mareo bien fuerte esta mañana
pero ahora me siento muy bien, ella contesta.
Tienes que ver a un médico, dice Ciano. Sí lo
sé. Estos dos estaban llorando como niños, ríe
Maya. Ay me lo imagino, dice Ana sonriendo. Ven
para que comas, dice Ana.
Nosotros
nos comimos unos huevos con jamón. A los gemelos
les dio hambre y estaban haciendo un desastre en
la cocina. Tuve que intervenir, dice Maya. Que
graciosos son los dos, dice Ana.
Después de Seis meses...
El
Hospital
Jovan,
Ciano y Joel esperan en la sala de espera. Ana
se encuentra junto a Maya. Ay mamá, que dolor
horrible, dice Maya. Ya falta poco, mi amor,
dice Ana. Mamá quiero gritar. Ay qué dolor, dice
Maya. Ana llama a la enfermera. Señorita, mi
hija esta sufriendo mucho, por Dios, dice Ana.
La enfermera entra y revisa a Maya. Espérese un
momentito, dice la enfermera saliendo. Ay, mamá,
quiero pujar, mamá, dice Maya. Ay mi amor, dice
Ana con la mano de Maya en la suya.
El
doctor entra. Señora usted no debe estar aquí.
Es más difícil para todos, dice el doctor. Está
bien, dice Ana saliendo. Todo esta en orden y
pronto serás madre, dice el doctor. Relájate y
cuando yo te diga que pujes entonces, dice el
doctor. Yo quiero pujar ahora, ella dice con
lágrimas en sus ojos. Un momento, él dice. La
enfermera entra. Señora Ávila, puje, un poco
más, dice el doctor.
Afuera
en la sala de espera...
¿Qué
pasó? Los hombres le preguntan a Ana. Ay el
doctor me echó del cuarto. Ella esta a punto de
parir y con unos dolores horribles y esa gente
no le da nada, dice Ana.
Que
avancen ya. Yo no lo soporto, dice Jovan
caminado de un lado al otro. Joel tenía lágrimas
en sus ojos. ¿Duele mucho? él pregunta. No te
pongas a llorar que a mi me falta poco, dice
Ciano levantándose y caminando con Jovan. Ana se
queda con Joel. Me esta dando algo, dice Joel
corriendo al baño.
¿Qué le
pasó? pregunta Ciano. Tiene vómitos, dice Ana.
No silben para nada. Esto es un horror, dice
Ciano. Ese otro esta haciendo hoyo ahí en el
piso, dice Ciano.
Después de una hora el doctor sale afuera...
Señor
Ávila, él llama. Jovan y Joel corren hacia él.
Qué... quien... ay sí son idénticos, ríe el
doctor. ¿Cómo esta? pregunta Jovan. El doctor
los mira riendo. Que cosa. Son como clones, dice
el doctor. ¡Maldita Sea! ¿Cómo esta mi hija?
pregunta Ciano ahora corriendo hacia ellos.
Acaba de
dar a luz. El padre puede entrar, dice el
doctor. Jovan agarra a Joel del brazo y ambos
entran. Déjelos así son, dice Ciano mirando al
doctor.
Ellos
entran al cuarto. Mi amor. ¿Cómo te sientes?
pregunta Jovan junto a ella y Joel al otro lado,
le toma la mano. Ella sonríe un poco. Son...
son... dos, ella dice. ¡No! dice Joel asombrado.
Sí, son dos, ella vuelve a repetir. Jovan se
arrima a la pared y cae desmayado al piso. Joel
corre hacia él. La enfermera corre hacia ellos y
los atiende.
El
doctor entra al cuarto. Mi esposo, dice Maya
desesperada. No se preocupe si eso pasa de cada
rato, ríe el doctor.
¿Doctor
son dos? pregunta Joel desesperado. Sí, gemelos
idénticos, ríe el doctor. Ay no se vaya a
desmayar usted también, ríe el doctor colocando
a Joel en una silla. Joel se cubre el rostro con
sus manos y solloza.
Oye,
esto es para los periódicos, ríe el doctor. Aquí
no se sabe quien es quien, ríe el doctor
hablando con las enfermeras. Todos ríen.
Después
de unos minutos Jovan vuelve en sí. ¿Mi hijo? él
pregunta. Joel se acerca a él. Son gemelos
idénticos, dice Joel llorando. Ay Dios mío me
muero, dice Jovan. Joel lo abraza fuertemente y
ambos sollozan.
Las
enfermeras los miran dulcemente. Ay que lindos
son. Ay señora que suerte la suya... son
muñecos, dice una enfermera. Sí, lo sé, ella
contesta. ¿Y mis hijos? ella pregunta. Los están
vistiendo y bañando y se los van a traer en un
segundo. Los tienen que examinar pero yo los vi
y son grandes y gorditos, dice la enfermera.
Jovan y Joel la besan en las mejillas. Ya pasó
todo, mi amor, dice Jovan. Joel sale afuera.
Ana y
Ciano corren hacia él. Son varones... idénticos,
llora Joel. Ay hijo qué susto, dice Ana
abrazándolo. Que cosa tiene la vida, dice Ciano
asombrado. Varones idénticos. Que lío, continúa
Ciano. ¿Los viste? pregunta Ana. No, los van a
sacar en unos minutos, dice Joel secándose las
lágrimas. Ay Dios mío que bueno que ya pasó
todo. No sabes lo horrible que fue para mí verla
sufriendo con esos dolores y sin poder hacer
nada. Oye y aquí te miran como si fueras
estúpida. Yo me volví loca corriendo de un lado
al otro y todos me ignoraban, dice Ana. Así es.
Imagínate cuantas mujeres dan a luz al día, dice
Ciano. Pues a mi eso no me importa. Esta es mi
hija, dice Ana.
La
enfermera se acerca a ellos. Ya llevaron a la
señora a su habitación y pueden ir a verla, dice
la enfermera. Gracias, dice Ciano. Todos suben
el ascensor al piso tres: Maternidad.
Aquí es,
dice Ana entrando. Ay no puedo creerlo, dice
Ana. Todos se arriman a la cama. Maya estaba
sentada con uno de los gemelos y Jovan tenía el
otro en sus brazos. Míralos ay Dios mío que
bellos son, dice Ana. Están grandes y gordos,
dice Ciano. Esta mujer se pasaba comiendo, dice
Jovan riendo. Ay déjamelo, dice Joel. Jovan
coloca el bebé en los brazos de Joel. Ay sí se
parece a mí. Qué broma, ríe Joel. Todos ríen.
¿Le vas
a dar el pecho? pregunta Ana. No, es muy difícil
con dos, dice Maya. Ya mañana te dejan volver a
la casa, dice Ana. Sí y espero que con ellos,
dice Maya. ¿No te han dicho nada sobre los
exámenes? pregunta Ana. No pero si algo
estuviera mal no me los hubieran traído tan
rápido, dice Maya. Se ven bien saludables y
fuertes, dice Ana.
Mírale
la boquita, dice Jovan. Oye Joel, ven acá. Dime
que esa no es la boquita de Maya, dice Jovan. La
misma, dice Joel. El que estaba en mis brazos
Ciano me lo quitó, dice Joel. Maya ríe. Vamos a
tener que escoger nombres, dice Ciano. No yo ya
sé como les voy a llamar, dice Maya. Todos la
miran. Jovan y Joel, ella dice riendo. Que
bárbaro. ¿No tienes ya bastantes problemas con
estos dos? Ahora son cuatro, dice Ciano riendo.
La
enfermera entra al cuarto. Perdonen pero nos
tenemos que llevar a los bebés y la señora
necesita descanso, dice la enfermera. Ciano y
Ana se despiden y salen afuera. Mi amor yo voy a
estar ahí afuera por si necesitas algo, dice
Jovan. No te preocupes vete y descansa, dice
Maya. ¿Te van a dar algo de comer? él pregunta.
Me imagino que sí, ella dice. Te adoro, él dice
saliendo. Joel se acerca y la besa tiernamente
en los labios, te adoro, él dice.
Todos
salen del cuarto. Ay no quiero irme, dice Joel.
Yo tampoco, dice Jovan. Es que no se puede hacer
nada aquí. Vámonos y regresamos por la mañana.
¿Anotaste el número de teléfono? A ella a lo
mejor le den el alta mañana, dice Ana. ¿De
veras? pregunta Jovan. Sí así... rápido, dice
Ana. Tenemos que preparar la ropita y traerla
mañana, dice Ciano. Ah sí, que no se nos olvide,
dice Ana.
La
Casa Basilio
Estoy en
las nubes, dice Jovan. Yo también. Que rico ser
padre, dice Joel. Ciano y Ana se miran uno al
otro. Parece que sienten lo mismo. ¿Óyeme,
cuando tienen que cagar, los dos pujan? pregunta
Ciano. Ay que pesado es, dice Joel riendo.
Quiero tener muchos hijos, dice Jovan. Ay no.
Mira yo la vi sufriendo y es horrible, dice Ana.
Si yo pudiera pasar el dolor por ella, lo haría,
dice Joel. Así mismo, dice Ciano. La cosa es que
el dolor se olvida y se pare una y otra vez,
dice Ana. A el que le pusieron mi nombre, es el
mas guapo, dice Joel riendo. Ay sí claro que sí,
ríe Jovan.
Dos
semanas después...
Jovan se
levanta y entra a la cocina encontrándose con
Joel. ¿Ya se levantaron? pregunta Joel. Sí y
están hambrientos, dice Jovan. Pues yo estaba
esperando. Aquí tienes un biberón, dice Joel.
Ellos entran a la habitación. Maya estaba
durmiendo y los gemelos se encuentran en una
cuna en la misma habitación. Jovan levanta uno
de los bebés y se sienta a darle el biberón y
Joel hace lo mismo. No sé ni cual tengo en mis
brazos, dice Joel en voz baja. Maya les puso el
nombre en una cinta en la ropa, dice Jovan. Ah
sí, mira este es Jovan, dice Joel.
Maya
abre los ojos y los ve a los dos con los gemelos
en brazos y se vuelve a quedar dormida.
El día
siguiente Joel y Jovan durmieron y Maya y Ana
atendieron a los gemelos. Oye Maya esos
muchachos son diabólicos. Cuando uno esta
conversando, el otro le completa la oración,
dice Ana. Sí, lo he notado. Como si estuvieran
pensando lo mismo, ríe Maya. Yo nunca he visto
una cosa semejante, dice Ana. Ay mamá soy tan
feliz, dice Maya. Sí lo sé. Somos todos felices,
dice Ana.
Tiempo
después…
La casa
de Jovan fue completada y amueblada esa
primavera y Jovan, Joel, Maya y los gemelos se
mudaron enseguida. Ya los gemelos tenían siete
meses cuando eso y estaban grandes y fuertes.
Joel,
voy a tener que viajar a Santo Domingo por unos
días. Tengo que ir a medir un terreno y es buen
dinero, dice Jovan. ¿Voy contigo? pregunta Joel.
No mira, de eso quería hablarte. Yo quiero que
te quedes y cuides a los gemelos y a Maya. Así
ellos no me extrañaran tanto, dice Jovan. ¿Está
bien pero cuanto tiempo vas a estar por allá?
pregunta Joel. Me creo que será menos de una
semana pero estas cosas nunca se saben, dice
Jovan. ¿Cuando sales? pregunta Joel. Mañana en
la mañana. No sé porqué pero esos avioncitos
pequeños me aterrorizan, dice Jovan. Puedes irte
en uno más grande, dice Joel. No, es que este
avión es de la compañía, dice Jovan. Pues no te
apures yo voy a estar aquí y Ciano también, dice
Joel.
Jovan
y Maya
Quiero
que me llames todos los días o me mandes
mensajes electrónicos y me dejes saber como
estas y como están mis hijos. Joel se va a
quedar contigo. Él quería ir pero es mejor que
no. Si algo pasa él se hará cargo de ustedes,
dice Jovan. ¿Jovan por qué hablas así? Me
asustas, ella dice. No es nada mi amor. Es que
uno tiene que siempre estar en alerta y
preparado. Yo nunca viajo con Joel desde que
nacieron mis hijos. Uno de nosotros siempre
estará contigo, él dice. No me gusta que viajes,
ella dice. Me ofrecieron mucho dinero por este
proyecto y quiero comenzar ahorrar para los
estudios de mis hijos, él dice besándola en la
frente. Te quiero mucho, ella dice abrazándolo.
Yo también te quiero mucho, él dice.
El
aeropuerto
Joel
abraza a Jovan y Jovan entra al terminal y sale
por la parte de atrás hacia el avión que los
espera. Joel mira hacia fuera a donde estaban
los aviones estacionados. El avión en el cual
Jovan iba a viajar era de cuatro pasajero
incluyendo el piloto. Se quedó allí hasta que el
avión tomó vuelo y luego volvió a su auto.
El
avión
¿Usted
es el señor Ávila? pregunta el piloto. ¿Sí y
usted? pregunta Jovan. Romero Salcedo, mucho
gusto, dice el piloto. No me gustan estas
avionetas, dice Jovan. Yo viajo más de siete
veces a la semana y llevo ocho años en esto,
dice Romero. ¿Y de regreso, este mismo avión?
pregunta Jovan. No, me creo que regrese en uno
más grande también de la compañía, dice Romero.
¿Siempre
tiembla así? pregunta Jovan. La verdad que no, y
estoy averiguando qué será ese ruido, dice
Romero. Jovan mira por la ventana hacia el mar.
No quería pensar en nada solo sabía que Joel,
Maya y sus hijos estarían siempre juntos.
Romero
comenzó a tratar de comunicarse con el
aeropuerto en Santo Domingo cuando perdió
comunicación. Mira hacia afuera y ve llamas de
fuego. Señor Ávila, póngase este salvavidas, él
dice. Jovan se pone el salvavidas. No sé lo qué
pasa pero el avión está prendido en llamas, dice
Romero. Jovan traga gordo. Este avión puede
aterrizar en el mar pero como quiera puede ser
violento, dice Romero. Jovan cierra los ojos. No
quería pensar en nada. Si se iba a morir pues
ya, no quería ponerse a rezar. Él no era
religioso.
El
piloto logra aterrizar el avión en el mar pero
el avión comenzó a quemarse rápidamente. Láncese
al mar, dice Romero. Jovan se lanza al mar y
poco después el piloto también. Nos tenemos que
alejar del avión por si explota, dice el piloto.
Ambos nadan alejándose del avión, el cual
explota poco después y ambos el piloto y Jovan
son lanzados a larga distancia con la fuerza de
la explosión.
La
Casa Ávila
¿Qué te
pasa? pregunta Maya. Estoy preocupado, dice
Joel. ¿Por qué? ella pregunta. No sé, dice Joel
mirando al campo desde el balcón. Entra para que
comas, ella dice. Él entra y se sienta a la
mesa. Me tienes nerviosa, ella dice. Él se pasa
las manos por los cabellos. No sé porqué pero
tengo un mal presentimiento, dice Joel. Quizás
no sea nada. Es que siempre están juntos, ella
dice. Ella le sirve la comida. Él hace por comer
pero era imposible. Voy a llamar a Santo Domingo
a ver si todo está bien, él dice levantándose de
la mesa.
Joel
por teléfono...
¿Me
puede decir si el señor Ávila llegó? Él tenía
cita con el señor Lorenzo Meléndez, dice Joel.
Un momento, por favor, dice la recepcionista.
Señor, el señor Lorenzo quiere hablar con usted,
dice la recepcionista.
¿Hola,
con quien hablo? pregunta Lorenzo. Yo soy el
hermano del señor Ávila, Joel, dice Joel. Señor,
mire... no sé si usted se haya enterado pero el
avión donde viajaba su hermano anda perdido en
el mar, dice Lorenzo. ¿Como? pregunta Joel
alterado. ¿Cómo que perdido? vuelve a preguntar
Joel. Tranquilo. Esa es toda la información que
tenemos hasta ahora, dice Lorenzo. ¿A quien debo
llamar? A mi nadie me ha informado de nada,
grita Joel. Por eso, estábamos tratando de
ubicar los familiares cuando usted llamó, dice
Lorenzo. ¿Están muertos? él pregunta sofocado.
Le faltaba el aire y se estaba desmayando. Tomó
asiento y comenzó a sudar soltando el teléfono.
Maya corrió hacia él. Joel, ella grita alterada.
¿Joel, qué te pasa? ella pregunta histérica.
Ella
llama a su padre. Papá, ven, algo pasó y Joel se
desmayó, avanza, ella grita por teléfono.
Poco
después Ciano entró corriendo a la casa.
¿Muchacho qué te pasa, por Dios? pregunta Ciano.
¿Papá? él pregunta. Sí, soy yo, dice Ciano.
Jovan... está muerto, dice Joel volviéndose a
desmayar.
Maya se
cubre la boca con las manos y comienza a gritar
histéricamente. Muchacha, tranquila, dice Ciano.
Maya, él grita. Ella sale de la casa corriendo
enloquecida. ¡Maya! él llama corriendo tras
ella. Logra agarrarla de un brazo y caen a la
grama. ¡Noooo! ella grita de lo mas hondo de su
alma.
Después
de un rato Ciano lleva a Maya a la habitación y
llama a Ana. Mira vieja algo le pasó a Jovan y
esta muchacha esta histérica, dice Ciano. Ya voy
para allá, dice Ana.
Ciano
acude a Joel. Joel estaba en el baño vomitando
severamente. Hijo, dice Ciano levantándolo del
piso. Tienes que ser fuerte para Maya y los
gemelos, dice Ciano. No quiero vivir sin mi
hermano, él llora. Tienes que ser fuerte. Tu
hermano lo hubiera querido así, dice Ciano ahora
llorando también.
Después de tres semanas
Joel
viaja a Santo Domingo
Yo sé
que no está muerto. ¡Maldita Sea! Tienen que
continuar la búsqueda, grita Joel. Todos lo
miran tristemente. Era un avión pequeño y no hay
rastros del, dice un policía. ¿Se estrelló cerca
a la costa? pregunta Joel. Sí, no habían estado
en vuelo ni quince minutos, dice el policía.
Pues pudieron haber nadado a la costa, dice
Joel. No hay reportes de hospitales y nadie ha
llamado. Yo voy a la costa a ver si alguien ha
visto algo, dice Joel, porque esperando que
ustedes hagan algo se muere cualquiera, continua
Joel.
Señor,
llama un policía. Joel regresa a la oficina. El
avión estaba todavía en Puerto Rico. Yo le puedo
dar el mapa para que vea exactamente a donde
cayeron, dice el hombre. Gracias, dice Joel.
La
Casa Basilio
Maya y
Ana atienden a los gemelos. Joel entra a la
casa. ¿Qué te dijeron? pregunta Maya. Son una
bola de imbéciles, dice Joel. Voy a investigar
por la costa a ver si alguien ha visto algo,
dice Joel. Maya lo mira entristecida. Él se
acerca y la abraza fuertemente. Yo te llamo, él
dice volviendo a salir de la casa.
Puerto
Rico
La
policía de la
costa
Mira
esta gente toda viene de Santo Domingo así que
mandémoslo para allá de nuevo, dice un gerente
de inmigración. Es que algunos están heridos,
dice otro policía. Pues que los atiendan y que
los devuelvan rápido, dice el gerente. Óigame,
yo no soy Dominicano, soy puertorriqueño y soy
piloto. Nadie me quiere escuchar. Mi avión se
estrelló en el mar, grita Romero. Los policías
lo miran molestos. Hacen cualquier cosa por
meterse a Puerto Rico, dice el guardia. Ahí hay
unos heridos, dice el guardia. A esos los
tenemos que trasladar al hospital y luego los
mandamos de regreso a Santo Domingo, dice el
guardia.
Oye
Papo, ahí esta un señor Lorenzo Meléndez en el
teléfono, dice un guardia. Él gerente toma el
teléfono. Este es Álvaro Soto, dice el gerente.
Yo soy el señor Lorenzo Meléndez, escuche bien
lo qué le voy a decir. Hace tres semanas un
avión estrelló en el mar, viajaba de Puerto Rico
a Santo Domingo con el piloto y otro empleado de
mi compañía. Estamos buscándolos y necesitamos
información y nadie nos quiere ayudar,
dice Lorenzo alterado. Pues usted dígame. Yo no
sé nada de aviones estrellados. Eso de un avión
estrellarse pues... tienen que haber muerto,
dice Álvaro. Pues mire que no. Era uno de esos
aviones que puede aterrizar en mar abierta, dice
Lorenzo. Señor aquí lo único que hacemos es
detener a los dominicanos que se quieren meter a
Puerto Rico a la brava, dice Álvaro. Oiga
Álvaro, ahí hay un hombre que dice que es piloto
y que su avión estrelló, dice un policía. ¿De
veras? pregunta Álvaro. Así mismo, dice el
policía. Señor Meléndez, déme su número que
quizás tenga noticias, dice Álvaro.
Álvaro
entra al salón a donde tenían a más de treinta
dominicanos arrestados. ¿Quién es el piloto?
llama Álvaro. Yo señor, dice Romero. Acérquese,
dice Álvaro. Mire un tal Lorenzo Meléndez anda
buscando uno de sus empleados... dice Álvaro.
Ese soy yo, carajo, nadie me hace caso. Esta
isla es la pura mierda. Aquí se creen que todo
el mundo es dominicano, carajo, dice Romero.
Romero
habla con Lorenzo por teléfono. Oye viejo, que
milagro, dice Lorenzo. Oye me tenían encarcelado
estos bandidos y se creyeron que estaba loco,
dice Romero. ¿Por favor Romero y el señor Ávila?
pregunta Lorenzo. Yo no sé. Nos separamos y no
lo volví a ver, dice Romero. ¿Qué se separaron a
donde? pregunta Lorenzo. En el mar, dice Romero.
Dios mío, dice Lorenzo.
Unos
Días Después
Joel
llega al hospital
Vengo a
ver al señor Romero Salcedo, dice Joel. Joel
entra al cuarto. ¿Romero Salcedo? él pregunta.
Ay que bueno verlo. Oye todos se creen que usted
esta muerto, dice Romero. ¿Yo? Sí usted, dice
Romero. No, yo no era el que viajaba en el
avión, dice Joel. Romero se queda mirándolo
incrédulo. Óyeme, llama Salcedo. La enfermera
entra. Mire este señor esta mal. Que lo atienda
el doctor, grita Salcedo. La enfermera saca a
Joel de la habitación. Señor mire no puede
alterarlo. Ese hombre no esta bien. Sufrió un
trauma muy grande, dice la enfermera. Yo
necesito hablar con él. Mi hermano estaba en el
avión con él y quiero saber lo qué le pasó, dice
Joel nervioso. Espérese un momento, dice la
enfermera.
Señor
Salcedo. Usted viajó con otro hombre... dice la
enfermera. Sí, con él loco ese que estaba aquí
hace unos segundos. Se quedó mal de la cabeza,
dice Romero. Cálmese, dice la enfermera.
La
enfermera vuelve a salir afuera. Señor lo siento
mucho pero usted tiene que hablar con la
patrulla de la costa o algún otro departamento
de justicia. El señor Salcedo esta enfermo y no
podemos interrogarlo, dice la enfermera.
Joel se
pasa las manos por los cabellos. Se sienta
desesperado. ¿Quién lo trajo aquí? pregunta
Joel. No se sabe. Lo trajeron en una ambulancia
hace unos días, dice la enfermera. ¿Puedo hablar
con otra persona que me pueda informar de a
donde carajo trajeron a ese hombre? él pregunta
ahora molesto. Pues puede ir a administración,
dice la enfermera alejándose. ¡Mierda! dice Joel
desesperado.
Oficina de
Administración
Joel
entra y toma asiento. Había más de cuarenta
personas haciendo cola. ¡Qué madre! ¡Esto es
como para uno tirarse de la ventana, carajo!
dice Joel volviendo a salir afuera. Se acercó a
un guardia de seguridad. Óigame yo estoy
enloquecido aquí y nadie me atiende, dice Joel.
¿Cual es su problema? pregunta el guardia. Mire,
mi hermano y un piloto que esta aquí salieron de
Puerto Rico hacia Santo Domingo y la avioneta se
estrelló y el piloto esta aquí y no me dejan
hablar con él. Yo ando buscando a mi hermano. Es
increíble tratar con esta gente. Mire si esto
pasa en los EE. UU., ya yo tuviera información.
Aquí se muere cualquiera, dice Joel. Cálmese.
Aquí no todos somos brutos, dice el guardia.
¿Mire, sabe qué? Váyase a la mierda, dice Joel
saliendo del hospital. ¡Brutos, carajo! dice
Joel entrando a su auto.
Después de un mes...
Joel
regresó al campo. Maya esperaba con ansiedad y
corrió hacia él y lo abrazó. ¿Joel, qué pasó?
ella pregunta. Nadie sabe nada. Me volví loco
buscando por todas partes y me mandaban para
atrás de a donde acababa de llegar. Es una
pesadilla, dice Joel. Ay Joel no vuelvas a
dejarme. Me estaba muriendo de angustia, ella
llora. Mi amor yo sé que está vivo. No pienso
descansar hasta encontrarlo. Es que aquí todo es
una cola de la madre y nadie quiere ayudar a
uno. Te mandan de una persona a la otra y la
policía... maldita sea... no saben a donde
tienen las narices, dice Joel molesto. Ay ven,
entra. Estás muy delgado, ella dice preocupada.
Él entra a la casa y va directo a ver a los
gemelos. Estaban durmiendo y él los besó en la
frente. Se están poniendo bien rubios, dice Joel
mirándolos. ¿Has estado sola? él pregunta. No,
mamá viene todos los días y papá se la pasa aquí
también, dice Maya. De repente él bajó su cabeza
y comenzó a sollozar. Le he fallado, llora Joel.
No, mi amor. Tú has hecho todo lo posible por
encontrarlo es que estas cosas son así. Aquí
todo es una papelería de la madre, dice Maya.
Ella lo abraza fuertemente. Ay mi amor no
llores. Tienes que ser fuerte para mí y los
gemelos. Yo no puedo sola, Joel, ella ruega.
Está bien. Es que no soy tan fuerte como él.
Jovan ya hubiera resuelto el problema y no hablo
español tan bien como él, él dice. Ven, ella
dice tomándolo de la mano.
Ella le
sirve y él hace por comer pero no tenía apetito.
No puedes dejarte debilitar. Estás delgado y ay
Dios mío, Joel... la barba y los bigotes. Así
conocí a Jovan, ella dice entristecida. Perdona,
no tengo ánimo de afeitarme o recortarme, él
dice. Te pareces tanto. Cuando yo lo conocí...
estaba en el balcón con papá y me miró... con
deseos, ella dice. Como lo haces tú, ella
continua. Jovan es tan dulce y tan tierno. Yo me
enamoré cuando lo vi por vez primera. Yo era
virgen. No había tenido tiempo de pensar mucho
en novios pero cuando lo vi se despertó mi
cuerpo y me atreví a cosas que jamás hubiera
pensado, ella dice. Él la mira entristecido. Él
me hizo mujer, ella dice, ahora sollozando. Yo
lo adoro y adoro la forma en la cual él te
quiere. Yo los amo a los dos y sé que es algo
prohibido. Que no debo hacerlo. Que está contra
todas las leyes de nuestra sociedad y nuestra
religión pero es más fuerte que yo. Ay Joel por
favor no me dejes, ella ruega llorando. No, mi
amor, yo no te voy a dejar, él dice abrazándola.
Quiero que duermas conmigo esta noche, ella
dice. Yo no sé si pueda...yo, él dice. Sssh,
quiero estar con los dos. Quiero sentirlo como
si estuviera aquí y a ti. Yo necesito que me
ames, ella dice.
La
Casa Basilio
Reporte del día - Televisado
Entrevista al Señor Lorenzo Meléndez
Bueno el
piloto, el señor Romero Salcedo se encuentra en
un hospital en Puerto Rico. Ellos dicen que está
loco pero si ese hombre siempre era así. Es un
gran piloto y yo no sé como pudo aterrizar esa
avioneta en medio del mar, dice Meléndez. Señor
Meléndez había un pasajero que salió de Puerto
Rico precisamente a reunirse con usted sobre un
proyecto de construcción en Santo Domingo.
¿Quién era y qué pasó con él? le pregunta la
reportera. Bueno, él era o es... no se sabe si
murió, el señor Jovan Ávila, un gran genio de
matemáticas que venía a medir y calcular los
terrenos y compartirlos en terrenos para
condominios, dice Meléndez. ¿Entonces no se sabe
sobre el paradero del señor Ávila? ella
pregunta. No, bueno dicen que el señor Ávila fue
al hospital a ver a Salcedo. Eso lo dice Salcedo
y nadie puede confirmar si sea cierto o no, dice
Meléndez. La familia del señor Ávila exige
explicaciones sobre el paradero del señor Jovan
Ávila ya que a ellos nadie les avisó sobre el
accidente y tampoco han investigado lo qué pasó
con el señor Ávila, dice la reportera.
Vieja,
llama a Maya. Mira esa gente esta de la madre.
Se creen que Joel es Jovan. Eso esta de
película, dice Ciano molesto. Déjala y no le
demos malas noticias que ella de cada cosa
brinca asustada, dice Ana. Qué abuso. Ese pobre
hombre a lo mejor esté ligado con los
inmigrantes que vienen de Santo Domingo. Te lo
digo porque ahí siempre hay un embeleco de
mierda. Mira si el presidente de Puerto Rico va
ahí de visita lo meten preso y lo envían a Santo
Domingo. Cinco años después se dan cuenta que lo
enviaron. La policía no sabe ni la hora del día
al menos que venga SIN, tú sabes, Servicio de
Inmigración estadounidense ayudarlos. Mañana voy
a llamar a todos esos bandidos y si no me ayudan
voy y le pego fuego a la bandera estadounidense.
Mira que cuando uno hace eso... te atienden
rápido, dice Ciano. Tú no vas a ninguna parte y
déjate de estar maldiciendo tanto que por eso
mismo es que yo contigo no salgo, dice Ana. Ay
vete a la mierda, dice Ciano tomando cerveza.
La
Casa Ávila
Joel
entra a su habitación y se mete a ducharse.
Estaba rendido físicamente y mentalmente. Estaba
seguro que Jovan estaba vivo y por alguna razón
no había podido comunicarse con ellos. ¿Estará
preso? Puede ser, es la única razón por la cual
no podría comunicarse. Tengo que volver a la
frontera a donde tienen a los inmigrantes de
Santo Domingo. ¿Estaría Romero allí antes del ir
al hospital? Maldito viejo entupido, dice Joel.
Él sale
afuera desnudo. No iba afeitarse hasta encontrar
a su hermano. A Jovan que siempre le gustaba la
barba y los bigotes y el pelo largo. Lo iba
hacer por él. La puerta abre y Maya entra a la
habitación. Él hizo por cubrirse con la toalla.
Hacía mucho tiempo que no estaba con ella y de
repente se sintió avergonzado. Ella se acercó y
lo miró a los ojos. Llevó su mano al rostro de
Joel, acariciándolo. Se acercó y lo besó en la
boca. Le quitó la toalla y la tiró al piso y
volvió a besarlo buscándole la boca,
mordiéndolo. Él llevó sus brazos alrededor de la
cintura de Maya y la atrajo hacia él. Ella lo
toma de la mano y lo lleva a la cama. Él se
acuesta boca arriba. Ella se desviste. Él la
mira de arriba abajo. Que mucho tiempo sin verla
desnuda. Había sido un tormento y ahora estaba
allí junto a él en una cama y estaban solos por
primera vez desde que la había conocido. Ella
comenzó a besarlo en el cuello, en el pecho,
acariciándolo con su mano. Él llevó sus brazos
hacia arriba aguándose de los pilares de la
cama. Ella se bajó y lo tomó en su boca
despertándolo y luego se sentó encima del. Él la
mira apasionado. Así fue como la vio aquella
noche de luna con Jovan. Cuando se volvió loco
por ella. Ella comenzó a ondular su cuerpo
sensualmente y él llevó sus manos a su cintura y
se sentó con ella encima y la besó fuertemente
en la boca. Él se desesperó besándola y
mordiéndole los senos y ella torció su cuerpo y
llegó a un clímax y él poco después.
Permanecieron abrazados un largo rato y ella se
quedó dormida. Él se levantó y salió afuera al
balcón y gritó con todas sus fuerzas a la
oscuridad de la noche...
¡JOVAN!
¡JOVAN! ¡JOVAN! perdóname...
Durante
los siguientes meses varios reportes sobre la
avioneta aparecieron en varios periódicos pero
después de un tiempo todo se olvidó y nadie se
acordaba siquiera del nombre del desaparecido.
Joel continuó su búsqueda a través de la
internet y hasta acudió a los políticos.
Una
tarde estaba jugando con los gemelos y Maya que
había ido a la clínica con su madre regresó y se
sentó junto a él. Él notó que estaba muy triste.
¿Qué te
pasa? él pregunta. Joel... estoy embarazada,
ella dice con lágrimas en sus ojos. ¿Qué? él
pregunta asombrado. Tengo tres meses, ella dice.
Ay Dios mío qué horror. Ay Maya, por Dios, que
vergüenza, él dice. No, Joel, no es una
vergüenza. Es nuestro hijo y no vuelvas a decir
que es una vergüenza, ella dice. Es que tus
padres, él dice aterrorizado. Ellos entienden la
situación. Ellos saben que te pareces mucho a él
y que yo te quiero, ella dice sollozando. Él la
abraza fuertemente. Dios mío, Maya. He
traicionado a mi hermano. Yo quiero morirme,
dice Joel sollozando. No te atrevas a morirte,
ella grita enloquecida. Él se asusta al verla
enfurecida. No te atrevas, ella dice mirándolo
molesta. Él baja su cabeza entristecido. Yo
siempre quise un hijo contigo, él dice, pero así
no, él continua ahora sollozando. ¿No ves?
Cuando Jovan regrese..., él dice. ¡Cállate! ella
grita. ¡Él no va a volver! ella llora. No... no
digas... eso, él dice tapándose los oídos. No
digas eso, él dice cayéndose a sus rodillas
sollozando.
Una
semana después...
Hijo no
te culpes. Nosotros sabemos mucho más de lo qué
tú te imaginas. Así es la vida. Ustedes nacieron
en dos cuerpos pero son uno y mi hija los quiere
a los dos como si fueran una sola persona, dice
Ciano. Me siento como que lo traicioné, dice
Joel. No, yo conozco a Jovan y él estaría muy a
gusto que tú y Maya críen a sus hijos, dice
Ciano. Él no está muerto, dice Joel. Mira
muchacho yo vi un reportaje que se me quedó
grabado en la mente y quería hablar contigo
sobre algo que me esta dando vueltas en la
cabeza, dice Ciano.
A ese
viejo loco, el piloto, lo llevaron de la
patrulla de la costa al hospital. Lo encontraron
entre un chorro de dominicanos inmigrantes que
tienen encarcelados para enviarlos de vuelta a
Santo Domingo. Ya sé que estuviste allí pero
esta vez yo voy contigo y mira por esta, dice
Ciano besándose el dedo grande de su mano,
conmigo no van a joder, continua Ciano. Joel
traga gordo y lo mira fijamente a los ojos.
Vamos, dice Joel.
Patrulla de la costa: Inmigración
Joel y
Ciano esperan cita con el gerente Fernando
Carrillo. Mira muchacho no hables mucho que esta
gente cuando se huelen que uno es americano le
viran la cara. A mi no me lo pueden hacer. Yo
soy jíbaro del campo. A ver si joden conmigo,
dice Ciano.
Señores,
el señor Carrillo les espera, dice la secretaria
dirigiéndolos a la oficina del gerente. Ellos
entran y toman asientos. El hombre frente a
ellos era de piel negra, alto y robusto con un
rostro serio que merecía respeto.
¿Cómo
puedo servirles? él pregunta. Pues, mire es una
larga historia pero nosotros ya estamos cansados
de pedir ayuda y nadie nos da una mano, dice
Ciano. Usted dirá, dice el gerente. Mire una
avioneta de esa de cuatro pasajeros se estrelló
no muy lejos de aquí, iba rumbo a Santo Domingo.
El piloto, Romero Salcedo lo encontraron aquí.
Estaba metido ahí con los inmigrantes por mucho
tiempo y nadie le hacia caso. Después de un
tiempo lo sacaron y lo llevaron al hospital de
Arecibo. Este hombre que usted ve aquí es la
mera imagen del otro pasajero. Mírelo bien
porque no lo voy a volver a repetir. Es como
estar mirando a su hermano gemelo. Hemos buscado
a ese muchacho por mar y tierra y no lo
encontramos y sabe usted lo qué pasó. Este
muchacho fue hablar con Romero y el viejo ese
estúpido creyó que él era el pasajero y no le
hizo caso. Creyó que se había quedado loco
después del accidente y lo sacaron del hospital.
Óigame pero eso es de uno morirse la estupidez
de mucha gente en este país. Yo estoy aquí y
quiero no solamente explicaciones pero quiero
ver si a mi yerno lo tienen metió infiltrado por
ahí con los inmigrantes dominicanos. Me atrevo
apostar que lo mandaron para Santo Domingo
especialmente si el estaba incapacitado y
herido, dice Ciano.
El
gerente los mira uno al otro fijamente a los
ojos y levanta el teléfono. Con el señor Lorenzo
Meléndez, por favor, inmigración en Puerto Rico,
Fernando Carrillo. Después de unos minutos.
Señor Meléndez mire aquí frente a mi tengo a la
familia del otro pasajero de la avioneta. Quiero
que me escuche y no diga ni una sola palabra.
Acuérdese que usted es responsable por la vida
de ese pasajero ya que su compañía lo envió
hacer negocios y su avioneta fue la que sufrió
el accidente. ¿A donde esta el piloto? pregunta
Fernando. Señor Carrillo, el piloto esta
trabajando como siempre, dice Meléndez. ¿Esta
trabajando como piloto? pregunta el gerente. ¿Y
ustedes se olvidaron del otro pasajero? pregunta
Carrillo. No, claro que no aquí todavía continua
la búsqueda, dice Meléndez. Óigame lo qué le voy
a decir, si Romero no me llama dentro de una
hora, lo voy a buscar a Santo Domingo, dice el
gerente colgando.
Fernando
los mira. Ciano y Joel estaban temblando
asustados. Este asunto se aclara hoy, dice
Fernando fumando de una pipa. Gracias, dice Joel
tembloso. Oye Iris tráenos café, dice Fernando,
y no quiero ser interrumpido, toma mensajes.
Solamente me pasas a el señor Romero Salcedo,
continua Fernando. Ciano y Joel se miran uno al
otro.
Relajasen que hoy se aclara este asunto, dice
Fernando al verlos ansiosos. La secretaria les
trae café. Miren, aquí lo qué pasa es que hay
más caciques que indios, dice Fernando. Ahí
atrás tienen a más de treinta dominicanos que se
embarcaron en una yola. Aquí esta el reportaje,
él dice mostrándoles el periódico.
“La
embarcación -una "yola" (pequeña nave de
fabricación artesanal habitualmente utilizada
por los inmigrantes clandestinos para cruzar el
peligroso Canal de la Mona, que separa a Puerto
Rico y República Dominicana)- “
Se viene
esa pobre gente hasta caminando por el mar para
salir de la pobreza, dice Fernando y mucho de
los nuestros se quedan atrapados si también se
pierden en mar abierta. Nadie les cree que sean
puertorriqueños porque eso lo dicen todos, dice
Fernando. El SIN en esta isla esta lleno de
gringos que a veces se creen que son dueños de
la isla y nos tratan como basura, dice Fernando.
En eso
la secretaria llama por teléfono. Señor
Carrillo, el Señor Salcedo en la línea dos, ella
dice. Fernando levanta el teléfono y oprime el
botón de conferencia para que todos puedan oír
la conversación. Salcedo, este es Fernando
Carillo gerente de inmigración. Sí señor, yo sé
quien es, dice Salcedo. Mire aquí frente a mi
tengo el hermano gemelo y el suegro del pasajero
que estaba con usted cuando lo del accidente. Sí
señor, dice Salcedo. ¿Qué le pasó al pasajero?
pregunta Fernando firmemente. Bueno yo lo vi
salvo y sano en el hospital, dice Salcedo. No
sea bruto, ese era su hermano gemelo y usted lo
sacó de su habitación. ¿Adonde esta el señor
Jovan Ávila? pregunta Fernando. Pues ese hombre
me salvó la vida y llegó a la costa conmigo pero
nos agarraron los de inmigración y ese hombre
estaba hablando en inglés. Se dio un golpe
fuerte en la cabeza y no sabía ni quien era. Los
de inmigración nos detuvieron y nos encarcelaron
y a ese hombre lo tiraron en una celda. Él
estaba herido en la cabeza, dice Salcedo.
Joel
comienza a llorar y Ciano lo abraza.
¿Adónde
los llevaron? pregunta Carrillo. Pues ahí mismo.
Yo estuve ahí varias semanas hasta que Lorenzo
Meléndez vino y me sacó, dice Romero. ¿Y por qué
no sacaron a Ávila? pregunta Carrillo. No nos
dejaron ni hablar, dice Romero. ¿Y se olvidaron
del? pregunta Carrillo. No, es que nos dijeron
que él no estaba ahí. Lo llevaron a un hospital
y pues yo creí que era el hermano y dejamos de
buscarlo, dice Romero. Quédese pendiente que
usted junto a su jefe van a ser multados, dice
Carrillo colgando. Fernando llama por teléfono.
Iris, llámame a Rodríguez que venga enseguida,
dice Carrillo.
Aquí se
aclara esto hoy, dice Fernando. El cuerpo de
Joel no dejaba de temblar.
Poco
después entra Rodríguez. Esta gente esta aquí
buscando a uno de los hombres que ustedes
rescataron del mar. Entre ellos se ligaron dos
puertorriqueños y ustedes como brutos que son,
los arrestaron con los demás dominicanos que
estaban en una yola que venía de Santo Domingo.
¿Sabes lo qué pasó con ellos? pregunta Fernando.
Pues sí, el viejo loco, el que dijo que era
piloto se lo llevaron al hospital de Arecibo y
el otro hombre salió poco después al mismo
hospital, dice Rodríguez. ¿Cómo estaba? pregunta
Ciano. Pues era un hombre joven pero tenía un
golpe en la cabeza y no hablaba ni gota de
español, dice Rodrigo. Mi hermano habla español,
dice Joel. Pues ese hombre ni gota y nadie le
entendía nada porque no se comunicaba y estaba
como delirando, dice Rodríguez. Joel traga
gordo.
Vamos al
hospital, dice Fernando levantándose de su
asiento. Joel y Ciano se quedaron mudos mirando
la estatura de Fernando. Era un hombre masivo de
una estatura de más de seis pies. Ellos salen
con Fernando.
Oye
Rodrigo, ven con nosotros, dice Fernando. Joel y
Ciano los siguen en su auto.
Este
hombre nos va ayudar. Dios Santo que esto de
resultados, dice Ciano. Estoy con el corazón en
la boca, dice Joel corto de aire.
Cuarenta
minutos después llegan al hospital, estacionan y
entran. Fernando se dirigió a la oficina de
administración y exigió hablar inmediatamente
con el director. El director salió afuera. Yo
soy Fernando Carrillo de Inmigración. Hacen como
tres meses aquí trajeron a dos hombres. Uno de
ellos era el piloto de una avioneta que se
estrelló aquí cerca a la costa. Buscamos al otro
hombre. Mire ve ese muchacho, ese es el hermano
gemelo del hombre que andamos buscando. ¿Lo ha
visto usted? pregunta Fernando. Pues no, la
verdad que no, pero de eso va tiempo. Mire ahora
que lo veo bien... no estoy seguro pero en el
piso cinco tienen un hombre que llegó aquí y no
sabía quien era. Sufrió un trauma en la cabeza
pero es un americano, dice el director. Queremos
verlo, dice Fernando.
Todos
suben al quinto piso y el director los hace
esperar en la sala de espera. Mi hermano sabe
hablar español, repite Joel tristemente. Ciano
lo mira apenado. No puede ser él, dice Joel con
lágrimas en sus ojos.
En eso
una enfermera se acerca a él. Señor, ella dice.
Sí, dice Joel. Ay Dios Santo, ella dice
asustada. ¿Qué pasa? él pregunta. Ella se cubre
la boca con sus manos y entra a una de las
habitaciones y luego vuelve a salir y vuelve a
mirar a Joel. Después dos enfermeras más salen a
mirarlo.
El
director se acerca a ellos. Vengan conmigo, dice
el director. Ellos lo siguen y él entra
precisamente a la habitación a donde estaban las
enfermeras. Era una habitación grande con tres
camas. Joel camina despacio mirando a cada uno
de los hombres fijamente. Eran hombres jóvenes.
La última cama cerca a la ventana estaba vacía.
¿Adonde esta este paciente? pregunta el
director. Las enfermeras miran a Joel. ¿Qué les
pasa? ¿Están mudas? pregunta Fernando. Es... él,
dice una de las enfermeras. ¿Cómo qué él?
pregunta él director. Él es él paciente, dice
otra de las enfermeras. Joel agarra a Ciano del
brazo. Es mi hermano. Somos gemelos, dice Joel.
Ay Dios mío, dice la enfermera.
En eso
un hombre entra a la habitación caminando con un
bastón. ¡JOVAN! Grita Joel enloquecido. ¿JOVAN
ERES TÚ? grita Joel corriendo hacia el hombre.
Se miran a los ojos. Ambos tenían barba, bigotes
y cabellos largos. ¿Joel? pregunta Jovan
temerosamente tocando el rostro de Joel que
ahora estaba llorando. Todos permanecieron
mirando la escena entristecidos. Jovan te he
estado buscando, dice Joel abrazándolo
fuertemente. Joel lo ayuda a la cama. ¿Qué te
pasó en la pierna? pregunta Ciano ahora también
llorando. Se me quebró el tobillo, dice Jovan.
Joel abraza a Fernando. Gracias, él dice
llorando. De nada, dice Fernando saliendo de la
habitación con Rodríguez.
El
director se acerca a ellos. El señor estuvo un
tiempo con amnesia y luego estaba en
rehabilitación. No hace mucho que comenzó a
conversar en español y acordarse de algunas
cosas, dice el director. Yo estuve aquí mismo
hacen tres meses y no sabía que estabas aquí,
dice Joel. Ustedes se lo pueden llevar cuando
quieran. Él poco a poco recobrará toda su
memoria. Sufrió un choque nervioso pero es un
hombre fuerte, dice el director. Gracias, dice
Joel secándose las lagrimas. Ven, dice Joel
tomándolo de la mano. Ay si no tiene ropa, dice
Ciano. Yo voy y compro todo lo necesario quédese
aquí con él. No lo deje ni un segundo, dice Joel
corriendo afuera.
Mira
hijo tus gemelos están bien grandes y gordos,
dice Ciano. Mis gemelos, sonríe Jovan. Maya esta
como loca, dice Ciano. ¡Maya! ¡Maya! dice Jovan
asustado. Es mi esposa, dice Jovan. ¿Qué haces
muchacho? pregunta Ciano. Tengo que salir de
aquí, dice Jovan. No, pero espera. No tienes
ropa, dice Ciano volviéndolo a sentarlo en la
cama. Tranquilo, dice Ciano. Una enfermera entra
con unas pastillas. Son para el señor. ¿Qué es
eso? le pregunta Ciano. Son calmantes, ella
dice. Ah no, llévese eso para la porra por eso
mismo es que esta abobado, dice Ciano. Es que se
las recomendó el doctor, ella dice. Dios libre
que le dé eso a mi hijo, dice Ciano seriamente.
La enfermera vuelve a salir.
Poco
después Joel entra con paquetes. Aquí esta todo.
Entre Ciano y Joel lo desnudan. Diablo... tienes
chupones por todas partes, dice Joel. Las
enfermeras, dice Jovan. ¿Qué? pregunta Joel. Las
enfermeras, repite Jovan bajando la voz. Esto es
una poca vergüenza, dice Ciano. Espero que con
condón, dice Joel. Sí, baja la voz, dice Jovan
seriamente.
Lo
visten y lo llevan a administración. El director
les entrega unos documentos y firmaron algunos
formularios y salieron con Jovan. Ciano se sentó
en el asiento trasero con Jovan y Joel condujo.
Todavía
no puedo creerlo, dice Joel. Una persona pudo
hacer lo qué mas de cincuenta no pudieron y en
unas horas, dice Joel. Así es aquí todo tiene
que hacerse a la brava porque si no te
dicen...mañana... mañana... y mañana, dice
Ciano. ¿Qué te hicieron las enfermeras? pregunta
Joel. Se me sentaban encima por las noches, dice
Jovan sonriendo. ¡Qué descaro! dice Ciano
incrédulo. Pero a ti parece que te gustaba, dice
Joel sonriendo. Pues si no podía moverme o
levantarme sin ayuda, dice Jovan. ¿Por qué no
nos llamaste? pregunta Joel. Yo no me acordaba
de mucho hasta que te vi, dice Jovan. Dios Santo
qué susto hemos pasado. No tienes idea de lo qué
hemos hecho. Yo hasta le escribí al popa, dice
Joel. Ay Joel... mis hijos, dice Jovan. Están
bien grandes, fuertes y lindos, dice Joel.
¿Cuanto tiempo ha pasado? él pregunta. Cinco
meses, dice Ciano. ¿Cinco meses? pregunta Jovan
alterado. Ay Dios mío... mi mujer, él dice. No
te preocupes, ella esta bien, dice Joel. ¿Me
cree muerto? él pregunta. No, yo sabía que
estabas vivo. A mi nadie me convenció que
estabas muerto, dice Joel. Mira este muchacho
presenció hasta el accidente, dice Ciano.
Joel... tú estabas supuesto a cuidar de mis
hijos y mi mujer. Te lo pedí. ¿Te acuerdas?
pregunta Jovan. Sí, Jovan, lo hice, dice Joel.
Ella no estaba supuesta a extrañarme o sufrir,
dice Jovan. Sí lo sé. Yo estuve a su lado, te lo
juro, dice Joel. Yo presentí algo horrible
cuando me subí aquel avión y mucho antes y le
pedí a Joel que cuidara de ellos, dice Jovan
recostado del espaldar de su asiento. ¿Te
sientes mareado? pregunta Ciano. Estoy muy
cansado, dice Jovan. Ay Joel estaciona un
momento, dice Ciano. Joel estaciona. Ciano
acuesta a Jovan y le coloca la cabeza en su
falda. Esta bien pero parece que esta agotado,
dice Ciano. Joel continúa conduciendo.
La
Casa Ávila
Mamá...
ahí llegó papá, dice Maya saliendo al balcón.
Eran las siete de la noche y estaba
oscureciendo. Joel salió afuera primero y luego
abrió la puerta trasera. Jovan salió despacio,
estaba cojeando y Joel lo levantó en sus brazos
y lo llevó hacia a la casa.
¡JOVAN!
grita Maya histérica. ¡JOVAN! Ay Dios mío, ella
llora. Ciano la abraza. Déjalo que esta bien
cansado, dice Ciano. Papá, ella llora.
Joel lo
lleva en sus brazos y lo coloca en la cama. Maya
entra y se sienta junto a él. ¿Jovan? ella llama
temerosamente. Él abre los ojos. ¿Maya? él
pregunta. Mi amor, ella dice llorando. No
llores, él dice. Ella lo abraza fuertemente y
ambos lloran abrazados.
Joel y
Ciano salen de la habitación
Maya va
a tener un hijo mío, dice Joel. Lo sé, dice
Ciano. Yo quiero morirme, llora Joel. Pues no lo
hagas y no te atrevas a mencionar muerte en esta
casa. Mira muchacho, tú estabas supuesto a
cuidar de ellos y así lo hiciste. Debes estar
muy orgulloso porque nunca te diste por vencido
y seguiste hasta encontrar a tu hermano. Yo sé
que Jovan va a comprender y quien sabe... el
mundo tiene cosas bien extrañas. Como seres
humanos que somos no entendimos mucho de la vida
pero yo creo que todos tenemos una ruta que
seguir y no podemos desviarnos. Es el destino
que nos guía. Ustedes nacieron para estar juntos
siempre y también porque yo siempre quise hijos
varones pero no pude tener más hijos después de
Maya, dice Ciano. Gracias, dice Joel entre
sollozos.
Maya y
Jovan
Maya
prepara una sopa de pollo y Joel la ayuda con
los gemelos. ¿Está todavía durmiendo? pregunta
Maya. Sí, como palo, dice Joel. Está muy
delgado, ella dice. Pues sabes qué, estamos los
dos iguales, dice Joel. Ahora se tienen que
fortalecer porque yo los necesito a los dos
fuertes, ella dice sonriendo.
Jovan se
levanta y se mete al baño a ducharse. Después
sale y se pone la pijama y sale afuera a la
sala. Que bien te ves, dice Joel abrazándolo.
Dámelo. ¿Quién es este? pregunta Jovan tomando
al niño en sus brazos. Es Joel, dice Joel
leyendo la cinta en la camiseta del bebé. Ay que
gordito esta, dice Jovan besándolo y
acariciándolo. ¿Y Jovan? pregunta Jovan. Se
quedó dormido y lo metí a la cuna, dice Joel.
¿Comen bien? pregunta Jovan. Tienes que verlos
comiendo papas majadas con caldo de habichuelas.
Sin mentirte comen de todo un poco, dice Joel.
Ese también tiene sueño, dice Maya entrando a la
sala y llevando al niño a la cuna.
Jovan,
necesito hablar contigo, dice Joel. Ven, él
dice. Se sientan a la mesa y Maya les sirve la
sopa con pan. Maya se retira a ducharse y los
deja hablar a solas. Yo estuve con Maya, dice
Joel. ¿Y? pregunta Jovan. Ella esta embarazada,
dice Joel. ¿De veras? pregunta Jovan entre
bocados. ¿No te asombras? pregunta Joel. Pues
claro que no. Era de esperarse. ¿Qué ibas hacer
si yo hubiese muerto? pregunta Jovan. Pues no
estas muerto y yo sabía que estabas vivo, dice
Joel. ¿Cuanto tiempo tiene? pregunta Jovan. Tres
meses, dice Joel. Yo te quiero mucho y no quería
pero le hacías mucha falta y ella me lo pidió,
él dice. Me alegro mucho que vayas a tener un
hijo con ella. Siempre me entristeció pensar que
jamás tuvieras hijos, dice Jovan. ¿No estás
molesto? pregunta Joel. No, por nada, dice
Jovan. ¿Qué vamos hacer? pregunta Joel. Vamos a
seguir viviendo todos juntos y cuidando de
nuestra mujer y nuestros hijos. Nadie dijo que
tenía que ser una mujer a un hombre. Al menos yo
no lo he visto eso escrito en ningún libro de
historia o religión, dice Jovan sonriendo y
acariciándole los cabellos a Joel como tantas
veces había hecho antes.
Estaba
pensando que quizás debamos trabajar en la
computadora. Yo puedo hacer los diseños
fácilmente y tú también puedes hacer las
medidas. Solo que vamos a tener que comprar el
"software", dice Joel. Sí, muy bien. También
debemos llevar a Maya a Los Ángeles y pasarnos
unas semanas por allá. Nos podemos llevar a
nuestros hijos y llevarlos a Disney. ¿Qué te
parece? pregunta Jovan. Muy bien, dice Joel
contento. Mira yo sé que no va a ser fácil pero
podemos escoger los días de la semana para
hacernos turnos y dormir con ella. Vamos a tener
que hablar estas cosas con ella y va a ser un
poco incomodo pero ella es la reina y ella nos
dirá lo qué quiere hacer. Nosotros solo
trabajamos para ella. Somos sus esclavos, dice
Jovan. Está bien, ríe Joel.
Esa
noche...
Jovan
entra a la habitación y Maya se estaba
cepillando sus cabellos. La sopa estaba rica,
dice Jovan. Me alegro que hayas comido. Me
tienes preocupada. Los dos están delgados, ella
dice. No te preocupes ahora nos volvemos a poner
fuertes otra vez, dice Jovan. ¿Qué te pasó en el
pie? ella pregunta. Se me quebró el tobillo. Fue
que la explosión del avión me lanzó alto y
cuando caí al mar eso era como cemento. No sé ni
como pasó lo de la herida en la cabeza pero
había mucha sangre y yo solo pensaba en los
tiburones. Después de un rato nadando, me
encontré con Romero que se estaba ahogando y yo
lo ayudé. Ambos teníamos chalecos salvavidas si
no olvídalo pero no estuvimos ahí mucho tiempo,
quizás media hora y enseguida vino un barco de
la policía de la frontera y nos rescató. Al día
siguiente me comencé a sentir bien raro y poco a
poco se me fue olvidando todo, dice Jovan.
Yo estoy
embarazada, ella dice con su cabeza bajada. Él
se acerca y toma el cepillo en sus manos y le
cepilla los cabellos. Lo sé. Estuve conversando
con Joel a largas y hemos decidido que
seguiremos contigo los dos, si tú nos permites.
Nunca te hará falta nada y serás nuestra reina.
Te vamos a cuidar muy bien y vamos a ser muy
felices, dice Jovan. Ella lo mira incrédula. ¿No
sientes celos? ella pregunta. No, yo nunca he
sentido celos de mi hermano. No es la primera
vez que lo hacemos y aunque no fue mi intención
contigo, me alegro por él. Él te quiere y estaba
sufriendo mucho. Además ahora él también será
padre. Yo le pedí antes de salir a Santo Domingo
que te cuidara a ti y a los gemelos como si
fuera yo, dice Jovan. Ella comenzó a llorar. No
mi amor, no seas tonta, él dice abrazándola
fuertemente. Yo te adoro, ella dice besándolo y
acariciándolo.
Meses
después...
Jovan y
Joel recorren el campo a caballo. ¿Vistes eso?
pregunta Jovan. ¿Qué fue? pregunta Joel. Un
animalito corrió frente a nosotros. Parecía un
conejo. ¿Oye, habrán conejos por aquí? pregunta
Jovan. No, a menos que se haya fugado uno de
algún vecino, dice Joel. Ay no me digas que es
el chupa chupa, dice Jovan. ¿Él qué? pregunta
Joel. La cosa esa que chupa, dice Jovan. Ay no
me hagas reír, ríe Joel. Vamos a ver si
compramos algunos caballos. Me gustarían
potritos para los gemelos, dice Jovan. Sí,
también podemos comprar esos caballos pequeñitos
que no crecen, dice Joel. Ah sí, buena idea. Así
los niños los pueden montar y una vez crezcan
pues que monten los otros caballos, dice Jovan.
¿Qué vamos hacer para el cumpleaños de Maya?
pregunta Joel. ¿Tienes alguna idea? pregunta
Jovan. Pensé que quizás la debemos llevar a un
restaurante, cenar, bailar y pues uno de
nosotros puede llevarla a un hotel, dice Joel.
Pues vamos a pensarlo bien porque debemos todos
estar juntos, dice Jovan. Joel traga gordo. Él
ya lo había pensado. Era casi imposible no
hacerse la fantasía de ambos estar con ella a la
misma vez. Ellos lo habían hecho antes y era un
placer inmenso. Mira ahí va el chupa chupa de
nuevo, dice Jovan. Oye parece un conejo, dice
Joel. ¿Sí pero es bien pequeño, y si es un
ratón? pregunta Jovan. Vamos a ver si lo
atrapamos. Se metió por debajo de esas rocas,
dice Joel desmontando el caballo. Jovan también
desmonta. Vete al otro lado y lo agarras cuando
salga, dice Joel moviendo las piedras. ¡Diablos!
grita Jovan. Míralo que lindo, dice Jovan con un
conejito blanco en sus manos. Ay que lindo esta,
dice Joel. Se tiene que haber fugado de algún
rancho pero de a donde si por aquí no hay nada,
dice Jovan. No lo sueltes. Vamos a llevárselo a
Maya, dice Joel. Ah no, ahora se pone a jugar
con él y no nos hace caso, dice Jovan. Joel ríe.
El Campo
floreció y con él, árboles de frutas.
Construyeron el puente y autos ahora podían
cruzar el río fácilmente entrando a la
propiedad, la cual estaba cercada y protegida.
Construyeron un local para estacionamiento y le
abrieron las puertas al público. Incluyeron el
rancho y los caballos, el gallinero, veinte
conejos enanos, cotorras y otros pájaros
exóticos, tortugas y cerditos enanos
vietnamitas, dos kioscos con alimentos y
refrescos, sombreros de pajillas y bolsas para
las mujeres inclusive juguetes para los niños.
Ciano y Ana se ocupaban de los kioscos. Poco
después las escuelas comenzaron a traer a sus
alumnos y luego comenzaron a llegar los
turistas. En poco tiempo había columpios para
los niños y una feria con estrella y contrataron
payazos y otros personajes para los niños.
Maya dio
a luz a una niña y la llamaron Jolie. Ay déjame
verla. Que linda es, dice Jovan con la niña en
sus brazos. Dámela, dice Joel. Vete para allá,
la has tenido todo el día, dice Jovan. Se
sientan con la niña. Mírala, ay no me digas que
va a ser china, dice Jovan. ¿Tú crees? pregunta
Joel. Sí, los gemelos no se veían así de chinos,
dice Jovan. Ay me muero si tiene los ojos de
Maya, dice Joel. Mírale las manitas que
pequeñitas. Dámela, dice Joel. Mírale los
pies... es una muñeca, dice Jovan. Dámela,
repite Joel ahora rogando.
Oye
bandidos, denme a mi nieta, dice Ciano
acercándose a ellos. Jovan le entrega la niña.
Me la tienen toda estrujada, dice Ciano besando
a la niña. Es la misma Maya cuando nació. La
misma, dice Ciano sonriendo.
Maya y
Ana observan desde la habitación. Ay mamá no la
sueltan, dice Maya. Es preciosa. Son cómicos
esos chicos, ríe Ana. ¿Bueno y tú como estás?
pregunta Ana. Muy bien y muy feliz. Me tienen
como si fuera una reina. No sabes como me
tratan. Ellos atienden a los niños y limpian la
casa y todo lo hacen. Están felices los dos y se
la pasan jugando y paseándose a caballo, dice
Maya. Son unos bandidos, como dice Ciano, ríe
Ana.
El
Morro: San Juan
Mira que
bello el mar desde aquí, dice Joel. Jovan y Maya
se acercan. Estaban en el Morro celebrando el
cumpleaños de Maya. Ay qué belleza, ella dice
aspirando el aire del mar.
Vamos a
caminar por la playa, dice Jovan. Los tres manos
en mano caminan a la orilla del mar. Soy tan
feliz, ella dice. Que bien porque si tú no eres
feliz nosotros
nos vamos muriendo poco a poco, dice
Jovan. Así mismo es, dice Joel. Maya, quería
hacerte una pregunta y no me he atrevido, dice
Jovan. ¿Qué es? ella pregunta. Pues no tienes
que hacerlo si no quieres pero nosotros
estábamos pensando que... podríamos todos dormir
juntos, dice Jovan temerosamente. Joel cambia su
vista deprisa y traga gordo. Ella sonríe. Me
perdonan... yo lo había pensado desde que los vi
juntos la primera vez, ella dice. ¿De veras?
pregunta Jovan. Sí, es una fantasía y no pude
evitarlo. Me atraen tanto los dos al igual, ella
dice. Ellos se miran a los ojos. Pues que bueno,
dice Jovan. ¿Y tú qué piensas Joel? ella
pregunta. Pues... me avergüenzo, él dice. No
seas tonto, dice Jovan.
Todos
regresan al hotel...
Joel se
retiró a su habitación. Joel, llama Jovan. Ven,
hombre, él llama. Joel entra con ellos. Todos se
sientan a tomar champaña. Mira que bello el
paisaje desde la terraza, dice Maya. Será divino
de noche, dice Joel. ¿Te gusta la pulsera?
pregunta Jovan. Es divina y también la cadena
pero tengo miedo a perderlas, ella dice.
Después
de una hora... Maya se comienza a desnudar
frente a ellos sensualmente. Estaba un poco
ebria y muy apasionada. Ellos la miran de arriba
abajo. Ella era una mujer muy hermosa. Estaba
rasurada y ellos comenzaron a excitarse. Se
acercó a ellos y ellos comenzaron a acariciarla,
besándole las piernas, las nalgas, todo el
cuerpo y ella comenzó a gemir. Jovan le mete la
mano entre las piernas penetrándola con sus
dedos y ella se enloqueció y lo empuja a la cama
y comenzó a mamarlo enloquecida y Joel sin poder
resistir, la penetra por detrás llevando su mano
al frente y penetrándola con sus dedos y los
tres se perdieron en otro mundo... prohibido...
sin palabras... un mundo de placer... de
fantasías... el mundo de los gemelos Ávila.
Maya,
Joel y Jovan vivieron juntos todas sus vidas y
tuvieron otro par de gemelos varones. No sabían
quien era el padre pero no importaba. La
propiedad floreció y se llenó de periodistas, de
gente famosa y de eterna felicidad.
Esto
ocurrió en un rincón de mi alma y todavía
existen allí juntos disfrutando de lo prohibido
y a donde solamente se encuentran historias
escritas en paginas en blanco... son cuentos de
ayer...
*** Fin***
Al igual a mucha de mis
historias de amor, esta fue publicada en los
archivos viejos de libros en blanco... bajo el
título... Cuentos de Ayer.
Original de Irma Luz Medina